Mack se queda quieto un instante, apoyado con el antebrazo sano en el marco del armario, respirando despacio. Todavía le duele el costado a cada movimiento; siente la punzada aguda justo debajo de las costillas, recordándole que no debería estar ahí, que debería estar en una cama de hospital. Pero la necesidad de entender qué está pasando pesa más.
Ve cómo Tess aparta unas perchas y entonces su cabeza hace "clic", empuja el fondo del armario con los dedos. El panel cede con un susurro áspero de madera vieja. Mack se incorpora un poco, intentando ignorar el tirón en su pecho.
—A ver qué tenemos aquí… —murmura, más por llenar el silencio que porque espere respuesta.
El compartimento oculto aparece lentamente, como si la casa se resistiera a mostrarlo. Mack siente un escalofrío recorrerle la espalda. Algo en él —quizá la parte que aún funciona como detective pese a los analgésicos— sabe que ahí dentro hay algo importante, pero no necesariamente agradable.
Mack saca primero un sobre... lo abre con cuidado y su expresión cambia apenas medio milímetro cuando ve las fotografías. Mack las toma con dos dedos.
Un chico. Pelo largo. Tatuajes subiendo por el cuello como zarcillos de tinta. Ojos con una mezcla peligrosa de juventud y arrogancia. Mack siente un latido incómodo detrás de la sien.
—Genial… —murmura—. El novio que toda madre teme.
Deja las fotos en la cama. Su mano tiembla ligeramente cuando ve lo siguiente: un paquete de condones. Lo aparta sin comentario. Luego, un vibrador. Tampoco dice nada, pero traga saliva. No por pudor; por la evidencia clara de que Wendy llevaba una vida mucho más compleja y adulta de lo que Mary imaginaba… y de lo que quizá pudiera manejar.
Finalmente, Mack encuentra un libro.
Un cuaderno grueso, gastado en los bordes. No es un simple diario: está vivo. Las tapas están llenas de arañazos de bolígrafo, pequeños dibujos de calaveras, espirales, palabras tachadas y rescritas.
Mack lo abre.
Las páginas son un caos hermoso y angustiante: frases que suben y bajan, dibujos al margen, ecuaciones incompletas junto a versos de canciones, palabras en mayúsculas encerradas en círculos, nombres tachados, fechas, notas que parecen pensamientos a media formar.
Es el tipo de cuaderno que solo escribe alguien que siente demasiado.
Mack pasa las páginas lentamente. El olor a papel viejo le trae un recuerdo extraño de su juventud, de cosas que ya no existen. Una corriente fría le baja por el estómago. Cierra el diario despacio. Se queda con la mano sobre la tapa...
Leer el diario llevará tiempo pero Mack considera que en un ambiente tranquilo y relajado no debiera llevar más de una hora sacar la información relevante...
—Esto… —dice con voz ronca—. Esto no es solo un diario adolescente. Aquí hay algo más. Mucho más.
Se levanta con un quejido involuntario y se apoya en la pared.
A pesar del dolor, de la fatiga y de la sensación de que todo se está volviendo demasiado extraño, Mack sabe una cosa con certeza:
Han encontrado la primera grieta real en la desaparición de Wendy Bauman. Y lo que sea que haya detrás… no les va a gustar.
Motivo: Ingenio Grupal
Tirada: 2d6
Resultado: 10 [5, 5]
Mack aprieta el diario contra el pecho un segundo más de lo necesario, como si temiera que la habitación —o la propia casa— intentara arrebatárselo. El dolor en su torso late, insistente, pero por primera vez desde que entraron en este apartamento siente algo distinto.
Una chispa. Una dirección. Un puto hilo del que tirar.
El ambiente opresivo parece aflojar apenas lo justo para permitirle respirar un poco mejor. Mack levanta la vista hacia la puerta de la habitación, hacia donde sus compañeros esperan, tensos y exhaustos.Entonces, sin poder evitarlo, deja escapar una sonrisa breve, torpe, pero auténtica.
—Vale… —exhala, sosteniendo el cuaderno en alto—. Esto sí es algo. Por fin.
