La luz de la luna brillaba con destellos de plata sobre los tejados oscuros de Kyuden Suzume. El día anterior había sido un hervidero de heimins, cortesanos y mensajeros dando vueltas por las salas del castillo, escribiendo misivas y enviando comitivas a los grandes clanes. Hacía pocas horas partió la comitiva principal hacia Otosan Uchi, con el triste mensaje del deceso de su daimyo Suzume Haruto.
Suzume Noburo recordaba la forma en que el yojimbo de su señor entró para dar la terrible noticia, dejaron el cuerpo en el templo familiar con la vana esperanza que el monje pudiera evitar que su espíritu cruzara las puertas del Yomi. Aunque tal vez lo peor fueron las miradas y los comentarios de desprecio de sus compañeros de clan, insinuando que por quien realmente debería apenarse el sería por la muerte del daimyo de la grulla. Por lo que apenas escuchó nada de las circunstancias del suceso. El Hatamoto en persona le solicitó la importante tarea de escribir la misma misiva una y otra vez con el sello del gorrión para notificar al resto de clanes la triste noticia.
Justo cuando abandonaba las dependencias oficiales masageándise los dedos un heimin apareció, se arrodilló frente a el, con la frente en el suelo y extendiendo una sencilla carta con caligrafía excelente.
“ Estimado Suzume Noburo, he recibido te de jazmín de los jardines de Kyuden kakita, creo que vos mas que nadie apreciaréis sus delicados aromas. Sería una falta de respeto no tratar el te con la delicadeza que merece así que sería un honor si pudierais acompañarme en una ceremonia del te, en los jardines a la luz de la lunea tal y como marca la tradición. Atentamente Suzume Hina”
Sería un deshonor desoír una solicitud tan educada, así que decides presentarte, pero no sin antes ponerte tu mejor kimono. Cuando llegas la escena es de una belleza sobrecogedora, la luz de la luna baila sobre el estanque, la suave brisa mece las delicadas ramas de un cerezo al tiempo que Suzume Hina te recibe lavando las piedras con agua de la forma tradicional. Cuando os sentáis, dejais que el silencio y la profundidad de su mirada sea la pluma con la que se escribe la velada. Ella toma el té con movimientos rápidos y claculados, imprimiendo a su vez una elegancia natural. Su kimono, lejos de la austera tradición Suzume muestra delicados bordados realzados en plata sobre el tradicional color ocre del clan. Tejiendo una preciosa escena de caza.
Te pasa la copa, tras mezclar el te con movimientos firmes, mientras mantiene su mirada expresando la fuerza de su carácter. Una complicidad que sientes tan sincera, a la vez que trasmite una tierna vulnerabilidad sin abandonar una postura solemne. Tras dejarte embriagar por el sabor aromático del te y disfrutar del silencio de la noche sientes como el cansancio se disuelve, como las volutas de vapor en la quietud de la noche.
- He oído hablar de vuestras virtudes en Kyuden Kakita, vuestra destreza con las palabras equipara su destreza con la espada. Vuestra relación de parentesco con mi marido, junto con la de Suzume Kaito san son las más cercanas del castillo, por ello seréis quien deban hacer cumplir sus últimas voluntades. Por desgracia, Suzume Haruto sama decidió excluirme de los asuntos oficiales del clan. A pesar del aprecio que nos teníamos, quería respetar la tradición de sus ancestros al abandonar el clan de la grulla. Sin embargo, si lo consideráis oportuno, puedo ayudaros como consejera en asuntos de la corte. Nada me haría mas feliz que poder ser de utilidad.
Noburo ya casi había olvidado lo que significaba tener un “día ajetreado”. Despreciado por la mayoría de sus congéneres, e incapaz de recuperar la confianza de sus superiores, hacía ya tiempo que había sido apartado de toda función con relevancia institucional. De modo que sus días transcurrían indolentes, alternando entre interminables sesiones de entrenamiento y algunas ocupaciones menores, vinculadas las más de las veces al trato con comitivas extranjeras, o a la dirección de grupos ashigaru o de heimin. De hecho, no era extraño que el orgulloso samurai trabajara incluso codo a codo con estos en las tareas más mundanas.
