Partida Rol por web

The Beguiled

◇ Días 8 y 9 ~ [La Escuela] ◇

Cargando editor
21/04/2018, 12:11
Edwina Morrow

Domingo 31 de Julio de 1864

 

Día 8.

Mansión Farnsworth (Salón).

Hora: 11 hrs. de la mañana.

 

 


 

Durante la noche la lluvía les había sorprendido cayendo con una fuerza que no esperaban después de la tormenta que les cayó encima el día que aparecieron los soldados por la plantación. El viento que había soplado de lado provocó que el agua se colase con una mayor facilidad por las ventanas del salón. Al despertar, Edwina y Martha se encontraron con todo el destroce que había ocasionado la tormenta. Tanto ella como Martha habían caido en un sueño profundo, agotadas por la situación que estaban viviendo. Las niñas no podían salir de sus habitaciones así que aunque hubiesen escuchado la lluvia no podían avisar a las superiores de lo que estaba pasando. Claro que tampoco podían haber hecho mucho de madrugada intentando tapiar ellas solas las ventanas.

Las fotos familiares que decoraban una mesa cercana a las ventanas se habían empapado, también las cortinas que cubrían los marcos desnudos de las ventanas, los cojines y el tapizado de un sofá muy caro, una silla, y otros pequeños muebles que lucían brillantes por el agua que había calado y descansaba suspendida en la superficie de la madera. El parquet aún estaba húmedo cuando ambas mujeres entraron en la estancia. Las botas de las dos dejaron huellas sobre el suelo ensuciándolo todo.

Martha se llevó una mano a la cabeza y con cara de víctima hizo el teatro, se excusó diciéndole a su cuñada que tenía jaqueca y no iba a asistir al desayuno. No soportaba a los soldados y tampoco quería pensar mucho más en lo que había ocurrido en el salón. Edwina y Kizzy se ocuparon de arreglar algunas cosas y más tarde regresaron a la cocina.

Seguía lloviendo afuera, débilmente, mientras la institutriz ayudaba a la criada preparando un pastel de manzana. Kizzy tenía demasiado trabajo ocupándose de la limpieza del hogar y otras tareas domésticas.

 

   

 

Con el paso de las horas el cielo se despejó y el sol que estaban acostumbradas a vivir las mujeres en esa zona les dió la bienvenida junto a un fugaz y bonito arcoiris que parecía ser el preludio de un buen día más caluroso si cabe.

 

 

La mujer vió la oportunidad de recobrar la tranquilidad y adecentar el salón con la ayuda de los soldados. Algunos querían ayudarles por haberles curado y ser amables incluso después del pacto que habia firmado Martha a las malas. Realmente necesitaban la ayuda, su cuñada no se rebajaría a pedirles nada, así se inundase todo el salón, sin embargo Edwina no tenía ese orgullo que limita a las personas.

Tenía bastante miedo ya no solo de la lluvia y que algún rayo se colase en la casa, sino también de las serpientes y ratas, ya que no tenían resguardo alguno en las ventanas, los cristales estaban reventados y el salón parecía la jungla.

- Cabo McBurney voy a pedirle a sus chicos que me ayuden a reparar las ventanas del salón. - le comentó a John cuando fue a retirar la bandeja del desayuno que había dejado vacia al lado de su cama. Poco a poco se había acostumbrado a las miradas del hombre, y hasta tenía un trato cordial con él para lo insufrible que había sido.

Así pues Edwina habló con todos los soldados, a los que montaban guardia en las puertas y estaban descansando y haciendo otras cosas. Preguntó como se sentían y amablemente les comentó si podían ayudarla, si no era mucha molestia para sus heridas. También se digirió con firmeza a sus alumnas para que no hiciesen ninguna tonteria como salir afuera sin permiso de nadie. Les animó a ayudar con las tareas de limpieza o simplemente atender a los soldados llevándoles limonada y galletas.

La institutriz tenía que esconder la cubertería y vajilla de porcelana que lucía dentro de la librería cuya chapa de madera serviría para que los hombres llevasen a cabo la labor de bricolaje. Debía de meterlo todo en cajas, cuidadosamente, así que no le vendría mal la ayuda de sus alumnas.

- Pueden usar las herramientas que hay en la caseta del granero. Serruchos, martillo, clavos... - les dió instrucciones a los soldados antes de que fuesen al salón. - La vitrina grande servirá para que tapien las tres ventanas, no tenemos cristales y supongo que no quieren que vayamos a la ciudad a comprarlos. Pero primero he de ir guardando toda la vajilla, el juego de té y la cubertería, así podrán mover el mueble y desmontarlo por la parte de atrás. Hace mucho calor hoy, lo siento, pero es preciso arreglarlo antes de que ponga a llover otra vez y se nos inunde el salón.

Notas de juego

Próxima renovación de turno: Martes 24.

