Partida Rol por web

Fábulas de peluches 1 - La cama de niña mayor.

4. De vuelta a casa

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20/05/2026, 18:36
Narrador

En la habitación de la Niña, sobre la cama, una diminuta esfera dorada empezó a hacerse más y más grande, iluminando tenue la habitación. De pronto, con un silencioso destello, de la esfera salieron los cuatro peluches y cayeron rebotando sobre la mullida cama de la Niña. La luz dorada desapareció, y la habitación volvió a quedar a oscuras. Aunque los peluches vieron que no estaba oscuro del todo, pues entre las lamas de la persiana se empezaba a ver la claridad del amanecer.

La niña suspiró y dio un suave tirón de la mantita que casi le robaron para taparse, como si hubiera estado en un sueño inquieto y de pronto estuviera más tranquila.

—¡Por todas mis costuras! — exclamó el señor Parches cojeando hasta vosotros —¡Lo habéis conseguido! ¡Traéis el trofeo! ¡Bravo, mis peluches! ¡Sabía que lo conseguiríais!

En el baúl de los juguetes, el vaquero, el astronauta y todos los demás juguetes de la habitación lo celebraron.

—¡Rápido, ponedlo en su sitio! ¡Hace un rato que ha sonado el despertador de Papá y Mamá! — dijo señalando el reloj de la mesita de la Niña, con forma de gato — ¡Pronto vendrán a despertarla para llevarla al cole!— dijo cojeando de vuelta, sin percatarse de vuestras mutilaciones, o de que el guiñapo que había vuelto con vosotros no era Coso, sino Hipólito.

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21/05/2026, 19:12
Teodora

- Se está mejor en casa que en ningún sitio. - Pensó Teodora al ver de nuevo el cuerpo de la Niña.

Al verles regresar, el resto de juguetes no perdió tiempo en mostrar su alegría. Sobre todo porque volvían cargados con el trofeo robado. Ese trofeo era realmente importante para la Niña y por ende, también para todos y cada uno de ellos. El señor Parches fue el primero en hablar, dándoles las indicaciones precisas para recolocar el trofeo en  su sitio.

Sí... - Murmuró entre dientes, aunque en realidad no tenía ninguno. - ¡Vamos, vamos! - Les dijo a sus compañeros. - ¡Hipólito, carga con él y sígueme! 

Iniciaron la carrera contra reloj por llegar hasta el estante donde debería estar el trofeo; de donde nunca debería haber desaparecido. Lo colocarían eso sí, con la zona dañada mirando hacia la pared. Así, con un poco de suerte, los humanos no se darían cuenta de que faltaba un trozo. Sólo esperaba llegar a tiempo de hacerlo antes de que la Niña acabara de despertarse.

- Se está mejor en casa que en ningún sitio... - Repitió, ahora en voz baja.

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21/05/2026, 20:17
Lumpy

Lumpy suspiró aliviado cuando Mugreburgo desapareció para dar paso a la habitación de la Niña. ¡Habían vuelto! ¡Estaban en casa! ¡Y justo a tiempo para que nada malo pasara! Lumpy noto como el calor de su relleno ardía de gustirrinín al ver a la chiquilla dormir.

—Nada huele en el mundo mejor que esta habitación—dijo con alivio.

¡Pero no tenían tiempo que perder! Mientras Hipólito y Teodora colocaban el trofeo, Lumpy escondió su mazo, el sacacorchos de la osa de peluche y el arco de Orejita. ¡Volverían a necesitarlos para luchar contra Crépitus! Después miró a sus compañeros, por un instantes. Habían vuelto todos bastante ajados de Mugreburgo. El elefantito había oído historias de niños que maltrataban a sus juguetes y se estropeaban, pero ahora sabía la verdad. Los juguetes se estropeaban por culpa de Crépitus.

—¡Rápido! ¡Tenemos que ir a nuestras posiciones antes de que lleguen Papá y Mamá!

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21/05/2026, 20:33
Orejita

Orejita iba a saludar a todos los juguetes pero se abrazó a sí misma encorvando un poco la espalda. Pasó la patita por el agujero desgarrado donde antes estaba la majestuosa orejota. En Mugreburgo estaba tristona, sin embargo, ahora en la habitación y de vuelta a la tranquilidad se sintió... rota. No estropeada a nivel de la tela o del relleno, no, se sintió ''menos''. Ella era la coneja de grandes orejas que tanta gracia le hacían a la Niña y ahora...

Todo el intento de mantenerse firme delante de los habitantes de Mugreburgo, toda la adrenalina de mantenerse alerta, todo eso se derrumbó. Observó al Señor Parches y su cuerpo lleno de cicatrices de guerra, ojalá lo suyo se pudiese solucionar con un parche, pero no era el caso. 

 - Hipólito... escóndete hasta que pueda coserte. Ahora mismo herido y con un ojo colgando podrías asustar a la Niña... Y dale un abrazo al Señor Parches que aún no se ha dado cuenta de tu llegada.

Sus bracitos no servían para cargar el trofeo así que no ayudó en la tarea, se limitó a caminar cabizbaja hacia el baúl.

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22/05/2026, 21:26
Narrador

—¿Hipólito...?— murmuró el Señor Parches, petrificado ante la imagen harapienta y famélica del hipopótamo ayudando a Teodora a colocar de nuevo el trofeo en la estantería.

