Partida Rol por web

Terrores Nocturnos I

I. Serial Killer

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07/10/2025, 14:50
John Stranger

Jo-der. Se prometió por decimoquinta vez no deberle nunca dinero a Brawme, puede que realmente la única promesa que realmente se veía capaz de cumplir en su vida. Esa bota en su culo prometía un dolor sin límites.

—Quizás por hacer así las cosas es por lo que Arkham City está como está... —apuntilló, suspirando. Seguía siendo John Stranger, después de todo—. Supongo que, si uno va a Roma...

Siguió a su compañera al interior del estudio, por el que parecía que había pasado un huracán. Los cristales crujían bajo las botas, mezclados con el sonido del chapoteo al pisar sobre húmedo. Su olfato lo advirtió antes que la linterna diera con el primer cuerpo: allí se había derramado sangre, la suficiente para que fueran a dar con algún cadáver... pero nada podía haberlo preparado para aquello.

—¿Qué cojones...? 

Un rápido vistazo de alguien con experiencia en balística forense, como él, bastaba para entender cómo aquella chica había acabado reventada como un huevo lanzado desde un tercer piso, pero... ¿Qué cojones? Y aquella luz rojiza de emergencia solo daba un aire aún más demencial y peligroso a toda aquella escena. Siguió avanzando por el estudio, pasando lejos del cuerpo, no tardando en encontrar a quien les había traído allí.

—Joder, está vivo... —musitó, antes de acercarse deprisa hacia él. Fue a arrodillarse a su lado para comprobar si seguía consciente, pero entonces vio el cuchillo ensangrentado su mano—. Mierda, Brawme. Hay que llamar a una ambulancia ya mism...

Calló a media frase. Hacer eso suponía llamar a la poli, claro. Aunque si lo hacían, podían olvidarse por completo de tener unas palabras con Graves. Sabía que no era su hombre, el fukken the Jack, aquello era demasiado chapucero, demasiado conveniente. ¿Un locutor pasado de rosca que se carga a alguien por todo lo grande y queda catatónico murmurando barbaridades? Joder que cabeza de turco acababan de dejar en bandeja para toda la maldita ciudad, ¿Que no?

Mierda. Ese hijoputa seguía por ahí, e iba a tener carta blanca para pasar desapercibido mientras todo el mundo estuviera concentrado en el loco asesino negro de la radio. Qué aquello era Massachusetts, joder. La prensa se lo iba a comer con patatas.

—Algún vecino ha tenido que escuchar algo —advirtió a Lahmia—.  No vamos a tener mucho tiempo para charlar con este cabrón, si es que le queda seso para decir algo más que no sirva como aliciente para que le pidan la pena de muerte extrarápida. 

- Tiradas (2)

Notas de juego

Bueno, solo 1 de Cordura menos, fiu

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07/10/2025, 16:22
Brawme Lahmia

El penetrante olor de la sangre dio la bienvenida a la detective que, tras un par de pasos, se quedó paralizada. Un recuerdo se abrió paso por sus sentidos como una apisonadora directamente desde su pasado. Otra habitación oscura, aquel mismo olor penetrante, rojo sobre blanco. La imagen de su hermana sin vida fue su primer contacto con la muerte y pareció volver con tal intensidad que por un momento se olvidó de respirar. Solo la voz de John consiguió arrastrarla de nuevo a la realidad. 

La adrenalina corría por sus venas a la velocidad de la luz, erizando cada nervio, tensando cada músculo. Tan solo el crujir de sus pisadas y su respiración parecían romper el silencio sepulcral que había caído sobre el apartamento como una losa. A lo largo de los años siempre había imaginado cómo debían sentirse aquellos protagonistas de sus películas favoritas al ser los primeros en enfrentarse al horror. Había intuido el miedo, la indignación, la repulsión, la tristeza, pero jamás había previsto que junto a toda aquella carga emocional podría coexistir otro sentimiento más inesperado: la emoción del descubrimiento, el frenesí de la caza. 

