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Crónica del Heredero - Episodio II - El Ascenso.

II - El Atolón de la Sirena Muerta

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26/11/2014, 22:07
Zanc Piesligeros

El plan había salido a pedir de boca, habían logrado evitar los peligros de la fortaleza y al menos habían ganado un tiempo importante para lograr su cometido, sin embargo, un sin sabor quedaba en el pequeño Gnomo, ese sin sabor que le provocaba el no poder acceder a la torre del mago, seguro que allí guardaba tesoros!.. Pero al menos se consolaba imaginandose que el tal Tuerto debería guardar un tesoro de pirata aún mayor!.

Con un singular brillo en sus ojos y una sonrisa picaresca en el rostro, Zanc avanzó el resto del trayecto junto a sus compañeros, como siempre, liderando la marcha junto a Pelonieve, solamente recordar la expresión en el rostro de los piratas que habían sido víctimas de su engaño le hacían sonreir y de vez en cuando dejar escapar una sonora carcajada. Finalmente llegaron a una torre abandonada, al parecer sería la mejor vía para llegar a la Boca de la Sirena.

-Dejadlo en manos del confiable Zanc Piesligeros!- Respondió el Gnomo cuando los demás incitaron entrar a la cueva -¿Quien mejor para explorar una caverna que alguien que haya nacido en una, verdad?- Bromeó el Gnomo a la vez que sacudía sus ropas y se acomodaba el equipo. El llevar una antorcha no era una mala idea, podría servir para espantar alguna rata indeseable. 

Así fue, cuando ya todos estuvieron listos, el Gnomo, antorcha en mano, se preparó para liderar la marcha subterránea, esperando que el grupo intentara convencer a Kormack para que siguiera aquel camino. -Vamos viejo amigo!... Seguro que cuando lleguemos a la guarida del lider pirata habrá infinidad de tesoros!... ¿Recuerdas?... Regresaremos llenos de Golria y Oro!!!!... Así que deja de hacerte el difícil y vamos por esta ruta... Cunta dice que es segura, ¿a que si?- Añadió Zanc con una sonrisa acompañada de un guiño complice, buscando el respaldo de la más reciente adquisición, el Kobold... Ahora eran 8, ¿Regresaran los 8 de Valigar?... Ahora habrá que llamarse de otra manera.

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26/11/2014, 22:22
Ogna

- Mi antorcha no emite humo pero tampoco da calor. Te sirve con eso amo...-Se interrumpió de repente tapándose la boca con las manos. ¡¿Amor?!Casi se le había escapado. 

Tengo que disimular.

- Cof, Cof.- Tosió como si se le hubiera metido algo de polvo en la garganta.

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26/11/2014, 22:38
Vishna

¿Amor? - Volvió a resonar la pregunta en su mente. Oh sí...el elfo. - Susurró la voz de Vishna, ésta vez mucho más comedida y sin atisbo alguno de celos. Aún estaba muy reciente la regañina de la muchacha y aunque no podía oír el rugido de las olas del mar, sí que podía notar su proximidad.

¿Todo bien Manos-delicadas? - Preguntó servicial corriendo un tupido velo ante su comentario anterior. - Necesitas ayuda de la siempre servicial Vishna. - La imagen de un fornido caballero con un estoque en lugar de cabeza postrando una rodilla en el suelo legó hasta su cabeza. 

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26/11/2014, 22:53
Kormack Quebrantahuesos

El enano para nada estaba convencido con lo de entrar por una madriguera. Negaba con al cabeza y fruncía el ceño. No le dio tiempo a decir nada cuando al rata de Losse ya se aventuraba a entrar en casa. Cosa que le hizo juntar aún más el ceño, ya casi parecía unisejo. Ogna parecía querer ir oliendo el culito a su novio y Zanc. Zanc, recordó al enano lo que había detrás de todo aquello. Tesoros y gloria! JA! dijo con una buena sonrisa y un gesto más amable. Toda la rrrrazón amigo! dijo palmeando la espalda del gnomo. LIderrranos yo cubrrrirrré a rrrretaguarrrrdia. como a su parecer le había rogado la "ojeras". Era mujer y necesitaba protección, no iba a esperar que Losse fuese el último o que fuese enclenque, a ese lo secuestraban las ratas de seguro! Y por supuesto no iba a dejar llevarse todos los méritos a su recién renombrado archienemigo "Davros". davrrooos... dijo entredientes. Una brisa le atuso el pelo, como el portazo que dio el salón en el que sus familiares comían. El enano comenzó con la ayuda de su escudero a quitarse la armadura. AMO? repetió con una sonrisa el enano. No sabía si se lo decía a él, cosa que le parecía que llegaba tarde o a Losse. Si se lo decía a Losse... JUA JA JA JA JA JA JA!!!! vociferaba el enano. Acaso podía mejorar el día? Un barco pirata lleno de tesoros y un largo túnel en el que bromear acerca de la extraña relación entre elfos y humanos. El enano se frotaba las manos.

