Partida Rol por web

Las Crónicas de Rheden

En Ruta por el Talabec

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20/03/2026, 19:09
Kurt Boehm

Kurt escuchó. Sin interrumpir. Sin gestos.

—Ya.

Una sola palabra. Escupió a un lado.

Miró de reojo a Vandercroft, luego a Marianna, arrodillada junto a él. El brillo en sus ojos. La mano aferrada al símbolo.

Volvió a mirar a Ándor. Luego bajó apenas los ojos… hacia la espada. Negó muy levemente. Se pasó la lengua por los dientes y escupió de nuevo en la nieve.

—No se va a levantar —murmuró, sin emoción, los ojos verdes clavados en los de su amigo—. Y ella no se va a apartar.

El resto… quedó entre los dos.

Como siempre.

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21/03/2026, 00:03
Marianna Eberstadt

Marianna observó a los hombres separarse, para hablar. Intentó arrastrar a Tobias, manta incluida, pero se cayó de espaldas cuando sus bracitos la fallaron una vez más. Se quedó mirando a la niña, y luego al ingeniero.

Se levantó tan pronto como pudo de la nieve para no congelarse el trasero, y suspiró.

-Ve con Morr entonces...-Dijo, momentos antes de cogerle la mano a la niña de nuevo.

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21/03/2026, 14:21
Ándor

Miré a Marianna pasar cabizbaja con la niña de la mano. Ni siquiera pude ver si alguna lágrima resbalaba por su cara, pero seguramente fuera así.

No hizo falta decir nada. Miré una última vez a donde Vandercroft seguía tirado. La última voluntad del muchacho fue que fuera enterrado. Si estaba vivo no podríamos enterrarlo, pero podríamos darle una muerte rápida.

Miré a Kurt que había mirado mi espada antes.

Prometimos enterrarlo. Pero no podemos esperar a que muera de forma natural. El demonio blanco aún ronda y tenemos a la niña.

Saqué a medias la daga de la funda y miré a Kurt levantándole una ceja.

 

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21/03/2026, 20:15
Kurt Boehm

Los dos mercenarios observaron en silencio a Marianna y a la niña. Las manos unidas, dispuestas a emprender la marcha. La hermana había aceptado lo inevitable. Eso facilitaba el asunto, pero no lo hacía menos desagradable.

Giró levemente la cabeza hacia Ándor cuando este volvió a hablar. El suave roce del filo saliendo de la vaina. Acero frío. Frío como las miradas de aquellos dos hombres.

El rubio, el más joven, asintió en silencio. Posó una mano en el hombro de su amigo y después giró hacia las mujeres.
—Marianna, ayúdame a preparar la barca. Tenemos que quitar la nieve, como hacía el viejo —dijo, haciendo un gesto para que la hermana le siguiera.

Sus ojos se posaron un instante en la niña.

—¿Has navegado alguna vez? —preguntó a Gëdra—. Si quieres, te enseñaré a llevar el timón.

Era mejor así.
 

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21/03/2026, 20:20
Ándor

Esperé a que Kurt se llevara a la hermana y la niña a la barca para acercarme a Vandercroft. La respiración era entrecortada, no de alguien que estaba teniendo un sueño plácido. Me arrodillé junto a él dando la espalda a la barca, solo por si acaso. Miré a Vandercroft, los ojos cerrados.

¡Tsk! - Suspiré. Le apoyé la mano en la boca suavemente para que no dejara escapar ni un mínimo gemido. No era la primera vez que lo hacía, pero sí que era la primera sin que hubiera provocación previa o un contrato de por medio. Eso no hizo que me sintiera mejor, pero era lo mejor que podíamos hacer. Al corazón. La garganta era demasiado aparatoso. No sufrió. Seguramente ni se enteró de lo que había pasado.

Con pesadez, me levanté y guardé la daga después de limpiar la hoja con la ropa de Tobías.

Bueno muchacho. Que encuentres a tu Dios.

