Partida Rol por web

Terrores Nocturnos I

II. In Dreams

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09/10/2025, 17:30
G

De todos los castigos que podría haberle inflingido la enfermera Palmer, Jane jamás habría imaginado que el peor, con sensible diferencia, sería ese silencio sepulcral que reinaba en la habitación —la celda, más bien— número 6. Era un silencio opresivo, de esos que parece cernirse sobre ti como una cúpula y hacerte sudar ante la expectativa de que, aunque no eres capaz de verlo a tu alrededor, algo, o alguien, está a punto de romperlo en pedazos.

La oscuridad ya de por sí era muy mala y le impelía a rascarse los brazos con un nerviosismo atroz; pero el silencio que la secundaba… El silencio la dejaba a solas con sus tétricos pensamientos. Y Jane no estaba en Happydale’s por albergar cositas lindas en su cabecita rapada.

El Señor Sonrisas no replicó, algo que la angustió mientras saboreaba el amargo fruto de esa hiedra venenosa que es la duda enquistada en el corazón.

¿Qué le había ocurrido al Señor Sonrisas?

Sabía que Palmer le había mentido, que disfrutaba jugando con sus sentimientos. No era como Papá, que parecía preferir amedrentarla y aterrorizarla con esas miradas animales, esas muecas bestiales. No, no… La enfermera Palmer era mucho más traicionera, más sibilina, más impredecible. La forma en la que se vengaba de ella por aquel puntapié era más sutil, más psicológica… Más femenina.

Jane era una niña, pero ya estaba degustando el ponzoñoso sabor del odio en sus labios, ardiendo en deseos de vengarse y hacer confesar a Palmer dónde estaba su muy mejor amigo.

—¿Seis? ¿Eres tú? —inquirió una voz amortiguada en un sigiloso susurro.

La pequeña se percató de que vagar en las tinieblas tiene un efecto secundario interesante… Afina el oído. Un mecanismo de supervivencia.

La voz, aparentemente amistosa, emergía de algún punto muy próximo al suelo de la habitación —o celda—. Jane se agachó, palpó el soporte de lo que parecía una cama metálica, gateó bajo la red metálica que aguantaba el colchón y escuchó con cautela y precisión…

—¿Puedes oírme? Soy yo, Seis… Tu amigo.

» Eddie.

La voz emergía por una pequeña abertura para la ventilación que parecía conectar la habitación número 6 con la contigua.

—Eh, escucha. No sé qué te han hecho, pero esta vez has estado mucho tiempo fuera… ¿Recuerdas el truco? ¿Para evitar tragarte la medicina?

Pasos resonaron como un eco lejano en el pasillo exterior.

Alguien se aproximaba.

Seis, préstame atención… Tienes que engañarles. Mantén la calma. Sé que puedes hacerlo. Solo tienes que hacerles creer que eres una buena chica y que te tomas la pastilla, ¿vale?

» Por lo que más quieras… No. Te tragues. La píldora. Recuérdalo, Seis. No te la tragues.

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09/10/2025, 21:10
Seis

El Señor Sonrisas no respondió y el terror se fue haciendo un hueco cada vez más profundo en el corazón de la niña. 

— ¿Señor Sonrisas...?

Volvió a llamarle con un hilillo de voz y esperó. Pero lo único que respondió a su ruego fue un silencio mordaz. Un silencio que partía el aire en dos, opresivo, pesado... 

Tenía miedo. Mucho miedo... 

Podía imaginarse al Hombre del Saco en medio de la habitación, observándola, hambriento... Porque el Hombre del Saco sí podía ver en la oscuridad y debía estar saboreando su terror, relamiéndose sus labios de esparto mientras imaginaba el festín que se daría con la niña.

El miedo la estaba arrastrando a un profundo pozo del que nunca podría salir. El pozo donde los monstruos como papá o la enfermera Palmer disfrutaban haciéndola sufrir...