Notas de juego

*Mi escudero es Cunta

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26/11/2014, 23:26
Morwing

-¡Oh no, otra maldita cueva!, se lamentaba una y otra vez Morwing al ver que, por muy estrecho que fuese el pasadizo, sería el camino a seguir. - ¡Maldita sea!,¿acaso será una broma cruel del destino?, continuó lamentándose….

A pesar de los recelos por adentrarse en la cueva, los comentarios de Cuinthere hacían ver que podría ser el camino más seguro para llegar al corazón del baluarte. Acceder por la entrada principal haciendo uso del engaño con el Kobold y el inoportuno e imprevisible enano podría ser muy arriesgado, lo cual tenía muy presente Morwing.

Por ello, y al no poder dar con un plan alternativo mejor, el hechicero fue preparándose con el resto del grupo para adentrase una vez más a las profundidades de la Tierra... - Ainss, ¡Pues vamos a ello...! 

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27/11/2014, 07:01
Director

Los aventureros se desprendieron de toda aquella impedimenta que haría imposible el moverse por aquel entramado de túneles repletos de recovecos, estrecheces y giros bruscos excavados por las ratas marinas. Todo aquello que era desechado por ser imposible llevarlo encima era atado con cuerdas, envuelto con ropa o sujeto aprovechando los cintos y cinturones, con el objeto de arrastrarlos a medida que avanzaban sujetos con cuerdas a la cintura.

El camino fue un auténtico calvario para todos excepto para Zanc y Cuinthere quienes debido a su tamaño más o menos se desenvolvía con facilidad, lo que hizo que para ellos sólo fuese horrible. Después de ese pesaroso viaje a través de las entrañas de la tierra decidirían no volver a hacer caso al kobold en cuanto a distancias se trataba. La verdad es que el pobre escriba, poco acostumbrado a portar armas, sólo a limpiarlas, no había tenido en cuenta que las grandes espadas de Allen y Davros no podían doblarse, así como otras armas que el bárbaro llevaba consigo, lo que hacía sumamente difícil superar diversos tramos donde las madrigueras se retorcían como si en vez de haber sido excavadas por roedores lo hubiesen sido por reptiles. A ello, había que añadir que no era sencillo guiar, o más bien obligar, a una gaviota a seguir el camino deseado por muy amables que fuesen las palabras de su amigo. Por lo tanto lo que debería haber sido un recorrido de un par de horas acabó llevando más del doble. Por cierto, si alguien pensaba que Kormack se mantuvo callado durante todo el camino hasta la salida realmente no conocía al enano. Lo que nunca estuvo claro es si las ratas optaron por no molestar a los aventureros por cortesía, por miedo o por no aguantar la incesante e interminable verborrea del enano.

Empapados por el sudor, cubiertos de tierra hasta en las partes más recónditas de sus cuerpos y totalmente extenuados por el reptar durante casi una milla en un ambiente claustrofóbico, alcanzaron cornisa superior que dominaba el puerto interior conocido como la Boca de la Sirena. La base rocosa en la cual aparecieron se encontraba muy por encima del nivel donde los piratas desarrollaban su actividad diaria.

Tan pronto los compañeros dejaban la madriguera y tomaban contacto con el ambiente cargado de la gigantesca caverna, se daban cuenta de donde se habían metido. Aquello era prácticamente una ciudad pequeña repleta de precarias casas construidas unas sobre otras, ancladas a la pared, desafiando la gravedad y de las formas más inverosímiles. Multitud de pasarelas o puentes de madera unían las diversas partes de la ciudad dotándola de un aspecto semejante a una telaraña deforme.

Desde su punto de observación privilegiado distinguieron al menos veintiséis naves y decenas de pequeñas barcas que surcaban las tranquilas y oscuras aguas del puerto llevando de lado a lado tanto mercancías como hombres. El murmullo de voces y ruidos propios de toda ciudad alcanzaba sin problemas el alto techo donde los compañeros eran testigos de todo lo que acontecía a más de un centenar de pies más abajo.

Notas de juego

Os encontráis en una plataforma en la parte más alta de la caverna. Es un sitio poco transitado y la única forma de acceder a él es a través de una senda estrecha que desciendo por la pared de la caverna hasta el nivel inferior.

