
La tienda principal se alza como un oasis de exotismo en medio del desierto. Las gruesas telas amarillas, teñidas con minerales, filtran la luz del sol convirtiéndola en un resplandor dorado que baila sobre las alfombras circulares. Lámparas de aceite perfumado, suspendidas de postes esculpidos con imágenes de serpientes, proyectan sombras sobre las paredes.
En el centro del espacio, jaulas de hierro forjado exhiben criaturas raras diversas, aunque ninguna particularmente peligrosa.
Al fondo, elevado sobre una plataforma baja cubierta de pieles, un joven muchacho se balancea hacia adelante en su asiento con la energía de un cachorro olfateando aventura. Su cuerpo delgado está envuelto en un manto de seda turquesa bordado con los símbolos de su casa. Los cabellos rubios, despeinados, le caen en mechones rebeldes sobre la frente.
A su lado, un hombre mayor permanece inmóvil, una sombra austera. El hombre es claramente un veterano, lleno de cicatrices. Viste una armadura sencilla sin adornos y capa rojo escuro. Sus ojos evalúan a los recién llegados.
Detrás del joven, más allá del círculo de luz que delimita su pequeño reino de pieles y sedas, la tienda se extiende en penumbra. Las lámparas no alcanzan ese rincón, dejando que las sombras bailen sobre cortinajes pesados y poleas de carga.
Y ahí, en ese espacio de tiniebla deliberada, una silueta se mueve. Lenta. Masiva.
Una bestia descansa en una jaula cuyos barrotes son apenas visibles, gruesos como troncos. Su cuerpo de toro, cruzado por cicatrices antiguas, se eleva y cae con cada respiración tranquila. Las alas plegadas, ligeramente desgastadas en los bordes, se recogen contra el lomo. En la oscuridad, su rostro está oculto, pero sus ojos humanoides apenas destellan.

Kabede ajusta la empuñadura de su espada antes de responder. "El Concilio y el Conglomerado tienen un tratado de no agresión desde que Gilgiduk II aun caminaba por Digya, y por ahora no fue violado abiertamente. Solo ciudades-estado temerarias intentan expandirse hacia el sur, pero eso son solo conflictos locales. Esa zona costera en específico es tierra de nadie. Un montón de desierto, rocas y ruinas habitadas por bandoleros y Ushinos. Nada de valor estratégico, quizás por eso los nómadas Ushinos suelen quedar por esa zona pastoreando." Piensa un poco, retrocede a una mesa al lado del trono y saca algunos mapas.
"Existen aldeas cercanas, mucho más a la costa, pero son lideradas por Malikeistas. Gente pacifista que pierden el tiempo haciendo juegos de respiración y cantos. Son inofensivos, sus asentamientos son neutrales para todos, sea Simeonita, Irongross, lo que sea. Nadie ni siquiera los ataca porque encima son ascetas, no tienen nada de valor con ellos."
Su cabeza gira hacia la jaula del Lamassu como si la hubieran jalado por los pelos. Los músculos de su mandíbula se tensan.
"Dioses santos... ese es el Lamassu de Apolo." Las palabras salen entre dientes, casi como si no quisiera admitirlo. La bestia levanta la cabeza hacia ella, los ojos dorados brillando con un destello de reconocimiento antes de volver a desplomarse en el suelo.
Samira es tomada por un estremecimiento, y busca con la mirada a Asmoru entre el grupo.
"Espera, de verdad eres cazadora de monstruos? Y que tan buena eres en eso?" Su voz se acelera, entusiasta. "Mi tutor contaba que los Doce Héroes enfrentaron bestias más altas que torres, con escamas como cuchillos y aliento de veneno. Que Ameri el Ushino destrozó a un ejército de hombres lagarto y Stellina la humana se enfrentó a monstruos del tamaño de montañas ella sola."
Hace una pausa y señala hacia las jaulas con un gesto amplio. "Los monstruos que tengo los compré de otros comerciantes o los capturaron los hombres de mi tio, pero ninguno es tan impresionante." Un destello de vergüenza pasa por su rostro. Luego, se inclina hacia Neferit. "Si alguna vez encuentras uno de esas bestias... Me dejarías ver cómo lo cazas?"
—¡Claro que lo soy! Mi abuelo fue un gran cazador de monstruos, me dejó un libro con información sobre muchos monstruos que cazó y cómo detectarlos. No diré que sea la mejor cazadora de monstruos, pero debo ser como la segunda o tercera mejor que conozco...
Neferit mira a las jaulas.
—Sí, no te vi madera de cazador realmente. Supongo que sería una extraña primera cita, pero sí, si alguna vez encuentro un monstruo como los de las historias de antaño, le informaré a su alteza, y mis servicios siempre están disponibles. En efectivo, no crédito, pues así es más fácil evadir impuestos...
Cita:
Asmoru ya iba de salida cuando se encontró a Samira de frente. Se detuvo al lado de Samira mientra reposa en la salida de la tienda.
"El no esta aquí, lo encontraron en las ruinas que investigamos hace tiempo atrás."
Asmoru se ajusto las cadenas.
"El niño es el príncipe, el viejo es su tío y quien lidera. Quiero sacar a los otros de aquí antes de que hagan mas daño, la puta les metió una mentira de que éramos héroes errantes o algo similar, sin sentido, yo les había dicho la verdad, que solo buscábamos a Apolo y ya, a ellos poco o nada le interesaría pero ella quiso insistir en ser algo que no es para tapar lo que es en verdad."
Asmoru escupio en el piso y luego hecho una mirada hacia atrás.
"El Gushedama intento que la bestia de Apolo hablara y ahora esta tratando de enamorar a la harpía que tienen enjaulada, no se que este haciendo la Bastemi."
