Partida Rol por web

Belaya (Incompleta)

Cañada Weirst

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03/02/2011, 21:38
Director

 Puede que Pwyll estuviese muy atento a su maestro, que observase sus movimientos, pero de alguna forma, olvidó su posición por completo, cuando quiso darse cuenta el Drow había desaparecido, simplemente ya no estaba.

 

 La escena era simplemente una oda a la brutalidad. Con la mano abierta los soldados golpeaban a alguno de los elfos que trataba de caminar como podía sin mucho éxito en lo que bien parecía, en ocasiones, un cenagal. Tenían los labios rotos y marcados con sangre, agrietados además por la sed.

 Muchos miraban a los cielos, sin duda...rezando a los dioses para que tuviesen piedad por ellos.

 Sea lo que fuera lo que había dentro de la bolsa se detuvo tras ser sacudida violentamente. Quién sabe cuanto llevaban luchando.

 En aquella situación era mejor la muerte.

 Pwyll podía imaginarse su destino, serían vendidos en las cercanias de Cabo Delka. Algunos se convertirían en esclavos para piratas con recursos hasta que el escorbuto los consumiese, algo que sería pronto si no morían antes por falta de agua o comida. Los demás serían puestos a subasta, o lo que es más humillante, colgados publicamente como escarmiento.

 Otra posibilidad era que no se dirigiesen a la hospitalidad de Cabo Delka, sino a Sion, donde las leyentas contaban que se experimentaba con la sangre de toda criatura viva, y se perseguía a los que eran distintos a los humanos por ser como eran. ¡O acabar en Trelammir!, la ciudad de los magos, donde les robarían su esencia mágica y se convertirían en poco menos que recimientos vacios...

 

 Repentinamente cundió el caos entre los humanos allí reunidos. Se dio la voz de alarma y formaron un círculo para protegerse. Eso dejó a los elfos en una mejor situación para tratar de escapar, algo que aprovecharon tirando de sus cadenas entre todos, al unísono, compartiendo su mentalidad sin gestos ni palabras.

 El único humano que no había abandonado la cadena entre sus dedos por tomar sus armas se vio privado de la protección del círculo y estuvo a punto de caer al suelo. Para ayudarle otro de los humanos lo agarró por el brazo con la siniestra, descubriendo su cuello y su pecho. En un instante, una flecha, como endemoniada, atravesó su cuello y lo envió hacia atrás con la fuerza de su impetu.

 Como consecuencia gritos de guerra y venganza, y el caminar torpe de los elfos, agotados, que con sus ataduras no podrían avanzar.

 Gelroos aparió entonces a la espalda de Pwyll y sus labios ya rozaban prácitcamente su puntiaguda oreja para susurrar:

 - Jamás te contengas......demasiado.

 Era su momento para lucirse.

 El grupo de hombres, siete en total sin contar el que acababa de caer abatido miraba a todos lados, sin saber en absoluto de donde podía provenir el ataque. Cundía el caos en sus lineas, y ya no formaban aquel círculo perfecto.

 Dos de ellos, uno era Aryos habían envainado sus armas para tirarse a por las cadenas e impedir la huída. el hombre con la bolsita brillante se la ató al cinto, y procedió a dar órdenes extendiendo los brazos y moviendolos con efusividad.

 - ¡Retenedlos! ¡Dejad las armas, volveremos luego a por ellas! ¡salgamos de aquí, YA!

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04/02/2011, 00:56
Pwyll

- "Sí, maestro..."

Es el momento de hacer justicia... Diosas, ayudadme...

Me incorporo. La sangre vuelve a circular por mis piernas estiradas renovada, con una fuerza que no había conocido nunca.

¿Es esto el valor? Siempre me he encogido ante los golpes, o peleado por mi vida, siempre solo... Pero ahora, voy a actuar para salvar a otros... y estoy con un drow...

- "...¡no me contendré!"

Sonrío a mi maestro. Cojo mi vieja honda. No llevo armadura, así que igual puedo aturdir a uno antes de sacar la espada y enfrentarme cuerpo a cuerpo.

Cargo uno de los plomos más pesados, y comienzo a girarla sobre mi cabeza.

Esto sé hacerlo... no tengas miedo... apunta bien...

El corazon a 101%. Sólo hay dos humanos sujetando las cadenas... Ayros y otro...

Grito: "¡Aryos, aquí!", mientras lanzo el proyectil con todas mis fuerzas hacia su compañero. Si le aturdo lo suficiente, y Ayros se despista por mi grito, quizá los elfos puedan escapar...

Ya no hay sorpresa. Ya saben dónde estoy... ahora es todo cuestión de... geometría y espada...

Desenvaino. Y comienzo a andar... aunque la furia latente me hace ir acelerando hacia Aryos... pierdo la noción de dónde está mi maestro, pero de algun modo sé que está cerca... al menos, sus lecciones...