Partida Rol por web

Mundo Mazmorra I: Frágiles

I.II. El Baluarte Alienado

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15/11/2025, 21:48
Nick P. Maxwell
Sólo para el director

Se arrastró, como una rata, con la lanza enrollada alrededor de la mano y parte del antebrazo. Había funcionado, podía sentirlo, el olor que lo rodeaba a algo inedintificable chamuscado así lo evidenciaba. Pero no estaba muerto, claro que no. 

Cuando el rayo se había desviado hacia las cañerías parte de él se había disipado hacia afuera, la lanza, extendida hasta donde no podía siquiera verla, delgada como un cable le había servido de conexión a Tierra y había salvado su vida, la criatura de las tuberías se retorció de ¿Dolor? ¿Rabia? No siquiera se atrevía a hacer una suposición. Las tuberías saltaron, los caños se doblaron. Todo el laberinto dónde estaba atrapado se había trabsfigurado y cambiado. 

Empujó algunas de esas cañerías apenas ¿Podría redirigirlas? ¿Podría hacer que se conectaran con el suministro de bebidas, por ejemplo?*

Un murmullo apagado le llegó de algún lado, pero no pudo ponerle atención. No desde que aquella cosa que se hacía llamar caballero había puesto su intención sobre él. 

Sentía su odio, su rabia horadando su cabeza, prendido a sus neuronas como el sabueso al olor de su presa. Nick siguió arrastrándose inconscientemente lejos de aquella sensación buscando un camino de vuelta. 

No, no hacia sus compañeros. Acercarse a ellos solo atraería al caballero y les traería más problemas. Ahora tendrían que resolver el resto solo, el debía moverse. Pero ¿Adónde? 

Lo tenía claro. Enfrentarse al caballero —creyó sentir a la lanza vibrar en su brazo— era algo descabellado y totalmente inútil. Solo tenía una salida. Solo una manera de que esa cosa dejara de cazarlo o, por lo menos, le diera un respiro: Debía encontrar una amenaza mayor que él. 

O varias. 

Se deslizó por una saliente y resbaló varios metros, esperaba no estar equivocando el rumbo hacia la jaula del Hombre León. 

Notas de juego

* si se puede, pues lo hace. 

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16/11/2025, 17:42
GN1320

Se sintió arrastrada a las cercanías de la que había tenido tantos nombres, tantas formas, tantas caras. Sorprendentemente le pareció buena idea. Con este cambio la pequeña niña insectoide era más temible que aquellas diminutas criaturas corrosivas a las que plantó cara como buena soldado. Arremetió con el impetu de quien no quiere tirar la toalla pero...

Su arma improvisada iba deshaciéndose a cada paso, a cada golpe, y al mismo tiempo se consumía su esperanza de salir con vida de allí. No se notaba cansada físicamente pero era duro seguir esquivando, seguir descargando con precisión su látigo de metal cada vez más menudo, ver que no lograba nada más que ganar las migajas de un poco más de tiempo.

Lo peor es que pensar en huir le parecía imposible. Misión imposible. Y empezaron a rodearlos. A cercarlos. Y ella sabía bien lo que aquello significaba. Su pecho jadeaba por el esfuerzo. Las gasas de su falda pesaba al haber ido empapándose de los restos sanguinolentos del suelo. Sus medias, sus guantes... las prendas se habían ido adhiriendo a la piel de su cuerpo por las manchas que había salpicado. Tenía alguna quemadura que otra pero todo eso quedaba en segundo plano.

Buscó sin mirar la mano de Axel y la apretó con fuerza justo en el momento en que aquella luz fulguró en lo alto. Por instinto, o quizás como si con aquel estúpido gesto al menos pudiera proteger a su bebé no nato, se giró para refugiarse contra el pecho del hombre mientras sus brazos le rodeaban a él. Ahí estaban los tres. El lentejito en medio.

Inspiró temerosa. Abrió los ojos

¿Qué había pasado? Se separó despacio. Buscó los ojos de Axel, luego los del resto de sus compañeros. 

Olía a barbacoa. A crematorio. A una nueva oportunidad. Lanzó los restos de la cadena sobre una de las criaturas para saber si incluso ahora muertas seguían corroyendo los materiales o si por el contrario se podían usar sus cuchillas. 

- Hay que salir de aquí pero escalar será dificil sin una soga o una cadena larga. A parte que no hay nadie que tire de nosotros... - se giró como un resorte al oir algo venir de una de las cavidades. ¿Podría ser aquello una salida?
 

Se aproximó cautelosa. Si era un enemigo no podía pasar. Si era alguno de los suyos... 

- ¿Quién viene? ¿LJ? ¿Morgan? - Revisó la montaña de macabra muerte para ver como de fácil sería ir retirando restos sin morir del asco. 

 

 

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19/11/2025, 19:19
Tártaro.
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Se deslizó por un saliente y resbaló varios metros. Se detuvo en seco. El Mundo Máquina llenaba su campo de visión. Todo. Un gran angular repleto de entrañas cibernéticas. Tuberías sofocadas, paneles, rejillas con siniestras filigranas, ruedas dentadas y correas trapezoidales, cilindros de percusión láser, contactores por magnetismo. Tak, ahora estabas dentro. Tik, ahora ya no estabas solo. Un mundo vivo. Dentro de un reloj demencial. El tiempo se acababa. Un pasillo, un corredor. Otro pasaje más. Enfrente, un círculo de luz.

