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CAZADORES DE SANGRE [Finalizada]

Crónica: "Cazadores de Sangre"

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16/11/2008, 19:09
Sejmet

Cuando mi mano atraviesa su cuerpo alcanzo a arañar sus resecos y cenicientos órganos vitales, del todo inútiles en esta etapa de su no vida pero aún así doloroso.
Mis garras se abren paso por el interior de sus entrañas con la misma violencia e instinto que mueven cada uno de mis actos, hasta encontrar el final del camino en su espalda, atravesándola con su audible grito de dolor como preciosa banda sonora.
Cierro los ojos por unos segundos, inspirando sonoramente el poderoso olor de la sangre del enemigo derrotado, disfrutando con su tacto espeso y todavía relativamente caliente resbalando entre mis dedos y a través de todo el brazo hundido en su cuerpo.

Sigo sin estar satisfecha y mi otra mano destroza su mandíbula de un golpe tan contundente como el quebrar de sus huesos indica, quedando el hueso suspendido y sujeto tan solo por el músculo que poco a poco empieza a ceder.
La sonrisa de mi rostro se expande macabra y lentamente, dejando ver mis colmillos hasta que algo me golpea con cierta intensidad en el hombro.
Gruño como un animal furioso al que acaban de interrumpir en medio de su maravilloso festín, mirando por un segundo a Esmeralda antes de volver a centrarme en mi ahora víctima, hundiendo los dientes en su cuello antes de que sea tarde, desgarrando su piel con dentelladas despiadadas que salpican toda mi pálida piel, la ropa e incluso el suelo, saboreando la victoria hasta que la frialdad de su sangre es demasiado intensa para poder seguir deleitándose.

Dejo caer el cuerpo a través de mi brazo hasta caer sordamente en el marmóreo y reluciente suelo.
Lo observo unos instantes, recobrando algo de autocontrol, aunque escaso. Todos mis dedos gotean abundante sangre formando charcos en el suelo mientras entorno a mi boca queda la huella de la batalla librada a dentelladas, perdiéndose el rastro en la blancura de mi escote.
El chasquido y gruñido de los portones cercanos hacen que consiga volver a la realidad de forma definitiva, observando como el resto de hermanos ayudan a caminar a un Vasily que probablemente haya sido atacado, aunque no veo señales de ello a simple vista.

Me cuesta reprimir la ira al presenciar su estado, mis dedos se crispan y mi cuerpo se encoge sobre sí mismo librando una batalla interior con mi propia Bestia antes de conseguir erguirme de nuevo.
-¡Cobarde!, ¡enfréntate al destino que tú mismo has tejido!- grito a todo pulmón, provocando que mi voz se propague y multiplique en la enorme y lujosa sala mientras miro alrededor con insistencia sin esperar que dé la cara.

Notas de juego

*Necesitaría saber cuánta salud acabo de perder por el disparo y si recupero algún punto de sangre x)

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16/11/2008, 22:19
Esmeralda

El sudor frío recorre mi rostro, mi cuerpo, toda mi piel. Empapa mis ropas un sudor rojizo, fino pero espeso, pegándolas a mi con un calor impropio. Fruto del esfuerzo. Mi mente lucha por mantenerse libre, intacta, por ignorar las voces falsas y las alucinaciones. Delirios impuestos, artificiales, a los que mi mente se empeña en dar crédito.

Se que no es real, pero terminaré creyendo lo contrario si no logro sobreponerme.

Sostengo mi arma con firmeza. O eso me obligo a creer, pues la veo moverse ostensiblemente en mis manos temblorosas. Aprieto con más fuerza, pero eso no me permite apuntar mejor. Aún no conozco el desenlace del combate singular que libra mi hermana. Por alguna razón, la creo más necesitada de ayuda que Dominic, por eso apunto el cañón de la pistola en dirección a su adversario. No la menosprecio, pero si debo compararla con el Furia... Dominic me parece un enemigo mucho más temible.

Disparo, sin el convencimiento necesario, pero con determinación a hacerlo. Temo que pronto no seré capaz de superar este miedo irracional que el hechicero ha inoculado en mi interior, pero estoy decidida a ser de ayuda mientras sea capaz de ello. Disparo, entrecerrando los ojos con cada explosión. Dos disparos, dos sacudidas que mueven mi cuerpo, dos explosiones que me ensordecen.

