Partida Rol por web

[ELdG] Toque de muerte

Prologo Niké: Orcos en el bosque

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26/03/2018, 18:27
Director

Hacia un par de años que habías partido del templo donde consagraste tu vida a Heironeous. Dos años luchando contra el mal y la desesperación del mundo. Dos años en los que Heironeous había guiado tu mano y te había susurrado oraciones al oído. Pero aun te sentía lejos de él, impotente ante la maldad de este mundo.

Los caminos azarosos de Heironeous habían querido que llegaras a una pequeña aldea, situada al final de un valle. La aldea carecía de protección alguna, salvo por una pequeña torre de guardia que se eleva en uno de los extremos. Las casas eran de madera; excepto algunas construcciones con un primer piso de piedras, y un edificio de dos plantas en el centro del pueblo que está construido en su totalidad por bloques de sillería.

Te encontrabas frente a este edifico, una iglesia dedicada a un dios benévolo de la naturaleza. Conversando con un clérigo pequeño y encorcovado. Penitenciagite tiene que ayudar a nuestro pueblo. Los orcos de los bosques no dejan que los campesinos labren la tierra.

Notas de juego

Puedes usar esta escena para completar más información sobre la historia de tu personaje, la relación con sus aliados/enemigos, como ha conseguido partes de su equipo, etc. Claramente todo ello médiate descripciones en el post.

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27/03/2018, 18:23
Niké

Caminar por Dios…

El camino me pesaba en los hombros igual que el mundo me pesaba en el pecho. Y yo lo soportaba con el aliento firme y las piernas aún más que eso; con el cuerpo en una coraza pero el corazón expuesto, porque mi corazón no era mío. Ya no. Como no lo era mi alma, ni mi brazo, ni siquiera mi camino. Yo caminaba sabiendo que era Dios quien guiaba mi senda. Pues tanto, tanto mal había en el mundo, tanto habían visto ya mis ojos y peleado mis brazos, y tanto quedaba aún por hacer, que  las noches se me volvían largas, casi eternas, como eterno era el mal que asolaba la tierra y a los hombres.  Un mal que se arrastraba perpetuo, pegajoso y espeso como una mortaja, como una enfermedad que buscaba incansable provocar la próxima muerte; devorar el próximo… cadáver…

Dolía. Tanto. Pero el camino debía seguirse.  La vida debía defenderse. El destino debía pelearse.

Caminar en  Dios…

Desde la colina había visto la pequeña aldea y fue como un oasis reconfortante para mi alma, veteada como estaba de camino y sangre. Apenas un puñado de casas y ese aura, inocente y suave, de calma en el centro del huracán. Ni siquiera tenían empalizada. E hincando la rodilla en la tierra oscura, clavando también mi espada en ella como un altar, rogué a Dios por sus almas puras y valientes. Y di gracias por la bondad en el mundo,  por los caminos recorridos… Por la sabiduría de Dios.

Caminar hasta Dios…

Sonreí. Y cuando me levanté, mi espada aún permaneció hiriendo la tierra mientras poco a poco me deshacía de mi coraza y la dejaba frente a ella. Un jubón blanco de lino me cubría el torso, y unos pantalones de cuero gastado se ceñían a mis piernas mientras con dedicación limpiaba y abrillantaba cada una de las partes de mi segunda piel. Era tan hermosa… taraceada humildemente de la marca de mi Dios, sin ornamentos superfluos, sin excesos, pero bella y fuerte como la vida de todas las que la defendieron antes que yo.  Solo las que superaban el Rito eran merecedoras  de la Armadura de una Madre. Y yo ni siquiera había suspirado al recibir mis marcas…  y ahora era yo la que la habitaba…

Gracias, mi Dios...

