Noburo continuará en el salón, hasta que disuelva la reunión.
Después, intentará acomodarse para tener esa reunión que acordaron con el Hoshi. Y también procurará mantener un encuentro con la viuda Hina para comentar lo ocurrido y analizar los próximos pasos.
No se cuántas cosas más podría hacer. Pero si fuera posible, se daría una vuelta por la caballerizas, viendo si conoce a algunos de los que atendieron las monturas de los señores durante la trágica partida de caza.
Sigo los pasos del monje con la mirada.
- Allá va el siervo a informar a su señor -digo como si estuviera pensando en alto-.
Agito la cabeza, como si quisiera disipar una distracción, y me dirijo al resto de los samurais.
- Antes incluso de llegar aquí ya estabamos divididos por clanes, relaciones familiares y prejuicios. Convivir este poco tiempo no ha contribuido a mejorar en ese sentido, más bien al contrario. Yo necesito volver al temizuya para volver a purificarme, me siento sucio. Eso les dará tiempo para reflexionar y tomar una decisión. Quien esté decidido a no dejar que el espíritu de oji-dono se convierta en un espíritu vengador, jurará por la condena de su alma inmortal que comunicará la verdad y toda la verdad al resto del grupo. De esta forma, nada, ni devociones al clan o a la familia, ni promesas de fidelidad -miro ahora al yojimbo intensamente- estarán por encima de esta honorable misión para la que el difunto daimyo nos ha elegido. Por supuesto, no necesito añadir que quien se niegue estará al mismo tiempo confesándose culpable.
Tras una decena de minutos, el escorpión regresa al grupo.
- ¿Y bien? ¿Habéis tomado una decisión, primos?
Aprovecho el momento para intentar hacer algo de magia.
Primero sentir agua. Supongo que habrá bonus en el temizuya, pero bueno. (3g2)
16 debería ser suficiente.
Luego hago la tirada de comunión, que entiendo que es igual 2g2 del anillo de agua y 1g0 del nivel (3g2)
15. Creo que es suficiente también. Así que pregunto que me muestre a la última persona que introdujo el pergamino en la caja lacada y lo selló, y que ahora se encuentra en el templo (añadiendo una descripción de la caja lacada donde se guarda el testamento).
Motivo: Sentir
Tirada: 3d10
Resultado: 9, 7, 5 (Suma: 21)
Motivo: Comunión
Tirada: 3d10
Resultado: 9, 6, 6 (Suma: 21)
Los kanis se encuentran viviendo en el sitio donde están. El kami de un lago solo puede ver lo que se ve desde el lago. El de una estatua lo que ve la estatua, el del viento mas o menos en el sitio y el del fuego mas de lo mismo lo que haya qumado en el sitio. Por lo que si la caja no fue abierta ante el pabellón de purificación no podrá responderte si vio a alguien manipular la caja.
Además, los kamis són crípticos y cuesta a veces interpretarlos y para rizar el rizo los del viento son especialistas en sentimientos, los kamis de agua no hablan pero muestran lo que vieron reflejado en sus aguas y los de tierra son especialmente detallistas hasta la exasperación. Los de fuego són los más rápidos y pasionales y suelen demandar ofrendas extras.
Por ello ninguno de los kamis de la habitación te serían de utilidad ya que la caja la trajo el monje desde fuera. Peeeeero puedes hablar con el kami de la caja para preguntarle cuando se abrio. En este caso madera esta asociado al kami de tierra, detallistas hasta la exasperación y tantas preguntas como 1 + aumentos con la claridad de aumentos.
Entiendo que no puedo hablar con un kami de tierra, puesto que, al ser especialista de aire, mi nivel efectivo en tierra es 0. ¿Estoy equivocado?
Takahiro finalizó sus rezos y se dispuso a esperar fuera al resto. No había podido contar la historia sobre su padre como había mencionado, pero ya habría otra ocasión para los curiosos. Ahora tocaba reflexionar sobre lo ocurrido.
Luego el escorpión vino a hablar de forma conciliadora cuando había sido el primero en meter cizaña entre clanes.
Suspiró y dudo si hablar o no.
-Solo habéis expresado lo que todos pensamos, pero ya conocéis la reputación de vuestro clan, y el drástico cambio que tenéis ahora....
