Partida Rol por web

El Cairo

Primera Parte

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13/02/2009, 09:18
Gerald St. John

Gerald deja ir la mano de Evelyn (no sería decoroso que su tío entrara y nos viera así), se pone en pie y se acerca a la puerta para recibir a Wiliiam y a su padre.

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13/02/2009, 10:50
Richard Doughton

Richard intentó sonreír al saludo de Rita, más por parecer amable y cortés que por estar alegre, realmente su carácter era bastante sombrío en ese momento... Ahora más en frío le dolía todo el cuerpo y el no saber que le había pasado a su sobrina hacía que le doliera también el corazón.

- "Hola Rita, ¿cómo se encuentra la niña?"

Tras oír el diagnóstico una agradable y cálida sensación invadió su maltrecho y cansado cuerpo... El saber que no era grave y que era más motivado por la tristeza que por alguna peligrosa enfermedad le dejaba más tranquilo. Aunque en realidad sabía que la solución era probablemente mucho más difícil que el aplicar fármacos, recibir cuidados y guardar reposo.

Mientras entraba en la mansión Richard pensó que debía hacer algo al respecto:

- "Creo que deberíamos ponerle un telegrama a William, ¿qué opina usted Bryant?"

Notas de juego

¿Marco ya a Evelyn y Gerald?

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15/02/2009, 22:42
Bryant St. John

William ... William ... William ... otro disgusto mas debido a tu ausencia ... pensaba un poco abstraído de la conversación de la sirvienta con Richard una vez hube oído que la enfermedad de la chica no era grave por suerte ...

-Creo que tienes razón Richard ... William debe regresar ... y empezar a tener en cuenta las obligaciones que tiene aquí ... de una vez por todas ...

A pesar de mis palabras que podían sonar un poco duras una sonrisa se mostraba en mi rostro ...

-¿Mi hijo se encuentra aquí? le dije a la sirvienta ...

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16/02/2009, 08:48
Evelyn Doughton

Evelyn se resiste a soltar a Gerald, pero escucha las voces y termina dejándole marchar. Intenta secar sus lágrimas, no quiere preocuparles más de lo necesario.

Mira a Gerald mientras se acerca a la puerta, parece cansado, preocupado. Le mira las manos, la cara, hace tanto que lo conoce que no se había fijado nunca en lo que había cambiado desde que eran niños. Estaba muy apuesto y siempre dispuesto a ayudarla, apoyarla, y ahora... a amarla. ¿pero ella le amaba? ¿cómo se sabía si amabas a alguien? ¿no deberías sentir mariposas en el estómago cada vez que le ves? ¿no debería sentir una ganas irrefrenables de besarle? ¿de abrazarle? Ella no lo sentía, no sentía nada de aquello. Lo sabía, lo sabía desde la noche que le declaró su amor. Ella no sentía más que un adorable cariño por él, era como su hermano mayor, el que la protegía, el que la cuidaba... no podía amarle.

Sin embargo, cuando pensaba no encontraba a nadie mejor para compartir su vida. Si él la ayudaba, se quedaría con él para siempre, no tenía que fingir que le quería, no tendría que fingir que le gustaba estar con él, aún así no estaría nunca enamorada de él, no le amaría como él la amaba. Pero sacrificaría su propio amor por él. Sí el la ayudaba...

ella le daría lo que él más deseaba. Su mano.

Notas de juego

siento la tardanza

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16/02/2009, 10:49
Gerald St. John

Notas de juego

¡Qué potito te ha quedado! ¡Cuán victoriano!

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16/02/2009, 10:46
Rita

Rita asintió con la cabeza, mostrandose cada vez más tranquila, como si todo lo que le había pasado a su querida ama se le estubiera pasando, aún no estando presente para saberlo.

Si, el señorito Gerard está en la habitación de la señorita Evelyn. Esta cuidando de ella. Es un chico muy atento, ojala la señorita abriera los ojos. ¡No encontrará a ningún hombre como él! No se en que piensa esta muchacha.

Cerro la puerta y se encaminó hacia las escaleras con paso rápido pero pesado.

Acompañemen a la habitación de la señorita Evelyn.

Y continuó subiendo para enseñarle la habitación, que por otro lado, los dos hombres adultos sabían donde estaba, pero los mismos nervios de Rita le hacía hacer de guia por una casa totalmente conocida para ellos.

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16/02/2009, 11:16
Evelyn Doughton

Notas de juego

Grassias grassias ^^

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16/02/2009, 12:39
Richard Doughton

Richard sigue a la sirvienta mientras se haya sumergido en sus pensamientos, al acercarse a la habitación de Evelyn. Se acerca y golpea la puerta casi a la altura del dintel, mientras dice en voz alta:

- "Pequeña, ¿podemos pasar? Hemos venido en cuanto hemos podido. Bryant y yo estamos muy preocupados por tu salud."

Después de decir esto, se dio cuenta de que podía ser que estuviera durmiendo y descansado. Arrepentido ante la opción de haber podido perturbar su sueño quedó mirando a Bryant a la espera de alguna respuesta.

