El palacio de Kyuden Doji se alzaba solemne sobre sus extensos jardines, un intrincado laberinto de cerezos, crisantemos y pequeños estanques. Varios bosquecillos de bambu equilibravan el conjunto en el que destacavan multitud de templetes de tejados azules, claros como el cielo invernal. Las grullas descansaban en el lago central, mientras varios samuráis vestidos con ricos y delicados kimonos recorrían sus puentes de madera labrada.
Estabas repasando las últimas felicitaciones por tu Gempuku cuando una voz sencilla, casi susurrada te sacó de tus pensamientos.
Mi señor, Doji Kurohito dono campeón de la grulla y daimyo de la familia doji solicita su presencia en el salón imperial cuando amaterasu alcance su cenit en lo alto del cielo.
Tras prepararte con tus mejores galas debías enfrentarte a una audiencia privada con el mismísimo campeón de tu clan. Al poco de llegar la hora indicada un Yojimbo de la familia daidoji esperaba ante tu puerta, con el rostro adusto oculto bajo un kabuto y una armadura pesada con los colores del clan, con la plata destellando sobre el azul de la grulla. En silencio asintió cuando abriste con cuidado los paneles shoji para acompañarte a tu cita.
Cuando llegasteis, por unos momentos, quedastes extasiado por la belleza y la complejidad del conjunto pictórico que decoraba la gran sala imperial. Todos los paneles shoji habían sido pintados a mano para mostrar los antiguos miembros de la familia imperial. Varios Kanjis dispuestos en las paredes parecían ensalzar las virtudes de la familia con grandes símbolos como honor, deber y virtud. Dos delicadas grullas esculpidas en jade puro extendiendo las alas al cielo flanqueaban la imponente figura del campeón. Un hombre forjado en la batalla, con un fastuoso kimono azul perla bordado en plata con una grulla extendiendo sus alas desde su pecho. Delante suyo, en una mesilla de piedra labrada, reposaban varias misivas con sellos de múltiples clanes. Un sencillo juego de te , el chop personal del señor y una estatuilla de lady Doji bailando entre nubes finalizaban la escena. Un Heimin aguardaba con la frente en el suelo a su izquierda y dos guardias daidoji, que por un momento confundió con atriles de armaduras pesadas aguardaban a su espalda.
Doji Hayato san, tomad lugar. - Inmediatamente despues de sus palabras, el heimin se levantó con movimientos calculados para disponer una bandeja con un juego de te pintado a mano con motivos de montañas y una botella de sake humeante con el mon del clan grabado en la porcelana.
Os he convocado para comunicaros lamentables noticias. Vuestro pariente, Suzume Haruto san ha fallecido en un accidente de caza. Debéis partir para presentar vuestros respetos y los del clan de la grulla en los ritos funerarios, os acompañarán un yojimbo y dos cazadores de la familia Daidoji. Las últimas voluntades de Suzume san serán desveladas tras el sepelio, hasta entonces nadie conoce los deseos del difunto daimyo. En estos momentos me preocupa la posición de Suzume Hina, su esposa, y que papel ocupará tras el ascenso del heredero. Es una mujer joven, una cortesana de gracia y virtud como bien sabeis. Una mujer sabia que de seguro serviría al próximo daimyo con la misma virtud y devoción con la que sirvió a Suzume Haruto san. Llevadle los mejores deseos de nuestro clan, estoy seguro que apreciará vuestra compañía para asegurar un futuro en que el clan del gorrión y el clan de la grulla siguen volando alto hacia un nuevo mañana. Si requerís algo del clan, decidlo. Escucharé y responderé a vuestras dudas.
Con el rostro inclinado, mis manos reposaron abiertas sobre mis muslos, cubiertos por los pliegues de mi kimono de seda azul pálido, donde el emblema de la Grulla danzaba bordado en plata como si se deslizara entre nubes. Una ráfaga de incienso de sándalo serpenteaba en el aire mientras, con voz serena pero firme, rompí el silencio del salón imperial.
—Mi señor Doji Kurohito-dono —dije, alzando apenas la mirada para encontrar la suya—, haré cuanto esté en mis manos para honrar la memoria de Suzume Haruto-sama, cuya ausencia ya se siente como un susurro perdido entre los bambúes del deber.
Mi espalda recta como una caña templada por el viento, continué con la reverencia justa, cuidando cada palabra como si fuese caligrafía trazada en pergamino de arroz:
—Velaré por la virtud de su viuda con la misma devoción con la que los primeros hijos de Lady Doji preservaron la armonía del cielo y la tierra. Me guiarán el Honor, el Vacío, y los dictados silenciosos del deber que nuestro clan lleva inscrito en cada hilo de seda y cada taza de té servida con dignidad.
Dejé que el silencio tomara forma por un instante, como pausa en una pieza de música de koto, antes de proseguir, esta vez con tono respetuoso pero previsor:
—Si el futuro del Gorrión puede elevarse junto al vuelo de la Grulla, permitidme ser el viento que lo impulse sin perturbar sus alas. Para ello, si es vuestra voluntad...
Me incliné un poco más, las mangas colgando como alas dormidas, y añadí con un tono de sugerencia prudente:
Solicitaría una carta personal de recomendación vuestra para Suzume Hina-sama, como símbolo de nuestra confianza.
También, un segundo pergamino que sugiera una alianza informal, sin imponerla, mas dejándola latir como posibilidad.
