Puede que aún no hiciese el calor característico de los meses de Julio y Agosto, pero aquella jornada de finales de Junio era sencillamente deliciosa. Ni una sola nube en el cielo, un sol radiante que calentaba la piel pero no tanto como para temer las habituales quemaduras, y una suave brisa que refrescaba el ambiente, evitando el bochorno. Sí, aquel era un día sencillamente idílico.
O al menos lo era hasta que te percataste de tu desastrosa situación.
Solo, en una aldea en la que no conocías a nadie, te sentías como el invitado a la fiesta al que nadie se había acordado de avisar de que el evento se había cancelado.
La primera decepción la sufriste nada más llegar al pueblo. No hiciste más que preguntar a un cura que se hallaba paseando a su perro por la dirección de Henry Ennis, el hombre que habías venido a ver, cuando te enteraste de que tu futuro mentor acababa de morir. ¡Su funeral había tenido lugar dos días antes, por el amor de Dios! ¿Cómo podías haber tenido tan mala suerte?
Decidiste entonces preguntarle al cura, que se identificó como Padre Edward Rook, que deseabas indicaciones para llegar a la casa de Ethel Goodson, la mujer del banquero que te había escrito aquella misiva tan amable. La cara que puso el sacerdote casi te hace caerte de espaldas. Parecía que había visto al mismísimo diablo.
-¿Ethel? ¿Ethel Goodson? ¿De verdad me estás preguntando por Henry Ennis y Ethel Goodson? ¿Acaso es una broma, muchacho?
Y se había alejado, ofendido, con su enorme y bonachón perrazo corriendo tras él.
Suspiraste con pesar. Las cosas no habían comenzado demasiado bien, desde luego, y por aquellas calles no se veía un alma a quien preguntar. Habías hecho un largo viaje y, ahora que habías llegado a tu destino, tu instinto comenzó a insinuarte que haberte acercado a Runville no había sido una buena idea.
Estabas cansado, deseoso de darte una ducha y de regalarte un buen almuerzo. Además, la maleta pesaba una barbaridad. No podías seguir deambulando con ella por todas partes, buscando dónde caerte muerto. Claro que, no muy lejos de allí, justo en la carretera de entrada al pueblo, habías visto una posada bastante nueva...
Hacia allí te condujeron tus pasos. Quizás no la necesitaras más que por una o dos noches, hasta que pudieras hablar con Ethel o con su marido para aclarar la situación, pero al menos podrías desembarazarte de todas tus pertenencias y moverte livianamente por las calles de Runville.
La posada era modesta pero bonita. Estaba muy limpia y ordenada, aunque el recibidor apestaba a tabaco. No tardaste en averiguar el origen de la humareda. La posadera, una mujer que se hacía llamar Mary Stone, apareció tras el mostrador. Apagó el cigarrillo que estaba terminando y, acto seguido, encendió otro.
Tendría unos cuarenta y tantos años, cabello moreno y cara de sabérselas todas. Quizás en su juventud hubiese sido bonita, aunque ahora parecía ligeramente ajada. Sonreía con descaro, aunque su tono de voz era cordial.
-Buenos días tenga usted, caballero. Oriundo de la zona, ¿verdad?- soltó una sonora carcajada- Soy Mary Stone y regento este negocio. ¿Qué le trae por este lugar perdido de la mano de Dios, señor?
Sin duda habituado a las peores calamidades, no acabo de dar crédito a lo que me ocurre: El buen Henry me había concertado epistolarmente para compartir sus logros conmigo y, a mi llegada, descubro que lleva dos días muerto y enterrado!
Tras recorrer, como un espectro, las calles del poblado y solo haberme tropezado con el malhumorado capellán, descubro esa posada de modo que, hasta poder hablar con Ethel, quizás sea ese mi lugar de acampada!