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16/02/2009, 15:51
Kadesh Green

El ayudante estaba liado entendiendo las cosas que leian y las que veian. En algun momento la momia los papiros y el resto de los enseres que tenia a su arlrededor pasaron a otro plano.
De repente se sentia incomodo, habia como mas frio en el ambiente, y empezo una leve dolor de cabeza.
Seguramente fueran supercherias y esas cosas, pero hacia tiempo que habia empezado a hacerse caso. Su cuerpo era mas listo que el mismo, y le envia mensajes para alertarle de algo.

Asi que busco con la mirada algo de la sala que no encajara. Y finalmente lo encontro. Al posar su vista en la puerta vio al joven sobrino de William. Aquel joven era un caso perdido, un desecho de la sociedad civilizada, y solo podia producirle, como en ese momento, unas reales, intolerables e incomodas nauseas.

Provocado ante la vision de un pagano, un ruin vellaco ante la puerta de su eden milenario. Penso en gritarle y hacerle abandonar la estancia.
Pero como siempre se contuvo. Era la famila de William, y por ese respeto inconmensurable que le tenia, nunca la emprendia a golpes verbales con nadie de su sangre. Aunque a veces, como en esta, quisiera con tadas sus fuerzas.

William, tienes visita.

Palabras algo secas. Pero estaba seguro de que el joven las recivira tan mal como si se trataran de una risa lejana. En cualquier caso, desde el momento en que lo vio, no le quito el ojo de encima. Pues temia, que se sintiera tentando de coger algo de lo que en la sala habia. Era un ladron capaz. Asi que puso todo su esfuerzo, aun cansado como estaba para evitar tales actos de ultraje al trabajo que en la camara se realizaba.

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16/02/2009, 23:42
Henry Doughton

Un periodista iva pisandole los talones, pero él estaba pendiente de Kadesh, que fue el primero en verlo.

Vete a la mierda.

Henry lo fulminó con la mirada. Detrás suyo se volvián a amontonar todos los periodistas, atentos ante cualquier cosa que pudiera ocurrir. ¿Quien era el que iba a entrar en la tumba? Querían saberlo todo. Henry se dio la vuelta.

Es una asunto de familia. Dijo fríamente a la mujer periodista que lo seguía de cerca.

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17/02/2009, 00:11
William Daughton

Quedaba muy poco tiempo. William dejó de escribir, se enjugó la frente con ciudado, dobló el pañuelo e hizo una breve anotación más:

"Brillante idea, esconder el elixir entre cientos de venenos. ¿Qué lugar más seguro para una poción que confiere la inmortalidad que entre pociones que traen la muerte? Y pensar que son los venenos que Cleopatra probó antes de decidirse por el áspid para quitarse la vida..."

Se detuvo y volvió a secarse la frente. Ya hacía mucho calor. En pocas horas se le echarían encima, exigiéndole que dejara paso libre a los funcionarios del museo. Si al menos hubiera hecho el descubrimiento sin el museo... Dios sabía que no lo habían ayudado en nada. Y se lo arrebatarían todo.

El sol se filtraba a través de los resquicios de la puerta e limuniaba las redomas de alabastro que tenía delante. Creyó oir algo, como un débil susurro o una respiración apagada.

Se volvió y miró a la momia, a los rasgos claramente moldeados bajo las tensas vendas. Aquel hombre que decía ser Ramsés II había sido alto y quizá robusto.

Desde luego no era un viejo, como el cadáver expuesto en el museo de El Cairo. Pero este Ramsés pretendía no haber envejecido. Era inmortal, y simplemente dormía bajo aquellos vendajes.

Nada podía matarlo, ni siquiera los venenos que contenía aquella sala, que había probado en grandes cantidades cuando la añoranza de Cleopatra lo había vuelto medio loco. Siguiendo sus órdenes us servidores habían vendado su cuerpoi, lo había enterrado vivo en el sarcófago que él mismo había preparado, supervisando hasta el menor detalle, y después habían sellado la tumba con la losa que él mismo había grabado.

¿Pero qué era lo que lo había hecho dormir? Ahí radicaba el misterio. ¡Ah, qué historia tan deliciosa! ¿Y si...?

Se quedó mirando a la sombría criatura envuelta en lino amarillento. ¿Creía de verdad que aquel ser estaba vivo? ¿Que podía moverse y hablar?

Willian no pudo reprimir una sonrisa.

Se volvió hacia los pomos de alabastro que descansaban sobre la mesa. El sol estaba convirtiendo la pequeña sala en un infierno. Envolviéndose la mano en el pañuelo, abrió con cuidado la tapa de la primera redoma. Olía a almendras amargas. Podía ser algo tan mortal como el cianuro.

Y el inmortal Ramsés decía haber ingerido la mitad del contenido de cada pomo para acabar con su vida.

¿Y si realmente hay un ser inmortal bajo aquella envoltura?

De nuevo escuchó aquel sonido. ¿Que podía ser? No era un roce, sino más bien como una suave respiración.

