Partida Rol por web

Comandos de la libertad

Prólogo de Nya

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01/10/2014, 20:11
Director

Justicia estaba mirando las notas sobre el caso que le daba el nombre. El asesinato de los padres de Ghislaine; que ambas fueran la misma no afectaba la forma en que ella lo pensaba.

Había llegado a un punto muerto. Sus pesquisas le llevaron a descubrir que el asesino formaba parte de una hermandad dirigida o controlada o gobernada por el Barón de Tejanegra.

Había averiguado esto tras un par de truculentos asesinato, el de la esposa de un jefe criminal y su hijo no nato – que decían las malas lenguas también era su hermana – y el de una prostituta y el suyo, concebido con un barón local al que pensaba chantajear. Ambos tenían pinta de haber sido ejecutados en rituales de magia oscura, algo de lo que no tenía a quién preguntar, pues la Inquisición perseguía y quemaba a cualquiera con esos conocimientos. Un grupo de misteriosas mujeres y un inquisidor le llevaban la delantera en esas investigaciones.

Trató de llegar a la fortaleza de Tejanegra lo antes posible, pero fue en vano. El lugar había sido atacado, el barón había sufrido un intento de asesinato que se cobró la vida de su mago personal, que actuaba como su doble; como resultado la hermandad se había dispersado y ya no tenía su base en la fortaleza. El propio barón, líder de la hermandad y principal sospechoso del asesinato, estaba en paradero desconocido dado que era obvio que una rama de la Inquisición y las misteriosas brujas le querían muerto. Sin embargo también averiguó que el barón era parte de la conspiración del Puño de Hierro a la que su cuñado no dejaba de aconsejar que se uniera el condado de su hermana para medrar.

El rastro volvió a aparecer, aunque sólo llegó a rebuscar en los restos de la investigación del inquisidor y las brujas – que, descubrió, ahora trabajaban coordinados – cuando una soldado norteña murió en el mismo ritual, junto al hijo no nato fruto de la violación de un incursor orco cuya tribu había exterminado la propia unidad de la soldado. El siguiente asesinato ritual, el de una burguesa y el hijo que engendró con el noble marido de su hermana, tuvo una peculiaridad: llegó antes que los otros quienes, de hecho, no se presentaron, aunque sí lo hizo un viejo conocido: el barón de la Canaletta, Venpaulo, un conocido artista que parecía más interesado que en la investigación en encontrar la red de asistencia del crimen y asesinarla en su totalidad, lo que dificultaba su propia investigación.

Había habido un último crimen, unos días después de un espectacular acontecimiento que tuvo hablando al mundo días: unas líneas de luz naranja que cruzaron el cielo del continente para converger en el castillo de Santa Greta, el condado vecino al de su hermana. El del hermano mayor de su cuñado y que él ponía como ejemplo de las ventajas de aliarse al Puño de Hierro.

Ese crimen le costó un mundo investigar: había sido en el lejano norte, en tierras de los orcos, donde no tenía infraestructura, ni contactos, ni posibilidad de hacerlos. Tardó semanas, en realidad, sólo en averiguar que se había cometido. Tuvo que recurrir a la violencia y la intimidación, capturando orcos e interrogándolos para averiguar dónde se había producido realmente. Cuando llegó la zona, agreste y de alta montaña, estaba devastada por el tiempo, tras meses a la intemperie, costaba deducir que había habido un ritual en que asesinaron a una ogresa y su bebé, si daba pábulo a los rumores de los orcos, se preñaba por su gusto por comer recién nacidos. El ritual era diferente de los anteriores, mucho más grande con mucha parafernalia… y había sido interrumpido, los restos de los cadáveres de media docena de agentes del Puño estaban esparcidos por la zona, junto a braseros volcados y dañados, todos con terribles heridas de cuchillos o espadones. Lo que le quedó claro es que había una organización que se oponía a aquellos asesinatos, una a la que pertenecían las brujas, el inquisidor y, probablemente, el barón Venpaulo, opuesta al Puño de Hierro. Incluso llegó a conseguir un nombre: Comandos de la Libertad, un título un tanto grandilocuente, pero parecían funcionar con eficacia y mucha contundencia, como demostraba que en los dos últimos asesinatos habían acabado .

Desde ese asesinato habían pasado meses. Ni una noticia más de los asesinos de Tejanegra le había llegado, parecían haberse esfumado tras aquello… O bien todos murieron en aquella odisea. Pero el barón no estaba entre ellos, de modo que su trabajo no había terminado.

Esa era su principal prioridad, y en ello estaba, cuando le llegó la señal que hacía saber a Justicia que Ghislaine tenía un mensaje de su hogar. Cuando pudo reunir un tiempo para atender ese asunto descubrió una carta de su hermana, llevaba su lacre y la palabra  URGENTE escrito con mayúsculas:

“Querida Ghislaine Hélène:

Urge sobremanera tu retorno a éste, nuestro hogar familiar, asuntos de importancia capitalvitales para la familia y nuestras tierras ancestrales reclaman tu presencia de forma inexorable e imperante a la mayor brevedad posible. Por favor, recibe la urgencia de ésta llamada y atiéndela en consecuencia. No es momento de juegos ni de tus rebeliones, puesto que el futuro de todo lo que nos es querido está en juego.

Fdo.

Condesa de Lavigne”

Parecía que el otro asunto que movía su vida con constantes y dolorosos pinchazos, su hermana y su cuñado, reclamaban atención. Como hacían siempre.

 

Notas de juego

He pensado ir avanzando el prólogo por mi parte, así tienes tiempo de ir pensando la tuya, no es mucho problema dado que éste turno no tiene mucho efecto tu familia, de modo que sus valores narrativos no son importantes para lo que yo necesito contar.

Ahora vendría tu turno de narrar algo para que vayamos conociendo al personaje, si te apetece contar cosas de cómo investigaste los crímenes y obtuviste esas informaciones, o del sistema que tiene el personaje para recibir sus menajes, e incluso de su día a día. Pero sobre todo, cómo responde a la llamada, qué hace, si hace averiguaciones de qué puede querer su hermana y como se entera (o no) de que le ha preparado una boda. Así cómo lo que hace al volver hasta que creas que necesitas más información de lo que pasa y, si corresponde, el reencuentro con su hermana y su cuñado (a lo mejor prefieres volver en secreto y espiando). Si llegas a conocer a tu prometido, puedes hacer el encuentro también: se trata de un noble guerrero, de porte elegante, altivo, bellísimo, serio, amable, educado, todo un señor feudal y caballero… Y semicelestial, con sus alas de pluma y pelo de platino.
 

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03/10/2014, 17:44
Nya Del Valle "Camaleón"

Frunció el ceño mientras leía la carta otra vez. ¿De qué demonios estaba hablando? La última vez que había estado en la casa las cosas no parecían ir mal. Salvo por el enfado de su hermana tras la discusión con Rose Marie. Esbozó una sonrisa al recordarlo, había disfrutado mucho de aquello. Su prima se merecía lo que había pasado. Y por Leonardo... Maldijo por enesima vez el día en que su hermana se había casado con ese impresentable. ¿En que estaba pensando?. Aparte de por esos dos detalles, las cosas parecían irle bien a su hermana. ¿Que podría estar pasando? La carta era criptica, muy criptica... aquello no le gustaba. Su hermana estaba tramando algo… ¿sería otra vez cosa del malnacido de Leonardo? Aun no le perdonaba lo de Uriasz... estaba segura de que lo había hecho para humillarla.

Ese malnacido de Leonardo… no podía permitir que uniese a su familia al Puño de Hierro. No podía permitir que convenciese a Victoire. Sería el insulto definitivo a la memoria de sus padres… ¿Habría estado implicado? ¿Querría esto desde el principio? Siempre lo había despreciado. Era un manipulador, y nunca había querido a su hermana, nunca había entendido como ella lo había aceptado. Pero lo que empezaba a sospechar de él la llevaba mucho más allá del desprecio. Si encontrase una sola prueba que lo vinculase al asesinato de sus padres lo mataría, sin dudarlo un seguro.   

Se calmó y rebuscó entre el resto de su correo. Tanto el de Ghislaine como el de Nya estaban muy atrasados.  ¿Cuánto hacía que no lo miraba? Ya ni se acordaba. Vio una carta de Myri, la dejó para más tarde, no era lo que buscaba en ese momento. Había varias cartas de Aurora. Si su hermana y su cuñado estaban preparando algo seguro que ella se lo contaría. Las cartas la hicieron sonreír. Lia seguía metiéndose en líos, la recordaba tanto a ella misma… Confiaba en que nunca tuviese que pasar por lo que había pasado ella… Tras revisarlas un par de veces no vio mención alguna a lo que su hermana decía. Pero era lo normal, pues estaban fechadas antes que la carga de Victoire.

Se recostó sobre su silla y se sirvió una copa. ¿Qué haría? Podría acudir… ahora mismo su investigación estaba en un callejón sin salida… quizá fuese ella quien estaba bloqueada... quizá un tiempo en casa la ayudase.  Le había costado mucho conseguir esa información, no podía desperdiciarla. Por las partes más delicadas, las que podían relacionarse con la muerte de sus padres Justicia había matado, había robado y había extorsionado. Había estado mucho más activa de lo que acostumbraba, lo suficiente para que a Nya le llegaran rumores sobre lo que había hecho. Descabellados y exagerados en todos los casos, pero con un pequeño núcleo de verdad. Había matado, pero ni había descuartizado a nadie ni sus víctimas eran niños o embarazadas. Había robado, pero se trataba de documentos, no de riquezas de valor incalculable. De las extorsiones y los interrogatorios donde el sujeto había vivido para contarlo no se decía ni una palabra. Los implicados se lo habían callado bien. La recompensa por su cabeza se había multiplicado tras estas últimas acciones.