Quizás por ello, le costó un poco adaptarse a la febril actividad que siguió a la noticia de la muerte del daimyo. Pues producto de la confusión, y de la desesperación que se vivió por aquellos días, el vilipendiado Gorrión pronto se vio abarrotado de tareas y obligaciones, que procuró siempre cumplir con la mayor de las diligencias.
En algún punto, aquello no dejaba de ser una suerte. Pues le imponía a su mente la necesidad de estar continuamente ocupada en algo. Y eso evitaba que los recuerdos del difunto asomaran una y otra vez entre sus pensamientos. De todos modos, cuando de tanto en tanto lo hacían, el Gorrión no podía evitar que un sentimiento de pena infinita le oprimiera el pecho...
Ciertamente, nunca había esperado que aquello pudiera terminar así. Pues todavía mantenía la lejana esperanza de reencausar la relación con su tío abuelo. Y que quizás este incluso terminaría algún día por perdonarlo. Sin embargo, aquello ya no era posible. Y al atribulado Gorrión solo le quedaba vivir con las consecuencias de sus actos...
En cualquier caso, nada de lo ocurrido por aquellos días lo había preparado para la sorpresa que recibió al caer la noche. Cuando la oscuridad ya se había adueñado del firmamento, y su cuerpo le reclamaba agónico por el esfuerzo de tantas horas inclinado sobre el banco de trabajo, con sus pinceles y sus tintas.
La realidad era que nunca había tenido demasiado trato con la viuda del daimyo. Apenas si habían compartido algún encuentro protocolar, y poco más. Así que su primer reacción, cuando leyó la invitación, fue pensar en algún regalo adecuado para la ocasión. Sin embargo, pronto cayó en la cuenta de que aquel encuentro tendría bastante poco de protocolar. Pues nadie acordaba una audiencia formal con tan poca antelación. Y menos aún en medio de la noche.
De modo que Noburo finalmente descartó asistir con un regalo a la cita. Aunque se aseguró de mantener una presencia impecable, cuidando hasta el menor detalle de su apariencia y vistiendo su mejor kimono. Por fortuna, la ansiedad desterró por completo su cansancio, así que no tuvo que tomar nada para mantenerse despierto.
- Creedme, noble dama... - respondió con cuidada educación y tono sereno a las palabras de la viuda, luego de deshacerse en interminables reverencias como agradecimiento por la invitación - … que no exagero cuando os digo que nunca había recibido un mayor reconocimiento, desde mi regreso a las tierras de mis Ancestros. Nadie había tenido palabras tan generosas. Y son para mí mucho más valiosas, pues vienen precisamente de vos, graciosa Señora. Alguien a quien siempre he admirado, como creo que casi todos por aquí.
El Gorrión estaba profundamente embelezado ante la sofisticación y la delicadeza de su anfitriona. Y disfrutaba cada instante de la ceremonia con el sereno regocijo de quién comprende plenamente lo extraordinario de aquellos instantes. Por supuesto, ya había participado en otras ceremonias de té en el pasado. Incluso varias en tierras de la Grulla, durante su instrucción. Pero aunque había tenido oportunidad de conocer a grandes expertos, aquella mujer, en aquel momento bajo la luz de la luna, sencillamente no tenía rival.
- Sin embargo, como semejante obsequio debe ser correspondido, espero aceptéis mi más sincera franqueza como retribución. Pues poco más puede brindaros este humilde poeta.
Noburo se demoró unos momentos para tomar un par de tragos, lentos y pausados, mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas en su mente. La presencia de aquella mujer era embriagadora. Y al joven le costaba pensar con claridad. Nunca había tratado con personalidades tan importantes. Y sentía un creciente terror de arruinarlo todo con alguna torpeza.
- Contar con vuestro consejo... sería uno de los mayores anhelos al que cualquiera podría aspirar. De no encontrarme manteniendo esta conversación con vos, yo mismo no me atrevería siquiera a imaginarlo. Ni en mis sueños más delirantes.
- Pero no se cómo podría seros de alguna ayuda. Pues a pesar de mi cercanía filial con Suzume Haruto-dono, lo cierto es que hace tiempo que no cumplo funciones en su Corte. Hasta tengo la impresión de que todos sus consejeros y hombres de confianza ordenarían mi destierro si surgiera la oportunidad.