La observé un segundo más mientras apuraba el agua de mi odre para lavarme la cara y las manos; para trenzarme el pelo y volver a colocarme la armadura, lenta y respetuosa. Sentir su peso en la piel era una bendición. Y la sonrisa se me coloreó de un amor infinito, que se me desbordó en el brillo húmedo de los ojos, cuando mis dedos recorrieron el cristal que se incrustaba en el pecho. Tocarlo siempre me provocaba una sensación casi física en la cicatriz gemela que se grababa en mi cuerpo. Aquella armadura y yo éramos una. Como una había sido con muchas otras antes que conmigo. La esencia de todas Ellas se destilaba de su metal y me infundía valor, convicción… fervor… Ellas caminaban junto a mi. Ellas caminaban en mi. Ellas eran yo.

Abroché el último de los cierres con una sonrisa aún más amplia y mis manos de nuevo se recogieron sobre mi pecho en una oración sencilla pero profunda como el mar. La joya de mi pecho parecía palpitar, regocijándose. Cada una de las Paladinas Elegidas por el Invencible sumaba algo a la Armadura de una Madre y se convertía en Madre a su vez sabiendo que, una vez Dios la reclamase tan solo para sí, algo de ella quedaría en el metal y reverberaría en la siguiente de nosotras. Mi Madre colocó aquella gema allí para proteger a su futura hija de las noches oscuras mucho antes de que yo naciera. Y yo había colocado el cristal de mi antebrazo para proteger  también a la hija que sería mía, hubiese nacido de mi vientre o no, de las traiciones y la cobardía de los herejes. Y así, el ciclo continuaría. Siempre fieles. Siempre suyas. Siempre en Él.  Hasta el fin del mismísimo tiempo.

Caminar con  Dios…   

Cuando la espada volvió a mi cintura me erguí bajo el sol para iniciar mi camino de nuevo. Y recoloqué la lanza a mi espalda con cuidado, acariciando con profunda reverencia el pequeño pendón que definía mi Fe y mi Promesa. Y sintiéndome radiante bajo el manto de Dios me dirigí a la aldea para entrar en ella serena y observando todo con la admiración del que reconoce el verdadero esfuerzo. El verdadero valor...  No tardé en encontrar al clérigo del lugar y, al escucharle, supe que el Mal tampoco había tardado en encontrarme a mí.

El hombre hablaba y la mirada dorada se me opacó varias veces durante su relato. Incluso alguna vez se venció de pesar para contemplar la empuñadura de mi espada durante un segundo, y volver a los ojos del hombre con determinación infinita un segundo después.

-Es de justicia que los hombres y mujeres trabajen su tierra y ganen el sustento de sus familias. Sea que mi vida o mi muerte han de servir para ayudaros. Compasión... – y mientras mi mirada se inclinaba en oración, mis dedos se posaron sobre mi pecho  – Voluntad... – y rozaron levemente el símbolo de mi frente – Poder... – y acariciaron suavemente el de mi brazo. – Decidme, hermano…  Son muy frecuentes los ataques? Sabéis acaso desde dónde se despliegan esos orcos infames? O tal vez, si es que acaso desconocéis este dato, cuándo partirán los campesinos a la labor? Les acompañaré en su jornada y os defenderé hasta que caiga el último de aquellos que os quieran mal o sea yo misma la que riegue vuestros campos de mi rojo.

Notas de juego

Lo siento, siempre me pasa igual... no tengo mucho sentido de la concreción XDD

Espero se me conceda la licencia artística con todo el rollo de la armadura. Me lo he inventado todo y no sé si es aceptable, pero es taaan épico! 

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30/03/2018, 21:07
Director

Si, Penitenciagite, necesitara voluntad y poder pero poca compasión con esas criaturas diabólicas. La compasión es para los hombres.

Los orcos son criaturas inmundas y como las ratas atacan cuando los campesinos menos se los espera. Penitenciagite. Atacan cuando los hombres están más cansados, cuando están recogiendo la labor para volver a casa. Esas viles criaturas… y como confirmación a su odio el clérigo escupe en el suelo.

Si, Penitenciagite. Si, Penitenciagite. Esa es una muy buena idea. Seguro que nuestro amado dios ha intercedido dándote esa idea. Juntado las manos el sacerdote reza una plegaria entre murmullos.

