Partida Rol por web

The Beguiled

◇ Diálogos con PNJs ◇

Cargando editor
07/12/2017, 14:53
The Beguiled

24 de Julio de 1864

Día 1.

Habitación de Invitados.

Hora: (por determinar).

 

 

Mollie se acercó hasta la habitación del cabo McBurney para ofrecerle su inestimable ayuda y sacarlo a pasear...

Cargando editor
10/12/2017, 02:19
Mollie Farnsworth

Aquel día había sido un caos, un caos que estaba llevándome al limite y tras dejar al hombre que se llamaba Jerry en manos de mi compañera y de el soldado que era medico pase unos minutos en mi cuarto.

No llegue ni a profundizar en el, solo entre cerrémosles la puerta y deje mi frente pegada a esta en silencio, sintiendo mi corazón bombeando con fuerza. Las imágenes de la muerte de mi padre, de la marcha de mi madre, de mi ingreso allí, de Marius prometiéndoselo... todas las desgracias de mi vida habían empezado por culpa de un solo hombre, un hombre que ahora estaba allí. El había sido quien había empezado aquella cadena de sucesos, si no hubiera matado a mi padre seguiría en mi casa, en mi hogar, con mi madre y mis hermanos, con Marius...

Tarde mas tiempo de que quería pero finalmente conseguí relajarme, me acerque al tocador y revise mi apariencia, coloque bien de nuevo mi cabello, puse algo de polvos en mis mejillas y mire mi reflejo. Lo mire largos segundos.

Finalmente salí de allí con una decisión, aquellos hombres me daban igual, todos menos dos. El cabo y el soldado rubio. El ultimo parecía muy cercano del primero así que tambien tendría que ganarme su confianza. Pero debía hacerlo bien, de forma inteligente, no podía ser sumamente amable o temerosa como mis compañeras, habían visto mi carácter ante la verja. Tenia que jugar bien mis cartas.

Finalmente salí, fui a la habitation del cabo y llame a la puerta, entrando en cuanto me diera acceso.

Al llegar dentro apreté los labios y con ambas manos detrás de mi espalda lo mire fijándome en su estado, en su rostro - Me alegro de ver que estáis mejor, todos sus hombres han sido atendidos y pensémosla que podía gustarle salir a los jardines a respirar algo de aire fresco. - Si, le hablaba de usted y con cordialidad. Aunque se me veía nerviosa, pero claro, esos nervios podía achacarlos a mil cosas mas que a la realidad.

Cargando editor
10/12/2017, 21:45
John McBurney

El cabo descansaba a pequeños intervalos, cerraba los ojos y los volvía a abrir. La herida en la pierna le escocía por dentro tal como si se le quemase una parte de su carne. Tenía la nariz inchada por el golpe que había recibido en el tabique nasal al caer de bruces contra el suelo inmediatamente después de ser disparado en el bosque. Su ojo también estaba algo ensangrentado por dentro.

Y aún recordaba la cara de la puta rubia que los había emboscado a traición y por sorpresa, al hombre que les había robado el maletín médico y él había perdonado la vida. Pero sobretodo la veía a ella, con los ojos llameantes de odio contra él "Eres el cabo McBurney? Eres hombre muerto" Cuando la fiebre subía la imagen de la mujer se hacía más y más nítida apuntándole entre cejo y cejo. Era un incordio. Pero esa puta rabiosa ya estaba muerta.

Giró la cabeza hacia un lado de la almohada, murmurando alguna cosa en voz baja mientras el delirio de la fiebre y el calor de ese julio sofocante lo hacía sentirse inquieto e incómodo entre las cuatro paredes de seda en que le tocaba estar. Masticó la pastosidad de su boca humedeciéndose los labios con sabor a whisky, cuando escuchó un golpe en la puerta. - ¿Quién es? - preguntó con voz ronca. Dejó entrar a la muchacha que hubiese detrás, le parecían todas unas crías indefensas.

Vio que era la rubia que la había liado en la verja y enarcó las cejas curioso por saber que quería, se incorporó un poco en la cama para dar una imagen más presentable de si mismo, si eso era posible después de tener la pierna machacada y estar medio borracho por el whisky que le había dado Edwina.

- Me alegro señorita. - dijo intentando ser amable. - No queríamos asustarlas, pero o actuábamos o moriamos, así de simple. - McBurney observó que había una silla de ruedas afuera y apretó los labios tensionando los músculos de su mandíbula. - ¿Ese trasto de madera es para mi? - preguntó cuando la niña le dijo que si le apetecía dar un paseo y respirar aire fresco en el jardín. - Le agradezco su detalle pero no estoy seguro de poder mover la pierna y no partirme en dos en el intento.

Cargando editor
17/12/2017, 19:03
Mollie Farnsworth

Entre en la habitación dejando sobre una de las mesitas de noche una bandeja pequeña que portaba una limonada en un gran vaso y un plato con unas galletas.

Aquel hombre había destruido mi vida, la había mandado a la basura y ahora debía pagar por ello. Mi padre era un buen hombre, uno que no buscaba problemas y aquel miserable me lo había arrebatado, con el se había llevado a mi madre, me había alejado de mis hermanos y había conseguido que la distancia me hiciera perder lo que mas amaba. No, no dejaría que saliera de allí con vida. No merecía vivir.

