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Crónicas Giovanni: La última cena

Prólogo Enrico

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03/09/2019, 23:37
Director

Hace varias semanas recibiste la visita de un mensajero ricamente ataviado. Te llevaba una invitación perfumada para que asistieses a un suntuoso banquete en la mansión del señor Claudius Giovanni. Giovanni pertenece a una rica familia de comerciantes italianos, y es tan temido como respetado. Una invitación como esta es un gran honor, que no puede ser desdeñado a la ligera, ni siquiera aunque provenga de alguien tan misterioso y de tan siniestra reputación como Claudius Giovanni.

 

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04/09/2019, 08:10
Enrico di Empoli- pj muerto

Huelo la carta. Almizcle y vainilla. La abro. Al verla ya se lo que es. Sonrío. Piero, no eres el único con este honor. No eres el mejor. Entonces recuerdo que él ya ha partido. Maldita sea, podríamos haber viajado juntos.

Cojo la nota y un trozo de papel. Escribo MCDXLIV-IV-IV. Este año contiene todos los caracteres de los números romanos. Además, el 4 del 4. Muchos 4 para que sea una casualidad. Seguro que hay alguna razón.

1444 suman 13. En fin, no tengo tiempo. He de preparar todo para mi partida. No se va a llevar Piero toda la gloria. Me acerco al taller e informo al maestro de que me voy a ausentar, enseñándole la misiva.

-No sé cuanto tiempo estaré fuera, pero espero que no sea mucho. Sea como fuere, le enviaré noticias, maestro.

Tras ordenar mis asuntos y preparar un petate para el viaje, me dirigí al "transporte" que se mencionaba en la carta.

 

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06/09/2019, 00:03
Director

Un elegante carruaje llega para recogerte para emprender lo que probablemente sería el viaje más largo de tu vida... a los oscuros bosques de los Cárpatos.

Tras dos semanas de incómodo viaje por malas carreteras, a través del barro y la lluvia, llegas a últimas horas de la noche al Cordero Rojo, una acogedora posada donde hay ya otros invitados a la mansión Giovanni. La cena tendrá lugar a la noche siguiente, y hoy pernoctaréis en la posada

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06/09/2019, 08:09
Enrico di Empoli- pj muerto

Al detenerse el carruaje bruscamente, me espabilo. Me había quedado traspuesto pese a los baches, los golpes y el traqueteo. O debido a los traqueteos.

Recojo del suelo mi carboncillo. Se ha roto al caer. Mierda. Guardo la libreta y los carboncillos y me apeo con mi equipaje. Miro al conductor que me señala la entrada de la posada. Me cuelgo el petate al hombro y me dirijo allí. Que tío más raro, tras dos semanas de viaje no sé ni su nombre.

Me dirijo a la puerta y entro.