Eva recorrió la distancia que separaba la mesa con la cuenta al grupo de chavales que se largaba sin pagarla. Cruzó ante la mirada ausente del resto de comensales, de su madre en la cocina hasta llegar a los petrificados chavales que querían aprovecharse de Panqueque, el pequeño local de comida argentina de Brooklyn. Por supuesto no se habían movido en estos segundos en que Eva había descubierto la trampa y había hecho uso de su poder.
Justo al llegar, observó el chorro de café que flotaba en el aire de la cafetera de Ricardo, uno de sus mejores clientes. Alzó la mano y cogió la cartera del bolsillo de atrás. Río al ver la foto del carnet del chaval, desde luego no parecía un delincuente. "Qué pringadete el golfillo". Nadie escuchaba su risa en esos instantes en que el tiempo se paraba pero ya se había acostumbrado a esa soledad.
Cogió treinta dolares. Cuatro más de lo que debían. Por las molestias. Y para helados, coño, que esta noche daban American Idol.
Dejó de nuevo todo en su sitio, retrocedió hacia atrás mientras empezaba a notar la extraña vibración que arrancaba de nuevo la película cuando los efectos de su poder se iba desvaneciendo... 3, 2, 1...
Todo volvió de nuevo a ponerse en marcha. Los clientes abandonaron la puerta entre risas, el chorro de café cayó en la taza, su madre siguió pidiendo órdenes y ella acarició el dinero que, en esos quince segundos que había tenido de más mientras el resto del mundo se paralizaba, había recuperado.
La primera vez que lo hizo fue en unas circunstancias horribles. Tenía unos diez años y la habían sacado del colegio para vacunarla sin que supiera nada. "Como a las vacas" había dicho Rachel Jenkins. "Si no te comieras todos los pasteles de tu padre no hubiera hecho falta". Todo aquello le dio mucho miedo pero no menos que daban las inyecciones. Allí la iban a anestesiar. Cuando la tumbaron y vio aquel bisturí sabía que algo iba mal. Sintió que el bisturí entraba en su carne anestesiada un segundo antes de que fuera a quedarse dormida. Sólo fue un segundo de terror. Pero fue un segundo que ella prolongó catorce más. Todo se detuvo. El gas en la mascarilla. La enfermera. Aquel hombre que daba miedo. El cuchillo en su carne. Su primer instinto fue quitarse el cuchillo con sus manos gorditas y lo tiró contra el suelo. Su herida no sangraba puesto que los coágulos también estaban en pausa. Pero en ella encontró otra cosa que le acababan de meter: Un pequeño amuleto en forma de llave. Eva se lo guardó en el bolsillo de su vestido rosa que su madre había arreglado la noche anterior. Sintió la vibración y el dolor y luego el gas que la durmió cuando todo volvió a ponerse en movimiento, y ella quedó a merced de esos desaprensivos que habían tratado de implantarle algo sin que llegaran a saber que no lo habían conseguido.
Debieron cerrar la herida sin suponer nada porque cuando Eva se despertó sin recordar bien que había pasado, la llave en su bolsillo le hizo comprender que no había sido un sueño, pese a que ni sus profesores, ni sus padres, ni nadie, le volviera a hablar jamás del tema. Guardó esa llave en el cartel que daba a la entrada al restaurante de sus padres.
La segunda vez que usó su poder y entendió qué pasaba, fue cuando un coche estuvo a punto de atropellar a ella y a su padre que le iba dando collejas por haber descubierto que fumaba con doce años. Su padre tenía razón y ella nunca se hizo fumadora, pero en aquella época si pesabas más que el jugador de rugby de tu clase, había pocas formas de molar si no era echando mano al cigarro. "Papa, que solo fue uno-dijo en español como cuando quería despertar su ternura- y casi no tenía marihuana"
Cuando el coche se les vino encima Eva paró el tiempo de nuevo. Pudo empujar a su padre fuera. A ella. Incluso aprovechó para mirar alrededor la cara de los demás viandantes. En aquel entonces quince segundos parecían eternos.
Parar el tiempo era genial a la hora de jugar a los bolos, de coger algo de dinero extra, de poder ver a los chicos en las duchas... y hacer algún acto de caridad también a cambio de otras muchas fechorías. Pero a fuerza de copiar dejaba de estudiar y sus atajos poco a poco la convirtieron en una mala estudiantes. Eva pronto empezó a perder el hilo de lo que los chicos de su edad hacían. Ella estaba en otra película. Una de esas que se puede parar la cinta todas las veces que quieras y deleitarte con los detalles. Como High School Musical y Zac Efron.
Con los años se multiplicaban sus paradas. A veces había logrado que los 15 segundos durasen 20, pero otras no podía mantener la concentración más de 10 y aún no había logrado encadenar dos sin que sintiera que todo se distorsionaba en un horrible zumbido. Una de las veces que duró menos fue cuando supo que alguien estaba tratando de cazarla.