Había trabajado mucho para conseguir esa información. Necesitaba tener la cabeza despejada. En el peor de los casos solo tendría que aguantar un par de días al pretendiente de turno hasta aburrirlo y que se fuese como todos… Le gustaría jugar con los niños, y contarle a Aurora las aventuras de Nya… Aquello la relajaría.

Quizá después, con la mente descansada, pudiese avanzar algo… quizá al menos descubrir algo más sobre esos “Comandos de la Libertad”. ¿Venpaulo estaba metido? Rio al pensar en ello. Venpaulo… lo había conocido hace tiempo… Ghislaine lo había conocido… Le había parecido divertido, y le había resultado encantadora la desfachatez con que había intentado llevársela a la cama. Había sido una pena que Ghislaine no pudiese aceptar su propuesta. Nya habría ido encantada.  

Pensando en aquello se olvidó por unos momentos de la razón por la que se plantaba volver a casa. Se quedó unos minutos simplemente bebiendo y recordando algunos de los momentos felices que había pasado allí. En los últimos tiempos todos con los niños o Aurora… su hermana parecía ir cediendo a los deseos de ese desgraciado de Leonardo y no hacía más que presionarla… Ojalá pudiese contarle lo que hacía… lo que la impedía quedarse… Pero no podía, sabía que Victoire no lo aprobaría, que trataría de impedirlo. A duras penas toleraba la existencia de Nya, cada vez menos, no creía que fuese a reaccionar bien a saber que su hermanita tenía las manos manchadas de sangre… de mucha sangre…

Empezó entonces a preparar su viaje. Sería un largo camino de vuelta a casa. Nya abandonaría aquella pequeña taberna a la que acudía por las noches para trabajar con tranquilidad y cuya estancia había pagado por adelantado. No había tomado excesivas precauciones por ocultarse. Allí nadie la conocía.

Se echaría a la carretera y tras dos días de viaje a Quirmici, en el sur de  Cinegis. Allí Ghislaine tendría que disculparse por las clases de canto que se había perdido, y anunciar que debía abandonarles. Era una pena, le gustaba estar allí. No tenían relación alguna con su familia, no estaban vigilándola, ni cuando era Ghislaine ni cuando se convertía en Nya. Seguro que harían una fiesta para despedirla seguro, y tendría que bailar. Pero aquello no era como los bailes de la corte, aquello le gustaba, y se le daba bien. Lo haría con gusto.  

Nya abandonaría la ciudad de vuelta a casa, a la ciudad de Felyster, en el pequeño condado de Lavigne. Concretamente a las afueras, junto al gran lago Hiriwa. El lago en el que en su juventud acostumbraba a nadar dia tras dia. El viaje sería largo y aburrido. Quizá Nya debiese escribir… algunos se alegrarían de que fuese a pasearse de nuevo por las calles de su ciudad… Myri en especial… pero desistió de esa idea. Nya y Ghislaine habían pasado demasiado tiempo en zonas cercanas fuera de su ciudad. Una carta viniendo de algún lugar en el camino de Ghislaine podría hacer que alguien espabilado acabase atando cabos. Quizá fuese paranoia, pero era la única forma que conocía de llevar su vida. Tendría que disculparse con Myri, y compensarla seguro. Ya pensaría en algo.  

Una vez que llegase aun no sabía que haría. No había anunciado su vuelta, con lo que tenía cierto margen de acción, y antes de salir de Quirmici se había asegurado que en el correo no había ninguna carta para su familia. Lo que tenía claro es que no entraría por la puerta principal. 

Tras una visita a uno de sus escondites, uno que no conocía ninguno de sus amigos, y que solo visitaba cuando ni Nya ni Ghislaine estaban aun en la ciudad, decidió hacer una visita a su hermana. Una visita sorpresa. Quería que le contara, en privado, de que iba todo aquello. 

Su hermana siempre paseaba por los jardines a la puesta de sol. De pequeña lo hacía junto a Ghislaine, pero ella había abandonado aquella costumbre tiempo atrás. Ahora lo hacía sola, sin Leonardo, sin los niños y sin nadie del servicio. Solía caminar hasta llegar junto a un viejo roble y sentarse junto al tronco a ver el sol ponerse sobre la catarata que alimentaba de agua el lago. Vestida con con ropa cómoda, pero suficientemente elegante para poder volver caminando al palacio, Ghislaine se coló en los jardines de su propia casa y mientras su hermana contemplaba la puesta de sol se sentó a su lado sin que ella se diese cuenta. 

No se había acercado a la casa, porque no quería que nadie la viese, pero de lejos había visto que se estaba adornando mucho la parte cercana al edificio. Un mal presentimiento empezaba a anidar en su interior. Pero no podía ser, su hermana no podía hacerle algo así... no sin decírselo... 

-Hermana, ¿que está pasando? - preguntó sobresaltando a Victoire.

Notas de juego

Sigo mañana o pasado con otro post. Si quieres poner alguna cosa en medio, es bienvenida :) Solo avisame en el off, o en algún sitio, para no pisarla. 

*Los nombres de la ciudad han sido completamente arbitrarios. Si alguno no te sirve puedes cambiarlos.

*Cambiado lo del mar

 

 

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10/10/2014, 08:16
Nya Del Valle "Camaleón"

-¡Ghislaine Hélène Lavigne... Me has dado un susto de muerte...! - exclamó su hermana dándose la vuelta, Estaba enfadada, siempre lo estaba cuando usaba su nombre completo - ¿Donde hasta estado? Tenías que haber vuelto hace semanas... ¿Y que es esa ropa? - la señaló - ¿Te crees que esa es la manera de presentarte en casa? Vamos ahora mismo a...

Aquello no era nuevo, siempre que volvía era lo mismo. Siempre se retrasaba, y siempre resultaba que se había perdido algún acontecimiento que se alegraba de haberse perdido. Ya se había acostumbrado a aguantar el sermón de los primeros minutos y poner expresión compulgida como si se arrepintiese. Pero ni se arrepentía, ni su hermana pensaba que lo hiciese.

-Vic, ¿Puedes dejarlo para luego? - la interrumpió lanzandose a abrazarla - No sabes lo que te he echado de menos...

Su hermana estuvo a punto de decir algo, pero en el último momento se detuvo y la estrechó contra su cuerpo.

-Ghis... Yo también te he echado de menos... - susurró, su voz denotaba cierta frustración – Pero esto no puede ser... No puedes irte durante meses... ni desaparecer sin que sepamos nada de ti... - la apartó lo suficiente de ella para poder mirarla a los ojos – Se que adoras esa vida... pero...

Ghislaine apartó la mirada hastaiada. Conocía esa conversación, la había tenido mil veces. Hacía tiempo que se la sabía de memoria.

-Así que de eso va todo... - la cortó – ¿A que supuesto noble educado y galante tenía que haber conocido? ¿A que familia con la que habría sido muy provechoso unirnos he decepcionado esta vez? - en su voz había un desprecio evidente – Creia que se trataba de algo importante...

Su hermana se apartó de ella llevándose las manos a la cabeza. Acto seguido se dio la vuelta y cruzó los brazos.

-Eres imposible... Caprichosa como una niña malcriada... - le recriminó sin siquiera mirarla - ¿Es así como pretendes cuidar del legado de nuestros padres? Corriendo de aquí para allá de fiesta en fiesta y metiendote en peleas de pueblerinos... Parece que te hayas olvidado de quien eres...

Aquelló no se lo esperaba. Su hermana nunca había aprobado lo que hacía, pero nunca le había echado en cara algo así. La sangre empezó a hervirle. Quería decirle de todo...

No tienes ni idea de lo que es cuidar del legado de nuestros padres... Paseando por tu jardín, acompañada de ese malnacido que planea unirnos a sus asesinos... No tienes ni idea de lo que es gastar años de tu vida buscando justicia. De lo que es arriesgar la vida... De lo que he tenido que hacer y lo que he tenido que ver...

Pero no dijo nada de eso. Sabía que no podía.

-¿Eso es todo? - respondió con sequedad, mordiendose la lengua – Voy a ver a los niños... mañana me voy – Estaba acostumbrada a lidiar con muchos tipos de situaciones, pero con aquella no sabía, más viniendo de su hermana.

Iba a echar a andar hacia la casa cuando su hermana la detuvo.

-Esta vez no Ghislaine. Vas a hacerte cargo de tus obligaciones de una vez – hablaba con autoridad, haciendo evidente que no se trataba de una petición – Vamos a la casa, tienes que quitarte esos harapos. En la cena conocerás a tu prometido.

Aquello la dejó helada. ¿Prometido? No había dicho pretendiente, sino prometido...

-¿Que...? - no terminó la frase. No se creía que su hermana le estuviese haciendo eso.

Iba a ponerse a discutir cuando se fijó en la llegada de dos guardias. Venían al trote desde bastante lejos.

-¿Está bien, mi señora? - preguntó uno de ellos dirigiéndose a Victoire – hemos oido ruido y pensamos que podría pasar algo... ¡Señorita Ghislaine! No la habíamos visto llegar...