Al girarme mire al hombre y sonreí - No se preocupe por eso, le ayudare a sentarse y tendrá la pierna inmóvil, será yo la que empuje la silla, usted solo tendrá que dejarse llevar y disfrutar del aire y una limonada fresca, le ira bien - Salí fuera acercando la silla a la cama - Por lo que escuche decir a la señorita Edwina ha tenido fiebre, no es bueno permanecer en mucho calor si desea bajarla - Me quede a un lado de la cama mirándolo, conteniendo todo el fuego que sentía dentro y solo mostrando mi mejor sonrisa, una que llevaba años fingiendo cuando Mary empezó a venir a nuestro hogar a cortejar a mi hermano.

- Las galletas tienen nueces, espero que le gusten - O sea alérgico, o se atragante con ellas... cualquier opción era buena, aunque lo importante era la limonada fresca.

Apreté los labios mirándolo algo nerviosa, algo mas que fingido - Me sentiría muy extraña dandole ordenes a un Cabo, no se haga de rogar, es por su bien, si se encuentra cansado o incomodo prometo devolverlo aquí - Termine por decir intentando bromear un poco, cosa que se notaba por mi tono al decir lo de darle ordenes - Así los criados podrán ventilar la habitación y cambiarle las sabanas mientras tanto y volverás a tumbarse en unas fresas y limpias - Pues por como olía a hombre la habitación estaba claro que había sudado mucho. - Si le incomoda mi presencia puedo ver cual de sus hombres esta mejor y pedirle que nos acompañe - Propuse esperando que se negara pues sus hombres tambien necesitaban descansar.

Cargando editor
28/12/2017, 22:19
John McBurney

Observó lo que la señorita llevaba en la bandeja sin moverse de la cama. En un principio no hizo gesto de sentirse complacido por el detalle de la limonada y las galletas, pero a medida que la joven habló los labios del cabo parecieron dibujar una sonrisa tenue y agradecida.

- Vaya, es muy amable. - la duda cruzó su pensamiento frío analítico, aquellas mujeres les habían acogido finalmente pero no estaba seguro de que no les matasen a la mínima oportunidad. Suspiro apretando los labios y terminó aceptando, se incorporó un poco en la cama acercando la mano al borde de la misma y arrastró la pierna derecha, haciendo palanca con la otra para levantarse y sentarse en la silla de ruedas.

- Esas galletas tienen una pinta estupenda, me encantan las nueces. - las miró sonriente, con ganas y dispuesto a alargar la zarpa y coger una. Sin embargo cambió de opinión, notó su boca seca y quiso probar la limonada fresca primero. Bebió un buen trago confirmando a la chica que estaba sediento, si querían envenarlos Edwina ya lo habría hecho echándole veneno en el whisky, así que para que preocuparse.

- Ja, un cabo puede ser tan insoportable como un niño. - bromeó apretando los dientes al poner la pierna en alto en el soporte habilitado para ello en la silla. - Quien lo iba a decir, lisiado y además, honrado por una señorita del sur. - que la chica fuese ciudadana del territorio confederado no era de su agrado, pero al fin y al cabo era una simple chiquilla inocente, no tenía la culpa de que sus padres o hermanos estuviesen luchando en la guerra y para él fuesen el enemigo.

- No me malinterprete, pero no estoy acostumbrado a que nadie haga nada por mi, me siento inútil en esta situación. - miró su pierna con un gesto de disgusto y se encogió de hombros. - Asi que es usted familia de la señora de la casa... ¿Una Farnsworth? - preguntó con aire despistado enarcando las cejas como si no le importase en absoluto su respuesta. Pero la realidad es que si le importaba. Desconocía cuantas líneas de Farnsworth había en el condado de Virginia pero el hecho de que aquella niña fuese familia de la puta rubia y el negrero del marido al que asesinó en su propia plantación por supuesto le perturbaba.

Mientras la joven se posicionaba detrás de él y empujaba para salir de la habitación en dirección al jardín el cabo se presentó formalmente. - Me llamo John McBurney, vivo en Nueva York. Tengo esposa y dos hijos y espero que gracias a ustedes pueda verlos más adelante, si conseguimos salir vivos de este territorio.

Cargando editor
28/12/2017, 22:26
John McBurney

24 de Julio de 1864

Día 1.

Habitación de Invitados.

Hora: (por determinar).

 

 

Ya había oscurecido cuando el cabo regresaba a su habitación. Para ese entonces Edwina estaba esperándola en la puerta de entrada, cruzada de brazos, observándole llegar en la silla de ruedas que Mollie empujaba. Intercambió una mirada teñida de reproche a su alumna y negó con la cabeza. No creía que fuese apropiado que hubiese salido al jardín con el cabo y mucho menos aún que lo hubiese movido de la cama estado su pierna recién cosida.

