Jack se quedó jadeando un segundo, con el bastón aún en alto, mirando al doctor inconsciente como si existiera la remota posibilidad de que se levantara otra vez solo por fastidiar. Bajó el arma despacio, apoyó las manos en las rodillas y tomó aire, orgulloso y confuso a partes iguales. Se incorporó al oír a Eliza acercarse y, sin soltar el bastón, se giró hacia ella con gesto serio… de esos que solo le duraban unos segundos.
-Eh… oye... -dijo, señalando con la barbilla al cuerpo de Steiner- Pregunta importante. Para que este tío deje de meterse en la cabeza de la gente… ¿qué es mejor? ¿Taparle los ojos? ¿Amordazarlo? ¿O con una bolsa del súper vale? Porque si es por mí, le pongo cinta aislante en la boca y unas gafas de sol bien gordas y arreglado.
Le dio un pequeño toque con el bastón al suelo, justo al lado del doctor, como marcando territorio.
-Tranquila, ya está neutralizado. A este me lo he cargado yo a base de… -hizo un gesto vago con el bastón- persuasión policial. Y al otro… al otro grande… -frunció el ceño, intentando recordar- cayó solo. Te juro que fue así. Me miró, yo le miré, y ¡pam!, al suelo. Debe de ser algo de mi mirada. Intimida.
Se rascó la barba, mirando alrededor, como si contara mentalmente enemigos.
-Eso sí… uno ha salido por la ventana. El volador y el del calor… alguno de esos. Pero vamos, que dos de tres no está mal, ¿no? -asintió convencido- Bastante bien para una intervención improvisada sin café decente. -Entonces la miró de nuevo, más sincero, bajando un poco la voz. -Eh… gracias por llegar. En serio. Creo que si este tipo me vuelve a tocar la cabeza empiezo a pensar en cosas raras otra vez… y eso siempre acaba mal...
Jack detectó un olor a chamusquina a su espalda. Eliza se había apoyado en su hombro y tenía parte de la chaqueta y el afro chamuscados. Estaba claro que había vivido días mejores. Estaba a un par de quemaduras más de parecerse al Coyote después de una explosión de dinamita. Aunque, en aquella ocasión, el correcaminos había perdido las alas y la vida.
—Buen trabajo, Jack. A ver cómo le explicamos todo esto a Asuntos Internos.
Miró a Steiner, ahora reducido.
—Ese cabrón puede reescribir recuerdos y tampoco sabemos si tiene algún poder a mayores. Quizá lo más seguro sea dejarle inconsciente, pero no toques nada todavía*.
Buah, disculpad, juraría que había contestado antes y se me fue la pinza ^^u
Tiro de Anamorfología para saber cómo neutralizar a Steiner.
*Si deduzco que lo mejor es noquearle, ya me encargo yo, que no me fío, xD
¿No tenemos esposas que anulen los poderes? Rollo cepos de los X-Men o las cadenas de piedra del mar como en One Piece.
Jack ya había hecho casi todo el trabajo para dejar inconsciente a Steiner, que se tambaleaba luchando por mantener la conciencia apoyado contra la rueda de su propio BMW. Eliza se encargó de que durmiera plácidamente con un golpetazo con la culata de su arma reglamentaria. Total, ya se había cargado a un latino a tiros, porque no iba a saltarse una pequeña regla más.
Con Steiner neutralizado y también sus dos matones, el de las telarañas y el grandullón mexicano, tenían vía libre para buscar pruebas en el interior de aquella casa que servía como escondite para el doctor. Tenían que terminar de rematar el caso y encontrar pruebas irrefutables para que un tipo tan listo como Steiner no pudiera salir indemne de aquella situación.
Con dejarlo inconsciente sobra.
Jack soltó el aire de golpe cuando vio a Steiner desplomarse por fin, como un saco de patatas caro. Se quedó mirándolo un segundo de más, por si acaso el muy cabrón decidía levantarse otra vez por pura cabezonería académica. Luego olisqueó.
-Uh… -frunció la nariz y giró la cabeza- Vale, eso no soy yo. Eso eres tú.
Miró de reojo a Eliza, chamuscada, apoyada en su hombro, y ladeó la cabeza con una mezcla rara de preocupación genuina y torpeza absoluta.
-Te estás ahumando -dictaminó- Como pollo de gasolinera. Pero del bueno, ¿eh? Crujiente por fuera. Profesionalmente hablando, claro.
Siguió la mirada de ella hasta Steiner, ahora inofensivo, y asintió despacio. Se agachó un poco, manteniendo las manos bien lejos del doctor, levantándolas incluso en gesto exagerado de "yo no he sido".
-Sí… Asuntos Internos nos va a querer mucho por esto. Igual hasta nos hacen una tarta. Con lima. De las que saben a castigo.... -Hizo una pausa- No lo toco, no lo toco. Palabra de scout. -Otra breve pausa- Nunca fui scout, pero habría sido uno muy honesto.