- Yo mismo he buscado cientos de veces la manera de brindar algún aporte. Pero siempre se me ha despreciado. Todo lo que hago parece oscurecido por una sombra de desconfianza. Y dudo que ello vaya a cambiar en los próximos días.
A medida que hablaba, el muchacho pareció ir recuperando un tono más sereno. Como si el mero ejercicio de pronunciar aquellas palabras le hubiera quitado un peso del alma.
- De todos modos... si como decís, realmente me tocará cumplir algún papel en todo esto... pues, no podría sentir mayor orgullo que poder contar con vuestro consejo.
La mirada profunda y contenida de la preciosa cortesana seguía con atención cada una de tus palabras, acompañando con gestos de asentimiento o preocupación tu discurso. Las magas de su kimono susurraban al acariciar la piedra del pequeño templete. La luz del farolillo con el mon zumume titilaba ante la brisa nocturna y el canto de los grillos os acompañaban como atentos espectadores de la solemne velada.
Tras la muerte de Suzume Haruto sama sois uno de los más cercanos a su linaje, a parte de Suzume Kaito san sois el único miembro de nuestro clan con derechos sobre nuestra noble dinastía.
Se llevó con delicadeza la taza de te a los labios, bebiendo un sorbo con elegancia mostrando seriedad en la mirada, teñida de determinación.
Aunque el sensei Suzume Katsu san no comprenda las decisiones del clan al enviaros a estudiar a la escuela de duelistas kakita no puede dudar de vuestro honor o vuestro deber para con el clan. Nadie en su sano juicio se atrevería a manchar el honor de un noble samurai, discíplulo de la senda de la grulla. Deseo que la cortesía y el honor que ha guiado nuestro clan por siglos siga iluminando nuestro camino, a pesar de la triste partida de mi marido.
Dejó que el silencio trasmitiera peso a sus palabras, al tiempo que ofrecía otra taza de te humeante que llenó de fragancia de jazmin el pabellón de madera labrada desde el que se podían observar las tranquilas aguas del pequeño estanque.
Siempre gozasteis de la máxima confianza de mi difunto marido, no dejéis que nadie dude de vuestra lealtad ni vuestro honor. Así como el derecho que tenéis como pariente, por encima del resto de samuráis de esta familia.
Saboreó de nuevo el te, sus gestos eran rápidos y delicados, casi como una danza, agitando suavemente las mangas de su kimono con delicados gorriones bordados en su seda ocre y brillante que parecían volar siguiendo cada uno de sus movimientos.
Por otro lado me gustaría pediros un favor personal, mi tía Doji Domotai san asistirá con la comitiva del clan de la grulla. Han solicitado reunirse conmigo para trasmitirme los mejores deseos del clan y traerme los recuerdos de mi família. Me gustaría que uno de los samurais del clan Suzume y familiar directo en la línea sucesoria les diera la bienvenida junto a mi para mostrar los lazos que unen ambos clanes desde su creación.
La bella cortesana acompañó sus palabras de una sencilla sonrisa, muestra de humildad y esperanza. Realizando una leve reverencia con la cabeza.
El joven Gorrión no podía apartar sus ojos de la bella mujer, encandilado por la gracia y la delicadeza que irradiaba con cada movimiento. No había únicamente una técnica exquisita en ellos. Sino que se sucedían con una fluidez y una naturalidad que solo podía nacer de la más noble de las almas.
Quizás la distinguida mujer pareciera algo mayor que el muchacho. Pero de todos modos su belleza era abrumadora. Aún más terrible, precisamente, porque demostraba una cortesía y una humildad que la hacían parecer cercana. De tal modo que invitaba a los meros mortales a pensar que, quizás, podían tener alguna esperanza de acceder a sus caricias.
Inmerso por completo en aquel hechizo, Noburo procuraba mantener la compostura. Pero lo cierto era que cada palabra de la bella Hina resultaba una caricia para su atribulado espíritu. El joven no había conocido más que amarguras desde que regresara de su instrucción entre los Grulla. Y hacía tiempo había empezado a sentir que todos sus esfuerzos resultaron en vano. Tanto sacrificio y tanto dolor, tanto tiempo lejos de sus seres queridos, sin poder recorrer los familiares senderos de su infancia, únicamente le habían traído soledad y desprecio.