Arriba, una escotilla abierta. El halo luminoso se filtraba por allí. Nick escuchó murmullos, risas, también la llamada a una contienda. Una salida a la Fortaleza, a la zona central. Aún no había llegado a la celda del león. No lo haría. Bajo ese círculo se encontraba el Caballero Blanco. Vigilante, acosador.

Su armadura era una obra artesanal. Capas sobre capas de metal blanco labrado, con intrincados arabescos y dibujos que emulaban formas nunca vista. Parecía echa de nieve, alabastro y napalm genocida. Su mirada era la oscuridad plena salvo por dos haces de luz; puntos del color del arco iris. No, allí había más. Todo un espectro de colorimetría, el color de la ira de Dios, la risa del diablo. Intenso como un volcán en erupción, calmo como un campo de batalla abandonado. Era grande, de apariencia robusta y contundente. Hombros de ariete, porte de conquistador.

—Y de aquí vendrá él, un intruso que como insecto se moverá entre las sombras, entre los pliegues de la ropa, entre las oquedades de las paredes —su voz era ritmo, látigo, martillo contra metal —. Y consumirá el mundo con su ignorancia y mezquindad. Y todo aquello por lo que luchamos, todo aquello que creamos, se derrumbará como un castillo de naipes en mitad de un vendaval.

Un salmo, algo que sabía de memoria, que tenía grabado en la piel. O en el metal. En su ser. Parte de lo que era. Parte de lo que necesitaba ser.

—Prepárate a ser uno con la muerte.

Avanzó, la espada aún en su funda, el paso decidido.

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20/11/2025, 11:16
Shibbat

Cayó rendida, hecha un charco de carne líquida. Descompuesta. No se reconocían los huesos.

Empezó a reordenarse. Daba lástima. Agotada, lloraba.

 

UNA POR UNA

Una vez escribió algo sobre eso de la soledad o, más bien, que no era ella misma, sino "alguien diferente del mundo exterior". Le ayudó, durante su infancia, a no rendirse jamás; pero ahora sabe que esto —formar parte de un grupo— también es real. Mucho más real. Aunque solo sea porque ha tenido una vida propia de la que ya no depende.

No hay ninguna historia, nadie se acuerda por completo de ella, pero, para ella, todo cobra sentido. El vacío puede ser muy grande, como si fuese una única presencia dentro. Ella es otra cosa —se apiada de sí misma—: la sombra o su propio pasado. Y solo está aquí cuando recuerda, cuando siente, que deben ir al otro lado de la puerta.

«Mi mente está vacía desde hace tiempo, pero todavía puedo recordar su rostro y sus manos entrelazadas a mi alrededor».

KATHAMA ANTES QUE IMPASSE

El primer día de examen se quedó dormida, pero no se fue hasta bien entrada la mañana. «Tenías hambre». Lo hizo muy rápido; su primera lección fue aprender a jugar. Terminó tres días después del examen, y al fin consiguió algo positivo: Úlcera de garganta o fallo respiratorio. 

LA NIEBLA

¿La niebla? Es como si se hubiese quedado dormida en su propia habitación. Los colores del sol están más vivos. El azul es más intenso, más verde, más blanco. A veces se oye un crujido de hojas secas. Oyes voces que te dicen algo, pero no puedes oírlas. Hay algunos sonidos raros. Te acuerdas cómo te llamaba tu madre cuando le dijiste: "¿Dónde está mi padre?". En ese momento tienes dos caras, una frente a la otra, y te fijas en una chica. Una tiene ojos oscuros y grandes; es joven y bonita, lleva adornos oscuros y unas vestimentas redondas. La otra tiene cara de niño bueno. Se parece mucho a ti. Un poco de colorete, eso sí.

Déjalas, aunque sea en vano. 

¿Cómo se siente? ¿Cómo te sientes? El dolor de cabeza no está lejos del recuerdo. 

COMO UN PENSAMIENTO

Me da miedo. No sé si tengo razón o simplemente me siento cansada. Pero sí, sé que tengo miedo. ¿Qué más puedo hacer por ti? Me gustaría saber dónde estás ahora mismo. Si alguien te pregunta algo sobre nuestra vida, no puedes responderme. Tan solo quiero saber cómo eres; cómo eres realmente. Te preguntaré por qué estoy aquí. Quizá pueda ser mejor para ti. Quería decirte que me he quedado dormida cuando te desperté, por eso no quiero irme. Quiero darte mi psique. 

 

La columna vertebral, el composit de quitina —lo que fuera—, se regurtijaba. Poco a poco se recompuso. El tiempo que tarda una mariposa en rasgar el capullo y mariposear.

Los pies estaban cambiados, el derecho donde el izquierdo, el izquierdo un poco más grande. Los dedos separados; todos iguales. No estaban equivocados, eran similares. Un solo tipo de pie: feo, plano, peludo —como si se hubiera olvidado de depilarse—. Pelo rasposo. Barba de seis días.

Las rodillas, los muslos, los tobillos; daban lástima y asco. Desproporcionadas, asimétricas, no eran humanas, aunque Impasse sí lo fuera. Aquel monstruo, el Gobernador, le había otorgado la capacidad de dejar de serlo. Se olvidó extirparle los sentimientos. R se aferraba a la vida. Impasse con ella.

