Habitación Este
Sexto de Brauzeit, hacia la mitad de la vigésimo segunda hora del día.
La habitacíon es bastante austera, como era de esperar en una posada de pueblo alejada de la mano de Sigmar.
Las camas son rudimentarias. Unos camastros con somier de mimbre; y los colchones con relleno de hojas secas. No esperábais que fueran de plumas, pero al menos, que fueran de paja habría estado bien.
A pesar de ello encontráis la habitación confortable. Quizá por el pequeño ventanuco que deja pasar la luz de la luna, y os protege de las sombras de la noche. Mannslieb brilla clara en su gibosa creciente, pronto será plenilunio.
O quizá porque en una esquina, la columna calefactora de la chimenea de la sala común caldea toda la estancia, reforzando esa sensación de cobijo.
Pero seguramente, porque por fin tenéis un lugar privado donde quitaros las botas y descansar. Así es, al menos pasareis la noche a resguardo y en un mullido lecho, más mullido al menos que el suelo.
O quizá no para uno de vosotros, porque os dais cuenta de que solo hay tres camas... y aunque Oswald no ha llegado todavía, no salen las cuentas.
Esta escena terminará en el momento en el que todos los huéspedes roleen que se ponen a dormir hasta el día siguiente.
Recordad que aqui sois los 4. Y en la otra habitación Rosalin y Ludmilla.
"Vaya, solo tres camas. Lo siento por el cazarratas; pero, a no ser que alguno de los otros le ceda el sitio, va a tener que dormir en el suelo. Yo ya estoy viejo y mis huesos necesitan un colchón en el que reposar, aunque sea de hojas. Al menos no pasará frío."
Me siento en una cama cercana a la columna de la chimenea que sube desde el piso de abajo y empiezo a quitarme las botas, el cinturón, la chaqueta de cuero y el jubón, dejándolo todo bajo la cama con la porra, la daga y la bolsa del dinero.
- Lamento deciros que ronco bastante. Espero que eso no os impida dormir.
Arrugo el morro al contemplar la cochambrosa cama en la que tendré que pasar la noche, la habitación deja bastante que desear pero dadas las circunstancias deberá servir, la cosa no está para irle a Rosalin con exquisiteces "podría ser peor", pienso mientras me dejo caer en una de las camas, la más alejada de la puerta, por supuesto, "como debe ser, si hay problemas, que primero los encuentren otros", noto como se dibuja en mi cara una sonrisita con sorna. Elijo la cama más próxima a la ventana "siempre es conveniente tener cerca una vía de escape", toda precaución es buena, a saber como se la gastan por estos lares, "estas gentes no me son de fiar, no".
Doblo mis ropas cuidadosamente y las coloco en la mesita de al lado, mis botas embarradas junto a la cama y mi petate con mis cosas bajo ella. Solo cubierto con la ropa interior me meto bajo la manta, y aunque todo es bastante incomodo, me parece una bendición de Sigmar. Mis pies aparte de desprender un tufo considerable están bastante doloridos, y cada hueso y músculo de mi cuerpo se sienten cansados, el viaje fue más largo de lo que les hubiera gustado.
—Si tiene alguna queja que hable con la señora —, digo refiriéndome al cazarratas—, al fin y al cabo ella es la que manda —no puedo evitar regocijarme con la imagen de Rosalin echa todo un basilisco ante las peticiones del inocente Oswald "pobre diablo".
Controlo mis impulsos de quedarme leyendo un rato, esta no es mi casa, no es un lugar grato como para disfrutar del placer de la lectura, así pues, soplo la vela amargamente dejando en penumbra la habitación, tan solo iluminada por la luz de Mannslieb que se cuela por la ventana.
Rápidamente noto como mis ojos van cerrándose sin ningún control sobre ellos, y en menos de lo que canta un gallo me veo sumergido en el maravilloso y reconfortante mundo de los sueños.
-Pensé que no lo reconocerías nunca. -digo soltando una sonora risotada con ánimo de camaradería, ya que probablemente ésta no es la primera vez que duerme cerca el uno del otro, Jurgen y Rufus.
Me coloco en la cama restante y hago lo mismo que el resto, dejar mis trastos bajo la cama y proceder a descansar.
-Al menos para cuando llegue Oswald tendremos al peludo cubriéndonos. -digo antes de dedicarme a dormir, confiado.
Río la broma de Rufus y me introduzco entre las mantas, con la habitación ya a oscuras. Por unos instantes, me pregunto si no debería preocuparme por Ludmilla y Oswald, pero decido que saben cuidarse solos y me entrego en los brazos del sueño.
...Camino por un bosque espeso, oscuro, estoy alejado del camino, entre árboles, troncos secos y rocas con musgo. Escucho el viento entre las ramas, moviéndolas y arrancando hojas que van cayendo, cubriendo el lecho del bosque.
Me doy cuenta que estoy desnudo "¿dónde están mis cosas?" pienso. No escucho pájaros ni ningún otro animal, el silencio es sepulcral, el olor es extraño, como a almizcle. Entonces diviso la entrada de una cueva, cubierta por ramas grandes. Las aparto y me introduzco, con nerviosismo y miedo, pero no puedo dejar de caminar, escucho una voz que me llama, me atrae, me seduce, me embruja.