Cargando editor
23/04/2018, 23:52
Jerry O'Neil

 

- Sin problemas señora Edwina, intentaré trabajar lo mejor posible- dije con una sonrisa mientras salía de la casa en busca de las herramientas.

Por fin podiamos hacer algo útil. El hecho de estar completamente parados tanto tiempo sin hacer nada solo hacia que torturar la mente de aquellos que tienen remordimientos.

El caso es que en una guerra lo mas normal es tener muchas cosas de las que arrepentirse y la inactividad era como avivar todos esos fantasmas.

Lo mejor de todo es que les solicitaban algo que ya habia hecho anteriormente. Lejos de destruir ahora tocaba construir.

Ese simple y pequeño detalle hacia que mi humor hubiese cambiado a algo más parecido al del hombre que era antes de la guerra. Un hombre que no tenia ningun tipo de problema en reparar un tejado, un establo o incluso un cercado.

En este caso eran solo unas ventanas y ni tan siquiera deberian quedar bien.

Me costó dos viajes completos traer las herramientas y diseminarlas por el salón a la espera que mis compañeros tomaran mi ejemplo y empezaran a trabajar.

Esperé pacientemente a que la vajilla estuviese a buen recaudo y solicité permiso para empezar a trabajar desmontando el gran mueble.

Se veia que era un mueble viejo pero caro. Me daba un poco de pena tener que usar algo tan funcional y valioso para poder tapiar unas ventanas. Pero en estos momentos el ventanal era una prioridad tal y como se nos había dicho.

Con cuidado fui desplazando el mueble por el suelo intentando usar mi peso para empujarlo.

Tenia miedo que se me abriese nuevamente la herida del costado y la señorita Ophelia se enfadase con razón.

Tantas atenciones para evitar morir no podían tirarse al abismo por intentar hacer más de lo que mi cuerpo era capaz en estos momentos.

Así que nada de hacer mas esfuerzos de los necesarios.

Empecé retirando cuidadosamente los clavos haciendo palanca con el martillo.

Era una tarea algo aburrida pero no entrañaba mucho esfuerzo fisico asi que seria mi primera misión.

Empecé a tararear una melodia irlandesa para hacerme mas ameno todo ese trabajo.

Lo hice de una manera completamente inconsciente mientras en mi mente volvia a estar en mi Escocia natal ayudando a reparar el tejado despues de una tormenta especialmente fuerte.

Allí lo más preocupante era el mal tiempo, ese mítico tiempo del que todos huían.

Aquí las balas de cañón y los rifles.

Tal vez tuviese que dejar un cuenco de leche en la entrada para que algún duende nos ayudase a terminar el trabajo antes.

Cargando editor
24/04/2018, 00:14
Daniel Robinson

Cada noche que pasaba era como un castigo.

Una y otra vez mis pesadillas volvían a sucederse en el mismo orden, queriendo atormentarme con cada segundo que pasaba tumbado en esa cama ajena a mi. Cuando llovía la sensación se incrementaba mas, pues, los truenos y las gotas de lluvia que caían sobre la ventana, golpeaban el cristal con un ligero tintineo. En mi mente, en mi sueño, sonaban como el tronar de la pistola que manejé contra esa mujer.

Cada noche parecía perder un poco mas de mi humanidad, si no la había perdido ya toda. Cada noche. Mis oraciones no encontraban oídos que las escucharan. Eran como palabras escritas con zumo de limón sobre un papel, pero lejos del fuego que revela su mensaje secreto. Susurros al viento para que las sombras escucharan y juzgaran si mi cordura, si mi fé, pronto se desvanecería al no obtener respuesta.

Con cualquier excusa sustituía a algún compañero en su guardia nocturna. Bien agradecido, sin lugar a dudas. Algunos disfrutarían mejor de su sueño y otros, como Silas... bueno, puede que no descansaran demasiado. Hasta bien adentrada la mañana no desistía en mirar a los límites de la Mansión, y el olor a café de la cocina hacían que recibiera las mañana de mejor humor. Casi olvidando que mis monstruos solo parecían salir de noche.

Tras la lluvia y el ajetreo de las mujeres en la casa, llegué al salón con una taza  caliente entre mis manos y suspiré al ver que el destrozo aún seguía allí, acentuado por el agua que entraba por las zonas rotas del salón.

La institutriz nos instó a su reparación. Era lo que menos podíamos hacer. También fue una de las cosas que prometí hacer como pago por nuestra estancia. ¿Que menos?¿Que mas?

- Bien, gracias.- Dije escuetamente a la mujer mientras ella se marchaba a sus quehaceres.

Parecía mas interesada en el cabo que en ningún otro. Yo casi podía decir lo mismo de Isobella, velando por su bienestar, o de la señorita Eve, que hacia unos días que parecía estar indispuesta. La casi-enfermera había demostrado ser tremendamente hábil, sobre todo con mi mano.