Les odiaba...

La pequeña no comprendía por qué le hacían aquello. Eran malos, le hacían daño y le habían arrebatado al Señor Sonrisas...

Dio un pequeño respingo al escuchar la voz susurrada, pero enseguida comprendió que esa voz no era mala. No quería hacerle daño... 

Guiándose por la voz, se arrastró por el suelo y encontró un respiradero debajo de la cama. Se agarró al respiradero como si se tratara de una tabla de salvamento y ahogó un pequeño sollozo. 

La voz la llamaba Seis y le dijo su nombre. 

Seis le gustaba más que Jane. Jane era como la llamaba la enfermera Palmer y no le gustaba como sonaba en sus labios de bruja. 

— ¿E-eddie?

Pronunció su nombre con voz temblorosa. Con voz de niña asustada y las lágrimas finalmente se desbordaron por sus mejillas. 

Se pegó al respiradero y habló en susurros, ahogando algún que otro sollozo.

— N-no sé qué me han hecho... N-no me acuerdo de nada... D-de nada... C-creo que me han frito la cabeza...

No sabía por qué, pero confiaba en aquella voz. No le recordaba, pero era lo único que le quedaba. Aferrarse a una voz amiga. La voz de alguien que se preocupaba por ella. 

Escuchó los pasos provenientes del pasillo y su corazón empezó a atronar dentro de su pecho. Se pegó todavía más al respiradero, a su tabla de salvación.

— ¿Cómo es ese truco...?

¿Podría engañar a la bruja? No quería tomarse la medicina. No se fiaba ni de la bruja ni del doctor, seguro que le daban la medicina para hacerle algo horrible.... Querían que olvidara al Señor Sonrisas. Lo había visto en los ojos de la enfermera cuando le preguntó por él... Pero el Señor Sonrisas era su muy mejor amigo, no podrían separarlos...

«Ya lo han hecho...»

Se dijo y aquel pensamiento fue mucho más doloroso que el imaginar al Hombre del Saco observándola en medio de la habitación.

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11/10/2025, 20:20
G

Eddie, quien quiera que fuese, mantenía una calma glaciar. Sonaba mayor, lo suficiente como para ser un hermano de esos que nacen los primeros y son vanguardia del resto de la camada.

¿Primigenios…?

Jane no estaba muy segura del término, a decir verdad. Al fin y al cabo, era una niña de solo ocho años a la que he habían aplicado terapia de choque. O algo peor.

De lo que sí estaba muy segura era de esto: necesitaba a un amigo. Y lo necesitaba con urgencia. Necesitaba a alguien a quien aferrarse para entender qué estaba haciendo allí, en Happydale’s, y dónde estaba el Señor Sonrisas. Ni se planteaba la posibilidad de salir de allí sin su muy mejor amigo.

Eddie habló de nuevo tras un breve silencio reflexivo.

—Escucha, Seis. Tienes que esconder la pastilla debajo de la lengua y, al tiempo, fingir que te la tragas. Sé que parece difícil, pero solo tienes que mantener la concentración. No tengas miedo. Sé que puedes hacerlo.

Los pasos se escuchaban ahora a la perfección y Seis pudo distinguir el repiqueteo inconfundible de los tacones de la enfermera Palmer. Oyó un irritante chirrido y la abertura de la parte superior de la puerta trajo un halo de luz sembrado de partículas de polvo.

La luz dolía.

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11/10/2025, 20:21
Palmer

Seis se topó con los ojos verdes de Palmer al otro lado de la puerta.

—¿Has encontrado ya la luz? —inquirió la enfermera con perversa satisfacción en su retórica.

La puerta se abrió con un quejumbroso lamento metálico y en el umbral se recortó la silueta de la enfermera jefe portando una pequeña bandeja metálica con un pequeño vaso de plástico lleno de agua y una píldora con forma ovalada de color púrpura.

