Tom, podría servir una rama larga de los arbustos?
Si la desbrozamos igual es suficiente. Que distancia se precisa?
Theren se encaminó hacia el lugar que indicó Ulrika.
-Esto no me gusta, es como si los animales se hubieran marchado por algo, el camino parece que no se ha transitado en un tiempo pero esas ramas ritas de ahí... En esa dirección están las Parameras. Puede que si las seguimos cambien de dirección, pero mi instinto me dice que Irán allí. Creo que deberíamos entrar y descansar en un sitio más protegido, y partir mañana a investigar. - hablo el bárbaro con su compañera en voz baja mientras seguía atento en su vigilancia, cuando supiera si se podían entrar, hablarían de lo que había percibido, por el momento sólo vigilaba atento.
-Esta bien, además no parece que vaya a haber mucha gente ahí. Vamos a ayudar a entrar. Mañana deberíamos seguir el rastro.
Había algo a su alrededor, no podían distinguirlo, pero era evidente que la naturaleza estaba desequilibrada, eso nunca ocurre solo. Lo más prudente era dormir en el interior de la fortaleza y salir al día siguiente en busca de respuestas.
La druida se acercó con cautela al improvisado campamento ivgilando la espesura, como si esperase que en cualquier momento algo fuese a saltar sobre ella.
-¿Necesitáis ayuda? dijo en dirección al resto de aventureros. En realidad confiaba en que el tamaño y las habilidades del monje fuesen suficientes, el escueto ofrecimiento era más un formalismo que otra cosa.
Tras la breve conversación con EldUneg, esta fue a ver si sus demás compañeros necesitaban ayuda, pero el prefirió seguir vigilando, alguien tenía que proteger al resto mientras se las arreglaban para que entrarán a lugar más seguro.
– Hm, hm... –Al ver que todos os concentrabais unos pasos más allá, junto a la tronera, Trébano se acercó al trotecillo, alegre y sonriente, y con el eje ligeramente inclinado por culpa de los vapores espirituosos que lo hacían desplazarse en una nube.
–¿Llamasteis y no os abrieron la puerta? Hm. Huele a cerrado, sí. Si queréis pescar las llaves, os puedo prestar una caña de junco que tengo en la carreta. ¡Os la regalo! Nunca viajo sin un buen manojo de ellas. Son útiles para muchas cosas… aunque, algo incómodas de llevar en mochila, claro.
Trébano se quedó unos segundos meditabundo, mesándose un mechoncillo de pelo que le crecía, a su aire, bajo la barbilla.
–Pero... si lo que queréis es adquirir un buen objeto que complemente vuestro equipo de aventurero de forma distinguida, útil, y elegante... ¡tengo justo lo que necesitáis!
Rebuscó en una de sus mangas, hasta sacar con teatralidad lo que parecía ser un hueso de ave: blanco, brillante y anormalmente largo, con vetas ocres y una ligera curva serpenteante.
–¡Un hueso de cocatriz!
Lo levantó como si presentara una reliquia santa envuelta de un halo divino mágico.
–La llave mágica que abre todas las puertas, ya sean materiales o interdimensionales. Lo adquirí hace años, aún joven, y casi sobrio, en las ruinas del Monasterio de las Nueve Horas.
–Un clérigo loco me dijo que era un regalo de su patrona, la diosa Tymora, y lo usaba para entrar en las cámaras prohibidas donde ocultaban los quesos sagrados. ¡Y no fallaba nunca! Aunque… bueno, también decía que oía las paredes respirar, pero eso es otra historia.
Con una sonrisa ladeada, os ofreció el hueso como si fuera un cetro real.
–Nunca había querido venderla, por la evidente utilidad que un objeto de estas características puede ofrecer. Pero a mi edad, y con mis problemas de visión, yo ya no puedo sacarle demasiado provecho... . ¡Os lo vendo! Al mejor postor, con un precio de salida de 20 monedas de oro.
Y, añadió con una reverencia mal medida:
–¡Si lo compráis hoy, de regalo un pequeño tarro de manteca del silencio! Ideal para engrasar bisagras ruidosas, reducir el sonido de vuestras botas… o para freír tocino sin que se enteren los esqueletos
¿Quién de vosotros quiere ser el tonto que deje pasar esta oportunidad única de adquirir un objeto mágico, con sello de Trébano y personalidad única, para acompañarte por el resto de tus aventuras?