Casi con veneración se aproximó al cadáver y examinó con cuidado la herida que atravesaba su pecho, los profundos cortes de los cristales. Con la curiosidad plasmada en la mirada se aproximó al interior de la cabina e inspeccionó los alrededores a la luz de su linterna. Parecía que la víctima se encontraba allí dentro antes de atravesar el cristal y acabar destripada. ¿Qué demonios había pasado allí? Se supone que Graves estaba retransmitiendo en directo hacia tan solo diez minutos. Aquello no tenía sentido. La voz que pareció haber atravesado las ondas como hielo negro resonó en su cabeza. Pronto. Muy pronto. Un escalofrío le recorrió la espalda mientras John llamaba la atención sobre la necesidad del locutor de atención médica. 

Evitando con agilidad pisar donde no debía, se aproximó a su compañero y se inclinó sobre Ethan, intentando memorizar aquella letanía que repetía como un mantra. Si le hubieran preguntado aquella misma tarde habría afirmado que Ethan Graves tenía muchas papeletas para ser The Jack. Probablemente había montado todo aquel circo radiofónico para lograr notoriedad y oyentes a costa de un psicópata fantasma que convenientemente le había elegido para ensalzar su leyenda. ¿Por qué demonios matar a alguien durante una retransmisión en directo y en su propia emisora? ¿Por qué ahora? The Jack acumulaba ya doce víctimas, sin ninguna conexión entre ellas. Había sido imposible establecer algún tipo de pista que vinculara al asesino con sus crímenes. Crímenes de una brutalidad inusitada. ¿Cómo había acabado Graves agonizando entre convulsiones? Lhamia sospechaba que el cadáver que acababa de examinar tenía alguna relación con el hombre que empuñaba el cuchillo. Aquello recordaba demasiado a lo sucedido con Missy Rupert. Nadie dudaría en condenar al locutor trastornado por aquella muerte. Era un éxito demasiado suculento para la Policía de Arkham City. Una forma fácil de tranquilizar a la población, al menos por un tiempo. 

—La escena del crimen perfecta. Estamos de acuerdo en esto. Se lo van a comer vivo. Ayúdame, John. Tenemos exactamente cinco minutos antes de llamar a Emergencias. 

No debían alterar la escena del crimen, si querían que aquello no les salpicara iban a tener que andarse con pies de plomo, pero debían averiguar todo lo que pudieran antes de que llegara la Caballería. El súbito cese de las convulsiones la pilló desprevenida. Una voz gutural se abrió paso a través de aquella garganta torturada. Una voz que consiguió ponerle todos los nervios de punta. Hay otro... Detrás de vosotros. 

El tiempo pareció congelarse durante un segundo. Sus sentidos aullaron ante aquel augurio. Con aquella risa inhumana perforando sus sentidos, Brawne se incorporó mientras giraba y retrocedía con el arma preparada y la linterna rompiendo la oscuridad teñida de rojo. 

- Tiradas (3)

Notas de juego

Pues en esto John y yo vamos a la par. Un puntito de cordura. Y lo que nos queda... xD

Lo que pretendo es examinar la escena del crimen por si puedo descubrir alguna pista, en la zona del cadáver, de la cabina o en el propio Graves. Por otra parte, pretendía ayudarle pero me he acojonado con el mensaje de Ethan y voy a intentar no morir. Por favor y gracias. xD

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07/10/2025, 19:52
Ethan "Midnight" Graves

El aire olía a cobre. Ethan se retorcía en el suelo, con los músculos crispados por espasmos que parecían arrancarle del cuerpo a tirones. La luz roja parpadeaba sobre su piel, devolviendo destellos húmedos del cuchillo que aún sostenía, como si no se atreviera a soltarlo.

De pronto, cesó el temblor. Su cuerpo quedó quieto.

