Partida Rol por web

Invasión a Gea.

Capítulo 5. El Sacerdote.

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05/09/2017, 14:44
Director

Fragmento del diario de un naufrago interplanar.

NABUDUM

Las inmensas selvas de Vultopia recorrían prácticamente toda la tierra firme del mundo. Tan solo algunas zonas pantanosas hacían que el paisaje variara un poco. Era cierto que hacia el centro del mundo un gran desierto separaba las selvas ancestrales y el hielo ocultaba la maleza hacia los polos, pero el resto del territorio no acuático estaba cubierto por un frondoso manto arbolado. Las selvas de Vultopia tenían una gran diversidad biológica, la mayor parte de la vegetación se subdividía en varios niveles y la mayor parte de sus plantas eran de hoja ancha. Los árboles más altos alcanzaban los doscientos cincuenta o trescientos metros del suelo, siendo casi imposible que ni un solo rayo de luz solar penetrase hasta los niveles inferiores plagados de mohos, helechos y musgos de toda clase. El clima era cálido a la par que lluvioso y difería en muy poco de un lado al otro del mundo. La temperatura y el nivel de lluvia, tan solo variaba en la zona desértica central y en las llanuras que precedían a las selvas.

Los utupari eran los amos y señores de las grandes extensiones de bosques tropicales. Se organizaban en torno a clanes de no más de cien miembros, pero todos ellos estaban ligados a un único y terrible dios viviente que decidía el futuro de todos los clanes y el cual era respetado por todos los utupari como si se tratase de su propio padre. Naodebh era el nombre que recibía el gran líder espiritual de los utupari al cual todos debían respeto y pleitesía y que era elegido por su valía y sus logros a la muerte de su predecesor. La leyenda decía que cuando moría un Naodebh, no moría del todo pues quien se ponía su máscara de serpiente plumada adquiría la sabiduría y conocimientos de todos sus predecesores y que en cierta manera todos los portadores de la máscara, todos los Naodebh eran un ser único que no atendía a leyes temporales, pues su ser perduraba más en el tiempo que sus múltiples cuerpos físicos. El elegido como Naodebh dejaba atrás su pasado, así como su nombre e identidad y se amoldaba a la personalidad que la máscara de la serpiente plumada le ofrecía, por lo que no se veía ningún cambio tras la muerte del antiguo Naodebh y el enmascaramiento del siguiente.

Los utupari no tenían ni un solo enemigo que amenazara sus tierras a excepción de los alumadebh. Sus hermanos del desierto con los que llevaban en guerra desde hacía más de un milenio cuando las selvas más cercanas a los polos comenzaron a secarse y se fueron substituyendo por zonas desérticas. Nadie sabía ni entendía el porque de aquellos cambios en los costados de Vultopia, pero lo que si estaba claro era que el desierto cada vez le iba comiendo más terreno a las selvas y que de seguir a ese ritmo, en menos de medio milenio todo el plano se habría convertido en un inmenso desierto.

Desde hacía más de un siglo había bajado la intensidad de combates. Los alumadebh sabían que el tiempo jugaba a su favor. Se habían percatado de que sería la misma tierra quien finalmente les diera la estocada final a sus enemigos, desposeyéndoles de lo más preciado que tenían. Sus amadas selvas y su forma de vida de la que gozaban desde el inicio de los tiempos. Los alumadebh habían tenido que adaptarse al desierto y les había costado algunos cientos de años el lograrlo. A medida que se acabasen las materias primas y que el alimento empezase a escasear los utupari comenzarían a reducir su número y entonces los alumadebh les darían la estocada final. Lo que quizás no habían pensado bien era que para ese entonces, poco habría por lo que valiera la pena luchar.

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05/09/2017, 15:38
Director

El alto sacerdote Siatha ocultó su reptiliano ser bajo su oscura capa negra con reflejos azulados y con decenas de profundos ojos distribuidos por todo su contorno. Aquella extraña capa era la que lucían los más elevados sacerdotes del culto dedicado en cuerpo y alma a Ella. Ella la Caótica, Ella la Aleatoria, Ella la Caprichosa. Eran muchos los nombres con los que su antepasados quisieron mofarse de aquella entidad, muchas las ofensas dedicadas hacia el ente más poderoso de todo el multiverso.

¿Pero quién o qué era Ella? Después de un amplio estudio de las sagradas escrituras uno de los primeros teólogos de la iglesia de Ella llegó a una conclusión que hasta la fecha, miles de años después, aún se consideraba como válida.

Ella no podía ser definida como un ser, no tenía entidad física real y no se conocía avatar alguno vinculado a su ser. Ella era el Universo en sí mismo, un ente abstracto y caótico que permitió el inicio del Todo cuando gobernaba la Nada. A veces era descrita como una diosa caprichosa o como una niña o definida como un ente de aleatoriedad extrema o un dado de infinitas caras. De sus lágrimas surgió Seyran la estrella más brillante del universo y los cuatro planetas habitables, Nabudum, Gea, Patark y Gante, donde el Mensajero, también conocido como El Nacido del Viento, creo la vida dotándolos de color.

Los dioses primigenios conocidos como los Otros, jugaron un gran papel en la creación pues de ellos dependían la vida, el tiempo, el espacio, el color, el destino o las diferentes realidades poniendo algo de cordura en el caos imperante hasta su aparición. En resumen esos dioses ancestrales no eran otra cosa que las leyes naturales que rigen el universo.