El abdomen, sí, aquello debía de ser el abdomen y la cintura, las costillas y los pechos. Había algo que se asemejaba a los pezones. Dos ojos bizcos falsos. Dos flores marchitas. Las pequeñas patas se apresuraban en recolocar la carne, el simulacro. Ni una gota de sangre, ni una vena, ni un ligamento; todo materia orgánica. Arcilla peluda gritando de dolor.

Los brazos atrofiados; es suficiente descripción.

Aún podían verse las cuatro mandíbulas sosteniendo la cabeza. Era un horror lamentable. Los labios en agonía, los ojos desencajados, mareados, agitados, llorosos. La nariz torcida, abierta, los pómulos —lo que fueran— tibando, estirándola. Tenía que dolerle. Las orejas se formaron donde no debían. Habían escuchado el ruido, el sonido, algo. No se tomaron su tiempo para ponerse de acuerdo con el cráneo. Entonces intentó hablar; quería pedirles que no la obligaran a repetir aquello. La mandíbula se desplomó; quedósele la lengua desnuda. No dijo nada. Nada que pudiera entenderse. Nada que no se entendiera como un sollozo. Algo propio de una criatura camino del matadero. Aun así —pese al drama—, cabe decir que Impasse no perdió la compostura —lo que le quedaba de ella—. Atenta, en guardia, empezó a moldear su cuerpo, otra vez; de nuevo ignoró el jodido dolor y se preparó para defender. Por nada quería sentir que tenía sentido eso de la soledad. 

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22/11/2025, 02:44
Nick P. Maxwell
Sólo para el director

El movimiento a su alrededor, lejos de distraerlo, le brindó una inesperada comodidad. Las correas girando, las ruedas moviéndose, los pistones bombeando… todo le devolvía una seguridad que había creído perdida. Habría sido perfecto si no fuera por el intruso que bloqueaba su camino.

Apenas lo vio, sintió el cuerpo encogerse hacia adentro, aterrado. Su mente más primitiva lo empujaba a darse la vuelta y huir sin mirar atrás, pero también le gritaba que darle la espalda a esa cosa sería su perdición.

La voz ominosa de la criatura lo hizo retroceder un paso y apretar los dientes. Le hablaba desde enfrente y también desde dentro. Le hubiera gustado gritar que no estaba hablando de él, pero…

Nick nunca había sido un hombre de fe, aunque las circunstancias actuales lo habían obligado a ver el mundo distinto. Giovanni y su sacrificio, los encuentros fortuitos, la salvación más allá de cualquier probabilidad.
Creía.
Solo que aún no sabía en qué.

Después de todo, ¿no era su propia ignorancia la que lo impulsaba a seguir avanzando?, ¿no era su mezquindad la que lo llevaba a querer ayudar a los suyos?

Niet.

Alzó la mano para darle firmeza a unas palabras que no sentía tan firmes. La lanza, enrollada en torno a su antebrazo, se tensó. Se estiró frente a él formando una estructura defensiva, pero afilada, finas láminas entrecruzadas entre ellas: una especie de filosa rejilla destinada a hacer distancia entre él y su perseguidor. Pero Nick la sintió incompleta, como si no fuera esa la forma que debía tomar. ¿No la llamaban “El asesino de hijos”? Se preguntó, mientras una parte más profunda de su mente se cuestionaba cómo podía saberlo con tanta certeza.

—No... No busco derrumbar nada —dijo al borde d ellos nervios—. Solo quiero salir de este lugar con mis compañeros. Déjanos salir vivos y no nos verán más.

Lo observó, con el cuerpo tenso. Su armadura, la musculatura bajo el metal… Sabía que la lanza podría dañarlo si llegaba a tocarlo, pero no estaba seguro de poder acertar un golpe. Una cosa sí tenía clara —o eso creía—: el Caballero Blanco necesitó abrir una compuerta para llegar hasta él. Era como un gato grande y pesado dentro de una ratonera.

El avanzar del caballero le hizo dar otro paso más atras. Miró alrededor, entre engranajes y tuberías. ¿Podría él colarse por allí y dejar esa masa de músculos metálicos atras?

Podía intentarlo: hundirse más y más en aquel Mundo Máquina, aprovechando su delgadez frente a la robustez de su perseguidor. Ganar tiempo. Tender una trampa. Sobrevivir.

 

Notas de juego

¿Nick puede usar algo del mundo máquina para detener o retener al caballero?  ¿Que tan "utilizable" es el atrezzo?

En primer lugar Nick buscará huir, pero si no puede huir o si el caballero intenta atacarlo, intenta defenderse. 

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22/11/2025, 17:13
Luna

Descarga eléctrica.

Peones en un juego,

aplazado, congelado,

cuya partida se reanuda ahora.

En juego el poder

los menguantes recursos 

de la ciudad cúbica.

La presciencia de aquel ente 

nunca deja de sorprenderme.

¿Somos parte de un proceso predeterminado?

¿El futuro está definido sin que importen

mis decisiones?

¿Son mis pensamientos simples reacciones químicas consecutivas?

Pero no es tiempo para 

elucubraciones.

Salvo las que salven mi vida.

Nuestra vida.

Ignoro el nuevo horror que desata 

Mirian. 

Su desagradable aspecto me impacta 

mucho más que sus

previas mutaciones alienígenas.

Aparto la vista 

No llego a ver su mandíbula caer

excepto por el rabillo del ojo.

Su presencia me sofoca.

Crecida en la búsqueda de

la perfección física,

aun endurecida por el frío 

y las matanzas presenciadas,

odio cada centímetro cuadrado de su

cuerpo torcido.