- Gracias por el paseo Señorita Farnsworth. - le agradeció John. La muchacha desapareció asintiendo levemente sin intercambiar palabra con la superior, e inmediatamente el hombre miró a la sargento Edwina forzando una sonrisa que diese un poco el pego de natural. - Necesito que vaya a buscar a dos de mis hombres, el doctor y el muchacho que encañonó a su alumna. - lo segundo lo dijo conscientemente con la intención de que recordase que aún estando heridos, tenían ventaja para volver a atacarlas.

Le preocupaba la situación pacífica que las mujeres estaban demostrando hacia ellos, demasiada amabilidad para ser cierto. Robinson y Silas eran los únicos en los que podía confiar y estaban despiertos. Jared dormía como un tronco, Tristan no podía moverse de la cama y Jerry era un niñato irlandés al que no podía tomar en serio para nada que tuviese que ver con una estrategia.

- ¿Por qué? ¿Se encuentra mal, cabo? No tiene muy buena cara. - su tono de voz no sonaba para nada hostil, tampoco preguntaba con segundas. Se acercó ya con cierta confianza al hombre y le puso la mano sobre la frente para comprobar su temperatura. - Está ardiendo y le veo más pálido que hace un par de horas. - sonaba preocupada.

- Será por el veneno que le ha echado al whisky. - rió a carcajadas replicándole lo que pensaba. Edwina entreabrió los labios frunciendo el ceño en un claro gesto de ofendida. - Voy a ir a buscar a esos soldados, y en lo referente al veneno, creáme que soy una buena cristiana. - lo miró a los ojos con seguridad.

Después de unos minutos, la mujer regresó con los dos hombres y les invitó educadamente a pasar a la habitación. Se retiró para dejarlos a solas y regresar a las labores que le ocupaban; estar pendiente de sus alumnas, la cena y controlar que todo estuviese en orden.

- Pasad y cerrad la puerta, las paredes tienen oídos... - susurró en un tono un tanto paranoico sentado aún en la silla de ruedas que le permitiía moverse de aquí para allá con la pierna en alto. - ¿Cómo os han tratado las señoritas?

Cargando editor
09/01/2018, 18:35
Silas Barton

Por fin ya estaba feliz y tranquilo. La conversación con Kizzy había sido revitalizante, la comida con Ophelia sinceramente reponedora y la visita a Tristán le había proporcionado una paz mental impagable. No podía pedir mucho más en un día que había tenido tanta acción y movimiento, tantos malos presagios, que bien podría haber jurado que era su último. Y ahora estaba ahí, sano y salvo. Era ridículo lo drástico de los giros que daba la vida cuando uno menos se lo esperaba. Ahora solo quedaba ver cuanto duraba este. 

Por supuesto, su plenitud duró hasta que vio a la mujer a cargo entrar a su habitación. No le gustaba en absoluto, y hubiese preferido no verla en lo que le quedaba de vida, aunque sabía que aquello era imposible. Aún así, cuando se presentó a su habitación fue educado con ella, y la siguió cuando ella así se lo indicó. Al escuchar que se trataba del Cabo pensó que estaría buscando a todos los soldados y por ello la siguió con naturalidad a una de las habitaciones, de donde salió el médico, pero le extrañó ver que solo los requerían a ellos dos. 

Una vez llegaron donde el Cabo, ambos estuvieron dentro y la mujer se marchó, Silas obedeció cerrando la puerta a la orden de su antes superior. Le ponía nervioso verlo en una silla de ruedas, pues temía verlo ahí permanentemente, pero no recordaba que tuviera problemas para caminar hasta al llegar. Quería suponer que se trataba solo de una medida preventiva, y no de una definitiva. No sabría como reaccionar al segundo caso. 

Inesperadamente bien - respondió con sinceridad. - Una me proporcionó whisky, me desinfectó y cosió las heridas, mientras otra me llevó comida a la habitación un poco más tarde. Conversé con ambas, y las dos fueron amables y, a mi parecer, sinceras. Lo cierto es que más me esperaba dolor y venenos que alivio y buenos tratos. 

Cargando editor
12/01/2018, 20:24
Mollie Farnsworth

Me acerque para ayudarle a incorporarse y a que se colocara en la silla si era necesario y negué con la cabeza - En absoluto, solo intento comportarme como me gustaría que me trataran a mi - Mentira, pero eso el no lo sabia. Pues a uno de sus "chicos" ya le había dejado claro que no me interesaba darles ciertas ayudas, pero el cabo si me interesaba, al igual que el rubio que parecía su mano derecha. 

- Están muy buenas, espero que le gusten, junto con las de chocolate son mis favoritas - Eso si era verdad - Me lleve mas de una reprimenda en su día por colarme a escondidas en la cocina para comerlas - Eso tambien era cierto, no estaba de mas decir alguna verdad de vez en cuando y mas cuando eran cosas que podían causarle confianza, cosas insulsas pero que parecían personales.

Al ver como bebía un lado trago de la limonada sonreí mas que satisfecha - Si desea mas puedo traerle, siempre sienta bien algo fresco - Aunque mi sonrisa guardaba otras alegrías, solo había traído un vaso y dudaba que me hiciera beber del mismo que lo haría el, por eso el veneno iba en la bebida y no en las galletas que podía ofrecerme compartir. Y en el caso de hacerme beber siempre podía caérseme torpemente el vaso de la mano y tener que ir a por otro.