Cuando Steiner quedó definitivamente fuera de combate, Jack se enderezó del todo y se estiró la espalda con un quejido. Miró hacia la casa, luego volvió a mirar a Eliza.
-Vale. Dos esbirros menos, uno inconsciente certificado… -contó con los dedos- Y una casa llena de cosas turbias esperando a ser encontradas por gente que no sabe usar guantes como si fueran globos. Voy a decir esto en voz alta para que conste en acta: yo no sé buscar pruebas. Yo rompo cosas sin querer y piso charcos sospechosos. Así que tú mandas y yo… hago de perro guardián. O de perchero humano. Lo que necesites.
Eliza suspiró.
—Puedes dejarme las pruebas a mí —dijo, esbozando una sonrisa—. Tú esposa a Spiderman y a Steiner. Vamos a encontrar los trapos sucios de este hijo de puta.
La agente se internó en la casa, dispuesta a revisar cada centímetro. Papeles, fotos… cualquier cosa que le relacionase con el caso. Quizá hasta las máscaras y el material con el que grabaron los vídeos.
—Oye, Jack. Cuando veas que están bien asegurados y que no se pueden soltar, tendríamos que buscar al ingeniero. Es posible que esté por aquí. Esperemos que con vida.
Tiro a tope por Recogida de pruebas.
Una vez reducido, Jack se encargó de esposar a Steiner ajustando el metal de las esposas con más fuerza de lo realmente necesario, para asegurarse de que ninguna idea peligrosa más pudiera salir de aquel hombrecillo tan peligroso. Luego esposó al hombre de las telarañas, todavía inconsciente, colocando sus manos en la espalda, por si le daba por volver a envolverle con aquella pegajosa red con la que le había atrapado anteriormente.
Entre tanto, Eliza entró a la casa sola. Respiró hondo y sintió que el silencio que quedó en el ambiente no era ningún alivio, sino una pausa densa e incómoda. El interior de la cabaña era estrecho, mal iluminado y con una distribución de muebles que no invitaba a vivir allí bajo ningún concepto. Las paredes absorbían la escasa luz que se colaba por las ventanas tapadas con papel de periódico, salvo allí donde el gigantón latino había abierto la pared con toda su corpulencia. El aire tenía un olor raro. Olía a producto de limpieza o algo químico, pero no a limpio. Más bien era un olor acre. Eliza avanzó despacio por la casa, desconfiando de lo que su olfato percibía, con cautela y un temor que le zumbaba en la cabeza y la idea de que lo que pudiera encontrar en aquella casa la iba a acompañar de por vida.
Llegó a un trastero improvisado en el que había mucho polvo y telarañas y donde destacaba una pequeña nevera blanca alimentada por un cable y una alargadera que serpenteaba por el suelo. El abejorreo de aquella nevera llenaba la estancia de una tensión que provocó que Eliza tragara saliva antes de atreverse a abrir su puerta. Y, cuando por fin lo hizo, el mundo se estrechó de golpe: restos humanos, algunos recientes, otros tratados con una conservación cuidadosa, casi devota.
Sí, habían encontrado al ingeniero, o eso parecía, pero no de la forma en que ellos esperaban. Más tarde, el equipo forense analizaría el ADN y determinaría que los restos pertenecían a Linnette Rose y Corrine Giesler. Los restos preservados pertenecían a Delma Black y Bernard Leichtner, víctimas de los crímenes originales de Antrófago, lo que probaba que Steiner también fue el responsable de los crímenes adjudicados a Waldo MacLagan. Rastros de la saliva del terapeuta, íntimos y grotescos, sellaban la acusación de manera definitiva.
Pero en aquel momento Eliza solo sabía dos cosas: que habían logrado cerrar el caso y que necesitaba vomitar.
Eliza salió de la cabaña para tomar aire. Tras ver aquel frigorífico había olvidado tanto el heroísmo como las posibles consecuencias por haber usado su arma y sus poderes contra civiles. La cabeza le daba vueltas y sentía como si su estómago se estuviese pensando una dimisión, saliendo por la puerta grande.
—Menudo zumbado —le dijo a Jack—. Me alegro de que ese Steiner se vaya a pasar una buena temporada entre rejas. ¿Cómo te sientes? Ahora que lo pienso, acabas de frustrar el único logro del nazi ese al que visitamos en la cárcel. Espero que el Antrófago comparta celda con ese saco de mierda. Se merecen mutuamente.
Buscó a George con la mirada. Esperaba que al menos le hubiesen dejado salir para el gran momento de la detención. A él también le correspondía una tercera parte del mérito por atrapar al desgraciado de Steiner.
