La ausencia de ruido le taladraba la mente, fragmentando la calma que parecía haber logrado. Era como entrar en una habitación oscura esperando acomodar tu visión a esa negrura e ir visualizando los bordes y perfiles de lo que podías encontrarte dentro pero donde encontrabas que el negro más absoluto no se desharía jamás.
Era angustioso. Una tortura. Podría haber roto el silencio con palabras de relleno pero aún le dolía demasiado el corazón. Al menos mientras avanzaban no encontraba que decir.
Sintió la tentación de coger una de esas margaritas, pero no quería enfurecer a quien trataba de comerselos. Porque así lo sentía. Así había sido desde que empezó todo aquello.
Llegaron a la piedra. Kassandra decía que tenía calor pero el sol no calentaba aquella roca ¿No? Sin saber muy bien porqué se llevó la mano al rostro para tapar el ojo sano, dejando el perdido abierto. Inspiró despacio. Intentó escuchar. No con los oídos, si no con las vibraciones, las sensaciones... Su otra mano sobre su vientre, siempre protectora y siempre sin respuesta de su lentejito.
Luego despegó despacio la palma de su piel para recobrar la visión de nuevo pero de forma lenta, como si así pudiera captar algo que de otro modo no habría podido.
Tirada oculta
Motivo: Intentar percibir cosas por otros sentidos
Dificultad: 0
Tirada: 2 5 10
Total: 5 = 5 Éxito
Nick caminaba a la par de sus compañeros. Su posición en el grupo variaba a medida que avanzaban, la única constante es que se mantenía cerca de Shibbat a la que, de cuando en cuando, le dedicaba profundas miradas cargadas de curiosidad.
En su brazo la lanza se había extendido para formar la semilla el escudo que le había salvado la vida la vez anterior. Por suerte los lobos no se habían aparecido durante su camino, había que agradecer esos pequeños respiros.
En una ocasión en que la torre de las aves aún era visible desde su posición se había quedado detenido esperando alguna señal de Jhon. No había llegado ninguna, pero al volver al grupo Nick le había mencionado a Shibbat.
—¿No puedes tomar la forma de una de esas aves? De manera funcional, me refiero... ¿cómo para elevarte y vigilar por nosotros?
Ahora el tiempo había pasado y al fin llegaron a lo que parecía ser uno de sus destinos.
Cuando vieron la gran roca se la quedó mirando de lejos, cejijunto.
—¿Creen que esa cosa pueda ser el guardián?
¿Una piedra que adquiría vida y se alzaba en defensa de un sabio? No sería lo más extraño con lo que se habían cruzado.
—Buen intento, Niii-ck —respondió arrogante, engreída—. Si hay más bestias como esas, seguro que las hay con alas, garras, picos y determinación. Así que si quieres deshacerte de mí para diseccionarme, vas a tener que aprender a usar eso —señaló la lanza con la nariz— con mayor ingenio que con el que usas las palabras.
Transcurridos unos minutos, Shibbat retoma la conversación (si se la puede llamar así).
—¿Estoy hecha de lo mismo? —pregunta con la mirada fija en la lanza.
Sin entender el sarcasmo, si es que eso había sido un sarcasmo. Nick negó con la cabeza y contestó con seriedad, como si la idea de diseccionarla realmente hubiera pasado por su cabeza.
—No, no podría hacer un análisis apropiado en esas condiciones. Seguro sería un desperdicio y perderiamos la oportunidad de aprender nada. No, yo lo decía porque dominar otro eje podría darnos una ventaja sobre las criaturas que no pueden.
La siguiente pregunta no la contestó, pero dominó su pensamiento por el resto del viaje.
Tirada oculta
Motivo: ¿Están hechas de la misma cosa? (tiro por inteligencia, sumar +1 si es con percepción, sumar 6 más si aplican sus habilidades de ingeniero)
Dificultad: 0
Habilidad: 6
Tirada: 4 5 9
Total: 5 +6 = 11 Éxito
Dejando a un lado la mayoría de pensamientos irregulares (no todos subproductos de la preadolescencia), Shibbat le volvió a dar vueltas a la idea de volar. Su cuerpo ya estaba asimilando el concepto. Calculando y recalculando implicaciones.