- Buenos días tenga usted, caballero. Oriundo de la zona, ¿verdad?- soltó una sonora carcajada- Soy Mary Stone y regento este negocio. ¿Qué le trae por este lugar perdido de la mano de Dios, señor?
Me recibe una mujer, demasiado efusiva para mi gusto, Jamás voy a acostumbrarme a esta manera de actuar de las féminas estadounidenses! De momento, pero, es quien puede decirme donde puedo encontrar a la Sra Goodson y quizás proporcionarme un techo bajo el que dormir y guardar mis bártulos hasta hallarla!
- Allah akbar -. Saludo - Soy el Dr Sukrallah, Ibrahim ad-Din Sukrallah -. Me tomo un respiro para que la posadera asimile la terrible complejidad de mi denominación - Busco a la señora Goodson, Ethel Goodson: Es preciso, necesario, imprescindible que hable con Ella acerca del malogrado Doctor Ennis! - Severamente, esgrimo el índice ante mi.
Mi exótico acento consiste en una procesión de "eses" y "erres" sonoras que, habida cuenta lo recóndito del paraje en que me encuentro, probablemente sea la primera vez que oyen algo parecido!
Al escuchar tus palabras, Mary Stone rompe a reír de nuevo.
-¿Ethel Goodson? Señor, me parece que anda usted un tanto desubicado.
La ves salir de detrás del mostrador y desaparecer por una puerta a la derecha. Poco tiempo después, reaparece con un diario en la mano, un periódico del día, que sitúa ante ti sobre el mostrador, ubicándose de nuevo ella misma tras éste.
El titular de prensa, cubriendo la mitad de la portada, no podría ser más claro:
¡ASESINATO EN RUNVILLE!
ETHEL GOODSON, MUJER DEL ACAUDALADO BANQUERO DWIGHT GOODSON, ASESINADA DURANTE EL FUNERAL DEL EMINENTE PROFESOR Y ACTIVISTA POR LOS DERECHOS DE LOS NEGROS, HENRY ENNIS
El resto del artículo se componía de una bonita foto de la fallecida, ocupando media página de la portada. Sin duda, habían dejado los más escabrosos detalles para el artículo contenido en páginas interiores. El diario tenía fecha del día anterior, por lo que sin duda tanto el funeral como el asesinato habían tenido lugar dos días antes de tu llegada.
¡Ahora podías comprender el motivo por el cual el cura te había mirado como si te estuvieses burlando de él! Conocías a dos personas en el pueblo, aunque solamente fuera por carta, y ahora las dos estaban muertas.
-Bien, ahora que ya hemos aclarado que NO va a poder reunirse con la señora Goodson, supongo que querrá hablar con su marido, o con su hijo Rudy. ¿Va a querer una habitación hasta que sepa dónde hospedarse? Las tengo tiradas de precio, limpias y con baño incluido. También incluyo el desayuno, pero la comida y la cena, hay que pagarlas aparte.
Encajo, lo mejor que puedo, la terrible tesitura en la que me sitúan los sucesos contenidos en el periódico que me ha brindado la mesonera: De donde yo vengo, las desgracias nunca vienen solas y así como un terremoto va inmediatamente seguido por una inundación ésta precede a una apocalíptica plaga que mata a la mitad del ganado... así son las desgracias en Bangla Desh, alabado sea Alá!
Leo, con suma atención, cuidado, interés, y bajo la inquisitiva mirada de la mesonera, los detalles que me aporta el noticiero acerca de los recientes acontecimientos: Observo que la única heredera del Doctor Ennis se trata de su hija Lucinda. Mientras todo Runville se hallaba en la Mansión del fallecido celebrando un convite en su honor apareció, sobre la tumba de Henry, el cadáver de la Señora Goodson, apuñalando y portando una fotografía de "...la familia Ennis al completo..."
Apesadumbrado ante el cariz que toman los acontecimientos, devuelvo el rotativo a su propietaria que me cuestiona acerca de mis próximos movimientos...
