Partida Rol por web

Semper Fidelis

El Plumilla (Capítulo 5)

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20/09/2010, 20:07
Tte.Brown

-Vamos a rezar una oración por el soldado Santos -dijo.

El teniente se quitó el casco, y el resto le imitó. Sus compañeros del grupo de fuego de Brooks mantuvieron la cabeza gacha, pensativos.

-Señor, acoge en tu seno el alma del soldado Santos. Él era un buen marine, que murió cumpliendo su deber. Un deber que quizá no entendía, en una guerra que quizá no era la suya, y en un país hostil, alejado del hogar que le vió nacer. Pero con su muerte, el soldado Santos protegió, no ya la vida de civil, que ne le iba ni le venía, si no las vidas de sus compañeros, impidiendo que unos mercenarios hijos de perra les asesinaran mientras estaban durmiendo en sus habitaciones. Por eso te damos las gracias, Señor, y se las damos a él.

Se santiguó, y algunos marines le imitaron, hincando una rodilla en tierra.

-Amén -concluyó.

Despacio, se fueron poniendo de pie, y el teniente les miró, dándoles las últimas instrucciones.

-Prepárense para volver a la base. Hay buenas noticias. El batallón está entre los previstos para la desmovilización de este año. Volveremos pronto a casa. Quiero que sepan que han hecho un buen trabajo, y que estoy orgulloso de ustedes. Eso es todo.

El teniente miró un momento al sargento, y se acercó a felicitarle. Sin embargo, para Tyrone era una felicitación algo vacía. Estaba seguro que si él iba a colgarse una medalla, el teniente se colgaría dos. Aquella misión, aquella jodida misión, podía intuirlo, que él sabía que olía a azufre. Pero eso no le importaba una mierda a él, que no había arriesgado el culo con ellos aquella noche, durmiendo caliente en su cama del acantonamiento.

-Buen trabajo, sargento -comenzó a decir, pero el resto de las palabras se perdieron como en una nube en la mente del sargento, mezclándose con sus propios pensamientos.

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20/09/2010, 20:17
Director

Cuando el helicóptero del MEDEVAC comenzaba a volver a poner los motores al máximo, a punto de despegar y largarse de allí con los heridos, el sargento Jackson volvió junto a Maggie y a James, con paso cansado, con esa "mirada de combate" que quedaba a los hombres después de haber pasado por una dura prueba, surcada de muerte y sinrazón.

Sin embargo, una voz le reclamó, una voz que le hizo girarse a mirar.

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20/09/2010, 20:20
Staff Sgt. O'Rourke

-¡Sargento Jackson!

O'Rourke estaba allí, vestido como para entrar en guerra contra el mismísimo ejército alemán en Normandía, aunque no hubiera participado en la guerra que se había librado aquella noche en el hotel. El siempre huraño y crítico sargento, que consideraba a Jackson una "prima donna", y un marine consentido, estaba ahora más serio de lo habitual.

Se acercó al negro, deteniéndose a unos cinco pasos, sin dejar de mirarle a los ojos. Parecía que ahora había leído algo distinto en ellos. Algo que esta vez si era digno del mayor de sus respetos.

-Ha salvado el culo a mis marines, sargento.

Asintió un par de veces, como dejando claro que eso era lo que para él significaba ser un marine. Estar hombro con hombro, aunque se odiara al compañero, aunque no se le pudiera soportar, y aunque se siguieran órdenes estúpidas de mandos sedientos de gloria. Aquello era ser un marine, un cabezabote de verdad.

-Semper fidelis -le dijo, cuadrándose.

Y le dedicó el mejor de sus saludos militares.

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20/09/2010, 22:14
Tyrone Jackson

Nadie me iba a preguntar. Observaban, en silencio, pero nadie preguntaba. Los oficiales, suboficiales y soldados que habían acudido a sacar nuestro culo de allí miraban a todos lados y a ningún lugar concreto, perdidos en el caos de aquella realidad cruel e implacable. Sus expresiones mezclaban la sorpresa, el temor y finalmente, alivio. El alivio por no haber estado allí, cuando en aquella calle lo único que se escuchaban eran disparos y lo único que se veían eran los resplandores de los fogonazos de las armas escupiendo fuego sin cesar.

Nadie me iba a preguntar, porque contemplando aquella calle, la fachada del hotel y el reguero de cadáveres tirados como marionetas desmadejadas sobre charcos de sangre mezclada con la arena y el asfalto, cualquier pregunta carecía de respuesta.