Reí levemente ante su comentario de ser peor que un niño - No creo que nadie sea un buen enfermo, estar herido o encontrarse mal no es cómodo para nadie, y no se si honrado es la palabra, quizás sea la única señorita loca de la casa que no esta temblando con su presencia y la de sus soldados - Si querían matarnos lo haría, la única forma de evitarlo era matarlos antes a ellos, el resto me daban igual pero aquí hombre, aquel hombre había terminado hace años con mi moralidad y principios, había destrozado a mi familia y ya nunca podría recuperar mi vida, así que el no merecía recuperar la suya.

Ya sentado en la silla cogi una manta mas pequeña y se la acerque - Por si fuera tiene frío - Sus palabras me hicieron apretar los labios - No se vea como un inútil si no como un futuro deudor, cuando estén todos mejor no nos vendría nada mal un grupo de hombres que revisaran ciertas cosas de esta casa - Comente bromeando, aunque siendo una casa antigua tampoco mentía la verdad. - Así que puede ver mi amabilidad como una forma egoísta de en un futuro pedirle que arregle una ventana por ejemplo - Me reí de forma intencionada y comencé a empujar la silla sintiendo un nudo en el estomago cuando me pregunto por mi familia. Ese hombre había llegado a mi hogar y había matado a mi padre sabiendo quien era así que... no quería que supiera de mi aun, no hasta que solo le quedar aun suspiro de vida. - Si, mi tía es la señora de la casa y como mi madre, esta guerra nos ha echo perder a ambos lados a muchos seres queridos y ella me acogió... - Con eso era mas o menos verdad, no podía arriesgarme a mentir y que alguna de mis compañeras o Edwina hablara de mas en algún momento, así que eso no daba detalles pero tampoco era cierto del todo.

Ya fuera respire profundamente el aire puro mientras el se presentaba y comenzábamos a movernos tranquilamente por los jardines - Es un placer Cabo McBurney, la señorita del sur que lo acompaña es Mollie Farnsworth, vive en esta casa desde desde hace muchos años - Demasiados ya... - Y no tengo ni esposo ni hijos - Bromee sin perder la sonrisa pensando en que su familia sufriría el mismo destino que la mía. Era justo, solo le faltaba una hija y seria la misma moneda.

Cargando editor
15/01/2018, 22:11
Daniel Robinson

Entre en la habitación tras dejar a los soldados bien acomodados.

Sobre todo a Jared, que se había quedado totalmente dormido por el Whisky. Afortunadamente estaba en buenas manos con la señorita Isobella. Así que cuando me pidieron de ir a ver al Cabo, asentí animadamente. Esperaba que mi viejo amigo no estuviera al borde de la muerte. O peor aún: de la locura.

Al llegar también estaba dentro Silas. Fruncí el ceño en desaprobación. No por el soldado en si, si no porque recordaba la conversación con Isobella y realmente me ponía en su lugar. LA tenía realmente asustada tras el secuestro del bosque. Luego relajé la mirada al pensar que no había otra alternativa.

-Siempre la hay- Resonó en mi cabeza como castigo por pensar como un soldado y no como un cristiano.

- Señor.- Saludé al entrar antes de que nos dejaran solos en la habitación.

Asentí al comentario de Silas sobre la buena educación y hospitalidad de las mujeres. Enseñé mi mano vendada. No podría usarla en algunos días, pero por lo menos no me moriría ni la perdería por la gangrena.

- No puedo decir lo mismo de la señorita Isobella. Se ha portado muy bien, pero...- Dije mirando a Silas.- ...La asusta. ¿Era necesario?- Pregunte girando la cabeza para enfrentarme con el Cabo.- Son solo niñas, algunas de ellas.

No estaba enfadado. Pero puede que me sintiera mas culpable por mi que por el resto. Puede que esa pregunta debería habérmela hecho yo a mi mismo cuando disparé el arma.

Suspire lentamente y me incorporé.

- El hombre del pantano. El que dejamos vivo. Es un familiar de ellas. Puede que sea un inconveniente si regresa.

 

 

 

Cargando editor
16/01/2018, 03:37
John McBurney

Escuchó a Silas apoyando una mano bajo su mentón analizando en silencio lo que el muchacho le contaba. - Mantente bien alerta. - le dijo, ya que lo vió muy complacido con el trato recibido y él estaba seguro de que Edwina quería eliminarlo. - Esa rubia viene a cuidarme y me pone buena cara, me trae la cena, me trae alcohol y cree que me trago su interpretación mediocre de buena samaritana. - el rostro del cabo estaba pálido y su frente perlada por un frío sudor. Quizás deliraba por la fiebre o había empezado a perder la chaveta después de tantos años sirviendo en el frente. - Hemos invadido su espacio, aún pisamos suelo confederado, no habrá esperanza para ninguno de nosotros hasta que no entremos en el estado de Ohio.

