Partida Rol por web

Las Tierras de los Valles

1. El Señor de Damara

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28/01/2010, 11:24
Khaila


Yo... No...
Khaila se quedó sin saber qué decir a la clériga. Su mirada horrorizada no se apartaba de los ojos cínicos de la mujer. No... No he sido hechizada... Se repetía la joven. Ella no estaba enamorada de un vampiro, solo que no le gustaba matar así a la gente que no podía defenderse... Bajó la mirada, incapaz de mantener la de la mujer. Además, ella no le había visto hacer ningún acto cruel, solo era un joven... Khaila, te estas engañando, es como dice la clériga... Te ha manipulado con su amabilidad... Mierda... La joven se sentía realmente mal, ni ella misma entendía el por qué se sentía incapaz de acabar con la vida de un ser tan vil. He de hacerlo... Tengo que terminar con él, y de esta manera terminar con el influjo que ejerce sobre mí.

Levantó nuevamente la mirada, esta vez con determinación. Sus oscuros ojos no denotaban sentimiento alguno, había conseguido nuevamente enterrar todo sentimiento y endurecerse, como hacía siempre...

Dejadme hacerlo... Os demostraré de esta manera que no estoy enamorada... Perdonad mi momento de flaqueza. Dijo Khaila alargando la mano y esperando a que la clériga le ofreciera nuevamente el hacha.

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28/01/2010, 13:12
Director

La clériga enarcó una ceja, y pareció pensárselo durante unos instantes interminables.

-Dáselo, Chellra -terció la asustadiza Khelenvorita.
-No ha hecho más que ponernos trabas desde que llegamos. Sería mejor dejarla fuera de esto -gruñó su compañera.
-No sabía que trabajaba para un vampiro. Cuando lo supo, dijo que cuidara de ti, que ella terminaría el trabajo.
-Pero no lo hizo, Dara.
-Dejó fuera de combate a su esbirro -señaló la aludida.
-¡Por la sagrada balanza de Khelenvor! ¿Por qué la defiendes tanto? ¡No la conocemos de nada! -bufó Chellra-. ¡Podría ser un truco!
-Porque su corazón es bondadoso. La misericordia no es una debilidad, Chell. Es muy fácil enterrar el acero en el cuerpo de un enemigo. Perdonarle la vida cuando puede querer vengarse de ti... eso es lo difícil -la sacerdotisa echó una elocuente mirada a su compañera.

Chellra cerró el pico ante la aplastante lógica del razonamiento. A fin de cuentas, si Khaila no hubiera tenido tantos reparos en matar, ella no estaría allí.

-Está bien -resolvió y le tendió el hacha a Khaila-. Pero sin trucos.

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28/01/2010, 14:43
Khaila

Khaila se quedó sin bajar la mano, escuchando los razonamientos de las dos clérigas. Tendría que habérmela cargado... Fue un pensamiento fugaz, que rápidamente desterró de su mente. Era normal que desconfiara de ella, pero sin conocerla apenas, ya se le había atravesado la clériga.

Cogió el hacha y se acercó nuevamente al ataud. Otra vez se enfrentó a los hermosos ojos de kosef, y el gusanillo de la piedad volvió a carcomerla por dentro... Apretando fuertemente los dientes alzó el hacha sobre su cabeza y la descargó contra el cuello del vampiro. Viendo que no había terminado de cortárselo, la alzó nuevamente... La carnicería que estaba ocasionando era demasiado... Por un momento se detuvo, con los ojos húmedos tras fallar nuevamente.

Se secó el sudor del frente con el dorso de la mano, y alzando nuevamente el hacha sobre su cabeza, descargó con toda su fuerza, y esta vez sí, vio como la cabeza se desprendía del torso del vampiro.

Al ver que había conseguido acabar finalmente con el vampiro, se retiró dos pasos.  Con la mirada bajada esperó que las clérigas terminaran con el ritual, o como quisiera que se llamara lo que hicieran.