Su hermana levantó la mano indicándoles que todo iba bien.

-No se preocupen, solo estabamos hablando. Volvamos a la casa, mi hermana tiene que prepararse para la cena.

La cogió del brazo y la guió de vuelta hacia la casa mientras los dos guardias los escoltaban. No hizo intento alguno por escabullirse, aquel no era el momento, y aun estaba tratando de asimilar lo que le había dicho.

 

 

 

Notas de juego

Interven cuando consideres oportuno :)

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10/10/2014, 19:50
Director

Las hermanas volvían al palacio principal, escoltadas por los soldados, llegaban al gran recibidor de alto techo abovedado, con corredores a las alas laterales y escalinata al segundo piso, cuando el viejo Ildriss se les acercó, deteniéndose a unos metros frente a ellas con mirada seria, fría y apremiante; aunque no dijo nada y saludó respetuosamente a ambas con una genuflexión ligera.

Idriss, un anciano de pelo blanco con algo de sobrepeso y barba cuidada, había sido senescal de la casa desde los tiempos de sus padres. No era alguien con quien Ghislaine se llevara particularmente bien. Aunque, estrictamente hablando, era un sirviente no era plebeyo, sino un caballero, primo lejano de las hermanas – un Gertte-Lavigne, para ser exactos – y por eso se comportaba como un esnob recalcitrante, solía ser obsequioso con ellas y los niños – lo que hacía destacar la ligera reverencia que les había dedicado- pero irascible, engreído y despectivo con los criados, lo que sí se le había dado bien puesto que ni había mirado a los soldados.

Lo cierto es que ella no tenía apenas trato con Idriss e, incluso, su hermana apenas solía despachar con el senescal, su responsabilidad entre los Lavigne era pequeña, comparada con otros nobles que cedían en sus senescales y cancilleres toda la labor de gobierno. Ildriss sólo se ocupaba del día a día doméstico del palacio familiar y la finca que lo ocupaba, incluso su prepuesto estaba supervisado por su hermana y, sobre todo, el tesorero. Era, en la práctica, un mayordomo con ínfulas y un mucho dinero para gestionar. Lo único positivo que realmente podía decirse de él es que era muy competente con los asuntos domésticos, su trabajo se le daba bien.

Pero esa vez, cuando le vio allí plantado, su hermana se apresuró a atenderle. La vieja Aurora ya se acercaba por el corredor de los cuartos de la servidumbre, como si la hubieran llamado por telepatía, su hermana se giró hacia Ghislaine y le dijo:

-“Tengo asuntos vitales que atender con Ildriss. Prepárate para la cena.” – su tono seguía sonando enfadado, pero antes de irse, relajó el ceño y le cogió de las manos, le limpió algo del carrillo, luego la besó en la mejilla recién limpiada, en un gesto su madre solía hacer a ambas y que Victoire, como hermana mayor, heredó con la pequeña cuando quedaron huérfanas, y seguía usando con sus propios hijos – “Ghislaine, esto es muy importante. Santa Greta se prepara para la guerra, todas las casas del condado y la vecindad tendrán que escoger bando y nosotros no seremos una excepción. Tu matrimonio nos pondrá del lado del fuerte y nos dará seguridad en estos tiempos convulsos. Además, tu marido es maravilloso, más de lo que una mujer pudiera desear, en todos los aspectos. Casi me das envidia. Un ángel.” – se giró, sin escuchar sus protestas, para irse con el senescal, pero tras unos pasos se detuvo, girando sólo la cabeza para añadir un sin sentido de última hora, con aire conspirador y una sonrisa misteriosa – “Literalmente.”

Mientras se alejaba, a paso vivo, con Ildriss a su lado susurrando a su oreja, se oyó su voz una última vez, ejecutando una maniobra diplomática que ponía a Ghislaine entre la espada y la pared:

-“Aurora, asegúrate de que Ghislaine esté perfecta para la cena. Báñala, adecéntala y vístela. No queremos que quede a la sombra de Lord Brattle y no tenemos porqué hacerlo, ella puede brillar tanto como el que más. Te haré personalmente responsable si algo no está bien.” –

Aquello dejaba a Ghislaine en un brete, puesto que si se resistía a las órdenes, sería su vieja niñera quien pagaría las consecuencias. Aunque, por otro lado, ¿Lord Brattle? Era otro de los pequeños vecinos de Santa Greta, muy parecido a Lavigne, sólo que situado al Este en lugar de al Sur del condado más importante. Pero Lord Brattle estaba casado, tenía unos sesenta años y no tenía hijos, le había visto unas cuantas veces, incluso le había tratado. Era un hombre amable y risueño, pero ni de lejos hacía honor a las palabras que su hermana le había dedicado; pero, por otro lado, Victoire no era dada a exageraciones, metáforas ni mentiras.

 

Notas de juego

No se si prefieres que juguemos turnos más largos y te vaya pasando en los míos la información resumida que tienes que averiguar para que la incluyas en los tuyos e ir más rápido (dado que es un prólogo narrado, no estamos ‘jugando’ en el sentido estricto de la palabra) para ir cuanto antes a la partida o prefieres jugar como si fuera normal, con turnos más cortos agrupando conversación pero sólo hasta cierto punto manteniendo un poco más la intriga aunque el final esté predefinido.

Por ejemplo:

Con el primer sistema ahora te contaría las cosas importantes que puedes descubrir de lo que has visto y oído de modo que tu pudieras hacer un turno en el que además de prepararte para cena pudieras narrar la conversación con Aurora y/o otros miembros de la familia que prefieras en la que te dijeran todo eso. Luego yo pasaría ya al post de la cena porque te habría dicho todo que tienes que saber y tú ya habrías contado cómo lo averigua el personaje..

Con el segundo sistema tú haces tu turno haciendo las preguntas que quieras a Aurora mientras empiezas los preparativos y/o vas a ver a otros PNJs y les preguntas más cosas, etc. De modo que yo te diera las respuestas en otro turno después y seguiríamos alternando turnos de preguntas y respuestas, si hiciera falta, incluyendo en cada uno todas las que pudiéramos, hasta que fuera el momento de pasar al post de la cena.

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13/10/2014, 07:43
Nya Del Valle "Camaleón"

Sintió un hormigueo en el estómago al entrar en la casa. Le pasaba siempre. Evitaba pasar mucho tiempo allí, pero eso se debía a su aversión a la vida de corte, no a la casa. La casa era la casa de su infancia, de sus padres… la casa donde había crecido y donde tantos buenos momentos había pasado junto a su hermana. No creía que nunca fuese a dejar de emocionarse cada vez que entraba.

Cuando su hermana se fue acompañando a Ildriss se preguntó qué es lo que tendrían que hacer, pero ese pensamiento duró poco en su cabeza. Muy pronto giró su atención hacia su vieja niñera, hacía meses que no la veía.

-¡Aurora, querida! – Exclamó dándole un abrazo – ¿Me has echado de menos? – preguntó sabiendo ya la respuesta

-Mi pequeña… has pasado mucho tiempo fuera – dijo estrechándola entre sus brazos – claro que te he echado de menos… sabes que siempre lo hago.  ¿Tienes historias que contarme? – se le iluminó la cara al preguntar. Aurora adoraba las historias que Ghislaine traía después de cada viaje. Ella apenas había abandonado aquella casa en muchos años, y para ella esa era una forma de ver mundo. A través de a quien consideraba una hija.

Ghislaine había estado  considerando aprovechar para fugarse y evitar la cena, no lo tenía difícil. Aurora era buena, y había sido una buena niñera, pero sería incapaz de darse cuenta siquiera de cuando se había ido. Pero no quería meterla en problemas, no a ella. Además las palabras de su hermana la habían intrigado.

El reencuentro con su niñera y la curiosidad habían dejado en segundo plano el enfado por la trampa que le había tendido su hermana. Trampa que por otra parte estaba convencida de evitar, de un modo u otro. Aunque antes quería estar segura de lo que estaba pasando.  

Caminaron juntas hacia la habitación en el piso superior cuando una figura femenina que apenas acababa de alcanzar la adolescencia bajó deslizándose por la barandilla.

-¡Tía Ghislaine! – Exclamó Lia mientras bajaba de un salto justo antes de estrellarse contra el pomo – Había oído que has vuelto. ¡No me lo podía creer! ¿Vas a casarte? ¿Con el ángel? – Hablaba muy acelerada – Creía que tú nunca ibas a casarte – Parecía haber cierta desilusión en sus palabras

Abrazó a su sobrina sonriendo.

-Yo también te he echado de menos – dijo – Y lo de casarme aún está por ver – comentó exagerando el tono para hacer notar que hablaba en broma, pese a que lo que decía iba muy en serio - No hay en este mundo quien consiga emparejarme si yo no lo deseo, ni siquiera tu madre.

Estuvieron hablando un rato. Tiempo en el que Rose Marie pasó caminando en dirección a los jardines, cogida del brazo de su marido - un hombre no muy alto y delgado, sin demasiado caracter, Ghislaine ni siquiera recordaba su nombre - y se detuvo interrumpiéndoles. 

-Así que la hija pródiga se ha dignado a iluminarnos con su presencia - su estridente voz mostraba un claro tono de sorna - Parece que por fin vas a servirle de algo a la familia... 

Ghislaine en ese momento miró a Rose Marie con expresión de sorpresa. Como si hubiese visto a un fantasma. 

