Partida Rol por web

Fábulas de peluches 1 - La cama de niña mayor.

3. Mugreburgo

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27/05/2026, 22:50
Quesito con dos ojos

Quesito se despertó sobresaltado. Con ayuda de los juguetes lo habías llevado a casa y tumbado en la cajita de cerillas que hacía de cama.

¡Socorro! ¿Dónde estoy?—preguntó con su voz de pito, y al verte se relajó.—Ay, Coso, qué susto he pasado. He soñado que iniciábamos una revolución contra Crépitus y sus esbirros, intentando derrocarle para destruir este sistema e instaurar el gobierno todos los juguetes, que busque lo mejor para todos, que todos compartiésemos las cosas y que no hubiera represión, sino que el orden espontáneo llegara a través del respeto y la cooperación. — te dijo dejándose caer en el camastro.

Sonreía tranquilo ahora.

Por suerte todo fue un sueño, y mañana podremos volver a rebuscar en la basura y esperar que no nos maltraten mucho, ¿verdad? Me alegro tanyo que te hayas decidido quedar en mi casa. ¡Lo vamos a pasar en grande!—dijo incorporándose de nuevo, muy animado.

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28/05/2026, 10:09
Coso

Coso estaba todavía reflexionando acerca de lo sucedido, intentando entender cómo se sentía ahora que estaba solo de verdad, sin los demás juguetes hiperacctivos que hacían las cosas demasiado rápido para alguien tan tranquilo como él. Había estado curioseando la casa de Quesito mientras este se recuperaba: había metido la mano en una gota de pintura en el tubo de un cuentagotas que hacía las veces de lámpara de lava y ahora tenía el muñón de color naranja, había intentado sacar una astilla de la pared y había derrumbado un estante; en fin, cosas de ese tipo. Suerte que Quesito se había despertado o habría tirado la casa encima de los dos. 

Escuchó a su amigo con atención y comprendió que aún estaba en shock. Le dio un golpecito en la cabeza con el muñón lleno de pintura y le dejó un manchurrón naranja en la frente. 

-Actually En realidad, todo lo que has soñado ha pasado de verdad. Mis amigos se han ido a llevarle el trofeo a la Niña pero yo he decidido quedarme a luchar por vosotros -dijo, sin comprender ni por un instante el alcance de semejante propósito-. Lucharemos contra el gobierno de Crépitus hasta que caiga y luego levantaremos nuestro propio reino, donde no habrá líderes y todos viviremos en armonía. Pero para empezar con tal propósito, necesitamos un lugar de reunión y buscar a juguetes valientes y fuertes con los que luchar. Una guerra no se gana con paz cuando la otra parte no está dispuesta a dialogar. O algo así era.   

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30/05/2026, 13:31
Quesito con dos ojos

La sonrisa de Quesito se fue diluyendo conforme le explicabas, y casi volvió a tener un vahído, pero por suerte se recuperó. Coso estaba muy entusiasmado con la idea, pero incluso Quesito, que era alegre y optimista hasta el fin, veía que aquella era una gesta increíblemente grande.

Se sujetó a Coso, más para no caerse desmayado. Hubiera estado pálido si no fuese un ratón de trapo. Se rascó la frente, allí donde habías dejado el pegote de pintura.

Ay... Esto es gordo.— dijo, muy preocupado— A ver... Pensemos. Aquí no puede ser. ¡Mira mi puerta! Es un trapo... Hay que irse de aquí. Donde no nos encuentren. ¡Ya sé! ¡El bosque! Es un poco peligroso, pero allí no suele acercarse nadie. ¡Es el sitio perfecto!

Saltó de la camita. Le temblaban las patitas.

La verdad es que esto me da mucho miedo, pero contigo cerca me siento más valiente. ¡Por eso eres mi mejor amigo! ¡Vamos!—  antes de salir se detuvo a mirar el dibujo de él con su dueño.—Cuando derroquemos a Crépitus, ¿me ayudarás a buscar a mi dueño?