Sin embargo, aún cautivado como estaba ante los sutiles encantos de la mujer, el joven no pudo evitar sobresaltarse con un respingo de sorpresa ante la repentina propuesta. Hacía tiempo que sus parientes habían dejado de invitar al Gorrión para que integrara las comitivas más ilustres de la familia. Y lo cierto era que Noburo mismo sentía que había perdido algo de tacto para tales situaciones. A pesar de ello, no dudó ni un instante en responder.
- Será un honor, noble Señora. - comentó con tono evidentemente emocionado, la vez que se inclinaba en una profunda reverencia, llevando su frente casi hasta tocar el suelo - El más grande que se me ha concedido jamás. Rezaré a las Fortunas para que me otorguen la sabiduría necesaria para honrar semejante obsequio.
Consciente de que su sorpresa empezaba a ponerlo en ridículo, el joven Gorrión se apresuró a llevar de nuevo a sus labios la taza de té. Y dio unos cuantos sorbos, mientras intentaba ganar tiempo para recuperarse.
- Sospecho que ya debéis tener todo planeado. ¿Pero puedo acaso asistiros en algo? O, aún mejor ¿creéis aconsejable que tome alguna iniciativa? Conseguir algún presente, tal vez. Preparar algunos versos. Lo cierto es que ignoro los gustos de vuestra noble invitada. Y no imagino tampoco que cosa pueda interesar a quien lo tiene casi todo. De seguro debe de contar con los mejores artesanos del Imperio dentro de su círculo de amistades más cercanas.
Suzume hina sonrió de forma tímida, escondiendo por unos momentos su mirada. Poco a poco, levantó sus ojos color agata oscura para mirarte directamente, trasmitiendo confianza, reconocimiento y afecto. Con un sencillo y rápido gesto sacó uno de los abanicos que guardaba en el obi y extendió un abanico de seda ocre con el mon del clan.
- Sería un honor si nos ofreciera una muestra de su afamada poesía. En palabras del mismísimo Kakita Yoshi dono es de una profundidad y bella sencillez clara como el cristal y pura como la nieve de invierno.
Por un momento dejó que sus ojos volaran hacia el horizonte, permitiendo que el silencio invitara a los grillos del jardín a ofrecer su canto nocturno. Cubrió sus labios con el abanico y habló de nuevo con más suavidad si cabe.
- Estoy preocupada por Suzume katsu san, el anciano sensei esta sumido en la pena por la pérdida del daimyo. Confío en que Suzume Kaito san ofrezca serenidad y la mayor de las cortesías hacia los distintos representantes de los grandes clanes que vengan a ofrecer su último adiós a mi difunto marido.
La voz de Suzume hina parecía realmente preocupada, hasta que el heredero tomara la posición como daimyo era ella y el hatamoto quienes ostentaban la máxima autoridad en el clan del gorrión.
- Os agradeceré vuestra ayuda para asegurar que los dignatarios de los grandes clanes se sienten honrados en su estancia en la corte del clan gorrión. Además, los samurais de la escuela kakita son conocidos en todo el imperio como los mayores defensores del honor. Nada me complacería mas que la corte del gorrión fuera recordada por su delicadeza, su verdad y su cortesía.
Noburo volvió a alzar la mirada con un respingo de sorpresa ante la inusitada propuesta de la Dama. Y aunque procuró esconder su zozobra detrás de la delicada taza de té, sus lamentables esfuerzos resultaron nuevamente inútiles. Todavía le quedaba mucho trabajo para templar su espíritu, si quería estar a la altura de las circunstancias. Pues en el momento en que se hallaban, cometer cualquiera de esos errores de protocolo frente algún cortesano avezado, podía significar una verdadera tragedia.
Pero es que Noburo no daba crédito a lo que escuchaba ¿Sus versos? ¿Realmente querían escuchar sus versos? ¿El propio Kakita Yoshi los conocía?
Intentando serenar su ánimo enfervorizado, el Gorrión procuró enfocar sus pensamientos en cuestiones más mundanas. Y de inmediato se puso a repasar mentalmente las tareas que tenía por delante. Una sombra de duda interrumpió momentáneamente sus cavilaciones, en cuanto la viuda hizo mención al estado emocional del anciano sensei. Pero Noburo pronto descartó seguir indagando. Había asuntos más urgentes que atender.