Me quité la guerrera y la dejé en una silla, arremangué la camisa hasta los codos y comencé a recoger, echando a un lado los cristales, los trozos de madera que aún se pudieran usar.

- Buenos dias Jeerry. ¿Que tal estás?- pregunté al soldado.

Al fondo, mirando por la ventana, pude ver el cobertizo. Luego miré mi mano. Pocos martillos podría sostener con esa mano derecha vendada y dolorida. Los cristianos dicen que ser zurdo es cosa del demonio. Pero ni yo era un Cura cristiano ni hacía caso a lo que dijeran los demás. Solo era un predicador. Y por lo que se, hasta maldecir les está permitido. Asi que....

Maldición! Tendré que empezar a usar la izquierda si quería resultar útil.

Me arrodillé junto al soldado y recogí algún martillo para ver si podía usarlo en condiciones.

- Supongo que será como aprender de nuevo a escribir. Trabajar con la izquierda, digo. Sonrei a mi compañero de faenas.

Cargando editor
24/04/2018, 09:51
Eve

Eve había estado delicada de salud y permaneció en su habitación durante varios días, sin embargo ya estaba mucho mejor. La fiebre había cedido y aunque todavía lucía bastante más pálida de lo normal y se veía ojerosa, tenía las fuerzas suficientes para abandonar la cama y sumarse a las labores de la casa.

Barrió, sacudió y ayudó a la señorita Morrow a embalar las cosas de la estantería que usarían los soldados para reparar las ventanas. No era poco el trabajo, pero lo realizaba sin queja alguna. Su respiración a ratos era trabajosa o sufría algunos accesos de tos que la obligaban a detenerse y recuperar el aliento. Eve sospechaba que sufría de asma, había leído sobre sus síntomas en los libros del doctor Farnsworth, pero mientras un médico no le diagnosticara con el mal, lo suyo eran simples conjeturas.

Las horas avanzaron y poco a poco el salón fue llenándose de gente. Ayudó todo cuanto pudo, pero pronto se perdió por la puerta que conducía a la cocina para ayudar a Kizzy con sus quehaceres. A diferencia de algunas de sus compañeras, no buscaba llamar la atención de ninguna manera sobre su persona, estaba acostumbrada a pasar desapercibida y así se sentía cómoda, no obstante, cada tanto aparecía en el salón cargando una jarra de limonada o bien con una bandeja con galletas de avena para que los soldados saciaran su hambre y sed a la espera de que fuera la hora de sentarse a la mesa.

Notas de juego

Un post bastante breve, pero es sólo para introducirme en la escena.

Cargando editor
24/04/2018, 13:27
Isobella Davis

 

A una señorita como ella no se le podía exigir que se ensuciase las manos como si fuese una criada. No le importaba lo que hubiese pasaba en el salón, Isobella se hallaba meditativa con sus cosas y se sentía cada vez más desligada de aquel lugar, especialmente de Martha. Con sus amigas seguía teniendo el mismo trato aunque hubiesen tiranteces entre ellas por las opiniones dispares que les suscitaban los soldados.

Iso no sabía muy bien que pensar. En esos momentos que su alma estaba perdida y no se encontraba a si misma el violonchelo era su única salvación. La música le ayudaba a sentirse mejor, era una de las vías de escape más secretas y fieles que poseía y no entraba en conflicto consigo misma. Por ella era capaz de llorar sin lágrimas, abrir su corazón y expresar sus sentimientos a través de sus manos. No quería que sus pensamientos y emociones la dominasen por escribirlos al papel o decirlos en alto.

No quiso ayudar, esa era la realidad. Escuchó a Edwina pero ignoró todo aquello. El tiempo mejoró, y decidió salir al jardín para tocar tranquila el violonchelo. ¿Quién podía saber que su alma vivía atrapada en un conflicto? Solo él.

 

 

Estuvo tocando por una hora. Las melodías que quiso interpretar se intercalaban con ritmos alegres y tristes, no era sino una visión realista de como se sentía ella.

El violonchelo le cubría. Era un instrumento que no había elegido al azar, su padre lo tocaba maravillosamente y ese hecho había importado en la elección musical que, a corta edad había hecho animada por sus padres. Su naturaleza se parecía en gran medida a su carácter; melancólico, apasionado, impulsivo o fuerte.

En muy rara ocasión se la escuchaba interpretar una melodía zíngara o gitana, cuando eso sucedía, era como si perdiese el control. Se reservaba esos momentos de libertad para cuando Martha no podía escucharla. Una señorita nunca debía de perder el control, no obstante su madre era su mejor mecenas y le enviaba por correo partituras que Martha nunca le habría permitido tocar. Nadie la delataba porque en el fondo todas odiaban a Martha, además Mollie era como su hermana, estaban acostumbradas a tocar juntas y se guardaban secretos la una a la otra.

