Harry se quedó maravillado con la soltura y decisión de Anne. Él había comenzado con aquel remedo de camilla y ella tomando la dirección de la obra, mostró una capacidad envidiable para muchos hombres. Pensó que era un mujer fascinante y, seguramente, difícil.
"Difícil de domar, desde luego , una potra salvaje. ¿Será igual en la cama" Sweetheart se distrajo con estos pensamientos entretanto ella se puso a confeccionar el transporte para el capullo de Jimmy.
"Joder, podía haber palmado el hijo de puta".
-Le echo una mano, doctora. Vamos a ello.
Motivo: ayuda con supervivenvia
Tirada: 1d20
Resultado: 1(+3)=4 [1]
Parece que soy bastante torpe XD
Harry se adelantó, fiero de la decisión propia, con las manos acostumbradas a partir maderas y despejar problemas de un empujón.
En su cabeza aquello era un movimiento más: un par de amarras, una espalda sólida y Jimmy atado como paquete. Se inclinó, cogió la cuerda con confianza y tiró con la fuerza que siempre le había servido para mover bultos mayores que él.
El orgullo es una espada de doble filo.
La navaja de la tensión cedió en el nudo mal hecho: la cuerda, humedecida por la sangre y pasada por encima de astillas mal lijadas, resbaló con un chasquido húmedo. La lona, que Anne había cosido con manos de milagro, basculó en un ángulo que nadie quería ver.
Por un instante el mundo entró en cámara lenta: los ojos de Harry se abrieron como platos, la madera crujió y el improvisado capullo cedió en un borde.
Jimmy rodó en la lona con un gemido entre dientes; la inercia despertó el reflejo del muchacho y, por un terrible momento, su cuerpo lanzó un alarido que no fue solo de dolor sino de indignación. Anne maldijo en voz baja y, sin calcular orgullo alguno, clavó las rodillas en la tierra.
—¡Cuidado! —ordenó, y su voz no admitía réplica—. Sujetadlo, que no se mueva.
Harry, rojo en las orejas, intentó enmendar en el mismo impulso que había roto: agarró la lona por un lado, tiró con rabia, buscó un punto firme para hacer palanca. Pero su tirón torpe soltó otra cuerda y el extremo del listón salió disparado, golpeando la tierra con un estruendo seco que espantó a los pocos insectos que rondaban la escena.
En ese frágil teatro de polvo y sangre, la doctora fue la calma contenida.
Metió las manos hasta el codo en la sangre y el barro, recolocó la tibia con un movimiento preciso que drenó un nuevo gemido del herido, y con una sola mano sujetó la piel mientras con la otra rehízo en un latigazo el torniquete que Harry había aflojado. Sus dedos trabajaron como si supieran qué hilo tirar para coser la suerte de un hombre: limpio, rápido, sin teatralidad.
Sujeta la cabeza y no dejes que trague polvo —dijo sin mirar a Harry, pero la corrección estaba en cada palabra
Harry pasó de la vergüenza al alivio en menos de un parpadeo. Su orgullo se hizo líquido y se volcó en acciones: sujetó la nuca de Jimmy con manos que temblaban apenas, vigiló las vías respiratorias y murmuró una excusa que no llegó a articularse. Por dentro, juró no volver a confiar en un nudo suyo cuando la vida pendiera de él.
La camilla improvisada quedó maltrecha, pero no rota del todo. Anne añadió refuerzos con tiras de cuero y otro nudo, esta vez anudado por ella, firme como un sello. Inspeccionó la pierna una vez más: la reducción había aguantado, la hemorragia contenida por el torniquete, pero la carne y la suciedad no perdonarían sin que el rancho ofreciera alcohol y cuidados más limpios.
—Se mantiene —dijo, la voz rasgada por el esfuerzo—. Aguantará el trayecto si lo lleváis despacio. Y Harry… cuida esos nudos la próxima vez que quieras parecer útil.
Él bajó la vista y, por primera vez en mucho tiempo, no respondió con salidas ingeniosas. La humillación le quemó la garganta, pero la escena no admitía más teatro. Alrededor, el polvo volvía a posarse, el carro crujía en el silencio y Jimmy, envuelto y sujetado, respiraba con un ritmo más calmado. La urgencia seguía allí; la infección era una sombra cercana.
El gesto de la doctora había salvado la pierna por ahora; la torpeza de Harry la puso en riesgo por un momento. Las consecuencias quedarían fuera del camino: si los cuidados en el rancho eran los adecuados la pierna podría salvarse con taras; si no… la justicia del Oeste era más fría que la moral de los hombres.
El grupo preparó el amarre final. La doctora, con manos manchadas y mirada fija, indicó el modo de transporte. Harry, con la cara todavía caliente, ajustó las cuerdas con cuidado nuevo, recomponiendo la dignidad por trozos.
El viaje hacia el rancho empezaría en silencio. Y en la cabeza de Harry, una lección que no olvidaría: el precio del orgullo mal atado puede ser muy alto.
El sol estaba alto cuando por fin el rancho Tommy Ville apareció al final del camino. Un espejismo al principio, una línea difusa entre el calor y el polvo; después, las cercas, el establo y las sombras de los hombres moviéndose entre reses y monturas.
