Partida Rol por web

The Beguiled

◇ Día 1 ~ [El Bosque] ◇

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19/11/2017, 11:54
Jared Vanhorn

El aturdimiento hace presa de mi unos largos segundos y no es hasta que el Cabo me habla e instintivamente aparto el cadáver de encima mía que mis ojos captan la silueta en primer lugar, el rostro en segundo lugar, de mi superior.

Mi única respuesta es un gruñido, por el dolor. No quiero depender de otros aunque el Cabo diga lo contrario, de modo que me apoyo en el suelo y en un alarde de fuerza, resistencia e inconsciencia me pongo en pie y enseguida encojo un poco la pierna y con un bufido acepto la ayuda. Necesaria o no, me lo hará más fácil.

Lamento mi estado.

Me disculpo con mis compañeros, agachando un poco la cabeza y tratando de avanzar sin protestar demasiado.

Llegando a un lugar más agradable y dispuestos a tratar de recuperarnos, sorprendemos a una jovencita con la que hay un intercambio de palabras y mis ojos van hacia la niña. Y luego hacia mis hombres.

Como ve, sangramos. No somos tan diferentes. Podemos pagar por la ayuda... soy químico, podría dar clases.

No me gusta pedir, ni suplicar. Pero no me importa negociar o recompensar algo que alguien haga por mí.

Aprieto los dientes por el dolor y dejo escapar una mezcla entre gruñido y gemido mientras alzo un poco el labio. Duele.

¿O no somos todos acaso hijos de la tierra?

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19/11/2017, 16:49
Daniel Robinson

No había tiempo para mucho.

El cuchillo al rojo cauterizó la herida de bala de Tristan impidiendo así que se infectara y se desangrara. Pero la bala seguía dentro. Sin mi maletín y con la mano destrozada eso sería una labor titánica. Mas para Silas, que apenas era un manojo de nervios. Estaba dolorido como y hacia lo que podía antes de que el vendaje provisional se le empapase del todo, resultando inservible y corriendo el riesgo de desangrarse poco a poco.

La mano sobre mi hombro del Cabo me puso sobre aviso y asentí con la cabeza a la urgencia. Si no nos movíamos, no todos conseguiríamos llegar a esta noche si nos asaltaban nuevamente. Y en un pantano, el frío y la humedad, si lo juntábamos con las heridas, harían que muchos se durmieran y no volvieran a despertarse.

Me reuní con Jared  y Jerry, que estaban, no se si decirlo asi... en medianas condiciones.

Recogí a Jared, pues tenía una herida en la femoral. no sangraba tanto como para haber tocado la arteria, pero no había tampoco agujero de salida, por lo que podría estar la bala muy cerca y con el mas mínimo movimiento, seccionarla. El desastre seria fatal. Jerry tenía un costado sanguinolento, como Tristan, pero Por lo menos Jerry estaba consciente y  aún podía moverse. ¿Pero hasta cuando? En cuanto perdiera demasiada sangre, empezaría con mareos y entonces, no habria vuelta atrás para operarle de urgencia.

Según seguíamos las indicaciones del Cabo, caminábamos poco a poco y pasé cerca del cadaver. de MI cadaver. La mujer estaba tumbada boca arriba, mostrándome el agujero de bala en el centro de su cabeza, como si dios quisiera que lo viera en primer plano. Sentí miedo. Como si esa mujer fuera a levantarse de nuevo, abrir los ojos y decirme que ardería en el infierno por matar.. aun mas, a una mujer.

Cerré los ojos con fuerza para espantar esa visión de mi cabeza, y cuando los volví a abrir la vi a ella. Un rostro femenino como le de una ninfa saliendo de entre las plantas. Una pequeña visión celestial, regalo del señor, que no haca mas que acrecentar mi culpa de haber matado por primera vez.

Jared la miró de reojo y la hablo de ayuda. Ella se mostró reticente y entonces me dí cuenta de una cosa. Tenía que intentarlo, pues... ayuda era lo que mas necesitábamos. Era una chica educada, según parecía. Eso nos salvaría...esperaba.

-Señorita, se lo suplico. Ninguno llegaremos a esta noche si no nos ayuda. - Dije intentando apelar a su benevolencia.- Estamos heridos, no somos amenaza ninguna. - Y luego intenté algo mas.- Supongo que como buena cristiana que parece, hará lo correcto con el prójimo. ¿Que le dice su corazón que debe hacer?- Pregunté bajando la voz y entristeciendo levemente mi mirada.