Los ojos se abrieron, en blanco primero, luego negros, profundos como una frecuencia muerta.

—No eran sus manos… —susurró, casi sin voz—. No eran las mías.

¿Desvariaba?

El micrófono, a su lado, cobró vida con un crujido. El generador moribundo zumbó una última vez y la voz de Ethan —o lo que quedaba de ella— se multiplicó, distorsionada, resonando en los altavoces rotos.

—La Voz... —Era un murmullo doble, grave, cargado de estática—. ...nunca fue mía.

El pitido volvió a sus oídos, más agudo, casi un chillido. Ethan se llevó las manos a la cabeza, arqueando la espalda, con la boca abierta en una mueca de dolor o de revelación.

—No sois dos... sois tres… —dijo con un hilo de aliento, mientras los ojos se le clavaban en Brawme— …hay otro... detrás de vosotros.

Luego llegó la risa. Seca. Rasposa. En forma de unn sonido que no era humano.

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09/10/2025, 17:21
G

Las palabras de Ethan Graves arrastraron un eco, una especie de susurro distorsionado, ininteligible a oídos de los detectives. La voz no era ni femenina ni masculina. Era algo genuino y desconocido, algo aterrador y fascinante al mismo tiempo.

Brawme miró a John de ese modo tan elocuente que sugería decir…

—¿¡Pero qué coño…!?

No había tiempo que perder, así que se pusieron manos a la obra para recabar pistas sabiendo que no tendrían más ocasión tras la llegada de la policía.

La detective Brawme Lahmia trató de centrarse en su trabajo a pesar de los delirios de Graves, encontrando una cartera en uno de los bolsillos de los tejanos oscuros del difunto. Trish Silver, 29 años, natural de Arkham City. Algo de dinero en efectivo, un permiso de conducir en regla, una tarjeta de socio de un videoclub especializado en pelis de terror y una pequeña tira de un bloc de notas con un teléfono apuntado con el nombre “Mia”. Melena negra como la brea y gafas. Una mujer alta, esbelta, guapa… Tras un nuevo vistazo al cadáver, comprobó que ya no quedaba nada de aquella desgraciada. Trish había tenido la pésima idea de asociar su carrera profesional a la de ese tarado de Graves justo en la noche en que este decidió revelarse como el Serial Killer que asolaba Arkham City aquel sangriento mes de octubre.

Graves le había rajado el pecho y le había extraído el corazón con tres cortes tan profundos como precisos, cada corte seccionando una arteria capital. El cuchillo, por longitud y anchura de la hoja, encajaba a la perfección como arma homicida. El asunto estaba claro: Graves sufría un brote psicótico en directo y destripaba a su íntima colaborada, a la que ofrecía en siniestro sacrificio para mayor gloria de una deidad oscura subyacente en las ondas.

Nota mental: consultar el historial psiquiátrico de Graves.

Algo, no sabía bien qué, turbaba a Brawme. Algo no terminaba de encajar del todo. Su compañero lo había dicho: Graves estaba empaquetado para visitar el Corredor de la Muerte. Y aún así…  ¿Dónde estaba el corazón?

¡Mierda!

Brawme tensó su mandíbula y contuvo el aliento, agitando el haz de su linterna en la persecución de la escurridiza víscera.

No estaba por ningún lado…

La luz roja parpadeaba y John tuvo que ajustarse sus gafas para discernir en el interior de la cabina del técnico de sonido un mensaje antes oculto, ahora desparramado por la pared como una especie de pintura al natural hecha con…

John se cubrió la nariz con el dorso de la mano, su piel bañada en loción de afeitado masculina. Viejo truco para visitar las escenas de un crimen y los estudios de radio de hijos de puta dementes.

Era eso o vomitar en el acto.

Distinguió un patrón entre las vísceras y las heces…

«¡CUIDADO CON EL TERCER HOMBRE!»