-Un momento... - cogió del brazo a Lia como si no se creyese lo que estaba viendo, haciendo gala de sus moderadamente entrenadas dotes de interpretación - ¿Ese jarrón está hablando? - indicó con la mano el recargado vestido de su prima - Eso es imposible... no tiene cerebro, ni alma... 

Se dio la vuelta ofendida, tirando de su marido camino de los jardines. 

-Perra con suerte... - se la oyó murmurar - Y tu ¡¿Que haces que no me defiendes?!

-Es... es la hermana de Victoire... - murmuró nervioso - no quiero meternos en problemas... 

Rió entre dientes mientras se iban, y su niñera le reprochaba lo que acababa de hacer. Son familia - le decía. Ya eres mayor para esas tonterías - continuaba. Tenía razón, pero no le importaba. Ni eso, ni el ejemplo que estaba dándole a Lia. No veía nada malo en que aprendiese que podía quitarse de encima a los parientes impertinentes sin necesidad de ser educada. 

Siguieron charlando un par de minutos hasta que Ghislaine indicó con educación que tenía que ir a prepararse para la cena. Subió entonces al piso de arriba acompañada de Aurora.

Su habitación estaba mucho más ordenada de lo que recordaba haberla dejado cuando se fue. Era evidente que se habían encargado de que pareciese la habitación de una bien educada dama. Algo que ella solo era más o menos. Si fuese a quedarse volvería a hacerse patente que no se encontraba a disgusto en el desorden.

Era una habitación grande, de techo alto, con una mesa junto a la ventana y una estantería repleta de libros. Expuesto en la pared estaba su violín. Al verlo resopló, un instrumento como ese no estaba hecho para adornar, pero a decir verdad hacía años que no lo tocaba. No estaba segura de ser capaz de interpretar nada sin que rechinase.

En el centro, pegada a una de las paredes, había una gran cama, y sobre ella un dosel del que caían unas elegantes cortinas. Eso no estaba ahí antes. Pensó levantando una ceja.

Muchas cosas en su habitación habían cambiado. No le parecía que faltase nada, pero se habían ocupado recargarla con un montón de tonterías cursis. Las típicas tonterías cursis que cualquier dama noble solía ansiar.

Se tumbó en la cama y se quedó mirando hacia arriba.

-Aurora… ¿Quién es ese Lord Brattle del que habla mi hermana? El ángel… - preguntó intrigada - seguro que no es el Lord Brattle que  yo recuerdo… 

Pero eso no era lo único que la intrigaba, ni lo que más lo hacía. Sino la mención a la guerra. Antes de dejar plantado a otro pretendiente más, y de estropear los planes de su hermana, quería saber que es lo que realmente había en juego.

- Tiradas (1)

Motivo: Saber

Tirada: 1d20

Resultado: 18

Notas de juego

Creo que prefiero ir despacio. Como si fuese una partida normal, aunque vaya usando a otros NPCs por el camino. 

Tirada de Saber sobre la guerra y el contexto político. Ghislaine intenta recordar cosas sobre Santa Greta y cosas que haya averiguado sobre la inminente guerra. 

No se que habilidad deberia usar. Local (+6), Geografia (+5), Historia (+6)  - Se que habías dicho que iba sin tiradas, pero no se si esto cuenta como un conflicto, o puede influir en cosas que vayan más allá del prologo. Además no he encontrado nada sobre Santa Greta en los post de ambientación.

Por si acaso ahí queda la tirada. 

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14/10/2014, 16:13
Director

Así que Santa Greta se preparaba para la guerra. Pero ¿contra quien? Era el mayor de los condados de la región, el que si un día se formaba un Ducado tendría más posibilidades de alzarse como el conquistador. Era de suponer pues, que contra sus vecinos, lo que incluía Lavigne.

No había recibido información de que se preparase una guerra, aunque los ánimos estaban últimamente caldeados por todas partes, el número de conflictos entre vecinos había crecido y por todas partes los nobles incrementaban sus ejércitos. Que soplaban vientos de guerra, era cierto; pero aún no había nada claro, nadie parecía estar seguro de quién, contra quién o por qué. Su pesquisas sólo se habían cruzado con éstas escaramuzas un par de veces y sólo porque en esos casos uno de los señores implicados actuaba como apoyo del Puño, el primero había albergado temporalmente al Barón de Tejanegra tras dejar su castillo y el segundo, hacía mucho más tiempo, había refugiado de Justicia a un asesino, el que le dio el nombre de Tejanegra por primera vez.

Ahora Santa Greta, que Leonardo no dejaba de poner como ejemplo de lo que podía conseguirse aliándose al Puño de Hierro, se preparaba también para esas disputas territoriales que se extendían por todo el mundo; sólo cabía suponer que pretendía hacerse con un Ducado, eso implicaría tomar Lavigne, Brattle y todas las baronías independientes de los alrededores, tal vez incluso otros condados grandes más lejanos, vecinos de los suyos, o de la misma Santa Greta por el norte.

Pero lo que su hermana había insinuado parecía dar a entender otra cosa, si no era una guerra de conquista o fronteriza contra sus vecinos ¿contra quién se preparaba Santa Greta? ¿Entre qué bandos había que elegir? Esa posibilidad escapaba de su conocimiento.

Ghislaine se estaba comiendo la cabeza tanto que ni siquiera había prestado atención a lo que le decía Aurora, aprovechó para dirigir la conversación hacia Lord Brattle.

La anciana frunció el ceño, para dar una expresión de extrañeza, y asintió.

-“Tienes razón, pequeñas, no conoces a Lord Brattle. No a éste, al menos. Apareció hace pocos meses, parece ser que el anciano Lord Brattle tenía un hijo secreto, el motivo de mantenerlo oculto era su origen: dicen que lo tuvo con un ángel de Dios y que ha estado con su madre hasta ahora, que hace falta en la tierra.” – hizo una pausa y se encogió de hombros – “eso es lo que dicen, aunque suene raro. Yo no le he visto apenas, y sólo de lejos. Es un hombre muy guapo, con alas de plumas y pelo de platino; pero parece muy serio y distante.”

Mientras descansaba y pensaba, Aurora había preparado un baño caliente, ahora aprovechaba la charla para ir desnudando a Ghislaine, dispuesta a meterla en la bañera, quisiera o no, a la vez que le deshacía el peinado, seguramente con el propósito de hacerle alguno de los recargados y estrambóticos recogidos que tanto se llevaban en las cortes actuales.

Mirando con ceño fruncido la cantidad de suciedad y desarreglo que Ghislaine traía después del viaje y varios meses de  que Justicia hubiera usado el cuerpo en intenso trabajo de campo, la nodriza sentenció:

-"Tenemos mucho trabajo por delante, menos mal que últimamente cuando la condesa despacha con Ildriss se tiran horas. Llamaré a Celia y Cecilia para que nos ayuden." - ella no recordaba quienes eran Celia y Cecilia, de hecho ,suponiendo que eran doncellas de cámara jóvenes, tal vez no trabajaran la última vez que se tuvo que someter a una sesión de adecentamiento en palacio.

Notas de juego

Santa Greta no está en la ambientación porque, de momento, nadie ha tenido que ir allí. Te preparo una entrada con algunas generalidades que conoces.

 

Por otro lado, efectivamente, ninguna tirada es necesaria, cuando quieras información que tengas disponible, me lo dices como ahora y te cuento, si es para intentar algo, tienes éxito o fallas a tu gusto. Se complique como complique la historia, la dirigiremos para que se “arregle” de la mejor manera para empezar la partida. Los PNJs que se incluyen por mi parte son todos VN 1 y los tuyos principales son VN 3, de modo que, en lo que a ellos respecta, acabará como tú gustes, tu decides si tu hermana se pasa al Puño o no, si éste queda como amenaza de Lavigne o lo controla, y si te casas o no o te casan en ausencia o tu prometido muere o se va. Ninguno de mis PNJs tiene que sobrevivir o morir, ni acabar siendo tu amigo o enemigo necesariamente (salvo los Comandos cuando aparezcan que vivirán y serán tus amigos)

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02/11/2014, 22:29
Nya Del Valle "Camaleón"

Santa Greta… Santa Greta… ¿Qué estaban tramando? ¿Por qué iban a la guerra? Aquello se había complicado más de lo que originalmente había pensado. No era una estrategia de su hermana para casarla, nunca habría hecho eso. Si había organizado aquello y le había dicho eso es que era de verdad importante. No podía darle la espalda sin más. Tenía que enterarse de que estaba pasando… No podía dejar que se perdiesen las tierras de sus padres. No podía dejar que Santa Greta se las arrebatase a su familia… No iba a dejar que el Puño de Hierro se adueñase de sus tierras. Bajo ninguna circunstancia.

No quería casarse, tenía cosas demasiado importantes entre manos para perder su libertad casándose, pero si eso era necesario… Suspiró. Algo tendría que ocurrírsele, y rápido. Tenía que averiguar más sobre ese Lord Brattle, sobre quien era y que implicaba su boda.

Y entonces fue Aurora quien movió la conversación hacia él. 

Un semi celestial... vaya... eso si que eran noticias... Su hermana si que le había buscado un pretendiente... Por mal que saliesen las cosas ya era mejor que todos los que había traido el desgraciado de Leonarlo. 

-¿Con un ángel? - respondió haciéndose la inocente - Tiene que ser muy hermoso...

