Partida Rol por web

The Beguiled

◇ Día 10 Final ~ [La Escuela] ◇

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20/06/2018, 17:13
The Beguiled

Flashback en los Pantanos

 

 

- Volvíamos a casa. - confesó desconsolado al saber que sus esfuerzos habían resultado en vano. Todo había terminado de la forma en que no quería. - Y ella... lo estropeó todo. - dolía en el alma saber que dejaba sola a su prometida y no podría cumplir su promesa tal y como le había hecho jurar. Las heridas de su cuerpo se habían infectado.

Su pecho había adquirido un preocupante tono negro y el rostro que hace solo una semana era bello lucía del mismo color, aunque más amoratado. Los labios del médico estaban resecos y cortados, y sus ojos se habían rendido a la muerte. No pudo moverse del gran estanque de agua y lodo que le había sepultado durante ocho días. Entre morir inmediatamente y tener una oportunidad de sobrevivir, decidió lo segundo. Suturó sus heridas para evitar desangrarse enseguida y esperó, llamando desde su desesperación a Edwina, implorándole a Dios que le permitiese volver a su lado.

No fue hasta el octavo día, cuando Richard Collins, uno de los capataces de la plantación Westwood le encontró.

- ¿Por qué, Maggie?. - preguntó retóricamente, mirando hacia la nada. Buscó una respuesta de la mujer, como si todavía estuviese de pie allí frente a ellos, cargando valerosa su arma.

Collins se tapó la nariz. Su cadáver no había sido movido del pantano, al igual que tampoco los restos de sus amigos, los confederados. El calor había iniciado su proceso de descomposición y el hedor en aquella zona era nauseabundo. Olía a muerte por doquier.

- Vio al cabo McBurney y perdió los estribos. Se lo dije... - negó consternado. - Piensa en tu hija. - la voz débil de Adrien relató los hechos al mismo tiempo que su respiración se apagaba. - Esta guerra me lo ha arrebatado todo... - cerró los ojos, aceptando capaz, la muerte que le esperaba al otro lado del río. - Dile a Edwina que la quiero.

Collins asintió recogiendo a Adrien de las aguas, apiló su cadáver junto al resto y mandó llamar a otros hombres para trasladarlos al cuartel más próximo. Excepto el cuerpo del médico y el de la rubia necia y pistolera.

Lo último que hizo el señor Collins fue abrir el maletín que Adrien había atado a su cuerpo con una cuerda. Dentro había una carta sellada. Observó con detenimiento el resto de compartimentos y detectó una pequeña inscripción en rojo sobre la piel amarilla de fondo. Dr. Daniel Robinson.
 

Maletín médico del Dr. Daniel Robinson.

 

[...]

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20/06/2018, 17:14
Edwina Morrow

Flashback Edwina y Tristan

 

El noveno día, Edwina había enloquecido y se paseaba por su habitación vestida de novia con una escopeta en la mano.

Después de la cena, y cuando la mayoría se retiró a sus aposentos para descansar y olvidar el entierro de John, ésta salió por fin de la suya. Tuvo suerte, ni siquiera se cruzó con Kizzy, puesto que estaba afanada en la cocina limpiando los cacharros sucios de la comida.

Aunque Edwina no se paseó con cuidado por la casa, estaba decidida a usar su arma si cualquiera de los soldados le impedía salir a buscar a Adrien. El espectro del difunto había visitado su hogar para despedirse pero la mujer conservaba la esperanza de encontrarle vivo.

Fue Tristan quien la encontró en la puerta de entrada cuando se disponía a relevar el turno de guardia. El muchacho la miró sorprendido pidiéndole con calma que hablase con él. Comprendió por el trato que mantuvo todo ese tiempo con Edwina que no estaba en sus cabales.

- Si no me dejas pasar, tendré que apretar el gatillo Tristan. - murmuró elevando su escopeta, apuntando con decisión al pecho del joven. - Tengo que buscar a Adrien.

Le conmovió y se apiadó de su estado. Tristan tenía sus propios planes. El cabo McBurney había muerto y no había razón para no dejar que Edwina saliese en busca de su amado.

El moreno confesó que fue el cabo quien disparó a Adrien en el pantano, intentó explicarle en que zona habían visto a Isobella, pero no pudo darle muchos detalles al respecto. Durante aquel viaje agónico donde la señorita los guió hasta la escuela, el muchacho permaneció más atolondrado por las heridas que realmente despierto pendiente de lo que ocurría a su alrededor. Finalmente le dejó salir con la condición de no delatarles.

- No lo haré. - prometió. - Martha quiere mataros a todos. Sospecho que envenenó a John, y no puedo decir que no me alegre por ello. - sus últimas palabras nacían de la más pura rabia. Pero era una mujer misericordiosa y no lo sentía de verdad. - Cuídate Tristan. - se despidió saliendo hacia el bosque. Su figura se desvaneció entre la oscuridad y una pequeña luz en forma de farolillo, mientras Tristan se sentaba en el porche dudando sobre lo que acababa de hacer.

 

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20/06/2018, 17:14
The Beguiled

Flashback Edwina, Marius y Mary

 

Marius y Mary partieron en un carruaje hacia la plantación Westwood en cuando les fue posible. Tras la visita de la joven a casa de su prometido y muy apesadumbrados al conocer la noticia de las muertes que habían caído como un rayo sobre su familia, decidieron que la boda debía cancelarse por tiempo ilimitado.

El caballero pensaba seriamente en buscar a Mollie, había rumiado sacarla de la escuela y llevarla de vuelta a casa con él. Estaba decidido a formalizar sus intenciones en pocos días. Pensativo y sumido en el silencio, solo de vez en cuando dirigía su mirada a Mary con gravedad, pensando en lo que le había ocultado.

De repente escuchó sobresaltado la voz del cochero advirtiéndole de la presencia de una figura extraña en mitad del camino.

- Tenga cuidado Charles, podría tratarse de un ladrón. No aminore la marcha. - observó preocupado volviendo la vista hacia su prometida. - Es necesario que lleguemos a casa de tu hermano cuanto antes. - ella asintió.

No obstante, a medida que avanzaban, Mary detectó que la figura blanca y bajita que bordeaba el camino se movía con dificultad y una extraña delicadeza. Su aspecto no parecía ser el de un fugitivo. El velo que llevaba en la cabeza confirmaba que era una mujer.

- ¡Cielo santo! - se sobresaltó la joven viendo su rostro. - ¡Es Edwina!

Inmediatamente Marius ordenó detenerse al cochero y bajó del carruaje rogando a la institutriz que les acompañase.

- Suéltame. Tengo que ir al pantano. - se zafó de él en cuando el caballero la tomó del brazo, mirándolo con severidad. Portaba la escopeta en la mano y no la escondía para su asombro.

Convencer a una Edwina desencajada que se desviaba del camino hacia el interior del bosque buscando el lugar del que Tristan le había hablado no parecía una empresa fácil.

- Por favor señorita Morrow suba al carruaje, nos dirigimos hacia la plantación Westwood. Ha ocurrido algo grave. - no quiso decirle que Adrien había fallecido, de lo contrario, deducía que su fuerza física no sería capaz de aplacar su nivel de perturbación. - Me obliga a ser descortés con usted, pero es por su propio bien. - le quitó la escopeta de un movimiento rápido sin pensar demasiado. Viendo que se rehusaba a obedecer, la cogió en brazos mientras movía torpemente sus piernas rechonchas y gritaba como una condenada que la soltase.  

 

[...]

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02/07/2018, 10:44
Theodore R. Westwood
Sólo para el director

Día 10

 

  

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05/07/2018, 19:35
The Beguiled

Flashback Edwina y Theodore

 

 

 

En cuanto tuvo oportunidad, Theodore interrogó a la institutriz cuyo compromiso sabía que de haber sobrevivido su prometido, le arrebataría una gran fortuna a Martha y por consiguiente a él. 

- ¿Sabe quién es Daniel Robinson?

- Si, un médico. Tiene la mano vendada.

Theodore le mostró el maletín que Collins había encontrado.

- El nombre encaja. - se humedeció los labios pensativo. - ¿Y el cabo McBurney?

- Murió, le enterraron en el cementerio de la plantación, para el disgusto de Martha. También sé que disparó a Adrien. No quería que entrasen en nuestro hogar pero lo hicieron a la fuerza. - se lamentó Edwina. - Isobella les encontró. El hombre rubio, Silas, le apuntó con un arma y amenazó a Martha cuando les obligó a abandonar la casa.