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20/11/2017, 18:32
Jerry O'Neil

Intento que no sea muy evidente mi alivio al confirmarme mis deducciones. Es tranquilizador que quién nos guía sepa por donde vamos que confiar en su instinto.

Tal como me ordena el cabo McBurney me dirijo a ayudar a Jared. En aquel momento esta nuestro doctor examinándolo y es perfectamente consciente, por su mirada, de mis heridas. No me pide detalles ni se los doy, tampoco es que sepa algo mas aparte de donde estoy sangrando.

Ante la negativa de Jared me limito a caminar a su lado, ligeramente retrasado por si tuviera que ayudarlo a sostenerse. Son órdenes directas del cabo sí. De todas maneras el tamaño de los puños de Jared son un constante recordatorio de lo que puede sucederme si intento ayudarlo contra su voluntad.

Finalmente, sin que tenga que sujetar a Jared llegamos a un lugar fuera del pantano con unos frondosos árboles. Casi antes de que diga que descansaremos allí ya me he sentado con la espalda recostada en un árbol.

No sé cuánto tiempo pasa ya que he debido quedarme dormido cuando las palabras del cabo me despiertan haciendo que me olvide de la herida del costado poniéndome en pie apoyando mi fusil en el suelo. El latigazo de dolor me lo recuerda ahogando el grito al ver a la joven que nos ha encontrado.

Si hubiera sido una patrulla de cualquier de los dos ejércitos estaríamos acabados, bueno una sudista siempre podríamos decir que habíamos desertado para unirnos a ellos. Si hubiera sido nordista nos matarían aquí mismo o nos llevarían a nuestras líneas como ejemplo para los reclutas o veteranos ya hastiados de tanta guerra.

Cuando acaba de hablar nuestro doctor lo hago intentando visualizar a mi hermana Tara. Hace años que no uso un tono amable y cariñoso, no suele dar ningún buen resultado entre gente que sólo respeta la dureza y la violencia.

– Por piedad señorita, estamos heridos. Necesitamos un lugar donde poder comer caliente y recuperarnos para volver a casa. No queremos seguir luchado contra los suyos.

Dudo si añadir una última cosa, pero confío en que no sean distintos los colores del luto a los de Irlanda. – Si sus parientes, Dios no lo quiera, estuvieran en una situación parecida, confió en que los acogieran unas almas caritativas en lugar de dejarlos a su suerte.

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21/11/2017, 02:27
Tristan Durand

Los gritos de sus compañeros llamándose a voces, las instrucciones de Daniel... Todos esos sonidos se amortiguaban por el camino y no llegaban a calar en la oscuridad en la que Tristan se había desvanecido. Allí, tras la aterciopelada oscuridad granate de sus párpados el muchacho se sentía en paz. ¿Había muerto? Si era así no le importaba. No sentía dolor, ni frío, no sentía nada. Y una dulce voz lo acompañaba, meciéndolo contra su pecho como si fuese un bebé. 

Y, de repente, fue arrancado con brusquedad de esa oscuridad que lo arropaba. El aroma de la pólvora y el hierro estaba tan incrustado en sus sentidos que pudo notar su sabor metálico en el paladar. Sin embargo, un olor mucho peor le dio la bienvenida, devolviéndolo de una patada a la realidad: a carne quemada. La suya. Sintió una náusea golpeando su estómago. La luz hirió sus pupilas demasiado dilatadas y el dolor en su costado fue tan lacerante que de la garganta del chico salió un bramido irracional y salvaje. 

Jadeó, intentando recobrar el aliento. Se sentía débil, tendido sobre demasiada de su propia sangre que empapaba también su uniforme, pero sobre todo estaba confuso y desorientado. Algunos recuerdos fugaces pasaban por su mente, entremezclando pasado y presente con lo que apenas eran retazos, reminiscencias y sensaciones. Pero, por encima de todos ellos, estaba el dolor. Un dolor que nacía en su abdomen y se extendía por todo su cuerpo, dificultándole el movimiento. 

Ni siquiera estaba seguro de cómo le habían ayudado a ponerse en pie y ya estaban caminando. Sentía a Silas ayudándole, pero ni siquiera podía centrar su mirada y su mente lo suficiente como para agradecérselo en aquel momento. Un paso. Otro más. Era incapaz de pensar en nada más y aún así su tobillo fallaba cada pocos pasos obligándole a apoyarse más en su amigo. Cada vez le costaba más respirar y notaba cómo se le iba la cabeza, tal vez por la pérdida de sangre, o quizás porque comenzaba a estar febril, al borde del delirio. Hacía algunos minutos que había empezado a farfullar entre dientes esa canción que lo había acompañado en la inconsciencia pero para cuando detuvieron la marcha ya ni siquiera se escuchaba su voz, tan sólo sus labios resecos se movían vocalizando en silencio. 

