Partida Rol por web

Trebaños - Partida de Aquelarre

Escena de Juego

Cargando editor
10/07/2025, 07:40
Fidela

Mucho me temo que nadie va a comprender, al menos de entrada, lo que hemos hecho.

Cargando editor
10/07/2025, 09:52
Leonor

Con aquella carga pesada sobre vuestras cabezas, decidísteis ir a descansar. La madrugada en el castillo tampoco era muy cálida por lo que pusisteis rumbo enseguida hacia la torre donde estaba vuestra alcoba. Justo cuando atravesábais el patio de armas, a la altura de las cocinas, Leonor asomó la cabeza por la puerta de la misma.

Vengan vos... -os dijo nada más aparecer-, beban un tazón de leche..., se lo ruego -añadió, y vísteis preocupación en su rostro-. Seguramente la criada quisiera saber de Koldo, y aquellos momentos en las cocinas parecían el lugar y momento perfecto para ello-.

Cargando editor
10/07/2025, 12:16
Fidela

Notas de juego

Entonces fue cuando Fidela le contó lo que aparece en el post anterior. Siento haberme adelantado. He intentado editarlo pero ya no me ha sido posible. 

Cargando editor
10/07/2025, 20:41
Leonor

Entrásteis un instante, con la excusa de tomar algo caliente antes de regresar al aposento.

¿Escapado? -preguntó- ¿Dónde estaba?

Fidela se encargó de explicar a Leonor que su cuñado Koldo se había ido, que había llegado hasta Trebaños y de ahí se marchó. No le concretó que le habíais dejado escapar, ni del dolor interno que el ladrón tenía a raíz, seguramente, de su esposa. Tras tomar algo de leche, Leonor os preparó algo de pan, queso y una pieza de fruta, colocadas en un trapo, para que os las llevárais a vuestra habitación. Luego os dio las gracias y todos os fuísteis a descansar.

Cargando editor
10/07/2025, 20:56
Mauro "el Huraño"

En vuestra alcoba hallábase Mauro, quien dormía a pierna suelta en aquella habitación caliente. Contrastaba mucho esa oscura escena con la también oscura realidad del camino hacia Trebaños. Bandidos, criaturas y aquel tipo que jamás volveríais a ver. Sin duda, una experiencia de carácter fuerte que, esa noche, no os dejó dormir demasiado.

* * *

Al día siguiente os levántásteis temprano, aunque no al amanecer.

Había pasado una hora de ello cuando el propio Mauro, "el Huraño", os despertó.

Don Juan espera abajo... -añadió sin el pertinente buenos días-. Tronero está listo y antes de media mañana partiremos de vuelta a casa -luego desapareció de la habitación-.

Cargando editor
10/07/2025, 20:57
Alfón de Alkiza

* * *

Allí, en el patio de armas, hallábase don Alfón, de pie, junto a don Juan. En medio hallábase la joven muchacha de prendas elegantes, doña Mariñe, y a su lado Jimén, dando órdenes al muchacho para que trajera el caballo. No os había dado tiempo a desayunar cuando don Juan os hizo un gesto con la mano para que acudiéseis hasta allí.

En el cielo no había ni una sola nube, y en aquel mes invernal reinaba, esa mañana, el sol.

Os doy las gracias -dijo Alfón-, por acudir a buscar a ese tipo. Me comentaron los soldados que os topásteis con ladrones y... -miró a don Juan-, con ..., la dificultad de la noche invernal... -añadió-. Cuidado en el camino de vuelta, Juan -le dijo entonces a su igual, y éste hizo una reverencia, la verdad, bastante sobria-.

Alfón se giró y se marchó de vuelta al interior del edificio, con Jimén, y allí quedó un instante doña Mariñe, la cual tomó rápidamente la mano a don Juan, se la abrió y le entregó un pañuelo doblado. Luego le cerró la mano y, la muchacha, salió corriendo detrás de su padre.