- ¿Cómo sabe que le disparó?

- Me lo contó Tristan.

- ¿Quién es ese Tristan? - preguntó con curiosidad.

- Es un joven de piel morena y cabello oscuro, labios gruesos y ojos marrones. Le reconoceréis. - bajó la vista atormentada. - No le hagáis daño. Si no fuera por él no sabría la verdad, y habría podido poner en peligro la vida de mis alumnas y Martha.

- No se preocupe. - respondió Theodore sonriendo con una natural cordialidad bien ensayada. - ¿Están heridos gravemente, y está bien mi prometida? Cuéntemelo todo. Será más fácil solucionar esto de una forma civilizada si sé como actuar con esas bestias.

[...]

 

2 de Agosto de 1864

 

Día 10.

Plantación Westwood.

 

 

Theodore pudo entregar la carta sellada de Adrien a Edwina pero lo cierto es que descubrió una verdad que, conforme a su mezquino criterio era mejor que permaneciese escondida.

La institutriz se había desmayado tras enterarse de la noticia que muy astutamente Theodore había evitado contarle antes de hablar con ella ofreciéndole una copa de alcohol.

Marius estaba conforme con no desvelar la verdad, pensó que no debía meter las narices donde no le llamaban, y así el hombre quemó la carta sin remordimientos ante el otro, prometiendo guardar silencio con tal de proteger el honor de su familia.

El hacendado aseguró que no iban a tocar a su prometida ni a ninguna de las otras damas. Después de ordenar enviar mensajeros a otros puntos del estado de Virginia, avisando de la delicada situación al padre de la señorita Davis y a la tía de Ophelia Edevane se reunieron todos en el salón en la tarde del décimo día.

A August habían logrado localizarle, sin embargo la señorita Elizabeth no estaba en su residencia habitual, y los familiares más cercanos de Eve vivían en California.  

- No vayas Marius, quédate a mi lado. - Marius era un caballero de negocios, que no de armas, su cuñado en cambio dominaba ambas cosas. - Tengo que ir, mi hermana está secuestrada. No tengo opción, soy la única familia que le queda. - no mencionó a su tía porque sabía que su escopeta la cargaba el demonio. - Volveré y cuando esto acabe nos parecerá una lejana pesadilla, mi Mary. Estas muertes no empañarán nuestra felicidad. - se despidió con un sentido abrazo dándole un beso en la frente.

El carruaje partió por un sendero surcado por roderas de coches, avanzando con tanta rapidez que resultaba imposible no remover la tierra del camino.

Los cinco hombres portaban armas y habían decidido ofrecer dinero a los secuestradores pensando animarlos a salir de la plantación lo antes posible y de manera rápida.

En el corto trayecto desde la plantación Westwood a la casa de los Farnsworth, Theodore, Collins, Marius, el padre de Isobella y uno de sus guardaespaldas permanecieron callados cada uno repasando mentalmente lo que habían pactado.

- Nada de armas a no ser que sea estrictamente necesario. No busquen el enfrentamiento caballeros. - dijo August apelando a su sentido común. - Lo último que quiero es ver a mi hija dentro de un ataúd.

 

[...]

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14/07/2018, 10:21
Martha Farnsworth

Día 10.

Plantación Farnsworth.

Hora de la cena.

 

"Lo siento, pero yo tambien tengo que escoger mi camino como habéis escogido todos el vuestro. Se feliz con Mary porque es lo único que deseo, tu felicidad y la de Francis. Os quiero con todo mi corazón."

 

Sostenía entre sus manos la nota que su sobrina le había dejado antes de huir, muy a su pesar suponiendo que había sido acompañada del salvaje malnacido que se había presentado frente a ella como el hijo de un baronet, Sir Barton.

¿Con quién sino? Sin embargo, lo que más le escocía a Martha era que Mollie le había hecho creer que estaba de su parte y su acercamiento a Silas se trataba solo de una estrategia. Ten a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca.

Era una chiquilla y no tenía nada. Pero aún le quedaba su familia, peor o mejor. No sabía nada de la muerte de Francis, su tía se lo había ocultado por decisión de Marius, y su madre, combatía en el ejército buscando el paradero del cabo McBurney, el tipo que había asesinado al padre de Mollie y que ahora, criaba malvas en el cementerio de su plantación. Justicia. Así había sido. Ojo por ojo por derecho.

Todos creían que había sido ella, pero nada más lejos de la realidad. Fueron las manos de su sobrina las que vertieron el veneno en la limonada que astutamente le llevaba cada tarde al lisiado, y su aparente candidez e inocencia el mejor disfraz para engañarle.

A pesar de sus reflexiones, no podía saber con certeza de que forma había decidido huir, ni con quien, pero si, creía que había sido con Silas y Tristan, que fueron los primeros en abandonar la plantación. La fuga de Jerry y Ophelia no la tomó por sorpresa, "con la cuchara que elijas, con esa comerás querida", le dijo a su alumna antes de verla marchar por la puerta.

Había que ser muy estúpida para largarse con un don nadie, arruinarse la vida de esa forma. Todo cuanto tiene una mujer es su reputación y el buen nombre de su familia. Ahora ninguna de ellas gozaba de dichas virtudes. A mi sobrina quizás le espere algo aceptable al lado de ese caballero, aceptable en cuanto a dinero, porque no veo de que otra cosa se haya podido enamorar. Tal vez su hermano luche por buscarla y la traiga de vuelta a casa.

Por el contrario, a Ophelia le esperaba un futuro lleno de calamidades al lado de ese granjerucho irlandés sin dinero. Su tía Elizabeth le habría procurado un buen matrimonio de conveniencia cuando terminase la guerra, y de paso se habría librado de ella. Ahora no era buen momento para casarse con nadie, pero lo que si tenía claro Martha es que esas niñas no estaban hechas para la pobreza pues habían vivido rodeadas de lujo toda su vida.

- ¿Decidme, cuándo pensáis iros de aquí? - se arrancó sin tapujos preguntándole al doctor Robinson. Ambos aguardaban en el comedor a que la cena fuese servida por Kizzy. - A usted aún soporto verle la cara, pero al otro salvaje que ronda por esta casa me dan ganas de arrancarle la piel a tiras y colgarlo de la puerta de entrada para que todos vean lo que somos capaces de hacer los Farnsworth. También podría matarle con veneno. Claro que si. - sonrió sibilina. - ¿Todos piensan que yo asesiné al cabo verdad? Por eso huyeron y ahora solo quedamos nosotros. La verdad es más retorcida de lo que parece.

La conversación se presentaba interesante sin duda. La mujer aguantó con estoicidad el paso de las horas imaginando como matar al enemigo, en ello se recreaba en silencio. Ciertamente la impotencia no le sentaba bien, pero conservaba la calma por Eve e Isobella. - Mi cuñada, está muerta o se ha escapado para pedir ayuda, y en tal caso la ayuda no tardará en llegar. - dijo con malicia sonriendo de nuevo al doctor. - La plantación Westwood está muy cerca.

Le divertía, si no podía meterles un tiro, al menos podía desquitarse usando su lengua, no obstante la diversión llegó a su fin en cuanto un grito agudo de mujer les alertó obligándoles a salir afuera.

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14/07/2018, 11:17
Marius Farnsworth

Incursionaron en la plantación por la puerta trasera, concretamente por el porche que daba salida al vasto jardín. Aprovechando el momento de la cena cuando los caballeros y las señoritas permanecían aún en sus habitaciones, Marius, August y su guardaespaldas subieron con sigilo a la primera planta usando la escalera de servicio que se hallaba en el mismo comedor.

Marius entró en la habitación de su hermana, para su desgracia encontrándola vacía. Al lado, Isobella y su padre mantenían una discusión acalorada. Entró en todas las habitaciones excepto la de la amiga de Mollie, Ophelia también había desaparecido y a Eve la encontró indispuesta en la cama. Tapó su camisón con una bata y la cogió en brazos. La sacó de allí antes de que los soldados advirtiesen su presencia y se lo impidiesen. Su resfriado había empeorado, y era uno de los motivos principales por los cuales Robinson aguantaba en la casa con tal de cuidarla.

- ¿Dónde está Mollie? - Robinson se había adelantado saliendo al jardín y Martha abandonaba el comedor en ese momento. Sonrió con orgullo al escuchar una voz reconocida, pensando que la caballería había llegado.