Asmoru volvió a regresar la mirada hacia la entrada de la tienda.
"Aunque los saque de aquí, no se a donde ir, el rastro de Apolo se enfrió, si la bestia sigue enjaulada significa dos cosas..."
Asmoru dejo en el aire sus palabras mientras recordaba las opciones que había planteado antes, deseando que al menos una fuera verdad.
"Crees que está muerto? O es esto es parte de su plan?" Piensa en voz alta, pero no alta lo suficiente para que le escuchen todos de la sala. "Si estuviese muerto, habríamos encontrado al menos algo de el cerca de las ruinas, no crees?"
Le susurra a Enheduanna, encabronado.
—No creo que secuestrar al rey sea lo que el sol quiera, y si lo haces no dudare en dispararte a ti también—
Dice mientras toma a Enheduanna del cuello...
—Además a lo mejor el mensajero del sol tiene la respuesta...—
Mira a Peri, con intriga...
"Falo"
Cierra los ojos, encoge los ombros y sacude la cabeza negativamente.
-"¡Que imponente creatura! Nisiquiera en mi imaginación más salvaje podría visualizar semejante creatura majestuosa a la par que inquietante... Solo de verla hace que los pelos de mi piel se erizen al pensar el poder de su jinete..." Dice Kyveli mientras se sostiene del brazo de Samira, temblando ligeramente del miedo.
Se acerco al anciano y le dijo
-Como heroes del conglomerado que somos, necesitamos un par de manos extra en nuestra expedicion.
Motivo: Influence
Tirada: 2d6
Resultado: 7(+4)=11 [1, 6]
Kabede cruza los brazos, considerando las palabras de Enheduanna.
"Tenemos batidores que parten al amanecer hacia el norte. Pueden acompañarles si quieren. Les cubrirán las espaldas."
Un gruñido gutural escapa cuando su mirada se clava en Peri. La pequeña criatura responde chillando obscenidades amenazantemente.
"Si tanto les gusta, llévensen ese demonio con plumas." Apunta al bicho. "Los soldados no dejan de enseñarle palabras ofensivas a la bestia. No quiero que el Príncipe esté escuchando eso todo el dia."
"Podrían llevarme con ustedes," murmuró, más para sí mismo que para los demás.
"Podrían llevarme con ustedes," murmuró, más para sí mismo que para los demás.
—¡Claro! —exclama Neferit— ¿Por qué no? A lo mejor aprendes una cosa o dos sobre cazar monstruos. Solamente necesitaríamos comida para el viaje. Una vez nos dieron un pergamino entero para comer.
-Neferit. No te esta pidiendo entrenamiento, te esta pidiendo salir en una cita.-Dice al terminar de hablar con el anciano. Ya habia traido soldado extra para el viaje que siempre viene bien-Le consegui manos extra para la aventura. Y la cosa de la celda. ¿Que nombre le ponemo a PREPUCIO? ¿Nobus-El-mal-hablado?
Kabede se puso tieso de golpe. Sus ojos se quedaron mirando fijamente a Yonas con una mirada tan intensa que todos se callaron.
"No. Tienes tu propio ejército. Tu propio sector que vigilar. Órdenes directas del Rey, ¿o ya se te olvidó aquella plática sobre responsabilidades? O peor, ¿crees que tu padre te mandó aquí a jugar a los aventureros?"
Yonas abre la boca pero Kabede ya está señalando hacia el mapa desplegado sobre la mesa. "Tu deber está aqui. Hasta que tu padre diga otra cosa, aqui te quedarás."
El príncipe se queda pálido. La mano que había levantado para protestar cae sin fuerza. Kabede no le quita la vista de encima.
"Mamahuevo." Peri exclamó mientras tomaban la jaula. "MAMAHUEVO" Gritó asustada.
Se entusiasma mucho ante la mención de Peri, pero REALMENTE MUCHO.
—OH SI, SI, CLARO QUE NOS LLEVAREMOS AL GRAN MENSAJERO DEL SOL, EL NOS GUIARA AL CIELO, A LA ASCENCIÓN MISMA, SI SI—
Dice mientras toma la jaula con una de sus manos, se escucha el estruendo de la jaula y el ave se altera, haciendo que mencione algo de objetos falicos.
—GRAN MAESTRO KEBEDE, TIENE IDEA DE LO MUCHO QUE EL SOL A HECHO POR NOSOTROS, ES TANTO QUE ESTOY SEGURO QUE UST...—
Mientras dice esto, resbala con una de las alfombras del puesto, el estruendo resuena en la habitación.
Tarda un poco en recuperar la compostura, sin embargo los alarmantes sonidos de Peri hablando de penes resuenan y no parecen parar.
—¡El mensajero sigue alterado, mejor lo llevo a tomar sol afuera!
Dice, mientras deja la carpa, totalmente avergonzado.
Motivo: loss
Tirada: 2d6
Resultado: 6 [4, 2]
Motivo: Convencer a Kabede
Tirada: 2d6
Dificultad: 12+
Resultado: 5(-2)=3 (Fracaso) [3, 2]
Cita:
"No, el desierto es basto y lleno de cosas que amarían un cadaver"
Asmoru guardo silencio y volvió a pensar su respuesta.
"Si, hubiéramos encontrado algo. Tenemos que admitir que el rastro esta frio"
Neferit. No te esta pidiendo entrenamiento, te esta pidiendo salir en una cita
—Oh... —Neferit sonríe nerviosamente— Bueno Kebede tiene razón, su majestad, y vean la hora, se nos hace tarde. Pero no se preocupen, si volvemos por aquí, mis servicios como cazadora experta y entrenadora de cazadores están siempre disponibles. No cobro mucho.