Lumpy se estampó contra el suelo con el frenazo del tren. Al final Teodora sí que le había dado la lección al peluche sin corazón. Tanto que hasta se había caído del tren. Igual lo único que tenía de terrorífico era su aspecto. El elefantito se levantó y se alegró un poco al ver el trofeo de la Niña. Pero la alegría se le fue cuando vio Mugreburgo en el horizonte.
—Hay que buscar a Corazón Oscuro. ¡Él es quien sabe abrir los portales!
No había forma muñequil de que alguno de esos cangrejos se hiciera amigo suyo. ¿Quizá era cosa del idioma? ¿Debía expresarse en otros términos? ¿O tenía que arrancarse el corazón de peluche porque solo entendían a peluches sin corazón? Coso meditaba sobre ello mientras Quesito le daba palmaditas en el hombro deforme. Por fortuna, Coso era redondo y blando, podía rodar y no se hacía daño, cuestiones de diseño, supuso.
-Los cangrejos podían viajar por portales. Nosotros viajamos por portales. ¿Por qué no hablamos con los cangrejos antes de ir a un lugar peligroso? No sé, pregunto, ¿qué os parece? -tampoco esperaba que nadie lo escuchase. Salvo Quesito. El ratoncillo si lo escuchaba. Así que miró a Quesito esperando su respuesta.
Orejotas se frotó detrás de las orejas pensativa.
- El muñecangrejo que capturamos en la habitación nos dijo que ellos no hacían portales, que era Corazón Sombrío el que los creaba -respondió a Coso- Además, no creo que pudieran ayudarnos los muñecangrejos -señaló con una oreja hacia las vías donde se estampó uno y con la otra oreja señaló la caldera donde se achicharró el otro- ¡Pero no pasa nada! ¡Ese descorazonado ojibotón no puede ser el único!
Volvió a mirar a los pasajeros.
- ¿Alguien? ¿Portales? En casa tenemos cojines y almohadas para dormir y no estropear vuestro terciopelo, un techo para no empapar los rellenos, vamos ,vamos, seguro que sabéis cómo abrir portales -daba palmaditas con las patitas.
Los pasajeros se miraron entre sí y negaron con la cabeza, aunque parecían un poco esperanzados con la idea de volver con una Niña de nuevo, y cojines, y amor, pero era demasiado bonito como para creérselo.
Quesito movió las orejas y se rascó la cabeza.
—¿Corazón Oscuro? Uy, pues era ese peluche que esa osita tan valiente acaba de desrellenar. — indicó el ratoncito — Pero es verdad lo que dice Orejotas. Hay más peluches así. Si son ellos los que de verdad abren los portales, tal vez así podáis volver a casa.
»En Mugreburgo los hay, más grandes y más pequeños, de vez en cuando pasean por allí y asustan a los demás juguetes. Hay uno especialmente malo... un hipopótamo grandote. Tan grande como tú. —señaló la panza de Lumpy asintiendo. — También hay recolectores, que son esos cangrejos mećanicos. Y otras cosas que fabrica el Juguetero que también dan mucho miedo. ¡Parecen lobos!
Y si no os sirve nada de eso, en el mercado hay una bruja que dicen que te dice el futuro. Yo nunca he ido. Me da mucho miedo lo que me pueda decir... — le dio un escalofrío, pero se repuso enseguida —¿Queréis venir a mi casa? Tiene goteras y es pequeña, ¡pero nunca he tenido visita! Mugreburgo, si sabéis por donde ir, no es nada peligroso. —tranquilizó a Coso, aunque éste estaba la mar de tranquilo en realidad.
- Entiendo... - Comentó Teodora mientras se llevaba la mano a la boca pensativa.
En realidad no entendía casi nada. Aquel asunto de Mugreburgo y los portales la tenía algo desconcertada. Cómo Corazón Oscuro y los peluches de su calaña podía crear un agujero interdimensional que conectaba el cuarto de la Niña y aquel horrible lugar lleno de juguetes desmembrado, era todo un misterio para ella. Pero lo iba a descubrir y saldrían de allí.
- Tenemos que ir a ese horrible lugar. - Anunció. - Y tú, Quesito, vendrás con nosotros. Nos harás de guía. ¿Bien?