Shibbat no era inteligente. No en exceso. No más que una muestra mediocre de inteligencia. Suficiente para estar en simbiosis con los instintos. Para no pelearse por el control. En equilibrio. Cero moral. Cien por cien pragmatismo.
La pregunta era sencilla: ¿cuán factible es volar?
—Si quieres que vuele —le dijo a Nick después de darle una y dos y tres y hasta cuatro veces al asunto—, vamos a tener que coordinarnos. Ni quiero ni puedo hacerlo sola. La única forma es redistribuyendo la masa corporal. Puedo aprender. Se me da bien aprender. Necesito tiempo y seguridad. Tiempo para aprender a reaccionar. Seguridad para cometer errores y no pagar por ello. No voy a arriesgarme por —se contuvo—... Otra versión lo hubiera hecho por Little John. La versión actual plantea dudas razonables. No las rebatiré.
Dejó que Nick hablara, si acaso tenía algo que exponer.
Morgan se había sumido en un mutismo preocupante. La enormidad del laberinto, de lo que habían visto en la sala de las puertas, de la complejidad del bosque, lo estaba alcanzando. Aparentemente, a John también.
Sin embargo, se obligó a continuar, en silencio, detrás de los demás. Había palmeado la espalda de John, entendiendo su decisión. Dudando incluso de que hubiese sido una decisión consciente y no la influencia de aquella extraña comunidad de las alturas. Pero no podía lidiar con eso, no sin rendirse él también al abandono.
Algo muy dentro de él, un instinto de supervivencia, ardía con una llama muy pequeña, pero viva aún. Caminaba detrás de los demás con paso pesado, sólo concentrándose en poner un pie detrás del otro.
Tres sabios (al menos), guerra entre casas ¿Cuantas casas? No llegó a preguntarlo. Adeptos y guardianes. La única respuesta, como antes, era seguir. No había mucha preparación posible.
- Coincido con Luna -dijo mientras caminaban, con un hilo de voz. Avancemos hasta dar con algo, y cuando eso suceda, mantengámonos unidos. Ese es el único plan que se me ocurre.
No era mucho.
No era poco tampoco. Juntos habían llegado hasta ahí.
—Creo que si, que es el guardián.
Nick me saca de
la ominosa sensación,
creada por la ausencia
de vida animal.
El sentimiento de ser
unos intrusos se había acrecentado,
exacerbado por pequeñas
ausencias que
no debería de echar en falta
una habitante de Selene.
Miro alrededor.
Un guardián debe...
guardar alguna cosa.
Mi mirada se encuentra
con la de Karla.
—John encontrará su camino de vuelta a nosotros, no debes preocuparte.
Pero para eso,
debemos seguir vivos;
sobrevivir a otro mundo,
otra faceta de lo vivo,
parodiada por los constructores
de la Esfera de Dyson.
—Buscamos el origen —
exclamo hacia el verde follaje que nos rodea—, pero no deseamos su poder... Únicamente deseamos respuestas.
Los lobos descansan.
No hay tiempo que perder.
Casi sin proponerlo,
detengo mi respiración,
espero una respuesta, el leve temblor
de aquella roca que podria ser un
ser vivo, consciente y cargado
de motivaciones letales.
—No volvemos a ver a los que dejamos atrás —contestó Karla.
Luna arrojó sus palabras. Creía ser escuchada. Lo único muerto allí era la roca. No obtuvo respuesta, el bosque estaba calmo, callado. Gen no descubrió nada más allá de aquel verdor. Nada vivo que no fuera una planta.
Un poco más allá, otra forma de piedra, cercana al tronco de un árbol. Dos de sus protuberancias se alzaban hacia arriba, igual que si intentase alcanzar un fruto que nadie más veía. Entre la maleza vieron otra forma de roca, con los miembros extendidos, otorgándole una sensación de velocidad como si...