-Diré lo que todos piensan. Se puede confiar en vos? O es solo una treta más? - Igualmente, sabed que ahora Oji sama y su descanso es lo importante. Ninguno de nosotros importamos ahora. Por mi parte habrá toda la colaboración posible, espero que vos y todos los presentes lo demostremos con acciones y no palabras.
Si bien había desconfianza ya que el escorpión había sido hasta ahora el mayor instigador entre los clanes presentes y había expresado su duda y la de todos con respecto a su clan, el dragón decidió que era mejor hacer borrón y cuenta nueva, recalcando que tanto el escorpion como todos los demás, él incluido, lo mostraran con hechos y no palabras.
- Hasta ahora, todo lo que os escucho no son sino palabras vacías y acusaciones imprecisas -digo con una amplia sonrisa dibujada en el rostro bajo mi máscara-. He escuchado que está dispuesto a prestar toda la colaboración de la que sea capaz, que quiere acciones y no palabras, pero rehúye activamente juramentarse y comprometer la salvación de su alma inmortal en esta investigación. ¿No se fía de mí? Lo mismo me pasa a mí con usted. ¿Cómo voy a confiar en alguien que me acusa de mentir sin pruebas? Esto es muy sencillo. Si, como dice, lo importante es el descanso del alma de oji-sama y ninguno de nosotros importamos ahora, pronuncie el juramento. De esa forma, romperá todo prejuicio y duda del corazón de sus primos aquí presentes. ¿Qué puede haber más sincero que eso? Habla como si fuera muy superior a mí, primo, pero no hay grandeza en sus acciones. Recuerden que aquí el juramento no se pronuncia solamente conmigo, aquí estamos cinco samurais, en la presencia de los héroes y ancestros del clan del Gorrión. Hábleles a ellos y no a mí. Pero con hechos, no añada aire al viento.
El dragón sonrió ante las palabras del escorpión.
-Errais en varias cosas.
-Lo primero, lo normal es que si pide colaboración a un nivel donde ni familias ni clanes sean relevantes, uno mismo debe ser quien muestre el compromiso antes de pedírselo a los demás, y en cambio, sigo viéndolo con la máscara puesta.
Este era un golpe bajo donde se vería si el escorpión hablaba en serio o era palabrería, un escorpión llevaba siempre máscara, y nadie salvo su familia cercana lo vería sin ella, por lo que sería una muestra de confianza, a su vez, sería un desprecio a su clan, el cual le miraría como un escorpión honorable y poco dado a realizar las oscuras actividades por el que el clan era conocido. Si quería que el resto se comprometiera en un juramente, el debía ser el primero en mostrar su voluntad de actuar, sino ninguno confiaría en el más que en cualquier otro escorpión desconocido.
-Segundo, usted fue el primero en hablar mal de otro pariente cuando realizábamos los regalos, e incluso aquí se ha dejado en evidencia, y aunque Yoritomo san también ha actuado de manera similar, ha tenido la decencia de disculparse ante todos, usted solo ante el monje.
-Tercero. Dice que no soy sincero? He entregado la espada ade mi padre para honrar a Ojii Sama, un arma que es un areliquia familiar y que bien podría haberme quedado para mí o mis hijos ignorando su verdadera procedencia. Que es más sincero que devolver el alma de tu propio padre a la familia que lo vio nacer?.
-Cuarto, como hizo mi padre antes que yo, os llamo primo por consideración. Bien podría haber obligado a Ojii Sama a llamarlo tío, y dado que vos sois tan problemático, si queréis referiros a mi, hacedlo por mi nombre o decidme tío también, no os consideraré primo hasta que desveleis al completo vuestro rostro.
Incompleto
El aire del templo aún olía a jazmín, incienso y ceniza.
Doji Hayato permanecía en silencio, arrodillado con la espalda recta y las manos reposando sobre el regazo. A su derecha, el dragón Takahiro mantenía la compostura imperturbable de la disciplina zen; frente a él, el escorpión aguardaba con la sonrisa oculta tras su máscara, y el joven Gorrión parecía debatirse entre la tristeza y la responsabilidad.
El viento que se colaba entre los paneles de papel movía suavemente los mechones de su cabello, haciendo danzar su mon familiar, bordado en hilo plateado sobre el kimono azul pálido.