Hablaron de él durante algunos minutos, mientras Ghislaine se hacía la interesada. La verdad es que cierto interés si tenía, más de lo que acostumbraba, pero no quería dejarse llevar. Esta vez acudiría a la cena para conocerlo, como quería su hermana, hasta ahí le daría el beneficio de la duda. Porque quería a su hermana, porque parecía importante, y porque la curiosidad tiraba con fuerza de ella. Pero no planeaba llegar más allá. No sin saber exactamente que estaba pasando. 

Poco después llegaron Celia y Cecilia, las jovenes y bellas doncellas. Una de ellas le sonaba, recordaba haberla visto, pero no donde, y no tenía claro cual de las dos era. 

Decidió relajarse y disfrutar del baño. Hacía tiempo del último que se había dado, y mucho más aun de la última vez que la habían bañado. No podía negar que, aunque no soportase la vida de la corte, había placeres a los que le costaba resistirse. Estar tumbada en la bañera mientras las suaves manos de sus doncellas la lavaban y los expertos dedos de aurora masajeaban su cabeza lavándole el pelo era uno de ellos. Podría pasar así todo el día. 

No tenía claro cuanto tiempo pasó así. Alargó aquello todo lo que pudo hasta que su antigua niñera empezó a quejarse. A veces seguía tratándola como una niña... casi todo el tiempo en realidad. Pero no le molestaba, nunca lo había hecho. 

Dejó que la vistiesen, que le pusiesen uno de aquellos extravagantes y recargados vestidos que habitualmente acumulaban polvo en su armario. Todos ellos hechos a medida, muchos de ellos aun a estrenar. Ni siquiera se molestó en elegir el vestido. Sabía que no dejarían que cogiese el que le apetecía, era una ocasión importante. Se sorprendió al ver que estaba más delgada que cuando le habían hecho el vestido. Aurora tuvo que apretar los cordones del corsé más de lo que esperaba. Sonrió, lejos de casa la comida no era lo mismo. 

Le habría encantado llevar su armadura. Sabía que nadie se habría dado cuenta. Pero le parecía faltarle al respeto a su hermana. No esperaba problemas durante la cena, y si los hubiese... ya se las apañaría. 

Continuó hablando con Aurora y las doncellas sobre los diferentes chismorreos de la corte hasta que estuvo lista para ir a presentarse a los invitados.  

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21/11/2014, 01:29
Director

En la larga preparación sus doncellas no dejaron de hablar del dichoso Lord Brattle, de lo bello que era, tan señorial, con un porte tan impresionante, tan gallardo, tan principesco. Casi llegó a sentir una punzada de celos al oírlas hablar de aquella manera, que parecía que estaban soñando con su propia boda con él, del que era, hasta que pudiera arreglarlo, su prometido.

Hiciera lo que hiciera ella, la conversación volvía a él. Ni siquiera apareció el tema habitual de aquellas sesiones desde hace años por parte de Aurora, las doncellas del día o Victoire, si estaba presente, que solía ser quienes eran los solteros más cotizados entre la nobleza de los alrededores – o de no tan alrededor, de hecho – ni quienes de ellos vendrían a visitar el palacio o qué posesiones tenían. Cabía suponer que, para ellas, estaba todo hecho… O lo estaría cuando Ghislaine viera a su prometido.

Vestida como una princesa de cuento de hadas, la soltera de oro de la región se dejó llevar por el aya hacia la antecámara previa al comedor donde ya la esperaban el resto de comensales su llegada para empezar la cena formal.

Sus sobrinos estaban allí, engalanados para la ocasión con vestidos nuevos e impresionantes y disfrutando de la dispensa que les permitía tomar un pequeño cóctel con algo de alcohol en la reunión previa, por ser un día especial. Era obvio que su llegada pronta les había fastidiado, porque no podrían terminarse la copa que miraban entusiasmados.

Le sorprendió que Ildriss estaba también presente, engalanado con un traje que, aún valiendo el sueldo de un año de un sirviente, deslucía en aquella reunión donde los auténticos nobles se habían puesto sus mejores galas. Al menos le sentaba bien, en el sentido de que quedaba discreto y adecuado. El senescal estaba charlando con el resto de invitados, sin su habitual aire servil y rastrero, además de mostrarse muy comedido y discreto, manteniéndose en segundo plano en lugar de estar todo el tiempo alabando y secundando cada palabra de sus superiores, incluso si eran impresiones opuestas argumentadas una tras la otra.

También estaba su hermana, elegante y sobria como siempre, con un vestido recatado que parecía pensado para que no hubiera posibilidad de hacer sombra a Ghislaine - algo que, en cualquier caso, le habría costado mucho - Cualquier deseo de sonreírle que hubiera tenido desapareció en cuanto vio a Leonardo colgado con familiaridad de su cintura con su traje  y joyería impecables, mucho más caros de lo que podría haber soñado antes de desposar a Victoire.

Su prima Rose Marie y el papanatas de su marido estaban allí también, esforzándose por participar en cualquier conversación que se diera. El con un traje muy caro para el que no tenía percha, tratando de desaparecer debajo de la alfombra, y ella con un vestido muy atractivo y vulgar, el tipo de traje que habría llevado una fulana de taberna si hubiera podido escoger cualquier traje de alta costura. Y trataba de sacarle provecho, probablemente con lo que ella pensaba que era disimulo, con el prometido de Ghislaine, aunque todo lo que conseguía era reír tontamente y mirar al suelo.

Sin duda éste era quien más llamaba la atención en la estancia, no tanto porque era el único desconocido sino por su aspecto. Llevaba un traje de gala de oficial del ejército que le sentaba como un guante, remarcando una constitución atlética bien trabajada y definida.

Era alto, sacando a Ghislaine una cabeza tranquilamente, su rostro era extremadamente bien parecido, la propia bardo, acostumbrada a no dejarse impresionar por esas cosas – al fin y al cabo no solía ver nada más bello que lo que le enseñaba el espejo – no pudo dejar de admirarse y contemplarle gratamente sorprendida, tal vez, un segundo más de la cuenta.

Tenía el pelo de platino, como le habían dicho, pero era casi literal. Hubiera sido tremendamente descortés tocarle el pelo, pero pensaba que si lo hubiera hecho podría haber estado compuesto de hilo de platino, como el que se usaba para adornar los trajes, tan brillante y suave parecía a la vista.

Sus ojos, con un iris de un color miel que estaba más cerca del dorado casi mayor que la esclera, eran grandes, profundos y serios, contribuyendo junto a su constitución y porte a darle un aspecto altivo, elegante, imponente y un poco distante. Aunque a ella no le afectaba, estaba segura de que la mayoría se sentirían muy intimidados en su presencia. De hecho era obvio que era el caso de sus primos.

Sin embargo lo más sorprendente eran las alas. Un par de grandes alas de pluma blanca como la nieve, que desplegó - provocando un respingo en Rose Marie, su marido y Leonardo – cuando vio entrar a Ghislaine en un gesto que ella entendió como de sorpresa, tal vez de emoción.

La muchacha se dio cuenta de que estaba mirando al hijo natural de Lord Brattle ensimismada, demasiado tiempo y demasiado intenso. Habría bordeado la desconsideración y la impudicia en aquel entorno tan refinado, sino fuera porque a él le había pasado lo mismo. Uno de los muchos espejos de la casa, situado en el punto al que retiró, discreta y modestamente la mirada, le recordó porqué. Sus doncellas y Aurora se habían esmerado puliendo hasta la extenuación un diamante que ya cegaba incluso después de caerse al barro. No le pasó desapercibido que su primo y Leonardo también se la comían con los ojos, y no con admiración y gentileza como ella y Lord Brattle. Incluso Aldric parecía estar admirándola de reojo, aunque de una forma mucho más limpia que los adultos.

Su hermana rompió el instante de hechizo que habría dado paso a un silencio embarazoso en unos segundos más, con su habitual sentido de la etiqueta.

-“Bien, Ghislaine, ya estamos todos. Me alegra ver que has tenido tiempo suficiente para arreglarte tras tu viaje. Espero que hayas descansado para poder deleitarnos con tu agudo ingenio y tu hábil arte ésta velada.” – Ildriss evitó que Lía gritara entusiasmada ante la perspectiva con un discreto agarrón del brazo, aunque muy apropiado y puntual resultaba sorprendente que el timorato advenedizo se hubiera atrevido a un gesto tan atrevido con la hija de la condesa.

-“Acércate, y deja que te presente a tu prometido. Lord Brattle, permitidme el honor de presentaros a Lady Ghislaine Hélène de Lavigne, Baronesa de Molino de Sagrille, tercera en la línea de sucesión del Condado Palatino de Lavigne.” – hizo un gesto de presentación hacia su hermana extendiendo la mano para tomar la suya, esperando de ella la reverencia apropiada antes de continuar

-“Hermana, te presento a Azael Brattle-Ángel de Dios, hijo del Conde Aurius Brattle y heredero del Condado Palatino de Brattle.” – a Ghislaine no le pasó por alto el apellido compuesto, algo muy inusual en el hijo de un conde, puesto que solía hacerse para evitar perder un apellido más importante que el que uno debía tomar, como su prima, sin ir más lejos. En el caso de Azael, probablemente quería remarcar que, a pesar de ser hijo natural reconocido, sus circunstancias eran muy distintas de cualquier otro – hablando en plata – bastardo.