—Esos probóscides— señalo los ramilletes 

—, simplemente absorbían material orgánico deconstruido.

Intento centrarme.

—Creo que podría salirse por ahí, desgarrando una membrana de absorción.

Puntos críticos.

Debo creer que mi habilidad es suficiente,

que está respaldada no solo por 

[Un espejismo, una ilusión]

si no por verdadera experiencia.

—Un organismo modificado genéticamente para absorber materia orgánica licuefacta no debería disponer de otras defensas que esos pequeños organismos enzimáticos.

Armada de lógica, me aproximo

a una de esos conductos 

pútridos, hediondos.

No me entusiasma la perspectiva

de atravesar esfínteres colosales.

Ni zambullirme en las oquedades 

corporales de un organismo muerto.

Por eso, simplemente miro.

Evalúo, contemplo la posibilidad.

- Tiradas (1)

Tirada oculta

Motivo: Observar

Dificultad: 14

Habilidad: 7+6

Tirada: 2 6 7

Total: 6 +7 +6 = 19 Éxito

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22/11/2025, 20:49
AX3L-24601 ("Axel")

>>La has liado parda.

>>Has puesto en peligro El Plan.

>>Va a morir mucha gente. 

>>Deberías seguir encerrado.

>>Deberías desaparecer.

>>Eres peligroso.

>>Un asesino peligroso.

>>Eres...

-¡Que os jodan! -sacudí la cabeza, cabreado, sin abrir todavía los ojos y sin dejar de apretar los puños, aún en aquella postura absurda y ridícula de luchador de sumo a punto de comenzar el combate-. ¡Y que le jodan al puto Plan! ¡Me tenéis hasta los huevos! ¡Dejadme en paz!

Una de aquellas frases había sonado con la voz de Peter. No era de las mías. Esa no era real.

La luz me cegó (¿y ahora qué?), la atmósfera se llenó de chisporroteos y destellos, de olor a quemado y de aire que, inexplicablemente, seguíamos respirando.

-¿Chispitas...? -pregunté, extrañado; pero no podía ser, o no nos habría dejado vivos.

La mano de la Tuerta en la mía me recordó adoptar una postura más normal, y pronto la tenía entre mis brazos. No sabía por cuánto tiempo, así que traté sencillamente de aprovechar cada segundo de su presencia. La estreché con fuerza, como si pudiera protegerla de algo. Estaba toda pringosa, salpicada de suciedad y vísceras indeterminadas, pero me la pelaba soberanamente. Su cadena estaba desecha como plastilina. Al menos ella parecía entera. Y Así, juntos, presenciamos la nueva y extravagante metamorfosis de Viscosín. Sabía que a ella le incomodaban especialmente esos truculentos cambios, y puse una mano en su cabeza invitándola a enterrar la cara en mi pecho si lo necesitaba. Pero yo no podía evitar dejar de mirar. Morbo, curiosidad, masoquismo. A saber. Parecía que aquello dolía de cojones, pero no veía forma de ayudar al extraño ser salvo ofreciéndole la única compañía de mi mirada, entre sorprendida y mal disimuladamente asqueada.

-Joooder -no puede evitar decir cuando se le cayó la mandíbula-. ¿Quieres que te recoja eso, o puedes pasar sin ello...? -ironicé, carraspeé-. Gracias por protegernos. Por cierto.

La propuesta de la Blancucha no me entusiasmaba. Desgarrar membranas no sonaba agradable.

-De poco nos sirve a toro pasado saber cómo funcionaba la gestión de residuos en esta secta de mierda. Los bichos están todos fritos. Preferiría saber por qué coño lo están. Y, si por una loca casualidad conseguimos salir de aquí, si podremos encontrar a los demás, a Orejitas si no la ha palmado y, sobre todo, al Cuervo para quitarle su juguete. Algo me dice que ahí fuera se ha desatado... -una risa nerviosa, una sonrisa fingidamente inocente-... un poquito de caos.

Esperaba que fuera un caos aprovechable. Se me daba bien moverme entre el caos. Nadie se preocupa de los locos cuando su propio pellejo estaba en juego.

Un sonido inquietante salía del desagüe. Algo se movía ahí debajo, presumiblemente tratando de salir. La Tuerta se deshizo de mi abrazo y se dirigió hacia allí, llamando al Musculitos y al Grandullón. Dudaba que cupieran allí. Apostaría más por el Pelomatojo. A ese tío el encantaba meterse por las tuberías. Sería algo freudiano. Aún asi...

-Espera -dije, sin soltarle la mano y tirando un poco de ella hacia atrás-. ¿Estamos seguros de querer dejar salir algo más por ahí? Hasta ahora, nunca ha sido nada bueno...

Sin embargo, a lo mejor era una salida, en caso de que hubiera una. Chasqueé la lengua, resoplé, y me adelanté a ella para apartar los restos de la mejor forma posible, tratando de no tocar nada con las manos desnudas, empujándolo con las punteras de mis anticuadas zapatillas de navecitas espaciales, ocultando las manos en las mangas de la sudadera como un adolescente, buscando algo con lo que ayudarme a mover aquellos bichos de babas ácidas y los troncos carnosos caídos de sus papás, aunque fuera con lo poco que quedaba de las cadenas que no hace tanto adornaban las caderas de la tuerta aprisionando una pasión que todavía pedía a gritos ser liberada. 

Al menos, de ese modo ella no se haría más quemaduras. 

Y si algo salía para devorarnos, esperaba que tuviera suficiente conmigo.