Busqué las herramientas que había usado Vandercroft para dar sepultura a los cadáveres de la barca y empecé a cavar su fosa. No me llevó mucho tiempo, el terreno era blando. Cuando acabé me quedé unos segundos mirando la tumba. Un suspiro salió de mi boca.

Mierda. Me estoy ablandando con la edad.

Y volví a la barca.

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24/03/2026, 00:51
DIRECTOR

El tiempo parecía haberse detenido en aquella orilla del río Talabec cuando Ándor apareció. La blanca capa de nieve que cubría la barca de Heidric Theodricus había sido retirada por Kurt, Marianna y la pequeña Gëdra. Una escasa voluta de humo ascendía donde había estado la hoguera del refugio. La barcaza seguía atada al árbol, chocando contra la orilla. Si seguía así acabaría hundiéndose, como el pecio donde la vampira os tendió la trampa. Otro refugio para monstruos, o tal vez raqueros.

Sin mirar atrás seguisteis la marcha haciéndoos al río con cada flujo de agua, cada corriente, cada remanso y cada tronco arrastrado aguas abajo. Donde quedaban los compañeros conocidos, los demonios de carne humana y los que no lo eran. Aguas abajo quedaba una vida, una guerra, el dolor.

El Talabec bajaba un gran caudal de agua, y eran pocos los recodos en el camino. Cuando pasó la tarde os refugiasteis en un árbol hueco, carbonizado por un rayo tiempo atrás. El musgo cubría su interior pero no estaba nevado, y ofrecía un suelo seco donde pernoctar. Junto a un paravientos y algunos arreglos más, conseguisteis pasar una buena noche con un fuego decente que, aunque estaba fuera, calentaba el interior del árbol hueco y ofrecía un consuelo ante el frío del crudo invierno.

A la mañana siguiente el cielo claro y brillante cambió a un gris plomizo con augurio de lluvia o nieve, sin embargo y contra todo pronóstico solamente el viento gélido sacaba el calor de vuestro cuerpo.
Marianna se esforzó por satisfacer a Gëdra y calentarla junto a ella, pero la niña permanecía callada, salvo por algunas palabras sueltas que no ofrecían alegría ninguna, emponzoñadas por el pasado dejado atrás.
Kurt permanecía serio, vigilante y protector. Cambiaba el puesto con Ándor de cuando en cuando y a veces silbava una tonadilla mientras sus ojos se dirigían hacia el norte o al cielo.
Ándor hablaba tan poco como Gëdra, aunque era algo normal en él según explicó Kurt. Siempre suspicaz estudiaba las orillas en busca de algo que pareciera un enemigo, o comida que llevarse a la boca. De vez en cuando escupía al río, maldiciendo bajo, un murmullo, a los peces, a las ramas, a la nieve, al cielo y al infierno por esa vida miserable que no parecía abandonarles, pero que, por azar del destino, seguían conservando.

Ya en la tarde, unas horas después de masticar lo poco que quedaba de la fría carne casi congelada que Heidric guardaba en el barrilete, una corriente más fuerte de lo normal azuzó la barca. Las miradas se posaron en una turbulencia que acontecía a unos quinientos metros en la orilla derecha. La nieve cubría unas colinas bajas y abruptas que ondulaban el paisaje naciendo directamente en unos juncales en la orilla, antes de la turbulencia. Al pasar las colinas, otro río de un caudal muy inferior al Talabec, se unía a este alimentándolo con su carga de agua que parecía venir de unas montañas lejanas al oeste.

No fue sino por el agudo olfato de Ándor que detectasteis un leve olor a humo, y acercándoos al afluente que vertía en el río, pudisteis comprobar que lo que tomasteis como colinas eran casas cubiertas de nieve, formando un muro gélido por el lado del río, pero  ciertamente despejado por el otro. Un astuto camuflaje natural y además protegía del viento.

Remontando el afluente se divisaban unos postes que se alzaban sobre el agua, orgullosos, a los cuales atada estaba una pasarela de madera que mecía al son del agua, subiendo y bajando a capricho de esta, pero bien amarrada a la orilla por el otro lado gracias a unas estacas de un tamaño similar al de los postes del agua.