Sus dos manos se aferraban a la ropa de Silas, una de ellas por encima de los hombros del otro chico y la otra a la altura de su cadera. Fue en esa postura cuando alzó la mirada al escuchar voces delante. Y entonces la vio. Con un rayo de sol cayendo directamente sobre sus cabellos Isobella parecía tener una aureola de luz rodeándola. A Tristan, en aquel instante de confusión, la señorita se le antojó el ser más hermoso que había visto jamás. 

—Es un ángel —murmuró con la voz ronca, aflojando su agarre sobre su amigo. Tenía los ojos fijos sobre ella, incapaz de apartar la mirada de su rostro—. Es un ángel del Señor. O una ninfa de los bosques hecha de luz. ¿Habías visto alguna vez algo más bello?

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21/11/2017, 18:28
Silas Barton

Una cosa era quemarse él para cauterizarse las heridas en el abdomen, eso podía hacerlo. Con mucha mucha fuerza de voluntad y teniendo que morder un cinturón, pero podía hacerlo, porque el doctor mandaba y tenía que funcionar bien para poder ayudar al resto, pero a la hora de quemar a Tristan, la nula frialdad de Silas le imposibilitó hacer bien el trabajo. Sí, había sellado la herida, pero el problema era que no había logrado sacar la bala antes como le habían instruido. Esperaba que pudiesen llegar pronto a algún médico que les atendiera, no quería además ser el culpable de que su amigo no pudiese recuperarse bien. 

Como pudo y tras limpiarse la sangre del ojo, aunque aun no pudiese ver del todo bien, tomó a Tristán para ayudarle a ponerse de pie y lo agarró por la cintura para que pudiese caminar, afirmándolo con fuerza y caminando lentamente para no hacerle tropezar, apretándolo un poco más contra él cuando el pie de su amigo se torcía. Aunque en otro momento hubiese amado escucharlo cantar, porque cuando lo hacía solía alegrar el ambiente, ahora mismo le preocupaba que no estuviera del todo bien. Sin embargo la esperanza no tardó en llegar, en forma de una joven muchacha perteneciente a una escuela de un lugar cercano. Cuando el cabo se giró hacia él, Silas le correspondió la mirada en una petición. - Tenemos que ir ahí - pensó, y escuchó con fe la petición del hombre, pero sus labios se fruncieron al escuchar la negativa de la mujer. Podía estar todo lo asustada que quisiera, pero dejarlos ahí era asesinato, y no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta. 

Sus ojos fueron pasando de soldado a soldado, viendo como rogaban, como lloraban... ¿de dónde sacaban la emoción para eso? ¡Él estaba furioso! Eran buenas personas, luchando una batalla que ni siquiera les traería beneficios a ellos mismos, ¿y les decían que era imposible ayudarlos? No, no, no le importaba que excusa tuviera, eso no estaba bien bajo ninguna religión. Pero ya que Tristan, que era el que más necesitaba su ayuda, la reconociera como un ángel, acabó por mandar su frustración a las nubes.

He visto piedras más bellas que eso - bufó con desprecio - Un ángel tendría el mínimo de caridad para ayudar a un prójimo herido, no la llames así - su mirada se clavó con profundo rencor en la señorita, que ahora veía como algo digno de una palabra mucho menos noble - Ahora echa a andar. Quiera o no, vamos para allá. - frunció el ceño y empezó a caminar. Con la presencia de la muchacha ya tenían suficiente para saber que había una casa cerca, y no le importaba si los invitaban a pasar o tenían que tomarla por la fuerza, no iban a pasar esa noche en el barro y el frío, porque con las heridas que tenían habían al menos un par que no despertarían.

Notas de juego

Si entendí mal lo de la bala de Tristán, me avisas y edito :D 

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21/11/2017, 23:48
John McBurney

McBurney escuchó hastiado torciendo su boca y mirando fijamente pensativo a la muchacha. Su negativa era un problema, y ante un problema tan grave el cabo buscaba la solución más rápida y efectiva, más si su vida estaba en juego como era el caso. Un paso tras otro, estaba más cerca de su mujer y su casa.

No habían matado a un grupo de confederados para que la cabezonería de una estúpida niña lo echase todo a perder y los abocase irremediablemente a la muerte.