Azael tomó la mano que Victoire le ofrecía, con ojos brillantes y una sonrisa nacarada que parecía relucir, sus dedos eran sorprendentemente suaves para alguien que, obviamente, debía estar entrenado en el arte de la guerra. Tanto o más que los de Ghislaine. Besó el dorso de la mano de su prometida con labios cálidos y suaves, que enviaron un escalofrío agradable por la espina dorsal de la chica.

-“Dios sabe cuánto he deseado conoceros, pero ahora me parece un ansia insignificante, comparada con la que siento por desposaros. No miento si digo que nunca había visto una criatura tan hermosa, y no hablo sólo de belleza, desde que descendí de los cielos.” – su mirada era profunda, parecía ver más allá de la cara, tal vez el mismo alma. Ghislaine se preguntó si no estaba mirándola con magia, de alguna manera, pero si era así no pudo discernirlo. Dado que habría sido una grosería imperdonable, prefería suponer que no lo había hecho y que, simplemente, él también se había perdido en sus ojos. No sería el primero al que le pasaba.

 

Notas de juego

Bien, tú decides cómo transcurre la cena. El es altivo, amable, serio y educado, si necesitas interpretarle. Parece conocer todo lo que le gusta a Ghislaine, al menos hasta dónde su hermana sabe y contaría o Leonardo e Ildriss saben – ellos no se habrían guardado nada. Si quieres acabar toda la cena, al final, él pedirá tu mano a tu hermana (aunque te suene un poco raro así es como se hace – es bastante habitual entre la nobleza antigua –) aunque antes tratará de sonsacar durante la cena si tu estás de acuerdo. En ello podrás medir que es muy buen diplomático tanto o más que tú, más por presencia que por entrenamiento. Estaría bien que llegaras hasta ahí, porque tu hermana es VN 3, así que hace lo que tú digas, yo no puedo decidir sobre ella. Si quieres continuar después de eso, tras la cena hay programado un baile y una recepción.
 

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16/03/2015, 23:58
Nya Del Valle "Camaleón"

Aun no lo había conocido y ya estaba harta de su pretendiente... prometido. Le costaba hacerse a la idea de que estuviese todo practicamente arreglado. Trató de cambiar de tema sin éxito en muchas ocasiones, y acabó desistiendo.

Antes de abandonar la habitación se miró en el espejo. Casi no se reconocía. Entre el vestido, el peinado y el maquillaje... no reconocía a la chica que llevaba meses dando vueltas por bosques, tejados y callejones. Torció el gesto mientras se miraba, aquella no era ella, era un disfraz, un disfraz que por desgracia no podía quitarse por completo. Aunque... pese a lo que quería pensar, no podía ignorar que estaba muy bonita. Aquel pensamiento le sacó una sonrisa que no se le escapó a Aurora, que la acompañó también con una sonrisa.

Se dejó llevar a la antecámara. La ceremonia, pese a que ella hubiese aparecido de improviso, parecía perfectamente preparada. Saludó a sus sobrinos al entrar y los animó discretamente a terminarse la copa. Un día era un día...

Continuó saludando a su hermana con una sonrisa, y dedicándole un gesto torcido a Leonardo. A estas alturas no tenía intención alguna de disimular nada. No lo soportaba, no creía que fuese bueno para su hermana, y detestaba que se hubiese convertido en parte de su familia. Tras tan tiempo seguía sin entender que había visto Victoire en él.

Y mientras trataba de contener una carcajada tras ver el espectáculo que su prima estaba dando, reparó en su prometido... y no pudo evitar quedarse mirando como una tonta. Sin poder disimularlo, porque la había tomado por sorpresa, se quedó parada mirando fijamente hasta que su cerebro reaccionó y la hizo recuperar la compostura.

Se abstuvo de hacer comentarios sobre las miradas que recibía por parte de otros hombre en el salón. Durante unos instantes estuvo demasiado ocupada imaginándose caminado hacia el altar a su lado. Tardó un poco más de lo que estaría dispuesta a admitir en centrarse. Pareces una cría estúpida, recuerda que tienes cosas mucho más importantes que hacer – pensó.

La interrupción de su hermana resultó ser extremadamente conveniente ara reconducir las cosas. Por eso Victoire llevaba la casa, este era su mundo y se desenvolvía en el con completa naturalidad. Para ella en cambio era un disfraz. Un disfraz pesado y dificil de llevar.

Hizo una reverencia cuando su hermana la presentó y se esforzó por que no le resultase evidente a todo el mundo lo fascinada que se encontraba ante la presencia de Azael. Aunque estaba segura de haber podido engañar solo a los menos avispados y a los que se encontraban más alejados en aquel momento. Su hermana con toda seguridad notaba hasta el más ligero movimiento de sus ojos.

-Vais a hacer que me sonroje con tan amables cumplidos - Respondió a sus palabras y al beso en la mano con una sonrisa más auténtica de lo que le habría gustado. - Es para mi un inmenso placer conoceros al fin– trató de ser educada, era la primera vez en bastante tiempo que no quería ofender a su pretendiente desde el primer momento forzando que desistiese lo más rápidamente posible, estaba relativamente desentrenada en el arte de flirtear en la corte – me habían hablado mucho de vos, pero he de decir que las palabras, por halagüeñas que fuesen, nos os hacían justicia alguna.

Tras la presentación su hermana los apartó ligeramente de la multitud, para que pudiesen hablar, pero manteniéndolos a la vista de todos, y poco después se excusó para dejarlos solos.

Hablaron durante un buen rato mientras paseaban por la sala, y aun más durante la cena. El parecía saberlo casi todo sobre ella, casi todo lo que era de conocimiento público. Era evidente que en la corte pocos se habían callado cosas. Sabía que le gustaba la música, que tocaba, que le gustaba la danza, que montaba a caballo e incluso que sabía manejar una espada. Al principio aquello la incomodó un poco, en el pasado ese tipo de revelaciones habían sido motivo de mofas a las que por mantener las apariencias no había podido responder, pero él parecía genuinamente interesado en todo aquello. Y él le resultaba también interesante... quizá un poco orgulloso, pero no podía culparle, y al fin y al cabo ella lo era también. Empezaba a plantearse seriamente que podría ser una buena opción... solo había un problema, Nya y Justicia... ¿Como podría seguir siendo ellas si se casaba? Daba vueltas a aquello mientras hablaba con él, y por el momento no encontraba una solución. No estaba dispuesta a ser solo Ghislaine, a quedarse en un palacio y no salir de allí... Aquella había sido siempre la razón principal por la que rechazaba a todos, y aunque esta vez pensaba que podría ser feliz a su lado... Ese problema seguía ahí.

Entonces, cuando ya tenía un nuevo "NO" en su cabeza, cuando ya estaba preparándose para soportar una vez más la ira del imbécil de Leonardo, y seguramente esta vez también la de su hermana, algo cambio. Él sacó el tema. Él habló sobre los viajes que ella hacía, sobre lo que se sabía en la corte por supuesto, y sobre lo mucho que admiraba su independencia. Y aquello la dejó boquiabierta. Fue apenas un segundo, suficiente para que él lo notase, pero no para que el resto de gente a su alrededor reparase en ello. Rápidamente aquello se transformó en una sonrisa, una sincera sonrisa, y ella empezó a hablar de sus viajes. A contar las mismas historias que le contaba a sus sobrinas. Esas historias que eran versiones incompletas, edulcoradas y suavizadas de muchas de sus historias reales, centrándose en las anécdotas graciosas, los bailes y las actuaciones, y obviando cualquier mención a Nya y por supuesto a Justicia. Lo que más le sorprendió es que él parecía disfrutar de sus historias. Al contrario que con algunos de sus pretendientes del pasado, estaba bastante segura de que se reía con ella, no de ella. Y de pronto se dio cuenta de que se había quedado sin argumentos para rechazarlo. Le gustaba, parecía un buen hombre, ayudaría a su familia y podría seguir adelante con su misión... seguro que sería un poco más difícil, pero creía poder arreglarselas. Ya se ocuparía de esos detalles más adelante.

Miró entonces a su hermana, sonrió y asintió ligeramente con la cabeza mientras se mordía el labio. Lo has conseguido hermanita... has encontrado al hombre con el que me casaré... pensó.

Durante el resto de la cena estuvo de muy buen humor. Bromeó con todo el mundo, incluso aceptó cargar con algún que otro comentario envenenado de Rose Marie, de esos que normalmente empezaban una trifulca entre ambas, y que durante unos segundos pusieron nerviosos a parte de los asistentes, acostumbrados a que aquellas peleas reventaran veladas que hasta entonces iban aparentemente bien. Pero aquel día se limitó a reír en unas ocasiones, fingiendo no darse cuenta de lo ofensivos que podían ser, o devolverlos de manera suficientemente sutil para que ella no se enterase. De entre los que estaban en la mesa estaba claro que su hermana lo esta viendo todo, y en ocasiones la miraba sorprendida por como se estaba conteniendo. Su prima pronto se cansó y paso a tener una pequeña discusión con su marido, que intentaba detenerla antes de que siguiese por ese camino.

Lo que la mayoría no entendían era que aquella era la primera velada del estilo que para Ghislaine iba realmente bien. Era la primera vez que no estaba buscando una excusa para que todo se acabase. Hoy no iba a empezar un fuego, hoy estaba decidida a apagar los que pudiesen surgir.

