Dentro del lore, Game Over se trata de una dimensión paralela que se puede unir a un multiverso de dimensiones diferentes, dándole acceso a cualquier raza y criatura que exista en cualquier lugar.
La dimensión no tiene un origen concreto, simplemente es un castillo cambiante con consciencia propia en cierta forma. Su temática está basada en parte en la mitología griega y la forma de comportarse es similar a un virus, pero por decirlo de alguna forma inversa, aprovechando su interior para introducir fuentes de alimento, siendo él el huésped, más o menos.

El anterior Anfitrión no tenía nombre conocido y realmente ni él recordaba su nombre, había aceptado muy rápido su nuevo mote. Como es esperable, este personaje no tiene un pasado muy concreto ni una historia demasiado desarrollada, puesto que en su primera aparición oficial ya estaba muerto.
Lo que sí hay sobre él es muy claro: Era uno de los jugadores enemigos en su partida y acabó con la vida de todos sus compañeros, tanto aliados como enemigos, y ganó él solo, cambiando la libertad por un pase a la puerta del Anfitrión de su momento, al que también mató para hacerse con su lugar, en venganza por todo el sufrimiento pasado.
El tiempo pasó y su poder se fue consolidando, permitiendole empezar a usar la oscuridad y sombras del castillo en su beneficio, lo cual derivó en el nacimiento de las tres moiras, quienes esperaba que le sirvieran para toda la eternidad sobre todas las cosas.

O más conocido como Burnell en su primera aparición y Bastian en la segunda. Entró como un jugador más, un humano secuestrado sin poder evitarlo, sin que nadie supiera nada de él nunca más. Al contrario que el resto, que volvieron a sus cuerpos una vez ganada la partida, el cuerpo de Burnell desapareció en el instante en que tocó la silla del Anfitrión. Tanto su cuerpo como su recuerdo y las consecuencias de su existencia se desvanecieron y el espacio que dejó se llenó como la mente humana les permitió.
El espacio que ocupa el castillo es corrupción de la forma más pura que hay y el trono del anfitrión un abismo de almas que entraron buscando algo, ya fuera bueno o malo, y acabaron dejandose llevar por sus peores pensamientos. Ya sea la amistad, el amor, el cariño o la cabezonería, Burnell ha superado todas y cada una de las pruebas a las que el castillo y la oscuridad que reina en él le han puesto para intentar hacerle tropezar, intentando que más almas entren y dejan de salir poniendo en peligro todo el conjunto. Pero la mente de Burnell ha podido contra ello.
Con el poder de su unión con la dimensión, fue capaz de dar forma y vida a un guardián propio pero no con la idea de que fuera su marioneta, como así lo hizo su predecesor, sino que le dio oportunidades a aquellas partes tan corruptas que sin una mano y poder eran ya solo ascuas encendidas en la hoguera que alimenta el potencial de la dimensión. De ahí nació Sable.

