- ¡Joder!
Annie agarró a su niña como si jugara a hacerla volar, y la subió al deslizador. Ella misma subió de un salto, y se puso al volante. No pensó en lo que hacía, solo actuó. A los niños les daba miedo la oscuridad, pero su instinto la buscaba. Todo era cuestión de velocidad. Algo a lo que Annie estaba acostumbrada.
Motivo: superar estilo instintivo
Habilidad: Competente (+2) (2)
Dificultad: Mediocre (0) (0)
Tirada: [-1] [0] [1] [1] = +1
Resultado final: Bueno (+3) (3), Éxito
Creo que estoy intentando superar con estilo instintivo. Me pongo al volante del deslizador. He dudado de si era instintivo o ágil. Quiero gastar un punto para invocar el impulso sombras a nuestro favor, y si puedo también gastar otro para invocar mi aspecto "capitana de la ardilla furiosa" argumentando que estoy acostumbrada a pilotar naves.
La nube de partículas se abre detrás de ustedes como una herida gris en la noche. Los faros enemigos desaparecen dentro de esa masa opaca y el rugido de los motores se vuelve eco confuso.
Annie no mira atrás. Solo acelera.
El deslizador responde con vibración contenida, tragándose la distancia mientras la oscuridad y la contramedida de El Gris convierten la persecución en ruido lejano.
Kael sostiene al muchacho con un brazo firme. El hijo del líder ya no grita. Respira a tirones, mezcla de rabia y miedo. No es la primera vez que ve cómo funciona el mundo de su padre… pero nunca lo había vivido desde esta posición.
Kael lo siente temblar.
No dice nada.
La nube empieza a disiparse a lo lejos. Las luces enemigas reaparecen, pero ya no tienen línea visual clara. Ya no tienen trayecto limpio.
—A la izquierda —dice El Gris.
No lo dice fuerte. No lo dice como súplica. No lo dice como sugerencia.
Lo dice como quien corrige una variable.
No hay discusión. Annie gira.
Durante un segundo, Kael percibe algo en ese tono. No es urgencia. No es miedo. Es autoridad fría. Estructural. Como si El Gris no estuviera huyendo de nadie, sino ejecutando una fase prevista.
Kael aparta la mirada.
El muchacho sigue forcejeando débilmente.
La oportunidad llega sola.
Kael reduce apenas la velocidad. Calcula el terreno. Tierra compacta, sin estructuras cortantes. No quiere matarlo. No es eso.
Lo empuja fuera del deslizador con fuerza medida.
El cuerpo rueda por el suelo, golpea, gira, queda inmóvil un instante… y luego se mueve. Magullado. Vivo.
Kael acelera de nuevo.
No mira atrás esta vez.
Siente el peso en el pecho más que en los brazos.
No le gusta cómo se siente haberlo tomado como herramienta.
Pero tampoco iba a dejar que vendieran a una niña.
—Sigue —murmura, más para sí que para Annie.
El conducto industrial aparece al fondo, una abertura oscura entre estructuras metálicas. Sin vigilancia visible. Sin tránsito.
El deslizador se traga la sombra.
Y la persecución queda atrás.
Acá termina la primera escena del primer capítulo. Solo el aspecto de partida “Deuda pendiente con los Sand-Jackals” está activo.