Después tocó el turno de Daniel, el hecho de haberle salvado la vida y haber luchado en el frente sacando cuerpos heridos del campo de batalla era digno de respeto, pero... seguía pensando como un predicador y el médico empático que quiere salvar vidas. El cabo hace tiempo que había perdido la capacidad de valorar cuanto merecía su compasión y perdón una vida humana, en que lado de la balanza se posicionaba él y su respeto por el sufrimiento ajeno y los daños colaterales de una muerte. Esa fina línea se había desdibujado tras arrebatar tantas vidas. Un hombre pierde la cuenta, un hombre se deshumaniza.

Las palabras de su amigo le quemaron en la garganta, y rápidamente salió en defensa de la postura de Silas. - Son solo niñas que algún día serán mujeres y habrán de enfrentarse a la vida real. Nos habrían dejado morir por miedo, Edwina no quería abrir. Fue necesario, Tristan se desmayó, el sufrimiento de esa muchacha es indiferente, se ganó más que se perdió, no debería importarnos lo que le suceda. - tras unos segundos de meditación McBurney confesó a los soldados el verdadero secreto que le consumía por dentro.

 

 

- Louisa se muere, mi mujer se muere. Recibí una carta de urgencia hace un mes. Estas mujeres no significan nada para mi. No, mi alma ya está condenada al infierno, Robinson... Pero tengo un deber, cuidar de mis hijos, y haré lo que sea para volver a casa con ellos. No espero que lo entiendas. - jamás habría abandonado el frente de no verse en la obligación de tener que hacerse cargo de sus pequeños. El cabo se sinceraba por primera vez acerca de los motivos que lo habían llevado a desertar. En ese instante solo Silas y Daniel conocían la verdad de sus razones.

- Debí de haber acabado con él. - no le reprochó nada a Robinson por haberle disuadido a matarlo pero escuchar que aquel tipo del pantano era un Farnsworth le hizo hervir la sangre. - ¿Quién es exactamente? - preguntó para ir uniendo el rompecabezas. - He descubierto que Mollie, la niña que quiso dejarnos entrar es la sobrina de la señora de la casa. No sé cuantas líneas familiares de Farnsworth hay en este condado, pero es muy probable que sea también familia de la rubia que ... - tuvo tacto con Robinson porque era la primera víctima para él. - ya sabes. - miró a Silas a continuación porque aún no había tenido oportunidad de explicárselo. - Era la esposa del negrero propietario de la plantación donde tú y Tristan fuistéis a parar hace pocas semanas.

Cargando editor
20/01/2018, 01:49
Silas Barton

Aunque no le pasó desapercibida la expresión del médico al encontrarse nuevamente con él, no era capaz de hacerse mala sangre por ello. Robinson le había ayudado a mantener vivo a Tristán, y sin su consejo no habría sido posible llegar a la casona que había acabado por significar la recuperación completa de su hermano, además de que Silas entendía a la perfección cualquier reproche por sus drásticas acciones. Si bien no se disculparía por llevarlas a cabo, le hubiese extrañado no encontrarse con algunos detractores de sus métodos. 

Los comentarios y la pregunta de Robinson le hicieron alzar una ceja con incredulidad. ¿Niñas? Una niña inocente jamás habría optado por dejar morir a un grupo de desconocidos por inconveniencia. Además, sinceramente, esa niña en particular era la que menos le podía preocupar del grupo junto a la mujer de mano pesada que le había propinado una bofetada a una de las suyas. 

Si bien agradeció las palabras del Cabo, y se contuvo de corregir la naturaleza de aquel desmayo agonizante, no pudo mantenerse callado del todo. El doctor olvidaba que no todos tenían una vida entera a sus espaldas. 

Nadie es un niño en tiempos de guerra... o Tristán no estaría en ella - le respondió con una seriedad iracunda rara vez vista en el meláncolico Silas. Él tampoco era particularmente mayor a sus 22 años, pero su hermano apenas alcanzaba la mayoría de edad. Si se trataba de niños, se permitiría aterrar a uno por salvarle la vida a otro. 

Escuchar los motivos de la deserción del Cabo le hicieron volver a su normal sumisión, suavizando su mirada. Era muy joven para entender el peso de aquellas noticias, pero no necesitaba la experiencia para saber que la pérdida de la madre de tus hijos significaría un dolor sin igual. - Lo siento, John - dijo con absoluta sinceridad, en un tono de voz suave y tranquilo. Era primera vez que llamaba al Cabo por su nombre, pero la situación y la confidencia lo ameritaban, y quería que supiera que podía contar con él. 

Cuando el tema se desvió al soldado que había sobrevivido robándose las herramientas de Robinson, el ceño de Silas se frunció. ¿Como había obtenido tal información? Quizás el médico había visto una foto, o algún retrato. Sin duda el hecho de que ese hombre fuera un familiar resultaría problemático de una u otra manera, y ya le parecía suficientemente compleja la situación cuando escuchó que todo ahí estaba relacionado. La escuela, la mujer que había guiado a los confederados, el hombre sádico de la plantación. Todos Farnsworth. 

