Sulma trataba de recuperar el aliento tras el combate. Estar tan cerca de los enemigos era peligroso y le resultaba sofocante, debía tener más cuidado en adelante y leer mejor el campo de batalla. Observó de nuevo hacia la niebla, tratando de ver si algo más se acercaba.
La artífice tomó una buena cantidad de agua, mientras que Wukee obedecía y volvía a preparar el arma de asedio.
-Gracias, Alif, pero creo que debería ser más cuidadosa en adelante... Eso ha estado cerca. Demasiado cerca- Respondió al clérigo. A pesar de todos sus artefactos y capacidades defensivas, la habían alcanzado con demasiada facilidad.
El lugar en el que aquella cosa le había alcanzado parecía estar congelándose, como si aquel espectro le hubiese arrancado un pedacito del alma con aquel golpe.
Antes de que el muchacho marchase, Sulma le habló. -¿Cómo está la situación en los otros frentes? ¿La comandante nos honrará con su presencia de nuevo?- Preguntó.
El muchacho no se demoró, no trajo un segundo barril consigo pero si trajo barias botas de vino de piel colgando bajo su brazo.
-Lady Mara estaba ocupada, lo he temado sin permiso, no me delaten.-
Le entregó uno a Ameria que sabía que quería y luego fue ofreciendo al resto con especial temor en Brakar y Ulrika. También se distrajo admirando a Wu, lejos de entender que era y como funcionaba pero maravillado de que una estatua de metal pudiera moverse.
Los que se quieran hidratar un poco que lo digan, asi como cualquier otro tema antes de la siguiente escena.
El dracónido se sentía algo avergonzado por no haber podido ayudar más en esta oleada. Girandose hacía Ameria, quien le preguntó anteriormente.
-Si, no se que me ha pasado, el ataque espectral me aturdió más de lo que esperaba. Lamento mucho no haber podido ser de más ayuda. Espero poder está mejor para la próxima oleada. Será mejor que descanse un poco.-
El paladín miró a su alrededor y algo le resultaba raro. Está oeada le había parecido demasiado corta ¿Acaso el enemigo les estaba tomando la medida?¿Tan solo los estaban distrayendo para que nos desgastaramos, nos confiaramos y malgastasemos nuestras mejores cartas?
Se acercó a sus compañeros y trató de compratir sus preocupaciones.
-Disculpad pero ¿No os ha parecido demasiado sencillo y corto este ataque? Y eso que yo no he estado a pleno rendimiento tras ese golpe pero, me ha dado la sensación de que de momento tan solo están tratando de que usemos nuestras mejores armas para que no podamos defendernos cuando de verdad nos envien a sus élites. Es tan solo un pálpito, pero no se si os pasa a vosotros también.-
Disculpas a todos por no haber estado muy activo en esta ronda, pero tuve una semana de locos entre el trabajo y la casa que me están haciendo obras. Espero estar mejor para la próxima.
—¿Pero se imaginan cómo podría brillar desde ahí? ¡Y lo fuertes que se escucharían mis plegarias! —respondió al clérigo de Yelmo sin perder su peculiar actitud. Al fin y al cabo, pese a que sus respectivas deidades solicitaban servicios muy distintos, llegado el momento de ayudar a los necesitados ambos eran más similares de lo que parecía: eso se podía ver a través de los hechos y del trato a los soldados. Nunca sobrarían las antorchas en la noche oscura.
—¡Por eso yo soy quien más debería beber, en todo caso! —añadió para luego soltar una carcajada juguetona.
— Yo no vi ni escuché nada —le dijo de forma cómplice al sirviente al momento de tomar el vino y, como quizás era de esperarse, Ameria no tardó mucho más en zamparse un buen trago.
—¡Beban, soldados, que esto es sangre!
A pesar del jolgorio que ella misma estaba intentando impulsar, las palabras de Brakar y su preocupación no le pasaron desapercibidas.
—No es para menos, Sir. Otros menos preparados quizás habrían necesitado atención inmediata. Resistir y brillar es suficiente cuando la oscuridad amenaza con tragarse a la esperanza… pero lo entiendo. Alguien que lucha por la fe quiere enaltecerla lo más posible —dicho eso, ignorando si aceptaría o no, la mestiza le ofreció al dracónido un trago de la bota que tenía en la mano. Nada perdía con intentar curar un poco de sus penas con alcohol, o al menos eso pensó ella.
Claro que al escuchar lo que dijo después, ni la pelirroja pudo evitar ponerse un poco más seria.
—Bueno, nada dice que no tengan de su lado más de esas cosas azules tan peligrosa… o algo incluso peor. Quizás podríamos coordinar una nueva estrategia para que no nos dividan tan fácilmente y aprovechar todavía más los recursos como el rayo de Alif, la puntería de Sulma y la oscuridad de Ulrika… —propuso, y es que si bien tenía experiencia en el campo de batalla, en casos así siempre era importante escuchar diversas opiniones.
¡Ya verás que sí, Brakar!
Alif esbozó una disimulada sonrisa y negó con la cabeza mientras remendaba a un soldado herido. Las palabras de la muchacha eran realmente una refrescante cantaleta en tal terrorífico infierno. Ella no decía estupideces, no hablaba de más, el sacerdote había notado que aquel discurso tan ligero y jocoso era, en realidad, una forma de rezar.
¿Le parecía apropiado? Bueno, no tanto para Yelmo, pero ella no era devota del Vigilante y, mientras no hiciera ningún mal, el no tendría problemas. Esperaba que aquello sirviera a la tropa, por lo que hizo una silenciosa plegaria para que Ameria fuera dotada de una lengua de plata, al menos lo suficiente como para proteger el espíritu de la tropa.
