Partida Rol por web

Las Tierras de los Valles

28. La Tienda de la Leonar.

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21/02/2011, 00:16
Director

Había pasado ya un año, y parecía que era ayer cuando Yaril·la aceptó el encargo de Tannut Ormbryr para ayudar a una familia noble de la decadente Marsember. El viejo veterano resultó ser un arpista, y la tempuriana se encontró, sin saberlo, destapando las trazas de una conspiración zhentarim de alcance insospechada. La Cormyreana había viajado entonces a Arabel junto a otros valientes, rastreando las pistas y desbaratando a la postre un conato de rebelión apoyado por el mismísimo Gondegal. Fue condecorada por su majestad el Rey Azoun IV, aunque no tuvo ni un suspiro para disfrutar de sus galones.

Los zhentarim estaban dispuestos a subvencionar aquella guerra civil con un sólo motivo: mantener alejadas a las tropas cormyreanas de las Tierras de los Valles, que iban a sufrir el ataque del mayor ejército que el Alcázar Zhentil había reunido jamás. Si los zhents tenían éxito, el Mar de la Luna y el Estrecho del Dragón serían suyos, y eso era una mala noticia.

Yaril·la partió con las tropas de Cormyr al este para defender esta nueva amenaza, y se separó de contingente principal para dirigirse al Sureste. Allí, en Ciudad de Valle de la Rastra se reuniría con los Siete Burgueses y con el almirante de la flota sembiana que remontaba el Estrecho del Dragón desde el Sur. Si llegaban a tiempo destrozarían la retaguardia zhent y la enviarían a los Nueve Infiernos.

Yaril·la estaba repasando los planes con su segundo al mando un paladín y clérigo de Ilmáter llamado Lodin. La tempuriana pensaba que era quizá demasiado veterano para la batalla, pero Azoun IV confiaba en él para cuestiones diplomáticas. Mientras ponían a puntos los últimos movimientos de tropas, entró un soldado en la tienda de campaña.

--Mi señora, mi señor --pidió permiso para hablar con un saludo marcial--. Hay unos aventureros ahí fuera que dicen conoceros, mi Espada Capitana. Vienen del Norte, he pensado que quizá sepan algo de lo que sucedió a aquella población en ruinas que dejamos atrás.

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21/02/2011, 00:36
Yaril·la Bennessen, Leonar

 
Había pasado un año, sí, y aunque llevaba toda la vida cuadrándose ante los demás, a Yaril·la seguía costándole hacerse a la idea de que ahora se cuadraban por ella. Ya menos, pero aún tenía aquella vena aventurera en el fondo. Trabajar para la nación por la que murió su padre estaba muy, muy bien y era un orgullo agradable, pero... poder ir de un lado para otro, con menos reglas y buscándose ella solita o acompañada los berenjenales tenía un encanto especial... muy especial.

Levantó la cabeza de los papeles al oír entrar al soldado, y sentándose bien en la silla, le hizo un gesto distendido para que hablase sin tanto cuadrarse.

Dí, dí.

Al oír las noticias, Yaril·la miró a Lodin con una expresión que no necesitaba demasiadas palabras, y se puso en pie. No iba a ponerse -otra vez- los guanteletes ahora que se los acababa de quitar, pero al menos sí se colocó la capa. Su superior le había insistido en que su forma cercana de tratar con la tropa estaba bien, pero que quería que tuviera al menos pinta de oficial, que irradiara algo de mando, o su tropa podría caer en la indisciplina. Y como su oficial era más experto y un Dragón Púrpura muy razonable, procuraba hacer caso de su consejo.

Vamos, con suerte... Carraspeó. Ya estaba deseando desviarse de sus obligaciones. Es lo que ella habría hecho, enviar por la mañana una docena con Lodin al Valle, y ella con otro grupo a seguir la pista de los bastardos que hicieron aquella salvajada, para devolverles el cariño que demostraron pasando a cuchillo a valletanos indefensos. Peeero... tenía algo que hacer. Sin embargo, se le ocurrió una idea y levantó las cejas.

Con suerte aún puedo liarte.... Miró a Lodin, ahora con una delgada sonrisita que el veterano podía interpretar como "Tengo una idea pilla"
...con suerte podemos traer unos cuantos culpables vivos a esos burgueses. Al fin y al cabo si están ocupados con esos quienes-sean, tendrán menos tropas que enviar, y nuestro grupo está mucho mejor preparado que las milicias valletanas, solo les faltan guías. Si ayudamos estarán más dispuestos a devolvernos el favor, ¿No?

Acabó de ponerse la capa y miró a Lodin con la cortina de la tienda en la mano, lista para oír su respuesta, abrir, y salir.

Ese era otro rasgo de oficial "novata" y de aventurera... pedir opinión a sus subordinados como si fueran compañeros.

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21/02/2011, 10:05
Espada Capitana Ser Lodin de Ilmáter

Ser Lodin echó un suspiro elocuente.