Llego a una galería amplia, iluminada por la luz de una hoguera, y sobre ella pende un caldero. Una chica joven y hermosa lo remueve con un cucharón. Me mira con ojos penetrantes, los más bonitos que jamás he visto, y me indica que me acerque, no me puedo negar. Una cabeza de cerdo flota en un caldo rojizo. La chica comienza a reír, con carcajadas atronadoras, y su bello rostro comienza a transformarse en el de una rata, que con voz chillona me dice: —Alfreid, canalla, tu y tus amigos seréis los siguientes, no podréis escapar, os estamos vigilando —sus carcajadas se confunden con el sonido de un cerdo en su día de matanza—, oinc, oinc, oinc...
Abro los ojos bruscamente, y me incorporo sobresaltado. Estoy empapado en sudor y mi corazón late fuerte y deprisa. Estoy en mi cama, en el Zorro encadenado "solo ha sido una pesadilla", trato de tranquilizarme, pero me ha dejado inquieto semejante visión, demasiado vívida y real. Vuelvo a meterme bajo la manta e intento dormir, con la esperanza de no volver a soñar.
- Jrrrr.. zzzz.... Jrrrr...zzzz....Jrrrr....zzzzz...
Mis ronquidos dan fe de la profundidad de mi sueño.
Rufus duerme plácidamente, confiado en la seguridad de aquellas rústicas paredes de madera.
El escriba, se revuelve en su lecho lidiando contra los demonios de sus pesadillas, mientras musita incoherencias en clásico.
Y Jurgen llena la estancia con sus ronquidos, alertando (o atrayendo) a cualquier curioso que merodee por las aproximaciones.
El haz de la luna que se proyecta por el ventanuco se desplaza lentamente a medida que avanza la noche. Y en cierto momento es interrumpido por una sombra. Si proviene de vuestros sueños o de la realidad no lo sabéis, puesto que estáis acogidos en los brazos de Morr y confundís lo onírico de lo terrenal, pero es la sombra de un gato negro que os mira desde la ventana.
Y en algún lugar de Krote, muy lejos de vuestro descanso, un perro ladra.
El Clásico es la lengua erudita de Warhammer. Viene siendo como el latín.
Morr: es el dios de la muerte, pero también de los sueños.
Vuelvo a despertar sobresaltado, no recuerdo lo que estaba soñando pero igual que el anterior, este tampoco era agradable, sigo inquieto, sudoroso y noto acelerado el latir de mi corazón. Me sobresalto aún más, pues en la penumbra me parece distinguir una sombra que observa, que vigila, me froto los ojos y dejo que estos se acostumbren a la oscuridad, escudriño la estancia minuciosamente, en un silencio tan solo roto por los ronquidos de Jurgen y mi corazón acelerado. No veo nada, quizá un gato "¿seguiré dormido?". No, estoy despierto, muy despierto, esta noche parece que voy a descansar poco.
Intento volver a dormirme, pero ya es imposible, demasiado inquieto, demasiado nervioso. No sé que hora es, pero necesito moverme, despejarme, beber agua, siento cierta opresión en mi pecho que necesito eliminar, me apetece fumarme una pipa del tabaco que siempre llevo conmigo.
Preparo mi pipa, la enciendo y saboreo una calada, suelto el humo y juego con él, trato de hacer unos anillos densos que flotan en el aire cargado de la habitación, comienzo a relajarme. Me percato de que el maloliente cazarratas aún no ha regresado "¿qué hora será?", no parece tarde, por lo que no le doy más vueltas. Acerco una silla a la ventana y me siento a fumar tranquilamente, sintiendo la agradable brisa en mi rostro y contemplando el exterior.
El sonido de los grillos se intensifica a medida que avanza la noche. El pueblo está tranquilo, ningún alma deambula por sus caminos, ninguna criatura. Tan solo el movimiento de las sombras alargándose por la luz lunar, y el vaivén de las hojas al mecerse al son del viento.
Y entonces ves a tus compañeros regresando por el camino principal, cruzan la plaza y pasan junto a la ventana.
El sonido de los grillos se intensifica a medida que avanza la noche. El pueblo está tranquilo, ningún alma deambula por sus caminos, ninguna criatura. Tan solo el movimiento de las sombras alargándose por la luz lunar, y el vaivén de las hojas al mecerse al son del viento. Y el ruido de vuestros pasos que perturba el solemne silencio de la villa.
Llegáis por fin a la plaza, y cuando estáis a puntos de cruzar el umbral de la taberna, veis una silueta en una de las ventanas del piso superior. Es Alfreid, que os observa tranquilamente sentado, mientras da varias caladas a su pipa de madera.
Doy la última calada justo en el momento que veo regresar a Ludmilla, Oswald y a su apestoso perro pulgoso. Me retiro de la ventana, vacío la pipa de los posos carbonizados del tabaco, limpiándola con un par de movimientos mecánicos.
