Ma asustao, xD
Ok, esta noche cuando llegue a casa escribo el post
Pit se quita el sombrero un momento, se pasa la mano por la frente y vuelve a calárselo con cuidado. Mira a Anne. Hay algo en sus ojos que no es preocupación, sino certeza.
- Doctora... dice en voz baja, apenas un hilo... Voy a bajar un momento. Silas está ahí fuera, en el lateral, y necesita saber que esas luces no eran del enemigo. Son de Sweet. Y Silas, con los años que tiene, sabrá leerlas mejor que nosotros.
Señala con la barbilla hacia los matorrales donde desapareció.
- Usted se queda aquí. No se mueva. No haga ruido. Mire al molino, mire al silo, pero no se asome más de lo necesario. Si ve algo raro, un movimiento, otra luz, alguien saliendo... un silbido corto. Si es grave, tira del freno y los caballos saldrán solos hacia atrás. Nosotros nos arreglamos.
Se agarra el ala del sombrero con dos dedos, como si fuera a saludar, pero no.
- No tardo.
Se desliza fuera de la carreta por el lado opuesto a donde salió Sweetheart, pegado a la vegetación baja, aprovechando cada mata seca, cada piedra. Los pies le crujen apenas sobre la tierra endurecida. Camina agachado, sin prisa, con la paciencia de quien ha aprendido que correr es la mejor forma de que te vean.
A los pocos metros encuentra a Silas. El contable está agazapado tras unas rocas, la vista fija en el silo, el cuerpo inmóvil. No se sobresalta cuando Pit se deja caer a su lado.
- Silas... Creo...
Silas no aparta la vista de la estructura...
Me corta la exposición diciéndome que era Sweetheart... Que esperara unos segundos que estaba terminando de interpretar las señales.
Pit se queda un momento más, mira de reojo el carro por si ve algún movimiento de la doctora.
El calor empieza a apretar cuando Pit se desliza fuera de la carreta y se mueve pegado al terreno, buscando a Silas sin levantar más polvo del necesario. La luz cae dura y no perdona errores. A su espalda, la doctora permanece quieta, encajada en la sombra corta del carro, con el molino ocupándole toda la mirada.
Silas está donde parecía, agazapado tras unas rocas bajas, inmóvil como si llevara ahí toda la mañana. No se gira cuando Pit llega a su lado. Solo habla en un murmullo, con la vista fija en la estructura.
-Es Sweethearth. Parece que está avisando de que hay alguien ahi arriba.
No suena tranquilo. Suena a conclusión.
Durante unos segundos no ocurre nada más. El molino sigue cerrado, callado, como si dentro no hubiera pasado nada desde que el cojo cruzó la puerta.
Entonces la puerta se abre.
Lo hace despacio, sin golpe, y un hombre aparece en el umbral. Se queda apoyado en el marco, dejando que el sol le dé de lleno. Tiene la postura relajada de quien sale a estirar las piernas, pero los ojos trabajan más de la cuenta. Recorren el terreno con calma, sin detenerse demasiado en ningún punto, como si no buscara nada en concreto.
Aun así, su mirada pasa por la carreta.
No se queda. No se clava. Pero vuelve a pasar, un instante más tarde, con esa falta de interés estudiada que delata más de lo que oculta.
El hombre escupe a un lado, baja un par de escalones y pisa el terreno con tranquilidad. Desde dentro le dicen algo que no alcanza a oírse. Responde sin girarse, como si la conversación no tuviera importancia.
Luego se inclina, recoge una piedra del suelo y la lanza sin fuerza hacia un lado del camino. El golpe es seco y claro en medio del silencio.
No parece gran cosa. Pero no es un gesto cualquiera.
Silas ajusta apenas la postura, lo justo para prepararse sin delatarse. Porque el molino ya no está quieto por inercia. Está quieto porque alguien ha decidido que así debe estar.
La situación se había convertido en una especie de larga y tensa espera, en donde cada sonido y cada cambio, generaba ansiedad y temor por lo que pudiera ocurrir a continuación.
Miré a Pit y vi que él también podía sentirla, como un puré de guisantes, espeso, a nuestro alrededor.
Cuando me dijo que iba a bajar, asentí en silencio y aguardé, observando con atención como llegaba hasta Silas y ambos hablaban.
Y finalmente, algo.
La puerta comenzó a abrirse lentamente y yo me apretujé en la carreta mientras observaba como un hombre salía y se mostraba relajado. Eso significaba que no nos habían visto, que no sabían nada de nosotros y que no nos esperaban. Pareció mirar en mi dirección... pero no fijarse en nada en concreto.
No nos ha visto.
El plan estaba saliendo bien hasta el momento, porque significaba que habíamos llegado hasta allí sin que sospecharan lo más mínimo. Pero era insuficiente para atacarles. Estaban allí dentro y nosotros seguíamos siendo pocos. A no ser que...
¿Y si les prendíamos fuego? Eso no sonaba tan mal porque así podrían hacerles salir.
Cuando volviese Pit, se lo comentaría.
A la espera de Pit, que aun no lo ha leído.