- Tiradas (3)
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28/01/2010, 15:26
Chellra de Khelenvor

Dara retiró el rostro al presenciar la horrible carnicería que Khaila estaba perpetrando al subir y bajar el hacha una vez tras otra. No obstante, Chellra presenció la ejecución con una intensidad concentrada, como si con su mirada quisiera ayudar a partir el cuello del no-muerto. Cuando Khaila terminó su macabro cometido posó la mirada en ella, asintió en un gesto de aprobación y sacó un artefacto de entre sus faldas de meretriz.

Khaila lo reconoció como el objeto que la sacerdotisa le mostraba a Kosef cuando irrumpió la habitación. Ahora que pudo examinarlo más detenidamente, vio que se trataba del símbolo de una mano cadavérica sosteniendo una balanza. Presumiblemente, se trataba de un símbolo sagrado de Khelenvor.

-La muerte forma parte de la vida -entonó Chellra, alzando el símbolo en alto-. No es un fin, sino un principio. No es un castigo, sino una necesidad. En la muerte no hay engaños ni mentiras. Por ello la muerte en vida es una aberración para los ojos del Juez de los Condenados. ¡Yo, Chellra de Khelenvor, con la autoridad que me concede mi iglesia, te conmino a que duermas en tu ataúd el sueño de los eones!

Con un movimiento brusco, Chellra clavó el extremo afilado de su símbolo sagrado en el pecho de la criatura. A continuación, sacó un frasco y lo vertió sobre el cadáver de Kosef Starag, que estalló en llamas. Un aullido espectral y sobrecogedor recorrió la habitación e hizo que las tres mujeres se estremecieran.

Por fin, reinó el silencio, sólo roto por el crepitar de las llamas lamiendo el cuerpo del vampiro que fue Kosef Starag. Chellra miró un instante a Khaila, antes de girar sobre sus talones y detenerse ante el cuerpo inconsciente de Fódel. Lo cogió por las axilas y se lo llevó a rastras de la estancia.

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28/01/2010, 15:59
Dara de Khelenvor

Dara se acercó a Khaila cuando Chellra acabó el ritual. La cogió cálidamente por el brazo para confortarla, pese a que Khaila estaba cubierta de la sangre negra del vampiro.

-Lo que has mostrado hoy es en lo que te convertirás. Los dioses han sido testigos de tu valentía y tu clemencia -Dara retiró la mano y sonrió-. Si necesitas algo de nosotras, nos alojaremos en El Fondeadero unos días. Hasta que interrogamos a ese pobre hombre y descubramos qué planeaba el vampiro. Y... haz caso a Chellra y visita un templo. Es muy probable que el vampiro te haya hechizado si hablaste con él.

Notas de juego

Ganas 200 puntos de experiencia.

Tus decisiones han hecho que tu alineamiento se incline hacia bueno.

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29/01/2010, 01:49
Khaila

Khaila levantó la mirada al sentir el reconfortante brazo de Dara. Sus ojos eran dos pozos oscuros, insondables... La joven buscaba en el fondo de su corazón algún latido, pero sentía como si un vacío frío se hubiese apoderado de ella. Las palabras de la clériga le llegaban a través de una bruma espesa, como si entre ellas hubiera algún tipo de muro que las separara.

Apretó con fuerza sus puños, intentando controlar ese frío intenso. Respiró profundamente, empezando a sentir nuevamente el suave latido de su corazón, la sangre nuevamente llegaba a sus miembros fríos y entumecidos. Una sonrisa empezó a asomar a sus labios, una sonrisa vacía, que no llegaba a iluminar esa oscuridad que se podía apreciar en su mirada. Asintió con un leve movimiento de cabeza... Sí, así lo haré... Susurró intentando tranquilizar a la clériga. 

Hacía años que no pisaba un templo, y éste no iba a ser motivo para que lo hiciera. Khaila todavía podía ver en sus peores pesadillas la mancha de sangre que dejara su padre en el suelo de su propia casa, sangre derramada por su propio hijo. Y ¿dónde habían estado los dioses que tanto veneró su padre? No podía evitar echarles la culpa, y muchas noches lloraba amargada por esa causa, no, no iba a ir a ningún templo...