Desde allí podíais contar unas cinco casas de madera, con tejados altos y un murete que delimitaba la zona de los juncales y algunas casas más allá de estos. Aunque había todavía algo de luz, los postigos emitían la calidez de las lámparas encendidas en el hogar.  

Notas de juego

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25/03/2026, 04:22
Kurt Boehm

Refugió junto al río.

—Lo estás haciendo muy bien —le dijo, sonriendo, a la pequeña.
Gëdra trabajaba sin quejarse, torpe pero constante, quitando la nieve de los bancos con un cazo. Marianna la ayudaba en silencio.

Entonces llegó el sonido. Metal contra la tierra dura.

Kurt no se volvió de inmediato.
Ya está.

—Continuad vosotras.

No esperó respuesta. Se apartó de la barca y caminó hacia Ándor. El aire agitó suavemente su capa. La tumba estaba a medio hacer, la tierra abierta como una herida oscura en la nieve.

Se agachó sin decir nada. Clavó una de las duelas de los barriles que Tobías había desmontado y cavó. Trabajaron sin hablar.

El cuerpo de Vandercroft no pesó más de lo esperado. Kurt lo sostuvo por los hombros mientras Ándor acomodaba el hueco. El nordlandés tomó un puñado de tierra y lo dejó caer primero. Después, empujaron el resto.

Cuando acabaron, ambos se quedaron mirando la tumba unos segundos. La nieve empezaba a reclamar lo suyo.
—El invierno se lleva todo, como siempre.

Mierda. Me estoy ablandando con la edad.

Kurt apoyó una mano en el hombro de su amigo. Apretó levemente.
—Ahora voy —dijo cuando Ándor se encaminó a la barca.

 

Se quedó solo ante el montículo irregular, con el río al fondo, con el viento arrastrando un quejido fúnebre entre las ramas, como si la propia naturaleza guardara silencio ante lo que acababa de suceder.

Soltó el arcabuz, que llevaba cruzado a la espalda, y afirmó la culata en el hombro, la pulida madera rozando la mejilla mientras inspiraba hondo, sintiendo el olor de la pólvora y el frío del metal. Respiró una vez, contando hasta tres, dejando que el peso de la vida y la muerte se asentara en su pecho.

Apuntó al cielo gris.
Disparó.

El golpe rompió el aire helado y el eco retumbó largo, como si golpeara la tierra misma. El humo ascendió lento, formando una columna gris que se diluía en la bruma, señal muda del fin y del recuerdo.

—¡Para el Emperador! —gritó, un rugido seco y marcado, que reverberó entre los juncales y se perdió río abajo junto al estampido.

Kurt presentó el arcabuz, como dictaban los rituales de los soldados del norte: brazos firmes, arma y mirada al frente, reverencia mínima hacia lo que había enterrado y hacia la vida que seguía.
Tras unos segundos, bajó lentamente el arma, pasando a descanso, la respiración pesada pero controlada, la disciplina marcando cada movimiento incluso en aquel momento de duelo.

Miró una última vez la tumba, la nieve reclamando la tierra y cubriendo los restos con su manto frío, y volvió con los demás, dejando atrás el silencio y la solemnidad, con el mismo paso que llevaba desde la cabaña.

***

En el río 

El río se les echaba encima como una bestia cansada pero terca, obligándoles a ganarse cada metro con los brazos y los dientes apretados. Era un pulso constante contra un agua que no quería dejarlos pasar.

De vez en cuando, Kurt silbaba. Los ojos verdes, entrecerrados, buscando el Norte. O quizá algún recuerdo más lejano.
Era la misma tonada que tocó con el pífano aquel día, al comienzo del viaje. Qué lejano parecía ahora.

 

El frío seguía allí. Mordía la carne expuesta. Se filtraba en las manos, en los huesos, en las breves palabras entre silencio y silencio. Cambiaban los puestos cuando hacía falta, sin hablarlo. Otras veces ni eso. Simplemente aguantaban. Gëdra permanecía en silencio, recogida en sí misma.

Y el río empujaba.