Me encuentro mejor, más calmado y relajado, como siempre una pipa antes de dormir consigue hacerme un efecto sedante "tal vez ahora consiga dormir".
Me introduzco bajo la manta de nuevo, con renovadas esperanzas de poder descansar de una maldita vez. Noto el cansancio haciendo efecto. Cierro los ojos y me entrego al descanso. No quiero que el matarratas me vea despierto y me toque discutir por la cama "si me duermo antes de que entre en la habitación mucho mejor para mí, que se busque la vida, y si no, me haré el dormido", pienso fríamente. En todo caso, estoy convencido de que esta vez, no tardaré mucho en dormirme, lo noto "ahora sí".
Durante el camino me tomo el tiempo para apreciar mi alrededor, dandome el gusto de que la tranquilidad de la noche venga a mi ser. Antes de darme cuenta, veo que llegamos a la posada y, en una de las ventanas, veo a uno de los lacayos más fieles de Rosalin.
—Hey niña, mira-Doy un golpecito suave en el brazo de Ludmilla y apunte hacia la ventana de la posada, justo donde estaba aquel hombre fumando pipa-Parece que nos han estado esperando
Tras decir eso, le doy un saludo con una sonrisa.
Enseguida, la figura de Alfreid desaparece tras la ventana al percatarse de vuestra presencia, haciendo caso omiso al saludo. Probablemente ni lo vio.
Subis las escaleras. Y llegáis al pasillo donde están las dos pequeñas y únicas habitaciones del establecimiento.
De la habitacion este oís cláramente los fuertes ronquidos del alguacil, así que en la del oeste estará Rosalin.
Debe ser cerca de la medianoche, y allí en pasillo os debatís entre iros a descansar, o si despertar a vuestros compañeros para informar de las nuevas, mientras la información todavía esté fresca en vuestras cabezas.
Si quereis despertar a vuestros compañeros marcar ya todo el mundo en los posts. Si no, rolear que descansais y saltamos a mañana.
Oswald, eventualmente verás que las habitaciones solo tienen 3 camas y tus compañeros han sido rápidos para dejarte sin ninguna. En la otra habitación está Rosalin, que dijo que solo toleraría a Ludmilla.
Esos ronquidos si que son fuertes, y al revisar mi habitación, veo que todos ya habian escogido una cama mientras estabamos fuera. La otra habitación, la de Rosalin, estaba del otro lado y, hasta donde pudo escuchar, solo aceptaria a Ludmilla como compañera de cuarto; y no tengo objeciones, pues estaba de acuerdo con ello.
Sin embargo, tenemos información de posible importancia para el caso....
—Bueno, tu decides niña-Miro a Ludmilla-¿Levantamos a todos y le decimos sobre lo que encontramos, o esperamos hasta mañana y descansamos? Ya me esta entrando el sueño, pero puedo levantar a todos si gustas
Mientras caminamos de regreso a la posada, no puedo evitar sentir que esta expedición ha sido un fracaso. Quizá no estoy a la altura de todo esto.
Lo mío son los seres vivos, la tierra bajo los pies, las señales claras que deja la naturaleza.
Aquí, en esta aldea, en cambio, todo son tretas, artimañas, conspiraciones y traiciones.
Demasiados hilos invisibles moviéndose a la vez.
En el bosque, la ley es simple: el más fuerte sobrevive, y cualquiera que sepa mirar puede seguir ese rastro.
Pero entre humanos… la senda siempre está cubierta de mentiras.
No, Oswald, no los despertemos. Mañana les contaremos lo sucedido y entregaremos los documentos.
—Oswald… ¿por qué no intentamos sacar algo para que puedas acostarte? —digo en voz baja, sin que suene a lástima, solo a sentido común. —En la habitación de Rosalin sobran colchones, y dudo que los use todos.
Me encojo de hombros.
—Mi sitio ya está decidido: el umbral de la puerta. Después de todo, la naturaleza no viene con colchón.
Lo digo con un tono neutro, casi como una broma, pero dejando claro que no me quejo.
Alce una ceja ante lo que dijo Ludmilla, con una mueca de diversión en mi cara.
—¿Te estas preocupando por mi? Creo que es la primera vez que veo eso--Y a mi tampoco me preocupa no dormir en una cama hoy, pero si insistes...
Mi cabeza aun ronda por teorias sobre lo que pudo pasar, no hayando más que conjeturas y suposiciones en base a lo poco que tenemos. Quizas podamos ir a donde estaba Ilsa y preguntarle sobre lo ocurrido, ya que parece ser la única testigo visual de lo que sea que ocurrio. Les voy a decir mañana a todos, pero era hora de dormir.
—En fin, hasta mañana...
Por suerte para vosotros, el sueño de la noble es más pesado que un leñador nordlandés. No tenéis mucho problema es sacar uno de esos colchones de relleno de hojarasca al pasillo para que el cazarratas duerma, al menos, sobre un lecho blando.
Os despedís. Ludmilla, cumpliendo con su trato, atraviesa su cama en la puerta y se entrega al descanso sin preocuparse en absoluto de que algo en la noche pueda ir mal...