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[D&D 3.5] La Torre de las Almas Perdidas 2: El Plano de la L

Capítulo 14. Hacia el Sanatorio.

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27/01/2018, 07:26
Director

Edzard agarró su arco y tomó una flecha preparándose para el combate. Por su parte Markku, desprovisto de cualquier arma a distancia desde prácticamente llegar a aquel plano, solo pudo desenvainar sus espadas, listo para la pelea cuerpo a cuerpo si es que ésta llegaba. Fuera como fuera, si alguien se acercaba hacia ellos dispuesto a atentar contra sus vidas, se defenderían con todo lo que tenían. No habían llegado hasta allí para darse por vencidos.

A ninguno de ellos les extrañaría que quien fuera que iba a bordo del carruaje del que Loperick había hablado, tuviera intenciones hostiles, sádicas y malignas de cara a ellos. Ya habían tenido demasiada suerte al encontrarse con aquel reducto de paz en medio de la locura, no veían posible que su suerte todavía les durase sabiendo donde se encontraban.

Sin embargo, tras varios minutos esperando lo inevitable, ninguna luz, ni un solo sonido, nada apareció acercándose en su dirección, tan solo el silencio solo interrumpido por el sonido las gotas cayendo sobre el polvoriento suelo de aquel lugar, pues había comenzado a llover de forma inesperada y sorpresiva.

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27/01/2018, 09:08
Cleon

El sonido de las gotas de lluvia sobre el techo del vagón apagaba los sonidos externos. Cleon y sus dos compañeros tenían la suerte de estar secos y a refugio, pero también se había complicado sobremanera percibir cualquier cosa del exterior.

Cleon se asomó apenas para ver a través de las ventanillas, que se iban cubriendo de gotas que dificultaban la visión, pero no había nada en el exterior que llamase su atención.

Permanecía en silencio, observando.

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27/01/2018, 11:17
Lope Ster

Lope preocupado por la tardanza del carruaje procedió a hacer gestos a sus compañeros de que se acercaría a donde había visto que venían los problemas.

Con sumo cuidado se acercó a la zona donde había visto al carruaje.

- Tiradas (4)

Notas de juego

me acerco a poc a poc con mi hacha lista para matar al mago rojo

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29/01/2018, 15:25
Director

- ¡Dime! – Susurró Edzard a Lope oculto junto al muro de una de las casas. - ¿Pero qué has visto? – Preguntó alarmado mientras le seguía de cerca. – Yo no veo nada… - Se quejó.

Markku avanzaba en segunda posición, agachado junto a Lope. Cleon lo hacía en paralelo al batidor, encontrándose tras sus pasos el anciano al cual le picaba la curiosidad. Lope simplemente le hizo una señal con la mano para que mantuviera silencio. Siguieron avanzando calle arriba, acercándose cada vez más hacia una vieja y destartalada vivienda fabricada de forma tosca en madera.

La poca luz que les permitía avanzar sin tropezar con todo lo que tenían por delante, no se lo ponía fácil. Lope había hablado de un carruaje, pero no se escuchaba nada más que el más puro de los silencios, solo interrumpido por el sonido de la lluvia. Ya se encontraban en las afueras de poblado. Habían dejado atrás, una serie de viviendas de dos y tres pisos, habiéndoles llamado la atención una de ellas, de la cual colgaba un cartel por uno solo de sus anclajes, en el que se leía “saloon”.

Cuando estuvieron a escasos pasos de la vivienda tosca, junto a la que Lope había observado la luz que había llamado fuertemente su atención, se detuvieron. Los cuatro se ocultaron tras lo que parecía ser un abrevadero para caballos que se encontraba junto a una estructura de madera que sin duda sirvió para anclar a un poste colocado en horizontal, las bridas de alguna montura.

- ¡No hay nada! – Exclamó Markku por lo bajo. - ¿Podemos irnos ya a descansar? – Sugirió.

En ese preciso instante se escuchó un sonido. Una pisada, cercana sobre una rama que había crujido o algo similar e inmediatamente un relincho de un caballo se escuchó procedente del interior de la vivienda de madera tosca. A través de la ventana se observó una luminaria similar a las llamas de una hoguera.

Las miradas de todos se centraron en un primer momento en el ruido de pisada. Dos personas parecían alejarse a hurtadillas de la vivienda. Los dos susurraban algo entre dientes, que ninguno de los presentes pudo entender. No obstante, la figura de uno de ellos le resultaba familiar a todos, siendo la otra una total incógnita, pues si no les fallaba la vista por completo en aquella penetrante oscuridad, parecía tratarse de una persona cuyo rostro estaba totalmente cubierto de vendajes.

Notas de juego

Seguimos aquí.