Sale de la habitación de Wendy con paso firme, aunque el dolor le recuerda cada dos pasos que está forzando más de la cuenta. Aun así, no se detiene. No ahora.
—Chicos —dice al reunirse con ellos, bajando un poco el diario para que todos lo vean—. Aquí hay información de la buena. No chorradas de adolescente, no dibujos al azar… Esto tiene patrones, fechas, nombres. Lo vamos a desgranar en cuanto tengamos un sitio decente para sentarnos y que no huela a muerte.
Se limpia el sudor de la frente con el dorso de la mano, y por primera vez en toda la investigación su voz no es solo seria, sino impulsada por un entusiasmo casi juvenil.
—Propongo que vayamos al trabajo de la señora Bauman
- Joder Mack!! Gran trabajo!! - Dijo Tess, observando el cuaderno por encima del hombro de su compañero. - Sí, estoy de acuerdo en la siguiente parada. - Dijo ensimismada mientras intentaba ver algo del manuscrito hallado.
Buen trabajo, Marck. Dijo al ver cómo su compañero había salvado el día. También deberíamos revisar el portátil. Dijo esto mientras se acercaba al escritorio y encendía el ordenador. Él era un cero a la izquierda en cuanto a tecnología, pero sabía revisar la bandeja de correo electrónico y usar el Paint.
Katie se unió a las felicitaciones de sus compañeros a Mack. Estaba claro que esto si que era algo que ni la propia señora Baumann conocía, y abría aún más la puerta por la que había desaparecido Wendy.
—¿Y esas fotos? Un novio malote... quizás deberíamos cotejar estas fotos con bases de datos de la policía, detenciones... —Katie ya estaba pensando en los próximos pasos—. Si lo localizáramos podríamos saber si se escapó con Wendy... o qué pasó con ella.
El posible novio era una nueva fuente de investigación que seguramente nadie había conocido hasta el momento... y de seguro que tendría mucho a añadir sobre la historia de la desaparición de Wendy... eso sin tener en cuenta que él mismo podría estar involucrado.
—Si, vayamos al trabajo de la señora Baumann... pero más tarde me gustaría comprobar la identidad del chaval.
Podemos intentar ver si podemos acceder al portátil aquí mismo antes de partir al trabajo de la señora Bauman.
A ver si entre todos se nos ocurre algo y sino si conocéis a alguien que sea muy bueno con los ordenadores...
El diario en cualquier momento os lo dejo, deberíamos leerlo todos con calma a ver qué sacamos cada uno. Y sí, ese novio hay que tratar de localizado de alguna forma...
Mi idea es, cuando tengamos un momento de descanso, leer el diario y pasárselo a alguno de mis compañeros que esté interesado también que imagino todos.
Mack observa en silencio mientras el portátil es colocado sobre el escritorio, apartando libros y cuadernos para hacerle sitio. El aparato es viejo, con la carcasa arañada y una pegatina medio despegada en la esquina. Aun así, cuando alguien pulsa el botón de encendido, responde de inmediato.
La pantalla cobra vida con un zumbido suave.
Durante un segundo, Mack siente un atisbo de alivio. Bien, piensa. Al menos funciona.
Ese alivio dura muy poco.
El sistema termina de cargar y aparece una pantalla austera, casi clínica. Fondo negro. Letras blancas. Un único campo de texto en el centro.
INTRODUZCA CONTRASEÑA
8 DÍGITOS
Debajo, una línea mucho más inquietante:
Intentos restantes: 2
Mack frunce el ceño y se inclina un poco más hacia la pantalla, ignorando la punzada en el costado.
—¿Dos intentos? —dice en voz baja—. Eso no es normal.
Alguien prueba a acceder a los archivos básicos. Nada. El sistema no permite ni siquiera ver la estructura del disco duro. No hay modo seguro. No hay acceso limitado. Nada que forzar.
Katie niega con la cabeza, claramente incómoda.
—No es un bloqueo estándar. No es Windows, ni Linux tal y como lo conocemos. Esto está… hecho a medida.
Mack siente cómo se le tensa la mandíbula.
Intentan conectar un programa de fuerza bruta. El portátil responde con una negativa inmediata, casi ofendida. El software se cierra solo. El contador de intentos no se mueve.