Recurrir a la violencia con las mujeres y los niños no era algo precisamente que hiciese sentir a un hombre orgulloso. Cosas horribles habían visto sus ojos, hombres partidos por la mitad, sin ojos, sangrando y llorando por amputaciones dantescas a carne viva.

Pero ni toda la sangre del mundo empañando de pesadillas oscuras sus sueños superaba el espectáculo lamentable de ver a sus hombres pidiendo ayuda, desangrados, desahuciados y sometidos al capricho de aquella desalmada, que Tristan había tildado en su delirio de ángel celestial. Más bien ángel del infierno. - pensó él. Sus vidas pendían de un hilo, y su indiferencia absurda e injustificada le quemó en las entrañas.

- Lo haremos por las buenas o por las malas señorita. Así que decida el camino porque le aseguro que no moriremos aquí por su falta de empatía. - le obligó a tomar una decisión que, finalmente si no se correspondía con guiarlos diligentemente hasta su escuela, terminaría de una forma peor.

Notas de juego

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22/11/2017, 01:30
Isobella Davis

¿O no somos todos acaso hijos de la tierra? - Ninguno llegaremos a esta noche si no nos ayuda. Supongo que como buena cristiana que parece, hará lo correcto con el prójimo. ¿Que le dice su corazón que debe hacer? - Si sus parientes, Dios no lo quiera, estuvieran en una situación parecida, confio en que los acogieran unas almas caritativas en lugar de dejarlos a su suerte.

Se había exasperado ella misma con aquel sufrimiento que la rodeó de repente. Frunció los labios mientras escuchaba las peticiones de los soldados, una por una. Los miró detenidamente, reflexiva. Mucho. Parecía que dentro de ella había un dilema que ni la humanidad sería capaz de descubrir. Finalmente, y sin previo aviso, Isobella cogió una bocanada de aire y la soltó en un largo y sonoro suspiro.

- Señor, a pesar de sus heridas, están armados. - se dirigió al soldado cuya complexión en apariencia era más fuerte*. - No se trata de que nos compensen la ayuda a cambio de algo. - se humedeció los labios pensativa. - ... Miss Farnsworth es una mujer estricta y muy conservadora. No voy a llevar al enemigo hasta su casa, no sé quien son ustedes. - hubo un momento en el que su voz tembló ligeramente. Tenía valor porque pensaba en Mollie, Eve, Ophelia, Edwina, incluso Kizzy la esclava negra a la que ignoraba deliberadamente y de pequeña hizo sufrir sin motivos, pero sobretodo pensaba en la ira de Martha y la imagen de su mano sujetando en alto la vara de bambú.

Parpadeó seguidamente y se repuso mirando con altivez y desconfianza a los dos hombres de tez morena, especialmente al que se apoyaba en otro soldado con un corte sangrante en el ojo. El color de su piel empeoraba ya de por si el asunto negativo de ser unos yanquis.

¿Qué estoy haciendo y que me dice mi corazón? La pregunta de otro soldado** sacudió nuevamente sus cimientos. Veía los gestos de dolor de los hombres y sus ojos suplicando ayuda. Estaban moribundos ciertamente, y la desesperación sangraba por sus heridas. No estaba en una situación fácil en absoluto, y no es que tuviera miedo de la situación en sí, si no lo que significaba todo aquello.

Su cabeza le gritaba no desafiar a Martha. Sin embargo una mente tan joven como la suya no estaba preparada para soportar la carga de un tormento como aquel. También sabía que la familia Westwood jamás los acogería. Theodore los mataría antes de que pudiesen poner un pie en su propiedad.

Asintió ligeramente al otro soldado***, comprendiendo sus palabras. En cierto modo, le aliviaba que le dijera eso. Era una forma de meterse en su piel y justificarse mejor a si misma si cedía a lo que le estaban pidiendo. ¿Cómo se sentiría ella si fuese alguien de su familia quien estuviese a punto de morir y le negasen una ayuda tan necesaria?

Desvió la mirada brevemente hacia el chico que la miraba fijamente y al cual le había escuchado decir que era un ángel. Su color de piel palidecía. Lo observó con mirada atenta, pero en un esfuerzo de ser discreta. Era la primera vez que alguien le llamaba así y sintió estremecerse por dentro cuando escuchó de él aquella frase soñadora. Curvó las comisuras de sus labios hacia arriba en una sonrisa casi imperceptible, cautivada por aquel detalle.

