Partida Rol por web

[Sombras de Esteren] Loch Varn

Epílogo

Cargando editor
27/09/2017, 11:18
Narrador

El regreso a Varn es lento y pesado. La lluvia dificulta vuestro avance y, a pesar de ir acompañados por dos varigals, ninguno tiene la presencia de ánimo como para buscar una ruta más fácil para el grupo. Camináis desanimados, en silencio, a través del pantano en dirección al lago.

Al fin veis la pequeña empalizada que rodea la aldea de Varn y, por tercera vez, os dirigís hacia allí. ¿Tercera? Un fugaz recuerdo de volver a la aldea después de un enfrentamiento en las ruinas de la fábrica magientífica se pasa por vuestras cabezas, pero no sois capaces de centrar las ideas y no tenéis muy claro si es un recuerdo real o una alucinación más. Es probable que nunca lo sepáis.

Kavan os ve acercaros y da una voz, de forma que cuando entráis en la aldea está presente la mayor parte de sus habitantes. Seymour y Liadan se acercan con el guerrero hasta el grupo y fruncen el ceño al ver a su dermothén maniatado y cabizbajo en el centro del grupo. Su mirada interrogativa deja muy claro que quieren una explicación, lo que os vuelve a poner en una disyuntiva. ¿Qué vais a decirles?

Cargando editor
28/09/2017, 12:36
Ean

Todo el grupo caminaba en silencio, cabizbajo. A nadie le apetecía hablar, cosa normal después de lo sucedido.

Ean se posiciono al lado de su amiga Arven y marcho sumido en sus pensamientos. Volando su imaginación entre gusanos gigantes, plantas mutadas...y muerte. Aquella misión había sido diferente al resto. El arquero tenía claro que a todos, en mayor o menor medida, les iban a cambiar los acontecimientos de estos últimos días. Ninguno de ellos volvería a ser el mismo.

Cuando llegaron a la aldea, el grupo se vio rodeado por la mayoría de los aldeanos, ávidos de respuestas. Ean, y seguramente todo el grupo, tenía claro que él no era el más adecuado para hablar, si no quería enfadarlos más. Así que por una vez, se dejo de bravuconadas y esperó a que fuera alguno de sus compañeros el que explicara los sucesos.

El arquero no tenía claro cuantas veces había pisado el pueblo, pero algo sabia seguro, empezaba a odiar aquella aldea, quería largarse de allí cuando antes.

Cargando editor
28/09/2017, 18:32
Mòr

Permanezco en silencio a lo largo de todo el lluvioso camino de vuelta. De vez en cuando levanto la cara hacia las oscuras nubes, permitiendo que el agua me lave. Es como si las gotas pudiesen llevarse todos los pensamientos que ahora me atormentan, arrastrándolos y dejándome solo conmigo mismo, en un estado entumido, relajado. Las explicaciones que deberemos dar cuando lleguemos a Varn no serán fáciles, de modo que necesito este mínimo trance para apartarme de mis preocupaciones y temores, para poder dar el informe con la mayor calma posible.

Mis miedos vuelven a la superficie en cuanto llegamos al pueblo. Las miradas de los aldeanos se clavan en nosotros, y un rumor de murmuraciones nos envuelve a medida que avanzamos por el lodo en que la lluvia ha convertido la calle principal. Intento mantener los ojos alejados de la muchedumbre, tratando de organizar un discurso mínimamente coherente en mi cabeza. Cuando levanto la vista y veo al ansailéir y a la dàmàthair, mirándonos con ojos comprensiblemente confusos, sé que ha llegado el momento. Miro a mis compañeros, con el temor en el rostro. Bien sé lo poco que me gusta hablar en estas circunstancias, pero viendo que soy lo más parecido a un demorthèn que hay ahora mismo en Varn, es mi deber dar las oportunas explicaciones. Carraspeo, dando un tímido paso al frente.