—Ni siquiera lo permite —murmura Tess—.
Mack se endereza despacio. Mira la pantalla como si fuera un ojo que los observa desde el otro lado.
Ocho dígitos.
Dos oportunidades.
Y la amenaza implícita de que, si fallan, todo se perderá para siempre.
No es la seguridad de una adolescente paranoica.
Es la seguridad de alguien que sabe exactamente lo que protege… y de qué lo protege.
Mack deja escapar un suspiro lento.
—Una chica de instituto no hace esto para esconder música pirateada —dice—.
Cierra el portátil con cuidado. El silencio que queda en la habitación es pesado...
Mack apoya una mano sobre la tapa del portátil cerrado.
No van a probar a ciegas.
Dos intentos no son un margen. Son una advertencia.
La contraseña está en el diario o está en la cinta o está en algo que aún no han mirado con suficiente calma
Y Mack lo sabe.
“Si fallamos… no perdemos un archivo.
Perdemos a Wendy por segunda vez.”
Antes tenemos que leer el diario. Pero si esa contraseña no la ha puesto ella no estará ahí la solución...
Wendy resultaba ser una caja de sorpresas... y misterios. Su portátil estaba protegido con un código que si se fallaba dos veces seguramente destruiría la información ahí almacenada... a saber... ¿fotos guarras?¿secretos inconfesables? Podía ser una prueba, pero este no era el campo de especialidad de Katie... quizás más bien de Tess.
—Tess... este es tu campo, quizás deberías probar como meter mano a este cacharro... antes de que la caguemos y perdamos las pistas que puede contener.
Si la cagaba alguien, mejor que fuera la que supiera manejar estos trastos.
Claramente, no se puede probar al azar. Dijo, confirmando los pensamientos de Mark. La contraseña tiene que ser algo personal; puede que su diario nos dé la pista.
Creo que necesito un café y un poco de tranquilidad. Aunque Kurt no estaba pensando en un café normal, sino en un irlandés con un buen chorro de whisky.
¿Queda algo por registrar de la casa?
Después de darle un rápido vistazo al diario, Kurt levantó la vista. Vale. Resumiendo, esto primero parece una relación familiar fallida: padre alcohólico y violento, y una mujer sin otra salida. Ella se marcha de casa, pero el marido no paga, así que tiene que ponerse a trabajar. Y aquí viene lo curioso: para mantener el ritmo empieza a tomar pastillas. No creo que sean simples pastillas de cafeína.
También está la deriva de Wendy: se busca un novio mayor y peligroso. ¿Habría que averiguar quién es R?
Finalmente, lo único realmente interesante del diario es un nombre: Rosita, una antigua amiga de Wendy. Puede que sea buena idea empezar por este punto.
Y esto del final no tengo ni idea; algún rollo de código adolescente para ocultar algo.
Creo que haría que buscar a Rosita.
Mack asiente en silencio mientras repasa mentalmente las páginas que ha leído. El resumen encaja. Demasiado bien.
Pasa el pulgar por el lomo del cuaderno, como si aún pudiera sentir el pulso irregular de Wendy latiendo ahí dentro. Padre violento. Madre atrapada. Pastillas para aguantar. Un novio que no debería estar ahí. Y nombres que aparecen y desaparecen como fantasmas mal borrados.
—Sí… —murmura al fin—. Es exactamente eso.
Levanta la vista, cansado, pero con los ojos más despiertos que antes.
—No es un diario de desahogo. Es un registro de supervivencia. Cada página es alguien intentando no romperse del todo.
Hace una pausa, recordando las últimas hojas, las frases torcidas, los símbolos repetidos, las palabras que no encajan.
—El final… —niega despacio—. Eso no es solo paranoia adolescente. Es un cifrado. Sustitución simple, probablemente. Letras cambiadas, patrones repetidos… —exhala—. Pero sin tiempo, sin calma, y con Wendy fuera del tablero, va a ser difícil sacarle algo ahora mismo.
Cierra el cuaderno con cuidado y lo deja sobre la mesa, como si fuera una prueba frágil.