-Me encantaría ir a tu casa, Quesito -dijo Coso. Y lo decía de verdad, no había sido nunca invitado a casa de nadie y la idea le parecía fabulosa-. No importa si tiene goteras, podemos arreglarlas si quieres, igual que te arreglé el ojo.
Coso no tenía ni idea de fontanería y tampoco sabía lo que era la fontanería ni las goteras, pero ese conocimiento venía heredado, quizá, de algún fabricante de juguetes primigenio que había depostado todo ese conocimiento en su interior por motivos ignotos.
A Quesito le hizo muchísima ilusión que quisiérais ir a su casa. Dio unas palmaditas que, con sus manos de trapo, sonó como si chocasen dos calcetinitos llenos de lana.
—¡Qué bien! ¡Cuántas cosas sabes arreglar, Coso! ¡Pues vamos, yo seré vuestro guía, sí! Pero el camino es muy fácil. Sólo hay que seguir las vías del tren. Veréis que Mugreburgo es un poco sucia, pero no es tan horrible como parece. ¡Seguidme!
Saltó del tren y echó a andar alegremente junto a las vías.
—Lo que sí que es horrible es el bosque de Zarzaociosa. —comentó, parándose para ver si le seguíais — Allí sí que no os recomiendo nada de nada ir, ¿sabéis? El Juguetero lo ha infestado de lobos mecánicos que aúllan por la noche. Y, además, se dice que allí hay otra bruja, pero esa no es como la del mercado, que ya da bastante miedo, ¡sino mucho peor!
- ¿Veis? ¡Sabía que habría más creadores de portales!
Dio un brinco y aterrizó al lado del tren. Se subió a una de las vías y empezó a caminar dando pasitos el uno justo enfrente del otro, manteniendo el equilibrio con los brazos en cruz (y las orejas en cruz también).
- Lo de ver el futuro no es tan raaaa... aaaa... raro -dijo tambaleándose y haciendo contrapeso con las orejas- En el cuarto de la Niña hay una bola grandota de color negro que te lee el futuro cuando le preguntas cosas y la agitas. ¡Y no da nada de miedo! ¿Esas brujas también son creaciones del Juguetero?
el carrito que voló allá por la arbolada está medianamente operativo como para cargar y arrastrar el trofeo de Lanzamiento de huesos de aceituna? o algo similar?
el carrito que voló allá por la arbolada está medianamente operativo como para cargar y arrastrar el trofeo de Lanzamiento de huesos de aceituna? o algo similar?
Se hizo pedazos en el aterrizaje, pero podéis intentar arreglarlo, o buscar otro, o buscar un pogo para cada uno!
A Teodora no le convencía mucho la idea de ir a visitar la chabola de Quesito. Cierto era que aquel ratón de peluche se había mostrado amistoso desde que lo conocieron, pero más allá de eso, no le veía la utilidad a dicha visita. No obstante, todos parecía convencidos en que era una buena idea. Por una vez les haría caso. Al fin y al cabo, ese ratón de peluche era el único guía que tenían en aquel lugar y parecía conocer bastante bien la zona.
- Su pongo que podremos y hasta allí y descansar un rato... - Dijo sin creerselo demasiado.
Al fin y al cabo ella no necesitaba descansar. Era un juguete de peluche y los juguetes de peluche no se cansan. Su objetivo era claro, ahora que habían recuperado el trofeo de lanzamiento de huesos aceituna, debían encontrar el portal para regresar a casa de la niña. No había otro horizonte por delante de sus ojos. Si te habían caído a Mugreburgo, irían. Y si tienen que pasar por ese bosque malvado, pasarían. Después de todo lo que habían logrado juntos, podían afrontar cualquier otra cosa.
- Pero sólo un rato. - Advirtió. - No podemos despistarnos. Tenemos que volver cuanto antes con la niña. No puede despertarse y descubrir que el trofeo ya no está. Somos sus protectores y no podemos defraudarla. Ni a ella ni a la Senda. - Sentenció. - ¡Vamos! Con paso ligero...
A Lumpy no le gustaba la idea de ir a Mugreburgo, ¡pero el bosque de Zarzaociosa parecía mucho peor! ¡Lobos mecánicos! ¡Una bruja! No, no, no. No podían ir allí ni de broma.
—No podemos perder el tiempo ni descansar—dijo mientras se echaba el trofeo de la Niña al hombro con algo de convencimiento—. Sigamos por las vías del tren y busquemos a otro peluche que invoque portales.