Partida Rol por web

Expedición al castillo de Ravenloft

Retazos en la noche de luna llena del 1 al 2 de diciembre

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20/05/2016, 16:14
Layla

Las sensaciones y sentimientos de la lupina se encontraban a flor de piel cuando acaeció aquel encuentro. Todavía se encontraba pensativa por la planta maldita que había dejado atrás por lo que el fortuito encontronazo fue una sobrecarga a los sentidos de la loba: el relincho del caballo junto con el sonido de sus cascos, el resonante metal del arsenal que cayó del mismo junto a la mujer, y para termina aquella terrorífica cabeza decapitada que rodó con sus ojos sin vida apuntando hacia ella. El sobresalto fue tal, que la primera reacción de la lupina fue apartarse de inmediato del camino, intentando penetrar el bosque nuevamente.

Notas de juego

Asumiré por ahora que no reconozco el rostro de la cabeza rodante.

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21/05/2016, 17:20
Director

Aunque Layla no conociese la identidad de aquel trofeo, el impacto de aquella visión le había afectado. Retomando su ruta de escape, la bestia, por lo que se ve, menos bestia que algunos seres humanos, se envolvió de frondosidad y verdor. Tan solo diez yardas después, en su última zancada, la loba atravesó unos arbustos, demasiado próximos a un terraplén. Sin tiempo para detener su carrera, Layla rodó por la pendiente, rebozándose en tierra y levantando polvo.

Cuando su caída se detuvo, a los pies del acantilado, sintió el ruido de sus huesos rompiéndose con el choque. Sin poder ponerse en pie, su pecho se hinchaba y deshinchaba para mantenerla con vida, empujando las costillas rotas que se le clavaban haciendo que Layla aullase de dolor. Al no ser heridas ocasionadas por plata, su cuerpo magullado se recuperaba de las lesiones. Con unos minutos de sosiego, el dolor se mitigó solo, y Layla se pudo poner de nuevo sobre sus cuatro patas. Estaba desorientada, pero ahora que ya no escuchaba sus propios lamentos, la muchacha pudo escuchar, a lo lejos, el sonido de un río fluyendo.

Cojeando, Layla llegó al río, y contempló el reflejo en el agua. Allí, tras el pelaje y las hileras de colmillos, estaba ella. Se reconoció en el brillo de sus pupilas. Beber le mitigó la sed, mojar su hocico mitigó los restos del olor a Belladona que lo impregnaban desde la cabaña.

La soledad no fue mitigada...

Cuando la pata dejó de molestarle para caminar, cuando ya estaba totalmente curada, inspeccionó los alrededores. Estaba atrapada entre el río, y las laderas empinadas del valle que lo enmarcaba. En principio, no debería ser dificil vadear la corriente a nado, pero estar en la orilla opuesta no suponía una gran diferencia. Por lo menos, de su lado del río, Layla disponía de árboles altos con copas amplias. En frente solo había vegetación baja. Decidió explorar su orilla paralela al río...

Río arriba, aquella porción de tierra, árboles y arbustos, encontraban una zona rocosa, estrechez resbaladiza, imposible de trepar para su forma cuadrúpeda sin caer al río. Podía oír el ruido de una cascada, y al acercarse a la orilla, en lo alto, vió parte de un puente oculto por los salientes rocosos, que salvaba la cascada y daba continuidad a un camino al que no podía regresar.

!AUUUUUUUUUUUUUUUU!

Aquel aullido, potente, a medio centener de pies de distancia, era demasiado salvaje y grave para pertenecer a un lobo común. Layla había pasado demasiado tiempo en cautiverio para reconocer las diferencias. Quizás haya un lobo terrible, o un lobo huargo, o incluso un licántropo en su forma híbrida. La imaginación de Layla se disparaba. El viento le trajo, al menos, tres olores distintos a pelaje almizclado: la manada, o lo que fuese, estaba compuesta por entre tres y seis individuos. Afortunadamente, si esos olores le llegaban a ella significaba que el viento soplaba en la dirección correcta para no descubrirla. De nuevo se puso a salvo de peligros potenciales.

Río abajo, el bosque de la ribera llevaba hasta lo que a lo lejos parecían unas ruinas, con los perfiles cincelados a la luz de la luna de grandes bloques de piedra. A esa altura, del otro lado del río, el paisaje no había cambiado: vegetación baja, arbustos y hierbajos... pero ya se distinguïa, coronando acantilados impracticables, la silueta de un castillo.

 

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23/05/2016, 18:24
Layla

Habían sido muchos los sobresaltos para una sola noche, pero con todo la lupina aún no había logrado saciar su voraz apetito. A lo lejos, la silueta de un castillo llamaba la atención de la loba. Tal vez habrían granjeros en la parte exterior del mismo, o podría toparse con un viajero menos armado y extraño a su anterior encuentro. Tomó rumbo a las cercanías del mismo para determinar sus oportunidades de caza en el lugar. Caminaba lenta y discretamente, aprovechando la baja altura que le brindaba su forma actual para esconderse. Levantaba la punta de su nariz cada tantos pasos, deseando que el olor a la carne llegara en cualquier momento a medida que se acercaba..

- Tiradas (1)

Tirada oculta

Motivo: Supervivencia

Tirada: 1d20

Resultado: 6(+7)=13

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24/05/2016, 22:26
Director

Tras cruzar a nado el río, para quedar del lado del castillo, Layla se sacudió el pelaje para secarse. En la pequeña llanura que había entre la pendiente empinada y el río Ivlis, su hocico olfateó una traza a liebre. La caza fue rápida y concisa. Layla alcanzó a su presa justo antes de que se cobijara en su madriguera. Con las fauces cercando un pescuezo de pelaje suave, la sangre goteó por sus colmillos.

Con el estómago saciado, Layla continuó su exploración río abajo, donde la corriente se ensanchaba y se ralentizaba lo suficiente para formar un lago. Del otro lado, luz de fogatas: lo que se habría encontrado de haber elegido cruzar por las ruinas. En cuanto al castillo... Layla encontró un punto de acceso por el que subir, un repecho de una colina. Desde allí comprobó la existencia de una depresión del terreno, que a modo de foso natural, aislaba el castillo de cualquier ejército atacante. Un puente, varios cientos de pies más alto que la colina sobre la que observaba Layla, unía dos puntos de las montañas: el castillo con su único acceso, al que la bestia no era capaz de acceder desde donde estaba.

A parte de ese valle anular en torno al risco que sustentaba el castillo, la colina se ampliaba río abajo hasta una extensa arboleda, todo un bosque, lleno de olores y sonidos familiares, que se podía recorrer paralelo al curso de las aguas, o alejándose del río.