No encendió la luz de la estancia.

—Tu medicina, Jane —dijo con ese tono aséptico tan característico.

—Vas a ser una niña buena y vas a tomártela sin rechistar... —Esbozó una sonrisa vulpina—. Por el bien del Señor Sonrisas, ¿verdad?

Notas de juego

Si vas a poner el práctica el truco de Eddie, te voy a pedir una tirada de Destreza solamente por el hecho de que Palmer, that tasty bitch, está observándote con atención...

Si quieres hacer otra cosa, lo que sea, do it.

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12/10/2025, 11:31
Seis

Los pasos cada vez estaban más cerca, la bruja no tardaría en llegar y Seis no quería que la pillaran hablando con Eddie. No sabía por qué, pero algo le decía que no era una buena idea. La bruja era mala y la había dejado completamente a oscuras, después de haberla empujado y haberle hecho daño, seguro que se enfadaba si se enteraba que Seis tenía un nuevo amigo.

La niña había decidido inconscientemente que su nombre era Seis. Le gustaba más que Jane. Jane era un nombre corrompido por la bruja — JaaaaAnnnnEeee — Buhhh... Era muy feo...

— ¡Lo intentaré!

Le prometió en un susurro y, justo en el momento en el que la enfermera Palmer se detenía al otro lado de la puerta y descorría la mirilla, Seis salía arrastrándose de debajo de la cama y se sentaba en el suelo. La luz entró de golpe, sin aviso, como un láser directo a sus ojos e iluminó su rostro, todavía húmedo de haber estado llorando. 

— Au...

Entrecerró la mirada y alargó la manita para hacerse algo de sombra. Sorbió los mocos y se levantó del suelo mientras iba bajando poco a poco la mano y parpadeaba, adaptándose poco a poco a aquella luz asesina de ojos. 

La bruja le preguntó si había encontrado la luz y la niña negó con la cabeza.

La puerta se abrió y la silueta de la enfermera apareció en el umbral. Seis vio la bandeja que portaba en las manos y la píldora que Eddie le había dicho que no se tragara. Pestañeó y volvió a levantar la mirada, clavándola en los ojos de Palmer. 

Eddie le había dicho que fuera buena chica y Seis quería hacerle caso, pero la bruja la estaba mirando con esos ojos vulpinos y su sonrisa odiosa... 

Sé buena...

— Perdona por la patada de antes...

Le dijo con voz afligida y avanzó los poquitos pasos que la separaban de ella. La niña había llorado al escuchar a Eddie, al saber que no estaba sola y sentir la libertad de poder dejarse llevar por los sentimientos y deshacer el nudo que se le había formado dentro. Las  lágrimas habían dejado surcos en su piel macilenta y habían hinchado y enrojecido sus globos oculares. Bien podía parecer que había estado llorando por el miedo a la oscuridad y la desolación de sentirse sola...

Alargó ambas manitas. Estaba temblando. Con una cogió el vaso de plástico y con otra la píldora púrpura. 

«Tengo que esconderla debajo de la lengua»

Se recordó y, sujetándola con el índice y el pulgar se la metió en la boca. Levantó la lengua y la colocó debajo, procurando que la bruja no sospechara de sus intenciones. Se llevó el vaso a los labios y dio un buche, disimulando que estaba tragando. 

«Puaj...»

La píldora era amarga y al mantenerla debajo de la lengua, ese amargor se expandía por la boca. 

«No la tengo que tragar...»

Se recordó y volvió a levantar la mirada, encontrándose de nuevo con los ojos de bruja de Palmer y le devolvió el vaso, mostrando su expresión más angelical. 

- Tiradas (1)
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19/10/2025, 18:53
Palmer

Palmer exhibió su maliciosa sonrisa de adulto, esa sonrisa que es antesala de algún sucio truco con el que embaucar a un infante poco precavido.