—Rosita es una pista clara. Y “R” no es una inicial lanzada al azar. Pero hay algo más grande aquí, algo que se sale de este apartamento.
Mack se endereza. El aire sigue siendo pesado, pero ahora sabe por qué.
—No podemos quedarnos aquí —dice con una determinación nueva—. Este sitio solo guarda ecos. Si queremos respuestas reales… hay que ir donde la vida seguía.
Se pasa una mano por la cara y señala con la barbilla hacia la puerta.
—Vayamos al trabajo de la señora Bauman. Ahora.
Si Wendy estaba intentando proteger algo, su madre quizá esté más cerca de ello de lo que cree.
La intuición de Katie parecía acertada, y el novio malote del que ya había descubierto alguna referencia podía ser una pista relevante que seguir a continuación... si fuera al menos que supieran su nombre. Lo del trabajito y las ganas de desaparecer de Wendy parecía cuadrar con lo que había acabado pasando... pero no era tan seguro que Wendy hubiera desaparecido finalmente de forma voluntaria como quería... o que todo se hubiera vuelto chungo de cojones después de lo que vieron en aquel video.
A por el novio no se podía ir directamente porque no tenían ni un nombre, pero quizás se podía hacer algo con esa amiga, Rosita. Localizarla, preguntar en el instituto o ver si alguna de las chicas de su clase se llamaba así. Quizás valía más la pena eso que perder el tiempo en el trabajo de la señora Baumann.
Lo que parecía una anodina señora desde luego escondía una historia escabrosa tanto en su pasado como en su casa.
Tess estaba ensimismada con la seguridad del equipo.. ni solo era el de una adolescente, sino que estaba instalado en hardware antediluviano. Era un principio muy básico el adecuar el sistema de protección al valor de lo que querías proteger.. ahí debía haber algo muy valioso.
Además, o la cría era una programadora de puta madre o hay alguien más involucrado con unos conocimientos informáticos de la hostia!! Y en cualquier caso, había información que no estaban dispuestos a que viera cualquier persona.
- Podría tratar de pasarle alguna aplicación, ver si puedo colarme por alguna oferta trasera, o algún intersticio.. - Dijo Tres saliendo del ensimismamiento al que se había retraído. - Además, puede que conozca algún tipo que sepa una o dos cosas más que yo acerca de piratear esta mierda.. - De pronto se dio cuenta que había estado en su submundo mental demasiado tiempo.. Habían dicho algo de ir a algún otro lugar?
El salón se convierte en el punto de reunión. El sofá cruje cuando Mack se deja caer con cuidado, buscando una postura que no le haga rechinar los dientes de dolor. Tess se sienta en el butacón, con el diario de Wendy apoyado sobre las rodillas sin abrirlo, como si pesara más de lo que aparenta. Kurt permanece de pie, apoyado en la pared, brazos cruzados, la mirada fija en un punto indeterminado. Katie se queda junto a la mesa, de pie también, incapaz de estarse quieta.
El silencio dura unos segundos. No es incómodo, pero sí denso. Cada uno está repasando mentalmente las piezas: la cinta VHS, el falso enfermero, el portátil blindado, la habitación detenida en el tiempo, el miedo cuidadosamente oculto bajo una vida de música, ciencia y rebeldía adolescente.
—Vale —dice Mack por fin, rompiendo el mutismo—. ¿Hemos revisado todo? -dijo mirando al resto de sus compañeros. - ¿Y ahora qué? Mack se inclina hacia delante, apoyando los codos en las rodillas. Su rostro está cansado, pero los ojos le brillan con una determinación obstinada. ¿Nos movemos al trabajo de la señora Bauman?
Si no me decís lo contrario, en un par de días pasamos a una escena nueva.
Se encogió de hombros con indiferencia. Ese parece ser la única pista que tenemos: ir al trabajo de la señora Bauman y preguntar si podemos obtener algo más.
Me gustaría investigar un poco y ver si podemos contactar con esa tal Rosita. Puede que en el instituto sepan algo.
Mack escucha a Tess sin interrumpirla. No porque no tenga nada que decir, sino porque cada palabra que suelta encaja con lo que él ya siente en el estómago: una presión sorda, la certeza de que están rozando algo demasiado grande para una desaparición “normal”.