Venga, venga. Los campesinos están ahora trabajando los campos. Es época de recogida y los hombres trabajan de sol a sol. Con estas palabras el clérigo comenzó a caminar hacia el campo.

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30/03/2018, 21:10
Director

El clérigo se dirigió hacia la orilla del rio y avanzo por ella un trecho hasta donde se formaba una llanura fluvial en uno de los meandros del rio. La llanura se encontraba totalmente trabajada, no había ni un centímetro de tierra sin remover y cultivar. Los árboles se alzaban en los linderos de las tierras cultivadas. Los abetos y pinos crecían separados entre sí y sin maleza, permitiendo ver el interior del bosque que se extendía hasta las laderas de las montañas circundantes.

En el campo trabajaba una veintena de campesinos, hombres y mujeres se afanaban en recoger la cosecha. Mientras los hombres cortaban el trigo con la hoz las mujeres ataban los haces en gavillas. Los niños corrían de un lado a otro recogiendo las briznas que quedaban sueltas.

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02/04/2018, 20:40
Niké

“…poca compasión con esas criaturas diabólicas. La compasión es para los hombres...”

Una sonrisa tenue me coloreó los labios al escucharle, y bajé los ojos, respetuosa, intentando que la amargura que me provocaban sus palabras no se destilase de mis pupilas. Compasión, voluntad, poder… las tres eran indisolubles.

La compasión no era solo para los hombres… Era para toda criatura que la mereciera…

Tomé aire y lo dejé ir despacio mientras asentía y me unía en silencio a su plegaría mascullada entre dientes. Era un hombre tosco, aquel. Con una fe ruda como suponía que ruda era la vida en aquel lugar. A su manera, era muy hermoso. Así que asentí con la sonrisa aún en los labios cuando iniciamos el camino. La espalda oscilando en mi cintura, el pelo rojo serpenteando a mi espalda y la hermosa lanza inhiesta en la mano.

Mi lanza… Su lanza…

Era aquella un arma hermosa, equilibrada y resistente como pocas. Su peso en la mano era tan reconfortante…  Pero empuñarla siempre me provocaba un sentimiento agridulce. Una añoranza. Un recuerdo…

Patroclo…

No. No ahora... Y tomando aire, irguiendo un poco más la barbilla, me obligué a relegar su memoria a una esquina de mi alma. Me concentré en observar el pendón que ondeaba a cada paso como una promesa de mi destino, rezando a Dios por el perdón. Pero era inútil. Coronada por su Rayo, aquella lanza había sido ungida en Dios, pero había sido ungida también en la sangre de él… en el último aliento de él… Patroclo

Siempre fue el mejor de nosotros.

La visión de los campesinos me devolvió al ahora difuminando la nostalgia. Y di gracias a Dios por ello y por los pasos que me habían llevado hasta allí. Era una imagen tan bella, tan plácida, tan en gracia con Dios… Respiré el aroma a trigo recién cortado y la sonrisa se me amplió en los labios y en el corazón. Y saludé a unos y a otros con la inclinación leve de cabeza, con el gesto amable y con el júbilo sincero en la mirada. Era de justicia la felicidad de aquella gente. Era de justicia el fruto de su esfuerzo y la calma de sus noches. Dios lo sabía. Dios me había guiado. Era justo.

-Por el Pueblo. Por el Archipaladín. Por la Dama... Sea que os he de defender de todo aquel que os haga mal. Benditos seáis. Compasión. Voluntad. Poder.

E hincando la lanza en el suelo me erguí bajo los rayos del sol de la tarde. El pelo rojo me ondeaba levemente como ondeaba el blasón de mi Dios a mi lado. El olor a siega y la risa de los niños eran embriagadores, eran paz, felicidad. Cómo podían estar solos? Qué clase de Lord gobernaba aquella tierra para dejar a sus súbditos desamparados sin defensa alguna? Cómo no podía valorar a aquella gente? Su valía, su fuerza, su tenacidad…

La mandíbula se me aceraba bajo aquellos pensamientos. Y el porte se me afilaba y tensaba como la cuerda de un arco mientras, brillante y roja, aguzaba la mirada entre los árboles con la mano sobre la empuñadura de mi espada.

