El viento soplaba con fuerza, dibujando susurros extraños, arrastrando las hojas secas. Los laberintos de setos de Kyuden Togashi permanecían extrañamente silenciosos, a pesar del viento, entre sus pasadizos parecía flotar una paz ajenos a la tormenta. Monjes vestidos con túnicas sencillas, con los colores del clan dragón, recortaban las plantas, al tiempo que algunos de ellos trazavan nuevas sendas en los jardines de arena. Varios samuráis reposaban meditando en las grandes rocas, o contemplando el vacío desde lo alto, observando la inmensidad del horizonte.
Te habían convocado ahí, en el centro del laberinto junto a la campana de la iluminación. Tal vez una prueba, o simplemente un recordatorio de la tradición a la que se debía la familia Hoshi. Como un monje más, Togashi Satsu vestido con una túnica de monje de color esmeralda y azufre. Hablando con uno de los discípulos sobre la sabiduría de Shin-sei. Cuando te vio por el rabillo del ojo se giró y te sonrió. Invitándote a acercarte con una breve inclinación de cabeza.
Y por eso, no podemos dirigir el viento. Solo podemos observar el horizonte y ver donde le siguen las hojas. Podéis retiraos.
Acto seguido los dos chavales que no debían tener más de diez años se arrodillaron en una honda reverencia, primero ante el daimyo del clan dragón y luego ante el recién llegado. Para luego salir saltando por encima de los setos jugando a perseguirse entre carcajadas.
¿Hay algo más puro que la risa de un niño? A veces deberíamos recordar lo que fuimos, para entender quienes somos y reflexionar sobre quien queremos ser. Ha llegado una misiva a kyuden Togashi, vuestro pariente Suzume Haruto san, daimyo del clan gorrión ha fallecido. Unos vuelan, y otros rompen el cascarón, esta será vuestra primera misión en representación del clan dragón. Os acompañará Agasha Ryu san, como guía y para asistiros en lo que necesitéis, será el viento que sople bajo sus alas. Pero el gorrión es un pájaro sencillo, le gusta anidar en el mismo bosque y si se aventurara demasiado lejos caería presa de los depredadores. Y el sabio dragón procura por el bien de todas las criaturas. Cuida de los indefensos y protege a los débiles para mantener la paz. Pero para ello debemos observar el horizonte. Y ver a través de las nubes. Partiréis mañana, preparaos, cualquier cosa que nuble vuestro camino, trataré de esclarecer el horizonte.
Takahiro camino hasta donde lo habían hecho llamar. Allí se encontraba el hijo de su Daimyo y campeón de clan, y posiblemente el próximo campeón del clan y Daimyo de 2 familias, la togashi y la hoshi. Takahiro aguardo que acabará de realizar aquella pequeña lección a los infantes del clan.
El dragón guardo silencio sobre la lección que también le daba a él, pero al hablar de la música, no pudo evitar hablar sobre la misión que le encargaba.
-Ademas del asunto familiar y el deber como samurái para con el bushido al proteger los inocentes...deseáis que realize algún atarea específica en tan humildes tierras, Togashi sama?.
Dijo inclinándose y aceptando la misión, pero además preguntaba así había algo que el clan, o el hijo del campeón, deseaba que hiciera. Era sabido que el kami Togashi, y su hijo Hoshi, enviaban a los dragón a realizar tareas a veces inocentes, pero siempre con alguna finalidad futura en mente, posiblemente el sería la primer intento, o víctima, del nieto del kami, y aunque debía obedecer, a veces era más sencillo si sabía detrás de que nube o en qué dirección debía enfocarse para realizar la mística tarea.
Togashi Satsu sonrió, al tiempo que le ofrecía un asiento en el amplio banco de piedra desde el que se podía ver la enrome campana de la iluminación, labrada en metal brillando al sol. Los niños empezaron a reir y corretear con cintas de colores a lo largo del patio y varios gorriones volaron ante el estruendo hacia las nubes.
Vos habeis recibido la instrucción del clan dragón, la maestría en la espada de la familia mirumoto y la búsqueda espiritual de la familia togashi, caminando juntas para abrazar los ideales de la familia Hoshi ¿Cual creéis que son los deseos del clan para el imperio esmeralda? ¿Que papel creéis que deberíais tener en el triste sepelio de vuestro difunto pariente?
Las palabras del monje eran sencillas, con la entonación afable del maestro aleccionando a sus discípulos.
Y lo que cualquier miembro del clan dragón debe saber al abandonar estas montañas ¿Hacia donde guiarán sus pasos la búsqueda de la iluminación? Aprender a seguir el viento, volar a su favor. Dejad que Agasha san os instruya en las exigéncias de la corte, el silencio puede ser vuestra mejor arma.
Dejó que el silencio tomara forma, mientras las nubes se desplazaban tranquilas por el cielo, dibujando el devenir de los tiempos. Con sencillez, rebuscó en su kimono verde y azufre, y sacó un pequeño paquete hecho de hojas. Lo abrió sobre la piedra del banco.