¿El tercer…?

Brawme fue la primera en verle, bloqueando el umbral de la puerta del estudio, inundando con su sombra toda la estancia.

Era enooorme, como un luchador de wrestling hinchado por efecto de los anabolizantes.

Sus ojos, dos orbes de vidrio que relucían en la negrura de su máscara, se clavaron en la detective Lahmia con una peculiar intensidad, no como quien observa a un ser humano, sino como quien admira una nueva e intrigante presa, un trofeo que exhibir desnudo en el congelador, colgado por los tobillos de un garfio para carne.

John se acojonó de la impresión, pero más aún de la inmovilidad del musculoso hijo de puta que les cerraba el paso. Al permanecer ahí, quieto, sonriente, demasiado sonriente, parecía decirles algo evidente…

La puerta no era una opción.

Una de sus manos de látex goteaba sangre fresca, sosteniendo el descomunal cuchillo que, hasta hace segundos, estaba en manos de Ethan Graves.

Nota mental: Espera... ¿Seguía el cuchillo en manos de Ethan Gr...?

La otra mano sostenía el corazón perdido de Trish Silver.

Aún palpitaba.

Thump-thump.

Thump-thump.

Notas de juego

Aclaraciones:

Cuidado. PELIGRO.

Opciones razonables:

1) Freír a tiros al cabronazo que os corta la salida. Podéis tirar Violencia y a ver qué pasa. Si queréis ser peliculeros, podéis Vaciar el cargador, que supone lanzar 3D6 en lugar de 2D6 y quedaros los dos dados más altos. Eso sí, a cambio vuestra arma pasará a estar descargada.

2) Salir por patas por la ventana del estudio que da a la escalera de emergencias.

3) Igual que la anterior, pero en difícil: salir tratando de sacar a Graves con vosotros. Vais a tener que tirar de Musculatura para tal menester.

Podéis proponer lo que se os ocurra dentro de cierta coherencia.

Esta escena está terminando. Vamos a ver de qué pasta estáis hechos...

Dadle un último empujón, equipo. ;-)

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10/10/2025, 13:51
John Stranger

Ni un balde de agua fría lo habría dejado tan tieso como las palabras de Graves. Trabajando para Nocturne, de vez en cuando te tocaba un caso "de los raros", y uno, por muy racional y con los pies en la tierra que se considerase, aprendía a no dar nada por sentado y a que a veces se encontraban cosas que uno a las que uno no encontraba explicación.

Como aquella voz que empezó a sonar a través de la radio.

O, aquellas palabras escritas en rojo brillante en la pared de la cabina de sonido, que juraría que antes no habían estado ahí.

El tercer hombre.

Cuando se giró hacia donde miraba Brawme, sus tersas nalgas se contrajeron con la fuerza suficiente como para reducir una lata de Cocacola a una fina lámina de aluminio arrugado.

—¡HOOOOOSTIAAAAPUTAAAAAAUUUUN(otro)NEEEEEGROOOOOO!* —exclamó, con el corazón palpitando a cien por hora al ver la silueta de tremendo mastuerzo, mientras se ponía en pie de un salto y apuntaba a aquél cabrón con la pistola recién desenfudada.

¿La parte mala? Un tipo enorme vestido de sadomasoquista bloqueaba la única salida y no tenía duda alguna de que su intención era practicar el medievo con los culos de los tres si le daban oportunidad.

¿La parte buena?

El tipo estaba a contraluz.

No se paró a intentar disuadirlo con un grito, o a pensar en cómo era posible que se hubiera hecho con el cuchillo de Graves sin que se dieran cuenta si el tío estaba ahí tirado a su lado, o a fijarse en el corazón palpitante que sujetaba con la otra mano.

—¡Bramwe, sal de aquí! —le gritó a su compañera mientras apretaba el gatillo, de forma controlada.

A veces, sí que había que hacer las cosas como se hacían en Arkham City.