Y todo era bienvenido al enfrentarse a esos pulgosos nigromantes.
Al terminar se reunió con Brakar y Ameria, cerca de donde Sulma bebía agua. La estudió de arriba a abajo, una situación similar a la que, se imaginaba, Sulma generaba con otros, pero siendo ella la que estudiaba -¿Segura que no precisás de atención médica?- soltó con una inflexión que delataba su origen.
Él quería escuchar la discusión sobre táctica. El prejuicio, evidente para Alif mismo, de que Brakar debía saber de aquello lo llevó a mirar al dracónico, espectante de un gran plan militar. Porque siendo un mamotreto, escamoso y enorme en armadura ¿Quién podría evitar dicho prejuicio?
*Nota: yo adoro la discusión estratégica y táctica, incluso si es meramente narrativa.
¿Cómo está la situación en los otros frentes? ¿La comandante nos honrará con su presencia de nuevo?
Los otros lados están bien, no tan bien como ustedes, hay heridos y también muertos pero muy pocos. Seguimos teniendo hombres para defender este lugar.
No tengo ni idea de lo que la comandante hará, yo solo soy un mozo.
-Se sintió un poco desilusionado, no tubo tapujos en mostrarlo, pensó que su trabajo sería mejor recibido y que la gente tendría sed. Como fuera, su labor ahí había terminado y debía seguir con otros menesteres.
-¡Muchacho!- espetó el clérigo al verlo pasar nuevamente a su lado, tras escuchar la decepción en su voz. Él no era tan agraciado como Ameria a la hora a la hora de encender el fuego de la moral en ajenos corazones, más no olvidaría jamás el relato que un sacerdote de otra nación le había enseñado una vez, cuando el camino de ambos se había cruzado por unos meses.
El sacerdote, un devoto de Ilmater el Sufriente que se afeitaba la cabeza y que había renunciado a su nombre hasta "ser digno", le había narrado cuentos y fábulas de lo más inspiradoras. Sus palabras, al igual que las de la religiosa elfa, portaban una sabiduría universal que excedía los dogmas y la cultura.
-¿Cuál es tu nombre?- le consultó en un tono más personal y discreto -necesito saberlo porque te tengo que solicitar asistencia, no dar una orden, dado que no soy tu superior. En éste lugar estamos aportando en conjunto, resistiendo a los muertos. Entonces, por lo que a mí respecta, le hablo a un igual- argumentó.
-En los aposentos que nos han conferido se encuentra mi bastón, es un cayado muy bonito, ideal para caminar y con grabados simples. Buena madera, aunque nada excepcional. No vas a tener dificultad en hallarlo- le dió tiempo en una corta pausa para ver si el mozo captaba la información -preciso que me lo traigas, joven, puesto que lo necesito. Sé que tus piernas son rápidas y tu comprensión corre a la par ¿Puedo contar con vos, [inserte nombre del mozo]?-.
Tras decir aquello, volvió su atención a sus sacros compañeros*.
*Nota: ya depende del narrador si el chicuelo hace caso o al menos llega a cumplir con lo encargado.
PD: quiero compartir que ADORO este roleplay de "prepararse para la siguiente ola".
El muchacho dijo no saber, pero era probable que la comandante hiciese acto de presencia. Al fin y al cabo, era su deber asegurarse de que todo marchase en orden y coordinar los distintos frente. La confianza estaba bien, pero confiarse de más, más aún tratándose de un grupo de desconocidos ajenos al ejercito o una milicia, sería negligente por su parte. Y no tenía pinta de serlo. La artífice tenía su informe listo, en cualquier caso.
-Gracias, chico.-
Sin más, y a la vista de que no parecían avanzar más enemigos, Sulma dirigió nuevamente su atención sobre su flamante trebuchet, deseosa de continuar implantándole mejoras para incrementar su eficiencia.*
*¿Opciones, master?
El chico dio un leve respingo cuando lo llamaron. Estaba nervioso… aunque, en realidad, ¿quién no lo estaría rodeado de muerte por todas partes?
—Me llamo Arno. Sir.
Ante la petición del bastón y los detalles que le exigieron, el muchacho no pudo hacer otra cosa que asentir con vehemencia, moviendo la cabeza más de lo necesario. Cuando quedó claro que no le pedirían nada más, se retiró. Esta vez avanzó con mayor cautela, vigilando cada paso para no precipitarse al vacío.
Tardaría un poco más en encontrarlo que en completar el trayecto de ida y vuelta, pero su juventud jugaba a su favor y se movía con agilidad. Pronto lo perdieron de vista al internarse en el edificio principal.
*No te va a dar tiempo
El paladín estuvo pensativo, recreando en su mente posibles ataque que podrían sufrir y como afrontarlos. Rememoró viejos combates contra no muertos y enemigos similares, tratando de visualizar en su mente los untos flacos.
Luego sacudió la cabeza, de poco le servía aquello realmente. Apenas conocía nada del vasto mundo como para saber que es lo que podría venir contra ellos. Por lo que trató de buscar algo de comer y refrescarse, descansar lo máximo posible y confraternidad con sus recientes compañeros.
-¿Y para vosotros este es vuestro primer asedio? En mi caso esta sería mi segunda ocasión. Aunque la primera fue a mucha menor escala que esta, yo apenas era un joven aventureros, inexperto, por suerte tuve buenos compañeros con mas experiencia que yo y todo salió bien. Tuvimos que defender un pequeño poblado de una esquema horda de salvajes que estaban asomando la zona.-
Brakar quedó en silencio, esperando la respuesta de quien quisiera abrirse y probar a unir lazos de camaderia.