Abro los ojos de nuevo. Nunca he pretendido cerrarlos. Lo que veo me sobrecoge. Uno de los proyectiles ha impactado en el horrible Nosferatu, quien recibe ya su justo castigo de manos de mi hermana. El disparo no era necesario, después de todo. Sin embargo, el otro impacto hace brotar la sangre... de mi propia sangre. Sejmet. Una herida en su hombro. Por mi culpa. Por mi gran culpa.

  Tú lo has hecho, Esmeralda. Es tu Pecado...

  Eres el mal, incluso para aquellos a los que llamas hermanos...

Las voces aprovechan el momento para volver a la carga. Me culpan, tratan de engañarme. Cargan contra mi como espíritus santurrones, valedores de la verdad religiosa de la que he renegado.

Pero no... no me engañan... Llevan razón, maldita sea... llevan razón...

Mis inquisidores invisibles me gritan cada vez con más fuerza, los noto cercanos, a mi lado. Casi puedo sentir su aliento a mi alrededor, su presencia. Me encojo, creo que he soltado la pistola, pues no la encuentro en mis manos, que abrazan mis hombros.

Tengo frío.

  ¡¡Pagana!!

  ¡¡Salvaje!!

  ¡¡Tenemos tu sangre, eres nuestra!!

Mis ojos se esfuerza en abrirse de nuevo, aunque solo lo logran en parte, parpadeando nerviosos mientras mis labios tiemblan como un infante delirando por la fiebre. Creo ver a mis hermanos, a mi padre. Vasily es arrastrado, sin heridas aparentes pero en un lamentable estado de debilidad. Cre que está diciendo algo, pero no logro oirle. No logro oir nada, los sonidos son apagados por los gritos, aullidos y malignos susurros. Trato de mantener la mirada en él, de averiguar como se encuentra, que está diciendo.

Pero entonces... llega la luz.

Luz cegadora, ardiente ¿De donde viene? No está ahi, no puede estarlo. Pero la veo, primero como un resplandor, luego como un rayo cegador que me obliga a cerrar los ojos, dolorida. Los gritos aumentan, y todos provienen del mismo lugar de la luz. Aún puedo verlo, a pesar de tener los ojos cerrados. Lo veo a través de mis párpados, arrasados por la extrema luminosidad.

Le veo a él, el desconocido, el ser que me señala con su largo dedo acusador. Toda la luz proviene de él, que me mira inquisitivo desde las alturas ¿Estoy en el suelo? Si, estoy tumbada en el suelo, enrollada sobre mi misma, practicamente en posición fetal... Y el desconocido sigue señalandome, acusándome, mientras las voces surgen de su espalda, ahuyando por mi alma y mi castigo en el infierno. Surgiendo de las dos inmensas alas refulgentes de luz dañina y abrasadora. La luz de un dia que me es negado, que no añoro y del que reniego. La luz que me ciega y me quema.

Me quema...

No...

Basta...

Nooooooo...

  • ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOO...!!

Y grito, a pesar de saberlo falso e irreal. Porque duele, porque arde. Porque lo sento como real. Porque mis manos recorren las quemaduras que abrasan mi piel y mis ojos parecen a punto de estallar.

Porque ES real.

  Muere, Esmeralda, muere...

  Ya eres nuestra...

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17/11/2008, 10:06
Dominic

La sangre salpica en mi rostro, aun calida, me relamo…su sabor es tan dulce…miro a mi alrededor y veo a los enemigos caer uno tras otro, no son dignos de mi ira ni de la de mis hermanos, y sin embargo han conseguido provocarla.

 
En algún momento siento que he gritado, pero apenas soy consciente de mis actos, estoy casi en trance, y la lucha se ha convertido en un estudiado ritual macabro, dirigido por todos los malditos diablos que me dominan.
 
No puedo resistir mas y me arrojo sobre mis agonizantes enemigos, hace días que no me alimento que no pruebo la pasión de la sangre, casi consumido por luchar contra mi autentica naturaleza….ahora eso poco importa…
 
Gruño, grito desgarro su pútrida carne con mis dientes…mi beso no es calido, no es dulce, no produce placer…solo dolor. Su sangre empieza a fluir por mis venas, renovando mis fuerzas alargando mi interminable condena…pero poco me importa ahora eso, el mundo ha dejado de existir ahora…tan calida…tan dulce…