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23/11/2025, 13:28
Luna

—No de trata de saber cómo funciona, si no de salir de aquí 

Las palabras de los demás

transitaban de un oído a otro de Axel 

sin que su significado permease su yo consciente.

¿Cómo, si debía prestar atención a una cacofonía continúa?

 

Intento, por última vez,

atajar

su ofensiva costumbre de poner 

nombres denigrantes a los demás.

Me atrevo a mirarle a la cara.

Algo ha cambiado en mí.

Ojo contra ojo.

—No deseo ser llamada blancucha. Encuentro ese apelativo racista y denigrante.

 

Me acerco al ruido que proviene del interior 

de los conductos orgánicos.

¿Un superviviente o un orgánulo independiente de aquel 

especímen digestivo?

Mis sentidos alerta, 

me prevengo contra el ataque aislado

de uno de aquellos seres desintegradores.
 

 

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23/11/2025, 15:37
Shibbat

 

Me recolocó la mandíbula. Hace tiempo que una tercera persona me llevaba de aquí para allá parafraseando mis pensamientos. No hay nada más —le dije—. Solo quiero ser yo. 

ORDUO: ¿Qué quieres decir?

YO: ¿Qué quieres decir, qué quieres decir…? ¿Acaso eres tú el único capaz de recordar cosas nuevas y por eso te ríes de mí —le acosé con gesto casi imperceptible—? No soy yo quien ha olvidado las lecciones; solo me quedo con ellas cuando se han desvanecido para siempre. ¡Mira! Aquí estoy…

SALMIENTO: Sí, pero ¿es cierto?

Es todo tan raro... Como si alguien hubiera borrado su vida anterior y, ahora, después de tantas horas, me estuviera vaciando para quedarse con la mía.

ORDUO: Un día, un joven del grupo nos dijo algo sobre ese tipo de presunciones; "¡No seas tonta!"

 Levanto la cabeza al sentir el tacto de AX3L. Los ojos vuelven a su lugar. Estoy mareada, nada más.

—No hay nada más.

El jaleo vuelve a su cauce. Las palabras nos encarrilan. Otra vez. Blanco, negro y el resto de colores. Vamos a colorear la desesperación, a pintar ventanales y paisajes estelares al otro lado. A creenos los dueños de nuestras voluntades. Todas las jaulas se rigen por la misma pauta. Tanto da todo lo demás.

Supongo que esto nos llevará un tiempo.

Supongo que tenemos todo el que le plazca al tiempo. A

Supongo que aquí es el único que rige, el único que ha logrado que se olviden de él.

—¿Qué somos?

Pero ya no hay nadie; se han ido a asegurar los barrotes.

Me pregunto por qué hemos sobrevivido, por qué solo han caído los engendros.

Observo a Luna. Salir, ¿a dónde?

—¿A dónde, Luna? Salir, ¿a dónde?

ORDUO: En el sentido más profundo del término [adónde vamos], no lleva a nada bueno, pero hay algo por dentro como si fuera verdad. El final, al ser definitivo, empieza por cómo "hacerse", porque uno sabe cómo colocarla antes de tenerla colocada o bien colocada.

YO: ¿Te refieres a la mandíbula?

SALMIENTO: Cállate. En este momento estamos aquí hablando sobre mi vida y mis orígenes —el comienzo— ¿es eso?

YO: Sí; soy muy feliz. Quiero decir esto cuando estoy profundamente enamorada. No tengo ninguna certeza absoluta acerca de todo ello, ni tampoco quiero que me sea posible pensar ahora mismo en mí misma. Estoy segura de esta existencia…

ORDUO: La realidad no tiene ningún motivo…

SALMIENTO: Así que…

YO: Nunca he estado cerca de ella, de la realidad, pero siempre ha sido bastante conciliador pensar en ella. Era joven, pensaba que tenía diez años y todavía seguía siendo feliz. Aunque yo no hubiera seguido adelante, era feliz. Ahora no sé exactamente dónde está mi amor.

—Pienso —corrijo, mejor, sí, mejor no tratar de expresar qué pienso—... Opino que deberíamos mantenernos unidas, unidos, evaluar nuestra situación, estoy agotada, y coordinarnos. Si actuamos por nuestra cuenta, arrastramos a los demás a reaccionar por debajo de sus posibilidades. Unidos somos una fuerza, disgregados —hasta aquí—... Disgregados, ya sabes que somos, Luna.

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23/11/2025, 17:43
Tártaro.

Cedric era el hijo alienado. Aquel que se había rebelado contra el origen de su simiente. No la entendía, pero sabía que todo el dolor, la muerte y el sufrimiento de su existencia sin sentido venía de allí. Atrapado en una prisión llamada vida, consumido por la ignorancia y el abandonado, había optado por la única decisión sensata. Convertirse en un padre. Convertirse en uno de los que Gobernaban. Y darle un sentido a todos aquellos que lo seguían. Ese era su sueño. Aunque sería ridículo negar que había ínfulas y deseos de Poder subyacente. Su causa era noble, su alma, tristemente, tan humana y plagada de pasiones como las de los demás.

Había llamado a aquel lugar al Fortaleza, porque sabía que sus muros podían servir como defensa contra aquel inhóspito mundo en el que los Padres les habían abandonado. Pero él sabía la verdad. En una de sus exploraciones había encontrado, al menos, un significado en aquella existencia. Aquel lugar no era una Fortaleza, era una prisión. Sus muros se habían alzado para contener a otro. Un ser, un aborto, polvo de estrellas y sueños que, como él, debería haberse podido llegar a lo más alto. Era un hermano, era un engendro. Era un peligro.