NO va a poder reunirse con la señora Goodson (...) ¿Va a querer una habitación hasta que sepa dónde hospedarse?
Discurro un momento, pensativo: Veremos si puedo reunirme, o no, con la Señora Goodson. El plano físico no es el único que permite entrevistarse con alguien... Qué hacer ahora? Mis dos únicos contactos en la población han fallecido en extrañas circunstancias así que el cometido de mi viaje queda en evidente entredicho... Pero, como no! Si es la voluntad divina la que me ha situado en este lugar y en este momento tiene que ser, forzosamente, porque se requiere mi inquisitiva, curiosa, indiscreta presencia en Runville!
- Si... - tras unos segundos de tensa reflexión tomo la palabra - ...precisaré, requeriré, necesitaré una de sus magníficas habitaciones por unos días -. Nuevamente mi índice asciende ante las asombradas narices de Mary Stone. Contemplo mi equipaje, no excesivamente pesado pero igualmente molesto, dándome cuenta, además, del deplorable estado en que me encuentro tras la jornada de viaje -. Indíqueme, por favor, donde puedo instalarme y, si es tan amable, tras un breve aseo agradecería dispusiera uno de los almuerzos que ha publicitado... Nada de cerdo, por supuesto...
Atento a las explicaciones de la posadera, cavilo acerca de cuál sea mi mejor opción en este accidentado aterrizaje a Runville: Visitar a los Goodson? Ir a ver a Lucinda Ennis quizás??? Puede ser que tenga alguna otra opción que resulte menos agresiva que asaltar a los familiares de las personas recientemente fallecidas... Mmmmmmm... en cualquier caso eso será algo que reflexione mientras me aseo y recompongo mi escuálido cuerpo con una buena comida, entonces pensaré con mayor claridad!
-Por supuesto- dijo, tomando una llave de una tablilla de madera colgada en la pared- Sígame.
Ascendisteis las escaleras, hasta llegar a un extenso pasillo, el único del piso superior. A lo largo del largo corredor había una serie de puertas a ambos lados, que conducían a las diferentes habitaciones.
-Todas tienen cuarto de baño- dijo, deteniéndose a abrir la primera puerta a la izquierda- No es el palacio de Bukingham, pero comprobará que todo está limpio- se hizo a un lado, dejándote pasar, y entregándote la llave justo al cruzarte con ella- Aséese, cámbiese y desempaque, a placer. Dentro de un par de horas comenzaré a servir los platos en el comedor. Baje entonces y diríjase a la puerta que está a la izquierda según baja las escaleras. Es el susodicho comedor.
Mientras depositabas la maleta y echabas un vistazo a tu alrededor, comprobando que todo estaba limpio como una patena y realmente ordenado, aunque no es que se tratase de una posada lujosa, Mary se dedicó a encender un cigarrillo, dispuesta a decirte algo más antes de marchar.
-Hoy tendremos algunos "invitados" a comer. Ahora que sus contactos con el pueblo han desaparecido, quizás le resulte interesante conocer a otros de nuestros, digamos, especímenes. Tengo un amigo que quizás sepa cómo hacerte entrar en contacto con el marido de la difunta sin que suponga una incomodidad. En cuanto a Ennis... Yo ni me acercaría a ver a Lucinda. Por tu bien.
Y se fue, cerrando la puerta.
El dormitorio no era inmenso, pero sí espacioso. Según se entraba había un armario, justo al lado de la puerta. Era de tres cuerpos, ajado pero muy funcional. El marco de la amplia cama se apoyaba en la pared izquierda, quedando para la sita frente a la puerta el espacio para un escritorio con una silla, así como un perchero de madera que había conocido tiempos mejores, todo ello rodeando una ventana amplia que daba al oeste, así que en aquellos momentos de la mañana, aún no te concedía rayo de sol alguno.