En algún punto del trayecto, sin señal ni aviso, empezaron a volver los rostros. No de golpe, sino a retazos, como reflejos en el agua.

Tobías. Jack. El viejo. Max. Härr y Leopold.
Quedaban atrás, sí, pero siempre volvían.

Hay  cicatrices que no marcan la carne. Son mucho más profundas.

Kurt escupió al agua, sin mirar, y volvió a hundir los remos con la misma cadencia, como si el gesto pudiera mantener todo en su sitio.

 

El asentamiento no se dejó ver hasta que ya estaban encima. La nieve les había hecho confundir las casas con colinas. Ahora distinguían los perfiles de los tejados y el humo que, perezoso, se alzaba desde las chimeneas despidiendo el día. El silencio, solo roto por el rumor del agua y el crujir de la barca.

Kurt aflojó el ritmo lo justo para observar. Midió el lugar, las sombras entre las construcciones. Nada se movía, pero eso no tranquilizaba.
Nunca lo hacía.

—Bien, tiene que ser aquí… —murmuró, con una sonrisa cansada.
No añadió nada más. Volvió a empujar el agua con los remos, lento, constante, acercándolos un poco más a aquel lugar que, como todo en ese viaje, parecía haber estado esperándolos desde antes de que supieran que existía.

Notas de juego

Ándor, no te iba a dejar toda la faena a ti, mein freund.

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25/03/2026, 10:13
Ándor

La travesía transcurrió en silencio. Kurt y yo intentábamos evitar la mirada uno del otro. La situación no había sido agradable y, a pesar de que los dos estábamos de acuerdo en lo que habíamos hecho, no era algo de lo que sentirse orgulloso. Rehuía también la vista de la hermana. Estaba seguro que ella sabía lo que había pasado en el bosque y, quizás lo contemplara como misericordia, pero no tenía ganas de ver algo que no quisiera ver en sus ojos.

Ver aparecer el poblado a lo lejos fue como un alivio. Al menos, si disfrutaban de una comida caliente entre todos y de un sueño reparador, podrían sobrellevarlo mejor. No se hacía demasiadas ilusiones. El poblado era pequeño y puede que no tuviera ni una taberna para descansar. Quizás solo fueran casas de gente sin más.

De todas formas, ya era más de lo que tenían en aquel momento.

Por fin llegamos al final del camino. Esperemos que la tranquilidad nos dure más de lo habitual y que la Guerra sea incapaz de encontrarnos aquí.

Notas de juego

No esperaba menos de mi amigo.

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27/03/2026, 12:53
Marianna Eberstadt

Marianna no tuvo mucho tiempo para pensar, sencillamente se movía y hacía lo posible por ser útil y enseñar a Gedra a moverse y serlo también, en vez de quedarse encerrada y parada pensando en el pasado. No fue hasta un momento en la barcaza que estuvo sentada que se sentó, y miro a Ándor y luego a Kurt. Los golpes secos, el disparo del arma. El ingeniero había dejado este mundo con el estruendo de una de las armas que le gustaban. Ella solo hubiera alargado su sufrimiento en el frio, luchado hasta el último aliento, rezado a Shallya para que ocurriera un milagro y se recuperase. Ellos eran mas prácticos, al parecer.

Tenía razones para pensar que había hecho bien dejando el campamento atrás y acudiendo a la cabaña de Gedra. Ella misma estaría muerta de frio junto a Tobias si no lo hubiera hecho. Quizá ellos dos no. Tenían mucha aventura a cuestas.

Si este era el pueblo en el que iban a bajarse, Marianna salió la primera, arremangandose la túnica lo justo para que no molestase, antes de tenderle las dos manos primero a Gedra, para que saliese de la barca.

-Si...pon un pie ahí...un saltito, pero intenta no hacerlo con mucha fuerza porque la barca se va a mover y ellos dos aun siguen dentro...-Iba diciendole lo poco que sabia sobre bajarse de barcas a la niña.