Jack terminó de ajustar las esposas con un clac que sonó más terapéutico de lo necesario. Se quedó un segundo mirando a Steiner en el suelo, ladeando la cabeza, como quien comprueba si un electrodoméstico realmente está apagado.
-Esto es por si acaso tienes alguna idea brillante más... -murmuró, apretando un poco más- Ya sabes… seguridad laboral...
Cuando Eliza salió de la cabaña con esa cara, esa mezcla exacta entre "ha visto el infierno" y "su estómago acaba de pedir la baja", Jack lo entendió sin necesidad de preguntas. Bajó el tono de golpe. Eso, para él, ya era muchísimo.
-Sí… -dijo despacio- Zumbado es quedarse corto. Este tío estaba jugando a los Sims con personas... a saber a cuantos habrá mandado a una piscina sin escalerilla...
Se pasó la mano por la cara, dejando un rastro de sudor, y luego miró hacia la cabaña como si temiera que algo más fuese a salir rodando desde dentro.
-Me siento… -buscó la palabra- Raro. Como cuando te comes una pizza entera tú solo y sabes que has hecho lo correcto, pero tu cuerpo no está de acuerdo. Alzó los hombros. -Pero oye, si con esto le he jodido el legado al nazi de la cárcel, casi que me sabe mejor. Que se pasen las noches mirándose el uno al otro en la celda, a ver quién es más asqueroso. Spoiler: Empate técnico.
Hizo una pausa y la miró de reojo, más serio de lo habitual.
-Oye… buen trabajo ahí dentro. Yo no habría podido. -Se rascó la nuca- Si necesitas… no sé… sentarte, gritar, o pegarle otra hostia al suelo, avisa. Yo vigilo que este no piense muy fuerte.
Le dio una última mirada a Steiner, esposado y derrotado.
-Se acabó el virus. -Sentenció- Y sin vacuna ni nada... el truco era golpear al tipo rarito con decorados feos... Y hablando de eso... ¿Crees que podré quedarme ese cuadro?. De verdad que quedaría genial en mi baño...
Los hallazgos facilitaron mucho la acusación, no así tanto el hecho de que Eliza hubiera disparado a Ramón. Cuando los periodistas se enteraron, y aquellos buitres se enteraban de todo, la noticia ocupó tantas portadas como los días previos había ocupado la cara de Steiner, la resolución del caso y el la conexión entre las victimas recientes y las de diez años atrás. La teniente Edwards no estaba nada contenta con lo ocurrido y la bronca que le echó a Eliza por usar su arma reglamentaria fue de órdago. Asuntos internos presionaban, y Eliza recibió unas vacaciones indefinidas que sonaban más bien a castigo y la metieron en la nevera un tiempo. Los interrogatorios estuvieron a cargo de George y de Jack.
Cuando se supo que los pacientes de Steiner que habían sufrido el control mental de Steiner se fueron recuperando de su influjo gradualmente al estar separados de él, las cosas se pusieron peor para Eliza durante una buena temporada. La familia de Ramón denunció a la UDIM y el ambiente en las calles estuvo caldeado. Los agitadores ultras de la religiosa y radicalizada Liga por la Paridad Neutral, dirigida por el neonazi Conrad Priestley, aprovecharon los tumultos para cargar contra los mutantes y pedir la desmantelación de la UDIM. Las cosas no dejaron de estar calentitas por una temporada.
Jared Whitten se recuperó del influjo de Steiner y fue absuelto de todos los cargos por el incidente del autobús. Él, al igual que los otros pacientes del doctor, fueron recuperando sus facultades mentales tras romperse la conexión con Steiner. Whitten, al igual que Terry Cable (el tipo de las telarañas) y otros muchos de los que los agentes no conocían su existencia, señalaron a Steiner como el cerebro que robó sus recuerdos y negaban enconadamente su participación en cualquier acto de canibalismo que Steiner pudiera haber celebrado. Varios expertos en discernir la verdad confirmaron que no estaban mintiendo, ya que los actos que cometieron fueron bajo el control de Steiner.
El terapeuta nunca admitió directamente los crímenes. Lo único que George y Jack lograron que concediera fue hablar de una hipotética tercera persona, alguien como él, con sus poderes y su posición ventajosa sobre los pacientes, que pudiera haber realizado algo así, según su "opinión profesional como psiquiatra" para deleitarse con la emoción de aterrorizar a los patéticos humanos. Meses más tarde, Steiner fue hallado culpable y sentenciado a cadena perpetua sin liberta condicional en el Correccional Kane.
Unos días después de conocerse la sentencia, apenas unos días antes de su ingreso en la prisión, el New York Herald publicaba una entrevista a Leonard Wayne Lennard, en la que expresaba su esperanza de llegar a conocer a Steiner en la cárcel, tal y como hizo con Waldo MacLagan.