Valiant se encogió de hombros.
- No sé, a mí lo que me huele es a gato encerrado. Si estás de guardia ante esa puerta y quieres que el ciudadano te deje en paz es más fácil recurrir a su miedo a contagiarse que a las amenazas y a la chulería, porque se te puede girar en contra fácilmente. Es posible que los motivos para cerrar el garito sean otros- Valiant hizo un ademán con los dedos, como quitándole importancia a la cuestión -. Sea como sea, el caso es el mismo: nosotros estamos fuera, Gorrión posiblemente estén allí adentro y los guardias están en el medio.
Valiant se quedó pensativo un momento.
-Algo me dice que no será tan fácil entrar. Tendríamos que preparar algo para distraer a los guardias en caso de que nuestro intento de intrusión sea detectado, una maniobra de distracción o algo así.
Sergei parpadea un par de veces, intentando procesar lo que acababa de oír.
—"¿Entonces… esperaremos a la noche para escalar y entrar?" —preguntó al fin, con los ojos como platos.
Parecía debatirse entre la sorpresa y una pizca de resignación; como si, de todas las ideas posibles, justo esa fuera la que menos quería escuchar. Miró a Gunk, luego al edificio clausurado, y tragó saliva.
—"Genial… epidemias y escaladas nocturnas. Lo que me faltaba."
Gunk escuchó con atención a sus compañeros, mientras echaba de tanto en tanto furtivos vistazos al edificio en cuestión y a los guardias que pululaban por las cercanías. La mandíbula del Hombre de Fuego iba y venía mientras el enorme sujeto se esforzaba por destilar de entre las difusas nieblas de su mente alguna idea medianamente razonable.
Finalmente, y luego de rascarse la cabeza con vigor durante un buen rato, alzó su cabeza de manera repentina.
- Podríamos venir por la noche. Y empezar una pelea entre nosotros. Bueno, no entre nosotros. Solo Gunk y Valiant tal vez. O Estok. Y ver si los guardias de los alrededores intervienen.
- Si abandonan sus puestos... ahí deberían aprovechar los demás para colarse al primer piso del edificio. O al que está al lado. Lo que sea más fácil.
- Quizás sería bueno buscar una cuerda que resista. Y un gancho. Para hacer más fácil la escalada.
Valiant asintió ante las palabras de Gunk.
- Si, a eso me refería. Una distracción lo suficientemente llamativa como para mantener a los guardias ocupados, pero lo suficientemente inocua como para evitar que nos agujereen los hígados a la primera de cambio. Además - añadió, señalando a Estoc-, aquí el experto debería ser el que encabezara la expedición a la casa de sombreros, y podría acompañarle el muchacho.
"Tenemos hasta la noche para pergeñar un plan y dar cobertura a los que van a intentar la intrusión. Gunk y yo nos ocuparemos de los fuegos artificiales."
Lo ideal, se dijo, sería una distracción que pareciera un accidente o, a lo sumo, una gamberrada, a ser posible que no diera con sus huesos en una galera. Esperaba que la cosa no se fuera de madre...
- Qué diablos. ¿Quién dijo miedo?- sonrió a Gunk con picardía -. Mañana por la mañana esos mentecatos van a ser el hazmerreír de sus compañeros.
Tras el fiasco de intentar sacar información, Sergei cabizbajo, pensativo, buscando los siguientes pasos a seguir. Sin mediar palabra, vuelvo sobre mis pasos hacia los guardias. Intento aparentar tranquilidad, aunque siento el rubor subir a mis mejillas conforme me acerco a los agentes.
—"Buenas tardes de nuevo" —digo con voz contenida. —"Hemos empezado con mal pie, y les pido mis más sinceras disculpas por ello."
Tras una breve pausa, añado, bajando la mirada:
—Somos nuevos en la ciudad, y nos han encargado buscar a una tal Gorrión. Nos dijeron que podríamos encontrarla por esta zona. Nos gustaría hablar con ella... ¿saben dónde podríamos localizarla, por favor?"
Mi voz suena neutra, algo apagada, y mantengo la cabeza inclinada, evitando cruzar miradas con ellos.
Motivo: Persuasión
Tirada: 1d20
Resultado: 11(+2)=13 [11]
Dejo la tirada de persuasión.
Se produce un silencio entre los dos guardias. En ese tiempo, intercambian miradas de incredulidad. Finalmente, el que permanece aun en reposo estalla en una carcajada. Su camarada, no obstante, se masajea el entrecejo y masculla algo entre dientes. Por último, da un paso hacia Sergei y le da una palmada en el pecho, en ademán de que levante la mirada.