No le pasó por alto el gesto sombrío de su compañero y sus palabras de ofensa cargadas de rencor. Sintió una leve aprensión y se humedeció los labios de nerviosismo. Luego lo miró con toda la seguridad que había podido reunir, aunque no era mucha. - ¿Así es cómo trata a las damas? - replicó avalentonada.

El peso de su inseguridad y sus miedos iban pesando más y más como las heridas de aquellos hombres. Era el mismo peso que caía sobre el silencio incómodo que vino después y rompió el cabo McBurney. La tormenta que golpeaba a Isobella por dentro empezó a ser asfixiante y todo aquello empezó a reflejarse en ella, como un libro abierto de emociones. Cuando escuchó al hombre amenazarla de una forma tan clara y directa, su pecho empezó a subir y bajar, respirando con algo más de turbación, reflejando el torbellino que parecía aflorar a la superficie. ¿Cómo se atrevía a hablarle así?

- Les guiaré, pero sepa que Miss Farnsworth tendrá la última palabra. - empezó a hablar esquivándole con la mirada. - No crean que estamos solas y desprotegidas. - alzó la vista con valentía. - La escuela es una antigua plantación, aún hay hombres capaces trabajando en ésta dispuestos a defenderla. - evidentemente trataba de engañarle, Isobella era consciente de la mentira que había inventado pero él no. Tomó aire y lo miró con aquella mezcla indescifrable en su mirada, dividida entre su miedo y no saber que más decir.

Notas de juego

*Jared, **Daniel, ***Jerry

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Próxima actualización: Viernes 24.

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22/11/2017, 18:03
The Beguiled

Notas de juego

El cabo y Jerry caminan al lado de Isobella vigilando que la joven no eche a correr y se escape. En un momento dado McBurney desacelera el paso, le duele la pierna y camina solo con la ayuda de su bastón improvisado. El joven soldado aprovecha para hablar en privado con Isobella sin que nadie más escuche la conversación.

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22/11/2017, 18:35
Jerry O'Neil

Aprovechando que el cabo se separa tengo la oportunidad de advertir a la joven. Agacho la cabeza para susurrarle. – Por favor señorita escucharme y no intentéis huir. Yo fallaría expresamente mis disparos, pero seguramente algún otro os alcanzaría con los suyos.

Espero alguna pequeña muestra de asentimiento antes de continuar atento por si alguno de mis compañeros nos alcanzara. – No soy un yanqui, vine de Irlanda con mi hermana pequeña, con muchos otros, ante la promesa de que nos entregarían un trozo de tierra. Cuando desembarcamos a todos los hombres jóvenes nos alistaron en su ejército y se quedaron a nuestras familias como rehenes. No los provoquéis algunos os odian, son verdaderos voluntarios y serían capaces de…, – enrojeciendo de hablarle de estas cosas a una chica, – de ultrajados. Si puedo intentaría defenderos, pero en mi estado… No puedo dejar de pensar en mi pequeña hermana, y que este a salvo. El cabo conoce estas tierras, vigilar si os hace preguntas puede que sepa si le mentís si son cosas que sepan los que han vivido por aquí.

Me habría gustado emplear otras palabras, pero no sé de cuánto tiempo dispondremos. Y tampoco he tenido casi ninguna experiencia de hablarles a las chicas, ni se me ocurre ninguna forma amable de advertirla de que podrían violarla mis compañeros.

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23/11/2017, 17:19
Isobella Davis

La oportunidad para escapar de sus secuestradores llegó cuando el cabo perdió el ritmo del paso y quedó rezagado por el dolor de su pierna.

Isobella observó con recelo al hombre, esperanzada en su interior, si echaba a correr quizá conseguiría escapar y tendría una oportunidad para alertar a Miss Farnsworth y al resto de alumnas sobre la presencia inminente de los intrusos en la escuela. La opción de huir hacia la plantación Westwood y refugiarse bajo el manto de Theodore y su señora madre sería la mejor.

Pero la voz del soldado que caminaba a su lado pareció leerle el pensamiento advirtiéndole claramente que no intentase escapar.

Lo miró con desazón apagándose esa esperanza que por un momento había brillado en sus ojos. Prestó atención a su consejo y también a la historia personal que había querido compartir con ella. No pudo evitar sorprenderse por la falta de escrúpulos del ejército de la Unión. Aquella sorpresa se reflejó en su rostro en cuanto Isobella enarcó las cejas más y más a medida que su historia empeoraba.