La caverna tiene forma circular y la apertura hacia el exterior está orientada al norte. Los niveles por encima del nivel del mar están formados por una sola calle sobre la que han sido construidas casas adosadas a las paredes de la gran cueva. Todas juntas forman un entramado laberíntico en el que es fácil perderse incluso para los piratas.

Por suerte, La Boca de la Sirena, funciona como una ciudad, es decir, hay más gente a parte de piratas viviendo en su interior, véase esclavos, prostitutas e incluso mercaderes que en su día fueron piratas y ahora viven y comercian entre los suyos. La única salvedad que existe es que tanto para entrar como para salir se necesitan salvoconductos expresamente proporcionados por un encargado designado por Todler, y que no pueden abandonar la isla a no ser que Todler o Steznag den el visto bueno para ello.

 

 

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27/11/2014, 09:35
Director

Notas de juego

No me ha dado tiempo a enrollarme mucho porque hoy he tenido la noche liada. Intento meterlo mañana si me puedo explayar en el post. Pero se sale que me des bazas como esas. :D

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27/11/2014, 10:40
Ogna
Sólo para el director

Todo bien mi fiel Vishna, pero me temo que no te va a gustar lo que viene ahora. A mí tampoco.

Le contó a su espada sus intenciones. Meterla a través de una madrigueras done acabarían de tierra hasta en las entrañas. Por supuesto Vishna iría protegida por su vaina, pero Ogna prometió limpiarla a fondo cuando acabaran.

Por supuesto que necesitaré tu ayuda. Sin ti no sería más que una porta-antorchas. Sigue pendiente de la presencia de los diablillos que acompañan al Tuerto y avísame cuando los sientas. Esperemos que hoy puedas beber de la sangre de ese semielfo.

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27/11/2014, 11:41
Morwing

Las experiencias que había tenido hasta ahora Morwing en el interior de una cueva no habían sido precisamente agradables, al menos las que él recordaba, y ésta para desgracia del hechicero no fue una excepción.

El estrecho y largo pasadizo hacía que tuviese que garraspear para aclararse la garganta cada pocos metros recorridos. El aire en el túnel brillaba por su ausencia, por lo que la angustia de Morwing fue aumentando según se adentraban en las entrañas de la tierra. - ¿Es que no tiene final este maldito túnel?, se lamentaba con mirada inquisidora sobre el Kobold.

Para colmo, el elfo se colocó en una posición retrasada al resto del grupo. Esto lo colocaba justo delante de Kormack, con lo que ello suponía… Su fuerte olor corporal, esos cánticos tan molestos y los continuos empujones, hicieron convertir el trayecto de tortura en infierno. -¡Por todos los dioses Kormack, deja empujar!, no te pegues tanto y déjame aire para respirar, ¡joder!.

Cuando por fin llegaron a la salida el aspecto de lo aventureros era lamentable. Cubiertos de barro y tierra, parecía más que habían estado retozando en un charco que cualquier otra cosa imaginable. - ¡Por fin! Que maldito infierno…, exclamó el hechicero. Cuando recuperó poco a poco el aire y volvió a la normalidad, pudo contemplar junto al resto del grupo la gran ciudadela que se posaba ante ellos. – Vaya, no esperaba que fuera tan grande, exclamó al ver la gran manufactura de las casas adosadas. – Mirad esos barcos de allí, dijo señalando unos pequeños barcos de mercancías. – Parece que no sólo está habitado de piratas, eso puede darnos la posibilidad de infiltrarnos como mercaderes y curiosear un poco por las calles de la ciudad, ¿no creéis?, comentó a sus embarrados amigos.

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27/11/2014, 20:10
Director

En efecto, tal y como había indicado Morwing, el interior de la caverna funcionaba como una auténtica ciudad. El olor a salitre, pescado y multitud impregnaba todo lo que crecía bajo aquella gigantesca cúpula infernal.  La luz era escasa o más bien casi inexistente. Los únicos puntos de claridad eran altos faroles colgados en postes que iluminaban las calles a intervalos irregulares. La Boca de la Sirena era similar a cualquier barrio pesquero y desfavorecido de cualquier urbe como Athkatla, Puerta de Baldur o Aguasprofundas, sin embargo aquí el barrio había crecido hasta erigirse como ciudad independiente. ¿Cómo aquellas violentas gentes podían convivir en un espacio tan relativamente reducido? Sería difícil explicar para un espectador casual pero nuestros amigos no lo eran, sabían perfectamente que Steznag, Todler, y sus hombres de confianza gobernaban con puño de hierro el lugar y no consentían la indisciplina, o al menos la indisciplina tal y como podía entenderla un pirata. Asumir que no había peleas o violencia entre miembros de la misma o distintas tripulaciones sería caer en la ingenuidad pero no era algo que se diese abiertamente y en los últimos días, cuando la invasión ya había sido puesta en marcha. 