—No, Jane. No lo sientes. No lo suficiente —le dijo, sus ojos lánguidos y perezosos a medio abrir contagiándole un soporífero deseo de bostezar.

—Pero tranquila, pequeña… Lo sentirás. En su debido momento.

Aquella advertencia, imbuida en aquella mirada de un verde claro, hizo temblar a Seis de los piecitos a su cabeza pelada. «En su debido momento» era una sutil forma empleada por la enfermera Palmer para enfatizar que sabía exactamente cuándo lo sentiría con creces, y que ese momento, aunque aún vagaba en los borrosos contornos de un tiempo futuro, no debía sentirse como algo lejano o improbable, sino como algo seguro, inminente y, ante todo… terríbile.

Palmer le tendió un vaso de plástico lleno de agua turbia.

—Bebe —ordenó, su mirada tornándose en suspicacia.

Seis retuvo la pastilla bajo la lengua, asintió con toda la docilidad que le permitía la llama de la rebeldía que la calcinaba por dentro y bebió el agua que le supo a cal y a polvo.

Tragó el agua, reprimió las lágrimas y tendió el vaso a Palmer, que se lo arrebató con un zarpazo de su engañosamente delicada mano de marfil.

Buena… chica… —siseó.

Palmer se giró sobre sus talones con la elegancia de una torturada bailarina rusa, cerró la puerta con un estridente chirrido y sus pasos volvieron a desaparecer por el laberinto que era Happydale’s.

Seis escupió la píldora con una mezcla de rabia y profunda tristeza desolándola por completo. No entendía qué hacía ahí, no sabía por qué la retenían como a una reclusa y mucho menos qué infiernos era aquella medicación. Solo sabía que tenía un amigo al otro lado de la pared, Eddie, y que por el momento era el único que no le deseaba ningún mal.

—¿Lo lograste, Seis? —le preguntó el muchacho al otro lado del agujero en la pared.

Notas de juego

Sí, lo lograste.

Sacaste un 7, que es éxito parcial.

Todo lo que esté por encima de 7 es bien, aunque para que haya algo de divertimento el Guardián de los Arcanos puede aplicar alguna jugosa penalización a nuestra Seis si el resultado es 7, 8 o 9. Solo a partir de 10 el éxito es clamoroso.

Por tanto, narra cómo describes a tu buen amigo Eddie que consigues la proeza de engañar a Palmer con la pastilla, pequeña Baby Jane. ^^

Por cierto, acto seguido cerramos escena. Vamos a ponernos aún más serios. ;-)

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19/10/2025, 23:27
Seis

Seis mantuvo la píldora debajo de la lengua hasta que la puerta se cerró, dejándola nuevamente en la más completa oscuridad. Sentía la boca amarga y el sabor a cal y polvo que le había dejado el agua, era asqueroso. En cuanto se sintió segura escupió la píldora en la manita y se frotó la lengua con el antebrazo, intentando quitarse el regusto amargo. 

— Puaj...

En la completa oscuridad volvió a escuchar la voz de Eddie y su corazón dio un pequeño brinco. No estaba sola... Se sentía tan perdida y asustada que la voz de su amigo era un faro en las tinieblas. 

Caminó tanteando hasta encontrar de nuevo la cama y se agachó, arrastrándose por debajo de ella hasta alcanzar la pared y con ella el respiradero que la conectaba con Eddie. Soltó la píldora en la esquina y se pegó al respiradero.

— Sí... Lo he conseguido...

Susurró y por un breve instante la alegría se apoderó de su corazoncito. Había conseguido engañar a la bruja...

— Hice como me dijiste y la escondí debajo de la lengua... Era asquerosa... 

Guardó unos segundos de silencio, intentando ordenar todos los pensamientos que cruzaban su cabeza. No entendía qué hacía en aquel horrible lugar. Por qué sus padres la habían dejado con el doctor del meñique extra largo y con la bruja. ¿Había hecho algo mal...? No conseguía recordar nada y eso la asustaba mucho... ¿Qué le habían hecho al Señor Sonrisas?