Koawari era la representación del deseo de Ella de que algo nuevo y sorprendente sucediera. La serpiente Koawari fue la primera diosa que no se trataba de un simple concepto abstracto sino que tenía forma y se le atribuyeron algunas cualidades mortales como su nacimiento, su muerte y su interés en perpetuarse lo cual consiguió antes de morir a manos del calor abrasador de Seyran ordenado por Ella.

De Koawari surgieron sobre Nabudum los primeros seres mortales con un poder limitado sobre su entorno, pues no eran capaces de crear vida de la nada. Estos primeros pobladores del universo se conocieron como los Primeros y tenían rasgos serpentinos como los de su creadora la primera y única gran sierpe. Ella estuvo contenta con la creación de Koawari, pero al ver que aquellos seres morían y su esencia se perdía para siempre decidió crear un lugar donde ésta reposara por el resto del tiempo. Creo el Vergel que estaría gobernado por Oweria hija de Koawari y el Gran Abismo que estaría gobernado por Azrael, un ser nacido de una de las lágrimas de Ella al llorar por la desaparición de los Otros. Los Primeros que durante su vida hicieran algo memorable transcenderían al Vergel donde disfrutarían de una existencia eterna. Los que durante su vida no realizaran actos de relevancia serían olvidados en el infinito Gran Abismo.

Estos seres, los únicos inteligentes el universo inventaron la ciencia, la tecnología, el arte. Se volvieron orgullosos y con el paso de las eras olvidaron a Ella y ésta enfureció ordenando a Seyran que les destruyera con su fuego abrasador. Oweria regente del Vergel decidió salvar a algunos desobedeciendo a Ella y los envió a Gea para esconderlos bajo tierra.  Nabudum quedó desolado y desierto, pero Ella no se percató de la trampa de Oweria.

Algo que ni Oweria supo fue que los Antiguos habían creado un ser al que dotaron de autoconciencia. Chcath fue diseñado y creado para proteger a los Antiguos. El sería el primero de un ejército cuya labor sería imponer la paz y proteger a sus amos. Lo hicieron poderoso, más poderoso que cualquier otra creación que los Antiguos realizaron. Pero los antiguos cometieron un error al otorgarle autoconciencia, pues con ella los creadores descubrieron que aquel que iba a protegerles se convirtió en su mayor pesadilla.

Tras comprender que sus amos eran inferiores a él, Chcath se rebeló ante ellos e intentó doblegarlos bajo su yugo. Si los Antiguos no hubieran reaccionado rápidamente, el ser artificial habría tenido éxito en su empresa, pero la conjunción de fuerzas fue capaz de reducir y doblegar a Chcath. Con un cuerpo casi indestructible, otro error que sumar, a los Antiguos sólo les quedó una opción. Desactivar la magia que insuflaba vida al constructo y enviarlo lejos, hacia Seyran, con la esperanza de que sus abrasadoras llamas lo destruyeran.

Fueron algunos los que pasados algunos eones decidieron regresar a Nabudum. Para ello utilizaron los antiguos portales estelares desde los que se transportaron sus antepasados hasta las profundidades de Gea. No todos ellos decidieron regresar a sus orígenes, pues muchos fueron los que se mantuvieron en el que consideraban su hogar, pues ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos, ni ninguno de sus antecesores hasta donde les llegaba el recuerdo colectivo de su sociedad había pisado o conocido nunca el mundo que las antiguas escrituras denominaban como Nabudum.

No obstante, algunos aventureros, otros que nada tenían que perder y otros que deseaban regresar a los orígenes de su raza cruzaron el portal. El lugar al que accedieron les conquistó a todos. Un hermoso paraje repleto de vida silvestre donde la vegetación era más frondosa y más hermosa que en cualquier otro lugar de Gea. Pronto se amoldaron a sus nuevas vidas y en comunión con la naturaleza se convirtieron en sus hermanos y protectores tratando de pasar desapercibidos a ojos de Ella, quien llevaba eones dormida.

Decían las sagradas escrituras que tras la destrucción de Nabudum, Ella acabó por echar en falta a los Antiguos y que un segundo deseo de vida le hizo fijarse en las sombras de Maahn, el satélite de Gea y de éstas surgieron las ideas de nuevos dioses que crearían nuevas formas de vida para deleite de Ella. Tolamat fue el primero en dotar Gea de vida y nacieron los insectos. Ladienna se atrevió a poblar el mar y este se llenó de peces. Zaenon observó la tierra e hizo que algunos peces la poblaran,  creó los anfibios. Xeip hizo mutar a los anfibios y aparecieron animales de escamas y sangre fría. Uena se fijó en estos y los dotó de alas y plumas para que cubrieran el cielo. Opte cambió a algunos y los cubrió de pelo y calentó su sangre. Ella estaba satisfecha, pero esas nuevas formas no igualaban a los Primeros así que Riffak trató de complacerla y mutó a los seres a la imagen de los Primeros, pero los nuevos híbridos no dieron el resultado esperado y Ella enfureció. Así nacieron gnoll, trasgo, kobold, ogro, troll, ilícido y otros seres que no agradaron a Ella la cual azotó con calamidades a estos nuevos seres y por ello dichas razas le guardaron rencor eterno.

No obstante, las primeras formas de vida, las que creó Tolamat, las que idearon Ladienna, Zaenon, Xeip, Uena y Opte también se encontraban sobre Nabudum, aunque con diferente apariencia a las especies nacidas sobre Gea. Por ello los Antiguos retornados dedujeron que aquellos dioses primigenios también trasladaron su creación a otros planetas de aquel sistema solar y sólo los últimos en aparecer, aquellas formas híbridas y grotescas que hicieron enfurecer a Ella, permanecieron únicamente sobre Gea.