Tras aquel tiempo de conexión espiritual con su violonchelo se sintió más liberada. Ciertamente el peso de sus acciones continuaba flotando en su cabeza sin embargo se había convertido en un malestar más liviano. Se despidió de su amigo con una caricia sobre el lateral de su lomo. Algunas veces le gustaba imaginar que la madera roja y brillante por el barniz concentraba parte de su sangre, una visión poética y visceral.

Desde afuera escuchó los ruidos provenientes del salón. Vio salir a Jerry hacia el granero y se levantó de su asiento para volver a guardar el instrumento en el aula de música. Un bonito sombrero con un gran lazo color lavanda cubría su cabeza y la protegía del sol. No era un secreto que aunque a Iso no le gustase maquillarse hiciese lo posible por mantener su piel perfecta y no estropearse la cara. Sus pecas le molestaban.

 

 

Tenía curiosidad por ver que hacían, así que antes de retirarse pasó por allí como por casualidad, cargada con su violonchelo. Se mantuvo unos segundos de pie parada al lado de la puerta observando como una niña de ojos grandes el ajetreo con el que se movian Edwina, Eve, Jerry y Daniel.

Cargando editor
24/04/2018, 17:11
Jared Vanhorn

Habia escuchado la lluvia durante la noche, es mas habia disfrutado del ruido que hacia golpeando la casa porque era casi como volver a sentirse de una forma extraña en casa. Me dormi de esa manera, escuchando el repicar de las mil gotas que golpeaban con justa furia, una casa que estaria mejor quemada hasta los cimientos. No es que odiara la casa en si, sino el fondo que tenia, el aura que sin duda habria adoptado acumulando la maldad de las personas que abian vivido en ella.

El sol me desperto, mire a traves de la ventana dandome cuenta de la hora que era y casi enfadandome conmigo mismo por eso, pero me habian informado de que seria normal si ahora dormia mas, porque mi cuerpo lo necesitaba. Tras lo ocurrido el tercer dia, las cosas habian ido mejor, la mejoria era palpable aunque aun necesitara un baston para poder moverme, me sentia algo mas fuerte y no necesitaba apoyarme tanto en este.

Una vez arreglado, para lo que era ser yo, sali de la habitacion, Dejando la puerta abierta, para que se ventilara un poco. Avance con el sonido caracterisitco del baston por delante mio hasta llegar al salon. Menudo destrozo, la lluvia habia acabado entrando por los huecos de las ventnas rotas y habia provocado un verdadero estropicio. Busque a la dueña de la casa con la mirada, a la sierpe mayor, a la que habia destruido esas ventanas y la que era en mayor grado culpable de esto, pero aprecia que la serpiente no se enocntraba bien y habia decidido huir de vuelta  asu madriguera. Tipico. Espera que le solucionen los problemas otros.

Mire a los que ya estaban presentes, Jerry, Daniel y una mujer a la que no recordaba. Aun asi no dude en saludarlos a todos, fijando mi mirada en Jerry el ultimo. - Siento no poder echarte una mano, pero esta maldita herida aun esta dandome guerra y no quiero provocar mas problemas. - Quizas se hubieran enterado de las fiebres o quizas no, pero seria extraño que en un lugar tan pequeño y cerrado, no lo supieran, aun asi sentia la necesidad de disculparme, al menos con los que tenian pinta de querer ponerse a trabajar.

Espere sus palabras o comentarios, antes de disculparme y moverme con lentitud en direccion al jardin, a la puerta que daba a este al menos. Una figura estaba mas alla, llevaba en sus manos un violonchelo y eso no hizo mas que agrandar levemente mi sonrisa, mientras abria la puerta y asomaba a la estructura exterior para asi poder verla, llevando un sombrero que llamaba mucho la atencion. Me apoye ligeramente en el baston mientras la esperaba alejado levemente de la puerta de la casa.- Buenos dias... - Mi sonrisa era mas grande de lo habitual mientras miraba a la mujer a la que debia la vida.

Cargando editor
24/04/2018, 18:02
Jared Vanhorn

Cuando te acercaste lo suficiente a mi y estando seguro de que los de dentro no se darian cuenta, toque levemente el sombrero que llevabas, para asegurarme de ue levantabas la mriada para que asi pudiera vislumbrar esos dos zafiros que valian mi vida y mi alma. Si lo permitiste, incluso me atrevi a rozar tu palma con mis dedos, solo un roce, sola ligera caricia que quedaria oculta por mi cuerpo y seguramente por ti, si alguien intentaba ver mas de lo que deberia.

Mis ojos desvelaban que te habia echado de menos, que sin duda respiraba por tu presencia. - ¿Que tal ha ido? - Mi sonrisa salvaje, mi presencia depredadora disminuida y al mismo tiempoa crecentada por tu presencia y aun asi, no habia duda alguna de que no debias temer nada de mi.  Sabia lo que significa el violonchelo y lo que te gustaba expresarte con él, asi que solo me quedaba la duda de que habias estado tocando y que habias expresado con ello.