Una criatura apareció sobre la roca. Un gallo. Su plumaje era verde como la fronda, veteado con hilos de oro. Sus plumas eran pomposas, estilizadas como puñales. Las patas, regias, rematadas en garras y espolones. El gallo exudaba un aura de salvajismo, un componente primitivo que jugueteaba con el miedo feral y lo primitivo. No era un animal de granja.
Poesía un tocado escarlata digno de un rey. Sus barbillas eran abultadas, hinchadas como mofletes de sapo. Sus ojos poseían un color ambarino, de gema. Tras ese cristal, un brillo de inteligencia y astucia, también de traición.
Su pico, ligeramente doblado hacia el suelo, era de piedra.
—Bestia —siseó Kassandra.
En ese momento se percataron de que uno de ellos había desaparecido.
—¿Dónde está Luna? —Preguntó Karla.
Motivo: Rapto
Tirada: 1d8
Resultado: 3 [3]
El bosque la engullía. Sentía el contacto como algo tóxico, pervertido, malsano. No, no era el bosque. Era algo dentro del bosque. No lo había visto, no lo había sentido. No había podido reaccionar a él. La aferraba por la cintura, desde atrás. Y por el cuello. La estaba asfixiando. A la vez, retrocedía con ella. Ante sus ojos corrían las plantas, los tallos, los troncos. Sus manos eran incapaces de asir nada. Su secuestrador era obscenamente fuerte.
La estaba estrangulando mientras se la llevaba bosque adentro. No emitía ningún jadeo, ningún sonido, ni siquiera el de la respiración. No podía escuchar sus pisadas o como su cuerpo cortaba el aire. Ni siquiera el azote de las plantas producía ruido alguno. Estaba siendo engullida en el más absoluto de los silencios.
Nick observó atentamente como Luna se acercaba a la roca, pero en último momento se volteó para responderle algo a Karla.
—Yo quedé atrás, Kyra también —La señaló con la mano— Y aquí estamos nuevamente. Puedo confirmar que lo que dices no es...
La advertencia de Kassandra le hizo dejar su comentario a medias, se volteó hacía la amenaza y alzo su propio escudo. Las puntas en sus extremos y superficies se afilaron como si desearan probar la materia de aquella ave.
—¿Es un peligro? ¿Sabes algo de esa cosa? —Le preguntó mientras trataba de concluir algo más de lo obvio de aquella criatura. Se volteó para hablar a Luna, pero esta ya no estaba.
Carla hizo eco de sus pensamientos.
—Estaba junto a la roca hace un momento —Su mano libre repiqueteo nerviosa sobre su cabeza.
Tirada oculta
Motivo: Alguna pista de qué le pasó a Luna (Percepción)
Dificultad: 0
Habilidad: 7
Tirada: 3 5 8
Total: 5 +7 = 12 Éxito
Kassandra mira embobada la fastuosa criatura. Hay dignidad en el animal. Y poder. La dicotomía entre animal de granja y bestia se hace patente. El rostro de la mujer se turba, se aprieta. No sabe explicar, las palabras caen por sus labios violetas, consumidas, agotadas.
—Yo nunca he visto nada igual —dice, perturbada, desorientada —. Yo nunca he visto…
Sus ojos son nuevos. Colores, radiantes, formas y aristas, geometría, la luz, ese corazón vivo, las plumas y los espolones. Todo es nuevo. No tiene nombres. Imagina bestias de otra catadura, no de aquella.
Nick está tan desorientado como ella. No por el animal, si no por Luna. Ve, oye, siente. El bosque es un enmarañado conjunto de vegetaciones y plantas. Si algo se ha movido, si algo ha pasado entre ellos para llevarse a luna, lo ha hecho en extremo silencio, aprovechando todos los puntos ciegos de sus miradas. Estaba y ahora, ya no.
Karla ardía en deseos de ir a buscar a su señora. Dos cosas la detuvieron. El bosque, como un mapa sin cartografiar; no sabría dónde buscar. Y si elegía mal la dirección, se alejaría de Luna y entonces, la perdería. La segunda; la bestia. El gallo descendió de la roca con cierto toque galán. Un salto, rasgando con el espolón la roca. La marcó. Despreciaba la roca. Estaba caliente. A la vez, estaba muerta. Karla subió el escudo, sus ojos se cerraron, alcanzando el estatus de rendija, de foco.