El imponente puerto estaba custodiado por dos pequeños baluartes fuertemente defendidos que eran los encargados de subir o bajar mediante gigantescas poleas la cadena que bloqueaba el puerto. Una gran fortaleza, construida sobre un saliente rocoso y a la cual sólo podía accederse a través de una única pasarela bien custodiada, dominaba el lugar. A través de ella Cuinthere había entrado en la isla hacía ahora varios años y según él era el sitio desde el que se gobernaba la pequeña ciudad. Examinándola fue cuando el grupo localizó algo que su subconsciente había temido desde que desembarcaron en el atolón, El Trueno del Mar. El barco que debía sacarlos de la isla apareció amarrado al muelle norte del recinto vigilado. No podían distinguir a la gente que caminaba por su cubierta o que en aquellos momentos desembarcaba las balistas por los costados de la embarcación, pero en caso de que fuesen los marinos a los cuales habían acompañado durante casi una dekhana imaginaron que no lo harían de buena gana.

 

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27/11/2014, 21:14
Kormack Quebrantahuesos

La travesía aunque larga le pareció amena al enano. Todo el camino se lo pasó bromeando sobre la última palabra que dijo Ogna... "Amo"
-JA! La última vez que vi a alguien llamarrrr a otrrrro amo, era en un búrrrdel y el elfo yacía atado al serrrrvicio de unos azotes. decía con sorna. -Puede serrr que el perrro llame amo a su dueño, perrrro nunca se vio al dueño imitarrr al perrro. dijo al ver a Losse arrastrándose. -El lobo de Trrrraishor también tenía buena vista. dijo en uno de esos silencios incómodos -Ahorrra podrrrré decirrr a mi vuelta que vi aparrrearrrse a una humana y una elfa. Si me prrregunta dirrré que el resultado fue un GNOL JUA JA JA JA!!!
-Crrrreo que tarrantula la cucaracha también llamaba amo al padre de enclenque. 
-Ogna, te puedo llevarrr con corrrea?
-Ahorrra sabemos porque la chica siemprrrre está a la que salta... tiene malas pulgas! JUA JA JA JA!

Y así durante todo el trayecto. El enano no se privaba de bromear, pensaba que aquel sitio le valía igual que una taberna. El buen rollo que generaban sus chascarrillos sólo se interrumpían por el culo de enclenque. Parrra ser un enclenque despilfarras en culo! le decía dándole un empujón. Y aunque tuviese un culo gordo lo extraño es que era también huesudo. Así que le daba con un palo que encontró, pinchándole. Igual ese exceso de carga era caca, pero prefería no preguntar...
Finalmente llegaron y una ciudad se abría ante sus ojos. El enano dio una palmada con las manos y se las frotó. JA! Buen chico Zanc... decía agarrando al mediano y frotándole el pelo. Más que amistad era su forma de limpiarse las manos, el gnomo tenía una buena mata de pelo y llevaba mucho tiempo arrastrándose. Eh, pequeño... porrrrque no vas trrrrabajarrrr! dijo guiñando un ojo. Quien rrrroba a un ladrrrrón... dijo esperando que contestase ...rrroba dos veces! dijo con una gran sonrisa JUA JA JA! ​Nos vamos a diverrrtirrr... ya lo crrrreo! el buen humor del enano parecía contagioso.

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27/11/2014, 21:30
Davros Zokk

La escabullida de aquel baluarte fue sencilla, pero sólo gracias al ingenio de Zanc y a la ayuda de Loose, debido a ellos pudieron continuar su camino hasta su último objetivo en aquella isla, Todler les aguardaba al final de aquello aunque él no lo supiera... o en eso confiaban, la entrada de aquel estrecho túnel excavado no auguraba nada bueno, no sería nada fácil lograr el éxito en su misión, lo constataban a cada paso que daban.