La pared de la derecha no tenía nada, salvo una puerta que conducía a un pequeño cuarto de baño con lavabo y bañera, así como un inmaculado retrete. Había dos toallas sobre el borde de la bañera, una grande y otra pequeña. Un espejo reluciente colgaba sobre el lavabo.
...quizás le resulte interesante conocer a otros de nuestros, digamos, especímenes...
Más allá de la habitual visita a mi nuevo y modesto hogar, no puedo evitar devorar con avidez la posibilidad de conocer a otros habitantes de la población: No tengo claros los motivos por los que Alá me ha depositado en este lugar pero, sea lo que sea, es mi función, mi cometido, mi obligación, descubrirlos!
La Señora Stone se va, dejando tras si la acostumbrada humareda que la acompaña: Abro la ventana para ventilar un poco el ambiente y me pongo manos a la obra a desempaquetar mi reducido equipaje.
Con mis bártulos bien ordenados, sigo disponiendo de prácticamente dos horas muertas antes de la comida. Las empleo en las necesarias abluciones para, debidamente purificado, disponer mi alfombra justo al lado de la ventana y, orientado de manera justamente opuesta a ésta, rezar confiando mi destino a la orientación divina.
Paso otro rato tranquilo, tumbado en la cama, descansando y cavilando mi presencia en tan exótico paraje. Pasado un rato, me siento en el escritorio, dispongo papel y pluma, y me pongo a escribir:
Runville, día 1
Mi llegada no podía haber sido más accidentada: Citado epistolarmente por el Profesor Ennis para colaborar en sus recientes labores, descubro que ha fallecido a causa de una afección cardíaca! Como si no bastara con eso, mi otro contacto en la localidad (la Señora Ethel Goodson) fue asesinada el mismo día del funeral del Señor Ennis en extrañas circunstancias de las que se desprende algún tipo de relación entre una y otra muerte.
Dichos sucesos me han dejado algo desubicado: He tenido que refugiarme en una Pensión regentada por una Señora que, aunque es amable, no para de hablar mientras fuma un cigarro tras otro... en cualquier caso, parece que esta mesonera puede introducirme en determinados círculos locales motivo por el que haré bien de no desbaratar mi incipiente relación con la que, por ahora, es mi anfitriona.
Tomo un segundo papel y me dispongo a escribir una carta:
A la atención de Lucinda Ennis, con sumo afecto de parte del Dr Sukrallah
Señora,
Ante todo lamentar, profundamente, el fallecimiento de su padre; no es a mi a quien corresponde mandarle palabras de consuelo así que no le haré perder su valioso tiempo en vacuas expresiones.
Quizás el nombre del signatario, Dr Sukrallah, no le diga nada así que me presento: Era colega académico de su difunto padre, con quien puedo presumir que mantenía una intensa y fructífera relación epistolar.
Consecuencia de nuestras misivas, el Profesor Ennis me citó en Runville para que lo auxiliara en sus recientes tareas, imagínese qué terrible decepción al descubrir, cuando llegué al poblado, que no podría entrevistarme con su Padre!
Quizás estime mis pretensiones atrevidas pero considero que es mi más profundo deber proseguir con el trabajo que mantenía su padre para que sus esfuerzos no caigan en saco roto.
Habida cuenta las circunstancias he debido alojarme, temporalmente, en la Pensión de Mary Stone; le suplico que considere mis intenciones y, en caso de hallarlas adecuadas, me conceda una entrevista así como la posibilidad de revisar las notas del Profesor Ennis, todo ello, repito, para facultar la continuidad de su último desempeño.
Se despide de usted, con profundo pesar, y muy cordialmente,
Dr Ibrahim ad-Din Sukrallah
Apercibiéndome, en ese momento, que se aproxima la hora de comer y que tengo tanta hambre como ganas de conversar con alguno de los habitantes de la población; sin haber decidido aun si voy a mandar la carta que acabo de redactar, la doblo y me la guardo en el bolsillo interno de la americana; salgo de la habitación y desciendo hasta el comedor.