La química entre ella y su prometido no les pasó desapercibida a ambos. Ella en ningún momento le dijo que estaba de acuerdo con el matrimonio, pero no creía que hiciese falta. La manera en que lo miraba, la manera en que sonreía, que le escuchaba cuando hablaba, o el entusiasmo con el que le contaba sus propias historias debían ser suficientes para que lo entendiese. Especialmente si conocía su reputación.

De ese modo al final de la cena Azael se dirigió a Victoire para pedirle la mano de Ghislaine, momento en que su hermana llevaba tiempo esperando. Entonces todo el mundo se giró hacia ella, esperando su respuesta.

Notas de juego

Ahora si, terminado. Y evidentemente Victoire dice que si.

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08/04/2015, 19:46
Director

Las siguientes dos horas o así transcurrieron para ella en una especie de embelesamiento onírico, casi sin darse cuenta. Ahora, acostada en la enorme cama adoselada de colchón de plumas y sábanas de seda que había en sus aposentos del palacio familiar, Ghislaine trataba de recordar todo lo que había vivido como en un sueño.

Recordaba el momento en que Victorie, esplendida aunque de forma comedida para no robarle ni una pizca de protagonismo a ella, se levantó; recordaba la tensión en el ambiente, su forma de decir “Será un honor entregaros a mi hermana y con vuestra unión sellar la amistad entre Lavigne y Brattle. Sea, pues, vuestro compromiso”, también recordaba los vítores y aplausos, y las caras de la gente: Victorie felicidad y alivio, Lía ensoñación y un poquito de incredulidad, Aldric emoción contenida y alegría, Rose Marie envidia y rencor… Y Leonardo Leonardo satisfacción y dicha, ¿por qué?, se preguntaba ahora: Lavigne y Brattle unidos para resistir contra Santa Greta, el Condado de su hermano, su mismo matrimonio fue para cimentar derechos de herencia de cara a una futura unión de Lavigne a Santa Greta. Era raro.

Pero su mente siguió volando, al baile posterior a la cena, en que danzó con su prometido todo el tiempo, salvo lo imprescindible para cubrir el protocolo. Era un bailarín poco técnico pero garboso y con donaire, firme y un poco dominante, aunque respetuoso y sus manos se mantuvieron en los sitios apropiados. Por algún motivo algunos de sus pretendientes equivocaban su fama y asumían que era “fácil”, no hubiera sido la primera vez que tenía que pararle las manos a uno de ellos. La conversación había seguido la iniciada en la mesa, aunque más escasa pues ambos parecían disfrutar de la danza y el contacto mutuo.

La recepción posterior tampoco cambió el tono de la conversación, que parecía capaz de aburrir y alejar al resto – salvo a Lía – lo que no dejó de ser una sorpresa porque en ningún momento acabó por salir el que parecía ser el tema favorito de conversación de algunos, bastantes, pretendientes: qué baronía recibiría ella al casarse y que, en la práctica, sería una entrega de tierras o derechos, en éste caso al ser él heredero de otro condado palatino, al condado de Brattle. Ahora no podía dejar de preguntarse si era desinterés en tan vulgares temas o que ya había sido negociado antes de que ella llegara.

Victorie había dado por terminada la recepción muy pronto, apenas tras media hora, en un hábil gesto que había dejado a la pareja con ganas de más. Estaba claro que se habían causado muy grata impresión mutuamente y Ghislaine empezaba a pensar si una podía enamorarse de verdad en sólo una noche. Por otro lado, él parecía saber mucho de ella, pero ella sólo sabía lo que había visto en aquella velada organizada al dedillo y calculada al límite por quienes la conocían con el propósito específico de casarla.

Aquello movió su mente a pensar en averiguar más cosas de Azael, y sus pensamientos vagaron rápidos a los pasadizos secretos. ¿Estaría alojado Lord Brattle en una de las habitaciones que los pasadizos alcanzaban? En teoría Ghislaine no sabía nada de ellos; ni sus padres, ni su hermana, ni su sobrina le habían hablado de ellos y había llegado a preguntarse si era la única que los conocía, pero lo más probable era que fuese un secreto que pasara de generación en generación, de heredero en heredero. Ella los descubrió casi por casualidad, estaban bien escondidos pero no lo suficiente para una chica atenta, aburrida y curiosa como ella de joven.

La pregunta era ¿debería espiar a su prometido a escondidas? Tal vez fuera dudoso pero, al fin y al cabo, ella era espía y él sabía todo de Ghislaine mientras ella no sabía apenas nada de él. Así que unos minutos después, lo justo para cambiar su camisón de dormir por una ropa más digna y apropiada para explorar túneles polvorientos, estaba en los estrechos pasadizos que descendían por debajo de los cimientos del palacio para cruzar bajo el cuerpo principal de ala a ala con varios pasadizo aún más estrechos y bajos que los corredores, para no dañar los cimientos que atravesaban, que subían a distintas estancias.

Ghislaine pasaba debajo de los patios interiores, cerca del pasadizo que ascendía a las caballerizas y las mazmorras que había debajo del patio de las mismas, cuando escuchó, muy apagado, un grito de dolor. Se detuvo intentando discernir de dónde podía venir: demasiado leve para ser de alguien que estuviera en los túneles y ella estaba demasiado lejos de cualquier estancia para que viniera del palacio.

Un minuto después el grito se repitió, poco a poco, mientras se repetía periódicamente el alarido mortecino, fue avanzando hasta localizar el punto ideal para investigarlo en un lugar dónde el mortero y algunas piedrecillas se habían acumulado junto al muro. La pared estaba dañada, aunque no amenazaba ruina. Ghislaine dedujo que había habido obra justo al otro lado y, por suerte o por pericia, había parado antes de dar a los pasadizos. El túnel tenía una diminuta grieta, que era por la que llegaban los gritos de dolor y una débil luminosidad.

Tuvo que esforzarse mucho para distinguir algo, nerviosa y furtiva, a través de la ínfima ranura que quedaba en el muro del pasaje secreto. Seguramente resultaba invisible desde el otro lado. Allí, en un lugar imposible puesto que estaban varios metros por debajo incluso de las pequeñas y casi en desuso mazmorras, había un cuarto. Un cuarto que ella no conocía ni tenía claro cómo podría alcanzar – aunque por la posición estaba debajo de las celdas – y que no estaba allí la última vez que pasó, seguramente hacía algunos años. El cuarto estaba perfectamente cincelado, obra de magia no le cupo duda, con un tamaño de 3x3 y menos de dos metros de alto, sin ventanas – obviamente, al ser subterráneo – y sólo una puerta de pesado metal que, a buen seguro, impedía que se oyera nada desde ningún punto del palacio incluso si su túnel de ascenso daba a alguna. Sólo cadenas y grilletes lo amueblaban.

Los gritos se originaban allí, de un hombre desnudo y demacrado inmovilizado de pies y manos con argollas contra la pared. Estaba famélico como si no hubiera comido nada en días, herido con moratones y costras en varios sitios, un ojo morado e hinchado, la nariz rota y varios dientes saltados. Pero lo más aterrador es que estaba cubierto por dos docenas de finas y afiladas agujas clavadas por todo el cuerpo, ninguna parecía producir daños serios, ni siquiera sangre salvo la justa para hacer una diminuta costra que no habría tardado ni un minuto en formarse; pero con toda la pinta de resultar insoportablemente dolorosas.

Frente a él había otro hombre, podría haber pasado por un enano por complexión y altura, pero no tenía ni rastro de barba, su rostro era arrugado y sus orejas puntiagudas, en ese sentido podría haber pasado por gnomo – no es que ella hubiera visto demasiados, la verdad – El pequeño repetía con tono aburrido y monocorde varias preguntas, como sin esperar respuesta:

-“¿Dónde está el cadáver? ¿Qué has hecho con él? ¿Quién es tu contacto? ¿A quién reportas? ¿Dónde está tu refugio? ¿Quiénes te ayudan? ¿A quienes conoces que pertenezcan a los terroristas que se hacen llamar Comandos de la Libertad? ¿Dónde está vuestra base? ¿Quién es su líder? ¿Cómo son los agentes de nivel alto?” – tras repetir las preguntas sacaba una de las agujas, produciendo un gemido de dolor, y la volvía a clavar en otro sitio arrancando un alarido de agonía muy por encima del daño real que producía. Debía suponer que el torturador era experto en su arte.

 

Notas de juego

Si decides narrar que Ghislaine busca el acceso lo logrará por túneles secretos (nuevos) desde las mazmorras. Puede derrotar al pequeñajo como quieras (recuerda, narramos en pasado por lo que no hay tiradas) pero éste no se rinde ni se hechiza. Si optas por que Ghislaine informe a su hermana, dado que ella es VN 3 decides tú si sabe algo de ésto o no. También Leonardo es VN 3 así que también decides tú cuánto de implicado está, pero mi idea es que lo sepa y lo esté encubriendo y apoyando.
 

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23/07/2015, 17:54
Nya Del Valle "Camaleón"

Observó durante algún tiempo aquella escena. Intrigada, dándole vueltas a lo que estaba pasando. ¿Que hacía allí aquella sala? ¿Que hacían torturando a alguien así en su casa? No es que fuese peor que algunas cosas que ella había hecho, pero... pero estaba pasando en su casa. Y perseguía a los Comandos... Aquello se ponía cada vez más interesante... 

Encontró una ruta de acceso a través de las mazmorras que la llevó directamente ante la pesada puerta de metal de aquella sala. Le costó un buen rato. Hacía mucho que no se metía en aquellos túneles, y estaba segura de que algunos no estaban ahí la última vez. 