Seño… —La imperiosa necesidad de tragar saliva me interrumpe notoriamente. Cierro los ojos y respiro unas cuantas veces para tranquilizarme, casi sintiendo el aire de expectación que crece a mi alrededor—. Señores. Las noticias que hemos de daros hoy son agridulces, y puede que difíciles de comprender, así que os ruego que prestéis atención. Empezaré desde el principio. —Hago una breve pausa, buscando nuevamente el apoyo de mis compañeros con la mirada—. Durante nuestra estancia en las ruinas daedemorthys, la maldición que ya habíamos experimentado nos asaltó otra vez, obligándonos a luchar entre nosotros. Hubo… una baja. —Miro a Liam con pesar, y apoyo una mano en su hombro—. Pero por fortuna, pudimos poner fin a aquella locura antes de que todo terminase en una carnicería. Fue entonces cuando descubrimos las anotaciones de un tal Verzal, uno de los daedemorthys que investigaron las causas de aquella… maldición hace ya mucho tiempo. Está todo aquí. —Avanzo unos cuantos pasos para tender a Seymour los documentos que hemos encontrado—. Parece ser que las manifestaciones antinaturales que se estaban dando no se debían a la voluntad de Gluta, como habíais creído hasta hoy… Sino al estancamiento de lo que ellos llaman «flujo fósil» en varios depósitos de la zona, cerca del santuario dedicado a Gluta. Así que allí nos dirigimos, para averiguar más…

Con una inclinación de cabeza, retrocedo nuevamente hasta ocupar mi posición inicial, entre mis compañeros. Esto me hace sentirme más arropado, dándome más fuerza para afrontar la siguiente parte de mi informe. Tomo aire.

Nada podría habernos preparado para lo que ocurrió en el santuario. Una vez allí, nos encontramos con nuestro compañero —señalo a Jearon—, que estaba discutiendo acaloradamente con vuestro demorthèn, Deorn. Pero había algo extraño: el cuerpo de Jearon había sido poseído por el mismísimo espíritu de Verzal, el daedemorthys, e increpaba a Deorn por sus crímenes del pasado. —Dedico a Deorn una mirada furiosa de absoluto desprecio—. Fue entonces cuando descubrimos que, para ocultar la verdad registrada en los documentos que os acabo de entregar, Deorn asesinó al equipo de daedemorthys que investigaban los incidentes de la zona, incluido el propio Verzal, hace cincuenta años. ¿Por qué hacerlo? Si Deorn hubiese estado en lo cierto y aquello hubiese sido cosa de la voluntad de Gluta, habría dado igual que liberasen el flujo estancado, ¿no? Pero el orgullo irracional por tener la razón lo condujo a cometer el más atroz de los crímenes. Y no solo eso… —Aprieto los dientes—. Cuando quisimos esclarecer la situación pacíficamente, Deorn invocó los poderes de la naturaleza para enviar contra nosotros a unos seres corrompidos por el flujo. ¡Utilizó su poder como demorthèn para imponer su verdad retorcida y matarnos a nosotros, que solo queríamos ayudar! ¡Di que es mentira, morcail! —le espeto, incapaz de contener mi furia y mi decepción durante más tiempo—. Al asesinar a Verzal, los experimentos que este estaba realizando en su laboratorio para sanar la tierra se echaron a perder, corrompiendo la naturaleza y causando toda clase de perturbaciones. Y en lugar de admitir su error, Deorn ha callado durante cincuenta años, permitiendo que todo vaya a peor. —Levanto la vista, sintiendo una extraña euforia—. Los cadáveres de Verzal y sus hombres están enterrados en el bosque, cerca de la fábrica. Y exigen justicia.

Cargando editor
28/09/2017, 23:24
Urvan

Camino junto a Liam durante el regreso a la aldea de Varn, aunque no me decido a decir nada. Las palabras son torpes cuando se trata de apaciguar el dolor del alma que trae la pérdida, y la pérdida que ha sufrido Liam es mucho mayor que la de cualquiera de nosotros. No obstante, tengo la esperanza de que mi presencia lo reconforte, que le haga sentir que no está solo. Me pregunto si acaso la lluvia no serán las lágrimas de un cielo que llora por nosotros. No lo sé.

Los habitantes de Varn nos reciben con un silencio mil veces más desasosegante que la peor de las acusaciones, y sus miradas gritan de incomprensión con voz muda cuando descubren que hemos hecho prisionero a Deorn. Los líderes de la aldea, por su parte, tampoco parecen entender la situación. No es de extrañar: yo mismo me sentiría ofendido si fuese cualquiera de ellos. Al fin y al cabo, un grupo de recién llegados a quienes apenas conocen ha traído maniatado a una figura a la cual respetan con máxima devoción. Reflexiono que, como fiel al Dios Único en una aldea de paganos, lo más juicioso será no abrir la boca por el momento.