Si me es permitido, escribiré un haiku que narre la historia compartida entre nuestros clanes: el Gorrión que canta al alba, y la Grulla que danza al atardecer. Un poema que no obligue, pero que recuerde.
Finalmente, enderecé mi postura, dejando que mi voz se aquietara como agua tras una piedra lanzada:
—Espero vuestra respuesta con la paciencia que merece el arte y la reverencia con la que se contempla a Amaterasu en su cenit. No actuaré sin la guía de vuestra luz.
El daimyo observó con expresión severa, pausada. Su voz resonó profunda y sincera.
- Tomad cuidado, en la actualidad el clan gorrión se encuentra en la alianza Yoritomo. Nos une un pasado común, ancestros comunes pero el primer Suzume decidió apartarse de la propseridad del clan de la grulla para volar en solitario de una forma más sencilla.
Observó las misivas, y tomó uno de los pergaminos para releerlo con calma.
- No niego que el clan de la grulla daría la bienvenida con los brazos abiertos al clan del gorrión, pero esa es una decisión que deberá tomar el futuro heredero y de forma meditada. Su papel como cortesano debe limitarse a expresar nuestros mejores deséos y recordar que una vez fuimos uno. Decir más sería descortés, y podría tomarse como una amenaza.
Respiró profundamente, reflexionando su próximo movimiento. Hizo una señal al heimin que seguía con la frente en el suelo quien salió con rapidez y pulcritud. A los pocos minutos se abrieron los paneles de shoji y entró un samurái joven, con el pelo corto y la coleta atada con una cinta azul oscuro. Portaba un kimono de azul cielo, con grullas blancas bebiendo de un estanque que se abría en su espalda. Sin decir palabra se situó a la derecha del daimyo y agachó la cabeza a la espera de instrucciones.
- El es Kakita Noritoshi san, duelista de la escuela kakita y será vuestro acompañante en esta misión. Vuestro gempuku es reciente, y el será la espada que defienda vuestro honor y el de todo el clan de la grulla. Os será de más utilidad que un Yojimbo Daidoji, el tomará su posición.
Tras esas palabras el duelista asintió, se dirigió a ti con la mirada e hizo una sencilla reverencia con la cabeza.
- Soy Kakita Noritoshi de la familia kakita de la escuela Kakita del clan de la grulla, es un honor conocerle. Cualquier menester en que pueda serle de utilidad al representante de nuestro clan en la corte del gorrión decidlo y será cumplido.
Doji kurohito asintió silencioso, al menos habían evitado un mal mayor sabiendo que el honor de su representante estaría a salvo.
- Suzume Hina san ya sabe de vuestra llegada, y os recibirá en persona como considere oportuno. Tomad calma antes de realizar cada movimiento, como la meditación que se realiza antes de dibujar un kanji. Conextad el cuerpo, la mente y vuestra alma. Suzume Hina san perteneció a la familia Doji antes de tomar esponsales con Suzume Haruto san. Demostradle que sigue gozando del afecto de sus parientes. Y en cuanto al Haiku, añadid algo para recordar la memória del difunto. Si hay algo mas en lo que pueda ayudaros, decidlo.
El aire de la sala seguía impregnado de la fragancia tenue del incienso, flotando como un hilo invisible entre los paneles de shōji. Permanecí inclinado el tiempo justo para mostrar deferencia, dejando que el silencio reposara como un lago en calma antes de volver a erguirme.
Mis manos, cubiertas por las amplias mangas de mi kimono, se unieron con suavidad a la altura del pecho. La seda azul pálido caía en pliegues perfectos, bordada en los extremos con el mon de la Grulla en hilos de plata que captaban la luz de las lámparas de aceite.
—Mi señor. Si fuese su voluntad, me gustaría llevar a Suzume Hina-sama un presente sencillo pero significativo, nacido del corazón del clan de la Grulla, para que en sus días de soledad recuerde que sigue siendo parte de nosotros.
¿Podría ser un abanico de seda con el mon de la Grulla y del Gorrión entrelazados?
Hice una breve reverencia, ladeando apenas la cabeza
Si fuera posible, desearía recibir los últimos informes sobre la corte del Gorrión, sus invitados recientes y las inclinaciones de sus consejeros, para no cometer error alguno en mi trato.
Mi mirada no se alzó más allá del tatami, y el peso de mis palabras quedó suspendido entre mi figura y la del daimyo.
El Daimyo asintió en silencio, repasando los distintos documentos que se encontraban en la mesa de madera tallada con motivos de grullas alzando el vuelo. Tomó un sorbo de una taza de porcelana blanca pintada magistralmente con motivos vegetales.
- Por lo que sabemos asistirán comitivas del clan Yoritomo, Kitsune, Escorpión, Dragón y Hantei Naseru dono acompañado de un magistrado imperial de la família Otomo. Además de usted habrá otros cuatro familiares cercanos al difunto, además de su hermana y su viuda. Realmente no se sabe mucho sobre los herederos salvo que todos ellos són jóvenes, en la mayoría de los clanes sus parientes o estan muertos o han declinado la invitación. Recordad traer una ofrenda para el sepelio, aunque cualquier cosa que necesitéis podéis contar con la ayuda de Suzume Hina. Además de kakita Noritoshi san os acompañará Doji Domotai san, dado su parentesco con la viuda acepté que acompañara a la comitiva. Partid con mis mejores deseos, y recordad que la paz y la belleza són el legado que nos dejó lady Doji.