- Se ha ido, y no volverá. - habló con resignación acercándose a su sobrino para entregarle la nota que Mollie le había dejado. - Tendrás que remover cielo y tierra si quieres encontrarla. Solo tengo un nombre, y la sospecha de que se ha fugado con ese caballero, si se le puede llamar así.

Marius leyó el escrito y se sintió terriblemente desdichado. Su felicidad no estaba al lado de Mary, a pesar de lo que le había hecho creer a todo el mundo. Apartó a su hermana internándola en la escuela porque no era correcto que dos hermanos sintiesen amor el uno por el otro.

 

 

- ¿Cómo se llama? La buscaré cuando salgamos de aquí.

- Ahora no. Dame tu arma Marius. - su tía alargó la mano. Sabía que él no tendría coraje para disparar si era necesario. La cara del joven resultaba un poema y no era un buen momento para hablar de Silas. - Solo quedan dos, Daniel y Jared.

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14/07/2018, 11:18
Isobella Davis

Su padre entró de imprevisto en la habitación y encontró a un mestizo de casi dos metros sosteniendo las manos de su hija. La joven tenía la cara desencajada y lloraba. Estar enamorada por primera vez era angustiante y no saber si había hecho lo correcto correspondiendo sus sentimientos le angustiaba, igual que no tener la aprobación de sus padres para casarse.

El dinero no era una preocupación para ella porque Jared le había explicado como era el negocio de pieles que regentaba su familia. La posibilidad de pasar un tiempo en la ciudad y viajar en otras épocas del año a la tierra nativa de sus ancestros le parecía un plan equilibrado. Vivir y experimentar en ambos entornos, urbano y salvaje seria bueno para los dos.

No obstante, la joven tenía miedo de tomar una decisión equivocada y pagarlo muy caro el resto de su vida. Estaba apenada y aún no había aceptado huir de la plantación con Jared, a pesar de que era la segunda vez que se lo pedía.

 

 

- ¿Qué significa esta estupidez? - preguntó August observando la escena estupefacto.  Su blanca flor en manos de un soldado de la unión, sin clase ni posición. No podía consentirlo. - Suéltala. - le ordenó como si se tratase de su esclavo.

- ¿Cómo te atreves a tocar a mi hija, con que derecho has entrado en su habitación? - se adelantó hacia la pareja con rapidez con la intención de coger a Isobella de los brazos para apartarla de él. Su guardaespaldas apuntaba con el arma a Jared. El padre temía que la hubiese embaucado, y si no se salía con la suya por las buenas, sería por las malas. Los hombres como él siempre conseguían lo que se proponían.

- No, padre. - la voz de la joven sonó dura, tan clara como los sentimientos que la movían a enfrentarle y luchar por lo que quería. - No me separarás de él.

August le miró enojado, con los ojos encendidos en rabia. - Eres una estúpida. ¿Lo sabes? Te has dejado seducir por una basura y quieres ser su señora. - negó con la cabeza riendo. - Estás loca como tu madre, pero aún puedo evitar que caigas tan bajo como ella. Vendrás conmigo sin rechistar y harás lo que yo te diga. - la cogió del brazo de malas formas, haciéndole daño.

 

 

- ¡Te he dicho que no iré, no puedes obligarme! ¡Es mi vida, mi decisión! ¡Yo decido! - gritó alterada dejándose la voz en la reafirmación de su amor por Jared.

La discusión iba a peor, pero los gritos provenientes de afuera pararon en seco los gritos del padre y la hija. Jared miró por la ventana y bajó las escaleras rápidamente. Isobella se quedó en shock observando lo que ocurría en el jardín y tuvo la sensación de que algo muy malo iba a pasar.

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14/07/2018, 11:18
Theodore R. Westwood

Collins se quedó vigilando la puerta de entrada. Theodore entró con el mayor sigilo en la cocina y se quedó durante unos segundos viendo a Kizzy trabajar. La nostalgia invadió sus pensamientos y recordó una conversación que habían mantenido en el pasado, cuando la niña le había hecho pasar un mal rato al hacerse un corte en la cara jugando con su amigo Kali. ¿Cuántas veces le había dicho a la negra que no estaba hecha para trabajar en el campo, sino para ser su empleada doméstica? Su belleza era inigualable y no podía desperdiciarse bajo el sol.

En aquellos días donde la pequeña disfrutaba de la protección de Theodore, su existencia era lo más parecido a un cuento de hadas que una niña de color pudiese tener. Dulces, vestidos bonitos, clases de piano... el hombre no escatimaba atenciones para su pequeño tesoro de ébano.

Calentar su cama cuando fuese mayor era otra cuestión, pero mientras la niña fue niña, el amo la dejó ser lo que era, ni más ni menos. Cuando Kizzy tuvo la suficiente edad para sangrar y entender las verdaderas intenciones de Theodore, nada volvió a ser igual entre ellos. El hombre que le inspiraba confianza, amor y ternura, pasó a darle miedo, asco y horror, hasta el punto de sentirse insignificante y temblar a su lado.  

La maltrató y la humilló con la sutileza de las serpientes. No podía ser feliz lejos de él, simplemente no le dejaba. Todo tenía que girar en torno al amo, pertenecerle hasta el último pensamiento que cruzase su mente y anular su voluntad.

Le cortó el pelo cuando los demás niños posaron sus ojos sobre ella, mandó azotar a su padre como castigo para hacerle daño y que supiese quien mandaba, se encargó de que los perros matasen a su amigo Kali, y para ella, también fue el asesino de su madre. El monstruo no conocía límites y buscaba todas las formas de hacer daño a la niña que con tanta dedicación había cuidado.

La niña a la que le había dado todo, pagó con creces su falta de deslealtad. Una traición que ni a estas alturas había sido digerida por Theodore. La compra de Kizzy por capricho del dichoso empeño de Adrien le persiguió durante años como una pesadilla de la cual no podía librarse. Había perdido la única cosa que no podía comprar y de la cual tampoco podía ser dueño.

Se llevó un dedo a los labios mirando con recelo a la criada, indicándole que permaneciese en silencio y quieta sin moverse. Kizzy, asustada dejó caer al suelo uno de los platos de porcelana que sostenía entre sus manos. Theodore reaccionó, colérico, abofeteándola con fuerza.

- Maldita criada, desagradecida. - murmuró por lo bajo obligándole a salir con él al jardín. - Cállate Kizzy o acabarás en el río como tu madre. - tenía ganas de hacerle daño. Sabía que pronto sería señor de la plantación e iba a empezar con ella esa misma noche.

- No podías irte, no recuerdas lo que me prometías siendo niña. Rompiste tu promesa, dejaste al amo y le pediste a Adrien que te comprase para alejarte de mi. - la voz de Theodore iba ganando enojo, así como su mano se acercaba más y más al látigo que se balanceaba atado a su cintura.

- Lo vas a pagar con sangre. - los intensos ojos azules del hombre se clavaron en ella. Por desgracia, el rostro en el que brillaban no era precisamente bondadoso. - ¡Eras mía! ¡Tenías que estar conmigo y me traicionaste! - gritó empujándola con virulencia hacia un árbol. - Quítate la ropa. - Kizzy se negó y el hombre volvió a abofetearla. Se acercó lo bastante a ella para sujetarla del pelo y hacerle un corte en la cara con una navaja. - Más o menos. - dijo mirándole a los ojos. El corte estaba a la misma altura que el anterior, el que le había curado con cariño hace años para que no le dejase marca en la cara.

- Nunca lo has entendido, cuando naciste ya me pertenecías.  Me hice cargo de ti, te iba a dar una buena vida. ¿Que habrías hecho en la casa? Nada. Solo pasearte de un lado a otro, servir de vez en cuando a mis invitados, ser la dueña de todo, mientras el resto trabajaba de sol a sol en los campos de algodón. Tú elegiste esto. No me mires así. - cogió el látigo sin un mínimo de remordimiento y lo desenrrolló, dispuesto a azotarla con crueldad hasta que la esclava se desmayase por el dolor.

- Te he dicho que te quites la ropa. - le amenazó harto de sus negativas y súplicas. - Hazlo o te la quitaré yo mismo. - recordó la imagen de Kizzy sosteniéndola entre sus brazos, un recuerdo que aún le conmovía, y que se obligó rápidamente a olvidar.