Por un momento, Hayato no habló. Su silencio era su forma de medir las palabras, de hacer que cada una naciera pulida, sin mancha de duda.
Entonces, con un leve suspiro —apenas audible—, juntó las manos, se inclinó ante el altar y comenzó a hablar con voz clara, serena, pero cargada de emoción contenida.
Ante los ojos de los kami y de los venerables ancestros del Clan del Gorrión, ante el espíritu dolido de Suzume Haruto-sama, que clama por justicia desde la neblina del más allá, yo, Doji Hayato, hijo del Clan de la Grulla, prometo que mi voz, mi acero y mi alma no conocerán descanso hasta que su espíritu lo halle.
Su mirada se alzó un instante hacia la efigie de alabastro de la Dama Doji, cuyos dedos eternos sostenían al Gorrión que alzaba el vuelo.
“No hay honor sin verdad.
No hay paz sin equilibrio.
No hay vuelo si uno solo mueve las alas.”
Guardó silencio, dejando que el eco se apagara, como si el viento mismo escuchara. Luego, con la solemnidad de quien entiende el peso del deber, desenvainó parcialmente su wakizashi, dejando ver un reflejo de acero que captó la luz de las velas.
“Si mis palabras se tornan vacías,
si mi corazón flaquea en la senda del deber,
que esta hoja me recuerde la fragilidad del honor,
y que mi sangre sea ofrenda al alma del difunto.”
Volvió a envainar el arma con un suave clic, e inclinó la cabeza profundamente hasta que su frente rozó el tatami. El silencio que siguió era distinto: más pesado, más puro. El humo del incienso pareció ascender en espiral, como si respondiera al juramento, como si los ancestros aceptaran la promesa del hijo de la Grulla.
El ímpetu del Yoritomo hizo una prolongada pausa, en parte porque había decidido medir sus palabras tras lo sucedido y en parte por respeto a su difunto tío abuelo cuyas cenizas yacían frente a él. Guardó silencio mientras sus primos expresaban sus respetos, sopesando lo ocurrido, buscando en la calma de la mente y en el lejano sonido del mar una paz que ahora le era esquiva.
Takahiro y Noburo expresaron sus respetos con honor a su ancestro, eso relajó la tensión que sentía hacia ambos tras las acusaciones de Haru. Un atisbo de la paz buscada apareció cuando Kitetsu mencionó la relación del daimyo con su hermana, sonrió levemente al escuchar que Azuka le brindaba alegría, lo mismo le sucedía a él cuando estaba con ella. Asintió cuando el hombre santo se comprometió a atender su pedido en nombre de los Yoritomo.
Las palabras de Kitetsu parecían ser una invitación a que los presentes investigasen la muerte de Haruto, aún sin contar con un pedido expreso del Hatamoto. La imagen del daimyo que había visto a espaldas del hombre santo se le hacía inolvidable, reclamando la intervención del Yoritomo. Akira sentía el impulso a hacer lo que consideraba correcto, aún cuando eso excedía el motivo de su visita a esas tierras.
Entonces Haru hace una propuesta, para su sorpresa el dragón responde de modo confuso y el grulla de modo claro. Asintió con el semblante renovado, no había imaginado que iba a ser un Doji quien actuara con tal devoción a la familia Suzume. Se puso de pie - Takahiro san, las palabras son tan importantes como las acciones, un juramento se hace con palabras claras y se cumple con acciones contundentes, como bien ha hecho Hayato san - entonces su mirada pasó del Hoshi al Shosuro y luego al Suzume - Espero que todos nosotros imitiemos el ejemplo de nuestro primo Doji -
Se colocó de rodillas frente a la caja laqueada, a un lado del grulla - Suzume Haruto sama, llevo en mi sangre el legado de vuestra familia, y en honor a ello juro que buscaré la verdad junto a quienes compartamos este juramento. En nombre de la familia Yoritomo no descansaré hasta que vuestro espíritu descanse primero - las palabras del mantis eran directas y carentes de poesía, pero fieles y cargadas de convicción.
Mi mirada se pierde en la pintura de oji-sama rasgada.