Las moiras representan loas sentimientos más fuertes de las almas corruptas que se encuentran en el vacío de su propia existencia.
Láquesis, que controla el fuego, es la versión personificada de la ira irrefrenable que mueve a las almas corruptas. La ira sin control, un odio hacia todo lo bueno y lo malo, algo que no mengua sino que se retroalimenta y crece, crece, crece y crece sin forma de ser apagado, que no se puede tranquilizar ni se puede menguar, solo ignorar y, una vez con forma y poder, ya no se puede simplemente esconder. Láquesis se caracteriza, además de por su apariencia, por una personalidad cruel y agresiva, donde todo lo noble, bueno y alegre es un blanco para sus poderes, cuyo único propósito de existencia es quebrar el espíritu y la fuerza de voluntad de toda criatura, humana o no, que se le cruce por delante. Láquesis es imparable, solo se puede conseguir distraer temporalmente o dar algo en lo que gastar sus energías, pero no es alguien a quien querrías enfrentarte de ninguna forma. La base de su poder es un sentimiento que solo crece y ni el poder, la amistad, el amor o la felicidad pueden menguarlo.
No es que sea especialmente inteligente pero le da igual no serlo, las burlas no le afectan para mal sino que amplifican su potencial y la comprensión solo se convierte en un blanco fácil.
No es un enemigo que se pueda matar: Solo se puede neutralizar, y desde luego no por vosotros... quizás Burnell tenga alguna oportunidad.
Cloto, que controla el ácido, simboliza y personifica la envidia y los celos por todos aquellos que se salvaron mientras ellos caían. Esos celos la llevaban a apegarse a sus hermanos, buscando compararse por encima de ellos, siendo la envidia la que la impedia buscar algo mejor porque porqué iba a ser algo mejor algo que le de otro si ella misma podía buscarse las formas. Pese a que no era cruel por si misma, el crecimiento que tuvo bajo la mano del antiguo Anfitrión la llevaron a ver el poder como una forma de superioridad, haciendo de ella un ser salvaje que se divertía al hacer correr y gritar a sus enemigos. Por desgracia, su forma poco compasiva de ser y su necesidad de aprobación constante la llevaron a luchar contra Átropos bajo el agua, olvidando los poderes eléctricos de su hermano. El grupo la transportó y ofreció a la Reina Hormiga (Calista) a cambio de ayuda para cruzar sus dominios.
Cloto era un ser incompleto, que nunca encajó por completo en ningún lugar, que se hacía de menos e intentaba superar como fuera al resto.
Átropos, que controla la electricidad, contiene en si mismo toda la soledad de las almas perdidas, razón por la que, aunque no es malo, tal como Cloto, siempre había estado con sus hermanos, quienes consideraba que eran los únicos que podían entenderle y aceptarle. Incluso así, su naturaleza basada en la soledad, en el sentirse alejado de todo y todos, le hizo más manipulable por seres externos a su "familia", en especial por la falta de vínculos con sus hermanos o su padre, quienes no le trataban de una forma que su soledad se viera neutralizada, sino que la acentuaban. Es esta la principal razón de que unas simples palabras amables y que alguien le mirase más de un par de instantes le volvieron contra todo lo que había conocido y fuera más allá de, simplemente, seguir como siempre. Traicionó a sus hermanos, a su padre, sus tradiciones - por más extrañas que fueran- y llegó a enamorarse, a su manera, de la humana que le habló con dulzura, Aisha, que sigue en su mente incluso siglos después de que esta abandonase la dimensión.
Por su naturaleza, Átropos es extremadamente leal una vez se crea con él un vínculo fuerte, tal como es el que tiene con Burnell.

Mitológicamente se conoce así al escudo de Zeus, creado con la piel de la cabra que le amamantó y que se convirtió en un símbolo de protección y poder. Sin embargo, en esta historia, la Égida se trata de Sable, el felino dientes de sable que Burnell logró crear utilizando tan solo su unión con la dimensión, dotando de propósito a aquellas almas corrompidas que no tenían salvación y solo podían pudrirse hasta el final de su existencia.
Al igual que las Moiras, Sable es parte de la dimensión y está formado por miles de trozos de diferentes almas, lo que le impide formar parte de ninguna otra dimensión, ya que no pertenece a un lugar o tiempo concretos. Pese a ello, es un ente individual que no necesita a nadie más para vivir, pero que, por la naturaleza de su creación, está destinado a proteger todo y a todos los que sean dignos de serlo a ojos de Burnell.
Sable es tan inteligente como un humano pero no posee la anatomía para comportarse como uno, pues su rol de protector no requiere del uso de herramientas o conversación. Puede comunicarse con su creador y sus iguales mediante telepatía aunque no pronuncia palabras como tal y entiende todos los idiomas existentes, incluso si es incapaz de reproducirlos.