La mandíbula de Silas se tensó de inmediato y el corazón se le aceleró en el pecho. La posibilidad de que gente relacionada a esos torturadores fueran los patrones de la dulce Kizzy hizo crecer un odio incontrolable en su interior, pues no le cabía duda de que tarde o temprano, alguna rama de la familia la haría sufrir. Entonces entendió lo asustadiza y recelosa que era, lo precavida que era incluso para mirarle. El estómago se le hizo un nudo al imaginar que podría haber sido Kizzy la que encontrara a medio desollar colgada de un gancho de carne en aquella plantación, y por un segundo fuertes nauseas lo aquejaron. Le abriría las entrañas con una hoz a los que siquiera pensaran en someter a aquellos martirios a la chica que lo había sanado. 

¿Órdenes? - se limitó a preguntar, esperando alguna instrucción, o al menos entender por qué el Cabo compartía aquello con ellos dos específicamente en vez de con todo el grupo. 

Cargando editor
29/01/2018, 20:20
Daniel Robinson

- Algunos preferimos seguir siendo niños a ojos de Dios- Repliqué a Silas, dando a entender que me gustaba tan poco la idea de matar como la de estar en una guerra sin mas. - Pero es cierto.- Resolví aceptando la realidad- La guerra nos cambia. Solo espero no cambiar demasiado.

¿Mas aún? ¿Qué mas puedo perder ahora que mi alma ha probado la sangre una vez? ¿Quién me dice que no volveré a hacerlo?

Más la respuesta del Cabo me llegó por sorpresa. Su mujer se moría. Al final estábamos en una situación familiar, ya que mi padre también lo hacía. Aunque con total seguridad ya estuviera a la diestra del señor. Sin embargo, el tenia hijos y no podía dejarlos a su suerte. Abrí los ojos un poco mas comprendiendo la situación tal y como estaba.

- Lo lamento. Puede que después de salir de aquí deba acompañarlo por si puedo ayudar.- Me ofrecí.

Al final iba a ser una persona insensible si me comparaba con él. Mi familia tenía ya el camino hecho. Mi hermana pronto se casaría y mi madre bien podría irse con ella o vivir todos juntos en la parroquia. Pero yo... por mas que quisiera, a mi vuelta solo veía mas y mas trabajo con los demás.

Por mi mente rondó la idea de irme  de misionero a lugares en el Sur. Muy al sur. Incluso podría convencer a Eve para que me acompañara. Aún siendo una chiquilla, era mas diestra que muchos hombre con la medicina. Eso me reconfortó por un momento, hasta que recordé lo que me había dicho sobre ese hombre: Adrien Fansworth.

- Adrien Fansworth.- Repetí como si mi mente dictara esas palabras a mis labios sin saber realmente su significado.-Hermano de la directora y prometido de la señorita Morrow. También médico.

Casi escupo las palabras. Mi maletín. ¿Qué medico roba a otro médico? Era como que un pobre  robe a otro pobre.

Asentí a la palabras finales de Silas esperando mas órdenes del Cabo. En el fondo tenía razón. Aún éramos soldados. Y la pistola con la que disparé seguro que aún tenía el cañón caliente y listo para un segundo disparo.

 

Cargando editor
19/02/2018, 15:29
John McBurney

No fue fácil para él abrirse de aquella manera y contar los problemas por los cuales su deserción estaba más que justificada. - Gracias. - dijo con sequedad tragando el malestar que confiar algo tan íntimo le había despertado. Se avergonzó de si mismo por mostrarse débil ante sus hombres. Aún era el cabo McBurney, aún.

¿Órdenes? - preguntó Silas. John alzó la vista con un brillo de firmeza y persuasión en su interior. - Si. Hacernos con el control de la escuela. Tenemos suerte hoy al tener este tiempo. - miró por la ventana.

- La lluvia torrencial y el deber de cuidarnos, "la caridad cristiana"... - señaló entre comillas con los dedos. - ...ha mantenido a las mujeres aquí dentro. Pero eso se va a acabar. ¿Pensáis que van a confiar en nosotros? No. Nos entregarán a los confederados en cuanto alguna de ellas se escape como una anguila por esa puerta y delate nuestra posición. No quiero acabar muerto y mucho menos en la cárcel. Si esta pierna me imposibilita luchar o comandar, tomad el mando y llevad a cabo nuestro objetivo, retenerlas en esta casa y que no escapen hasta que estemos plenamente curados para retomar el viaje. Ambos tenéis mi consentimiento para tomar cualquier decisión, por más agresiva que sea. También hay que recuperar nuestras armas, sin ellas no tenemos opciones ante el enemigo. Solo cuento con una pequeña pistola que Edwina no percibió durante el cacheo. - y así fue como John transmitió las órdenes a sus camaradas.

Por último añadió. - Habrá que vigilar también los alrededores de la plantación por si ese Adrien se cuela aquí o nos vigila desde fuera. Teniendo el maletín médico pudo curarse a si mismo y regresar. - después de aquello, John dio por finalizada la conversación y animó a Silas y Daniel a mantenerse muy alerta.

Escena finalizada

Notas de juego

Con estas órdenes del cabo expresadas durante el día 1, Silas y Daniel tienen vía libre para negociar con Martha en la escena del salón, día 2.