- Esto está dejando de ser divertido -digo, colocando la pintura en la posición anterior, sin intentar siquiera ocultar el agujero que el lienzo presenta-. Agradezco el esfuerzo de pronunciar sus votos, de veras, tanto como se puede celebrar el nacimiento de un bebé muerto.
La voz ahora toma un tono grave, impostado, potente, que retumba en el oído sin necesidad de chillar.
- El juramento que requiero de ustedes está ya formulado, no requiere ni de personalizaciones ni de poesía. Como el haiku, su belleza reside en su simplicidad. Comunicar al resto lo que se averigüe, implique a quien implique.
- Primo Doji, me reservaré el chiste de lo que implica sobre su vida anterior que jure por su honor que a partir de ahora va a ser honorable, y que, si no, se suicidará. Me es ajena la naturaleza de la honorabilidad, pero entiendo que si usted descubriese que alguien de la casa Doji hubiese organizado un complot para acabar con la vida de Haruto sama, usted se suicidaría para evitar la vergüenza de su casa y nosotros no habríamos avanzado nada en la investigación. No me preocupa su honor, sinceramente. Yo lo que quiero es que comprometa su alma inmortal en comunicar al resto sus descubrimientos, independientemente de a quién pueda implicar con ello. El resto me da igual, no es sino vestir con sedas a los cerdos.
- Y lo mismo le digo, primo Yoritomo. Está muy bien buscar la verdad, pero la necesidad primaria para romper este círculo de sospechas e intrigas es que la compartamos abiertamente, sin ocultar nada. Y a eso, inocente o arteramente, no se ha comprometido.
- La fórmula es muy sencilla, juro por mi alma inmortal que comunicaré al resto la verdad y toda la verdad en lo referente al asesinato del difunto daymio. Como parecen tener problemas para recordarla. ¿Quieren que yo, o tal vez sea mejor que sea el primo Hoshi, que como está más cerca de la iluminación podrá darle un tono más elevado, pronuncie el juramento y todos lo repitamos después?
La solemnidad del momento se perdió tras el discurso del escorpión, que volvía a insistir no sólo en un juramento, sino en palabras muy puntuales que parecían representar algo important sólo para él. Le molestó que no respetase el momento, pero sus palabras le habían hecho entrar en razón antes, era justo devolverle el gesto - Ahora comprendo Shosuro san, lo que ocurre una y otra vez es que le es ajena la naturaleza de la honorabilidad, lo entiendo porque de pequeño me pasaba lo mismo - dice sin moverse de su posición frente a las cenizas del difunto.
- Ser honorable es hacer un juramento frente a un ancestro, como Doji san y yo hicimos. No serlo, es atreverse a juzgar de chiste el juramento de otro samurai. Espero este sencillo ejemplo le permita discernir una cosa de la otra en adelante - asiente levemente con la cabeza, forzándose a mantener la paz que había alcanzado hacía apenas instantes tras mucho esfuerzo.
- Mi juramento no requiere ningún cambio, lo he hecho a Suzume Haruto sama, no a vos. Y he puesto el nombre de mi familia en ello. Si aún así lo considera insuficiente es ciertamente un tema que no me perturba - trata de centrar su mente en el difunto y en su promesa, evitando dejarse llevar por cualquier provocación del escorpión.
- Hayato san, dado que ambos hemos hecho un juramento similar ¿Estaría dispuesto a investigar junto a mi la muerte de nuestro tío abuelo? Juntos nos acercaremos más a la verdad que por separado - pregunta en un tono cálido al doji.
El joven Gorrión había despedido a Kitetsu con una profunda reverencia, y tras ello, había vuelto a su serena meditación. Con los ojos cerrados y todavía arrodillado en aquella posición de sumisa contemplación, Noburo permaneció algún tiempo intentando enfocar su mente en la despedida al daimyo fallecido.
Primero, se dedicó a rebuscar de entre los rincones más lejanos de su memoria algún recuerdo del anciano, de las épocas anteriores a su partida a tierras Grulla, cuando todavía era un niño que corría por los jardines del palacio Suzume. El esfuerzo le demandó mucho más de lo esperado. Pues había pasado mucho tiempo de aquello, y en el interín, otras experiencias todavía más fuertes había marcado su alma. Sin embargo, cuando por fin pudo encontrar una hebra del pasado -apenas una tontería, una reprimenda que Haruto le había dedicado por treparse a unos manzanos de su jardincillo personal- el resto irrumpió como una cascada tras las épocas de deshielo.