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30/05/2026, 18:50
Coso

-Por supuesto, Quesito -dijo Coso sin vacilar y se golpeó un muñón con el otro, como si se diera una palmada en la mano con un puñito para dar más énfasis a sus palabras-. Te ayudaré a encontrar a tu dueño. Es más, ¿qué te parece si le buscamos ahora mismo? -le concedió-. Derrocar un imperio lleva su tiempo, si no te sientes seguro, podemos buscar a tu dueño, te quedas con él y yo me quedaré aquí. 

Le puso una mano en el hombrito. 

-¿Qué es lo que quieres hacer, Quesito? 

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30/05/2026, 21:28
Quesito con dos ojos

Quesito se emocionó, y hubiera llorado si no hubiera tenido ojos de botón (uno de los cuales lo encontraste tú, y casaba bastante bien con el otro que ya tenía).

Oh, yo...—se retorció las patitas, nervioso.—¿Lo harías de verdad, por mí? Siempre... siempre puedo volver a ayudarte, como tus amigos, ¿verdad? ¡Claro que sí! ¡Así lo haré! ¡Te lo prometo, mejor amigo!

Rápidamente y sin perder un sólo segundo, se puso a recoger algunas cosas por allí como si hiciera su equipaje para un viaje, pero luego soltó todo y lo que hizo fue coger el dibujo de él con su dueño.

Volvió a tu lado, con el dibujo apretado con fuerza contra su pechito, dando saltitos de alegría, nerviosísimo.

¡Estoy listo, Coso! —te dijo con su vocecita temblando de emoción 

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31/05/2026, 10:59
Coso

Coso se sentía contento de hacer feliz a Quesito. Sentía algo cálido en el relleno cuando otros se sentía felices gracias a sus acciones y decidió que eso era bueno. 

-Muy bien, Quesito. ¡Vamos! ¡Piensa muy fuerte en tu dueño!

Por aquí o por allí, Quesito será feliz
Con un poco de azúcar, todo sabe mejor
Abrid las puertas, que vamos

Notas de juego

Con la magia de la bruja intento abrir un portal a algún lugar cerca de la casa del dueño xD

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02/06/2026, 21:04
Quesito con dos ojos

Al pronunciar las últimas sílabas notaste que vuestros cuerpos de trapo se volvieron ingrávidos y empezasteis a flotar entre un remolino de estrellitas diminutas. Luego girasteis y girasteis muy rápido, y todo se volvió borroso. Apretaste muy fuerte la patita de Quesito, que gritaba algo, agarrado con la otra pata a su dibujo.

Entonces caisteis al suelo, y ya no estabais en Mugreburgo, aunque se le parecía bastante, y olía igual. Cuando miraste alrededor, viste que todo era muy grande. Como Mugreburgo, pero grandísimo todo. Eran casas de cemento gigantescas que se perdían en el cielo nocturno. Larguísimos palos a ambos lados de la calle alumbraban la calle con una luz naranja que tenían en la punta, y extraños carros de colores, cerrados y con cuatro ruedas negras, estaban colocados en hilera a ambos lados de la calle llena de charcos. La parte central, por cierto, era ancha y estaba desierta. Rarísimo.

Quesito te abrazó, asustado. Estabais al lado de unos enormes contenedores de basura, rodeados de bolsas que olían al vertedero de Mugreburgo.

¡Ay, Coso! ¿Dónde estamos? ¡Esta no es la habitación de mi dueño! ¡Tengo miedo!

Un hombre parecido a Papa de la Niña atravesó la calle con una bolsa de basura en casa mano, e iba hacia vosotros pesadamente sin percatarse de vuestra presencia. Tenía cara de cansado, y pelos en las mejillas y en la barbilla y en el bigote, pero tus ojos vieron algo raro en él. Algún detalle que, sin saber bien por qué, te recordaba al niño del dibujo que tenía Quesito arrugado contra su pecho tembloroso.

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03/06/2026, 14:30
Coso

Sin pensarlo mucho, lo cuál era decir sobre el pequeño Coso, que era de reacción lenta y extremadamente reflexivo, echó a correr en pos del hombre.