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30/03/2026, 03:12
Kurt Boehm

Kurt dejó los remos, agradeciendo por fin dejar de bregar con aquella maldita corriente. El hombro había vuelto a molestarle esa misma mañana, pero el tozudo nordlandés había seguido, palada tras palada.

Saltó a la pasarela con un crujido de madera bajo las botas. Tiró de la cuerda, tensándola contra el poste más cercano, asegurando la barca con un par de nudos firmes, que probó después con un tirón seco.

Por primera vez en dos días, algo parecido a la alegría asomó al rostro de Kurt al ver los torpes pasos de Gëdra sobre la pasarela, aferrada a Marianna como si el río aún pudiera reclamarla.

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31/03/2026, 16:40
DIRECTOR

La luz ya escaseaba en el horizonte, pero todavía se podía ver algo de actividad en el pueblo. 

Una mujer, abrigada con un capote de lana parda, dirigía a tres corderos con una vara de mimbre hacia una puerta. Sus ojos os vigilaban mientras su mano apremiaba a las criaturas a entrar.
Al otro lado de la calle un hombre cortaba unos leños en cuatro con poderosos golpes. A una indicación de la mujer de enfrente dejó de cortar leña y mantuvo su vista fija en vosotros. Durante un momento estuvo en silencio y luego le dijo algo a la mujer, que entró por la misma puerta que los corderos.

La nieve cubría buena parte de los tejados y se amontonaba en los aledaños de las casas donde no había zonas de paso. El barro cubría el resto del suelo, con algunos conatos de hielo aquí y allí.

El hombre se apoyó en el hacha rascándose la cabeza bajo la capucha gris. 

Gunnar -No es tiempo para navegar.- Dijo en voz alta para que pudierais oírle bien y de paso alertar al resto de vecinos.

Un hombre fornido, de cabello negro salió por la puerta por donde habían desaparecido los corderos momentos antes, y la mujer apareció detrás de él. 

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02/04/2026, 01:33
Kurt Boehm

Kurt se irguió, aún con la cuerda en la mano, y lanzó una mirada rápida a los aldeanos antes de detenerse en el hombre del hacha. La capa se abrió lo justo al moverse, y la empuñadura larga de la espada asomó sin intención de ocultarse, como una verdad sencilla que no necesitaba explicación.

El nordlandés se permitió una media sonrisa, breve, más cansada que cordial.
—Tampoco es tiempo para quedarse donde estábamos.

Soltó la cuerda y se sacudió la humedad de las manos, mirando al río.
—El Talabec venía con ganas de llevarse todo lo que encontraba —añadió con tono ligero—. Nosotros hemos tenido la mala costumbre de no dejarnos.

Su atención volvió al hombre, firme pero sin desafío, midiendo más el ánimo que la fuerza.
—Buscamos un sitio donde pasar la noche. Y algo que llevarnos a la boca.

La sonrisa se afianzó, lo suficiente para suavizar las palabras sin restarles peso.
—Pagamos lo que toque. O trabajamos, si aquí sois más de eso.

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05/04/2026, 16:14
Marianna Eberstadt

En un segundo plano, Marianna se quedó detrás de Kurt, con Gëdra cogida de la mano. Nadie las tomaría por madre e hija, pese a que Marianna se empeñaba en suplir esa falta de la niña de algún modo. Si acaso, parecían dos huerfanas adoptadas a última hora por los dos rudos hombres que las acompañaban. Al menos si uno no se fijaba en el colgante Shallyano de Marianna.

Los ojos de Marianna grandes y expresivos tomaron nota de las reacciones de los habitantes.

-No les gustan los forasteros.- Dijo en voz baja mas bien para Gëdra, aunque los demás podrian perfectamente escucharla.

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07/04/2026, 01:02
Gunnar

-Parece que no lo habéis pasado bien en el río. A juzgar por vuestras caras y vuestras ropas.- Dice el viejo mientras observa más allá, a la barca.

-Yo soy Gunnar. Y esa es la barca de Heidric, si mi memoria no me falla. ¿Dónde está y porqué venís con su barca?