Se mantuvo en silencio hasta que el miedo se apoderó de ella. Giró la cabeza hacia atrás observando angustiada la fila de soldados que los seguían. ¿Realmente serían capaces de...? La sola idea de sufrir una violación o algo peor le heló la sangre. Sus mejillas se colorearon por la vergüenza y sobretodo la angustia se hizo tan fuerte que le oprimía el pecho.

- Siento que le hayan engañado y su familia esté atrapada. - susurró finalmente sensibilizada ante la mala fortuna del joven irlandés. - Nadie está a salvo en esta guerra. El cabo, quien usted dice del que debo tener cuidado y el otro soldado, el del ojo sangrante, qué debo hacer? - preguntó con miedo.

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23/11/2017, 18:30
Jerry O'Neil

Intento mirarla de forma tranquilizadora, aunque estoy convencido de que evidentemente debe estar espantada. No puedo coger su brazo para tranquilizarla ya que podría pensar que pretendo hacer lo mismo yo y en estos momentos.

– Antes de que aparecierais, el cabo, me confirmo que conoce esta zona y que había dos plantaciones cerca. Si le decís que sólo esta a la que nos lleváis a la fuerza sabrá que le mentís.

Intentando que mi tono suene lo mas tranquilizador posible. – No creo que ninguno intente nada contra vosotras en nuestro estado. Lo mejor es que simuléis estar muy asustadas y obedeciéndoles. Así no consideran necesarios atados o encerrados.

Bajando aun mas la voz. – Los médicos suelen emborrachar hasta que pierden el sentido y atar a los pacientes para que no se muevan si lográis que confíen en vosotras completamente… Si tenéis armas y os da tiempo ocultarlas siempre podéis decir que el dueño de la casa quiso ir a la guerra con sus armas y por eso no están en su sitio.

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24/11/2017, 00:53
Isobella Davis

Sus ojos permanecían muy abiertos y fijos observando analíticamente el rostro del soldado. Los ojos de Isobella eran como los de un gato desconfiado y suspicaz.

- No le mentiré si me pregunta, pero si que evitaré darle más información de la necesaria. Igual que a usted. - añadió obviando cualquier necesidad de decoro. Sus modales palidecían ante la situación de peligro que estaba viviendo. Indirectamente pondría en riesgo su vida y las de las otras chicas si creía ciegamente en las palabras del muchacho o cualquier otro que se acercase a ella.

No podía fiarse de nadie, su instinto le obligaba a mantenerse alerta y permanecer en una posición distante.

- Miss Farnsworth no aceptará tan fácilmente que invadan su escuela. - suspiró indignada bajando la vista. El camino verde se extendía ante ellos y se acortaba a cada paso que daban, faltaba poco para visualizar a lo lejos las puertas de la mansión.

- No puedo ni siquiera imaginar que nos obliguen a hacer cosas que no deseamos hacer. - frunció el ceño cuando el soldado surigiró aquella idea disparatada. - ¿Emborracharlos y atarlos? - preguntó alterada. - ¿Cómo puedo confiar en su persona? ¿Qué garantías me dais de que no atentaréis contra nosotras si ellos lo hacen? - empezó a cavilar y ponerse paranoica.

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24/11/2017, 18:25
Jerry O'Neil

Su tono indica que esta dejando de lado las reglas para marcar que es de una clase superior a un simple soldado para ser pragmática, una sabía decisión.

– Evidentemente es lo mas seguro para ustedes, lo que no me diga es imposible que lo comente pensando que es un detalle sin importancia.

No me siento tan cómodo como esperaba. Quería avisarla ya que no quiero que sufran ningún daño, como no querría que lo sufriera mi hermana Tara. Por otro lado, los demás han salvado mas de una vez mi vida como yo la suya, nunca sabremos a quién hubiera matado fusilero abatido mientras cargábamos nuestra arma. Si tendría que apoyarlos a ellos y si proponen divertirse con ellos participar, pero van en contra de mi forma de pensar e intentaré ayudarlas.

Su tono de indignada seguridad al referirse a Miss Farnsworth casi me hace reír pese a mis heridas y la serosidad de la situación. – No dudo que Miss Farnsworth sepa imponer su autoridad ante todo el mundo, pero no olvide que estamos en guerra y somos sus enemigos. El cabo McBurney y los demás no se sentirán amedrantados por ella, aunque no estuviéramos armados. Puede que, si no hubiera ocurrido la guerra, o fuéramos soldados confederados si se sintieran impelidos a acatar sus órdenes. Es a lo que me refería con que simularais estar muy asustadas y obedecerles.