Escuchaba las voces, podía oir al Teniente felicitándome y soltando un discurso que, francamente, soy incapaz de recordar. En mi cabeza golpeaba el eco de mis gritos solicitando refuerzos por radio, repitiendo una y otra vez posición, coordenadas y situación; pidiendo un MEDEVAC y maldiciendo cada vez que la chapa del Cougar recibía un impacto de bala. Era como estar dentro de una lata cayendo colina abajo entre piedras. Y luego, parapetado tras la puerta del vehículo, vaciando cargadores  a través de la ventana. Cada golpe de la culata en mi hombro empujada por el retroceso, cada destello del cañón, cada estruendo de la pólvora del 5.56 lanzando el proyectil, se había grabado en mi cabeza.

Y finalmente, el silencio.

Luego llegó el eco del rotor del helicóptero, acercándose. En él se iba a ir Jonas. El que no iba a volver era Santos. Alguien, quizá, rezaría por él. Alguien, quizá, le lloraría. Pero nadie le olvidaría.

Vi a Brooks sentado en el suelo, con las piernas flexionadas y con su arma reposando en el suelo. La mirada fija, cabizbajo; y en sus manos se podía distinguir un leve movimiento; la caricia de sus dedos sobre algo que cualquiera pensaría que es insignificante. Pero no un Marine. Allí estaba Brooks, sentado, sosteniendo delicadamente en sus dedos dos chapas de metal. Estaban manchadas de sangre; pero el grabado dejaba identificar perfectamente aquel apellido: Santos.

Kendrik, Fendrew, Fitzgerald, Kaczynski... Desde Parris Island a Bagdad todos habíamos cambiado. Nadie era el mismo ni volvería a serlo. Recuerdo aquella noche, recuerdo los hidráulicos del bus resoplando con su característico sonido mientras el vehículo se detenía. Llovía, pero la luz de los focos permitía distinguir claramente el muro rojo con los emblemas del Cuerpo de Marines y las letras que anunciaban nuestro destino: U.S Marine Corps Recruit Depot, Parris Island, South Carolina. Ninguno de nosotros sabía con certeza qué nos esperaba allí, y poco importaba, porque lo que acabría marcando las diferencias ha sido vivir y morir junto a un hermano de sangre. Ahora solamente teniamos que fijarnos en esa mirada perdida en la lejanía de cada uno de nuestros rostros para saber que algo había cambiado, algo que ni el Sargento Warren podría habernos explicado en Parris Island.

Devolví el saludo militar al Sargento O'Rourke mientras soltaba el Semper fidelis. Pero no me sentía particularmente orgulloso por ello. Ni siquiera me sentía satisfecho de que el Plumilla salvase el pellejo. No. Era diferente. El orgullo no era por nada de eso; no era por el agradecimiento de aquellos que no habían estado allí, ni siquiera pensé en la satisfacción del deber cumplido. No. Era diferente. Y era diferente, porque lo único que me importaba, lo único que me hacía sentir orgulloso era contemplar a aquellos muchachos embutidos en su uniforme, con su rostro sereno y con la certeza de que aquella noche lo habían dado todo. Codo con codo.  No lucharon por su país. No lucharon por su misión. Lucharon por el hombre y la mujer que tenían a su lado. Y eso es lo que los hacía excepcionales.

Andé pesadamente hacia uno de los Humvees. Observé mi reflejo en la ventanilla del vehículo. Me quedé un instante mirando aquella expresión, aquella figura tan familiar y, a la vez, tan desconocida. No vi al pandillero de Kitchen's Hell. Solo vi a un Marine. Y por eso me siento orgulloso. 

Notas de juego

Semper fidelis.

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20/09/2010, 20:37
Jonas Fendrew

Jonas compartía el cigarro con Kendrik, estaba jodido pero sobreviviria, estaba seguro de ello. Lo primero que haría en cuanto llegara sería tomar unas birras con los chicos, ducharse con Maggie y luego irse de vacaciones con ella a algun lugar paradisiaco a hechar el mejor polvazo de su puta vida como marine. Le hizo gracia la situación:

- Eh, puto yanki, las caladas, las caladas... - Se echó a reir.- ¿Sabes? Nunca creí que llegaría el dia en que me sentiría orgulloso de un capullo como tú, que llegaria el dia en el que casi moriria de un tiro a miles de kilómetros de mi casa tras un polvo jodido por unos putos mercenarios y sobre todo que te llamaría hermano... Pero gracias por jugartela por mi, hermano. - Rio más alto.- Será la puta morfina... Me estoy volviendo tan marica como tu creo... No, no, aun me siguen gustando las rubias. Menos mal. ¿Qué haras cuando volvamos? Sin contar la barrilada que nos pegaremos todos, claro.

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21/09/2010, 07:40
James Kaczynski

 

Finalmente aquella mierda había terminado de una vez por todas. James aun estaba apretando los dientes mientras la caballería llegaba al lugar, demasiado tarde, como siempre, tanto para ayudar como para que su ausencia realmente le importara en ese momento.