Pensó que podía dominarlo. Pensó que podía obtener de él su poder. Pensó que era la llave para, tras una fusión de cuerpo y mente, poder convertirse en uno de los Padres. Y entonces aquel reino que había creado tendría sentido, sería REAL.

Pero si efectuaba una fusión la supermente de aquel engendro devoraría a la suya. Necesitaba hacer fuerte su mente. Y solo había una manera de hacerlo. Robar recuerdos. Los recuerdos era lo más preciado allí. Algunos tenían uno, y eran como animales. Otros tenían dos, eran los siervos. Los que acudían con tres eran sus iguales, hermanos. Los que poseían cuatro eran los guías; esos sabían más que los demás. Nunca había visto a nadie con cinco recuerdos. Pero si mantenía preso al único humano que tenía todos sus recuerdos…pero ningún círculo sobre su cuerpo.

Como fuera, solo mediante la muerte, y no siempre, podía robar un recuerdo de otro ser vivo. Fue sencillo crear aquel lugar. Seguro, lleno de placeres y perversiones. Cuando la vida te daba todas tus mieles, algunos buscaban la muerte. Como experiencia, como desafío. Gracias a aquella gema, a aquella lágrima olvidada, podía devolver la vida al caído…y aprovechar la oportunidad para robar un recuerdo.

No eran sus recuerdos hasta que los hacía suyos. Tenía cientos, miles. El cuerpo lleno de agujeros. Eso le hacía…más humano. Cuando absorbiera a su hermano mutante, su mente sería la dominante y podría cuidar de aquel lugar. Se alzaría en el panteón y sería venerado. Y sus gentes, vivirían para siempre en la dicha.

Había sido quizás soñar demasiado.

 

Lorith, que era uno de los miembros de la expedición que había llegado allí con él, se había opuesto. Él consideraba que no debían cambiar, que los recuerdos debían ser de cada uno. Había habido otros. Y una pequeña rebelión. Muchos habían muerto, para siempre, otros habían sido encerrados. Respecto a Lorith, no había sido capaz de acabar con él. Decidió encerrarlo.

En su deseo de prevalecer Lorith había cambiado convirtiéndose en una bestia. Había tratado de devorarlo. Era su prisionero. Un enemigo formidable que no había podido matar. Si Cedric fallaba había dado órdenes de entregar su reino a Lorith. Solo confiaba en él para aquello.

Aquella batalla había sido dura a varios niveles. Había prevalecido gracias a la gema, que le hacía prácticamente inmortal. Y al caballero. Sabía que existía un ser que moraba entre las paredes que quedaba fuera de toda normal. Al igual, sabía que había otras fuerzas en ese mundo que se habían desligado de sus poderes naturales y que vagaban perdidos. Perdidos, como todos. Él lo encontró. Lo recogió. Le dio un sentido. El Caballero Blanco, esa fuerza primordial que no llegaba a entender, se convirtió en su custodio.

Cuando Esdras empezó a ganar poder, tanto político como físico, el Caballero Blanco se convirtió en su garantía. Mientras él guardase su puerta, nadie podría tocarlo. Así se mantuvo el pulso.

Esdras sabía más que él. Esdras conocía a los Padres. Era una amenaza. Pero necesaria. Como apoyo y control. Él y su hermana serían los únicos que no tendría cabida en su nuevo reino, cuando ascendiese. Sabía que Esdras tramaba destronarle y que su hermana lo apoyaría, aunque solo fuera para mantener su vida hedonista. Nada de aquello sucedería mientras el Caballero Blanco guardase su puerta.

Y solo un poder ajeno a las fuerzas naturales de este mundo podrían hacer que bajase la guardia, que cediese en su empeño de guardar la puerta. Un poder que no estuviera ligado con nada, como él.

 

Cedric mantenía al aborto tras lo que él llamaba el Muro de Espadas. La celda de contención. Sin embargo, la criatura se encontraba por toda la Fortaleza, desparramada, formando parte de ella. No solo se nutrían de su ser para obtener energía o calor, sino que eran sus vómitos de materia lo que introducían en los generadores de comida. Así, los desperdicios y cadáveres eran consumidos en la sala de detritus por una parte de él. El ciclo se mantenía. Todo nacía y moría del mismo lugar. Pero el aborto empezaba a debilitarse. Agotaban su materia y la basura consumida no lograba suplir todo lo que le pedían generar…mediante tortura y sufrimiento. Esa debilidad beneficiaba a Cedrid. Él era cada vez más fuerte, el Prisionero cada vez más débil.

Ocurriría pronto.

Y con la llegada de esos extraños, quizás, obtendría algún recuerdo más o alguna noción de lo que significaba aquel mundo exterior.

 

En sus aposentos, cerca del Muro de Espadas, se encontraba un prisionero. El eco cadavérico de un hombre, de un soldado, que tenía una misión y un mensaje vital que llevar a su capitán. El mayor secreto de todos. Si Cedric hubiera logrado desentrañar ese misterio se habría acercado más a su Padre. Aquel hombre era real. No tenía marca en el cuerpo, pero si en sus ropas. Era un soldado. En su pecho, el emblema de su unidad; una espada escarlata. El Tajo Bermellón.