 

 

- Si intentas huir, te mataré. - acarició su revólver para que entendiese que, si no le dejaba hacer lo que quisiera con ella le quitaría allí mismo la vida. Echaría por tierra cualquier plan que hubiese pactado con Marius y August por su obsesión enfermiza con la esclava. - Tu vida nunca ha sido tuya. No eres nada ni nadie. - rompió el vestido de Kizzy por la espalda, alzó el látigo contra su piel con el ánimo de desgarrarla y juró que no pararía de lastimarla hasta verla sangrar.

- Si gritas te pegaré más fuerte. Tan fuerte que tu piel se abrirá en carne viva. Ten por seguro que siempre recordarás al amo. - los gritos de Kizzy se fueron encadenando uno tras otro, la fuerza con la que el hombre empuñaba el látigo no hacía más que aumentar. Era su dueño, y todas sus emociones le pertenecian, si no podía tenerla de la forma en que quería, tendría lo único que podía obtener de ella, su dolor.

Robinson fue el primero en acudir al porche siguiendo la llamada de socorro de la criada. Se encontró cara a cara con el capataz de Theodore obstaculizándole el paso. 

- Será mejor que no te muevas de ahí Doctor Robinson. - dijo Collins consciente de quien era el médico al ver su mano vendada. - Lo que le pase a la esclava no es asunto tuyo, ni mío para ser francos. Es propiedad de la señora de la casa, y el que está marcando su piel con el látigo es el futuro dueño de todo esto. - sacó de su zurrón una bota de vino y se la lanzó con energía.

- Bebe. Quizás sea lo último que pruebe tu lengua. - rió entre dientes. - Sin rodeos. ¿Dime yanqui, mataste tu a la rubia que se cruzó con vosotros en el pantano? - no le correspondía a él impartir justicia y matar al asesino de la madre de Mollie, no obstante no iba a dejar que nadie aguase la fiesta a su patrón. Estaba buscando una excusa para meterle un tiro si se movía de su lugar, y sin duda lo haría a la mínima oportunidad.

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28/07/2018, 11:04
Jared Vanhorn

El mundo da muchas vueltas, la historia como bien dicen no hace mas que repetirse y todo tiene como lazo de unión dos cosas muy simples, las relaciones que forjamos y los sentimientos que nos permitimos sentir. He caminado por las tierras de los hombres mas civilizados y por las de los menos, y he aprendido que el verdadero valor es encontrar un lugar al que llamar hogar, al lado de aquellos que despiertan lo mejor de cada uno. A lo largo de los años he hecho muchas cosas, algunas buenas, otras malas e incluso unas pocas de las peores. Mas de eso nada sabe la mujer que ahora mismo esta entre mis brazos. Me uni a la causa por exigencia de mi padre, deje a los mios, a aquellos que realmente son mi familia por las ordenes de un ser despótico y ceñido a las clases de este nuevo mundo que surge... y ha sido en los brazos de una de las mujeres de los Estados Sureños, donde por fin, tras tantos años he encontrado la paz. he encontrado un lugar al que llamar hogar.

Sus brazos me tocan, cogen los mios y me permiten hundirme en sus ojos, esos dos pozos de alegría, de felicidad y de amor. Entiendo sus motivos por los cuales aun no nos hemos ido, pues romper las ataduras del pasado no es algo fácil. Los Espíritus me han dicho que es ella, me han dicho que a su lado no necesitare buscar nunca mas la palabra felicidad pues esta estara pegada a mi piel... y yo no necesito creerles, pues lo siento en cada beso dado, en cada caricia oculto o a plena vista pero sobre todo en cada mirada.

La puerta se abre, un hombre al que no conozco pero que rápidamente reconozco como su padre se abalanza sobre ella y mientras ese lado salvaje, del que tan poco conoce mi amor, me pide que saque mis colmillos y proteja lo que me pertenece por designio de su corazón. Su mirada me dice claramente que es su padre. Miro el arma del sirviente y no hay miedo en mi mirada, no temo a la muerte... pero si temo perderla a ella. Palabras de odio, de sinsentido se esparcen por la habitación mientras noto el rictus de la mujer a la que amo cuando su padre la daña en sus pretensiones. Avanzo un paso y el cañon se fija mas en mi, mi mirada se dirige al hombre. El cuchillo esta en mi espalda, ella me lo ha devuelto hace apenas un dia y ahora me encuentro en la disyuntiva de tener que matar delante de ella. ¿Será capaz de entender mis motivos? ¿El por que estoy dispuesto a ello? Aun asi Isobella, la dulce hada de la naturaleza y el viento, que canta sus sentimientos con el toque de un instrumento único, al son marcado por los Espíritus, me mira y esta dispuesta a pelear y por lo tanto, retengo mi mano. Asiento y me contengo porque la amo lo suficiente como para poner sus deseos por encima de mi vida.

Lo recuerdo abuela. Lo dijiste. Cuando llegara el momento, lo sabría, cuando llegara el momento no me importaría quedarme quieto por una simple mirada de aquella que ya me posee por entero, aunque ni siquiera sea consciente de ello. Una negativa por parte de Iso que lleva una afirmación de amor, como nunca habian hecho por mi. Sonrio levemente, la miro y levanto mis manos para que el otro hombre no dispare, mientras escucho como la discusión avanza y aunque no sea cosa mía, quiero decir unas palabras. Mi boca se abre y entonces un grito de dolor cruza el lugar como un ciclón, que no deja nada a su paso. Miro a mi amor, miro a la ventana y me muevo hacia ella, con prisa. Mi mirada calmada se torna rabiosa, mis músculos se tensan ante lo que veo y la parte más oscura de mi alma sale a la luz, ante los ojos de los presentes, sin dilación salgo por la puerta a la media carrera, sintiendo aun el dolor en mi pierna por el disparo recibido hace ya una vida.

La puerta de la entrada se abre como si una bestia enrabietada hubiera cargado contra ella, y no hay mejor metáfora, pues noto como la madera se comba por la fuerza del impulso que llevo. El hombre de armas del hombre que se autoproclama amo de Kizzy aunque no lo sea, ni siquiera tiene tiempo de entender que ocurre, plantado al lado del buen doctor, cuando mi cuchillo le atraviesa el pecho, justo por debajo de las costillas, directo al corazón, partiendoselo por la mitad, mientras la sangre mana de sus labios y el cuerpo sin vida cae al suelo. El hombre del látigo, Theodore supongo, se gira pero mi visión está nublada ya por la promesa hecha, por el hecho de que le dije que la sacaria de aqui, que no dejaría que volvieran a hacerle daño y sin embargo este hombre... este ser, va a morir. Veo su brazo levantarse, como toma impulso y el látigo recorre su camino hacia mi rostro. El dolor se esparce por mi piel, noto la arisca caricia del cuero, como una brecha se abre en mi mejilla, en mi cuello y como de ella mana sangre, mas nada eso me detiene, no a la bestia salvaje que puedo ser. El dolor, solo aviva mi ira y mi ira llama a mi mi sed de sangre. Todo deja de tener sentido, todo se centra en un objetivo, en una necesidad y ni siquiera soy consciente de lo que ocurre, hasta que mi cuchillo simplemente se abre camino por la piel pálida de este hombre, abriendo un surco por su cuello, dejando que el carmesí de la vida se esparza por ese lienzo blanco clamando a la mujer de negro para que venga a por su cosecha de almas.

Mi mano, mis dedos aprietan el mango, noto el cálido líquido entre mis dedos, la fuerza necesaria para arrebatar una vida y mientras mis ojos miran a Kizzy, el movimiento de una puerta rota llama mi atención. Veo a Isobella venir hacia mi, venir hacia una bestia salvaje que por fin ha roto su collar y se ha dejado ver, arrebatando la vida a dos hombres. No vengas mi amor, no vengas al lado de un monstruo. Noto el movimiento de Martha, como levanta su arma y se que mi vida ha terminado, mas no cierro los ojos, no le doy esa satisfacción a esa arpía venenosa. Entonces me susurrais al oído, me decis la verdad, me permitis ver lo que esta a punto de ocurrir y grito, grito con fuerza a la única mujer que he amado, pidiéndole que se vaya. Un disparo retumba en mi mente, pero no alcanza mi cuerpo, ni por asomo. El pecho de mi vida, de la mujer que amo se mancha de rojo cuando la bala la atraviesa a la altura del pecho, abriendo un surco en mi brazo. Mas nada de eso tiene importancia, avanzo hasta ella antes de que caiga, y ambos acabamos en el suelo. Mis rodillas, postrado en el mismo suelo de estos animales, con mi hogar, mi vida y mi amor entre mis brazos muriendo. Aprieto su cuerpo contra el mío, mientras nuestros cuerpos se pegan el uno al del otro y no hacen falta palabras para decir lo que ambos sabemos, lo que ambos sentimos. Se que me esperaras y tu sabes que no tardaremos mucho en estar juntos... porque ni siquiera el otro lado, ni siquiera el velo o la muerte, paraíso o infierno me separaran de mi amada.