Sin embargo James aun no toma respiro, primero el recuento de heridos, luego los prisioneros, aquella faena no parece terminar nunca, y James no cae aun en la cuenta de aquello, tan solo sigue haciendo lo que su cuerpo le indica.

Una oración por Santos que le parece ser insuficiente y cargada de hipocresía, pero a la cual no puede resistir, imitando a los demás – Hoy maté a dos tipos – piensa mientras Brown recita aquella improvisada oración, y aun así no le encuentra ningún significado a aquello, de la misma forma que al mirar el cuerpo sin vida de Santos, rodeado de sus compañeros, no siente absolutamente nada, ni lastima, ni tristeza, ni ira... como si tan solo estuviera viendo un montón de escombros.

Se queda ahí de pie un rato mirando el cuerpo de Santos, parado en segundo plano, mientras los compañeros mas cercanos de aquel soldado caído siguen a su lado, despidiéndose. James mira sobre su hombro y observa aquel panorama, a Kendrik y Jonas, heridos, compartiendo un cigarro como amigos de toda la vida, a Jackson de pie frente a O'Rourke, el cual de seguro le esta diciendo cosas que James jamas entendería. Al ver aquello no puede hacer mas que dar unos pasos, en un lugar apartado, mientras los Marines dan vueltas a su alrededor y mas Humvees llegan a la zona, y sentarse sobre la acera, con las piernas sobre la calle, las cuales estira un poco. Toma una bocanada de aire, la cual le sabe a sangre y pólvora, aunque no puede saber si aquello es así realmente o tan solo esta en su cabeza. Entonces se lleva las manos a los bolsillos, y de uno de ellos saca el pequeño libro de mano que le había acompañado desde que pusiera pie en aquel lugar, y que había releído decenas de veces desde entonces. Apenas tuvo tiempo de ponerse las botas en aquel tiroteo, ni munición, ni la pistola reglamentaria, todo ello había quedado en la habitación, y sin embargo el libro aun le acompaña en el bolsillo de su pantalón. Aquel libro de edición barata para viajeros que le había parecido tan oportuno en tantos momentos, y que ahora abre lentamente y va directo a la ultima pagina, para terminarlo una vez mas.

- “Yo levanté la cabeza. El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto... Parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas.” - lee, aquellas ultimas lineas que aun no había logrado memorizar, y que sin embargo ahora les resultan terriblemente familiares, como si describieran aquel momento exacto, cosa que comprueba al levantar la vista por sobre aquellas paginas y ver aquel panorama, todo el escenario, los Humvees, los heridos, los prisioneros, los cuerpos... y el cielo aclarando al final de la calle, aquel tinte rojo del amanecer.

Una vez mas volvió a cerrar aquel libro, dejándolo a un lado, para luego sacar un cigarro de otro bolsillo. Intenta encenderlo, pero en ese momento ve como la llama del mechero baila nerviosamente frente al tabaco. James no puede evitar notar como su mano aun sigue temblando, y en ese momento, aun con el cigarro en la boca, apretado entre los labios, y el mechero en su mano derecha, siente el incontenible deseo de echarse a llorar. No sabe si es por los nervios, por impotencia, o por miedo. Posiblemente sea por todo. Después de aquella noche, y de todos esos meses, James aun no se siente un Marine, no como sus compañeros, independientemente de como haya actuado esa noche. Cuando no se ve como un buitre, apuntando a personas inocentes por una causa que no comparte, se ve tan solo como a un cobarde que corre y dispara a todo lo que se mueve por miedo. No se ve como a un patriota, como a una maquina de matar, protegiendo a sus compañeros y ganando cada yarda de aquel país olvidado con fuego y sangre, tan solo se ve como a un tipo en el lugar equivocado, haciendo lo que no debe, ni quiere hacer. Tal vez sea eso lo que le da ganas de estallar en llanto, tal vez eso, o la idea de que pese a todo se le respeta por eso, se le mira con cierto orgullo. Da igual lo que piensa o sienta, asi son las cosas, y asi van a quedar.

Cierra la tapa del mechero y la flama se extingue rápidamente. El cigarro en su boca aun sigue apagado, pero sus ojos están vidriosos y llenos de lagrimas, incluso alguna logra escapar, pero rápidamente James la limpia con su mano, de manera disimulada. Entonces, en segundo plano, vuelve a ver sus zapatos, con las agujetas desatadas. Levemente se inclina y finalmente, aun con las manos temblorosas, se ata las agujetas de los borceguís, con doble nudo, de manera firme.