- Ooootro cambio de ropas... Pues nada, vamos a ello - Pensaba Davros frente a la boca de aquel diminuto túnel. Se derrumbó en el suelo y comenzó a desvestirse, las telas del uniforme de soldado de Athkatla, las hombreras, los guantes, los cintos, aquel casco de mallas, las grebas, que no le estorbaban, pero no eran necesarias y podría volver a calzarse sus botas así como su casco mágico...y por fín, su coraza, ayudado por Morwing. Entre tanto, Ogna se acercó y le golpeó ligeramente el hombro - Creo que has cogido demasiadas cosas - dijo, a lo cual contestó: - ¿Ésto? Ésto no es nada, jeje, más útil de lo que conlleva cargarlo, tenlo por seguro - Cosa que dudó varias veces en el eterno trayecto mientras se arrastraban él y sus dos rollos embutidos de armas y armaduras, formados por su saco, su petate y algunas ropas más, bien sujetos y apretados por cuerdas y atados por el otro extremo a su cintura. 

No sin pensar en ello, y daga en mano, fue detrás del enano y por delante de Allen, el cuál podría bloquear lo que pudiese venir por detrás con su escudo o su carga, así como haría Kormack por delante aunque fuese usando su propio cuerpo, era una situación delicada y nada favorable en caso de que tuviesen algún problema. Por suerte nada ocurrió, nada grave al menos, el largo trayecto, aquel calor húmedo, regado por la insoportable charla del enano, los tirones que debía dar para que la carga atada a él pasara por ciertas curvas de aquel laberinto, fue suficientemente molesto como para no definirlo como una travesía placentera, exactamente...

Al llegar a la cueva, el aire llenó los pulmones de Davros, viciado, sí, pero menos que en aquel túnel, detrás de Kormack... Davros se apresuró a vestirse de nuevo, no sin antes saciar su sed, guardó las partes del uniforme que no usaría de momento y volvió a vestir sus ropas, procurando ahora que su coraza no se viese demasiado, por si algún pirata demasiado observador se había cruzado con su anterior dueño antes, desenrolló los embutidos de armas y los colocó lo mejor que pudo. Mientras, el resto observaba con asombro la vida en aquella pequeña ciudad, tras organizar su equipo, se levantó e hizo lo propio - ¡¿Habéis visto?!¡El Trueno del Mar! ¡Joder! Las cosas se siguen complicando, y no poco...  - Aquellos bastardos estaban saqueando el barco, todas las balistas, no sabían que habría sido de la tripulación, muertos, esclavos o traidores, no había posibilidad buena. - Y tu hermano, Allen, y los demás... ¡Maldita sea! - Cada vez que parecía que conseguían algo, duraba poco, todo ello cabreaba a Davros hasta cotas insospechadas.

Tras calmarse un poco comenzó a pensar - Creo que está claro dónde, probablemente, reside Todler, en aquella fortaleza dónde está amarrado El Trueno, dos de nuestros objetivos están cerca, pero aquella gran cadena... Desde luego sabíamos que no sería fácil, pero ésto es todo un reto, no nos precipitemos, intentemos pasar desapercibidos y averiguar lo que podamos y... pensad que si han capturado al Trueno, seguramente sepan que andamos en la isla, la soberbia les hará imposible pensar que estamos aquí dentro, pero cuidado.-

Notas de juego

¿Cómo van vestidos los piratas que vemos desde aquí, hay algunos con uniformes de alguna ciudad?

¿Dónde acaba el camino por el que tendremos que bajar a la ciudad?

¿Algún núcleo grande dónde haya más gente junta?

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27/11/2014, 23:03
Allen Shesar

El trayecto no fue para nada agradable. La sensación claustrofóbica que sentía el paladín rivalizaba con todo lo que había vivido hasta ahora. Pensaba, -prefiero enfrentarme a cien piratas que volver a meterme en un agujero así-, mientras de vez en cuando escuchaba las puntiagudas frases que Kormack dedicaba a la extraña pareja, pero aquello lejos de parecerle grosero, en esos momentos le ayudó a seguir adelante. Algo que posiblemente nunca sabría el enano.

De pronto, Zanc habló. Nunca pensó que las palabras de aquel pícaro alguna vez en su vida le llenarían de tanta alegría, habían llegado por fín al final del agosto tunel y, por suerte, sanos y salvos.