El gallo se acercaba a ellos. Altivo y taimado, como si buscara que lo acariciasen. Delante de todo y acompañando el movimiento de vaivén de su cabeza, su pico de piedra.
Gen suspiró a cámara lenta con la infantil sensación de haber esperado la noche de reyes cargada de regalos y descubrir al amanecer que realmente no existen tales majestades. ¿Porqué habría pensado aquella estupidez?
"Porqué solo te queda eso. Creer. Porque si aceptas lo que ES sabes que no hay escapatoria"
Su pierna derecha se echó hacia atrás, su espalda se arqueó también en la misma dirección. Aquella emplumada figura la había pillado desprevenida. Sus dedos se engarfiaron alrededor de la manzana que aún sostenía. Su muñeca hizo varios giros como si intentara recolocarse por si hubiera algún movimiento veloz que la obligara a protegerse. Aquel pico le daba mala espina. Las figuras también. Y en su mente hiló una teoría
Pero las sorpresas no acababan. Luna ya no estaba.
Comenzó a recular al lugar donde había estado la selenita pero sin perder de vista al gallo - Creo que su pico podría convertir en piedra lo que toque - Ale. a lo loco. Una teoría lanzada. Definitivamente estaba perdiendo el norte.
Sujetó más fuerte la manzana. Era un pobre escudo, pero el ave no era tan grande, su pico menos todavía. Si se le echaba encima intentaría asegurarse que aquella fruta lo tocase primero antes que ella.
Cuando llegó al espacio ocupado por Luna y si el gallo no iba hacia ella, miraria el suelo. Buscaría huellas, un resto de algo, un desnivel, un olor. Si no, alzaría la mirada para ver si estaba entre las ramas del bosque. No podía haberse ido tan lejos...
Tirada oculta
Motivo: Buscar huellas, rastro o algo diferente en el area donde estaba Luna
Dificultad: 0
Habilidad: 3
Tirada: 3 9 10
Total: 9 +3 = 12 Éxito
Edito porque no hice tirada.
Arrastrada.
Extirpada del reducto de
civilización terrestre que
era nuestra comunidad de despertados, como un fruto maduro,
dispuesto a ser devorado.
Una fuerza irresistible,
inhumana.
Como la fuerza de las raices,
de las piedras, las bestias.
Imposible de enfrentar por una
primate constructora de
herramientas.
Me desvanezco, finjo
un instante de relajación,
una pausa en mi resistencia,
esperando un segundo de reajuste en
la fuerza que necesita
aquel ente para arrastrame
a la espesura.
Aprovecho ese instante robado para
gritar, para colar una de mis manos
entre mi garganta y aquel
apéndice del bosque
—¡Karla!¡Ayúdame!
Una última oportunidad
previa a la probable
asimilación que voy a sufrir.
El contacto de aquel ser
me repugna y el mero
pensamiento de sufrir cualquier
tipo de daño físico me
hace sentir un terror casi abyecto.
Pero, aún así, mi propia frialdad
me sorprende.
"¡Padre, ayúdame!"
suplico mentalmente.
Pero aquel cadáver pseudo divino
no podrá ayudarme con palabras.
¿No esta vez?
Motivo: Conseguir aire
Dificultad: 14
Habilidad: 7
Tirada: 6 8 9
Total: 8 +7 = 15 Éxito
Así lo percibe Shibbat; observa el suelo alrededor, las figuras petrificadas, el espacio entre cuerpos, el grupo.
Plumaje verde-oro. Avanza entre las estatuas, entre otros como nosotros. Pico de piedra. Distancia corta, cerrándose.
Da medio paso lateral. Mantiene línea con Nick.
¿Qué se puede hacer?
¿No te gusta hablar?
¿Has estado allí alguna vez?
Es mejor no hablar nunca más del pasado... Y ahora me parece que hay algo muy importante entre vosotros dos
¿Cómo puedes ser tan diferente al presente?
