Will se aclaró la garganta y, con voz rica y profunda comenzó una historia de unos espíritus guerreros. Las palabras fluyeron con precisión, como si se las supiera de memoria, aunque sin perder por eso ni el sentimiento ni un cierto ritmo sutil, como el de una poesía recitada por su propio autor.
Los Siloux -tribu india de esa reserva- han sido pocos desde el principio. No hemos llegado a desaparecer a pesar de lo escaso de nuestro número porque se dice que corre por nuestras venas la magia de los espíritus guerreros...
Explicó que esos espíritus eran de los guerreros, que para defender la tribu, habían conseguido dejar sus cuerpos para utilizar a la naturaleza y a los animales, que podían verlos a su favor. Así fue como vencieron a una tribu enemiga, volviendo a sus fuertes perros contra ellos.
Abel te iba haciendo aclaraciones cuando Will hacía una pausa bastante larga.
Existe una leyenda que dice que los siloux descendemos de los lobos, y que ellos siguen siendo nuestros hermanos. La ley de la tribu prohíbe matarlos. Te dice sin perder de vista a su abuelo.
Will prosigue explicando, que hubo un jefe de la tribu que fue engañado por uno de sus guerreros, que usurpó su cuerpo y dejó el espíritu del jefe vagando por los bosques. Finalmente y después de muchos años, el espíritu de este jefe pidió a un majestuoso lobo en su especie que compartiera cuerpo con él, y el animal accedió de buenas maneras. Así fue como con un cuerpo, el jefe se dirigió a desenmascarar al falso jefe, y el espíritu sintió tanta rabia y tanto amor por su gente, sentimientos humanos, que el cuerpo del lobo no pudo soportarlo, y se transformó en un hombre. El falso jefe se vió desenmascarado y el verdadero jefe, ahora medio lobo, volvió a governar. Éste jefe governó durante muchos años, ya que no envejecía, y cuando alguna amenaza acechaba a su pueblo, volvía a convertirse en lobo para defender a su gente. También tuvo descendientes que al llegar a la edad adulta se convertían en lobos, todos diferentes, pues reflejaban al hombre que llevaban dentro. Ésa era la leyenda del origen de los siloux, descendientes de ese gran jefe.
Toda la reserva dio un aplauso, no eufórico, si no con respeto.
Abel se emocionó mucho, y aplaudió con muchas ganas.
Te sonrió, y esperó tu reacción.
Alice abre la boca todo lo que puede, sorprendida por la historia. Sus ojos no pueden despegarse de Will durante un buen rato, mientras las palabras del anciano van pasando por su mente, dibujando la historia.
No reacciona hasta después de unos segundos, y es en ese momento en el que empieza a aplaudir igual de euforica que Abel. Si hubiera sabido silbar, lo habría hecho.
¡Vaaaaaaaaaaaaya! ¡Es alucinante!
Exclama mientras sigue aplaudiendo sin parar, mirando a Abel de reojo de vez en cuando... con más curiosidad de la habitual. Si se fijaba bien, quizá descubriría una cola de lobo... o orejas camufladas entre el pelo... o... ¡Colmillos afilados! Sería la caña...
Por un momento, la pena la aborda. Se había sentido parte de la família de la reserva, pero en realidad, ella no tenía un pasado tan emocionante. De hecho, no tenía ni una historia fuera de lo normal. Pero es esa misma pena la que hace que sonría de una forma no tan abierta como siempre... es una sonrisa más tranquila. Como si se alegrara realmente de que su mejor amigo sí pudiera tener algo así.
Abel junta las cejas y alterna la mirada entre la tuya y su cuerpo.
¡Que son solo leyendas! Te dice mientras ríe.
Pero...¿sabes? Hay otra leyenda relacionada con la nuestra. Te dice intrigándote ya que se acerca a ti, como si fuera un secreto. No te deja demasiado en intriga. Es la leyenda de los fríos, seres cuyas historias son tan antiguas como la de los lobos, y algunas son mucho más recientes. De acuerdo con la leyenda, mi propio tatarabuelo conoció a algunos de ellos. Fue él quien selló el trato que los mantiene alejados de nuestras tierras. Mi tatarabuelo era el jefe de la tribu, como mi abuelo y mi padre -esboza una triste sonrisa-. Ya sabes, los fríos son enemigos naturales de los lobos, bueno, no de los lobos en realidad, sino de los lobos que se convierten en hombres, como nuestros ancestros. Creo que los mayores los llaman lic...licantropedos.. o algo así. Así que los fríos han sido enemigos nuestros, pero una pareja que llegó a nuestro territorio en la época de mi tatarabuelo era diferente. No cazaban como lo hacían los demás y no debían ser un peligro para la tribu, por lo que mi antepasado llegó a un acuerdo con ellos: no los delataríamos a los rostros pálidos si prometían mantenerse lejos de nuestras tierras. Así que sea cierta o no la leyenda, aquí estamos a salvo.