Un único pensamiento cruza mi mente, más allá de que mis ojos se pierdan en su mirada. Corre Kizzy, corre. Agacho mi enorme cuerpo, como si quisiera cubrirla de todo mal que el mundo pudiera hacerla, besando sus labios mientras noto como la vida se escurre de entre sus dedos, como arena de un reloj que nunca detiene su caída. Mis lagrimas recorren mi rostro, cayendo hasta golpear en tu mejilla., mientras tu alzas tu mano para secarlas. Mis dedos toman los tuyos mientras el mismo mundo deja de tener sonido o color. Las palabras son dichas en el tono de los amantes secretos, en tonos bajos y armoniosos, llenos de un amor que el mundo tardará en volver a ver o escuchar en estas tierras.

Noto la presencia de alguien, pero ni siquiera levanto la mirada mientras veo como ya has dejado de mirarme. Un chasquido, cierro los ojos mientras mi cuerpo se relaja y una sonrisa asoma a mis labios. Gracias mi amor. Gracias por darme la gracia de estos días. Gracias por amarme. Gracias por... ser tu... y por enseñarme lo que es un hogar.

El retumbar da final a todo, el cuerpo enorme de un salvaje de rodillas, acaba cayendo levemente hacia delante en una posición de protección sobre el cuerpo de la menuda mujer que ama, asegurándose de que incluso en muerte, él será su protector, su escudo contra cualquier mal.

 

 

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22/08/2018, 19:02
The Beguiled

Un disparo terminó con la vida de Iso, mientras Jared sostenía a la joven entre sus brazos desolado. Su pecho se tiñó de rojo y con el contacto del abrazo y también sus ropajes. El padre había visto la escena y gritó enloquecido. Su voz retumbó con desgarro ensordeciendo los cri cri de los grillos del jardín por unos segundos.

El silencio se adueñó de su garganta y la crueldad de su mano. Un nuevo disparo resonó en esa noche, hiriendo con mortal puntería al salvaje que le había hecho perder el juicio a su hija.

Se acercó y le arrebató sin consideración el cuerpo de la chica para darle digna sepultura, por supuesto lejos de él. - Puedes pudrirte al sol hasta desintegrarte. - miró con desdén los ojos del hombre sin vida.

El cadáver de Jared quedó sobre el suelo del jardín a la espera de que Martha o alguien cercano que quisiese ayudarle se encargase de él. No era el único cuerpo que tendrian que enterrar.

Martha quedó a un lado confusa, pensando en el desvio de la bala. ¿Por qué se ha metido de por medio? - pensó enrabietada. - Lo siento de verás, se ha cruzado rápido en mi camino y no he podido evitarlo. - presentó sus disculpas.

Claro que al momento su tranquilidad se desvaneció y volvio a cargar la pistola apuntando con decisión a Kizzy. - Has matado a Theodore. - pronunció con rabia y ganas de deshacerse de una vez de ella.

Marius Farnsworth que sabía la verdad acerca de la carta que Theodore habia quemado no pudo callar ante lo que se había propuesto su tía. - No puedes hacerlo. Ya hay suficientes muertos y ella no ha hecho nada para que la trates así. Déjala vivir, deja que se vaya o véndemela por el precio que quieras. - intentó negociar. Queria salvarle la vida.

Martha enarcó las cejas y rió acariciando el gatillo. - ¿Por qué no? - volvió la mirada hacia Kizzy. - Estoy harta de verle la cara a esa negra.

- No puedes. Es una Farnsworth. - Marius desveló el secreto que el padre de Martha y Adrien había ocultado durante años. - Encontramos una carta del tio Sebastian en el maletín de Adrien. Es cierto, estaba sellado. Reconocía a Kizzy como hija suya.

La rubia se quedó estupefacta digiriendo la verdad que le había explotado en la cara. Por unos segundos miró con más rabia a la criada, deseando apretar el gatillo. La detestaba con todas sus fuerzas. Su vena racista no soportaba el hecho de ser la hermana de una negra. - Vete de aquí y no vuelvas. Y ni se te ocurra contar a nadie lo que sabes o juro que te mataré aunque llevemos la misma sangre. Váyase usted también señor Robinson, váyanse todos.

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06/09/2018, 17:58
Daniel Robinson

Tan pronto como todo empezó, se transformó en una vorágine de caos.

Al final Edwina escapó y alertó de nuestra presencia en la plantación. Lo que vino después pasó tan rápido ante mis ojos que, apenas pude hacer o decir nada. Tampoco creo que sirviera de mucho.

Era como si de repente los confederados hubieran tomado la plantación desde todos los ángulos. Arriba, en las escaleras, Isobella bajaba las escaleras apresurada. El prometido de Martha, entró hasta el porche y cogió a Kizzy para castigarla. Mas gente estaba a mi alrededor, pero lo único que podía hacer era apretar los dientes como si me los fuera a romper, poner los brazos en alto, tras la cabeza, frente a las armas que me apuntaban.

No quedaban muchos de mis hombres. Los del cabo, en realidad. Pero con su muerte, poco había mas que los uniera. Y no los culpaba, pues yo estaba deseando irme de allí, y no causar mas problemas a las muchachas. Si no me había ido antes era porque... el capitán, el nuevo capitán de hecho, debía abandonar el barco el último. Y por Eve... Llevaba unos días en cama. Entraba y salía al jardín al igual que el sol con su ciclo, siempre pendiente de su amor, La luna. No mejoraba, y a demás, encontraba paz en su compañía.

Quise gritar. Quise correr contra Theodore, pero los fríos cañones del resto se clavaban en mi sien impidiendo moverme.

- ¿No lo ve, Martha...?- Susurré mientras la piel de la oscura Kizzy se abría para dejar paso a una sangre roja como la de todos. - su prometido solo la quiere por la muchacha. Y cuando acabe con ella... - No terminé mi frase, pero no hacía falta.

Mis palabras fueron acalladas cuando se me preguntó sobre la mujer rubia.

Mi pecado mortal. MI Calvario en vida.

- Ella... Yo apreté el gatillo. Dios guió la bala...- dije intentando defenderme a mi mismo. ¿Acaso era un hipócrita? Era un asesino. Como todos los que van a la guerra. Como cualquier soldado.- Nos tomó por sorpresa. Ella y sus hombres... incluido el prometido de Edwina. Vi su foto en la habitación.- Miré a todos lo que no me apartaron la vista.- Evité que McBurney lo matara. Ya había demasiadas muertes y nosotros solo queríamos irnos a casa...- Una casa que, a cada segundo allí, me parecía mas improbable su regreso.

Lo siguiente se precipitó inevitablemente.

MI querida amiga Isobella murió a manos de Martha que quiso matar al gigante de su amante.- NO!!.- solo pude gritar, incluso sabiendo que si me movía me matarían. Al menos Theodore, en su locura con Kizzy no vio a Jared, que lo despedazó, antes de caer muerto también.

-Dios...- Susurré lleno de rabia.

No. Dios no estaba allí. Todos moriríamos. Quizá mi pecado era morir el último, viendo como el resto moría. O puede que... Dios es un cabrón que lo ve todo desde tan arriba que apenas nada de lo que hagamos es significativo para el. Pero.. la culpa y la fé. Eso si lo ve. Lo siente.

Y quiso que pagara por mi pecado.

Me quitó a Isobella, a McBurney, a Jared, mi mano... puso en medio a una rubia y, entonces, solo entonces... alguien llamó su atención. Martha. Ella estaba perdiéndolo todo en esos momentos.

Miré a Martha, intentando encontrar unas palabras adecuadas. Quizá algunas de ánimo, pero...¿quién anima a una serpiente? Las suyas me dejaban libre, así que bajé los brazos y llame a la negra antes de que se nos acabara el tiempo y las cosas cambiaran.

