La luz se apagó, quedando la habitación de la pequeña en penumbra, sólo iluminada por la pequeña lucecita con forma de estrella en un rincón. Papá y Mamá observaron a su pequeña, bien arropadita en su cama nueva, y salieron de la habitación, cerrando suavemente la puerta. La Niña se movió inquieta. Habíais visto que estaba nerviosa y emocionada por dormir por primera vez en su cama nueva. Pero el cumpleaños de su amiga aquella tarde la había dejado agotada, y de modo que debería quedarse dormida pronto abrazada a su peluche favorito de todos: Teodora.
Ella quería mucho a todos sus peluches, pero Teodora había sido la elegida para dormir en su cama todas las noches. Eso, sin duda, era un gran honor y una enorme responsabilidad para cualquier peluche.
La respiración de Ella se volvió más pausada cuando se quedó profundamente dormida, y vuestros cuerpos de peluche empezaron a desperezarse.
—Cama nueva... Peligros nuevos. — dijo con pesadumbre una voz ajada por los años.
Era el Señor Parches, un viejo y desgastado peluche hecho a partir de un calcetín de rayas y retales de otras telas que sirvió a Mamá en su juventud, y que luego pasó a servir a Ella. Se sacó la aguja que un adulto irresponsable había dejado atravesando su cabeza para sujetarle el gorrito, se levantó con esfuerzo de donde solía descansar sus viejas costuras, junto a la lamparita de unicornio, pasó a la cama, caminando sobre la colcha de lunas y estrellas arrastrando una pierna de trapo y usando la aguja de bastón. Llevaba una capita roja que ondeaba tras él, vestigio de su gloria pasada.
—Venid, mis valientes peluches. — os convocó sentándose en el centro de la cama nueva, como un abuelo que va a contar una historia a sus nietos. El Señor Parches era muy dado a contar batallitas de su juventud, pero esa noche, en sus ojos de botón de aparejados veíais que se trataba de algo especialmente grave— Sentaos cerca, pues lo que os tengo que contar esta noche es muy importante, y tiene mucho que ver con cómo me hice el descosido de la pierna...— explicó sentándose y utilizando sus manos sin dedos para acomodarse la pierna malherida hace muchos años.
»Hace muchos, muchos años, cuando yo era un peluche de calcetín joven y atlético, estaba al servicio de Mamá... Aunque entonces no era Mamá, claro. ¿Sabéis? Mamá era Ella, pero al nacer Ella, o sea, vuestra Ella, mi Ella pasó a ser Mamá, por lo que automáticamente dejó de ser Ella y...— al mirar vuestras expresiones se dió cuenta de que estaba desvariando y carraspeó — Ejem, digo que, cuando una Niña... o Niño, da igual, porque... Em, ¡demonios! Lo que digo es que cuando una Niña crece, sus miedos lo hacen con Ella. Sí, sí, como os lo digo. Terrores nocturnos, miedo a los monstruos bajo la cama, a la oscuridad, las pesadillas, cuando mojan la cama... — su mirada se convirtió por un momento en la mirada de botón de las mil yardas.
Y no era para menos. Lo de mojar la cama cuando pillaba a un peluche cerca era espantoso. El pipí llegaba hasta el mismísimo relleno, y luego lo metían a uno en la lavadora con temperatura y el centrifugado alto. Se le pasó el flashback repentino con un escalofrío y continuó con toda grave solemnidad.
—Pues todas esas cosas tan espantosas no son porque sí, qué va. Detrás de cada una de ellas hay una mano negra que las provoca. Un ser malvado y retorcido que, con ayuda de sus esbirros, se alimenta del miedo de los Niños y bebe las lágrimas de sus llantos. Un ser que se apodera de sus sueños y los retuerce para... para... — le costaba encontrar las palabras y pareció que le iba a dar un desvanecimiento o un arranque de llanto, era difícil saber—¡para convertirlos en cosas horribles! Sí, es justo el que estáis pensando, y no es otro que...
El veterano peluche hizo una pausa dramática, mirando alternativamente a los muñecos que habíais subido a la cama y estabais en torno a él.
—"Crépitus".— dijo finalmente en un susurro siniestro, alzando sus bracitos de trapo de forma teatral, sin duda esperando algún tipo de reacción por vuestra parte.
Mamá y Papá observaron a la pequeña mientras trepaba a su nueva cama de niña mayor. Era una cama muy bonita, blanca y con dibujos de unicornios aquí y allá. Había llegado en una gran caja de cartón cuando ella estaba en el cole, y habían pasado toda la tarde montándola. Cuando desmontaron su cuna y la subieron al desván, la niña sintió un poco de tristeza. Pero ya era una niña mayor, y esa era la cama de una niña mayor.
La arroparon con su mantita roja favorita, le dieron un beso de buenas noches, apagaron la lamparita de unicornio y salieron de la habitación dejando la puerta entreabierta. Sólo se escuchaba el reloj con forma de gato.
Tic-tac...
La respiración de la niña se fue relajando, y las luces de la casa se fueron apagando, quedando en silencio.
Tic-tac...
Lumpy se asomó por el borde, y lo que vio no le hizo ni chispa de gracia. Blandiendo su abrelatas heroicamente, Teodora se había lanzado a la carga contra las tres abominaciones mecánicas. Sus palabras y su ejemplo llenaron de determinación el relleno de sus amigos, incluso el de Lumpy, al tiempo que atizaba a uno de ellos en la cabeza de goma de muñeca y lo volcaba panza arriba. Otro cangrejo fue a agarrar a Teodora, y Lumpy contuvo la respiración aunque no respirase, pero la Osita lo esquivó agachándose a tiempo, y el elefante pudo volver a hiperventilar.
El viejo Señor Parches se sumó a la reyerta dando agujazos por aquí y por allá. Pero los años de gloria del veterano peluche estaban ya muy lejos, y el líder de los cangrejos mecánicos, el de la cabeza de osito, le dio un tijeretazo que lo abrió en canal. El viejo hombre-calcetín cayó con un grito, y su relleno se desparramó sobre la alfombra.
Desde su parapeto, el horrorizado Lumpy vio también a Coso, que observaba perplejo aquel despliegue de violencia, y a Orejotas también. La manta se iba como por un sumidero de energía.
Es el turno aún de Coso y de Orejotas, pero al final tenía un momento y he resuelto a Teodora, para que se pueda aplicar su ventaja.
Peluches:
- Teodora: carga y arenga a los demás peluches. Golpea a uno y le da la vuelta dejándolo fuera de combate.
- Lumpy (envalentonado por Teodora: +1d de ventaja en su próxima tirada.). Se asoma asustado y ve la pelea y que la manta se va. Nadie le ha visto.
- Coso (envalentonado por Teodora: +1d de ventaja en su próxima tirada).
- Orejotas (envalentonado por Teodora: +1d de ventaja en su próxima tirada)
detalles:
trofeo estropeado (esquirla)
Oreja de orejotas no está
Bufanda de Teodora.
Coso (ahora le ve)
Hipólito (sorpresa para la madre).