- Mira, zagal, igual tienes suerte, tengo un día bueno y no quiero desperdiciarlo dando paseos de aquí a la cárcel y de vuelta. Pero déjame darte un consejo. Merodear alrededor de un edificio como si lo estudiarais en busca de puntos de acceso practicables, con guardias presentes, no es la mejor de las presentaciones posibles. No ayuda a la causa mentirnos descaradamente para recurrir finalmente, ante el fracaso de tal argucia, a las lagrimas y a la pantomima del aldeano bueno y humilde. - Levanta un índice amenazador frente a los ojos del acólito. - Voy a dejarlo pasar, con la condición de que desaparezcáis de aquí y que no os volvamos a ver. Y no, no tenemos ni idea de quién es Gorrión ni dónde está, sobre todo porque los dueños de estos establecimientos no registran a las chicas... y chicos... por sus apodos.
El guardia da un paso atrás, mientras baja el dedo y hace un gesto con su mano con el que exhorta a Sergei a marcharse. Su compañero, entre tanto, asiente con la cabeza como si con ello reforzase la autoridad del otro.
Sergei vuelve al grupo, cruzado de brazos. —"Se acabó" —dice—."Nos cazaron merodeando y lo guardias no tienen ni idea de quien es, ni donde puede estar."
Mirando a mis compañeros, un tanto decepcionado.
-"Bueno, compañeros. Vamos a tomarnos una pinta de cerveza, y concretamos lo que vamos a intentar hacer al amparo de la noche." mirando a sus compañeros, empezando a alejarse de allí.
Gunk bufó visiblemente frustrado ante los últimos comentarios del joven. Tal parecía que su genial idea de causar una conmoción como maniobra distractiva debería ser repensada, a la luz de los más recientes descubrimientos. Aún cuando su actuación fuera impecable, los guardias de seguro buscarían cualquier excusa para llevarlos a las mazmorras y someterlos a un interrogatorio.
Probablemente quisieran saber qué era lo tan importante que buscaban aquellos extranjeros en el edificio clausurado, que hasta los llevaba a cometer semejante estupidez.
- Si... tal vez sea lo mejor. - respondió mientras se rascaba la cabeza ante la propuesta final de su compañero. Aunque era más para alejarse de la vista de los guardias que por verdadero interés en la bebida.
- Pero busquemos algún establecimiento donde se dediquen también al mismo oficio. Tenemos un nombre. Aun cuando no sea el que le pusieron sus padres. Y un lugar. Creo que es suficiente para empezar a preguntar...
Te detienes un momento en la sombra de un callejón, dejando que el murmullo lejano de la zona del prostíbulo cerrado pase a un segundo plano, esperando que los camaradas me siguieron.
—“Pues lo primero será encontrar un tugurio. En una ciudad como esta, siempre hay uno escondido detrás de una puerta que nadie mira.”
Una vez sentados alrededor de una mesa:
—“Pero no estamos aquí para beber como idiotas. Necesitamos un plan. Los guardias no cierran un lugar así sin razón… y lo que ocurrió dentro podría empeorar.” mirando alrededor.
_"Podríamos sacar algo de información de estos." susurrando, medio preguntando, medio afirmando, vamos dudando si sería posible.
Los tugurios no eran establecimientos que abundasen en el distrito del placer, un lugar destinado a satisfacer los sentidos de gente refinada, o con ínfulas de serlo. Mucho menos en las cercanías del Velo de Raso. Así que al grupo le tiene que bastar uno de los prostíbulos más próximos. El lugar es acogedor, aunque su decoración es chabacana. El humo de las pipas flota en el ambiente, el rumor de conversaciones íntimas y las risas llenan el aire mientras los clientes juguetean con las chicas que sirven las bebidas y se muestran a los potenciales interesados en su compañía. Pero todo dentro de una atmósfera de relativo respeto, garantizado por varios individuos mal encarados, armados con porras o clavas, distribuidos en lugares estratégicos del gran salón.
Las "camareras" que atienden al grupo para servir sus bebidas también aprovechan para ofrecerse. Pero, si bien las miradas de las meretrices buscan a Sergei, pronto queda claro que son Valiant, a pesar de su aspecto, o Gunk (el hombre de Fuego) los objetivos de las "anfitrionas". Los adinerados del grupo. No obstante, cuando se percatan de que no hay mucho negocio que hacer con ellos, se limitan a dejar las bebidas con amabilidad y buscar mejores clientes. El grupo tampoco saca gran cosa. Los prostíbulos se espacian lo suficiente como para no hacerse demasiada competencia, por lo que las chicas (y chicos) de compañía apenas saben mucho más de lo que pasa en otros establecimientos distintos al suyo. Mucho menos saben quién puede ser alguien por un apodo o "nombre artístico" fuera de su círculo más cercano. La mejor suposición que hacen es que la clausura del Velo se deba a un brote de enfermedades venéreas.
Tras un largo rato en el local Sergei comenta:
—"Entonces, decís de venir por la noche, montar una bulla… Con suerte, los guripas se distraen e intervienen, mientras otros se infiltran en el lupanar." —Hace una leve pausa, asintiendo para sí—." Sí, necesitaríamos algún gancho y cuerda, como habéis dicho." comentándolo en susurros.
Mira a sus compañeros y da un sorbo a la pinta, mientras la vista se le escapa detrás de alguna chica, poniéndose ligeramente sonrojado.