Queréis unos pastelitos, son dulces y suaves y alimentan el cuerpo y el alma.
Añadió con una sencilla sonrisa.
Dado que el señor Togashi le permitía sentarse, tono asiento con gusto mirando en la misma a dirección. Niños jugando y una campana ancestral era lo más destacado hasta que los pájaros volaron hacia el cielo.
-El dragón siempre ha buscado la paz y la iluminación, aunque a veces para llegar a tal objetivo haya sido necesario el uso de otros métodos como la espada. Aun así, el imperio nunca está en paz.
Respondió a la primera pregunta rápidamente, pero para la siguiente semana tomó algo más de tiempo.
-No llegué a conocerlo. Su unica visita a tierras dragón fue en los esponsales de mis padres; y dado que mi padre murió en batalla, no se pudo realizar el sepelio conforme a la tradición de las épocas más pacíficas y no pudo venir; y mi padre tampoco me habló demasiado de él antes de su fallecimiento. Mi conocimiento del clan menor se ciñe solamente a unos pocos estereotipos y notas en pergaminos de las clases de historia tan esporádicos en el Dojo.
-Mi señor Togashi. Temo no encajar del todo allí o romper la etiqueta de tan destacado momentos, además de lo poco que puedo añadir salvo mi presencia.
Confesó a su señor sus dudas personales con respecto a su actuar y tan poco conociento y preparación para la etiqueta. Si bien había vivido como un monje, con un arduo entrenamiento en la espada, las sutilidad es sociales y de la vida cortesana...o vida en general fuera de un Dojo que pareciera un monasterio, le resulta salgo nuevo y extraño tener un comienzo como bushi de su clan tan atípico. Sabía que los bushi eran enviados a vigilar las fronteras, proteger cortesanos y shugenjas o escoltar dignatarios o impuestos cuando no vigilaban el shiro o combatían en batallas; en cambio él, iniciaba como representante dragón en un sepelio por la casualidad de ser familiar del fallecido, y un Daimyo ni más ni menos.
-Hai, sama.
Contesto ante las palabras de dejarse instruir ante la Agasha y permanecer en silencio.
-Buscaré en esas tierras mi camino a la iluminación.
Dijo finalmente mientras pensaba que más cosas podría hacer un dragón asceta y duelista en tan escasas y poco prósperas tierras de samuráis emparentados con la grulla.
-Os lo agradezco mi señor. Mi alma necesita un sosiego para prepararse no solo para el largo viaje.
No dejéis que las nubes de tormenta os impidan ver el camino. La espada es capaz de cortar a los enemigos, pero tambien las dudas, los sentimientos, el dolor. Su eminencia el primer mirumoto siguió a togashi, y vio en la senda de la espada un camino por el que alcanzar la iluminación. Cuando cortéis las ataduras, podreis caminar libre por la senda de la espada.
La sonrisa abierta y amable del monje te observaba, mientras probaba uno de los sencillos pastelitos.
Es curioso, cuando llueve todos se preguntan si se mojará su ropa. Si se mojará su casa. Pocos ven los campos de arroz recibiendo el agua, los torrenteros llenos de vida y los estanques que dan de beber a los hijos del bosque. Aprovechad vuestra oportunidad, y permanezed afilado, flexible y rápido, como el filo de una katana.
Al poco un shugenja mayor con un gran sombrero de paja y una sencilla túnica de viaje se acercó realizando una reverencia.
Hai, soy Agasha Ryu de la familia Tamori de la escuela Agasha. Togashi Satsu sama, es un honor verle de nuevo. Hoshi Takahiro, seré su acompañante y representaré al clan en nuestro viaje. Y ya que estamos ofreciendo lecciones a un samurái que ha pasado recientemente su Gempuku un sencillo consejo, en la corte como en un combate son más importantes los movimientos que no se hacen que en los que nos decidimos a actuar. Como los instantes de silencio en una melodía.
Los dos samuráis mas viejos parecían disfrutar de la tarde, comiendo pastelitos y observando jugar a los niños con una sonrisa en los labios.
Partiremos mañana al amanecer, preparad el equipo de viaje el descenso puede ser dificultoso para aquellos que no gozan del favor de los kamis.
-Hai, sama.
Contesto simplemente a la sabiduría de la espada de mirumoto dictada por el señor Togashi. Posteriormente, y tras otro discurso filosófico sobre el punto de vista de un mismo tema para que Takahiro aprendiera a ver oportunidades en vez de problemas con una analogía sobre la lluvia, se presentó aquel que lo acompañaría a tierras gorrión. Takahiro se levantó y se inclinó respetuosamente antes de hablarle.
-Es un honor conocerlo, Agasha sama. Cuento con el poder de su palabra para guiar a este humilde guerrero en el campo que desconoce. Este shinai replicará los golpes de la katana que es su voz hasta que pueda caminar a su lado.*
* Básicamente está diciendo la frase esa de: aprende del maestro, camina con el maestro, sé el maestro. Haciendo referencia a los pasos que sigue un discípulo hasta la maestría.