--Si mi Leonar piensa que es prudente... --replicó ajustándose su propia capa púrpura.

Ya habían tenido esa discusión con anterioridad. Pese a que Ser Lodin confesó que tenía especial aprecio por ese pueblecito porque su prometida lo visitaba a menudo, siempre volvía a que las órdenes eran lo primero. "Por mucho que nos gustase, no podemos ir detrás de todos los bandidos que huyen de nosotros -había dicho el ilmaterino-, tenemos una delicada labor que cumplir para el Rey de Cormyr y por el bien de las Tierras Centrales. Ni nos sobra el tiempo, ni las tropas para dividirlas así".

Pero esta vez Ser Lodin no la discutió abiertamente delante de un soldado. Se limitó a dejar caer aquello y siguió a su Leonar hacia donde estuviesen aquellos aventureros.

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28/02/2011, 15:40
Espada Capitana Ser Lodin de Ilmáter

Lodin se derrumbó sobre una silla. El anciano parecía herido mortalmente y sus ojos parecían arrasarse de lágrimas que no terminaban de brotar.

--Esto --dijo Lodin alzando la bolsa de cenizas con la voz estrangulada--. Esto es todo lo que queda de mi amada Kestrel.

Como si mencionar su nombre hubiera roto el dique emocional del ilmaterino las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. Parecía tener tal nudo en la garganta que no parecía ser capaz de sollozar si quiera.

--La mataron en el ataque a Medina --dijo en un murmullo.

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28/02/2011, 15:47
Yaril·la Bennessen, Leonar

 
Yaril·la se quedó un par de segundos parada. No sabia cómo reaccionar a aquello, y a Lodin no se le solía ver de esa manera. Era un hombre que habia visto y vivido mucho como para echarse a llorar de aquella manera, pero... perder a un ser querido y encontrarse con "eso", traspasa cualquier coraza emocional*

Tras un par de parpadeos se arrodilló al lado del anciano y le dio un abrazo que sonó estridente y metálico. A continuación le levantó un poco el rostro, viendo la mirada destrozada del hombre... y la de Yaril·la comenzó a encenderse.

Iba a decir algo, pero se le acababa de ir de la cabeza al verle así. El ceño joven se fue frunciendo, y mientras le quitaba las lágrimas con los pulgares, dijo:

Tú guarda luto amigo...

De nuevo le abrazó

...que yo me encargo de sus cabezas.

Notas de juego

 
*+8 a superar blindaje, como la ballesta pesada XDDDDDDDDD

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28/02/2011, 17:38
Espada Capitana Ser Lodin de Ilmáter

Ser Lodin aceptó el fraternal abrazo de Yaril·la, como un náufrago que se aferrase a una tabla de madera. Mientras Rengar llegaba a la tienda de la Leonar y era detenido por los Dragones Púrpura de la entrada, pudo oír lo que el ilmaterino le decía a su capitana:

--No quiero sus cabezas, Yaril·la. Quiero que mi Kestrel vuelva --dijo embargado por el dolor--, tú podrías traerla de vuelta ¿verdad?

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28/02/2011, 18:09
Rengar

-¡Lodin, no! -interrumpió el semiorco, entrando en la tienda sin pedir permiso. Se colocó a un lado, entre Lodin y Yaril·la-. No dejes que te ciegue el dolor. No debes... no debes traerla. Ilmáter... Hay dolores que hay que soportar, ¿no? Eso dice Ilmáter, ¿verdad? -Puso todo su empeño en convencer a su maestro. Una voz en su cabeza le decía que si él caía en la tentación, ¿qué le sujetaba a la moral?-. Ella murió por salvar a mi pueblo, es una heroína. Ilmáter la ha recompensado. Es una mártir. No la traigas de vuelta.

Porque si la traes de vuelta, pensaba el paladín, yo no voy a lamentarlo.

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28/02/2011, 18:19
Caballero Dragón Púrpura

Sin esperar una orden, los dragones púrpura de la entrada se abalanzaron sobre el semiorco, lo placaron y lo enviaron al suelo en un estrépito de acero y armadura.

--¡Quieto! ¡No te muevas!

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01/03/2011, 15:10
Yaril·la Bennessen, Leonar

 
Eyeyeyeyey!! Tranquilo hombre! Yaril·la se apresuró a separarles, aunque estaba respondiendo a Lodin. Tranquilo Dijo al soldado Es amigo de Lodin.

Cuando hubo levantado al paladín, le dio dos palmaditas en la armadura, como queriéndole decir que se calmase.

Vamos a ver, hombre... Comenzó Hay dolores que soportar, y otros que no hace falta soportarlos. Krestel murió como una mártir, no...? Y bien por ella! Como sacerdotisa del dios de la Guerra, no concibo una muerte mejor que esa. Pero una cosa es aceptar la muerte en combate y otra negarse la opción a volver a la vida... a volver a hacerlo incluso!