Sin embargo, el destino quiso que alguien descubriera el conocimiento olvidado y la tecnología que los Primeros crearon y que hizo enfurecer a Ella condenando a toda su civilización al fuego de Seyran. Aquellos que desenterraron aquella tecnología pronto fueron desentramando sus secretos y la guerra de nuevo asoló Nabudum. Las selva de Vultopia fueron las primeras perjudicadas y al finalizar la guerra un inmenso desierto había comenzado a extenderse ganando terreno a aquellas ancestrales selvas.

Los Antiguos que se hicieron con los conocimientos olvidados decidieron exiliarse y tanto ellos como su tecnología desaparecieron del mundo conocido. No obstante, algunos de aquellos ingenios permanecieron presentes en las selvas de Vultopia y fue por eso que la secta que adoraba a Ella surgió con fuerza.

Los sacerdotes de Ella tenían encomendada la misión de destruir todos aquellos signos de la tecnología anterior a la destrucción del mundo y a todos aquellos que osaran utilizarla o simplemente conocerla. Aquella tecnología que destruyó una vez su civilización lo haría una segunda de despertar Ella de su letargo y descubrir a los Antiguos haciendo alarde de nuevo de su inteligencia y superioridad ante Ella.

El pueblo de los retornados no necesitaba para nada de la tecnología. Lo que Vultopia le daba era suficiente para vivir en paz y armonía y para que su especie se perpetuara hasta el fin de los tiempos. Un fin de los tiempos que sin duda llegaría antes de tiempo de repetir los errores del pasado. Fue por ello que una vez fueron desterrados los desleales seres tecnológicos, la misión eterna de los sacerdotes de Ella consistiría en la destrucción de cualquier traza tecnológica y de cualquier traidor que se hiciera con ésta o promulgara de sus beneficios.

Fue entonces cuando Siatha, el alto sacerdote, uno de los pocos seres de aquel planeta al que estaba permitido el uso de algunos de los elementos tecnológicos con los que contrarrestar el increíble poder que habían alcanzado los Primeros de su raza, consultó las estrellas con una lente y descubrió algo en el firmamento.

Llevaba años estudiando el pasado, años estudiando la gran erupción solar que propagó el infierno sobre Nabudum, aquel telescopio no era una simple lente de aumento, sino que mostraba el pasado del mismo modo que mostraba el presente y fue por ello por lo que descubrió algo que podría alterar el futuro de todos.

Había estado buscando durante toda su existencia el momento en que Chcath fue destruido por las llamas del astro rey. Chcath al que algunos denominaron desde su creación como el Guardián, posteriormente fue conocido como el Primero de Muchos y al que finalmente apodaron como el Traidor, el desterrado, el Viajero del Vacío o el Bailarin de Seyran, no fue destruido como todos creyeron. Durante su viaje hacia Seyran fue cuando el astro rey recibió la orden de Ella para acabar con los antiguos y la energía liberada cambió la trayectoria de Chcath, haciendo que durante eones vagara por el vacío dando vueltas alrededor del sol.

La conclusión era obvia para el alto sacerdote. Si Chcath era indestructible, si tan solo el fuego de Seyran podía acabar con él y una vez fue enviado a sus fauces, la providencia quiso que no fuera así, la existencia de Chcath era una realidad. Aquel gólem seguía perteneciendo al universo y de ser así los altos mandos de su orden debían tener conocimiento de aquel descubrimiento pues su mera existencia era una amenaza para todos.

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23/09/2017, 19:21
Director

Los sacerdotes del templo de Ella se reunieron entrono a la hoguera sagrada que se situaba en el centro de aquella sala circular donde se llevaban a cabo las discusiones teológicas por parte de los altos sacerdotes del templo y la que siempre presidía como mínimo uno de los tres sumos sacerdotes de aquella milenaria fe. Las paredes de aquel salón estaban decoradas con un mapa de manto estrellado que se veía desde las ancestrales selvas vultopianas, acabando en centro del abovedado techo del salón en la estrella polar a la que llamaban Koawinee en honor a la gran sierpe primigenia que salvó a su raza de la más absoluta destrucción.

Aquella hoguera era un elemento casi hipnótico, pues se trataba de una chimenea que se encontraba elevada sobre un altar en el centro de la estancia y cuyas paredes estaban elaboradas de un cristal resistente a las altas temperaturas del fuego. Su manufactura era un total misterio, pero tras su tercera muda Shiata tenía bastante claro que ese artefacto procedía del pasado. Se trataba de una de las creaciones de los Primeros. Había entendido que aquella chimenea circular que no necesitaba combustible para permanecer encendida por toda la eternidad y que no expulsaba humo pese a que su interior estaba compuesto por llamas también eternas.

Era evidente para Shiata que su naturaleza no era producto de magia alguna o de un don divino de la diosa creadora, sino un ingenio de las generaciones pasadas, un elemento tecnológico introducido en el interior del templo de aquellos que habían jurado destruir toda tecnología y que habían renunciado a ella por tal de salvar su civilización de la misma diosa a la que adoraban. No obstante, aquel orbe de llamas representaba con total lujo de detalles al mayor arma de destrucción del que Ella disponía, el astro solar, Seyran.

- Nos hemos reunido hoy aquí, pues uno de nuestros más prometedores altos sacerdotes, el que mudó tres veces ha realizado un asombroso descubrimiento y yo, Shatis, sumo sacerdote le doy la palabra hoy en este templo y ante los dos sumos sacerdotes, Thihiss e Yssas. - El venerable sumo sacerdote dio la palabra a Shiata, pues debía hacer un anuncia frente a los miembros de esa sala.