- Kizzy! Vámonos. Recoge tus cosas. Ahora!- La grité casi como una orden, pese que sabía de sus heridas y cómo estaba - Yo iré a por Eve. - Miré a Martha como si fuera mi última petición. - Me la llevo. Esta enferma. Tengo que curarla. Martha...- la miré por un segundo solamente, como intentando pedirle permiso por la señorita. Pero no lo necesitaba.

Miré a Eileen, recogí sus cosas tan rápido como mi mano me lo permitía y, ayudándola a incorporarse, nos fuimos con Kizzy. - Salgamos por detrás.- Dije a las muchachas. - Nos vamos a casa- Miré a Kizzy. La curaría en cuanto estuviéramos lejos del alcance de estos buitres.- A una de verdad, Señorita Kizzy.

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11/09/2018, 10:01
Kizzy

 

Él… él se ha ido. ¿Hice bien en temer y quedarme? ¿Hice bien en no darme la oportunidad de intentar buscar un lugar al que llamar hogar? Si todo está bien, si todo ha acabado… ¿Por qué siento esta intranquilidad en mi pecho? ¿Cuánto tiempo más voy a preguntarme si me equivoqué al no abrir la puerta? ¿O acaso... o acaso este temor es todo lo que tengo para darme cuenta de que cometí un error?

Al final, Kizzy había tenido miedo, de la misma forma que había estado temiendo algo desde que comenzó su vida adulta. Los había oído marcharse de noche amparados por el silencio por la noche, y sus ojos oscuros habían seguido la huida encerrados en esa habitación de la que le daba miedo salir. ¿Por qué no te hice caso, Tristán? ¿Por qué fui tan terca? ¿Por qué no te quedaste un poco más?¿Habrías sido capaz de derribar mi barrera? El varón la había invitado a marcharse, y ella había aceptado con algo de temor al saber que Mollie los acompañaría junto a Silas. La sobrina de Martha jamás le había inspirado la más mínima confianza, y en el último momento pensó que todo aquello era una trampa para acabar con tres pájaros de un tiro, por lo que sentía que ella era la única y total responsable de su situación aunque quisiera pensar en realidades alternativas. Pero no solo había sido eso lo que había impedido que Kizzy saliera de su alcoba en la noche en la que se marcharon, sino que el dibujo que había hecho su amiga Ophelia de una mujer idéntica a su madre la había paralizado, como si de algún presagio se tratase. En efecto, Kizzy supo cuando ya era demasiado tarde que su madre quería advertirle de algo, pero no era de que huyera. Quizá estaba invitándola precisamente a eso.

El momento en el que Kizzy fue consciente de que se había equivocado llegó a la noche siguiente cuando, estando en su cocina preparando algo de comer, Theodore irrumpió por la puerta. La sangre de la joven de piel oscura se heló al ver ante ella a la figura que más temía en el mundo frente a frente, y los continuados golpes que Tristán había dado a su puerta pidiéndole que abriera y se marchara la noche anterior resonaron en su cabeza, martilleándola. El hombre movió la mano pidiéndole silencio, pero su sola presencia provocó que la mujer dejase caer aquello que tenía en las manos.

-¡Lo siento, lo siento! ¡Por favor, no me hagas daño!- le suplicó en más de una ocasión antes de que la abofeteara y la joven sintiera el sabor de la sangre en su boca. Sus ojos se llenaron de lágrimas y quiso salir corriendo en dirección contraria, pero Theodore fue más rápido y la aprisionó.  Quiso pedir ayuda entonces, pero en cuanto mencionó a su madre se echó a llorar. Tú la mataste. ¡La mataste porque quería protegerme del monstruo en el que te habías convertido!- la joven estalló, a sabiendas de que por mucho que dijera o hiciera su destino estaba sellado ya. No, madre, tú quisiste salvarme de él. Incluso muerta intentaste hacerme llegar el mensaje. No supe ver las señales, y ahora voy a reunirme contigo y con papá.

-¡Me fui porque la mataste! ¡Ella nunca hizo nada malo!- en realidad, existían demasiados motivos por los que Kizzy había pedido que la compraran, y su madre era el que colmó el vaso. Había visto a demasiada gente morir, ya fuera a manos de Theodore o por sus órdenes expresas. La figura del hombre que durante su niñez había sido su príncipe ahora estaba teñida de sangre y emponzoñada.

Cuando ambos salieron afuera, Kizzy no hacía más que mirar en todas direcciones pidiendo ayuda con los ojos. Trataba de gritar algo, pero el daño que le provocaba Theodore mientras le arrastraba hacía que no pudiera decir nada con claridad. Al dejarla cerca de un árbol Kizzy se abrazó sobre sí misma y negó con la cabeza cuando le pidió que se quitara la ropa: ya había visto en más de una ocasión lo que vendría después. ¿Por qué fui tan estúpida? ¿Por qué me quedé? ¿Tanto me aterraba tratar de buscar otro final para mí?

Ante los gritos y los golpes, Kizzy supo que tenía que obedecer o todo se volvería más violento. Era una joven acostumbrada al dolor, pero el daño que Theodore le había hecho durante toda su vida no había dejado marcas físicas, pero sí psicológicas. Incluso a pesar del paso de los años, aún había días en los que Kizzy se preguntaba en qué había fallado para hacer que Theodore se convirtiera en la bestia que tenía delante suya. Mas cuando estuvo a punto de desvestirse, el Amo le enseñó el revólver y la mujer se quedó petrificada, incapaz de moverse, momento que aprovechó él para desvestirla y atarla a un árbol. No quiero morir, no quiero morir. Por favor, que alguien me ayude. Tengo miedo. No quiero acabar así.

Los latigazos supieron a lenguas de fuego recorriendo su piel, amenazando con devorarla lentamente. Cada uno de ellos iba acompañado de una súplica, de un grito pidiéndole que se detuviera, o de un llanto cuando sentía que se quedaba sin fuerzas para hablar. El dolor poco o nada tenía que ver con la vara de bambú que usaba Martha para corregirla, y las palabras que Theodore le dedicaba mientras la azotaba de un modo incansable se quedaban grabadas de la misma forma en ella que las marcas de los latigazos.  Por favor… por favor para… ¡PARA!- le gritaba, pero el resultado era siempre el mismo. Su cuerpo temblaba y sus piernas comenzaron a flaquear, quedando suspendida a merced de la atadura que notaba en sus manos.

En algún momento, cuando siente que va a perder la consciencia por el dolor, los golpes cesan y escucha el movimiento acelerado de alguien tras ella, allí donde Theodore se encuentra. Giró la cabeza justo en el momento en el que la figura de Jared acababa con la vida del hombre que había sido el eje central de su vida durante muchos años, y el dueño de sus pesadillas durante tantos otros. Su cuerpo cayó inerte a escasa distancia de ella, y la esclava comprobó como en sus últimos instantes la miraba con esos brillantes ojos azules que ahora se apagaban. Theodore había muerto ante ella y la esclava no había sentido nada. No había alivio al ver al asesino de sus padres sangrando en el suelo, ni había felicidad al saber que una carga acababa de caerse de sus hombros: tan solo frío y vacío.

El sonido de un disparo la devolvió a la realidad para ver que el cuerpo de Isobella cayó tras recibir un disparo que no iba dirigido a ella, sino a Jared. En ese momento el salvaje se echó sobre ella, protegiendo ahora un cuerpo sin vida pese a que tiene la opción de huir y no condenarse como lo hacía. La esclava trató de forcejear con el nudo que la ataba a aquel árbol pero tanto el dolor que sentía en su espalda como el shock producido hacían imposible la tarea. ¡Jared! ¡Jared! ¡Por favor, ayúdame!- le suplicó entre lágrimas. Tenemos que irnos, tenemos que huir. Nos matarán a todos- sollozó mientras se ponía en pie y sentía que toda la sangre que había derramada en el suelo tenía su nombre. Todo se debía a que, nuevamente, había sido incapaz de hacer frente a lo que se le presentaba, y el resultado no variaba: cada error que cometía se pagaba con una vida.

Mientras gritaba al salvaje pidiendo que se marcharan de allí, un nuevo disparo se cobró como víctima a su salvador. El cuerpo inerte de Jared cayó al suelo acompañado de un grito desgarrador de Kizzy, quien veía ante sus ojos el final de una vida que, probablemente, iría acompañado del final de la suya. No… ellos no… ¿por qué ocurre todo esto? ¿Qué mal hemos causado en este mundo para que tengamos un final como este? ¿Qué Dios del que hablan estos hombres deja que ocurran estas desgracias? 