Delante de la puerta puso la oreja en el metal, y esperó. Esperó a que volviese a haber ruido, para abrirla con mucho cuidado. Lo suficiente para mirar.  El interrogador estaba de espaldas a ella, mirando hacia su detenido. No había oído la puerta y no parecía esperar que nadie entrase. Moviéndose despacio, cuidando de no generar una sombra que pudiese alertarlo, se acercó por la espalda y con un ágil movimiento le rodeó el cuello con el brazo y presionó, impidiéndole gritar, le clavó la rodilla en la espalda, para alejarlo ligeramente, y lo derrumbó propinándole un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente. Buscó entonces un juego de cadenas y lo inmovilizó. 

Se acercó entonces al hombre que estaba siendo torturado y lo examinó. Con mucho cuidado extrajo las agujas, asegurándose de causar el mínimo daño posible. Cuando lo soltó cayó de rodillas al suelo, estaba tan débil que no se tenía en pie. 

-Estoy aquí para ayudarte, pero necesito que me digas que está ocurriendo - le dijo sin mostrar emoción en su voz

En aquel momento no parecía en condiciones de contarle nada demasiado coherente, y el torturador estaría inconsciente aún un buen rato. Torció levemente el gesto, debería haber planeado algo mejor aquella situación. 

Despierta un poco Ghislaine, pareces una novata... 

Ese hombre necesitaba descansar y ella respuestas. 

Se las arregló para encerrar al "gnomo" en una habitación que no sería usada esa noche, sin que nadie la viese. Lo mantuvo dormido mediante magia y atado en el armario. Nadie debería darse cuenta que estaba allí durante unas horas. 

Al misterioso hombre lo llevó a otra donde le dio ropa y algunas sobras de la cena. Por suerte la casa a esas horas apenas tenía actividad. Mientras no hiciese mucho ruido podía moverse por casi cualquier lugar sin ser vista. Durante ese tiempo trató de sacarle que estaba ocurriendo. 

Estaba furiosa. Con seguridad Leonardo estaba detrás de aquello. Siempre que ocurría algo en su casa era cosa de él. Llevaba toda la noche sospechando que tramaba algo y cada vez estaba más segura. Pero antes de irrumpir en la habitación de su hermana necesitaba saber más. 

Notas de juego

Al fin...

Si no me dice nada, o no tiene nada que decirme, voy directamente a buscar a mi hermana. 

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17/05/2016, 09:11
Director

El hombre torturado resultó ser una fuente de información bastante útil. Aunque empezó con peticiones de lo más raras. Abrió el ojo sano y la miró desenfocado, con poco respeto, en realidad:

-"Tú... tú eres la hermana de la condesa. ¿Estás con ellos? ¿A qué juegas? No pienso decirte nada."

En realidad sí dijo algunas cosas de entrada, informó a Ghislaine que había tenido suerte de haberse llevado su arma encantada para noquear a aquel enano y le aconsejó rodear el armario en el que lo encerró con unos polvos que le habían confiscado, por si acaso, dijo. Por suerte el equipo del hombre estaba en la cancela al otro lado de su celda.

A partir de ahí le costó mucho convencerle de que no tenía que ver con aquello, el hombre aún después de convencerse no estaba dispuesto a soltar prenda, sólo le dijo que no todo era lo que parecía en su castillo y que ahora no podía fiarse de nadie, cualquiera podía ser uno "del Puño de Hierro", por voluntad o por magia.

Se negó a acudir a ver a Victoire, aunque ella no podía creerlo, él estaba seguro de que estaba "con ellos", tal vez hechizada, le dijo. Y ese era un argumento que no podía invalidar... incluso si no era así, ¿qué pruebas presentarían contra otro noble? ¿la palabra de un plebeyo extranjero? Y, para colmo, norteño: un espía de libro. Lo que sí le dijo es que era un recluta de los Comandos de la Libertad y que si le ayudaba a salir, podría entrevistarse con su superior y él tal vez le contase más. El les ayudaría, pues para eso estaba ahí.

No podía negar que todo aquello le preocupaba pero no estaba convencida hasta que el hombre le dijo algo muy preocupante y fácil de comprobar siguiéndole el juego, aunque fuera peligroso. Una revelación que le convenció de acudir a esa supuesta cita improvisada.

-"¿Recuerdas que me preguntaban por un cadáver? Es porque puede romperles todo el plan: tenemos su cadáver. El de Ildriss. Yo trataba de averiguar quién está en el ajo para ver si había alguien con poder con quien pudieramos contactar, saber quién está con ellos y si hay alguien importante que no, para ayudarle a liberar Lavigne. Esa podrías ser tú." - Ghislaine recordó al viejo mayordomo y cómo había cambiado, participativo en la vida de la familia, convencido, casi insolente y muy seguro de sí cuando era timorato, obsequioso y empalagoso con los mejores que él y tiránico y engreído con los subordinados.

El hombre insistió en que rematase al gnomo antes de irse, asegurándole que no era un acto cruel y que lo entendería en su momento, pero no estaba dispuesto a perder más tiempo y no discutió su decisión. Tuvo que arrastrarle fatigosamente por los túneles, aunque en honor del hombre había que decir que apenas se quejaba, a pesar de estar casi muerto. Temió, ya fuera, vagabundeando por las calles más oscuras cercanas al castillo, que se le muriera entre los brazos.

En ese momento unos pasos metálicos resonaron en las calles vacías y una cálida luz naranja surgió de un lateral para dar paso poco después a una figura acorazada de pies a cabeza con una armadura con runas, llevaba un martillo de guerra de calidad excepcional que era la fuente del fulgor y un escudo no menos brillante con el símbolo de unas alas blancas que no reconoció en el momento, pero acabaría aprendiendo que era el símbolo de una diosa menor de la libertad y el camino como representación de la vida.

En el momento fue un buen susto y una preocupación importante, pero esa fue la forma en que conoció a uno de los que serían sus futuros compañeros. Kristaff, el clérigo de los Comandos.

Notas de juego

Si Ghislaine obedece al hombre y mata al gnomo éste desaparece en una nube apestosa.

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17/05/2016, 10:47
Kristaff

-"Milady de Lavigne. Mil perdones por venir a vuestra a casa con exigencias, mi señora, pero temo que portáis malherido a mi compañero. Y debo suplicaros que me lo devolváis. Sé que no estáis acostumbrada y que os parecerá inconcebible que un plebeyo os pida nada es vuestra propia ciudad, pero debo hacerlo. Y, si sois la buena persona que dicen, sabed que luchamos por el bien de vuestra gente y la de todo el mundo, consoláos con ello. Y si no... bueno nunca me ha importado herir los sentimientos de los malvados, la verdad."

Probablemente iba a añadir alguna amenaza más, pero su rescatado intervino, presentándola como su salvadora y, tal vez, el contacto que esperaban.

-"Más perdones entonces, mi señora de Lavigne. Soy Kristaff, sin apellidos." - le dijo mientras se acercaba para ser él quien cargase con el herido. En lugar de hacerlo tocó su frente y murmuró:

-"Dama Libertad, otorga tu gracia a nuestro amigo para que sus alas sigan llevándole a proteger a quienes sufren la tiranía." -

Y el hombre medio muerto se recuperó milagrosamente, no sólo sus heridas se cerraron: su fatiga desapareció, su ojo revivió y hasta sus fuerzas drenadas por la pérdida de sangre volvieron, incluso su abatimiento pareció disiparse. Ghislaine había estado relativamente tranquila hasta ese momento, pues se sabía superior a casi todo el que se encontraba, más hábil, más experta, más capaz. Pero aquella magia... aquella magia era tan heróica como Nya o Justicia, el material del que se componen las epopeyas. Estaba ante uno de los clérigos más poderosos de las tierras de la humanidad, uno de sus escasos iguales; en ese momento no podía estar segura de que, incluso, no fuera uno de los casi desconocidos superiores.

Kristaff ofreció toda la información que deseara, pero con la condición de que se dejase lanzar una protección contra el mal y un discernir mentiras para responder a la pregunta de si estaba relacionada con el Puño de Hierro. Satisfechas las extrañas peticiones y con todos capaces de correr, bueno todo lo que el clérigo podía correr con una armadura de guerra, no tardaron en llegar al que los Comandos llamaban su cuartel, los bajos de un edificio abandonado.

El clérigo miró atentamente cómo entraba, distraidamente con la mano en el martillo, como si se asegurase de algo cuando ella entraba. No supo qué ni por qué, de hecho todo lo que notó fue una agradable calidez en el estómago y cierto bienestar. Hasta que vio que, en una mesa en un lateral estaba el cadáver de Ildriss, destripado pero perfectamente conservado, sin ni siquiera mal olor.

-"Mi señora, como veis vuestro senescal no es tal. Vimos cómo trataban de sacar su cadáver discretamente del castillo y les interceptamos. Llevamos semanas - yo sólo un par de días - vigilando el palacio. Me temo que el Puño de Hierro tiene agentes en él. Sin duda recordaréis unas portentosas luces naranja que cruzaron el cielo hace unas semanas, causaron gran desasosiego en las gentes. Pues bien, estamos convencidos de que un portal al infierno se abrió en Santa Greta y el Puño tiene ahora algunos diablos a su servicio. Creemos que han infiltrado al menos uno en vuestro castillo, sustituyendo al senescal. Probablemente tengan más. Tal vez vuestra misma hermana."