 

Lástima que todo se consumiera en un instante. Había pensado que era un incendio, una poderosa fuerza natural capaz de consumir y hacer renacer todo de nuevo. No era más que una vela a la que habían sofocado mediante una urna de cristal. Así llegó la caída de Cedric y con él, todo su mundo.

 

El Caballero Blanco había abandonado su puesto. Esdras, ladino, que había esperado tal circunstancia aprovechado para colarse en los aposentos de Cedric y asesinarlo. A la séptima puñalada, robó de sus manos ensangrentadas la gema de la vida. Su objetivo era iniciar una rebelión. Con el símbolo de poder en sus manos y junto a aquellos que le eran partidarios, y los monstruos que lo seguían, no tardaría en sofocar las voces contrarias a él. Para su sorpresa, cuando exultante subió al escenario portando la Vara de la Vida comprobó que una segunda rebelión se había puesto en marcha.

Una voz estridente, de esas que suenan como las uñas rascando contra una pizarra, se había colado en las mentes de aquellos más débiles. Criados, siervos, brutos. Los tristes y solitarios, los consumidos y los perdidos. Una vez que hablaba de tomar el poder, de recuperar su posición, la vida. De escupir en la cara a la mentira, a los líderes. Una voz que pedía, demandaba, que animaba.  Así, los hombres del Gobernador se enfrentaron a los traidores de Esdras mientras los siervos empezaban su pequeña masacre.

Cuando Cedric se arrastró hasta la salida de sus aposentos solo pudo contemplar la violencia que se había desatado y como su sueño de un paraíso se había esfumado como el perfume de una amante esquiva. Murió sabiéndose derrotado, engañado y perdido. Nada había cambiado.

Y con su muerte, el Muro de Espadas ya no podía ser contenido. Y el Prisionero, hambriento, famélico, se desparramó fuera de los muros que lo contenían.

Mientras se libraba una guerra a tres bandas aquella enormidad llenó el lugar. Su tacto era la muerte, su beso era la perdida. Del yo, de la carne, de las entrañas. No tenía forma. No podía describirse. Sus colores eran imposibles. Sus movimientos, de pesadilla. No había nada en él apreciable para la mente humana. Algunos sufrieron un derrame cerebral al verlo. Otros decidieron sacarse los ojos y masticarlos. La cordura abandonó a muchos de ellos. Otros siguieron amándose, gozando. Aquel momento de éxtasis era lo único que les permitía la vida.

Todos sucumbieron.

Todo se perdió.

En la contienda, no fueron pocos los que, ante la amenaza de una muerte real quisieron robar la gema. Pero aquellos que la tocaban con sus manos desnudas cambiaban, mutaban y explotaban, eclosionaba su carne, se abrían sus cráneos como flores en primavera. No podían controlar ese poder. Por eso Cedric siempre había llevado la gema unida a un cetro. Él no la podía tocar directamente.

Solo los guardianes podían. En medio de la contienda, uno de ellos la robó y desapareció.

El Prisionero lo llenó todo. Devoró el silencio y los sueños, consumió las esperanzas y los gemidos. A villanos y siervos, a héroes y condenados. No había distinción. No entendía como ellos entendían, no comprendían como ellos comprendían.

El profeta que había vaticinado aquello, esperó paciente el destino que ya conocía tan bien.

Una escudera olvidaba seguía llamando a su señor, del cual había olvidado el nombre y el rostro.

El rey trató de recuperar su reino y durante un fugaz instante, pareció conseguirlo. Al momento, se deshizo como todos los demás en un mar sin nombre de inenarrable dolor.

El espectro agradeció disolverse por fin, muerto por tres veces, desaparecido al fin.

El Campeón perdió su primer combate. Y con él, la vida.

Los valientes defensores alzaron sus armas, uniendo sus exiguas fuerzas la brigada del hacha, a los incursos y a un escudo tratando de frenar aquella inundación, aquel torrente de agonía. Un gesto honorable pero vano.

Los comerciantes comprendieron que los pedestales de oro desde los que se pensaban habían tenido una posición de poder, sucumbieron. Y con esos, sus riquezas, ahora reducidas a la nada más absoluta.

Berkie abrazó a Isvhe. Ella le devolvió el abrazo. Por primera vez, con cariño, con amor. Ojalá lo hubiera experimentado antes.

Nash soltó una maldición “Idiotas”.

El hombre que podía reparar los cuerpos echó a volar a su nueva creación. También, se aseguró de que la última carga genética que había conseguido con celo no se perdiera. Eso hacían Dos. Un legado para un hombre dedicado a la ciencia.

 

Respecto a aquellos extraños que, aún atrapados en sus mundanas vidas y pasiones, habían llegado a aquella Fortaleza para ser usados por otros, nada bueno les deparó. No había escapatoria. Su objetivo allí había sido recuperar la gema; una llave. Alguien la había robado. Habían perdido su guardiana y ellos mismos se habían escindido. La condena había caído sobre ellos. Aquella guillotina de vacuidad los seccionó. Y todo se tornó negro.

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23/11/2025, 17:50
Tártaro.

Pasos.

De vuelta a la vida.

Enfrente, la gema. La llave. Una voz andrógina. ¿Familiar? ¿Amiga/enemiga? Resurrección. Una pregunta en el aire.