Mirandola intentando transmitirle mi sinceridad. – En el primer momento mis compañeros intentaran imponer su autoridad, por eso mi consejo de que rápidamente solamente con pedirlo de palabra simuléis estar dispuestas a obedecerles.

En un principio me sorprende su reacción al describirle como se trata a los heridos, pero meditándolo unos segundos yo tampoco lo sabía hasta pasar por mi primera batalla. Esa noche lo supe y los veteranos me explicaron que los aterradores aullidos eran de los que no habían quedado inconscientes después de su ración de bourbon. En mi familia nunca habíamos recurrido a los médicos y los miembros de la familia morían en un estoico silencio. Puede que ella siendo una dama si haya visto médicos, pero por lo que me contaron a nuestros coroneles y generales en lugar de un tazón de aguardiente les daban unas gotas de una pequeña botella con mayores efectos, láudano me parece que se llama. ¡Por eso se ha debido mostrar tan escandalizada!

– Es lo que hace nuestro médico, el que tiene la mano destrozada, cuando tiene que curar a algún soldado. Emborracharlos hasta que no son conscientes del dolor y atarlos para que no se muevan y poder tratar la parte del cuerpo que tiene que operar. Las balas se extraen con pinzas que están al rojo vivo para cauterizar las heridas. A los coroneles y generales oí que en lugar de emborracharlos les dan una medicina que hace lo mismo que llaman láudano, un marinero “voluntario en infantería” me conto que es a base de opio de la China. Es muy pero muy caro por eso no lo malgastan con soldados.

Sus últimas palabras me hacen pensar en Tara y no puedo evitar que se me escape alguna lagrima. – No, no me conocéis y es muy sensato por vuestra parte desconfiar de mi pensando que os intento contar todo esto para que me lo agradezcáis. Mataría o moriría intentando salvar a mi hermana Tara de quién intentara abusar de ella. Ahora antes de que me recordéis que no sois ella. Lo único que os puedo dar es mi palabra como Jerry O’Neil de que nunca he abusado de ninguna mujer ni violándola ni pagando a quienes las alquilan como si fueran yeguas de un establo. He tenido que acompañar a otros soldados* mas de una vez a algún burdel y una vez en la habitación le he dicho a la chica que podía descansar tranquilamente el tiempo que tuviera que atenderme como cliente.

Mirandola a los ojos directamente. – Intentare ayudaros, por eso la aviso. Sería suicidarme enfrentarme a los otros cinco. – Apoyo mi mano en el costado enseñándosela con sangre. – También estoy herido no creáis que sólo es la bala que me rozo la cabeza. Si deciden hacerlo lo que hare será simular que hago lo mismo que ellos llevándome aparte una de vosotras y no le hare nada, os lo juro por mi hermana pequeña Tara, lo que mas quiero en este mundo.

Al frente me parece ver una columna de humo que pudiera ser de una chimenea o el fuego de alguna fogata.

Notas de juego

Nota máster:

*He editado esta parte porque dabas a entender que son tus compañeros los que han ido al burdel. Realmente tu pj no sabe si han ido. El tema de la violación es distinto, que lo haya sugerido precisamente por el desconocimiento que tendría Jerry acerca de lo que sean capaces de hacer sus compañeros o no, lo veo bien.

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24/11/2017, 21:55
Jerry O'Neil

Notas de juego

Tienes razón lo he expresado mal. En los otros casos he especificado durando que el cabo o los demás acaten las ordenes de la directora o describiendo, usando al médico, como se realizaban las operaciones hasta que se descubrió/invento la anestesia.

Quería referirme a lo que le ha ocurrido en los burdeles estando en el ejército por la presión de las costumbres castrenses. Jerry mantiene en secreto, con los otros soldados, lo que realmente hace allí ya que es consciente de que debe dar la imagen que todo el mundo relaciona con los soldados.

También con las violaciones, ha visto apenas alguno de los cadáveres y ha oído hablar de mas mujeres encontradas muertas con las ropas desgarradas.

 

Nota: No estoy seguro, pero creo recordar que la violación ha estado penada con la muerte casi siempre por los ejércitos. Otra cosa es que se molestaran en investigarlas.

Una excepción era cuando condenaban una ciudad a saqueo, pero era durante un tiempo concreto de unos días. Era una forma de Guerra Psicológica, los supervivientes los contaban en otras ciudades donde coincidían de otras que se habían rendido ante esa amenaza e incrementaban la presión a rendirse si eran atacados para evitar el saqueo.

Los desertores, como ellos, tenían en ese sentido muy mala fama y se les achacaba todo tipo de delitos. Uno evidente era que tenían que robar la comida para sobrevivir.