Una vez lo colocaron, Hipólito se giró hacia el Señor Parches, que seguía en el mismo sitio, mirándole con su único ojo, mientras los demás volváis a vuestros puestos, ignorando la sugerencia de Orejita de que se escondiera.

No es posible... ¡Te sacrificaste por mí! ¡Estabas... muerto!—exclamó el Señor Parches, señalándole aterrado.

Hipólito abrió la boca para responder, pero entonces se abrió la puerta. La luz entró, y todos los juguetes caisteis inertes al suelo, como si nunca hubierais estado vivos. Pero seguíais viendo, y escuchando.

Los papás entraron en la habitación, despertando delicadamente a la Niña. 

Ay mamá... he tenido un sueño muy raro...— dijo con voz medio dormida—Unas arañas raras me quisieron quitar la manta... y después...—se sentó en la cama, frotándose los ojos, y señaló al trofeo famoso—se llevaron eso...

Buscó a sus peluches, vosotros, por la cama y os achuchó, sonriendo.

—...pero ellos me cuidaron.

La vistieron y peinaron mientras ella, ya más despierta, contaba episodios inconexos de vuestra aventura en Mugreburgo. Los Papás sonreían sin prestar demasiada atención a las fantasías de su imaginativa hija.

—Vaya, qué peluches más valientes. Ven, que te hemos preparado tu pan tostado con mantequilla y mermelada de fresa, como a ti te gusta.—dijo el papá cogiéndola en brazos y sacándola de la habitación.

La mamá, antes de salir, se fijó en vosotros. Arrugó la nariz al veros tan sucios y malolientes. Buscó algo por la cama desecha. Miró bajo la cama, donde hubiera estado Coso. Nada.

—Vaya, primero pierde la bufanda de la osita, y ahora la oreja de esta... — murmuró para ella misma, chasqueando la lengua— Mira que le tengo dicho que no trate mal a sus juguetes... Y qué sucios están... — olfateó a Orejita y puso cara de asco, preguntándose por qué demonios olían a cubo de basura.

Suspirando, os cogió en brazos y os llevó a canasto de la ropa sucia. Pero a medio camino se paró en seco.

Hipólito estaba en medio de la alfombra, caído. En algún momento que nadie miraba se había acercado.

¿B... Barrigón?—lo recogió del suelo con delicadeza y lo miró incrédula, pero con un brillo de ilusión en los ojos.—Pensé que se perdió en la mudanza... ¿dónde estaría?

Y, desde los brazos de mamá, visteis el miedo en los ojos de botón del Señor Parches, inerte en la mesita, y cómo el hipopótamo, en brazos con vosotros, le seguía mirando fijamente con su ojo. El Señor Parches os miraba, como suplicando ayuda.

Qué viejo estás... te voy a arreglar, ya verás qué bien te quedas.— murmuró cariñosamente mientras lo miraba, fofo y destrozado—Pero primero, todos la lavadora, que estáis asquerosos.

La lavadora. El espantoso centrifugado y demás os esperaba, pero habíais cumplido vuestro deber, y no sólo eso, sino que habíais ayudado a los juguetes perdidos. El Señor Parches había tenido razón: ahora es cuando empezaba vuestro verdadero trabajo como guardianes de la Niña, pues algo os decía que Crépitus no olvidaría esta afrenta.

Pero estábais preparados.

Notas de juego

Pues con esto terminamos!! Si alguno quiere postear algo más, adelante!! Por mi parte, estamos :)

Al final me ha costado llevar un poco el ritmo, la condenada vida real, pero espero que hayáis disfrutado de llevar a los peluchetes de la Niña!! :)

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25/05/2026, 10:20
Teodora

La lavadora...  - Pensó Teodora nada más ser conducida hasta el cubo de ropa sucia. 

Ya habia estado allí en otra ocasión. Era un artefacto terrible. El agua y el jabón les empapaba por completo y el mareo era considerable. La parte positiva era que una vez acabase aquella tortura, olerían mucho mejor y la Niña los abrazaría con fuerza, lo cual hacía que todo valiera la pena.

Crépitus no se va a detener ante nada... - Se dijo a si misma. - La Senda, solo acaba de comenzar... - Sentenció a la vez que fruncía el ceño de botón de su rostro de peluche. - ¡Allí estaremos nosotros para frustrar sus planes!

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25/05/2026, 17:07
Orejita

El achuchón de la Niña a despertar le había quitado todos los males. Aún les quedaba trabajo pero si permanecían juntos sabía que nada malo podía pasar. Seguía preocupada por su ausencia orejil, por el destino de Mugreburgo, por la protección de la Niña, pero ese ratito de relax le hizo olvidarse de todo lo malo. ¿Lavadora? Pues lavadora, todo lo que sirviera para estar junto a Ella, todo era bienvenido.

Solo tenía que hacer una cosa: ya fuera dentro del cubo o dentro de la máquina giratoria de agua jabonosa, solo necesitaba sujetar con fuerza las patitas de los peluches protectores para sentirse también a salvo.

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25/05/2026, 17:58
Lumpy

Lumpy sintió ese calor en el relleno cuando la Niña lo abrazó. Pero también se preocupó. Estaba sucio y habían andado entre basura allí en Mugreburgo. ¿Y si se ponía enferma? Por eso el elefantito de peluche se sintió aliviado cuando la madre les dijo que los metería en la lavadora.

Sí, al principio el relleno era pesado con toda esa agua. Pero cuando se quedaban sequitos. ¡Estaban limpios, olían requetebien y tenían cero microbios!

¡Era hasta mejor que estar nuevos!