-Hermano… - llame a mi lado al clérigo para apartar nuestra conversación de los demás No veo a un solo guerrero entre ellos. Decidme. Qué Lord gobierna esta tierra? Acaso no está al tanto de la situación en la que os encontráis?  No debe estarlo pues, si lo supiera, cómo osaría dejaros ir a la labor sin un mísero soldado que os defienda? No es de justicia arriesgar así a sus súbditos… No lo es…

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05/04/2018, 10:59
Director

No hay ningún Lord, Penitenciagite. Estas tierras pertenecen a Lady Andrómaca. Es una historia triste, Penitenciagite, estropearía esta bonita tarde. Pero el clérigo no fue capaz de soportar tus miradas y preguntas, y termino hablando. Lady Andrómaca reina estas tierras en solitario. Su marido sucumbió a los encantos de una mujer más joven y más guapa. Se dejó llevar por los encantos de la carne y falto a su palabra ante los dioses. Lady Andrómaca está destrozada desde entonces y ha mandado a sus hombres de armas a buscar a su marido. Las palabras del tosco clericó estaban cargadas de tristeza y rabia contenida.

El clérigo se disponía a continuar cuando un grito rompió el hilo de la narración. ¡Mi niño! ¡Esos monstruos se llevan a mi niño! Eran los gritos de una mujer desesperada que corría hacia el extremo más alejado del claro. En el linde del claro, ya perdiéndose entre la espesura de los árboles, distingues las figuras encorvadas y deformes de varios orcos.

Como movidos por un resorte, todos los hombres dejan sus quehaceres, agarran los diferentes aperos de labranza y se lanzan a la persecución. El clérigo también se lanzó a la persecución pero antes de haber cruzado el campo de cultivo ya se encontraba doblado por la mitad resoplando penosamente, resollando como un caballo de carga. ¡Continúe Penitenciagite!.... uf…uf… ¡Continúe!

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06/04/2018, 18:18
Niké

El estupor me palideció el rostro cuando el clérigo retrató la situación de aquellas tierras. Vergonzoso. Tan vergonzoso!! Un Lord, Una Lord... que importaba?? Aquella Lady Andrómaca había perdido completamente el norte fallando a su pueblo y a su propia esencia. Fallaba a Dios! El puño que aferraba la lanza blanqueaba bajo la furia que le obligaba a cerrarse con más y más fuerza... Debía hablar con ella. 

Hablaría con ella.

Pero de nuevo el Mal me encontró y, a mi pesar y para mi vergüenza, el grito de la mujer me pilló desprevenida. Realmente yo también había fallado... Dios, perdona mi soberbia....Y aproveché la furia que ya sentía, y el calor ardiente que mi propio error me provocaba, para gritar con todas mis fuerzas, para girar la lanza sobre mi cabeza y devolverla a mi espalda en el gesto mil y una vez realizado. Mi mano ya buscaba la empuñadura de mi espada, ya desenvainaba su acero hermoso y filigranado. El acero de Dios. 

-DETENEOS BESTIAS COBARDES!! DETENEOS SERES MALDITOS!! – corría hacia ellos con la espada enarbolada con ambas manos, erguido y desafiante su filo a un lado de mi pecho, y el pelo rojo y el pendón de Él flotando tras de mi como una estela de mi cuerpo. La marca de mi frente parecía relampaguear bajo el sol de la tarde como relampagueaban mis ojos. – INVENCIBLE, DAME TU FUERZA Y TU VALÍA! QUE MI FILO SEA TUYO! QUE SU MUERTE SEA MÍA!! 

Notas de juego

Con todo a por los orcos. Ya me dices si llego, si tengo que tirar ini... 

Peleeeea! Peleeeeeaaa! 

XD

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09/04/2018, 18:26
Director

A pesar de la armadura completa comienzas a adelantar a los campesinos pero no llegas a alcanzar a los orcos. Las infestas criaturas verdes se mantienen a distancia, son pequeñas y agiles además conocen el bosque.