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25/11/2017, 17:34
Silas Barton

La respuesta de la excusa de mujer que tenían frente a ellos llegó mientras él reacomodaba a Tristán para empezar a andar denuevo, haciéndole levantar la mirada con la barbilla ligeramente inclinada hacia su pecho y alzar una ceja. Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo con detenimiento, de forma tan exhaustiva que de no demostrar patentemente el desprecio que sentía por ella podría tomarse incluso como lasciva.

Lo sabrás cuando me encuentre con una - contestó una vez volvió a encontrar su mirada con la de ella mientras una sonrisa torcida se dibujaba en la comisura de sus labios.

Había dado un par de pasos cuando escuchó al cabo verbalizar lo que él solo había implicado con su caminar, lo que le hizo detenerse por un segundo para darle una segunda oportunidad a la cría desalmada que tenían en frente de corregir sus palabras. Definitivamente, por decidido que estuviera a irse de cualquier manera, le aliviaba saber que no tendría que justificarse ahora con el cabo y que no estaría solo de tener que irrumpir en casa ajena. 

Se sorprendió al notar que le alegraba ver a la chica asustada y esquivando la mirada de su superior. Aquello jamás le había ocurrido antes, el desearle el mal deliberadamente a alguien e incluso deleitarse en él, y aunque la idea de que ahora fuera posible le puso ligeramente nervioso no falló en verle el lado positivo. Si llegaba el momento de tomar medidas drásticas por tomar el lugar, en aquel estado mental no le cabrían arrepentimientos.

Notas de juego

Con autorización de la dire <3

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29/11/2017, 11:51
Isobella Davis

Quizá el soldado intentaba hacerse pasar por alguien confiable y ganarse su simpatía con palabras de apoyo en realidad envenenadas, se sentía dividida entre creer parte de lo que decía o no creer absolutamente nada.

También ella era una mentirosa, les había engañado a todos explicándoles que habían hombres trabajando en la plantación cuando no era así. No se fiaba del muchacho, pero había decidido jugar al juego que había empezado con él intentando saber más.

- No hay un segundo que lo olvide y no sea consciente de que guio a unos hombres peligrosos hasta nuestro hogar. - replicó en clara desventaja. Él era el soldado quien tenía las armas, podía burlarse de su sibilina anfitriona Miss Farnsworth, pero tiempo al tiempo.

Le aconsejaba obedecer sumisamente al cabo McBurney y a los demás, y no podía digerir del todo aquella idea, si se dejaban pisotear desde el principio harían lo que quisieran de ellas, pensando que estaban indefensas y no lucharían contra los soldados. - Sé que la señora de la casa os plantará cara y os volará los sesos en cuanto tenga oportunidad. - no fue muy inteligente por su parte decir aquello ya que el soldado pondría en sobreaviso a los suyos, pero dada la situación no vio otra salida.

Buscaba por todos los medios poner barreras para que los hombres se echasen atrás.

Sobre la embriaguez de los soldados asintió a Jerry más calmada. No sabía exactamente que hacían los médicos de campaña a campo abierto y en la práctica, pero imaginó que era cierto que los emborrachaban hasta perder el sentido en la necesidad de aliviar el dolor a sus pacientes.

Isobella, al igual que sus compañeras, tenía nociones básicas de enfermería, Martha les había enseñado, su mellizo era doctor y en la mansión, había todo tipo de material médico y libros sobre anatomía, además de distintos opiáceos y venenos.

Evitando dar esa información valiosa al joven vio como unas lágrimas surgían de sus ojos por la que se hacía llamar Tara y era su hermana, el tema que trató volvió a angustiarla y así contuvo su respiración hasta que habló. - Por favor no habléis de un asunto tan delicado como ese, me asustáis. Si sois honorable como juráis ser entonces ayudadnos. - el muchacho le mostró la herida en su costado y prometió que si ocurría algo intentaría salvar a una de ellas.

Por un instante quiso ser egoísta, por miedo, porque estaba aterrada, había conseguido confundirla con toda su actuación. Se le pasó por la cabeza pedirle que la rescatase si algo malo ocurría, pero rápidamente lo olvidó. ¿Cómo se iba a fugar con él? - En ese caso tendréis que elegir y salvar a quien podáis, quien esté más cerca... - no podía respirar, estaba ahogada por el peso de la conversación, el miedo y todo lo que le envolvía.

Alzó la vista y por fin vislumbró las puertas de la mansión...

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29/11/2017, 11:52
The Beguiled

Escena Finalizada