Asiente despacio cuando ella menciona el hardware viejo, la seguridad desproporcionada, la mano invisible de alguien con conocimientos de verdad.
—Sí… —murmura—. Nadie blinda así un portátil por capricho. Y menos una chica de instituto.
Cuando Tess se da cuenta de que ha hablado durante más tiempo del que pensaba, Mack ya está incorporándose del sofá. El gesto le arranca una mueca breve de dolor, pero no se detiene. Reúne el diario, la cinta, los papeles sueltos, los guarda con cuidado, casi con respeto. El portátil se queda donde está, cerca de Tess.
—Eso se queda contigo —dice sin mirarla—. Si alguien puede abrir esa caja negra, eres tú… o alguien de los tuyos.
Se dirige hacia la puerta del apartamento. El ambiente le oprime el pecho, como si las paredes estuvieran demasiado cerca. Antes de abrir, se detiene un segundo, el diario bajo el brazo.
—El trabajo de la señora Bauman es nuestra mejor opción ahora mismo —continúa, más para sí que para los demás—. Allí Wendy seguía siendo real. No un recuerdo, no una habitación congelada. Si alguien notó algo raro… fue allí.
Gira la cabeza, buscando brevemente las miradas de los demás.
—Y Rosita —añade—. Si existe de verdad, el instituto es donde empieza ese rastro. Profesores, orientadores, antiguos amigos… alguien recordará ese nombre.
Abre la puerta. El pasillo exterior le parece casi un alivio, aunque el nudo en el estómago no desaparece.
—No sé si sabrán algo más —dice ya al cruzar el umbral—.
Pero sé que aquí dentro solo hay silencios. Y ya hemos escuchado suficientes.
Da un paso fuera, decidido.
—Vamos. Antes de que esta historia nos alcance a nosotros también.
Katie sabía que debían seguir todas las pistas pero tenía claro cual era la que seguramente les revelaría algo más esclarecedor.
—Podemos empezar por el trabajo de la señora Baumann si queréis, pero en mi opinión la señora era una desconocida para todos, alguien que proyectaba una fachada y que sin embargo ocultaba mucho detrás de ella que solo reservaba para su casa, así que no se hasta que punto nos podrán contar allí algo que no sepamos ya.
Medito un instante antes de continuar con la que de verdad creía que era la senda que debía tomar la investigación.
—Sin embargo, si pudieramos encontrar a esa tal Rosita, sabía bastante más de Wendy y de lo que le pasaba que quizás su propia madre o lo que pudiera saber alguien otro en el trabajo de la señora Baumann... quizás nos podría ayudar a encontrar a ese novio chungo y saber en lo que andaban metidos.
Otra vez un novio chungo cambiando (para mal) la vida de una chica, quizás no tan inocente, pero que al fin y al cabo no parecía merecer lo que se insinuaba que pudiera haberle pasado... ¿a quién le recordaba? Era mejor dejar la autocompasión para otro momento...
Tess salió de su ensimismamiento cuando Mack le tendió el portátil, dejándolo a su cuidado. Joder, no sólo podía tener la madre de todas las pistas, sino que era un puto rompecabezas que pedía a gritos ser resuelto. Coño!! Lo protegería con su vida!!
- Sí, yo tampoco estoy convencida de sacar algo en claro del curro de la Sra. Bauman, pero no está de más dar una vuelta, por si acaso. - Le reconcomía otra cosa, ese gilipollas del novio.. escoria.. - R... quién coño será R y qué le pidió? Rosita? Empieza por R, será una jodida coincidencia. - Otra vez desvariaba pensando en voz alta. - Y puzles, como la firma al final.. ese código.. otro rompecabezas que le daba urticaria no haber resuelto....
- Voy a tratar de desencriptar el código, mientras vais al curro de la Sra. Bauman. - O que alguien me eche un puto cable. - Se viene alguno?
Voy a tratar de desencriptar el ordenador, pero es demasiado precioso su valor.. si veo peligro, mi plan es recular y tirar de algún contacto que poseo como habilidad una vez por sesión.