La acusación de Martha sobre el asesinato de Theodore no le importó en absoluto, pues sintió que su final estaba más cerca que nunca y ahora se encomendaba a todas las historias que su madre le había contado y que compartió con Jared en la cocina. No obstante, antes de que la mujer de rubios cabellos dejara un cadáver más a las afueras de su residencia, Marius intervino haciendo una revelación que Kizzy jamás habría creído.  No… no puede ser. Mi padre era Sharik, ese hombre fue quien me crió y me dio la mejor vida posible. No podéis quitarme también eso. No quiero ser su hermana, no quiero su sangre. No quiero nada de ella- su sorpresa era comparable a la que Martha sentía y no hizo más que sollozar ante las pérdidas que se habían producido ese día. Ojalá se hubiera marchado junto a Tristán lejos, ojalá no hubiera visto morir a personas que le importaban… ojalá nunca nadie le hubiera dicho que era una Farnsworth.

Sintió que sus cuerdas se aflojaban y escuchó la voz del doctor Robinson pidiendo que recogiera sus cosas y se marchara junto a ellos. Se preguntó si acaso no era mejor morir allí a sabiendas que no quedaba esperanza en su vida, pero cuando alzó la vista para mirar al médico contempló probablemente como producto del shock las siluetas de sus dos padres –los de verdad, no aquellos que le correspondieran por sangre- animándola a levantarse una vez más, a seguir luchando. Vivir por aquellos que ya no están. Luchar por todos aquellos que cayeron antes que yo- su padre le había dicho esas palabras la última vez que lo vio con vida cuando trataba de encontrar una forma de salvarle la vida a ella y a su madre.

-No hay nada que decirles, Martha. Yo nunca he sido ni seré una Farnsworth- esas fueron las últimas palabras que le dedicó a la mujer que se había dedicado a hacerle la vida imposible. No le desearía en voz alta el peor de los destinos pues ya cargaría con la muerte de una inocente bajo sus hombros, algo por lo que pagaría en el futuro. Lo único que esperaba era que la vida le entregara lo que había sembrado con cada uno de sus actos. 

Lentamente terminó de incorporarse, marchando junto al doctor Robinson a recoger a Eve y sus cosas. No sabía si de verdad viajaría hacia lo que podría ser un verdadero hogar, pero cualquier sitio sería mejor que el nido de víboras en el que residiera Martha.  Ahora me toca a mí comenzar a ver el mundo por vosotros y por todos los que ya no pueden ver este mundo. Ahora, por fin, camino libre.

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11/09/2018, 10:02
The Beguiled

Epílogos

 

 

 

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11/09/2018, 10:16
Daniel Robinson

Querida Isobella.

Hace unos meses le prometí que la escribiría, cuando me marchase. Como puede comprobar soy un hombre de palabra. Y nada me gustaría mas que me respondiera a esta misiva, mas sé que las circunstancias de su muerte me lo impiden.

Sin embargo, tengo Fé en que quien lea estas líneas, bien sea la señorita Martha o cualquier otra persona de la Hacienda Farnsworth, tenga en su bondad depositarla en su tumba, a modo de presentarle mis últimos respetos.

Ha pasado mucho tiempo desde nuestra partida y pese las circunstancias de nuestra partida, la vida nos ha sonreído. Me complace decirla que, la señorita Eileen, mejora de su enfermedad. El aire de Ann Arbor le ha venido enormemente bien para su Asma Crónica. Mis hermanas Chesea y Virginia la tratan como una hermana mas y la ayudan en cuanto pueden.

Sin embargo, soy yo quien mas disfruto de su compañía. Aun está débil, por lo que la cuesta salir por su propio pié, pero no pasa ni un día que pase junto a su cama una buena cantidad de tiempo. Cuando termino mis labores diarias de pastor, la acerco algunos libros de medicina. Creo poder asegurar sin duda alguna que llegará a ser una magnífica enfermera. De hecho, entre nuestros planes futuros es volver allí donde se nos necesita en calidad sanitaria. Puede que la zona Norte de África. Dicen que allí, se libra una guerra de otro tipo: Hambre y miseria. ¿Qué mejor sitio para poder llevar la palabra de Dios y la ayuda en nuestras manos?

También me complace decirla que, en breve, el apellido de Eileen pasará de ser Eckhart a ser Robison. Tengo que reconocer que nunca había estado tan nervioso como el día que la pedí matrimonio, en el jardín trasero de la casa. Un solo beso confirmó lo que sentía, y su sonrisa creciente no me dejó duda ninguna que debía estar a mi lado.

La señorita Kizzy,como mujer libre que ahora es, saltó de alegría cuando supo la noticia. Aun la cuesta dejar atrás sus costumbres de criada. Muchas veces nos gruñe cuando la miramos al traer el té. Al volver a Michigan, fui a ver a un amigo de mi padre. Un juez de alto grado del condado. Consiguió los papeles necesarios y la hicieron ciudadana Norteamericana. Creo que ella aún no sabe qué significa eso, pero... pronto sabrá que puede andar sin cadenas de ningún tipo y que, cuando algún mozo la saluda en la parroquia, no es que la vaya a pegar con una vara.

Puede que se venga con nosotros de ayudante de enfermería, no lo se. Mi madre se entristecería mucho, al igual que mis hermanas, si Kizzy dejara la casa. Y es que, al volver, mi padre murió de tuberculosis finalmente. Hacia un mes que lo había hecho antes de que llegara. Sé que Kizzy no quiere dejarlas solas, pero, algún día tendrá que hacer su vida.

Puede que me haya extendido mucho, mi querida Isobella. Podría decirle tantas y tantas cosas, y aun así, caerían en oídos vacíos. Solo puedo darle, desde aquí, mi mas sentido pésame. Pero no estoy triste. Se que allá donde esté, estará cuidada por un hombre al que amaba. El también era amigo mío, y por lo que se, jamás la dejaría sola en un mundo de tinieblas.

Me despido, solo para decirla, que encontrarla fue una bendición para mi vida. Iluminó mi camino frente a todo.

Hasta siempre mi querida amiga Isobella.

Firmado : Dr. Daniel Robinson.

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11/11/2018, 16:31
Kizzy

Despedirte de tus seres queridos es una de las lecciones de la vida más difíciles de aprender, por ese motivo te daré un viejo truco, Kizzy: nunca digas adiós, sino hasta luego. Así te garantizas que algún día volverás a encontrarlos- esas palabras reverberaban en la cabeza de Kizzy, quien iba sentada en la parte de atrás de una caravana mientras esperaba llegar hasta su nuevo destino.  

-Mi querida Eve, mi estimado señor Robinson, hoy es el día en el que me toca marcharme-a pesar de haberse despedido de ellos con un abrazo y unas buenas palabras, se había decidido a dejarles escrita una carta como agradecimiento a que la futura señora Robinson le hubiera refrescado la capacidad para escribir. Mi madre siempre me decía que no era bueno decirle adiós a las personas a las que uno quería, y por eso espero que estas palabras signifiquen solamente un hasta luego. Agradezco que me hayáis acogido, me volvierais parte de vuestra familia y me dierais un lugar al que llamar hogar. Creo que no hay palabras –o al menos, las desconozco- para expresar el afecto que os tengo a ambos, pero llegó el día en el que tenía que comenzar a andar sin una mano que me guie. La hora de equivocarme, quizá, por mi propia razón y riesgo.

Marcho a buscar un futuro aunque sé que junto a vuestra madre y hermanas no me faltaría ni el amor ni el cariño que me han dado en todo este tiempo, pero hay alguien a quien debo agradecerle que se preocupara por mí e intentara darme alas. Más que nada necesito saber si su historia acabó bien o si el destino truncó sus planes, y es una tarea de la que debo encargarme personalmente.

Confío en que nuestros caminos vuelvan a cruzarse más temprano que tarde. Gracias por haberme convertido en una mujer libre, por haber curado mis heridas, las que eran visibles y las que llevaba por dentro. Ahora sé que aunque me acompañen pesadillas por las noches, siempre habrá dos ángeles dispuestos a alejarlas. Todas las experiencias que hemos vivido juntos son un peso duro de cargar, pero se hacen más livianos sabiendo que hay más personas que comparten esa carga.