Luego finaliza con una sonrisa, parecía haberse aprendido la historia también de memoria.
Alice enseguida se pone a la defensiva.
¡Eh, eh, eh! Hay muchas leyendas que son verdad... ¿O ahora me dirás que el monstruo del lago Ness no existe?
Pregunta mirando desafiante a Abel, retándolo a que negara esa evidencia. Alice había visto muchas fotos del monstruo... y si ella lo veía, es que era real.
Luego escucha atentamente su explicación de la otra leyenda.
Licantrópedos... Murmura asintiendo con la cabeza. Al terminar su historia, una pregunta evidente acude a la mente de la pequeña.
¿Y porqué los licantrópedos y los frios son enemigos naturales? Seguro que ni ellos mismos recuerdan el motivo... muchas veces pasa. Las personas se enfadan y luego no saben porqué, pero siguen enfadadas...
Murmura, hablando como una anciana con toda la experiencia del mundo mundial.
Abel se encoge de hombros, pero medita.
Yo diría que es, porque los fríos matan a humanos sin piedad y sin que lo necesiten, y los licántropedos, como son muy defensores de la naturaleza no les hace mucha gracia. Además, los licantrópedos siguen siendo mitad humanos, en cambio los fríos no. Dice suponiendo su respuesta.
Alice asiente.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaam... Entonces estos "fríos" que hicieron el pacto con tu tatarabuelo seguro que eran especiales. Seguro que no mataban personas y que eran buenos.
Sonríe de oreja a oreja, contenta de saber que las normas siempre podían tener excepciones.
Lo siento, no se me ocurre nada más XDDDDDDDDDD
Abel se encoge de hombros y te dice: quizá sí... No parecían gustarle mucho estos fríos.
Se hace tarde y Will os dice que ya es hora de ir a casa. Os subís los tres a la furgoneta del abuelo de Abel, y en poco tiempo llegáis al barrio.
Bajáis del coche, pero enseguida Will se pone inquieto, y se pone delante de vosotros mirando hacia arriba, a la ventana. De repente, de ésta, sale un objeto que la rompe, haciendo caer pedazos de cristal al suelo. El señor Riley os cubre, impidiendo que os hagáis daño.
¡Abel! ¡Llévate a Alice de aquí! Le ordena su abuelo. Y Abel, sin una pizca de miedo y sin dudar, te coge de la mano, en dirección a la salida del "pueblo". Ves como el abuelo de Abel entra en el edificio.
Alice se choca contra Will cuando se para frente a ellos. Confusa, levanta la mirada hacia donde la tiene él y se sobresalta al escuchar el ruido de algo rompiendo la ventana. La sensación que había tenido al salir de casa ahora volvía a ella con más fuerza... y un pánico atroz se apodera de todo su cuerpo.
¿Jei...? ¡¡JASON!! ¡¡¡JASON!!!
Grita una y otra vez mientras nota como sus ojos empiezan a escocer, producto de las lágrimas que se agolpan tras sus ojos. Aunque Abel tira de ella, ella estira el brazo hacia su casa, reacia a irse sin su hermano. Ya había perdido a toda su família... y si había podido superarlo y vivir de forma medianamente feliz había sido gracias a Jason. Con su política de "ser feliz y hacer que los demás lo sean", nunca se había llegado a plantear una situación sin su hermano. Pero el miedo que sentía, junto con la sensación anterior... había hecho que todo el dolor y el pánico que habría sentido una niña normal tras la muerte de sus padres, aflorara ahora como si alguien hubiera abierto la puerta de la jaula.
¡Déjame! ¡Jason está ahí! ¡¡¡JASON!!!
¡No! ¡Es peligroso! Te dice Abel. ¡Mi abuelo ha ido a ver qué ocurre! Dice esta última frase con preocupación y dirigiendo una mirada al piso.
Pero si algo le habían enseñado a Abel, era a obedecer a su abuelo sin rechistar.