Cargando editor
24/04/2018, 19:49
Edwina Morrow

- Que amables. Buenos días. Tenga cuidado con el mueble por favor, no se fuerce. - dijo Edwina al irlandés obstinado que se había propuesto ayudar como fuese y cargarse bastante trabajo. Por suerte solo movió el mueble lo justo para colocarse detrás y tener un poco de espacio porque aquella libreria era de madera maciza y pesaba como un muerto.

- Gracias por venir Eve, necesito ayuda con la vajilla. Si te encuentras mal en algún momento siéntate. - ahí estaba su alumna trabajando como la que más yendo y viniendo de la cocina con la limonada fresca y las galletas. Con Eve nunca escuchaba queja de nada, sabía que había estado resfriada y en ocasiones se fatigaba más de lo normal, era trabajadora y voluntariosa, no como Mollie e Isobella que no hacían nada por nadie no fuese que se les rompiese una uña.

Saludó también al doctor y a Jared con una sonrisa fijándose en la mano vendada de uno y la mano de otro soportando el bastón. - Quien hace lo que puede no está obligado a más. - con esa frase lo dijo todo. Vio que el mestizo se retiraba un poco haciendo bien porque después de las fiebres que había tenido no convenía que se pusiese peor.

- ¿Ha venido solo para mirar señorita Davis o va a tocarnos el violonchelo para amenizar la velada? - replicó cuando se percató de su presencia. Lucía acalorada y un tanto roja por el trabajo que estaba haciendo junto a Eve guardando la vajilla en las cajas. La vió allí parada y le entró coraje. No supo si la había ignorado o es que no la había escuchado porque el soldado corpulento se había interpuesto entre ella y la puerta de acceso.

Volvió a mirar al doctor manipulando las herramientas. La última vez que se había empeñado en ayudarlas a servir la mesa hizo un comentario jocoso respecto a los platos y su mano izquierda. Rió entre dientes por la broma que hizo con Jerry. - ¿Sabe qué? las cortinas se tienen que bajar, las tenemos que limpiar también, esto está hecho un desastre. ¿Por qué no ayuda a Eve? - para quitar las cortinas había que enfirmarse a una silla e ir quitando las anillas de madera que soportaban el riel. Prefería que hiciese eso, controlar y proteger que Eve no se cayese de la silla y le ayudase con el peso de las cortinas que se hiciese daño en la izquierda con el martillo y le tuvieran que dar la comida como si fuese un bebé.

Edwina no perdió el tiempo. Señaló dos sillas regias del salón y directamente cogió una para ponerla en una ventana y subirse ella misma dispuesta a hacer el trabajo. - Joven, no vaya a tapiarnos mientras estamos quitando las cortinas. - bromeó con Jerry. - Es demasiado pronto para las velas. - el irlandés aún tenía que tomar medidas de las ventanas y ponerse a serrar la chapa de madera. Iba para largo y la institutriz no estaba muy segura de que con la chapa de ese mueble* fuese suficiente para tapiar las tres ventanas.

Notas de juego

*Os doy libertad a Silas y Tristan para rolear si queréis manipular otro mueble del salón.

Próxima renovación de turno: Viernes 27.

Cargando editor
24/04/2018, 21:41
Ophelia Edevane

La forma en la que desperté esta mañana era tan distinta a la del día anterior que todo me parecía un sueño. Aunque no sabía distinguir cual de las dos cosas que me ocurrieron parecían ficción, si la mala o la buena…

La lluvia de la noche se alargó lo justo y necesario, para en la mañana al amanecer, poder disfrutar de los primeros rayos del sol. Sentía como si dicho fenómeno natural fuera un reflejo de mis sentimientos… así de sensible me encontraba. Llover para luego dar paso a la luz cálida. Miraba a través de la ventana con otra perspectiva, tanto así que sonreí para mi misma, recuperaba de nuevo la sonrisa.

Hoy tocaba realizar tareas en la casa, y aunque no quería relacionarme en exceso, solo lo justo y necesario, si quería ayudar y estaba dispuesta a ello. Me dispuse a vestirme, sin reparar demasiado en ropajes bonitos ya que los iba a ensuciar, pero una tarea tan sencilla como aquella, se estaba convirtiendo en una tediosa. Mi mente me controlaba y me decía por qué no me era tan sencillo y en cuanto me di cuenta de ello, mis mejillas se ruborizaron.

Por ese motivo acudí a la planta de abajo un poco tarde, mientras aceleraba el paso escaleras abajo y me arreglaba el pelo usando las dos manos, todo a la carrera.