Afortunadamente, Mòr se explica ante el ansailéir y la dàmàthair, y creo que su exposición es bastante clara. Espero que también sea convincente.

Doy un paso al frente, poniéndome al lado del gigante, y asiento en señal de acuerdo.

—Escuchad a mi amigo —digo finalmente—. Todo cuanto ha dicho es cierto. Y lo digo sabiendo que habéis sido testigos del duro trato que este hombre nos dispensó en el pasado. Por tanto, no os culparía si pensaseis que le deseamos algún mal. Pero si esos fueran nuestros motivos, ¿qué estúpida razón nos llevaría a apresar a Deorn y traerlo ante vosotros, arriesgándonos a no ser creídos, cuando habríamos podido asegurarnos de que no volviese jamás a esta aldea? Creednos, no somos esa clase de gente. Todo lo que buscamos es hacer justicia, y que todo esto termine del mejor modo posible para todos.

- Tiradas (2)

Motivo: Relaciones

Tirada: 1d10

Resultado: 1(+9)=10

Motivo: Relaciones

Tirada: 1d10

Resultado: 6(+9)=15

Notas de juego

He gastado un punto de Supervivencia para repetir mi triste tirada de uno. Estamos acabando la partida y es una escena crucial, así que no podía pifiarla así.

Cargando editor
30/09/2017, 11:52
Liam

Liam trató de sonreír a Urvan por preocuparse por él pero no fue capaz, le dolía el recordar siquiera lo que suponía sonreír. Sonreír le recordaba el tiempo antes de su doble crimen, y por lo tanto a este. Y Liam no estaba seguro de ser capaz de soportar el volver a pensar en eso. No hoy, quizás nunca. Así que el joven se limitó a asentir agradecido a Urvan y a proseguir el camino hacia una aldea que pronto abandonaría para no volver.

Liam había decidido que acabar con su vida solo sería cometer otro crimen. Que si quería compensar, aunque solo fuese en parte, la vida arrebatada debía descubrir que clase de vida tenía su hermano y tratar de compensar su perdida. Pasara lo que pasase la vida de Liam, sus sueños, sus esperanzas habían muerto, pero quizás pudiese salvar algo de las de su hermano. No era suficiente, ni lo sería nunca, pero era todo lo que podía hacer.

Así que el joven no tuvo problema en dejar el peso del discurso a Mòr. A él poco le importaba ya como concluyese esto o lo que le ocurriese a Deorn. La justicia no devolvía vidas.

Cargando editor
07/10/2017, 13:38
Yldiane

EL camino de vuelta es cansado y silencioso. Nadie tiene muchas ganas de hablar y yo no soy una excepción. Veo a Liam, delante de mí, amparado por Urvan, y no puedo menos que sentir lástima por él. La herida que tiene en su alma va a convertirse en una cicatriz difícil de sanar… si no, imposible.

Me muevo, paso a paso, en silencio, por los estrechos senderos, sujetando del brazo a un todavía confuso Jearon, sin mucho interés en encontrar la senda más rápida hasta la aldea. Quizás, en mi subconsciente, no quiero realmente llegar a la aldea, no así, no aún, por eso no pongo demasiado interés en conseguirlo.

Sin embargo, no va a ser tan fácil y, finalmente, llegamos allí. Durante el camino he echado un par de miradas a Mòr, dispuesta a preguntarle qué cree que es lo mejor para decirles, sin embargo, las palabras se han detenido en ambos casos justo en la punta de mi lengua, al encontrarme con su mirada perdida en la lluvia y su expresión serena, tratando de buscar un remanso de paz en toda aquella vorágine. Debe de estar siendo muy difícil para él” me he dicho, y he seguido adelante.

Pero ahora ya estamos aquí, en el pueblo, con todas las miradas clavadas en nosotros, los ojos interrogantes, las expresiones de todos pidiendo… no, exigiendo una explicación.