No todos los altos sacerdotes tenían en alguna ocasión el honor de hablar ante el resto en aquella sala sagrada. Para conseguirlo debían hacerlo con la recomendación de uno al menos uno de los tres sumos sacerdotes. Thihiss e Yssas no estaban de acuerdo con desvelar aquello que el que tuvo una tercera muda quería anunciar, pero Shatis confiaba en aquel alto sacerdote. Confiaba en él desde hacía mucho tiempo y confiaba en él de tal manera que se había puesto a la cabeza como heredero de la máscara de Shatis una vez su legítimo poseedor se reuniera con la creadora.

Si finalmente Shiata se convertía en el heredero de Shatis y se colocaba su máscara, dejaría de ser el que una vez fue. Su personalidad, cambiaría para siempre adoptando la de la máscara, pues dejaría de ser el que fue para ser el portador de la máscara de Shatis. Adquiriría todo el conocimiento de todos los Shatis que le precedieron acumulando todo lo que Shiata había aprendido durante su vida y una vez muriera el que una vez fue Shiata sumaría al conocimiento de la máscara todo lo aprendido durante su vida. Era algo peligroso a ojos de los otros dos sumos sacerdotes.

Shiata parecía un ser bienintencionado que quería lo mejor para su raza. No obstante era un individuo algo transgresor, el primero que mudo tres veces, un ser que portaba consigo ideas nuevas que podían acabar con el orden establecido hasta la fecha. Un individuo que se alejaba del camino marcado por los ancestros y un ser que representaba el cambio y todo cambio nunca era algo bien visto para las clases más asentadas en el poder en toda sociedad conocida a lo largo y ancho del universo construido por Ella.

Shiata debía hablar al consejo de altos sacerdotes y frente a los tres sumos sacerdotes, los máximos representantes religiosos de su raza, de algo peligroso, de algo nuevo que podía modificar sus creencias y que influiría de una manera o de otra en el futuro de todos. Debía hablarles de Chcath, del gólem de piedra y fuego que Ella salvó de la destrucción y que sin duda se encontraba en algún lugar del universo conocido. Un ser que de ser aliado suyo podría ser el arma definitiva contra los seres tecnológicos que se escondían en lo más profundo de la montaña sagrada y que por su indiscriminado uso delos artilugios tecnológicos amenazaban a Nabudum con una segunda destrucción. El segundo asunto que debía tratar y desvelar a los allí reunidos y del que tan sólo tenían conocimiento él mismo y su mentor, Shatis.

Notas de juego

Pues lo dicho, háblales a la gente del consejo acerca de Chcath y de los Primeros que se esconden en la montaña.

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24/09/2017, 07:08
Siatha

Siatha dio un paso adelante, oculto bajo su túnica de ojos, con las brazos cruzados y las manos dentro de los pliegues de la manga contraria. El Antiguo se inclinó ante el Sumo antes de posicionarse sobre el púlpito, observó a cada uno de los presentes con aquellos ojos despiertos como nunca ninguno había visto, con una inteligencia nunca antes vista, con un color nunca antes visto en un Antiguo desde antes de la destrucción. 

El Antiguo comprendía más de lo esperado, comprendía donde estaban y porqué, comprendía la guerra impuesta para impedir que fueran conscientes de la verdad. Sin embargo no podía transmitir todas sus preocupaciones o provocaría el caos.

-Bendita sea Ella, eterna y divina, y que su bendición recaiga sobre todos vosotros hermanos. - Muchos le observaron con buenas intenciones, sobre todo los más jóvenes, aquellos que no estaban acomodados en sus posiciones. También algunos de los más mayores, pues comprendían que su sabiduría podría guiarlos adecuadamente, pero también había varios, cuyas voces eran poderosas en el clero, que solo veían todo bajo el filtro de los celos.

- Os traigo un recuerdo olvidado.- Bien era sabido que Siatha sabía de la historia de los Antiguos como pocos. Su dedicación a manuscritos olvidados había traído eventos arcaicos a la memoria de los Antiguos. Pero tal simple cosa no podía ser la causa de que el Sumo los hubiese convocado allí, hubiese hecho un comunicado como las veces anteriores. No, en esta ocasión debería ser algo más. - Los padres de nuestra raza fueron los hijos predilectos, pero se vanagloriaron, olvidaron de donde viene Todo y a quien debemos Todo. Evolucionaron la tecnología olvidando su naturaleza, olvidando quien les había creado, y que les había creado perfectos pues todo es perfecto cuando esta bajo el deseo de Ella. -

El Antiguo dejó que todo aquello entrase en las mentes de los demás. Todos sabían la historia de la caída de los Primeros, pero Siatha necesitaba hacer hincapié en todo aquello para llegar a su conclusión

-Entre los graves pecados de los Primeros, éstos crearon un ser, cuando en nuestra mano no esta la de dar vida, sino en la de la Divinidad. Este ser era un protector, un guardián cuando no había nada de lo que protegernos, pues los dioses velaban por ellos. Este ser era poderoso, inmortal como los seres celestiales, pero falto de la Sabiduría que guía a todo ser a ser compasivo y bondadoso. Este ser sin guía pisó a nuestros predecesores, les trajo graves pesares y se convirtió en su enemigo.  Ellos la engañaron y la expulsaron de aquí hacia la Divina Luz, esperando que su poder lo destruyese. Pero no fue así, y aun perdura este ser. Engañado, maltratado, es un hijo de nuestra especie que solo ha conocido el desprecio.- Había pesar en la voz de Siatha, pena por alguien que había sido despreciado por su propia raza, que había sido un niño malcriado y luego olvidado por sus padres, en vez de redirigido. Claro que también había sido un objeto sin función real, pues no había enemigos en el Vergel que los dioses les habían creado. 