Las almas de quienes quedaron atrapados en el juego no volvieron a su mundo ni pasaron a un más allá en el que descansar. Quedaron atrapadas para siempre entre los infranqueables muros del castillo, condenadas a mantener la energía del lugar mientras actuaban como parte del elenco que daba vida a las salas más llenas. Durante siglos, repetían una y otra vez el bucle, viendo (o no) a los jugadores entrar, interaccionar y marcharse dejando atrás a uno de ellos.
Los mismos sentimientos que conformaron a las Moiras se repetían y la desesperación de cada vuelta las llevaba a perder por completo la poca esperanza que tenían, a olvidar quienes eran y a perder su forma, corrompiéndose por completo y volviéndose parte de la estructura del castillo. En esta forma, no son fáciles de curar para devolverles la humanidad y sus cuerpos, todavía dormidos tras el secuestro, lentamente irían muriendo allí donde estén, sin llegar a despertar del coma en el que fueron puestos.
Al contrario que las criaturas que habitaban el castillo, las sombras eran seres humanos normales, no meros trofeos sino parte de las baterías del castillo. Burnell encontró la forma de incluir a las sombras que todavía conservaban la esperanza en juegos iguales a los que atraían almas, de una forma parecida a como se seleccionaban los jinetes, les permitía escapar de la dimensión, menguando a cuentagotas la cantidad de entes que estaban atrapados en el interior del lugar.
Dentro de las paredes y techos del castillo, un fluido negro recorre cada centímetro de este, curando grietas cuando tiene poder y creándolas cuando no es capaz de mantenerse en marcha. Responde a las peticiones del Anfitrión pero se comporta como una mente colmena en su mayor parte, cediendo a las necesidades del interior pero sin olvidarse de su propia existencia. Durante eones, el castillo ha cumplido cada uno de los deseos de quien se sentaba en el asiento de dios de la dimensión, permitiéndole hacer y deshacer cuanto quisiera, siempre y cuando siguiera alimentando de almas nuevas y energía a sus paredes.
Con Burnell, este ciclo se rompió y el castillo lentamente dejó de hacerle caso, de reparar grietas y sostener techos, pero sigue anclado a las normas que le obligan a dotar al Anfitrión de poder. Sin la energía de las nuevas llegadas, el castillo es incapaz de realizar todo cuando necesita, viéndose forzado a intentar intentar conseguir otra forma de sobrevivir, acaba permitiendo a Láquesis tomar parte del rango pese a que no le corresponde, para intentar seguir adelante.
Desde el inicio de la dimensión, el uso de almas humanas ha sido una constante entre sus muros. Las almas humanas, y otros seres con consciencia propia, son la más potente de las baterías, pero sus cuerpos son demasiado frágiles y simples para poder contra la propia dimensión, por lo que el castillo dotaba de poderes, magia y posibilidades a estas presas, permitiendoles cosas que nunca antes habrían logrado de otra forma. Fueran conscientes o no, la energía de los vórtices se introducía en ellos, volviendo a salir una vez abandonaban el lugar, quitándoles esos poderes que les había dado para que no los tuvieran una vez devueltos a su mundo original. El gasto era muy pequeño cuando las criaturas entraban en más cantidad de las que salían, pero una vez los juegos comenzaron a liberar y liberar almas sin que ninguna entrase, el castillo fue dejando de darles poder, eligiendo su supervivencia por encima de la de la especie de la que se alimentaba
Como si de un zoo se tratase, el Anfitrión sin nombre se entretuvo en secuestrar a criaturas mitológicas y seres extraordinarios de sus respectivas dimensiones por el simple placer de tenerlas en un entorno controlado. Pocos de estos seres tenían un propósito real para él y casi ni se acordaba de ellos la mayor parte del tiempo.

La princesa de las sirenas que el antiguo anfitrión mantenía en una de las salas, pretendiendo utilizarla para ganar la vida eterna. Fue secuestrada siendo un huevo, cuando prácticamente acababan de ponerlo y creció sin nunca encontrarse con nada ni nadie además de sus compañeras y guardianas.
Conoció a Burnell cuando este entró en la cueva de las sirenas, estando ella todavía dentro del huevo y al reencontrarse más adelante creció el vínculo que había entre ellos. Por desgracia, conforme la dimensión se vaciaba y el castillo era más inestable, más en peligro estaba ella y las suyas. Burnell tomó la decisión, junto a Afaë, la guardiana principal, de que fueran liberadas de vuelta a los mares de donde provenían, para mantenerlas a salvo mientras él terminaba de romper la dimensión. Cuando las criaturas ganaron la batalla, las sirenas fueron liberadas pero Láquesis impidió a Burnell acabar con su tarea contra la dimensión y el tiempo pasó sin cambios.
Por eso, en el instante en que uno de los portales se abrió a pocos metros de ella, la sirena saltó dentro, cabreada y planeando vengarse por la decisión unilateral por parte de Burnell y Afaë, quienes en lugar de preguntarle habían decidido por ella.