- Os asistiré en todo cuanto sea necesario, noble Señora. Mañana mismo iniciaré los preparativos.
- Sin embargo, debo confesaros que desconozco casi todo sobre nuestros huéspedes. Ni siquiera estoy al tanto de cómo se ha conformado la comitiva. Y me gustaría poder averiguar algo sobre ellos antes de preparar la recepción.
- Por supuesto, imagino que serán todas personalidades notables. Ampliamente reconocidas en todo el Imperio. Pero incluso de ellos, solo he escuchado rumores que circulan por ahí. Y no quisiera guiarme por simples habladurías.
- Por el contrario, supongo que debéis de haber tratado con la mayoría. A muchos puede que incluso los conozcáis personalmente. Y tal vez podáis aconsejarme como tratarlos. Sus gustos. Aquello que los molesta, o los irritan. O al menos indicarme dónde averiguar tan delicados detalles.
Por cierto, Jefe, ¿qué tanto sabe Noburo sobre la dama Hina?
¿Qué es lo que se dice en el Gorrión sobre ella? ¿Y por qué su esposo la mantenía siempre alejada de los asuntos del Clan?
Suzume Hina se levantó para abrir uno de los cajones de las mesillas donde reposaban delicados bonsais y adornos de ikebana realizadas con flores de nenugar y largas hojas de bambú, formando un intrincado tocado vegetal de exquisita manufactura. Sacó una pequeña cajita laqueada en negro y os la desplazó sobre la pequeña mesa de piedra frente a ti.
- Esto es lo que he podido saber de los miembros de las distintas comitivas que han confirmado su asistencia al sepelio de mi difunto marido, las fortunas lo tengan en su gloria. Espero le sea de utilidad para servir al clan. Le enviaré un mensaje al hatamoto para confirmar vuestra asistencia. Nunca he dispuesto de un yojimbo, pero si necesitara de uno sería un honor contar con un miembro del clan Suzume educado en la mejor escuela de duelistas del imperio.
Extendió su abanico y dejó que el silencio volviera a envolveros, junto al canto de los grillos nocturnos. Las velas de los farolillos de seda ocre empezaban a titilar, amenazando con apagarse.
- Espero que el clan salga reforzado de estos tiempos oscuros, y el nuevo heredero rememore la gloria del clan Suzume. Nuestro ancestro, el primer suzume fue un cortesano de la escuela doji, en parte me siento unida a el por ese motivo, aunque prefirio centrarse en la sencillez y la humildad para seguir su camino hacia la iluminación, elevando el espíritu de todo nuestro clan. Un guía digno de recordar.
Tras acabar el te, realizó una sencilla reberencia ante ti, con una sonrisa de afabilidad y confianza, mezclada con cierta complicidad.
- Me alegra que mi marido decidiera enviaros a tierras grulla, tal vez haya un futuro en que el clan de la grulla y elñ clan del gorrión puedan volar alto de nuevo. Cualquier cosa que necesitéis, no dudéis en solicitármelo. Considero que sois uno de los samuráis mas educados en la corte de nuestro clan.
tras decir la breve reberencia asintió en silencio, dejando que el peso de sus palabras flotáran en el aire junto a la fragancia del jardín, que desplazaba el dulce aroma del jazmín presente en el te.
- Sabed que gozáis de toda mi confianza.
Suzume Hina de la familia doji y la escuela doji se casó con el daimyo Suzume cuando este tenía 50 años y ella solo 16. Un intento de conseguir un heredero tras la muerte años atrás de su anterior esposa una shugenja de la família moshi. Cuando llegó empezó a imprimir una nueva forma de hacer las cosas en la corte, exibiciones de arte, arreglos de ikebeana en el jardín.. Tras hablar con el sensei al poco de llegar Suzume Hina decidió limitar la presencia de su esposa en las reuniones con dignatarios y nombró hatamoto al hijo del sensei. Desde entonces hace pocos años tomó una posición secundaria.
Dignatarios
Comitiva dragón
Agasha Ryu Shugenja de la família agasha y partidario de Agasha Tamori. Fue uno de los pocos que se quedó en el clan del dragón a pesar de la locura de hitomi. Cuando se sucedió la guerra de los espíritus y Agasha tamori desapareció se quedó en el castillo togashi para ayudar en los aspectos teológicos. Actualmente es uno de los pocos que mantiene el nombre familiar de los agasha en el clan del dragón, su esposa es Agasha sakura de la familia tombo y tienen un hijo de pocos años.