Cargando editor
10/07/2025, 20:58
Juan de Ribadavia

Don Juan os miró entonces, al tiempo que el Huraño se acercaba a vosotros (pues había estado preparando los fardos de vuelta).

Id a desayunar -os ordenó con semblante serio, sabiendo que habíais sido testigos de aquella última acción-. Luego partiremos. Por el camino me contaréis vuestra peripecia: me han dicho que murieron dos soldados... -y así os alejásteis de Juan, yendo por última vez a esas cocinas-.

Notas de juego

Haced un último post de partida. Estamos a punto de terminar.

Podéis narrar lo que queráis, o dirigiros a alguien. Puede ser a don Juan, entre vosotros, o a algún PNJ que conozcáis y esté por allí (los nobles del lugar aún no han desaparecido de puertas para dentro). Después añadiré un epílogo explicativo de algunas cosas, como suelo hacer en mis partidas.

Cargando editor
11/07/2025, 12:37
Fidela

Me quedé muy sorprendida por el poco interés de don Alfón en escucharnos y saber de lo sucedido en Trebaños. En cierta manera me quedé decepcionada por la forma en que los nobles enviaban a soldados y servidores a jugarse la vida y luego desentenderse. Pensé que habíamos estado a punto de morir y que no íbamos a recibir ninguna palmadita en el hombro de ese hombre. Vi como se alejaba don Alfón, decidido, arrogante y me giré hacia don Juan, disimulando como pude la sonrisa que sin poderlo evitar asomó a mis labios ante el gesto de Mariñe. 

Señor, como usted mande. Le aseguro que hay muchas cosas muy interesantes que contar a quien tenga el deseo de escuchar... Dije sin mirar a don Alfón de forma manifiesta. Me dirigí a las cocinas dispuesta a desayunar como Dios manda, que si algo bueno había en este castillo, era la comida. 

 

Cargando editor
11/07/2025, 14:52
Pedro "el Venancero"

Agradecí que las explicaciones que tuviéramos que dar fueran a caer solo en oídos de Don Juan. Quizás la simple mención por parte de los soldados a don Jimén del nombre de Trebaños nos había ahorrado dárselas.

Tampoco se me había escapado el gesto de Doña Mariñe. Mejor que mejor, pensé: sin duda Don Juan estaría de buen humor cuando nos escuchara. A lo mejor, pensé, Don Alfón habría pedido más explicaciones, pero no deseaba ponerse a malas con nuestro señor encerrándonos por embusteros... o por locos. 

Fuere como fuere, suspiré aliviado. Barato nos librábamos de un asunto que había costado la vida a dos soldados de Don Alfón. 

Me apresuré a seguir a Fidela. 

Cargando editor
12/07/2025, 09:42
PersoRol (Director)

Entrásteis por última vez en las cocinas del castillo. Allí vísteis a Locadio, Leonor de nuevo y a la otra sirvienta. El muchacho de los establos se había quedado fuera con Tronero y el Huraño. Tras desayunar y recoger vuestras últimas pertenencias, volvísteis de nuevo al patio y de ahí abandonásteis el castillo de Umbragorri. Una extraña sensación recorría vuestros cueros; una sensación que os decía que un terrible mal se había guarecido en aquella aldea vecina durante mucho tiempo y que, en realidad, vosotros habíais extinguido.

Durante el viaje de vuelta al castillo del valle de Gordexola, don Juan se mantuvo sobre su caballo, rato si y rato no (como en el trayecto de ida), y os pidió las explicaciones oportunas de lo que habías sucedido. No tanto por escudriñar las verdades de vuestros pasos a pies juntillas, sino más bien por lo improvisado de una batida en medio de la noche, en los últimos días del frío diciembre. Y mientras lo hacíais, Mauro el Huraño os miraba sorprendido, sabiéndose afortunado por no haberos acompañado en aquel encargo.