Poco a poco, otros recuerdos de sus días pasados volvieron a su mente. Algunos, que tenían como protagonista al viejo daimyo, por supuesto. Casi siempre regañando a otros niños o incluso a él mismo, o simplemente observando todo desde la distancia, con el gesto ceñudo y la mirada profunda. Pero junto a ellos, también vinieron a la mente del joven Gorrión otros pensamientos que creía casi olvidados. Momentos con amigos de la infancia, que no veía desde hacía años. Incluso con su madre y con su padre...
Absolutamente abrumado por los recuerdos, Noburo era completamente ajeno a la discusión que se desarrollaba a su alrededor. Sin embargo, como una molestia persistente, como el zumbido de una abeja o el picor en la nariz, las palabras de los extraños insistían en romper el contemplativo silencio, pugnando por irrumpir en su mente.
En cierto momento, el hechizo sencillamente se disipó. Y Noburo volvió a encontrarse en la habitación de los ancestros, rodeado de jóvenes que discutían sobre el Honor y los juramentos. Las molestas interrupciones lo habían puesto de muy mal humor. Pero al escuchar el tono de la conversación, no pudo evitar que una sugestiva sonrisa empezara a dibujarse en su rostro.
Bien sabía él lo tortuoso que podía ser a veces el camino del Honor...
Y además, parecía que la máscara del Escorpión empezaba a caerse. Quizás el resto pudiera por fin descubrir lo que ocultaba.
- Si me disculpáis... - comentó por fin el Gorrión mientras se ponía de pie para acercarse al resto – … yo prescindiré de los juramentos apresurados. Pero confío en que cada uno de los presentes hará cuanto esté en su mano para brindarle al difunto Haruto-sama la paz que se merece.
- Somos samurai. No necesitamos de complejas recitaciones para hablar con la verdad. Ni tampoco para cumplir con nuestro deber.
Por supuesto, el joven Gorrión también sabía que, en ocasiones, los juramentos y el Honor solían ir por caminos separados. Lo había aprendido de la manera más amarga. Sin embargo, no tenía sentido arruinar el momento con aburridas disquisiciones filosóficas... ni con experiencias de su propio pasado reciente.
- De todos modos, no ignoro el destino que compartimos. Pues ha sido quizás la última voluntad del difunto señor reunirnos en esta tarea. Os pondré en conocimiento de todo cuanto consiga averiguar. A menos que mis superiores lo entiendan inconveniente, por supuesto.
- En ese caso... imploraré a los Kami para que iluminen mi camino...
Doji Hayato no respondió de inmediato. Primero dejó que el silencio reposara, como polvo de nieve sobre una rama.
Descendió ligeramente la mirada, un gesto medido, impecable, cargado de educación. Su mano derecha rozó el tatami con la elegancia de un pincel trazando un kanji, antes de volver a incorporarse con la postura perfecta de un cortesano de la Grulla.
Solo entonces habló, con una voz tan suave como una seda bien tejida, pero firme como el acero oculto bajo el obi:
—Yoritomo Akira-san…Vuestras palabras honran no solo al difunto Suzume Haruto-sama,sino al espíritu del deber que une a los clanes del Imperio.
Alzó los ojos, encontrando los del mantis, sin perder nunca la compostura.
—Si caminar juntos permite que la verdad sea hallada antes, entonces consideraré un privilegio y un honoracompañaros en esta senda.
Vuestras acciones han mostrado rectitud; vuestro voto, sinceridad.
No necesito más para ofrecer mi mano a la causa que ambos hemos jurado servir.
Inclinó la cabeza con una reverencia precisa, hermosa, irrefutablemente cortesana:
—Acepto vuestra propuesta, Akira-san. Juntos honraremos la memoria del ancestro, y juntos disiparemos las sombras que vuelan sobre esta tragedia.
Un leve apagado brillo azul de su kimono pareció moverse con él mientras añadía, ahora con una poesía delicada, casi un susurro:
“Cuando dos alas baten al unísono,
ni el viento más frío
puede desviar su vuelo.”