Cargando editor
19/02/2018, 15:30
John McBurney

La muchacha era muy amable, quizás demasiado. Pero el cabo no tenía fuerzas para estar pensando de más. Si iban a matarlo con veneno, pues mira, no podría evitarlo, porque tenía que comer y beber igualmente.

- Gracias, es usted muy comprensiva señorita. Las galletas de chocolate también son mis preferidas. - sonrió. Bebió de la limonada fresca y vio como ella sonreía con dulzura. Parecía que le diera satisfacción que bebiese la limonada. Era agradable ver la ternura de una niña tan joven y sus buenas intenciones.

- Entiendo que no hemos entrado en la escuela de la mejor forma posible, pero le agradezco que haya venido hasta aquí para atenderme con diligencia. Y no se preocupe, Edwina ha confiscado todas nuestras armas. Mis chicos no son peligrosos realmente. Necesitábamos entrar para no morir ahí afuera. Ha sido generosa dando el primer paso para permitirnos el paso.

Sentado en su silla de ruedas, la joven le acercó una manta para las piernas, afuera la noche estaba fresca aunque fuese verano y el cabo se sentía destemplado por la fiebre. - Estaremos encantados de ayudar antes de marcharnos, cuando ya estemos recuperados de estas heridas. - rió entre dientes con la broma que hizo Mollie sobre la ventana.

Más serio se puso cuando le habló sobre su tía Martha y le confirmó que su familia acumulaba varios muertos por culpa de la guerra. John apretó sus labios un tanto inquieto. Siguió escuchando su historia mientras la joven empujaba la silla de ruedas y se posicionaban en el porche junto al jardín. - No piense en cosas tristes señorita, disfrutemos del paseo, del aire fresco. Aquí está a salvo, afuera la guerra es cruenta y no respeta los vivos ni los muertos de ningún bando. No desprecie la seguridad que tiene en este lugar. - le animó.

Pasados unos minutos el cabo empezó a enfriarse por la fiebre y le pidió a Mollie que le regresase de vuelta a su habitación. Todos los días llevaría a cabo la misma acción para ganarse su confianza y administrarle el veneno que lo mataría lentamente.

Escena finalizada

Notas de juego

Y así, niños, es como Mollie envenenó al cabo día tras día con la limonada y las galletitas :D

Cargando editor
21/02/2018, 17:37
Martha Farnsworth

25 de Julio de 1864

Día 2.

Habitación de Martha.

Hora: 21:00 hrs.

 

 

Tras negociar acaloradamente con Silas las condiciones de su rendición aceptando bloquear su escuela y encerrando a sus alumnas en ésta como prisioneras, Martha regresó a su habitación donde le esperaba Mollie e Isobella. Se reunió primero con su sobrina porque solicitó hablar con ella en privado, después permitió el paso a su alumna, quien también tenía que informarles de lo que había pasado con Silas la noche anterior.

Cargando editor
25/02/2018, 15:12
Mollie Farnsworth

En cuanto mi tía llego a su habitación yo ya le tenia preparada ropa seca y limpia para que se pusiera. Nada mas cruzar la puerta de forma inevitable me lance a sus brazos abrazándola con fuerza, puede que no fuera la mujer mas afectuosa del mundo pero ahora mismo era la familia mas cercana que tenia y necesitaba aquel abrazo tanto como respirar.

Al separarme la mire suspirando - Ayer cuando Isobella salió al bosque a por setas los soldados la cogieron, cuando llegaron a la puerta Edwina no quería dejarlos pasar y amenazaron con matar a Isobella poniéndole una pistola en la cabeza, pedí que los dejaran pasar pues ellos eran varios hombres y armados, si no abrimos la verja quizás no solo ella perdiera su vida, Edwina me abofeteo delante de todos por intentar tomar el control de la situación y hasta que vio que no bromeaban con pegarle un tiro a Isobella no les abrió - Mis diente se apretaron con fuerza recordando el momento sin entender como la arpia podía ser tan idiota de creer que tenia las de ganar en un momento así o algo con lo que negociar.

- Nos ordeno curarlos y atenderlos, yo me negué hacerlo, o al menos así fue hasta que reconocí el norme de uno... - Apreté los labios mirando a mi tía - El cabo es quien mato a mi padre tía, es el hombre que lo mato ante mi... - Mi tía sabia que yo estaba escondida cerca de mi padre cuando había sucedido todo - Yo... no... no podía... la idea de tenerlo aquí me... - Me mataba por dentro - No podía hacer nada con sus soldados aquí pero no podía dejar que se fuera sin una lección, así que todas las tardes voy a verlo como la dulce niña que me enseñaste a ser con limonada y galletas, una limonada que solo el bebe - Y son eso dejaba claro que tramaba - Ese hombre destruyo mi familia... no merece volver con la suya. - Aunque tuviera que dispararle yo misma el ultimo día.