Ahogó un sollozo y alargó la manita para tocar el respiradero, pasando sus deditos por las ranuras, agarrándose a él como si se tratara de su nuevo amigo.

— Eddie...

Lo llamó con voz temblorosa y tragó saliva. No quería volver a echarse a llorar. Ella no lloraba nunca pero sentía una presión muy fuerte en el pecho y todavía le dolía mucho la cabeza...

— ¿Por qué estamos aquí? 

Preguntó con su voz infantil.

— ¿Por qué mi mamá y mi papá me han dejado aquí...? ¿He hecho algo malo...? No.. No me acuerdo de nada y... Tengo miedo... No sé dónde está el Señor Sonrisas... C-creo que le han hecho algo malo y... N-no me dicen nada... 

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21/10/2025, 19:27
G

—Solo hay una persona que puede tener respuestas para tus preguntas, Seis —La voz de Eddie resuena ominosa al otro lado del túnel.

Proctor. Él es el director de Happydale’s.

El hombre del meñique alargado.

Seis se retuerce por dentro de puro miedo visualizando a Proctor ajustándose sus gafas mientras dirige una jeringa hacia…

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21/10/2025, 19:29
Proctor

—No te dolerá. Lo prometo.

» Enfermera… Mi instrumental.

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21/10/2025, 19:30
G

Las palabras de Eddie la sacan de su estado de fuga mental, devolviéndola a la soledad de su lóbrega celda.

Seis, evitar que te tragases su medicina era solo la primera parte del plan. Escúchame con atención: tengo una idea para largarnos de aquí. No será fácil, eso seguro. Pero juntos podemos conseguirlo.

» ¿Te apuntas?

Notas de juego

Liquidamos esta escena y pasamos a una nueva.

Puedes replicar a Eddie. El próximo paso será conocerle, claro. ;-)

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21/10/2025, 23:36
Seis

En cuanto Eddie nombró al director de Happydale's, la imagen del hombre del meñique largo se formó en la mente de Seis. No sabía por qué no recordaba nada, pero sí que sabía que él era el Hombre del Saco de aquel horrible lugar. Le vino su imagen a la cabeza, empuñando una jeringa que acercaba peligrosamente hacia ella y se cubrió la boca para contener el grito de miedo que empezaba a trepar por su garganta. 

Eddie le proponía salir de allí, huir juntos y la pequeña asintió fervorosamente, como si lo tuviera delante y pudiera verla. Pero estaba sola, en medio de aquella terrible oscuridad y de Eddie tan sólo le llegaba su voz a través de la pared... 

— Sí...

Susurró con un hilillo de voz y su corazón empezó a palpitar con fuerza. 

— Sí...

Volvió a repetir con más convicción y un cosquilleo recorrió su pequeño cuerpo. Confiaba en Eddie. No sabía por qué, pero era su amigo y juntos derrotarían a la bruja, salvarían al Señor Sonrisas y huirían del sitio malo. No volverían a freírle el cerebro ni a raparle la cabeza nunca más... 

— Pero tenemos que encontrar al Señor Sonrisas... Seguro que lo tienen en otra habitación. No quieren que lo encuentre... ¿Me ayudarás a encontrarlo?

Le preguntó y apoyó la frente en el respiradero metálico. El frío del metal consiguió aliviar un poco la presión que sentía en la cabeza. Cerró los ojos e invocó la imagen de su muy mejor amigo. 

— El Señor Sonrisas también puede ser tu amigo...

Susurró y una pequeña sonrisa asomó a sus labios infantiles.

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24/10/2025, 18:29
G

Notas de juego

Veremos si el Señor Sonrisas quiere ser amigo de Eddie... XDDD

Mi Ishita, queda a la espera de que vaya avanzando/resolviendo alguna de las otras escenas. ^^