Hoy lucia un vestido de color blanco, cerrado hasta la clavícula, pero holgado y cómodo. Botas marrones, tapadas ligeramente por los volantes del vestido. Y el cabello semi recogido en la trenza que me había hecho a toda prisa bajando las escaleras.

A medida que me acercaba al salón, escuchaba el sonido de los muebles y la voz de la señorita Edwina, eso me hizo sonreír, si fuera Martha ya mi cara habría cambiado por completo.

Cuando llegué a la puerta, vi a Isobella plantada junto a la puerta y la miré, le sonreiría cuando ella me devolviera la mirada. - Buenos días - Me parecía curioso que Iso estuviera aquí, aunque igual solo entraba a criticarlo, más esperaba que realmente ayudase, de alguna manera. Llegué justo en el último momento, solo para oír la palabra "vela" en boca de Edwina.

Alterné la mirada entre ella e Isobella, y entonces me moví para entrar en el salón, dedicándole a Iso un "con permiso" por lo bajo.

- Buenos días señorita Edwina, vengo a ayudar... - Dije ahora por fin percatándome en todo, no en el trabajo que había que realizar en sí, si no en los chicos que se encontraban en la habitación. Abrí los labios parando mi mirada en cada uno de ellos. Primero en Daniel, luego en Jared y por último en Jerry. Aunque antes de que pudiera saludarlos o reaccionar de alguna manera ante su presencia, mi vista se desvió rápidamente hacia Eve, mi sonrisa se adelantó hacia ella - Eve... que bueno verte aquí ¿Te encuentras mejor?

Me relacionaba, pero me había quedado en medio de la sala plantada, como Iso junto a la puerta.

Cargando editor
25/04/2018, 00:29
Silas Barton

Los siguientes días a la llegada de Martha fueron una maravillosa fuente de buen humor para el joven Silas. Quizás seguía sin dormir muy plácidamente o siquiera de corrido, lo que se manifestaba en oscuras y marcadas ojeras que lo privaban parcialmente de su alguna vez habitual lozano aspecto, pero desde hacía unas jornadas nada le borraba la sonrisa de los labios. Incluso había recuperado esa actitud traviesa y alegre que le era natural, y el brillo en sus ojos había reaparecido de forma definitiva, lo que hacía el escucharlo bromear con soltura junto a Tristan un evento mucho más común que no se repetía con tanta frecuencia desde el altercado en que su mejor amigo le había salvado la vida. 

Sinceramente, no tenía de qué quejarse. Las pesadillas seguían agobiándolo, y los ruidos fuertes e inesperados le tensaban como a nadie, pero durante las tardes ya se había hecho la costumbre de escuchar el violonchelo de alguna de las mujeres de la casa y leer lo que encontrara en la grandiosa biblioteca de la casa con absoluta paz. Por supuesto, también tenía deberes pactados con la supuesta dueña de casa, pero incluso las guardias le traían alegría. Podía aprovechar de conversar con sus compañeros sin la tensión constante del frente de batalla, conocerlos un poco más, echarse unas risas... Si alguien no podía con su turno, Silas era el primero en ofrecerse a reemplazarle. 

Tanto era su buen humor, que aquel día cuando entró al salón saludó incluso a la insoportable arpía, sonriéndole sinceramente con la comisura de los labios - Isobella - asintió levemente, para luego seguir caminando hacia el salón tras detener un segundo su mirada en el instrumento de la muchacha. Aún no había tenido tiempo pero se moría de ganas de retomar el violín y el piano, y sabiendo la calidad y cantidad de instrumentos disponibles en la casona esperaba experimentar con otros más también. 

Preparado para reparar, construir y lo que fuera necesario, aquel día había dejado su pulcro uniforme completo de lado. En vez de eso, había decidido vestir con los pantalones del mismo así como el calzado, pero dejando la chaqueta y otras parafernalias de lado solo había cubierto su torso con una holgada camisa de tela delgada para soportar el calor y el trabajo pesado. No era lo más elegante, formal, o siquiera apropiado frente a un montón de señoritas, pero no iba a pasar el día incómodo apenas pudiendo moverse por conservar el protocolo. 

Buenos días, damas y caballeros. - saludó a todos con un tono lúdico y una breve reverencia, ya habiendo dejado a su espalda a Isobella. Miró alrededor, observando en que estaba cada uno, y sorprendiéndose gratamente al ver a Jerry trabajando con la madera con tanta facilidad. Aunque, para ser absolutamente honesto, lo que más le había agradado era ver como la pobre señorita Martha tendría que desvalijar su casa rompiendo muebles que tendrían más años juntos que todos sus parientes vivos para cubrir los agujeros que ella misma había hecho al romper los cristales. Maravilloso. Era tan placentero ver como destrozaban esas joyas de finas maderas para convertirlas en simples tablas que ni siquiera le molestaba ser él o sus compañeros quienes tuvieran que desarmar los muebles. De hecho, casi se sentía como un premio, y no sería él quien rechazara una recompensa de esa calaña. 