No sé si debo o no decirlo, pero quiero saberlo todo sobre él; porque está ahí, en ese instante, como en otro lugar, junto a mí misma.
El recuerdo es demasiado fuerte, intrascendente, como si fuera quitarte la potestad.
Hay cosas mucho peores: sueños, pesadillas, palabras escritas por alguien, la vida misma…
Por debajo de las rodillas, de los gemelos, crecen filamentos. Una flor cerrada, algo parecido a un capullo al final del tallo flexible.
Uno de los filamentos en dirección al lugar en el que se encontraba Luna. ¿Será un punto muerto? ¿Un espejismo? ¿Un cesto? ¿Un agujero? ¿Una boca?
Otro en dirección a Kassandra. Otro, en dirección a Morgan. Otro, en dirección a Gen. Otro, en dirección a Kyra. Otro más, en dirección a Nick. El último en dirección a Carla.
Siete filamentos conectados a Shibbat. Si uno o una se va, al menos lo sabrá.
Ñapa de madera, donde se encuentra el agua, al menos para no contaminarse.
El viento sopla hacia el mar; me recuerda el olor del pescado seco. No recuerdo quién fue ni cómo llegó hasta aquí. Ni siquiera sé si ha llegado o va directamente desde esta dirección.
¿Quién puede ser?
¿Qué le ocurre al que está sentado frente a mí?
¡No! Por favor, por favor… perdóname. Perdóname. Me siento muy avergonzada cuando estoy contigo. Te amo. Lo juro. Yo te quiero mucho. Soy tu mujer, mi mujer, y tengo miedo porque tú estás conmigo.
He perdido todo control sobre ti.
Sí, ya he olvidado esa sensación, pero nunca volveré a perderte.
Cuando pienso en ello, ahora veo cómo KRISHNAMURTI me aniquila.
Avanza unos pasos. Se coloca junto a Nick; un paso más al frente, en posición de diálogo. Se dirige al animal, de tú a tú.
La noche de invierno es la última noche.
SOLUCIONALIDAD:
¿Qué?
Nada.
El viento se lleva su olor. Una ráfaga blanca de aire frío nos envuelve. Es como si estuviéramos flotando en un espacio vacío. Estamos solos, estamos rodeados por un mundo infinito de sensaciones muertas. Un universo entero de recuerdos olvidados. Nada más.
MELODENE:
¿De verdad no quieres estar solo?
No sé si puedo hablar contigo.
Si pudiera hacerlo, yo también podría decir algo.
Pero entonces todo habría terminado.
Cuando me enteré de mi muerte, pensé: "No hay nada malo". Y, cuando salí del cementerio, fui al cuarto de baño. Me lavé, te escondí, me puse ropa limpia y cogí el camino apropiado.
Shibbat estudia al animal como si fuera una puerta. "Esto no parece fauna. Esto es bosque".
Ajuste mínimo de postura. Peso listo en las piernas.
—Guardia.
Algo que decide paso. Habla al gallo con tono plano.
—Si custodias este lugar, escucha.
Silencio corto. No levanta la voz. Mira el espacio vacío donde estaba Luna. Sus ojos vuelven al pico de piedra.
—Si hay regla, indícala.
Respira lento, sin apartar la vista.
—Si es prueba, defínela.
Otra pausa.
El cielo se ha puesto negro; el mar está oscuro como boca de lobo. El sol sale por detrás del horizonte. Un pájaro cae sobre él. Los buitres vuelan volando al viento, pero no hay nadie más.
Es triste observar ese movimiento.
Hay gente sentada entre dos árboles. En la oscuridad sopla una brisa suave. Cuando te acercas demasiado cerca encuentras algo grande, redondo e inmóvil.
A veces puedes verlo ahí abajo, con su color verde pálido.
Una mujer alta le sonríe tímidamente cuando pasa junto a ti, aunque sólo sea para saludarle o para hacerte alguna pregunta tonta acerca de tu aspecto físico.
Al final ella dice: ¿Dónde están sus zapatos?
No tiene importancia. Pero tampoco importa nada si estás mirando hacia arriba y luego miras otra vez hacia fuera.