¿Quieres conservar todos tus recuerdos? Si/No

- Tiradas (1)

Tirada oculta

Motivo: Guardián

Tirada: 1d4

Resultado: 1 [1]

Notas de juego

Lo primero, disculpad este corte tan abrupto en las acciones que se estaban llevando a cabo. He decidido cortar y resolver la escena, llevándola a su final, por los siguientes motivos:

  • Debido a ciertas ausencias y retrasos lo que esperaba que fueran escenas breves y dinámicas en las que pudierais obtener información, recursos, etc se ha convertido en una escena sin ritmo.
  • Culpa mía, meter una escena de “libre albedrío” cuando debería haber mantenido el formato de grupo. Y por no haber sabido ejecutarla. No obstante, la partida tiene un componente aleatorio, las cartas, y ellas mandan, así que esto era lo que demandaba la historia. No ha salido como esperaba. 
  • Una parte de mí piensa que no os gustaba demasiado este mundo idílico tan poblado en el que habíais caído. Volvemos a los pasillos y el horror. Aunque había horror ahí detrás, garantizado.

Al haber perdido a Kassandra y la gema, ya era difícil salir de allí con vida. De alguna manera, Esdras os utilizó/se aprovechó para llevar a cabo su complot. La caída de Cedric propició el resto.

No obstante, considero que ha sido una mala ejecución por mi parte. Por lo que la muerte no es real, sino argumental. Aquellos que lo deseen pueden seguir en el siguiente capítulo, con su personaje, sus recuerdos y los pequeños logros que hayan obtenido hasta ahora. Los que no, es el momento de bajarse del tren. Podéis ser sinceros en este punto, sin problemas, como siempre. Ahora, necesito confirmación de que vuestro personaje sigue adelante, respondiendo, aunque sea brevemente, a la última pregunta de ese turno antes del 30/11.

 

Quedan 4 puertas y misterios. Y horrores.

Lanzaré un dado, ya que vuestro salvador solo puede ser uno de estos cuatro personajes:

1-Kassandra.

2-Esdras.

3-Lilith.

4-¿?

Por lo que en la nueva escena reviviréis, pero algunas cosas ya no serán como antes. O quizás si. No daré más explicaciones, pero hay partida para quien decida seguir adelante.

 

Sobre los tiempos. No pasa nada si alguien se salta un turno. O dos. Pero pretendo mantener (dentro de mi propia agenda de mierda) un ritmo de dos turnos por semana. Si no es así, el interés se pierde, la partida se muere y las costuras de abren. Eso quiere decir que responderé cuando toque estén todos o no. Como digo, no pasa nada si alguien se pierde un turno. El grupo avanzará en base a las decisiones que tome la mayoría del grupo. De haber indecisión, tomaré el control y elegiré el peor camino, como siempre.

 

La escena anterior tiene información que os dejo caer y considero importante para vuestro devenir, aunque hay cosas, muchas, que se han perdido. Pero bueno, podemos jugar en modo difícil que tampoco pasa nada.

 

Algunas de vuestras acciones aquí tendrán repercusiones más adelante.

 

Espero retomar la partida los días 6-7 de diciembre. Así que tenéis tiempo de leer, respirar y decidir. Yo, por mi parte, usaré ese tiempo para buscar algún jugador más. Es el momento adecuado para meter a alguien nuevo. Si conocéis a alguien de fiar y no le tenéis mucho aprecio, podéis comentárselo. Para dudas y demás, el off-topic.

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23/11/2025, 19:02
Shibbat

Sí, quiero conservar mis recuerdos.

Notas de juego

No me jodas, pues claro que quiero.

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23/11/2025, 19:38
GN1320

Si quiero seguir jugando y conservar mis recuerdos. 

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23/11/2025, 19:47
Luna

Muerte 

La desaparición del yo.

El yo que son el conjunto de mis experiencias 

tamizadas y filtradas a través 

de las limitaciones de

mi genética.

Si vuelvo a vivir 

tiene que ser desde el prisma 

de mi integridad mental,

mis recuerdos.

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23/11/2025, 23:29
AX3L-24601 ("Axel")

Nada tenía que salir del desagüe: resultó que ya estábamos todos dentro. Dentro de algo terrible y monstruoso, algo que era tan incomensurable que no se podía concebir, algo que abarcaba absolutamente todo, la Fortaleza misma. 

No recordaba que había pasado exactamente, como habia terminado en aquel limbo solitario. Ni siquiera había podido despedirme de la Tuerta. Probablemente también estuviera muerta. Porque yo estaba muerto, ¿o no?

A lo mejor todo aquello era solamente la traca final que se habían montado las luces de mi cerebro antes de fundirse. 

Una pregunta, simple, directa.

-Orejitas, ¿eres tú?

Sería tan fácil rendirse, dejar de intentar entender mi existencia fragmentada y los jodidos escenarios de peli gore a los que había vuelto a nacer, o al menos olvidar aquello que me hacía temblar y a la vez hervir la sangre.

Pero eso no iba conmigo.

Las ratas sobreviven. 

Los locos recuerdan.

-Venga, dale con todo. Pero a ser posible, sin alas ni mierdas de esas.

Prefería no pensar en cómo sería el proceso.

Las putadas, de una en una. 

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24/11/2025, 23:10
Morgan
Sólo para el director

Hola Rag, si te parece, acepto seguir si acordamos algo. Si no cumplo el ritmo de posteo (el que indiques) Morgan muere en la siguiente oportunidad narrativa. ¿Puede ser?

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29/11/2025, 22:49
Kyra

Si, quiero conservar todos mis recuerdos, los pocos que tengo, que son lo que me hace ser quien soy.