Que buen día para obras manuales - sonrió de oreja a oreja, examinando el resto de muebles en el salón solo por deleitarse en escogiendo a su próxima víctima y la siguiente fuente de pesadillas de Martha. Tal vez, si tenía un poco de suerte, hasta le afligía un poco a Edwina - Con la vitrina no va a alcanzar para todo. Vamos a necesitar este también - dio unas palmadas a la superficie de una cómoda cercana, parándose a su lado para mirar a la mayor con una sonrisa satisfecha. Uno a uno fue sacando los cajones y depositándolos uno encima de otro con el cuidado justo para no romper nada.

Inmediatamente después tomó un serrucho de la colección de herramientas que Jerry había conseguido y se puso manos a la obra para desprender del antiguo mueble tantas planchas como fuera posible. Por supuesto, el que fuera Silas leñador, con un bosque al lado y perfectamente capaz de hacer planchas nuevas sin romperle los muebles a la señora de la casa era un secreto que pretendía callarse al menos por el momento. 

Cargando editor
27/04/2018, 09:12
Eve

Los rasgos de la joven se suavizaron y el destello de una sonrisa iluminó su demacrado rostro cuando Ophelia la saludó.

—Sí, mucho mejor —respondió a su amiga depositando con cuidado la pieza de vajilla en la caja—. Se siente bien poder dejar la cama y ser de ayuda.

La fugaz sonrisa se desvaneció como el humo al viento cuando, entre una de sus tantas idas y venidas, se encontró con Isobella parada frente a la puerta obstaculizando el paso y sin mostrar el más mínimo interés por ayudar. Evidentemente aquello le molestó y así se lo hizo saber cuando regresó con la jarra de limonada.

—Si no ayudas tampoco estorbes, Isobella —espetó al pasar junto a la joven, casi al mismo tiempo que Edwina le recriminaba por la misma razón.

Jarra en mano se acercó a cada uno de los hombres, saludando educadamente pero manteniendo las distancias, a aquél que se les uniera durante los instantes en que se ausentaba del salón.

—Espero que su mano esté sanando bien, doctor —dijo a Daniel cuando llegó junto a él—, le ruego me disculpe por no haberme hecho cargo de sus curaciones, pero mi salud no me lo permitió.

Siguió con lo suyo y cuando ya no quedaban más vasos que rellenar, dejó nuevamente la jarra sobre la bandeja. Contuvo la respiración cuando vio a que uno de los hombres había decidido que la madera de la estantería no era suficiente para tapiar todas las ventanas y se disponía a desmantelar una cómoda. «Uno de los muebles favoritos de miss Farnsworth, su malestar va a empeorar cuando sepa lo que ha ocurrido con sus preciados muebles» Lo cierto es que sólo imaginar cómo iba a reaccionar Martha cuando supiera lo que había pasado con sus muebles, la hacía experimentar un cierto goce, pero no hizo ni dijo nada que la pudiera delatar.

No tuvo mucho tiempo para disfrutar con esa idea, un acceso de tos y la instrucción de la señorita Morrow para que bajara las cortinas con la ayuda del doctor, alejaron la satisfactoria escena de su mente. Asintió y cogió la otra silla que había señalado Edwina para subirse en ella. Una chica de porcelana, como lo eran Isobella y Mollie, se habría quedado allí de pie esperando que un hombre la moviera y la pusiera justo donde la necesitaban, pero Eve no era así, ella no temía meterse en el barro y si tenía que ensuciarse las manos lo hacía sin rechistar. No iba a ser menos por hacerlo, así que se arremangó el sencillo vestido y subió a la silla con la agilidad propia de una joven de su edad. Se la veía desenvuelta y segura, no tenía miedo a caer, Ophelia y Kizzy lo sabían, más de una vez la habían visto subirse a un árbol no sólo para recolectar frutos sino también para dibujar, leer, tocar la flauta o simplemente tararear una canción.
 

Cargando editor
27/04/2018, 13:04
Isobella Davis

Se quedó mirando a la gente del salón como dudando que hacer. La casa no le importaba lo más mínimo porque en su cabeza empezaba a imaginarse al lado de Jared. Se veía viviendo en otro entorno distinto a la plantación, quizás en el poblado cheyenne del hombre que le había robado el corazón. Muchas cosas se le pasaban por la mente entre angustia y dudas por no saber que hacer. Su padre nunca lo iba a aceptar pero ella estaba enamorada y no podía imaginarse que todo lo que había vivido con él quedase en el olvido y se desvaneciese solo por prejuicios sociales respecto a su etnia. No había excusa por culpa del dinero, su familia tenía un negocio de pieles, según le había contado.