-Este ser fue una de tantas creaciones de los Primeros que causaron nuestra caída, pero también nuestro renacimiento, pues por su pecado de vanagloria y orgullo, nuestra raza comprendió la verdadera Esencia de Ella, el verdadero camino de aquellos que la sirven. Aunque no todo ha sido así para nuestra raza y algunos se mantuvieron sordos y ciegos.- Esperó a ver los efectos sobre los presentes, ya podía escuchar algunos murmullos entre ellos, pues Siatha estaba proclamando que había entre los creadores de su raza aquellos que obviaron a los dioses. -Calma, hermanos, no conviven con nosotros, ni son nuestros enemigos del desierto. Es más grave aun, pues es su mano la que nos ha causado esta guerra sin sentido

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26/09/2017, 12:11
Thihiss

Thihiss se puso en pie y se encaminó hacia el púlpito, lugar desde el cual Shiata había desvelado en su opinión toda aquella sarta de mentiras y despropósitos. El sumo sacerdote apartó a al alto sacerdote, a aquel que destacaba sobre el resto por su inteligencia y quien se creía por encima del resto por que hubiera sufrido una tercera muda nunca antes vista. El sumo sacerdote descartaba la idea de que Shiata fuera el elegido de Ella. No creía en que sus teorías, por muchas pruebas que pudiera encontrar en antiguos manuscritos, no eran más que leyendas y cuentos para causar miedo entre la población y para romper con el orden establecido.

- ¿Qué estás proponiendo Shiata? - Dijo al fin Thihiss. - ¿Dices que las alimañas que constantemente nos atacan desde el desierto no son realmente el enemigo? ¿Dices a caso que esos seres que talan nuestros bosques, raptan a nuestras hembras y matan a nuestras crías, no son el peligro principal para nuestra raza?

Un alboroto de murmullos se formó entorno a toda aquella sala. Muchos eran los sacerdotes que habían creído la palabra de Shiata, pero eran también muchos los que ahora se escandalizaban ante las preguntas que el sumo sacerdote estaba realizando. Shiata sintió que todo lo que había estado trabajando con argumentos y pruebas, estaba siendo desmontado con odio racial, un odio racial casi inherente a la naturaleza de su raza y difícil de combatir.

- ¿Quién es el enemigo entonces? - Continuó con su argumento el sumo sacerdote Thihiss. - ¿Seres que permanecen ocultos en el interior de la montaña Sagrada que permanece abandonada desde eones atrás? ¿Aquella montaña a la que nadie puede ni debe acercase bajo pena de desintegración? ¿De dónde has sacado ideas tan descabelladas? ¿De tus libros, de los antiguos manuscritos? ¿Cuántos de ellos son solo historias inventadas? ¿Qué verdad podemos sacar de éstos? ¿Cuántos has manipulado para que tus mentiras cobren valor, Shiata?

Aquella última pregunta era quizás las más comprometida de todas, pues mientras el resto de preguntas simplemente le tildaban de ignorante o fácil de manipular, en aquella última se encontraba una explicita acusación que podría causar su deshonra, expulsión de aquella cámara y su degradación como alto sacerdote como consecuencias mínimas, pues por el hecho de mentir en el templo ante los sumos sacerdotes no tenía otro castigo que la muerte.

 

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01/10/2017, 09:58
Siatha

Siatha esperaba reproches, sobre todo de parte de Thihiss, cuyo nombre era grande entre los demás sacerdotes de Ella. Pero a él no le molestaron sus palabras, pues serían juzgadas por Ella, y por ello no enfureció, ni cambió su plácido semblante, tomando los embistes con calma y humildad, reflejada en sus ojos dorados.

Tus palabras reflejan tu poca atención a mis palabras, Thihiss. Vienes con desdén a esta sala que es bendita, con oídos cerrados cuando se te habla verdades. En mi modesta comprensión y saber, solo he expuesto la existencia de un enemigo aun mayor, más allá de las diferencias entre nosotros y aquellos que habitan el desierto. 

Era cierto que Siatha ya no consideraba a los del desierto enemigos, comprendía que había sido creada una enemistad entre ellos y nosotros para facilitar una dominación más fácil. 

No hablaré de los del desierto, ni de nuestra enemistad con ellos más, pues no creo que sea procedente cuando hay un enemigo mayor. Por qué preocuparte de la astilla en tu mano, cuando tienes una lanza cayendo sobre tu cabeza?

El Antiguo trató de traer el sentido común en la sala, hacer que los odios irracionales de la tribu fueran obviados por un momento para ver el mayor mal que pendía sobre sus cabezas, que les controlaba y condicionaba su día a día. Por supuesto sus hermanos del desierto necesitaban comida, materiales de construcción, y solo podían encontrarlo en un lugar. El mayor problema era que eran simples ciegos incapaces de ver lo que él veía; niños tratando de sobrevivir.

Si hemos aprendido a mantenernos alejados de la Montaña, ha sido por precaución, por una repentino e inesperado descubrir que es sagrada? No existen escrito alguno que describa a la Montaña como un lugar sagrado hasta recientemente en nuestra historia como raza, extrañamente al mismo tiempo que los Antiguo de la jungla y aquellos que moran los desiertos tomaron armas el uno contra el otro. Es una casualidad bastante sospechosa, no creéis? 