Nada más salir, Allen contempló impresionado lo que habían construido en esa cueva. Se fijaba en todo y cada vez se sorprendía más de lo que veía. Hasta que llegó el momento de ver al barco en el que habían llegado a esa isla. Su corazón se heló, se heló tanto que sus piernas se tambalearon y tuvo que sentarse en el suelo. Con la mirada perdida, pensó en todo lo que les había costado encontrar y liberar a Walven para que, de nuevo, estuviese preso de aquellos piratas. -Maldita sea, debí asegurarme de que llegase al barco. ¡¿Por qué no lo hice?!-. Cuando volvio en sí, Davros le confirmó lo que había visto, era el Trueno del mar. -Lo se, lo he visto- dijo con voz pesadumbrada. Se levantó ya con otra cara, la de alguien que sabía lo que tenía que hacer, -Está bien, si queremos salir de aquí debemos ir a aquella fortaleza como dice Davros. Nuestras misiones se encuentran allí, así como nuestra vía de escape. Creo que si podemos hacernos pasar por algún tipo de mercaderes o piratas que visten estos ropajes podremos acercarnos a aquella enorme cadena y comprobar cómo funciona, necesitaremos saberlo si queremos salir de aquí navegando con el Trueno del mar-

 

Notas de juego

Según cómo vayan vestidos los inquilinos de aquella "cuidad", me dejo el blasón o no.

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27/11/2014, 23:16
Cuinthere

Los piratas que caminaban por las poco cuidadas calles de La Boca de la Sirena eran una amalgama de gentes de distintas procedencias, tantas como tripulaciones convivían en la isla. Tan normal era encontrar a un Calishita como a un Iluskano o Balduriano. Por lo que gracias a la oscuridad y unas ropas convenientemente ensuciadas el grupo podría pasar perfectamente desapercibido siempre y cuando Allen no fuese luciendo abiertamente el símbolo de Tyr, el cual ahora colgaba de su pecho y por debajo de la armadura cubierta con el blasón de Cherrybroof.

Las calles se hallaban atestadas de piratas, esclavos, borrachos y demás gente de baja estofa que hacían su día a día allí. La tensión previa a los inminentes embarcos podía notarse incluso a varios pies por encima de los muelles, tal y como apreciaron Davros y sus compañeros.

Según contestó Cuinthere a las preguntas del bárbaro, la parte más cercana a ellos era la zona más comercial y aquella que los piratas destinados en el interior de la isla buscaban cuando se escurrían a través del túnel que habían dejado atrás. Prostíbulos, tiendas, tabernas y hasta algo semejante a una lonja, se apelmazaban a pocos pies de donde la senda descendía desde su plataforma. La parte sur y este de la caverna era donde las tripulaciones recién llegadas o aquellas listas para partir vivían hasta que se les asignaba un pueblo de la isla o un barco para abandonarla.

Cuinthere además tranquilizó en cierta medida al grupo de aventureros puesto que recordaba haber visto al Trueno del Mar esa misma mañana, muy temprano, siendo escoltado hacia allí. Aquello al menos indicaba que los esclavos liberados, y el hermano de Allen con ellos, se hallaban a salvo aguardando a un barco que no iba a llegar, al menos de momento.

Notas de juego

@Allen: La armadura podría pasar perfectamente desapercibida.

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28/11/2014, 00:00
Ogna

¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que se metieron en el agujero? Al principio le había parecido hasta divertido, una aventura romántica en la que estaría cerca de Losse. Pero claro, arrastrarse apoyada en los codos, ir tirando de sus propias pertenencias, tragar polvo y los interminables túneles acabaron por minar las buenas intenciones de la muchacha.

- ¿Cuanto queda?- Preguntaba a Losse desesperada mientras se humedecía la boca con un poco de agua. De vez en cuando llegaban los improperios del enano. No iba a dejar que Kormack la humillara de esa manera. No eran amigos y , por lo tanto, no iba a dejar que se metiera con ella.- Las mujeres no somos objetos Kormack, que puedas "llevar".- Dijo manteniendo la calma. Si se estuviera enfrentando ella sola a Kormacl le diría "Quizá si hubieras llevado a tu hermano con una correa no estuvieran comiéndoselo los cuervos". No era nada tonta y sabía que si conservaba las formas obtendría más apoyo de sus compañeros que si se dejaba llevar. Además la humana también tenía un buen sentido del humor que podía explotar para hacer más agradable la claustrofóbica travesía.- ¡Ah!  Mi buen Cuinther, no sabes la suerte que tienes de que Kormack sea tu protector. No creo que puedas encontrar a nadie mejor para salir sano y salvo de esta maldita isla. Cuando le conocí guardaba con celo un amuleto que llevaba impregnado el espíritu de nuestro explorador. Ah no, espera, lo perdió en una noche de borrachera. Mmmm, déjame pensar...Después se encariñó con el lobo del druida, es curioso como se encariña con las cosas ajenas...pero no sé si es un buen ejemplo, pues acabó muerto también. Bueno espero que contigo tenga más suerte. A la tercera va la vencida supongo. ¿Cuántas veces has estado al borde de la muerte ya Kormack?- ¿Dos no? Esperaba a que a la tercera fuera la vencida.- Yo me haría mirar si alguien te ha echado mal de ojo. O no podrás contar a nadie lo que ves en los burdeles jeje.- La verdad es que se le había pasado mucho más rápido el camino asustando al pequeño lagarto. Era un objetivo más fácil puesto que Kormack encajaba las bromas igual de bien que los golpes.