Un par de horas después, tras un descanso para rellenar el estómago, vuestro hogar se veía ya muy cerca, recortado en el horizonte.

Desde ese momento en adelante, lo que pasó en la aldea de Trebaños quedó grabado en vuestra memoria para siempre.

Cargando editor
12/07/2025, 09:43
PersoRol (Director)

EPÍLOGO.

Sobre Alañe, la anciana de Trebaños.

Alañe, hija y nieta de brujas, tomó el camino de sus ancestras, y tras ocultarse en la vieja aldea de Trebaños para gozar de tranquilidad y discreción comenzó a practicar un hechizo para recuperar su vista. Este extraño proceso atrajo la atención del malvado Cruoris, el demonio de la Sangre, quien se interesó por las intenciones de la bruja. El demonio se ofreció a mejorar la receta de dicho hechizo a cam bio de cierta lealtad pero, con el tiempo, quiso una prueba de fidelidad mayor. Cruoris le entregaría la preparación correcta de aquel hechizo a cambio de formar parte de su vasta colección de criaturas nocturnas.

Alañe aceptó, y el demonio condenó a vagar a la bruja durante ciertas noches en forma de bestia salvaje. Eso sí, Cruoris no cumplió su parte de trato, ya que aún no ha proporcionado a Alañe un brebaje correcto para reparar su mal. Engañada, la anciana quedó rebajada a alimentarse de animales salvajes y viajeros, y sin posibilidad de huir de aquel pueblo ruinoso.

Y poco a poco, la sospecha de una terrible presencia en los restos de Trebaños comenzó a apoderarse de los vecinos de Umbragorri, como pudísteis comprobar poco después de vuestra llegada al lugar.

 

Las razones del viaje.

Ninguno de vosotros supístes realmente, la verdadera razón del viaje que hicísteis al castillo de Umbragorri. Tal vez un simple deseo de don Juan para ver aun viejo amigo. Y es que los nobles no necesitaban dar explicaciones de sus deseos o inquietudes. Tan sólo mucho tiempo después, de boca de alguien que tuvo bien a contároslo, supísteis lo siguiente:

La tensa amistad entre don Juan y don Alfón, quizá no perceptible de primeras, se remontaba a no hacía demasiado tiempo.

Resulta que hace unos cinco años antes de esta historia un amor prohibido floreció entre Juan y Mariñe. La cercanía de sus familias, con Alfón como antiguo escudero del padre de Juan, y las frecuentes visitas de uno al otro, que eran más o menos continuas, propiciaron tal hecho.

Don Alfón, enterándose de los hechos y preocupado por esta situación (pues no veía con buenos ojos esa atracción) actuó de inmediato, orquestando un precipitado matrimonio secreto entre su hija y un hidalgo castellano. De esta manera separaría a su Mariñe y a don Juan, evitando cualquier interés amoroso entre ambos.

Cuando don Juan se enteró del matrimonio de Mariñe, entre éste y don Alfón nació una enemistad. Juan intuyó las verdaderas razones de ese enlace y quedó decepcionado. De esta manera, surgió poco a poco un distanciamiento que se mantuvo durante los siguientes años. La relación entre ambos nobles se volvió cortés pero fría, limitada a los encuentros estrictamente necesarios en los concilios o festividades de la región.

Justo antes de que el padre de Juan falleciera, el último deseo de éste era que don Alfón y Juan volvieran a brindarse amistad, y la última visita al castillo de don Alfón, evento en el que participásteis, fue en realidad un intento forzado de reconstruir lazos. Con el tiempo esto ocurrió, y Mariñe y Juan disfrutaron de su matrimonio.

Pero eso es ya otra historia.
 

