El 3 de noviembre de 2023, cuando la gente ya estaba viendo la luz después de la pandemia provocada por el Covid-19, un nuevo monstruo se coló en sus vidas. A no mucho tardar pudo comprobar aterrada como, un nuevo virus mucho más devastador y peligroso, asolaba sin piedad el planeta. Los expertos que habían estado contando puntualmente la expansión del Covid volvieron a la parrilla televisiva, pero por poco tiempo. Muy poco.
Las cifras provocadas por el coronavirus, que habían hecho detenerse el mundo como nunca antes en los últimos siglos, parecían un juego de niños en comparación con la rápida escalada que se produjo con el nuevo virus, el cual fácilmente cuatriplicó los fallecimientos. Este caos y muerte, en las zonas más frías del globo, se sumó a las bajas temperaturas y el número de fallecidos aumento exponencialmente.
La tecnología no dejó de funcionar, pero si dejó de tener quien se encargará de su uso y mantenimiento. Los actos vandálicos desesperados hicieron el resto y todo está apagado, a la espera de que alguien lo encienda o, lo que es peor, lo arregle.
Las ciudades están desiertas, ninguna catástrofe natural las ha alterado por el momento. Todo parece intacto y libre de rastro de cualquier ser vivo. Algunos personas formaron pequeñas sociedades; las pocas sanas que pasaron la epidemia, se agruparon para intentar sobrevivir y sobrellevar el desastre ocurrido. Pequeñas sociedades sustentadas sin apenas energía y con los recursos básicos que quedan o que la tierra les proporciona. Al principio había mucha abundancia de recursos para las pocas personas que habían sobrevivido, pero con el tiempo las medicinas y los alimentos en conserva han ido caducando.
Algunos de estos pueblos están mas avanzados que otros debido a la situación geográfica, ya que disponen de lugares repletos de recursos básicos con los que sobrevivir, como ríos y presas, granjas e incluso grandes almacenes abandonados. Este es, o debería ser, el caso de Bigfork.

Es 12 de noviembre de 2024, ha pasado algo más de un año desde el mayor desastre en la Tierra. El invierno está cerca en el hemisferio norte y quienes no tengan un buen pronóstico de cara a conseguir alimentos para esa época, deben empezar a buscar soluciones a muy corto plazo. Todas las personas tienen claro que pueden ser las siguientes en perecer.
Houston, Houston, tenemos un problema... ¿Houston? ¿Hay alguien ahí? Mierda.
La tierra ha sufrido una epidemia brutal, sólo ha sobrevivido menos del 2% de la población al nuevo virus, sin que los animales se viesen afectados, aunque se sospechaba que sí eran transmisores. A la extraña enfermedad se la llamaba la "viruela símica" y en apenas tres meses desplomó la tasa de población mundial.
Los síntomas eran como los de una gripe. Pero que se complicaba mucho. Y cuando salían los forúnculos en las axilas te daban horas de vida. Algunas pocas personas, muy pocas, han tenido estos forúnculos y como aparecieron se quitaron, y después, todo lo demás. La recuperación era lenta, pero se vivía para contarlo. Se intentó extirpar estos forúnculos, pero solo servía para que las últimas horas de estas personas fueran más dolorosas. El resultado era el mismo: la muerte del paciente.
Las ciudades están desiertas, ninguna catástrofe natural las ha alterado por el momento. Todo parece intacto y libre de rastro de cualquier ser vivo. Es más, algo pasa en las ciudades: Quien entra, no sale de ellas. La gente se está dedicando a poner carteles en las afueras de las mismas, avisando de que no se entre.
Algunas personas formaron pequeñas sociedades, las pocas, poquísimas, personas sanas que han pasado la epidemia y las que todavía no, se agruparon para intentar sobrevivir y sobrellevar el desastre ocurrido, en zonas más rurales.
Algunos de estos pueblos están mas avanzados que otros debido a la situación geográfica, ya que disponen de recursos básicos con los que sobrevivir. Como ríos y presas, granjas e incluso grandes almacenes abandonados. Este es el caso, o debería ser, de Bigfork: Un grupo de gente que quiere salir adelante y colaborar, dejar atrás los horrores padecidos.
¿Qué puede salir mal?
La población mundial ha quedado reducida a un 2% ¿Qué más se puede decir de este virus? Realmente no demasiado, se sabe muy poco de él, todo fue muy rápido. Aunque siempre se puede afinar un poco más.
Hasta que dejaron de haber noticias sobre él, y sobre todo lo demás, se sabía “con seguridad” que los animales no lo padecían, aunque se llegó a sospechar que los perros eran transmisores.
Dio tiempo a que se fabricara un test sanguíneo para saber si alguien lo tenía, pero realmente no llegó a distribuirse entre la población, no dio tiempo, y se quedó almacenado en centros médicos y hospitales en espera de ser usado. Ahí siguen.
El desarrollo de la enfermedad era el siguiente, por lo menos en el individuo “standar” (Todo el mundo ha escuchado cierta variación en la duración de las fases o en los síntomas): Se transmite con la misma eficacia y velocidad que el primer Covid-19 que se conoció, aunque su incubación era más corta, dos días como mucho. Empezaba como una gripe en la que a aparecían unos forúnculos rojos y duros debajo de ambas axilas. Esto sí se producía siempre, a veces a las horas y otras llegaba a tardar cuatro agonizantes días. Desde el momento en el que aparecían, lo normal es que en 48 horas la persona muriera, a veces tres días y en muy muy muy raras ocasiones, los bultos remitían y no se producía la muerte de la persona. No se sabe de nadie que lo haya pasado dos veces. Y por supuesto no ha dado tiempo a que se conozcan mutaciones, de lo letal que ha resultado.