Fue una noche en una discoteca. Ella había parado todo para vengarse de quien se había reído de ella y tal vez para coger algún móvil, desabrochar una camisa... hacer algo para reírse un poco. Entonces vio una figura en la oscuridad. La señalaba. Iba encapuchada y en su mano gris deforme había un ojo abierto. Fue tan aterrador que perdió la concentración y todo volvió a iniciarse justo cuando estaba al lado de la criatura. Afortunadamente, la confusión y la gente le permitió escabullirse.
Vio mas veces a ese ser. Iba siempre acompañado de una mujer guapa que solía vestir de negro. El monstruo aparecía cada vez que usaba su poder. Debía activar algún rastro que la delataba. Pero nunca en el restaurante, ni en la casa donde vivían ella y su hermano y sus padres. Lo había comprobado estos años. Y había llegado a una conclusión hasta ella, que le encantaba devorar revistas y ver la televisión más que leer libros y que había decidido no ir a la universidad y ayudar en el restaurante.... Era la llave, el amuleto que intentaron incrustarla. La hacía invisible ante ese monstruo agazapado que la perseguía también en sus pesadillas desde hace mucho. El problema es que si lo portaba con ella tampoco podía usar el poder.
Era una elección difícil, dejar de parar la película a cambio de no estar perseguida por seres horripilantes. Si lo pensaba era como volver a ser normal, lo que hubiera pasado si aquel día hubieran podido completar la operación... Mientras pensaba que hacer con esto, con su vida, con su trabajo, con el vestido de la boda de su hermano este otoño, con el campeonato de bolos que también se le daba, con Norberto el de la gasolinera... seguiría dejando la llave en el restaurante y usar su poder lo menos posible.
Pero hace unos días alguien más empezó a buscarla. Esta vez no eran monstruos, sino hombres del gobierno o algo así, se decía. No les importaba el amuleto llave porque habían ido hasta el mismo restaurante a preguntar por ella.
"Vienen a por mí sin darse cuenta que el ET es el otro". La tercera vez que la persiguieron hasta un aparcamiento estuvo a punto de darse la vuelta y hablar con ellos pero entonces vio que tenían pistolas en las manos. Detuvo el tiempo y escapó.
- Otro hombre ha venido a buscarte, Eva, ¿qué líos te traes? Pero este era guapo, se parecía al James Bond ese, mira tú que si al final eres agente secreto explicaría tantas cosas de tu vida- río su madre- dice que vayas al 324 de Lexington Road mañana.
Eva no pensaba ir. No podían cazarla. ¿Quién era ahora este player 3 de esta partida donde ella era el bolo? Sentía que esa cinta que era su vida y que ella podía parar estaba llegando al final. Y por mucho que la ralentizara no podría impedir que acabara tarde o temprano. No podía rebobinar tampoco. Tenía que buscar otra solución.
Eva no fue aquella mañana al número. Dio un largo paseo por Central Park hasta asegurarse que la seguían. Estaba dispuesta a encararse con aquellos tipos del gobierno, pedir un abogado y enterarse de una vez por todas qué querían. Entonces, a plena luz del día, en una zona deshabitada el hombre del traje disparó contra ella.
Eva paró el tiempo. Pensó en correr. Pensó en que iba a dar otro final. Se giró y vio la bala. Suspendida. La cogió entre sus dedos, inocua sin velocidad... y la giró ciento ochenta grados. El tiempo volvió y la bala siguió el trayecto contrario hasta impactar en su atacante. Fue un ruido seco cuando el hombre cayó al suelo. Eva le registró sin acordarse que ahora el tiempo no estaba detenido. A veces le pasaba. Alguien gritó al ver al muerto. Ella pudo agarrar un sobre y salir corriendo como pudo. En el sobre había dos fotografías y una dirección. La que no era suya tenía un nombre "Kwanda Mballe" y un número de un apartamento en Queens. Debía ser otra víctima. Por fin podría tener respuestas. Cogió el primer taxi que pudo sin preocuparse qué dirían en su casa como encima le atribuyeran un crimen y se dirigió, sin pausa alguna, hacia allí.
He vuelto a releerlo para ver si eran mis hormonas. Pero no, son las tuyas ;)
Se habla de reírse, de pasárselo bien, de usar su poder sin complejos... Evidentemente no ha tenido una vida corriente ni está muy integrada, pero eso no quita un ápice a cómo se ha descrito el personaje y lo que puse en la biografía.
Es verdad que al centrarme sólo en el momento que se encuentra al monstruo y luego cuando tratan de cazarla, no es como para echarse risas. Ahí te describo lo asustada que está pero también lo valiente y echada para alante que es.
Tú estás describiendo a Lauri en un día marrón :D
Independientemente de las distintas visiones te animo a que la hagas más graciosa e inocente, menos resentida, que al final uno se mete en el rol mucho y nos afecta el estado de ánimo. Y así, además de ser más novedad, será más divertido.
Besos