-Supongo que a Teseo se le debió aflojar algo tras la batalla. Cumplió con creces su objetivo, solo espero que no hiera algún inocente ahora que es "libre". -Respondió tras apartar la mirada de uno de los trabajos de Volkan, observando con preocupación a Geppe.
-Visto el trabajo que aún tiene acumulado imagino que no nos acompañará. Sería un espectáculo verle trabajar sin limitaciones. -Y fue recogiendo los objetos rotos del suelo para dejarlos en un rincón en donde no molestara el trabajo del herrero. -Si pudiera darnos un par de consejos o unas clases privadas para mejorar nuestras modestas habilidades, se lo agradeceríamos.
—No sé si tras la batalla, pero antes de ella, seguro. El aparato estaba en la mesa donde lo dejaron y de repente se paró e hizo todo aquel desastre... Pero bueno, no vale la pena llorar sobre la leche derramada.
Volkan se acarició la barba, pensativo, durante un momento.
—Bueno, el mejor maestro es la experiencia, pero si es cierto que un buen material de aprendizaje ayuda. Y nada me gustaría más que ver al Señor de las Tormentas transformarse en el Señor de los Temblequeos... Haremos esto, si realmente van en serio y pretenden recuperar la forja, me mudaré allí y haré los trabajos que necesiten, al menos hasta que estalle el conflicto y tenga que volver a defender Estoria. La ciudad podrá aguantar con un par de cacerolas y clavos menos, si las está cambiando por armas de primera a su servicio.
En verdad se sorprendió de que el maestro Volkan fuera tan solícito. Había puesto reparos cuando le pidieron ayuda en mejorar sus armas pero no en trasladar su trabajo a otro taller. Sus palabras habían tenido un efecto inesperado, pero no lo lamentaba.
-¿Lo decís en serio? Vaya, eso es... ¡una fantástica noticia! En verdad nos sería de gran ayuda. -Dijo, esperando que el resto de compañeros corroboraran sus palabras.
-Creo que deberíamos aprovechar esta oportunidad y empezar por despejar el camino para que maese Volkar pueda trasladarse ¿O ustedes que opinan?
Geppe barajaba diversas opciones para herir el orgullo del dios lo justo para incitarle a querer ayudarles con la forja, aunque solo fuera para demostrarles “como se hacían las cosas”, pero sin que fuera tan agudo que incurriera en su ira divina, al fin y al cabo no dejaba de ser un dios, cuando ya había aceptado. ¿Así de fácil? Oh, eso quería decir que el maldito chucho iba a ser realmente difícil de matar. Nunca nada era fácil.
- Una noticia ciertamente más que magnífica – convino Geppe aún con la boca abierta – Parece entonces que nos dirigiremos a matar al perro. – miró a los demás esperando su confirmación.
—¡Ah! Hmmm… no creo que sigan funcionando, pero si usan los elevadores asegúrense de decir en voz alta y clara γενειοφόρος δράκος* antes de tocar ninguna palanca o botón. Si no, el aparato los encerrará y no se moverá— los despidió Volkan una vez que su taller estuvo en orden.
*Dragón Barbudo, en dracónido.
- γενειοφόρος δράκος.-
Repitió la medusa como si con solo decirlo una vez fuera suficiente para recordar las inflexiones tan carácteristicas de ese lenguaje casi gutural.
Pero el caso es que empezó a repetirlo mentalmente cada tanto. Procurando no cambiar nada de la entonación.
Anda que menuda palabrota.