Volvió a mirar a la momia. El sol la iluminaba con hermosos y polvorientos rayos, el mismo sol que atravesaba las vidrieras de una iglesia, o las frondosas ramas de los robles en un bosque.

Le pareció ver el polvo que se alzaba de la antigua figura; una pálida neblina dorada formaba por partículas móviles. Ah, estaba demasiado cansado.

Pensó de repente que la momia no parecía tan marchita como antes. Era como si estuviese tomando las formas de un hombre.

¿Pero quién eres realmente, mi viejo amigo?, preguntó en voz baja. ¿Un loco? ¿O quizá quien dices ser, Ramsés el Grande?

Sus propias palabras le produjeron un escalofrío. Se levantó y se aproximó a la momia. Los rayos del sol bañaban la imponente figura. Por primera vez se fijó en el cotorno de las cejas bajo los vendajes: parecía tener una expresión de dureza y determinación.

William sonrió y habló en latín, componiendo con cuidado las frases.

¿Sabes cuánto tiempo has dormido, oh faraón inomrtal, tú que dices haber vivido mil años?

¿Estaría asesinando la antigua lengua romana? Había pasado tantos años traduciendo jeroglíficos que ya no hablaba la lengua de César con la fluidez de otros tiempos.

Ha pasado el doble de tiempo desde que te encerraste en esta cámara, Ramsés, desde que Cleopatra acercó la mortal serpiente a su seno.

Miró un momento en silencio a la figura. ¿Habría una sola momia que no porovocase en quien la veía un profundo e indefinido terror a la muerte? Parecía que todavía quedase algo de vida en su interior; que su alma estuviera atrapada entre los vendajes y no pudiese quedar en libertad hasta que su prisión fuera destruida.

Sin pensar volvió a hablar, esta vez en inglés.

Si al menos fueras inmortal... Si pudieras abrir los ojos a este mundo moderno, y si yo no tuviera que esperar un permiso para retirar esos miserables andrajos y contemplar tu rostro..

El rostro. ¿Había cambiado algo en él? No, sólo era la luz del sol. ¿O no? Sim embargo parecía más relleno. Con gesto reverente, William extendió la mano para tocarlo, pero la detuvo en el aire. De nuevo habló en latín.

Estamos en el año 1914, gran rey. Y el nombre de Ramsés el grande sigue siendo conocido en todo el mundo, como el de tu última reina.

De repente oyó un ruido a sus espaldas: era Henry.

Y Kadesh le contestó oportuno.

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17/02/2009, 00:15
Henry Doughton

¿Hablando con Ramsés el Grande en latín, tío? Quizá la maldición ya está actuadno en tu cerebro.

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17/02/2009, 15:06
William Daughton

No. Entiende el latín, respondió William sin dejar de mirar a la momia. ¿No es así, Ramsés? Y también el griego. Y el persa, y el etrusco, y otras lenguas que el mundo ha olvidado. ¿Quien sabe? Puede que incluso conociera las antiguas lenguas bárbaras que hace siglos se convirtieron en nuestro inglés. Una vez más cambió al latín. Pero hay muchas maravillas en el mundo de hoy, oh, gran faraón. Hay tantas cosas que podría enseñarte...

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17/02/2009, 15:11
Henry Doughton

No creo que te oiga, tío, dijo con frialdad. Se escuchó un suave tintineo de cristal. O al menos esperemos que no.

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17/02/2009, 15:13
William Daughton

William se volvió bruscamente. Henry, con un maletín debajo del brazo, sostenía el tapón de una de las redomas en su mano derecha.

¡No toques eso! lo detuvo. Es veneno, imbécil. Todas contienen venenos. Un poco de cualquier ade esos frascos, y estarías tan muerto como él. Es decir, si él está realmente muerto.

La simple visión de su sobrino lo enfurecía. Y precisamente tenía que aparecer en aquel momento....

Se volvió hacia la momia. Incluso sus manos parecían más llenas. Y uno de los anillos casi había perforado la envoltura de lino. Pero hacía unas horas...

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17/02/2009, 15:16
Henry Doughton

¿Venenos? Preguntó a las espaldas de su tío.

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17/02/2009, 15:17
William Daughton

Es un verdadero laboratorio de venenos, respondió. Los mismos que Cleopatra probó en sus indefensos esclavos antes de suicidarse.

¿Pero qué sentido tenía desperdiciar aquella valiosa información con Henry?

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17/02/2009, 15:20
Henry Doughton

Que increíblemente original, comentó con cinismo. Creí que la había mordido un áspid.

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17/02/2009, 15:22
William Daughton

Eres un cretino, Henry. Sabes menos historia que un camello egipcio. Cleopatra porbó cientos de venenos antes de decidirse por la serpiente.

Se volvió y contempoló con frialdad a su sobrino, que tocaba el busto de mármol de Cleopatra con dedos torpes.

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17/02/2009, 15:24
Henry Doughton

Bueno, supongo que al menos esto vale una pequeña fortuna, igual que esas monedas. No irás a entregárselas también a los del museo, ¿verdad?