Sobre todo, si te tocaba enfrentarte contra el puto The Jack.

- Tiradas (1)

Notas de juego

*lo siento, tenía que homenajear tan tremenda frase xDDD

Acierto por los pelos, pero acierto

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10/10/2025, 21:47
Brawme Lahmia

Mientras observaba la cavidad torácica del cadáver que había encontrado su trágico final en aquel apartamento de mala muerte, Brawme había meditado sobre si la pobre chica sabía donde se metía cuando unió su destino al de Graves. Mierda, ella tenía la tarjeta de ese mismo videoclub en su cartera. Toda la escena parecía sacada directamente de una pesadilla especialmente macabra de su ídolo: Alaster Crane. La nota manuscrita con aquel número de teléfono y el nombre Mia se perdió en el bolsillo de su chaqueta. Tal vez no significara nada; pronto lo sabrían.

La adrenalina corría por sus venas como un caballo desbocado, mientras un ligero picor se extendía por toda su piel. Todos sus sentidos estaban alerta, instándole a no permanecer en aquella habitación ni un segundo más de lo necesario. Estaba a punto de apremiar a su compañero para que llamaran a Emergencias y salieran de allí cagando leches, cuando el mensaje de la pared pareció servir de invocación de un figura monstruosa. Sus ojos no eran humanos. El corazón aún palpitante que exhibía en su mano confirmaba sus sospechas. ¿Cómo no había pensado antes en ello? En todas sus películas favoritas los asesinos mostraban rasgos sobrenaturales. Jason en Viernes Trece, Michael Mayers en Halloween, Freddy en Pesadilla en Elm Street, Candyman en... Joder, pues en Candyman. Durante el par de segundos de parálisis que le provocó la presencia del psicópata, la cabeza de la detective comenzó a derrapar por los acontecimientos recientes. Ethan Graves conocía datos sobre el asesino que nadie más sabía, hablaba con una voz de ultratumba que no era suya, el cuchillo estaba en su mano… El mismo cuchillo que había abierto en canal a Trish. El mismo cuchillo que ahora portaba aquella mole sobrenatural. Brawme habría jurado poder intuir un hilo invisible que conectaba aquellos acontecimientos. Sus ojos se clavaron por un momento en los del locutor de radio. ¿Se estaban enfrentando a un asesino que no era de este mundo? ¿Qué conexión tenía Ethan Graves con The Jack? ¿Era el locutor un conducto? ¿Estaba siendo utilizado por una entidad maligna para sus fines perversos? ¿Controlaba Graves a la entidad o era al revés? Mierda. No podían dejarlo allí. Necesitaban saber y nadie más podía proporcionarles esa información.

Sintiendo su pecho retumbar con cada disparo de su compañero, Brawme agarró a Ethan Graves de la pechera, lo levantó y pegó su cara a la del tipo. –¡Maldito Jack Torrance de los cojones! ¡Graves, te juro que como hagas cualquier gilipollez te vuelo las pelotas!

 Acto seguido, la detective tiró de él con una fuerza producto de la adrenalina en dirección a la ventana. La certeza absoluta de que ninguna bala podría detener al asesino se instaló en su corazón. ¡Corre! ¡Corre, joder! ¡CORRE! A pesar de que todo su cuerpo le pedía a gritos no detenerse, no podía dejar atrás a John. No pensaba abandonarle. Mientras se apostaba en la ventana y elevaba una oración silenciosa a un cielo que por lo demás parecía una tumba, Brawne se volvió con intención de dar algo de fuego de cobertura que pudiera comprar a su compañero un par de segundos preciosos para salir de allí.

- Tiradas (1)

Notas de juego

¡¡¡¡¡¡VAAAAAAAAAAMOOOOOOOOS!!!! Madre del Señor, que tensión más grande... xDD A mí me da un infartico en una tirada de estas. 