Miró a Lodin, aún con una mano en el hombro de Rengar para que no se moviera de la puerta con ella y fuera a atosigar al anciano. Lodin, puedo traerla de vuelta con solo esas cenizas y la fecha de su muerte... Pero no sé que dice Ilmáter de eso, ahí no me quiero meter... solo quiero que sepas que estoy aquí por si quieres hacerlo.

Señaló a Rengar con el dedo a la nariz, mirándole a los ojos, hablando a Lodin aunque mirase a Rengar, como si quisiera dejárselo claro.

Y ni él ni yo nos vamos a entrometer, porque ya eres mayor para saber lo que deseas y lo que debes hacer.

Pretendió darle la vuelta al semiorco y sacarlo de la tienda, yendo ella detrás.

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01/03/2011, 21:31
Espada Capitana Ser Lodin de Ilmáter

--Espera, espera... --murmuró cansinamente Ser Lodin levantándose de su asiento trabajosamente.

El ilmaterino se acercó a ambos, con la mirada preñada de dolor y algo más... ¿decepción?

--"Un Ilmaterino no debe juzgar el dolor de los demás, si no es con la infinita bondad y misericordia de Ilmáter" --recitó--. Así dice el Libro del Lamento. Y lo que quiere decir es que nosotros, los mortales que seguimos al Señor Quebrado, no podemos juzgar porque no podemos equipararnos a su misericordia. Todo lo que se espera de nosotros es perdón y consuelo en el dolor. Pero tú ya deberías saberlo, te lo enseñó Kestrel.

El nombre se le estranguló en la garganta y Lodin se llevó instintivamente la mano al corazón, como si temiera que se fuera a parar.

--Y sin embargo vienes aquí, en este momento tan triste, hablando en boca de Ilmáter, sermoneándome como si tuvieras una profundidad espiritual superior a la mía. Tu actitud es bochornosa, Rengar. Y tu arrogancia señala mis defectos como tu tutor.

Negó con la cabeza antes de continuar.

--Te ruego que te marches.

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01/03/2011, 21:57
Yaril·la Bennessen, Leonar

 
Yaril·la se quedó un poco pasmada mirando a Lodin, y después volvió la mirada a Rengar. Le dio unas palmaditas y le susurró

No se lo tengas en cuenta, no es un buen dia... mm...? Ahora hablo yo con él

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01/03/2011, 21:49
Rengar

El semiorco abrió los ojos de par en par. Había recibido el placaje y había quedado algo aturdido, pero nada en comparación a lo que estaba oyendo. Miraba a Lodin y sabía que el maestro no lo perdonaría, que había hecho el ridículo delante de él y de la clériga de Tempus. Tragó saliva, buscando las palabras, pero en la maraña de su mente no había espacio para orden alguno.

-P-pero Lodin, yo... No te juzgo... Sé lo que es perder... perder lo que amas. -Él tenía muy fresco el momento en el que vio el cuerpo de Kestrel herido de muerte, aún cálido y suave, casi como dormido-. Pero Loviatar...

Loviatar... ¿qué? ¿Qué iba a decirle?

Lodin, Loviatar se me apareció el día de la muerte de Kestrel. Se me apareció porque me estaba muriendo de dolor, y no habría lamentado más la muerte de mi madre que la suya. Loviatar sabe que amaba a Kestrel, y ella me dijo que... Pero, ¿por qué me lo dijo? ¿En qué podría beneficiarla eso?

Rengar bajó la mirada y cerró la boca entreabierta.

Sabía que no lo haria, que no permitiría que la trajera de vuelta. Y no lo haría porque eso significaría que podría casarse con Lodin. Porque prefería tener a una mentora muerta que a una mentora casada con otro hombre, el humano al que ella amaba. Al que ella ama.

Prefiero que siga muerta y lejos de aquí a que viva lejos de mí. De las dos opciones, esa es la que más daño me haría. Tanto que apenas puedo respirar.

Ahora sabía por qué Lodin estaba tan decepcionado. Él también sentía lo mismo. Avergonzado y con los ojos empañados en lágrimas, el paladín se levantó recogiendo su yelmo. Se lo puso para evitar que los demás vieran su mueca y salió de la tienda casi corriendo, con el amargor de sus propias palabras recorriendo su cuerpo. Cruzó la linde del campamento de nuevo y se perdió en la oscuridad.

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04/03/2011, 10:33
Yaril·la Bennessen, Leonar

 

 
Yaril·la suspiró y cerró la cortina mirando a Lodin, al que se acercó y le puso una mano en el hombro.

No creo que él tenga la culpa... ni que sus intenciones sean malas. No te culpo, porque sé que no es el día... pero ahí has estado un poco duro.

Hizo un gesto como queriendo decir que aunque podría añadir más, no iba a hacerlo por hoy. Lo siguiente fue otro chirriante abrazo.