Todos mis compañeros callan, todos esperan que sea Mòr quien hable, lo sé. Yo también. Y, sin embargo, también entiendo lo duro que debe de estar siendo para él, así que cuando Liadan y Seymour se plantan enfrente, demandando una explicación, le pongo una mano en el hombro, animándolo. Sé que ha estado rumiando todo el tiempo qué decir y, a pesar de lo poco que lo conozco, sé que lo que él haya decidido decir será lo correcto. Veo su expresión de duda y su nerviosismo cuando comienza a relatar lo sucedido y lo único que soy capaz de hacer es apretar su hombro con más fuerza, confiando en que ese mero gesto pueda darle el apoyo para seguir adelante.

Y entonces, Mòr comienza a hablar, educado, comedido. Se detiene antes de entrar en el meollo y nos busca a los demás con la mirada. Mis ojos salen a su encuentro y se clavan en los suyos, asiento con la cabeza, dándole ánimos para continuar. Si necesita apoyo, si le falta algo o no puede seguir, seguiré yo si es necesario, con saber eso creo que le bastará para sentirse rodeado y poder continuar.

Pero no es necesario, ya que finalmente logra dar comienzo a la historia y continúa adelante. Cuando da un paso hacia atrás, se coloca de nuevo entre nosotros y siento que la confianza, poco a poco, vuelve a él, así que no quito en ningún momento la mano de su hombro, demostrándole que seguimos allí. La historia continúa y siento cómo los músculos del cuerpo del hombretón se tensan cada vez más a medida que va relatando la historia, hasta que, de pronto, grita.

Creo que es la primera vez desde que lo conozco que lo he visto así. Mis dedos aprietan su hombro con fuerza.

Mòr—murmuro, simplemente un recordatorio de que estamos ahí con él y que debe terminar la historia.

Y así lo hace, la termina; Urvan la secunda después. Yo también asiento con la cabeza, manteniéndome a su lado, sujetando con el otro brazo a Jearon y mirando alternativamente al ansailéir y a la dàmàthair, esperando que nos crean. No hay mucho más que decir, ni mucho más que hacer. Si no nos creen ahora, no sé qué podría suceder.

Cuando ambos hombres, tan diferentes en sus creencias, en sus vidas y, sin embargo, en este momento tan parecidos, cesan sus palabras, se hace el silencio, mientras esperamos un veredicto, una respuesta, algo. Un silencio sepulcral, inmutable… un silencio que se me hace eterno. 

Cargando editor
09/10/2017, 11:09
Narrador

Cuando Mòr empieza con su explicacion la gente se mira desconcertada. Eso hace que el ionnthén titubee un poco más, al darse cuenta de que los habitantes de Varn de alguna forma ya conocen lo ocurrido en las ruinas. Después de todo, aunque él no lo recordase, la noche anterior ya habían estado allí describiéndoles las muertes de los espías de Reizh y los papeles que encontraron en la fábrica.

Con un esfuerzo de voluntad, el ionnthèn continúa con su explicación, y cuando desvela la mentira sobre el culto de Gluta los murmullos se convierten rápidamente en voces indignadas. El demorthén retira la mirada, incapaz de seguir mintiendo a su propio pueblo una vez los hechos han sido revelados.

El volumen de los gritos aumenta y sólo los más cercanos al grupo escuchan la acusación de asesinato de los magientíficos. Los rostros de Kavan, Liadan y Seymour se contraen, pues entienden bien la implicación política de que el demorthén actuase de motu propio en un tema semejante, por no decir nada de la implicación moral del asesinato en masa. Sin embargo, para muchos de los habitantes de Varn las acciones perpetradas mientras estaban en guerra no pesan tanto como la mentira a las que les ha tenido sometidos durante todos estos años.

Cargando editor
09/10/2017, 15:12
Jaber

Kavan se acerca al grupo, acompañado por un hombre algo mayor que Urvan, pero vestido igualmente con los emblemas del Templo. Al contrario que el joven Gwendrita, no lleva cota de mallas ni armas, sino una sencilla túnica que le identifica como uno de los vectores del templo, misioneros que poco tienen que ver con la orden de los Filos.

- ¡Ah, hermano! - saluda a Urvan poniéndole la mano en el hombro con cariño. - Yo mismo les he contado la historia del sacerdote de la Capilla de Santa Nyline, pero esta región sufrió durante la guerra y sus gentes parecen bastante dispuestos a perdonar los crímenes realizados contra un enemigo a quien culpan de su sufrimiento.