Hoshi takahiro es uno de los espadachines mas jóvenes de la nueva familia Hoshi, instaurada tras la partida de los ancestros hitomi y Hoshi y su ascensión a los cielos. Descendiente cercano
Comitiva escorpión
Shosuro kita es una de las shugenjas de corte de la escuela soshi del clan del escorpión, cercana a bayushi sunetra algunos la situan como su maestra en teología y hechicería. No se sabe mucho más, casada con Shosuro Kamatari bushi de profesión de la escuela bayushi.
Shosuro haru es una shugenja que pasó hace poco su gempuku y es descendiente cercano. No se sabe nada más.
Comitiva Yoritomo
La hermana del daimyo Kitsune Asuka de la escuela suzume asistirá junto a la comitiva de la alianza yoritomo. Su marido es un shugenja de la familia kitsune y sus hijos pertenecen al misterioso clan del zorro. Siente un profundo respeto del sensei Suzume y goza de su confianza.
Yoritomo itake es conocido por sus tácticas militares, un capitan, líder comerciante y bushi de la familia Yoritomo. En las cortes grulla se realizó una campaña de rumores sobre su deshonor y su amor por el sake.
Yoritomo akira shugenja del clan yoritomo es descendiente cercano y máximo representate del clan en la comitiva.
Comitiva Grulla
Doji domotai asistirá con Kakita noritoshi un afamado duelista de la escuela kakita estricto e idealista. Por lo que sabes de Doji domotai aprendió tacticas de guerra en la escuela león y la maestría del duelo en la escuela kakita. Una mujer de honor intachable y famosa por haber vencido en el campeonato topacio. Actualmente destinada en toshi rambo acompañará la comitiva para presentar sus condolencias a su sobrina.
Como representante del clan asistirá Doji Hayato, un cortesano de la escuela doji de la familia doji que hace poco finalizó su gempuku.
Noburo tomó la pequeña cajita laqueada de las manos de Hina, poniendo especial cuidado de no rozar su tersa piel sus manos. Para lo cual debió apelar a su más firme disciplina, pues la tentación era sencillamente abrumadora. Y mientras lo hacía, dedicó una profunda reverencia a la dama en señal de agradecimiento. Al Gorrión no le escapaba la tremenda demostración de confianza que significaba todo aquello. Y su sorpresa resultó aún mayor, cuando la distinguida mujer le propuso actuar como su yojimbo personal.
El joven samurai no pudo evitar un respingo de asombro ante la repentina invitación. Y durante unos largos instantes, ni siquiera consiguió encontrar las fuerzas suficientes para articular palabra. De modo que solo se limitó a asentir con aire confundido, inclinándose en una nueva -y bastante torpe- reverencia hasta casi tocar el suelo.
- Estoy seguro de que vuestra guía nos ayudará a superar estos tiempos oscuros. - dijo finalmente y sin poder encontrar mayor inspiración, con la cabeza demasiado aturullada como para pensar en nada más – No imagino a nadie más adecuado que vos, noble dama, para encausar este desafío que las Fortunas nos han puesto por delante.
- Tened por seguro que, allí donde me necesitéis, podréis contar conmigo. - contestó por fin luego de algunos momentos de dubitativo silencio. Su tono parecía haberse endurecido de repente, como si hubiera encontrado algo de aplomo en su atribulado espíritu. Y por unos instantes, incluso tuvo la fuerza de voluntad suficiente como para mirar a la mujer a los ojos y sostenerle la mirada - Con la pluma, o con la espada. Con mi mente, o con mi corazón, si fuera necesario.
El joven dejó aquel juramento flotando en el viento, con el arrullo de los árboles y el cantar de los grillos como únicos testigos. Si la muchacha había acudido a él, quizás fuera porque sencillamente no tenía a nadie más en quien confiar. En algún sentido, ella misma había sido también una paria en la Corte de Haruto-dono.
Solo eran meras conjeturas, por supuesto. Pero a medida que el joven Gorrión le daba vueltas al asunto, no podía sentirse más ilusionado. Como todo poeta, tenía una debilidad por las causas perdidas.