Sentía que Thihiss trataba de hablar por encima de él, pero él no había terminado aun, y mantenía el turno de réplica aun en su mano, por lo que detuvo su intento de hablar por encima con un simple movimiento retráctil de los dedos índice y corazón, que en la raza exigía silencio.

Solo puedo dar mi palabra en lo que he dicho, y será debatida y criticada, como es el deber de aquellos que rigen al clan, los que toman decisiones. Solo pediría que tus réplicas no fueran ataques contra mi, que solo busco comprender la verdad de nuestra historia. Esta es la primera vez que expreso mis descubrimientos, salvo cuando fueron presentados al sumo sacerdote. Acaso intentas decir que estoy manipulando al sumo sacerdote, Thihiss? Cuestionaron los ojos del Antiguo que se centraron en su contrario debatiente. Tu preocupas por nosotros, yagradezco tu intención. La sabiduría de nuestro Sumo Sacerdote fueron lo que me trajeron esta noche aquí. Él me pidió presentarlo ante ustedes pues mi deseo era enfrentarme a la Verdad y venturarme a la Montaña. Ahora si no tienes ninguna réplica, es que no tienes fe en tus propias palabras, o que simplemente eres un avaricioso lagarto.

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01/10/2017, 14:01
Director

Yssas se puso en pie de forma lenta y serena. Sus movimientos eran similares a los de una caña de bambú mecida por el viento. Aquel Antiguo transmitía paz y armonía con cada uno de sus gestos. Pese a que no siempre las conjeturas de Shiata se movieran en la misma dirección que los pensamientos anclados en el pasado de los sumos sacerdotes incluido Yssas, lo que si no se le podía negar era que su manera de expresarlo era muy diferente a que mantenía Thihiss. Aquel anciano era como una balsa de aceite en medio de una tormenta, solía ser quien ponía el orden dentro del caos y sin duda en esa ocasión iba a volver a sosegar las aguas.

Se colocó entre Shiata y Thihiss ante la atenta mirada de Shatis, el único de los tres que se había posicionado abiertamente a favor de las palabras con las que Shiata promulgaba. El único que le había creído desde el primer momento y el único que entendía el alcance de la amenaza a la que se enfrentaban.

- Sea cierto o no, ha quedado expuesto lo que Shiata ha venido a contar ante esta cámara y ha tenido tiempo suficiente de expresar sus preocupaciones. Hermanos de la fe en Ella, discutir no es el camino. Alterar nuestra paz no tiene cabida tras estos muros. Creo pues que debemos votar. – Dijo Yssas. – Y yo voto en blanco, pues ni creo en lo que Shiata dice, ni dejo de creer en ello.

- Si hay que votar, voto en contra de que se remuevan esos asuntos arcanos que ningún bien traerán consigo para la comunidad. – Habló Thihiss. – Creo que es mejor enterrar ese conocimiento oscuro que sacarlo a la luz, más teniendo en cuenta que no sabemos si su procedencia es fiable o no.

- Mi voto es favorable, como no puede ser de otra forma. – Intervino de forma escueta Shatis.

- Deben votar entonces los altos sacerdotes. – Intervino de nuevo Yssas con su habitual tono de voz calmo.

El voto se decidió a mano alzada. Fue reñido pero Shiata convenció a más sacerdotes de los que sembró la duda. La moción acerca de investigar aquellos extraños sucesos narrados por Shiata se aprobó y se determinó que fuera el que protagonizó una tercera muda quien llevara a cabo dicha investigación. Aunque Thihiss no estuviera a favor de lo que se había decidido en aquel templo, respetaba la decisión, pues confiaba en la orden sacerdotal y en su buen juicio y comprendía que uno sólo no siempre tenía la verdad y la mejor determinación para toda la iglesia de Ella.

Notas de juego

Supongo que ahora depende de tilo que Shiata quiera hacer.

  • Iniciar una búsqueda por el planeta (tumbas, selvas, montaña sagrada)
  • Seguir investigando en los libros sagrados
  • Tratar de establecer comunicación con Chcath de alguna forma (proyección astral por ejemplo)
  • Reunir a una serie de subditos.
  • Hablar con Shatis.

Las opciones son éstas y más. Tú me dirás por donde quieres seguir!

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09/10/2017, 10:00
Siatha

Siatha respetó las palabras del Sumo Sacerdote, así como la de los demás votantes, aunque prestaba especial atención a quienes votaron a favor de su proposición, y sobre todo en la forma en la que lo hacían, si era reticente o no. Entre ellos el joven Antiguo podría encontrar aliados, compañeros de investigación y demás. 

Conocía los libros sagrados casi como ninguno, los comprendía con un nivel que nunca antes se había visto, sobre todo gracias a su tercera muda que le había abierto la mente a una comprensión única. 

Si había algo por lo que Siatha debía comenzar, era por ponerse en comunicación con aquél que era el hijo olvidado, saber en que situación estaba. Desde ahí podría empezar, pues aun no podría, siquiera, plantearse ir a la montaña sagrada sin saber que tipo de defensas tenia. 

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09/10/2017, 19:13
Director

Shiata notó en el rostro de Thihiss que el resultado de la votación no había sido de su agrado. Sin embargo, también sabía que lo respetaría como siempre lo habían hecho todos los portadores de aquella máscara con muchas otras transcendentales decisiones.