 

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21/09/2010, 11:45
Maggie Fitzgerald

Maggie tuvo bastante trabajo haciendo una primera cura a Kendrik y manteniendo lo más cerrada posible la herida de Jonas hasta que se lo llevó el helicóptero de evacuación.

Después vagó como alma en pena por el escenario de la batalla campal, sin prestar mucha atención a nada, hasta que reparó en el cuerpo de Santos. Se fue para el chicano, con quien jamás había tenido una conversación exenta de insultos, y se persignó con manos temblorosas. Después vio el familiar bulto de Janet, y se echó en sus brazos sollozando como una niña, dejando escapar por fin toda la tensión de aquellos momentos imborrables.

Cuando apareció el Alto Mando se recompuso, se secó las lágrima y se miró de reojo en el espejo del Cougar, no le fuera a caer un chorreo por ir vestida antirreglamentariamente. Y cuando el teniente Brown les animó a rezar por el pobre Santos, permaneció de pie y buscó en sus raíces irlandesas para ofrecerle al compañero muerto una despedida como la que se daba en la Irlanda de sus antepasados a los guerreros caídos en combate: The Foggy Dew.

(...)
But the bravest fell, and the requiem bell rang mournfully and clear
For those who died that Eastertide in the springing of the year
And the world did gaze, in deep amaze, at those fearless men, but few
Who bore the fight that freedom's light might shine through the foggy dew

Ah, back through the glen I rode again and my heart with grief was sore
For I parted then with valiant men whom I never shall see more
But to and fro in my dreams I go and I'd kneel and pray for you,
For slavery fled, O glorious dead, When you fell in the foggy dew.

Notas de juego

 

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22/09/2010, 20:44
Jonathan Kendrik

Kendrik dio una profunda calada al cigarrillo, que sabía mucho mejor que la carne de la granja de papá en Alabama, mejor que una juerga salvaje con sus colegas en Alabama. Sabía a victoria, a la puta gloria. Habían llegado, habían luchado, y habían vencido. Seguro que, allá en el hogar, los jodidos medios demócratas dirían que allí no había cambiado nada, que todo seguía igual. No obstante, aquello era mentira. Habían llegado allí como cabezabotes, como reclutas. El entrenamiento en Parrish island les había enseñado a disparar y todo eso... Nada que valiera realmente. Allí, en aquél lugar dejado de la mano de Dios, metidos en mierda hasta el cuello, rodeados de fuego, se habían convertido en marines. Aquella noche, en medio de la calle, entre la sangre y el fuego, habían nacido cinco marines. 

Mientras el helicóptero empezó a despegar, miró a sus compañeros, a todos y a cada uno. Hace algún tiempo, les veía como una banda de negros, mujeres y maricas de izquierdas. Ahora, sin embargo, eran compañeros de armas. Le dedicó una mirada especialmente prolongada a Jackson. Y por primera vez, en el rostro de Kendrik podía verse reflejado el respeto, por un compañero, por su Sargento. Con los dedos corazón e índice, se sacó el cigarro de la boca, y soltó el humo, pasando el cigarrillo a la maricona irlandesa. 

-Tu siempre has sido una maricona de cuidado, chaval.- Le pasó el pitillo, con cuidado. -¿Que haré?- Kendrik sonrió. -Bueno, ya sabes lo que dicen.- Miró hacia el cielo, según iban tomando altura. -Puedes quitarle el rifle, puedes enviarlo a casa... Pero un marine siempre será un marine.-

Según iban ganando altura, Kenrdik apoyó la espalda contra el fuselaje. Con las gafas de sol puestas, se tomó un un instante para ver el sol salir por el horizonte. Un nuevo día, pero la misma mierda. Justo lo que le gustaba. Eso, y nada más. 

-"Sweet home, Alabama..."- Empezó a canturrear por lo bajo.

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22/09/2010, 21:26
Director

La música resonó en la mente del sureño, con la misma fidelidad que si la estuviera escuchando con un ipod. Recordaba la canción, y se puso a cantarla allí mismo. Jonas le miraba desde la camilla con una sonrisa, y comenzó a tararearla con él, hasta que el piloto se dió cuenta de ello, y el que estaba a su lado le hizo un gesto. Los cuatro comenzaron a cantar, cada uno a su ritmo. Aquellos tipos no les conocían de una mierda, en realidad.

Pero luego se fijaron en sus uniformes, su color. Eran BDU MARPAT para desierto, y lucían en la pechera el mismo letrero que ellos. El mismo letrero que lucían tantos y tantos chavales en aquel país dejado de la mano de Dios, estuvieran vivos, muertos o camino de estarlo. El mismo letrero que vieron hace más de un año en la puerta de Parris Island: U.S Marines.