- Entre los soldados hay un medico, Daniel, el hombre blanco de cabello largo, el moreno grande no parece de lo mas listo, el moreno mas joven esta demasiado herido para pensar en hacer algo, el de cabellos corto es el mas desorientado - Y ahora llegaba el ultimo - Y el rubio es el mas peligroso de todos, es el que apunto a Isobella sin dudar y parece el mas cercano al cabo así que pensé que lo mejor era tenerlo cerca, cautivarlo y mantenerlo vigilado pues sin duda es del que menos me fiaría de todos - Lo cual le explicaba mi cercanía con el en el salón - Nadie sabe nada de esto y del cabo, no quería que pudieran interferir así que no he dicho nada a nadie, prefiero que crean todos y todas que me han cautivado a mi los soldados a que algo salga mal.

Pero había mas cosas que decir - Kizzy, desde que te fuiste campa a sus anchas con permiso de Edwina que se cree la dueña y señora de la casa, le ha dejado presenciar las clases, la ha tenido en el el salón con nosotros y parece que la sucia esclava esta confraternizando con los soldados mas de lo que debería - No era tonta y me había fijado en miradas y comentarios de ellos en el salón. 

Cargando editor
31/03/2018, 20:58
Martha Farnsworth

Entró por la puerta y se abalanzó a darle un abrazo fuerte a su sobrina. - ¿Estás bien mi niña? - acarició el cabello rubio de la joven, preocupada. - Esos hombres... ¿No os han hecho nada verdad? ¿Por qué la estúpida de Edwina les ha dejado entrar? - preguntó con ganas de saber.

Mollie captó inmediatamente la necesidad de su tía de estar al corriente de la situación y le explicó lo que había pasado en la verja. Durante unos segundos Martha se quedó pensativa aprentando los labios y tragando todo lo que escuchaba, que por cierto no le hacia ninguna gracia. - ¿Se ha atrevido a golpearte? - dijo furiosa abriendo la boca de la sorpresa y la rabia que tenia encima por saber que la gorda prometida de Adrien habia osado abofetear a Mollie. - Que se ha creído, ni siquiera forma parte de esta familia, la soporto porque Adrien está en la guerra, pero si tu tio no vuelve, Dios no quiera que le pase nada, Edwina se irá a la calle. - le acarició la mejilla a su sobrina para darle tranquilidad.

- Tengo que sacar a esos hombres de aquí como sea. - se puso a caminar nerviosa por la habitación, pensando y dando vueltas como un animal rabioso encerrado en una jaula. - Son peligrosos y han apuntado con una pistola a Isobella. Lo próximo será apuntarnos a una de nosotras. - si pensaba que la amenaza de Silas en el salón era lo peor que podía tener en casa, saber que el cabo McBurney, el hombre que a punto estuvo de matar con el disparo, era quien mató al padre de Mollie, elevó su tensión por las nubes y el latido de su corazón como una locomotora.

- ¡¿Qué?! ¿El asesino de tu padre es ese tipo? - abrió la boca gritando ya que no podía contenerse de rabia e indignación. Su sobrina le explicó que habia empezado a envenenarle llevandole galletas y limonada y Martha la miró con orgullo, entre sorpresa y calmándose lentamente por el atino que la joven niña habia heredado de su madre y de las enseñanzas de ella.

- No, no merece volver a su casa, ni él ni ninguno porque son el enemigo, y matan a los nuestros. - dijo con rencor pensando que uno de ellos podria matar a Adrien, a la madre de Mollie o sus hermanos. - No podemos fiarnos de ellos, no te fies. - dijo bajando la voz como si alguien la pudiera escuchar.  

Lo siguiente que le contó fue que el rubio era el autor del encañonamiento a Isobella y que lo estaba intentando cautivar por ser el más peligroso. Martha sintió una punzada de preocupación en el pecho porque no le parecia lo más sensato que su sobrina estuviese llevando a cabo ese plan, su reputación podia verse comprometida o el hombre atribuirse el derecho de desflorarla sin estar casados por el mero hecho de recibir sus atenciones. - Me preocupa que te haga algo. Sé que eres más lista que el hambre, pero sigues siendo una niña, puede encerrarte en una habitación y aprovecharse de ti. - no podía permitirlo.

- Ja, esa esclava, siempre se ha creido especial, y no es más que una mugrosa y una mula de carga que nadie echaria de menos si se muriera. No te lo he dicho, pero Theodore me ha pedido matrimonio. - levantó la mano sonriendo como una pérfida enseñandole el anillo a Mollie, por fin iba a tener su futuro asegurado si la estúpida de Edwina se hacía con el control de la plantación. - Theodore vendrá, tarde o temprano, y cuando vea a todos esos soldados los matará sin compasión. - se dijo a si misma para tranquilizarse. - Si, ya verás. Continúa envenenando al cabo para que se debilite pero no hagas nada que te pueda poner en peligro Mollie. Ese chico, Silas, supuestamente es hijo de un baronet de Inglaterra, pero puede ser el hijo vulgar de un carnicero. No te acerques más a él, tu exposición a tanto peligro no es sensata. He visto las armas de los soldados en el escondite* secreto donde guardo las mias... y no me quedaré de brazos cruzados. con eso le daba a entender que los mataría en cuanto tuviese ocasión.

Escena finalizada

Notas de juego

*Isobella conocería el escondite secreto de las armas porque se lo habría dicho Mollie hace tiempo. Edwina también lo sabe, pero las demás no.