Cuando vio la luz lo siguiente fue respirar el aire puro del exterior. Se le iluminó la cara y con fuerzas renovadas hizo un último esfuerzo.

- Por fin.- Le dieron ganas de llorar pero no había tiempo pues delante de ellos había una ciudad entera llena de piratas. Se le abrió la boca de par en par. Cuando Davros señaló el Trueno del Mar Ogna se dejó caer sobe las rodillas pues no le soportaban las piernas.- No puede ser.- Su vía de escape estaba echada a perder. Se incorporó y trató de consolar a Allen.- Tu hermano puede no estar ahí. - Entonces se dio cuenta de que a lo mejor eso era aún peor. Si los esclavos seguían recorriendo las isla sin saber qué hacer. Tras observar un poco la peculiar ciudad Ogna planteó sus ideas.

- Aquí es fácil pasar desapercibidos como dice Davros.- Lanzó una mirada suspicaz al enano.- Pero creo que algunos lo haremos mejor que otros. Quizá Morwing, Losse, Davros y yo podamos infiltrarnos por ahí y recabar toda la información que podamos sobre la fortaleza. Los demás podríais ver cómo funcionan esas cadenas y quién las protege.

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28/11/2014, 00:56
Losse

El odio de Losse a la raza humana no venía únicamente de los ataques sufridos en el bosque o lo muy lejos que la avaricia podía llevarles para dañar a otros seres. A lo largo de su vida se había enamorado en varias ocasiones, pero nadie se comparó a lo sentido por una semielfa que residía en Everlund. Elebridith, podría haberse considerado el amor de su vida. Los pocos kilómetros que separaban la ciudad del monasterio en el que Losse vivía, no eran impedimento para que su amor ardiera con tanta fuerza como las llamas que pocos minutos antes habían devastado la casa en la que encontraron a Cuinthere. Sin embargo, esta distancia, en ocasiones no era la más adecuada para que una joven la recorriera a solas. En uno de los días en los que Losse la esperaba en un árbol que ellos consideraban que simbolizaba su relación, Elebridith nunca consiguió volverse a reunir con él, al menos con vida.

Losse, extrañado por la tardanza de su amada, decidió acortar el camino e intentar encontrarla en el breve trayecto que había hasta la ciudad. Un pañuelo de seda que ella solía lucir con su gran esplendor, residía en uno de los laterales del camino. A pesar de su poca experiencia, Losse consiguió seguir el reciente rastro dejado por tres personas, entre las cuales parecía estar Elibridith. Para su desgracia, consiguió encontrar el cuerpo de la semielfa carente de vida junto a dos hombres de mediana edad enorgulleciéndose de lo mucho que había gritado mientras la violaban. Allí despertó la rabia, pero también la determinación de Losse, y acabó con la vida de ambos con sólo dos flechas, una para cada uno. La oscuridad tiñó el alegre espíritu del elfo lunar y, desde entonces, jamás pudo volver a amar a nadie, a excepción de su preciada diosa, Mielikki.

Pero con esta nueva andadura, Losse creyó que era el momento de pasar página, de no cerrar puertas ante la nueva vida que se abría ante él. Y, de esta forma, Ogna, con su continuo buenhacer, había logrado abrir ese hueco en el corazón del joven elfo que tanto tiempo había permanecido cerrado.

 

Al solicitar la antorcha, Ogna se la ofreció con la mejor de sus voluntades, como siempre tenía acostumbrado al explorador. Pese a que no era lo que buscaba, puesto que necesitaba el calor del fuego, el simple gesto servía para agradecérselo. Lo que continuó al ofrecimiento es lo que más descolocó al elfo, hacía muchos años que nadie lo apodaba con un diminutivo cariñoso. Se dio cuenta de la incomodidad de Ogna, quizá tan temerosa de enamorarse como sentía él. - Te lo agradezco, pequeña, pero creo que de poco nos serviría para ahuyentar a las criaturas que ahí dentro podamos encontrar. - Y, una vez Zanc se ofreció a dirigir al grupo tras su anterior comentario, Losse agarró de la mano a la humana mientras la miraba a los ojos para después comentarle - No tienes que sentir vergüenza porque ambos sentimos lo mismo - Pero las conversaciones que pudiera tener con Ogna tendrían que hacerse esperar, puesto que antes les quedaba un largo recorrido por el interior de la tierra para alcanzar la guarida principal de los piratas comandada por ese semielfo tuerto llamado Todler.