El aire olía a estiércol caliente y hierro viejo. Cada respiración era un trago seco de polvo y sudor.
Sweetheart avanzaba con paso cansado, el sombrero echado hacia delante, una cuerda atada al torso tirando del improvisado camastro donde yacía Jimmy. Detrás, la doctora Anne caminaba en silencio, el macuto colgándole del hombro, la blusa pegada al cuerpo por el sudor y las botas cubiertas de barro seco.
Llevaban un par de horas caminando bajo el sol. Brownie no aguantó el peso de los tres y tuvieron que hacer el resto a pie, compartiendo cantimplora y silencios. Nadie se había quejado, pero el cansancio les hacía arrastrar los pies.
Los primeros en verlos fueron dos peones que reparaban un cercado. Uno de ellos levantó la cabeza, entornando los ojos.
—¡Alguien viene del camino! —gritó.
El rancho despertó con murmullos. Para cuando llegaron al corral, tres hombres y el propio Henry Joshua aguardaban en la entrada, cubriéndose los ojos del sol con la mano. El patrón era un hombre ancho de hombros, barba entrecana y mirada que sabía distinguir entre un error y una mentira.
Sweetheart se sentía un poco idiota, enfadado consigo mismo. Tirando del capullo de Jimmy, que se la tenía jurada, y por otro lado con la penosa imagen que había dado a la doctora en el arreglo de la improvisada parihuela.
De vez en cuando miraba hacia atrás, a la yegua europea y a Brownie. -¿Qué tal va, Anne? Ha sido un buen bautizo para usted. Ahora ya puede decidir si se queda o se larga. –Alzó la cabeza al cielo – Este lugar te endurece o te mata pronto.
Porque desde luego, antes o despúes acabarías en una caje de pino.
¿Y tú, Brownie?
El caballo cabeceó y emitió un ligero relincho.
La tierra ardía, el sol quemaba. Le pasó la cantimplora a la chica. –Pronto llegaremos.
Y sí, llegaron. Harry leyó la expectación en las miradas de sus compañeros de fatigas. Con el viejo de piel de cuero clavándole la mirada lo mismo que el cañón de dos revólveres. No era plan de mentir, no al patrón. Le dio una oportunidad a Harry y le era, más o menos, leal.
-Sr. Joshua. Le presento a la doctora Anne.
Sus ojos se encontraron con los de Henry. El pistolero era de los que mantenía la mirada sin ningún pudor. Con el jefe, rebajó la intensidad. Decidió darle explicaciones antes de que preguntase.
-Estaba en la cantina relajándome con los chicos, es mi día de descanso. Llegó nuestra invitada y me ofrecí a acompañar a Jimmy y a ella hasta el rancho. Me pareció lo más sensato.
Sweetheart no solía serlo.
Soltó la cuerda y las parihuelas.
-No se lo que entendió Jimmy, pero se largó como alma que se lleva el diablo, dejando tirada a la doctora . Luego nos lo encontramos debajo del carro. Tuve que sacrificar a uno de los caballos, el otro se largo como perseguido por el diablo, el pobre. La doctora demostró una excelente habilidad con la pierna rota del chico. Y montando la improvisada camilla - se tragó su orgullo y mantuvo la rabia a resguardo. Algún imbécil pagaría cuando la soltase.
-Un placer.- La doctora sacó un delicado pañuelo, que estaba ya algo mojado de sudor y sucio, para secarse el sudor de la frente; no tenía muchas palabras; se la notaba cansada. Harry ya lo había dicho, en resumidas cuentas, este lugar te mataba o te hacía mas fuerte.
-Hay que buscarle un lugar limpio al muchacho, alcohol, vendas. Aún no he terminado con esa pierna suya; pero no va a salir muy bien de esta. Si conserva la pierna será todo un milagro. Y si camina con una muleta, otro.-La mirada de la doctora era dura, ni si quiera mencionó la recuperación completa y eso ya daría pistas a los presentes, pero aun guardaba energias para salvar, en parte, una pierna al parecer. Eso si, necesitaba urgentemente plantar su culo en un asiento y beber algo que le quitase el polvo de la garganta. Al menos no se tuvo que presentar, ya lo hizo Harry por ella. Había querido adecentarse y presentarse en la hacienda echa un pincel y había fallado estrepitosamente. Al menos uno de los veteranos de la zona, como parecía Harry, la había puesto en alta estima con esas ultimas palabras.
Joshua dio un silbido e hizo un par de indicaciones con las manos. Sus hombres entendieron al momento que había que hacer sin que éste tuviera que articular palabra.
Jimmy fue trasladado rápidamente al interior de la Hacienda.
-Estamos en deuda con usted, Doctora. Sea bienvenida a Tommy Ville. Me gustaría haber podido darle una bienvenida más agradable o una habitación más confortable. Espero que no le importe compartir habitación. Su compañera Maggie, es también una recién llegada. Creo que ambas se llevarán bien y su fusil hará que estos patanes no las molesten demasiado - dijo el veterano capataz.
- Vamos a la sombra. Necesitará recuperar el aliento y descansar un poco. Este sol quema hasta las entrañas - y con un gesto rudo, pero cortés le indicó la dirección en la que debía ir.
Pasamos a la escena [Rancho Tommy Ville]