Sigue tirando de ti con más fuerza, al parecer Abel se había hecho bastante fuerte y eso de que ayudaba a cortar leña, surtía sus efectos.
Finalmente, consigue sacarte del barrio, y corréis por la carretera. Entre los árboles que hay junto a la carretera, puedes ver como algo se mueve en sentido contrario al que váis, aunque ves una sombra que os sigue y también sus golpeteos de patas. Parece que os siguen, pero no salen de los árboles. Se dedican a ir a vuestro lado. Abel parece demasiado acostumbrado y concentrado en llevarte sana y salva a la reserva.
Después de intentar forcejear sin resultado alguno, Alice entró como en una especie de shock. Mira a su arlededor sin mirar, y ni siquiera se preocupa de esas pisada que parecen seguirlos. Una extraña niebla se apodera de su mente y ni siquiera intenta salir de ella. Apenas es consciente del movimiento de sus piernas al correr, o de la mano de Abel tirando de su brazo. Ni de las lágrimas que corren por sus mejillas, siguiendo el camino seco que han dejado las anteriores.
Su mente está completamente en blanco, y su mirada, perdida. Es como una muñeca sin vida, a excepción de su voz. Sólo pronuncia, entre susurros, una sola palabra. Una y otra vez.
Jason... Jason... Jason...
Ni siquiera ella se da cuenta de que cada palabra acompaña a uno de los latidos de su corazón.
Finalmente llegáis a la reserva, donde todo parece ser un caos. Todos están muy nerviosos, y en el pueblo solo parecen haber mujeres y niños.
Una vecina de Abel se acerca cariñosamente a ti, y te abraza para llevarte a la casa de Abel, donde te pone una manta por encima y te sienta en el sofá enfrente del fuego de la chimenea.
Abel está a tu lado, cogiendote de la mano y mirandote con mucha preocupación. No deja de preguntarle a la mujer que qué te pasaba. La mujer le sonreía y negaba con la cabeza. Se le pasará... Le murmuraba.
No había dolor. Ni miedo. Estar en aquella nube hacía que no sintiera nada. No sabía qué era lo que pasaba fuera... sólo sabía que la esperaba el dolor que siempre había mantenido a raya.
No se está tan mal así.
Pero a pesar de esa paz, algo sigue inquietándola. Algo que viene del exterior. Sabe que hay algo malo fuera... y que debe enfrentarlo. Pero... ¿porqué? ¿No podía simplemente quedarse así? No había dolor... pero tampoco alegría.
Fuera de su mente, su mirada sigue perdida... incluso ha empezado a balancearse hacia delante y hacia atrás, sentada abrazada a sus rodillas. Apenas parpadea.
Abel no aguanta verte así más, y tras mirarte horrorizado cuando te ve balancearte, pega un salto y llega junto a ti, abrazándote con fuerza pero sin hacerte daño.
Ésta no es mi Alice... murmura sin dejarte ir, impidiendo que te balancees. Tampoco eres la Alice de Jason... volvió a decir. Prometí protegerte y eso es lo que voy a hacer... pensó para si.
Un sólo parpadeo devuelve a Alice a la realidad. Abel tenía razón. Jason siempre había luchado por ella y por su bienestar. Cuando podía haber tenido una vida más fácil, se esforzó por complicarsela sólo por estar con ella. Y ahora, ella tenía que hacer lo mismo. Huir del dolor no era la solución.
Abel...
Murmura, saliendo por fin del estado de shock y abrazando fuertemente a su amigo. Enseguida empieza a llorar en su hombro, dejando salir todas las lágrimas que no se habían atrevido a asomar a sus ojos hasta ahora.
Jason... ¿qué le ha... qué le ha pasado...?
Consigue murmurar entre sollozo y sollozo, pringando la ropa de su amigo de lágrimas y mocos pero sin preocuparse por ello.
Notas como Abel suspira aliviado. Se alegraba de que hubieses salido del shock.
No lo sé, Alice.. te dice con tristeza abrazándote más fuerte y dejándote llorar. Pero no te preocupes, no estás sola. Te cuidaré. Te promete muy serio.
Poco después llega el abuelo de Abel, con la ropa rota y alguna que otra herida. Os dicen que ha sido un ladrón, y en cuanto le preguntas por tu hermano, simplemente pone una cara triste y niega con la cabeza.
Abel sigue abrazándote y deja que llores todo lo que quieras. A partir de ahora, la família Riley y la reserva serían tu nueva família y hogar.
¡Fin del prólogo! En cuanto terminen los demás, empezamos!