FIN
 

Notas de juego

Ahora, si queréis, podéis añadir vuestro propio epílogo para vuestro PJ (es voluntario)

Cargando editor
12/07/2025, 10:49
Fidela

La abuela de Fidela, Marta,  tenía una gata,  blanca como la luna, que así se llamaba. Llegó un día que Luna, harta  de que la madre de Marta le matara todos los gatitos al nacer, se fue a parir al bosque. Una mañana, cuando ya los tenía medio criados, los trajo todos a pasearse por delante de la casa, a unas 10 varas de distancia. La madre de Marta los miraba con recelo, apoyada en el quicio, hasta que la gata se los llevaba de nuevo a su escondite. La escena se repitió durante días, mientras Marta espiaba la mirada de su madre y le suplicaba con la suya que cediera. Hacía las tareas con ahínco, intentaba contentarla de todas las maneras posibles, con la esperanza de que sucediera el milagro y Luna pudiera volver son su familia.

************************

Fidela salió de su encuentro con don Juan cerrando la puerta tras de si. Atrás quedaba lo que hablaron y solo ellos sabrían hasta donde se había confiando Fidela. Tenía por delante un par de semanas libres que pensaba aprovechar para poner, por fin, orden en su vida. Sonrió por primera vez en mucho tiempo y una gran esperanza se instaló en su corazón. Decidida y sola, abandonó el castillo sumida en una alegría nunca vivida antes.

**********************

Cuando La Rata quedaba embarazada, iba a una cueva en los bosques de Navarra al encuentro de Berta, una mujer buena y dulce que ayudaba en secreto a las demás. Fidela la acompañaba siempre, por la fuerza, y la ayudaba en los días posteriores, en los que se encontraba más débil de lo normal. Fidela vivió aterrorizada durante años a quedar embarazada y tener que pasar por aquello.

Cuando Fidela encontró el veneno, estaba embarazada de cinco meses de uno de los bandidos, más fuerte que los demás, que la tenía en exclusiva des de hacía un par de años. El no permitió que la Rata la llevara al encuentro de Berta.  Fue el primero que cayó... Cuando fue al encuentro de  Berta, una mujer con una inexplicable educación y elegancia natural, fue para dar a luz a un niño muy parecido a su padre, al de Fidela, no al auténtico. El niño tenía costumbre de cazar animales pequeños con una honda que él mismo se había fabricado. Incluso ideó una hosca pero ingeniosa trampa con la que había conseguido algún que otro jabato de pequeño tamaño.

Fidela llevaba años visitando a Berta y a su hijo Antón, llevándoles dinero y disfrutando siempre del cariño de los dos. No había vuelto a matar a nadie desde aquella noche, en la que rajó el cuello de toda la banda cuando todos estuvieron, primero borrachos, luego inconscientes. Escondida entre la maleza, por si alguien ataba cabos y la agredía, vio como uno a uno fueron quedando fuera de combate y se dispuso a impedir que pudieran sobrevivir de alguna manera.

Siguió ganándose la vida como ladrona, tuvo que aprender de cero. Mil veces amenazó con su cuchillo pero su mirada feroz siempre fue suficiente para hacer ceder a su víctima y nunca había necesitado usarlo. Cuando entró al servicio de don Juan lo hizo con una única intención, darle a su hijo la oportunidad de vivir en paz en algún lugar, un oficio con el que ganarse la vida digna y honradamente. Berta se había negado siempre a que Antón aprendiera sus artes así que Fidela se encontraba en una encrucijada. Tampoco deseaba convertirlo en un ladrón.

La vida pareció darle un empujón cuando conoció a Pedro. Sintió que era una oportunidad de oro para Antón. No sabía si la magia podría hacerse realidad, pero pensaba hacer como la gata de su abuela. Quizás, con un poco de suerte, le sirviera la idea de aquel sorprendente animal.

************************

En tres lugares de los bosques, escondidos por los siglos de los siglos, quedaron tres botines arrancados con sangre a gentes que tuvieron la mala suerte de que sus caminos se cruzaran con la Rata y sus secuaces.