Ulrika dejó caer un suspiro mientras se le caia la cabeza hacía delante, era fruto de la pesadez del maldito "Mantecas" que parecía disfrutar del sonido de su voz y no se callaba. Miró con una sonrisa cansada a sus compañeros a ver si era solo ella o era una carga compartida por más de uno.
Mientras el grupo estaba intentando hacerse con las llaves, proactiva fue hasta el carro y tomó aquella caña
-Tienes que dejar pasar de vez en cuando la oportunidad de vendernos nada, sobre todo sin son cosas que nos podrían venir bien para hacer el trabajo. -Miró el huevo de cocatriz con suspicacia e incredulidad. -¿Y si nos dejas usarlo esta vez de prueba? ¿Solo para comprobar la utilidad de este? Una pequeña demostración vamos.
Esperad, no hagas nada aún Tom. Voy a facilitarte las cosas.
Theren rebusco en el carromato un saco y lo vacio.
Se acercó presto al portón, y ato el saco con una cuerda, entrelazándola.
Mira, vamos a lanzar primero esto. Veréis que si lo dejamos justo debajo, si la llave cae con muchas probabilidades lo hará sobre el saco... Luego tirando delicadamente de la cuerda la llave quedará a nuestros pies.
Venga Tom, dale.
Pescar con red siempre era más sencillo que hacerlo con caña decían los ancianos de mi gente.
- Tú quieres arruinarme, Ulrika. Ay, ay, ay… -El viejo Ojomanteca agita las manos en el aire, enseñando las palmas en un gesto de pretendida indefensión.
- A lo que hemos llegado, por el amor de Waukeen. ¿Acaso crees que un comerciante como yo puede durar mucho en este oficio, fiando su mejor material mágico? ¿Acaso piensas que soy un cigarrero de tres al cuarto?
-¡Si ya os lo estoy dejando a mitad de precio! Ay, ay, ay. -Se lleva una mano a la frente, con teatralidad, y bebe un trago de vino para calmarse.
- Hagamos una cosa. Me pagáis 10 monedas ahora, y el resto cuando acabemos el trabajo. De regalo os doy la muestra de Manteca del Silencio, por todo lo bueno que habéis hecho hasta ahora…
- ¡Pero ni una cosa más hasta que me acabéis de pagar la Llave de Cocatriz! -Apuntando con el índice al cielo, agita en la otra mano el hueso de ave, con sinuosidad.
- ¡Ni Vela de Almas, ni Casquete de Olvido Inmediato, ni Polvillo ectoplásmico! ¿Me oyes? ¡Ni siquiera un triste Besugo de Detección!
- Lo siento, buen Trébano. Tu negocio en esta ocasión no va a ser necesario, pues para esta circunstancia basta con una rama. Aún conservo una buena vista, la respiración calmada y pulso, aunque no lo parezca. -Decía el viejo mediano mientras buscaba una rama cercana que había señalado el elfo y le iba arrancando las ramitas que podían estorbar hasta forjar un palo lo más limpio posible. Alargado y ligeramente flexible.
- Además, la idea de Theren de colocar debajo el saco, ha sido determinante ¡No podemos fallar! -Quizás esperaría a que el saco estuvera bajo las llaves, en la distancia, y guiñando un ojo y sacando la lengua, alargaría su bracito por entre los barrotes de la gruesa puerta hasta alcanzar con la punta de la rama, las llaves. -Las tengo... ya casi están... ñññhh...
Pero esa rama era demasiado flexible y las llaves demasiado pesadas. Tras extraerlas de su gancho, el peso dobló la punta de la rama y las llaves cayeron al saco haciendo un sonido metálico sordo y apagado, apenas audible. Y por la mente de Tom pasó la idea de que con aquel hueso de mocatriz cocatriz, lo hubiera conseguido...
Motivo: Juego de manos (habilidad)
Tirada: 1d20
Dificultad: 12+
Resultado: 3(+4)=7 (Fracaso) [3]
Me he tomado la libertad de hacer la tirada que he creido correspondiente y narrar el resultado. Si no es así como quieres hacerlo, no se repetirá más.