- Si, esas cartas eran mias. Y sí tengo cartas de Konrad que se refieren a mi de esa forma. Pero cualquiera que las lea entendería que no es más que un apelativo afectuoso.
Dejo salir un largo suspiro.
- Espero que así sea. Los jueces pueden ser impredecibles y los cazadores de brujas más aún. Si han decidido que quieren que haya caso, se aferrarán a cualquier cosa. Te dejo continuar con tus oraciones. Mañana va a ser un día decisivo.
Cuando todos han dicho lo que tengan que decir, salgo a realizar mi guardia por los alrededores de la casa, atento a las ventanas y puertas y aguzando el oído por si detecto actividad sospechosa.
Alfreid se quedó durmiendo, pues tras la guardia necesitaba descansar.
La noche transcurre sin más interrupciones. Vosgart es el primero en levantarse, y vuelve a poner a la olla con la sopa de verduras al fuego. Apenas falta una hora para que amanezca, y uno a uno os va despertando.
- Hay agua fresca de un par de días en un tonel allí detrás - os dice señalando al exterior a traves de un ventanuco.
En ese momento entra Rufus, regresando de su turno, y se apoya en el marco de la entrada, sin perder de vista su línea de visión con la granja Oppenkrote. Ahora que el cielo nocturno empieza a desaparecer, es posible hacerlo.
El sacerdote pone una pila de cuencos de madera junto a la olla humeante y os hace un gesto para que os vayáis sirviendo por vosotros mismos.
- En poco tiempo todo habrá pasado. Ruego a mi señor Taal y a mi señora Rhya que guíe a este pueblo por los senderos de la verdad y de la virtud.
Capaz que no hace falta preocuparnos tanto y todo salga bien.
Os aseais un poco en el tonel. Os sentáis a desayunar y a intercambiar algunas ideas para el día, mientras la penumbra de la noche toca a su fin.
Y entonces el canto de la mañana os interrumpe.
¡Kikirikiiii!
Es la hora- dice Vosgart.