Urvan parpadea un par de veces. No esperaba encontrar aquí a Jaber, un vector de su congregación en Gwindre. Además, la historia del sacerdote de la Capilla la encontraron en unos libros, ¿no es así? Confuso, mira a su alrededor y ve el rostro extrañado de sus compañeros. Salvo Ean. El arquero mira con calma a Jaber y le saluda con una ligera inclinación de cabeza.

- Pero la fe de esta gente es fuerte - dice, mirando a Mòr con cierta aprobación - y creo que asumirán bastante peor las mentiras sobre su culto. Sin embargo, debemos trabajar con ellos para conseguir que esos hombres asesinados reciban justa sepultura.

Cargando editor
09/10/2017, 15:22
Seymour

- Y lo harán - sentencia la voz del ansailéir de la aldea acercándose al vector. - Tal vez nuestra gente vea demasiado lejos los sucesos de la Guerra como para poder perdonar los actos del demothén, pero no dejarán pasar sus mentiras. Eso será suficiente como pare que podamos hacer justicia - dice inclinando la cabeza con deferencia en dirección a Urvan, sin olvidar sus palabras.

Se vuelve hacia el líder de los guerreros de la aldea. - Kavan, haz que tus hombres se lleven al dem... a Deorn - dice obviando el título formal del demorthén. - Mañana mismo será juzgado por todos sus crímenes.

Cargando editor
09/10/2017, 15:49
Kavan

El guerrero asiente y os mira un momento.

- Prepararé también a mis hombres para desenterrar los cuerpos de los magientíficos asesinados - dice mirando a Deorn, como desafiándole a corregir el término por daedemothys, tal y como es habitual. - Como dicen nuestros invitados - añade refiriéndose a Urvan y Jaber - esos hombres deben recibir sepultura decente. - Observa un momento a Liam con un gesto de lástima. - También los hombres de Reizh deben ser retirados, y su hermano debe ser preparado para un cortejo fúnebre hasta Melwan.

Se vuelve hacia Arven y Ean, pues son los dos soldados enviados por el señor de la zona.

- Entiendo que ese ciempiés gigante sigue por esta región - comenta, pasando a temas más prácticos para él. - Al menos a nosotros no nos cogerá desprevenidos como a los hombres de la Atalaya. Sin embargo, será necesario que el clan MacLyr envíe hombres para dotar de nuevo esa fortaleza. Supongo que la carta del capitán Torr y el relato de lo sucedido será suficiente para que Sir Aessan nos envíe refuerzos - comenta mientras hace un gesto a dos de sus hombres para que se lleven a Deorn.

El demorthén atraviesa con su escolta el tumulto de gente que le insulta y escupe sin piedad. Sin embargo, los soldados evitan que los habitantes de Varn le linchen en el momento.

Cargando editor
09/10/2017, 16:30
Liadan

Liadan niega con la cabeza al mirar a su gente y su rostro no esconde cierta desaprobación. A pesar de todo, Deorn sigue siendo un demorthén, por mucho que sea un asesino y un traidor a sus propias creencias.

- Como decía Jaber, la fe de esta gente es fuerte y se ha visto traicionada - dice observando a Mòr. - Si pudieras hablar con Wailen, seguro que ella puede enviarnos a alguien para continuar con la guía espiritual de esta aldea - dice. La mirada de la damáthair, que no oculta una invitación implícita, le plantea un nuevo dilema al enorme hombretón. ¿Sería él capaz de asumir esa responsabilidad? Aún no ha terminado sus estudios, pero... Durante un momento se pierde en sus tranquilos recuerdos, tocando el laúd mientras observa a los caballos paciendo en la pradera. La imagen mental se distorsiona cuando piensa en los símbolos grabados en la piedra en honor a Gluta. ¿Sería él capaz de dejar de lado esa responsabilidad?

- Pero ahora no es momento para eso... - dice la mujer, tal vez adivinando las dudas en el rostro del ionnthén. - Nos habéis hecho un gran favor viniendo hasta aquí y desvelando el engaño, pero ahora tenéis que descansar y contarnos en detalle todo lo que ha ocurrido. Mañana... Bueno, ya veremos qué nos trae el mañana - dice sonriendo mientras os guía hacia la casa de invitados de la aldea.