No quiero entretenerme más, así que termino aquí mi forma de deciros que volveremos a vernos. Haré todo lo posible por regresar para vuestra sagrada unión y espero que el día en el que vuestros hijos nazcan tenga la buena suerte de estar cerca de vosotros. Os echaré de menos, pero vuestras enseñanzas y cariño me acompañarán cada día para hacerlo todo más fácil.

Os quiere, Kizzy.

-Señorita, ya hemos llegado. ¿Seguro que puede ir sola?

Kizzy asintió, recogiendo la maleta en la que llevaba todo lo que el señor Robinson le había conseguido junto a Eve. –Muchas gracias por todo, caballero. Este es el lugar en el que debo estar. Creo. Hacía unos años todo había sido diferente, tan controlado y ahora... ahora sentía que lo tenía todo pese a las pocas pertenencias materiales que llevaba con ella. Ahora era dueña de su propia ropa, de las acciones que llevaba a cabo, de sus errores y aciertos, de sus intuiciones... ahora era libre,  tenía que compartirlo con alguien. 

Al bajar comenzó a caminar, teniendo que preguntar a más de un lugareño por el hogar en el que debía vivir la persona a la que buscaba por si las indicaciones que le dio tiempo atrás no fueran suficientes. Viajaba sin más intención que la de ver si su destino había sido diferente del de Jared o Isobella, y lo hacía porque con quien planeaba unirse se había preocupado tanto por ella que debía devolverle el favor. Sus pies siguieron avanzando mientras admiraba todo el paisaje con entusiasmo, sintiéndose libre y fuerte por primera vez en solitario. Los espíritus de todos aquellos a los que quería y que ya no estaban en ese mundo la guiaban y la protegían, como ya había hablado en el pasado con su amigo el salvaje, el hombre que había cortado sus cadenas. Solo espero que algún día volvamos a encontrarnos, Jared. Ojalá hayas logrado encontrarte con Isobella después de salvar a tantas personas como hiciste acabando con la vida de Theodore. El día en el que nos veamos de nuevo, ese día… tendré mucho que contarte y muchas cosas que agradecerte. Estarás orgulloso de mí.

Finalmente sus pies se detuvieron ante una propiedad que no conocía. Dejó la maleta depositada a su derecha y llamó dos veces a la puerta con decisión, aunque por dentro estaba nerviosa, más de lo que le gustaría reconocer. Quizá ese fuera el primer error que cometería en su vida como mujer libre, pero lo importante era la experiencia que adquiriría, el camino y no el final del mismo. A lo mejor estoy buscando a un fantasma.  Los ojos de Kizzy brillaron esperanzados mientras su corazón latía con fuerza pidiendo tener delante de ella a la persona que había tocado de la misma forma su puerta sin recibir respuesta tiempo atrás. Esta vez la historia será diferente. Esta vez alguien responderá al otro lado y el resto será historia. Mientras la puerta se abría y su cuerpo se tensaba esperando ver a alguien, la mujer sintió que un viento cálido acariciaba su nuca como si quisiera decirle que todo saldría bien. 

-Hola, Tristán- se atrevió a decir con un tono de voz tembloroso mientras lágrimas de alegría comenzaban a salir de sus ojos sin control. Ya soy una mujer libre. Me alegro de verte. Ha pasado mucho tiempo- fue todo lo que se atrevió a decirle antes de lanzarse a darle un fuerte abrazo que le transmitiera lo mucho que se alegraba de haberlo encontrado por fin.  

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11/11/2018, 16:32
Tristan Durand

Lexington. Por fin.

Tristan se detuvo un instante antes de subir al tren, con la mano ya aferrada a la barandilla y el pie derecho sobre el primer escalón. Silas y Mollie ya habían subido, pero él llevó su mirada hacia atrás una vez más, como si esperase que alguien apareciese corriendo para unirse a ellos. 

Había hecho ese gesto muchas veces en los últimos días. Mientras el barro del pantano le llegaba hasta las rodillas, mientras se escondían entre la maleza y mientras corrían aprovechando la oscuridad de la noche para avanzar más camino sin ser vistos. Después de ver cómo Robinson enterraba al cabo Tristan sentía que huían por su vida. No se arrepentía de escapar bajo el manto de Selene, tampoco de dejar atrás a sus compañeros de armas. Pero sí lo hacía de no haber sido capaz de convencer a la joven esclava de que los acompañase y corriese hacia la libertad. 

Ni siquiera comprendía por qué ella había cambiado de opinión. A pesar de que se había jurado a sí mismo no esperar por nadie, la habían esperado. Y a pesar de que sabía que cada minuto que se retrasasen podía significar ser descubiertos, había vuelto a entrar para suplicar ante una puerta cerrada. De nada había servido, al final había tenido que elegir. Y se había marchado sin ella. 

«En cuanto lleguemos a Lexington estaremos a salvo», eso había repetido una y otra vez, en el interior de su mente cuando sentía sus rodillas flaquear o el tobillo se le resentía y en voz alta cada vez que escuchaba a la joven Mollie resoplar de cansancio o le parecía que Silas titubeaba. En algunos momentos había sentido que la fiebre volvía a nublar un poco su mente, pero apretaba los dientes y los puños y seguía adelante. Era pura supervivencia y él era un superviviente. 

«Hay dos tipos de hombres en esta vida, hijo. Los que se conforman y los que luchan. Y yo no he tenido un hijo para que sea de los primeros. Eso te lo puedes meter bien en la cabeza».

Así que Tristan daba un paso y luego otro más. Y cuando creía que iba a desfallecer o se le pasaba por la mente la idea de dar media vuelta y volver a buscarla se repetía que sólo tenían que llegar hasta Lexington y estarían a salvo. 

···

El muchacho sacudió la cabeza y subió al tren. Por fin a salvo. A su espalda quedaban el olor a pólvora y barro de la guerra, los cuidados dulces de Ophelia, el desprecio de Martha, las risas compartidas con Isobella... No le importaba dejar todo eso atrás, Tristan nunca había sido de los que se arrepienten. Pero se llevaba consigo una espinita con nombre propio que le acompañaría durante mucho tiempo. 

Pero Lexington sólo fue una parada más en un viaje largo. Al final llegó el momento de separarse de la pareja de enamorados y la despedida estuvo llena de promesas compartidas con aquel que se había convertido en mucho más que un amigo para él. Volverían a verse pronto, de eso estaba totalmente seguro, pero antes de pensar en el futuro Tristan necesitaba abrazar a su padre. Ya tendría tiempo después para viajar a Minnesota y conocer Stillwater. 

Y lo tuvo, vaya que sí. Una vez terminada la guerra viajó tantas veces a la hacienda de su amigo que todo el mundo allí terminó por conocerlo bien. Silas le ofreció un modo estable de ganarse la vida y pasó largos periodos junto a él. 

Sin embargo, irremediablemente, siempre volvía a Iowa para reunirse con un padre cada vez más anciano y cuya salud acusaba los años pasados en la fábrica. Daba igual el tiempo que pasara, aquella casa siempre parecía envuelta en la calidez de la madre que casi no había conocido pero que Jared le había ayudado a comprender mejor.

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Cuando aquella tarde sonó la campana de la puerta dos veces, el chico bajó las escaleras trotando. 

—¡Ya voy yo, padre! —le gritó al vuelo al hombre sentado en el salón. 

Suponía que sería el cartero con noticias de Silas reclamándolo a su lado, o tal vez alguno de sus amigos de siempre quería compartir una jarra de cerveza con él antes de que se marchase de nuevo. Lo que nunca jamás se habría esperado fue encontrar ante él el rostro de Kizzy. 

Estaba más mayor, menos chiquilla y más mujer, más hermosa si cabía, y con una actitud tan distinta que tardó un instante en reconocerla. Sus labios se entreabrieron por la sorpresa y antes de que fuese capaz de decir nada ya la estaba estrechando entre sus brazos. 

Muchísimo tiempo, pero eso no importa —murmuró, mientras una sonrisa iba creciendo a toda velocidad en sus labios—. Lo que importa es que estás aquí. 

Él había querido salvarla y al final se había salvado ella sola. Esa espina que se había llevado clavada en el pecho en su huida del sur dolió por última vez antes de disolverse en el perfume de sus cabellos. Una risa argentina brotó de su garganta cuando se separó de ella lo justo para poder perderse en sus pupilas. Se sentía exultante de felicidad.

Eran jóvenes, eran libres y el futuro era una página en blanco, dispuesta para que ellos escribiesen en ella su destino.

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