El insufrible trayecto duró, aproximadamente, el doble de lo esperado y, de no ser por las curtidas manos del elfo de trepar por los árboles o de manipular las casi infinitas herramientas que la naturaleza otorgaba, quizá el elfo jamás podría haber llegado al otro extremo. Por si las calamidades que estaban soportando fueran pocas, la sinrazón del enano y las réplicas de Ogna, creaban en el grupo un ambiente más turbio que el que encontraban en el propio túnel. - Ogna, no le des más importancia. Ya sabes como es y algún día su bravuconería le saldrá cara - Por fin lograron finalizar el recorrido y la tenue luz que cubría el asentamiento de los piratas, le pareció el sol más espléndido que podía haber soñado.

Al levantar la vista, nada pudo desanimarle más que encontrarse al Trueno del Mar allí amarrado - ¿Qué más puede pasarnos? - Pero no era el momento de decaer y, haciendo uso de su voluntad, trató de animar al resto. - Venga amigos, vamos a acabar con esos malnacidos y a recuperar nuestro barco. Nadie de aquí va a impedir que escapemos, nosotros y los otros ciudadanos que rescatamos - La imponente estampa de la ciudadela pirata era un desafío muy respetable, pero no dejaba de ser eso: un desafío, otro más para él y su arco.

- Está claro que es un lugar muy variopinto, con lo que no sería extraño pasar desapercibidos. Estoy con Davros, vayamos a aquel lugar. Esos cabrones tienen que tener mi diario y mi ropa -

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28/11/2014, 06:19
Director

Podían contarse con los dedos de una mano las veces que el grupo había logrado ponerse de acuerdo tan rápido como ese día en cuanto a las medidas a adoptar. Era cierto que fuese cual fuese el plan elegido para escapar de la isla todos compartían un primer y fundamental paso: descender hasta aquella abominación de ciudad que los piratas y esclavos llamaban La Boca de la Sirena. Por lo que tras un asentimiento por parte de todos los compañeros menos Kormack, que en esos momentos protestaba y se ceñía la armadura con la ayuda de Cuinthere, iniciaron el camino que podía poner punto y final a su estancia en aquel lugar maldito.

Vestidos con las ropas proporcionadas por Oligar y con aquellas de las que habían despojado a los piratas que retenían a Mieleri aquella tormentosa noche en la que pisaron por primera vez la isla, descendieron con paso firme y sin vacilación por una senda de difusos escalones de piedra que había sido creada por el continuo paso de todos aquellos que antes de ellos se habían acercado hasta allí. Eso sí, hasta ahí llegaban las similitudes con aquellos hombres que los precedieron, ya que el objetivo de la visita distaba mucho de ser el mismo. La serpenteante y empinada bajada terminó por fin en el oscuro hueco que existía entre la parte trasera de una casa y la irregular pared de la caverna. El olor a orines era tan intenso que habría ocultado a un troll del fino olfato de un lobo. Dejando atrás el pensamiento de si aquello que pisaban eran charcos producto de las incesantes gotas que caían desde el techo debido a la condensación o si tenían un origen mucho más mundano, abandonaron el callejón y pusieron a prueba por primera vez su disfraz.

Tan pronto pusieron el primer pie en la única y por tanto principal calle de la plataforma por encima de los muelles de la zona oeste, dos hombres salieron a su paso. Por sus facciones, ropas e incluso su forma de andar, no podía tachárselos de otra forma que no fuese la de piratas o forajidos. Caminaban ambos con paso apresurado hablando en su propia jerga y con sendas jarras, medio llenas de una mezcla de diversos licores, en sus callosas manos. La mirada de indiferencia que regalaron al extraño grupo duró tan sólo unos segundos, mas fue suficiente para que los corazones de los amigos comenzaran a latir con tal intensidad que alguno llegó a pensar que el sonido de su corazón sería escuchado por los dos hombres. Con un levantamiento de cejas y un leve movimiento de cabeza saludaron a Davros y siguieron su camino en dirección a la pasarela que descendía al nivel inferior.

Lo habían conseguido, estaban allí y, al menos por el momento, habían logrado pasar desapercibidos. El reloj de arena acababa de girar, comenzando así a contar las horas que les quedaban en aquella hostil, peligrosa y sórdida isla conocida como El atolón de la Sirena Muerta.

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