-Vamos Quesito, ¡¡¡vamos a casa!!!

Tenía una intuición. Coso no sabía qué era una intuición, pero algo le decía en el relleno interior que todo iba a salir bien. Con Quesito agarrado del brazito y el dibujo aleteando tras ellos como una bandera en lo alto de un barco, corrió hacia los cubos de basura. 

Desplegar las alas al viento,
dejar el suelo y el suelo dejar,
ser solo un suspiro en el firmamento,
y el mundo, por fin, contemplar

Con los últimos restos de magia, se teleportó con Quesito a la tapa del cubo de basura antes de que el humano llegara para tirar la basura y se colocó como casualmente allí. 

-Sé fuerte, Quesito. Todo va a salir bien, ¡¡estoy contigo!!

Notas de juego

No sé si me queda magia. Lo gasto todo, vaya, aunque pierda otro rasgo lo sacrifico por Quesito. 

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04/06/2026, 12:02
Quesito con dos ojos

Quesito se te abrazó muy fuerte, aun sin comprender qué es lo que ibas a hacer. pero confiando plenamente en ti. En lo que duró un parpadeo, ambos aparecisteis sobre la tapa del cubo de la basura, bien a la vista. Luego colocaste a Quesito y luego te colocaste tú, tumbado sobre tu espalda. Tus brazos y patitas eran tan cortos que colgaban sin tocar la tapa del cubo. Quesito alargó una de sus patas y agarró la tuya y esperasteis.

Mientras esperabas, te percataste de la sensación un poco rara, como de vacío. Un vacío frío y raro. Quizás la magia de Lamunda se te hubiera acabado. Reflexionabas sobre esto, una sombra se cernió sobre vosotros. El sonido de arrastrar las zapatillas se detuvo. Las bolsas de basura que llevaba se le cayeron de las manos con un golpe sordo.

—No es posible...— se escuchó al hombre murmurar.

Una mano de gigante se acercó lenta y temblorosa a Quesito y lo cogió con cuidado, como si fuera a romperse. Quesito, inerte a causa de ese instinto extraño que tienen los juguetes al ser observados por los humanos, todavía te agarraba la pata, y te arrastró también por los aires. Pero ninguno de los dos teníais dedos que entrelazar, de modo que al levantar al ratón, tu pata se escurrió y caíste sobre la tapadera metálica del cubo. Tu cuerpo vagamente redondo se deslizó por la superficie de la tapa y caiste con un "plof" sobre una bolsa de plastico blanda que había entre los cubos de basura.

Desde allí, viste al hombre sostener a Quesito frente a él. Aunque a contraluz por la luz de la farola, reconociste la expresión del hombre en el dibujo de Quesito.

—¿Quesito? — dijo el hombro ahogando un sollozo. Le pasó el pulgar adulto por la mancha de pintura naranja que tenía en la frente con delicadeza — ¿Cómo es posible? Te busqué por todo el parque, por los columpios...

Te pareció que al hombre debía habérsele metido algo en el ojo, porque se rascaba y le lagrimeaba. Entonces se dio la vuelta, olvidando las bolsas de basura, sin saber de tu existencia, y volvió a su portal abrazando a su viejo ratón de trapo. Ya no arrastraba los pies ni parecía un adulto cansado. De hecho, andaba dando saltitos.

Y mientras se alejaban, viste por última vez a Quesito. Había apoyado la cabecita en el hombro de su dueño y te sonreía con una patita estirada hacia ti, inmensamente agradecido y feliz de haber vuelto a casa.

La puerta se cerró y te quedaste solo en el callejón, escondido entre los cubos de basura. Notabas que la magia de Lamunda se había ido, sí, pero el interior de tu pecho estaba muy, muy calentito. Te vinieron a la mente los juguetes perdidos de Mugreburgo. ¿Tendrían todos un dueño que los recordara así? Y hablando de Mugreburgo, ¿cómo podrías volver sin la magia de la muñeca?

Sin duda, era algo sobre lo que podrías reflexionar profundamente...


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