La persecución continua por un sendero que serpentea adentrándose en el bosque que conduce a un valle verde surcado por un pequeño arrollo. Los arboles crecen altos y frondosos, mientras que el musgo y la hierba cubren todo el suelo de un tapiz verde. Las huellas de los orcos son fáciles de seguir en el musgo y sus gritos son fácilmente reconocibles, pero las bestias siguen manteniendo la distancia.

A medida que penetras más en el valle detrás de los orcos, la temperatura comienza a bajar y la humedad procedente del arroyo comienza a condensarse formado una fina niebla. Los rayos del sol ya no llegan con tanta fuerza y el ambiente se torna húmedo y frio.

La niebla va cerrándose más y más, pero los gritos de la niña son fácilmente localizables y las sobras, pequeñas y retorcidas, de los orcos pueden intuirse aun a través del manto blanco. Pero ya no hay señal del clérigo ni de los campesinos, estas sola frente al grupo de orcos. La vida de la niña depende exclusivamente de ti.

Notas de juego

Tres Tiradas de Supervivencia. Dif. 5; Dif. 10 y Dif. 15 
 

Tranquila, ya habra tiempo de pelear XD

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12/04/2018, 20:12
Niké

La culpa y la rabia me espoleaban tras ellos. Malditos! Malditos seres infames y cobardes! Los orcos corrían como ratas a su madriguera siendo apenas sombras entre los árboles; y cada vez que parecía que por fin mi acero y mi castigo les darían alcance, parecían burlarse de mí corriendo aún más ágiles, difuminándose en el bosque. Pero ella no.  Ella era la estela que tiraba de mí y a la que me aferraba con todas mis fuerzas. Podía escuchar sus gritos y sentir su miedo como un dolor punzante en el centro de mi pecho. Y me negaba a imaginar el destino que aquellos demonios le tenían preparado concentrando mi mente solo en la espada, solo en el rastro, solo en el esfuerzo... Y corría, corría espada en mano sintiendo la sangre martillearme las sienes y el aliento arderme en los labios. Qué importaba? Aunque muriera extenuada.Yo correría, correría hasta alcanzarles. Correría hasta que mis piernas dejarsen de responderme y aún en el suelo, me seguiría arrastrando tras ellos.

No la dejaría sola. No la abandonaría.

-NUNCA!!!

Pero a cada zancada el bosque parecía cambiar y ensombrecerse. La niebla se cerraba a mi alrededor y, mezclándose con mi sudor, se pegaba a mi piel obligando a los mechones de mí pelo a serpentearme por el cuello con su peso húmedo.  Durante un segundo detuve la carrera intentado enfocar los ojos a través de lo espeso de aquella bruma. Mi Dios, mi Dios... Un grito que era puro dolor y furia me manó del pecho mientras aferraba la espada aún más firme, mientras intentaba concentrarme en seguir la tiniebla de aquellos seres.

Y los gritos de ella…

-Oh, Dios! Permíteme salvarla….

- Tiradas (3)

Motivo: Supervivencia1

Tirada: 1d20

Dificultad: 5+

Resultado: 15(+2)=17 (Exito)

Motivo: Supervivencia2

Tirada: 1d20

Dificultad: 10+

Resultado: 18(+2)=20 (Exito)

Motivo: Supervivencia3

Tirada: 1d20

Dificultad: 15+

Resultado: 12(+2)=14 (Fracaso)

Notas de juego

Merda! por uno tenía que fallar! 

 

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14/04/2018, 23:11
Brumas

Finalmente a lo lejos distingues dos sombras paradas. ¿Serán los orcos? ¿Por qué se habrán detenido? Están esperando para tender una emboscada, se han dado por perdidos. Cegada por el fervor religioso y decidida a salvar a la niña, continúas avanzando sin temer las consecuencias.

Notas de juego

Fin de escena.

Niké continua en: Capitulo uno: Las brumas