Fue en el preciso momento en que se practicó el recuento a mano alzada cuando aquel cónclave finalizó. Thihiss se marchó el primero tras la estatua del gran ojo dedicada a Ella. Se marchó tras la cortina que conducía al distribuidor donde se encontraban las tres cámaras donde vivían a perpetuidad los Sumos Sacerdotes, con la clara intención de encerrarse en sus aposentos y reflexionar sobre todo lo sucedido.

Si bien Shiata no coincidía con Thihiss en gran parte de su forma de ver el mundo y el discurrir de los acontecimientos, sí era cierto que en aquello eran muy parecidos. A ambos les gustaba la reflexión, el conocimiento y el descubrimiento de la verdad. Por desgracia el último portador de la máscara de Thihiss hacía ya mucho tiempo que había descubierto la verdad, su verdad. Una verdad inamovible anclada en pasadas creencias que para nada ayudaban a la raza a seguir avanzando. No lo diría nunca pero en parte empezaba a desear que llegase el momento en que alguno de los preferidos de Thihiss tuviera que reemplazarlo.

Ser Sumo Sacerdote era un honor al que pocos estaban destinados. Formar parte del consejo de los más altos dirigentes de la fe de Ella era sin duda la aspiración de cualquiera de los miembros de su iglesia. Tan sólo una ínfima parte de los sacerdotes llegaban a cargar con tal responsabilidad y algunos más eran los que en alguna ocasión se postulaban como herederos de alguna de las tres máscaras.

Eran los Sumos Sacerdotes quienes elegían de entre los Altos Sacerdotes a sus preferidos a su sucesión. En algunas ocasiones eran los propietarios de las máscaras quienes viendo claro el potencial de alguno de sus protegidos lo nombraban como su heredero y a su muerte heredaban la pesada carga de aquel puesto. En otras ocasiones debían ser los Sumos Sacerdotes quienes elegían de entre los preferidos del difunto Sumo Sacerdote y sólo si no coincidían se daría la opción a los Altos Sacerdotes de elegir de entre los preferidos.

Ostentar el cargo de Sumo Sacerdote conllevaba un gran honor, pero a la vez una gran cantidad de restricciones, obligaciones y sacrificios. Un Sumo Sacerdote al ponerse la máscara perdía su nombre, su casa, su familia y gran parte de sus recuerdos y su personalidad adoptando la que la máscara le confería y mezclando sus recuerdos con los de los antiguos portadores.

Un Sumo Sacerdote no podía amar, no podía procrear, no podía abandonar el Templo nunca, bajo ningún concepto. Todo lo que podía llegar a conocer del mundo exterior a partir de su nombramiento era a base de lo que los Altos Sacerdotes les contaban o lo que podían descubrir en los libros.

Un Sumo Sacerdote dedicaba toda su existencia a la reflexión y al conocimiento. Nada que le despistase de su cometido cabía en su día a día. Debían venerar a Ella y pedir su consejo para gran parte de las pruebas que se interponían en su camino. Lo cierto era que Ella nunca respondía, pues hacía eones que permanecía dormida, pero eso no implicaba que los Sumos Sacerdotes no tuvieran que comunicarse con Ella.

Aquello podía llegar a ser ciertamente frustrante. Algunos de los que ostentaban aquellos cargos acababan enloqueciendo o desatendiendo sus obligaciones. Eran pocos los casos conocidos, pero muy renombrados. En esos casos el Sumo Sacerdote era juzgado por el consejo de sacerdotal en su totalidad y sólo cuando había unanimidad se decretaba la vida o la muerte del Sumo Sacerdote que había faltado a sus obligaciones.

Esa situación tan sólo se había dado en siete casos entre los tres mil setecientos cincuenta y dos Sumos Sacerdotes registrados en el libro que servía como censo para aquellos seres casi divinos que portaban las máscaras desde su nombramiento hasta el final de sus días. Cuatro de aquellos traidores habían sido los portadores de la máscara de Shatis, dos los de Yssas y sólo una vez el portador de la máscara de Thihiss fue depuesto.

A Shiata le hubiera gustado que Shatis pudiera estar a su lado durante las investigaciones. Pero salir del Templo hubiera supuesto un delito y la segura condena la pena de muerte. Shiata no quería sumar un quinto Shatis a la lista de traidores y no pasó por su cabeza la idea de que aquel Sumo Sacerdote rompiera su juramento a su favor.

Por suerte para él si había un reducido grupo de Altos Sacerdotes que decidieron prestar su humilde ayuda al que mudó por tres veces. Yssil, Lessil y Cucuil eran tres Altos Sacerdotes de bajo rango, pues entre el sacerdocio había una férrea estructura jerárquica basada en antigüedad, méritos y aportaciones. Dichos rangos se distinguían gracias al color que podían lucir en sus túnicas sacerdotales.

Dentro del clero básico, una escala que no tenía acceso al templo y por supuesto tampoco al consejo, se encontraban los novicios y los iniciados. Los novicios lucían túnicas marrones mientras que el color de las de los iniciados era añil. Dentro de las escalas de sacerdotes con acceso al consejo se encontraban hasta cinco rangos diferentes, cuatro entre los Altos Sacerdotes y una última escala que era la que atesoraban únicamente los Sumos Sacerdotes. Éstos portaban una túnica negra al igual que la capa negra con ojos que podían portar exclusivamente los miembros del consejo.

La túnica gris era la dedicada a aquellos que acababan de entrar y portaban menos de una década en el consejo, mientras que a los que llevaban más de una década se les otorgaba una túnica de color ocre. Tan sólo los que portaban más de una década al servicio del consejo y habían hecho algún mérito se les otorgaba una capa granate y a muy pocos, tan sólo los elegidos por los sumos sacerdotes de entre todos los miembros del consejo tenían el honor de portar túnicas púrpura y ese era el caso de Shiata.