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11/10/2025, 13:25
Ethan "Midnight" Graves

Ethan no sintió las manos que lo alzaban, ni el peso del cuerpo que se negaba a obedecer. El mundo era un pulso rojo, un compás lento entre dos latidos que ya no le pertenecían. Oía a alguien gritar su nombre —¿Era Trish, o esa tal Brawme?— pero la voz se deshacía entre el rugido del generador y los disparos.

La sangre le manchaba los labios, y por un instante creyó que era suya, hasta que notó el sabor dulce del corazón ajeno en el aire. La voz seguía ahí, susurrando desde la oscuridad tras los ojos:

 

“No corras, Ethan. Aún no ha terminado el programa.”

 

Pero las manos lo arrastraban, fuertes, decididas, y él se dejó llevar, tambaleante, con la mirada perdida hacia la ventana, hacia la noche que lo reclamaba.

Y mientras el vidrio estallaba y el aire frío lo golpeaba en la cara, una risa —suya o de la Voz— se perdió entre los ecos de los disparos y el latido de algo que aún palpitaba dentro del estudio.

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11/10/2025, 20:25
G

La pistola de John Stranger inicia la serenata-ta-ta-ta-ta.

El detective, contra todo pronóstico, mandando a paseo su manual de intervención operativa, decide hacer las cosas «THE ARKHAM WAY

Algunos, incluso, dirían «The Olde Herbert’s Way…»

Vacía el cargador.

*BLAM! BLAM! BLAM! BLAM! BLAM! BLA-BLA-BLAM! CLIC! CLIC!*

Llueven balas sobre Red Hook. Una tormenta ensordecedora de plomo y zinc impacta contra el cuerpo hipertrófico de esa mole de carne y hueso, los cartuchos flotando al rojo vivo, cayendo, desperdigándose por la moqueta y dando un toque hardboiled al grotesco epitafio del último programa de La Voz de los Susurros.

Las balas deberían atravesar a ese sonriente cabronazo, hacerle bailar El Blues de la Sangre de Cerdo. En su lugar, rasgan la tela negra de la camisa y rebotan por doquier como metralla. De repente John se siente el Sargento Elías en Platoon. Una de sus balas le pasa silbando junto a la oreja, se incrusta en uno de los altavoces de la cabina y como si el mismísimo Diablo pinchase un disco satánico para la ocasión empieza a sonar a todo trapo Led Zeppelin, una versión adulterada de la canción del inmigrante.

John sufre un destello de lucidez. Sabe que las dioptrías han debido aumentarle porque, una de dos, o los balazos están rebotándole en la caja torácica a ese perturbador psicópata —Whaaaaaaaat?—, o el propio John se acaba de reencarnar en Brett, ese palurdo inolvidable que hace su patética —pero memorable— aparición en el prólogo de Pulp Fiction saliendo el baño donde estaba defecando mientras asesinaban a sus colegas para, en un acto de heroica —y estúpida— rebelión, irrumpir en escena revólver en mano y fallar estrepitosamente teniendo a dos blancos estáticos a menos de dos metros de distancia.

Brawme decide regalarle a su compañero otra dosis de arena en polvo para su reloj vital y dispara tras arrastrar a Ethan Graves consigo, atravesando la ventana que da a la escalinata de emergencias del viejo edificio.

*PAW! PAW! PAW! PAW!*

El cabrón no deja de sonreír. No se inmuta. No se mueve. Se deleita en su aparente invulnerabilidad.

Thump-Thump.

Thump-Thump.

John decide que Brett no es su héroe, que él siempre fue más de «Clint, vuela un puente,» así que se mueve con la agilidad impropia que le concede la adrenalina y alcanza la ventana mientras maldice y lanza improperios por doquier. Brawme se ha convertido en una especie de amazona urbana y arrastra a Graves mientras desliza la vista atrás, sabedora de que el tarado del cuchillo de caza le anda al acecho, que va a aparecer a su espalda más tarde o más temprano, pero lo va a hacer, como hacen todos los asesinos en serie licenciados en Hollywood.