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07/04/2026, 09:00
Ándor

Tu memoria no te falla. Es la barca de Heidric. Nos recogió en Zwolen y la intención era traernos hasta aquí. Pero hicimos una parada para descansar en Bechafen y la ciudad fue atacada por unos demonios. Heidric cayó y suerte tuvimos de salir de allí con vida. Perdimos a uno de nuestros compañeros. Otro lo hemos enterrado en una ribera cerca de aquí. Estamos vivos de milagro y solo esperamos una cena caliente y una cama blanda si pudiera ser.

Ya sabíamos que la diplomacia y las buenas maneras eran cosa de Kurt, pero tanto tiempo a su lado, algo se me había pegado y me había suavizado el carácter agrío que tenía antes de conocer al norlandés. Sólo esperaba que la presencia de la hermana y la niña nos abrieran las puertas de la villa.

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09/04/2026, 02:03
Gunnar

La cara del hombre al saber que Heidric había caído en manos de demonios se tensó en un rictus doloroso. Miró al otro hombre y la mujer que permanecían en la puerta de la casa de enfrente. La mujer se tapó la boca en un gesto que no pasó desapercibido. Demasiadas veces en el imperio, las mujeres recibían malas noticias de sus seres queridos. Ese gesto lo habíais visto en otras caras, con otros nombres, pero era el mismo gesto, la misma expresión. El hombre a su lado la sostuvo y la ayudó a meterse dentro de la casa.

Lentamente Gunnar volvió a miraros con su rostro bañado por la edad, el sufrimiento y los recuerdos.

-La mujer y su hija pueden quedarse en casa de Imelda, la mujer es mayor y está viuda, las ayudará. Vosotros vendréis a mi casa, a contarme todo mientras cenamos y luego mi esposa os preparará un sitio donde dormir. Mañana, junto al resto del pueblo, veremos que hacer.- 

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09/04/2026, 19:34
Marianna Eberstadt

Marianna pudo observar el dolor en aquellos rostros. No había sido nada sutil, ni gentil, decirle a estas gentes, que el mudo barquero había caído en manos de un enemigo así.

Observó a Gëdra brevemente, antes de tirar de la mano de esta, dispuesta a aceptar el cobijo ofrecido. Por fin un sitio donde dormir en condiciones. Tomó nota de que rezaría por las almas de muchos caídos esta noche, antes de dormir.

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11/04/2026, 15:23
Kurt Boehm

Kurt comprendía la mirada de Gunnar, era moneda de cambió habitual en el Viejo Mundo. Dejó que el silencio hiciera su parte mientras el peso de las palabras de Ándor terminaba de asentarse en el aire.

—Os estamos muy agradecidos —dijo cuando el viejo terminó de hablar—. No es una buena historia la que os vamos a contar… y menos bajo su mirada.

Alzó apenas la vista hacia el cielo encapotado antes de volver al frente. No era visible, pero la sonriente y malévola Morrslieb siempre estaba ahí.

Luego se volvió hacia Gëdra. Se agachó frente a ella y, con un gesto torpe pero cuidadoso, le revolvió el pelo.

—Estaréis bien.

Se incorporó y, sin aviso, abrazó a Marianna. Fue breve, firme, lo justo para que no pareciera un gesto vacío. Se inclinó ligeramente hacia ella.

—Si hay problemas, esconderos —murmuró en voz baja—. Iremos a buscaros.

Se separó sin añadir nada más, sin mencionar a la “madre” de la niña.

Después dio un paso atrás y volvió junto a Ándor, dispuesto a seguir a Gunnar cuando echara a andar.

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13/04/2026, 11:19
Ándor

Seguí a Kurt hacia la cabaña del anciano. No tenía pinta de que hubiera nada de qué preocuparse, pero la prudencia de Kurt era algo a tener en cuenta. No creía que la muerte de Heidric fuera algo que pudiera conllevar algún tipo de represalia pero mejor estar alerta.

Solo esperaba tener un plato caliente, una cama blanda y un poco de conversación normal explicando nuestro viaje por el río. Y si pudiera ser tener unas palabras de recuerdo a Heidric.