Shiata había convocado a los tres Altos Aacerdotes de túnica gris a un altar situado a algunos kilómetros del centro de la villa, en una zona despejada de la selva desde donde se podían contemplar las estrellas pertenecientes a la sublime creación de Ella. Era una noche especialmente fría y la lluvia había empezado a calar las túnicas de aquellos cuatro merodeadores nocturnos. No les habían prohibido estudiar la temática sugerida por Shiata y de hecho tenían el consentimiento del consejo, pero Shiata conocía bien las suspicacias de algunos miembros y prefería cierto anonimato y secretismo sobre todo ahora que se iniciaba todo.

- ¿Por qué nos has convocado aquí? – Preguntó Cucuil visiblemente molesto.

- Si Shiata… - Le apoyó Lessil. - ¿Por qué a estas horas? ¿Por qué aquí? ¿Por qué en una noche tan funesta?

- ¡Dejadle hablar, por Ella! – Blasfemó Yssil. – Perdón… - Se disculpó arrepentido de forma notable.

 

Notas de juego

Un poco largo eh?

Ahora toca que empecéis a pensar como localizar al hijo olvidado.

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15/10/2017, 09:14
Siatha

Siatha observó la salida de los altos sacerdotes. Como uno de los más nuevos entre los granate, era su deber permanecer hasta que ellos saliesen por orden jerárquico. Primero los Sumo Sacerdotes, de túnica negra, seguidos por los granate, entre los que se contaba por méritos, y aun entre ellos dejó pasar a los que llevaban más tiempo que él. Cuando se cruzó con su debatiente, al pasar por delante de él, Siatha se mantuvo educado y le deseó bendecido día, pues fuera de aquél debate, seguían siendo parte del clero de Ella, compañeros de fe y de raza. Siatha nunca tuvo malos deseos por sus contrincantes de debate.

Durante los días siguientes, el Antiguo observó el cielo, esperando el momento oportuno, observando las estrellas hasta que fuera el indicado momento para el ritual. Quisiera la divina providencia que tal día fuese uno de frío y lluvia, pero uno en el que las estrellas estaban alineadas adecuadamente. Sino el Antiguo tendría que esperar un año más para que se diera el caso, y para entonces habría perdido el interés de los compañeros seguidores, e incluso del clero al no obtener ningún resultado.

-Hermanos de fe, nos encontramos aquí para un importante ritual.- Siatha dejó su bolsa en el centro del cuarteto de antiguos. En el interior había varios ingredientes y objetos que había obtenido de los Veedah. -A continuación realizaré una proyección astral, enviaré mi cuerpo de luz hacia un lugar desconocido, buscando aquél que fue creado por nuestros ancestros y que hemos tenido en el olvido. 

Siatha sacó una tetera, a la que añadió agua. Encender un fuego bajo aquella lluvia parecía imposible, así que usó una pequeña plegaria para calentar las aguas en el interior de la tetera que sostenía entre sus manos. Luego espolvoreó unas hojas de unas flores conocidas por sus efectos adormecedores -Solo durmiendo podré despegar mi cuerpo astral del físico- explicó. Luego sacó unas velas, largos cirios con soportes hechos de madera proveniente de los árboles del poblado de los Antiguo. -Estas velas mantendrán mi cuerpo cálido en el viaje, pues al estar fuera de mi necesitaré de la protección contra el frío espacio. La madera será un anclaje al lugar que es nuestro hogar, en caso de que me pierda.- El Antiguo colocó las velas en un círculo, dentro de unas pequeñas lámparas que mantendrían la lluvia fuera, permitiendo que la luz del fuego no se apagase. Continuó sacando de la bolsa un cordón de plata, -Esta plata mantendrá mi cuerpo físico y astral unido, permitirá que vuelva a mi propio cuerpo y a ningún otro- concluyó mientras sostuvo el cordón en su mano. Siatha espolvoreó sal creando un círculo alrededor de las velas. La sal servía para mantener la zona purificada, evitar influencias negativas o otros seres incorpóreos de tomar su cuerpo mientras estuviese vacío. Luego miró hacia el cielo, tenía que mantener cuerpo hacia la dirección de la estrella de Owería, aquella que es hija de Koawari, y que guarda el reino paraíso. Algunos textos antiguos hablaban de como ella había enviado a algunos Antiguos a Gea mientras su madre protegía otros tantos con su propia vida.

El ritual también necesitaba de varios sacerdotes para realizar los cánticos ceremoniales. El ritual era bastante conocido entre los sacerdotes, algunos Altos Sacerdotes lo utilizaban cuando no podían estar presente en el Consejo de Sacerdotes, aunque necesitaban Conocedores del ritual, pues era algo que los Antiguos podían hacer para estar presentes en el Consejo, sin embargo la ardua preparación necesaria lo hacía impracticable salvo que estuvieran lejos del Poblado Antiguo. Además el desliz de algún sacerdote principiante había facilitado que el círculo de sal fuese roto, y que un extracorpóreo hubiese tomado el cuerpo del Sacerdote fuera de su cuerpo. Los sacerdotes, sin un cuerpo donde retornar, desaparecían en apenas unos días. El ritual requería confiar en aquellos que realizaban los cánticos.

-Todo esta listo- Informó Siatha conforme se posicionaba en el centro del círculo, sus piernas cruzadas y su espalda erguida, una posición que tendría que aguantar durante todo el viaje, una especie de rigor mortis que los cuerpos mantenían cuando el alma estaba fuera.