El descenso por las escaleras de emergencias es agónico de necesidad, pero ambos investigadores lo consiguen, Brawme sudando tinta china y John recibiendo la factura de su inminente hernia discal. Graves ríe, el muy hijo de puta. A él le han contado un truculento chiste en rigurosa primicia, uno de esos que el resto de la audiencia tarda varios minutos más en captar.

Al poco de descender a la calle, un vecino aparece por una ventana, sin duda alertado por el tiroteo, emerge con gesto de visible irritación, su rostro sembrado en arrugas coleccionadas en Vietnam y tapizado por unas desaliñadas greñas que advierten una preocupante sintomatología compatible con el síndrome de Diógenes.

—¡Malditos yonkis! ¡Idos a cagar fuera de mi jardín!

—¡Herbert! ¡No chilles! ¡Que luego te sube la tensión!

—¡En este barrio solo hay putas y negros, Daisy! ¡PUTAS Y NEGROS! ¡AMÉRICA SE VA A LA MIERDA! ¡A LA MIERDA, TE DIGO!

Suerte que no tiene a mano a Impeachment, la escopeta radicalizadora...

Arrastran el cuerpo a ratos catatónico del locutor al Buick. Brawme no está para sutilezas. Abre el maletero y con el apoyo anímico de su compañero lanza a Graves al interior. ¿Qué es un cargo de secuestro en una fría noche de octubre? THE ARKHAM WAY.

La puerta del viejo edificio que alojaba el ahora destruido refugio espiritual de Ethan Graves sale disparada de sus goznes, proyectada al asfalto por acción de una bota militar, talla 52. Los arietes de los SWAT dan caricias comparados con ese pilar jónico de carne y hueso…

Brawme y John son conscientes de que están contemplando la repugnante cara del TERROR.

El gigante de brea avanza, cuchillo en mano, con esa aureola mortuoria que sigue al crescendo de un réquiem. Brawme fantasea por un instante con la macabra idea de que el titán emule al T1000 y eche a correr en un espeluznante sprint para darles alcance, pero la realidad es aún más escalofriante. Permanece quieto, el torso humeante en cada una de las zonas de impacto de los proyectiles, la sonrisa tras la cremallera rasgada, sus ojos de vidrio clavados en…

A Brawme le falta patearle el culo a John para que entre al jodido coche.

Alguien dice:

—¡Joder-joder-joder-joder!

Ambos detectives se cuelan en el Buick a tal velocidad que se golpean las cabezas de la premura. Brawme maldice, introduce la llave en el contacto y arranca a la segunda, después de amenazar al coche con desguazarlo con un bate de béisbol. John se frota la ceja dolorida, decide vivir al límite y mira por el retrovisor. Lo que ve le causará pesadillas para el resto de su vida…

Esa cosa, esa mole decididamente inhumana, se traga el corazón de su decimotercera víctima como si de un pomelo rojo se tratase, las cremalleras que son sus labios pringándose de bilis.

Brawme aplasta el acelerador como si de un insecto mutante se tratase y gira la primera calle a la derecha con el único objetivo de salir de Red Hook de una sola pieza.

En el interior del maletero, Ethan Graves, ese locutor caído en desgracia, deja de reír cuando comprende que no es el único que viaja en esa traqueteante oscuridad.

Hay algo observándole.

¿…?

Una cabeza seccionada sobre el regazo.

Le muestra toda una brillante dentadura de marfil.

—Eh, Ethan, no te amilanes… Esto es solo el Intermezzo. Seguimos ON AIR, muchacho. Y se acerca tu momento de gloria. Ju, ju, juuu...

Nadie escucha a Ethan chillar.

- Tiradas (1)

Notas de juego

FIN DE ESCENA