Notó un leve roce en su sombrero y un olor característico. Soportaba el peso del violonchelo pegado a su cuerpo abrazándolo con el brazo derecho. Ya sabía que él estaba ahí y el hecho de sentir esa caricia suave de sus desos sobre su mano se lo confirmó. Le entró un escalofrío y suspiró ensoñada, en el desayuno no había podido estar con él y era el primer momento del día en que sentía sus caricias.

Los dedos de su amor eran pura electricidad. A Iso se le aceleró el corazón, estaba descubriendo cosas nuevas. Su cuerpo reaccionaba ante esas sensaciones que él le provocaba y lejos de ponerse freno, cuando caía con el hombre quería seguir investigándolas.

Sonrió levemente, más alegre por dentro que por fuera. Tenía miedo de poder expresar con su cara el secreto que guardaba obligada, nadie lo sabía y no creía que fuese buena idea que lo supiesen. Si Martha se enteraba de lo que había hecho y la idea de fuga que tenía con Jared, seguro que le pegaría, avisaría a su padre y se la llevaría de allí separándola de él para siempre.
 
- Bien... - dijo en voz bajita mirándole a los ojos con una sonrisa alegre y pilla, ella también le había extrañado. Se ayudó del refugio que le proporcionó el hombre al posicionarse frente a ella para seguir hablando. - Necesitaba tocar porque no sé como expresar lo que siento por ti... tengo miedo de escribirlo y que Kizzy lo encuentre mientras limpia mi habitación. También sería un desastre si lo encuentra Martha. - comentó preocupada alzando la mano izquierda para acariciar suavemente el cuello de Jared.

Cargando editor
27/04/2018, 14:47
Isobella Davis

Podría haberle contestado a Eve con mala fé como habría hecho siendo pequeña cuando solía meterse con Kizzy. A Martha, Eve siempre le había parecido una fea y así se lo hacía saber. Isobella imitando lo que veía en la mujer, había insultado a su compañera alguna que otra vez. Ciertamente en aquella época no es que Isobella fuese especialmente agraciada, pero tenía soberbía suficiente para creerse la más guapa y elegante de la escuela. Miraba a todas las niñas por encima del hombro porque ella era la hija de alguien muy importante y algún día sería una señorita de renombre casada con alguien igual de importante que su papá.

 

 

Se mordió la lengua para no decirle que la única que estorbaba allí era ella y que Martha la acogía por caridad, tal y como había escuchado mil veces a su cuidadora. Sus ganas de responder se apaciguaron cuando vio a Jared. - Buenos días señor Vanhorn. ¿Qué tal su pierna? - sonrió ampliamente y le dedicó una mirada cómplice. Permaneció unos segundos a su lado recibiendo el saludo del hombre. Después se hizo a un lado permitiendo el acceso al salón a cualquiera, no quería seguir escuchando las recriminaciones de la perfecta criada, Eve.

- Lo siento señorita Edwina. Iba de camino al aula de música. - la parte superior del violonchelo descansaba sobre su  hombro y con el brazo derecho soportaba el resto del instrumento ligeramente pegado a sus formas. - Quizás pueda ayudarla a bajar las cortinas si alguien me ayuda. - en su interior pensaba en un nombre. - ... o guardar parte de la vajilla, lo único que debo hacer antes es dejar el violonchelo en su lugar. - dijo retirándose hacia atrás con la idea de volver y ponerse a ayudar.

Justo en el momento que lo hacía vio entrar a Ophelia en el salón más radiante de lo que recordaba haberla visto en mucho tiempo. Parpadeó por la sorpresa y sonrió a su amiga. Creyó que hasta su pelo brillaba más de lo habitual. ¿Qué le había sucedido para estar así tan alegre? No había tenido tiempo de hablar con ella a solas desde su charla confidente en el baño. - Hola Ophelia. - sonrió con entusiasmo. - Hoy tienes muy buen aspecto, es como si el sol brillase en tus cabellos.

La buena energía que desprendían ciertas personas del lugar y especialmente hacia ella se tornó negra cuando vio aparecer al loco rubio que tanto le había hecho sufrir los primeros días. - Tenga buen día señor Barton. - replicó escuetamente a su saludo tratándole con un mínimo de educación. Era lo adecuado y además pensó que así se evitaría problemas con él. Por una parte se sentía a salvo y por otra le perturbaba esa sensación de que vivían una calma ficticia, pues ellos tenían las armas aunque Martha tuviese otras ocultas en su escondite secreto. La superior había cedido ante sus exigencias con el pacto que censuraba sus libertades más básicas como escribir correspondencia o pasear solas, Iso estaba indignada pero creía que algunos de los hombres allí presentes no tenían maldad alguna. Conocía más o menos a la mitad de los soldados. En Silas, Jerry y el cabo, en cambio, no confiaba apenas nada.

Cargando editor
27/04/2018, 17:25
Jerry O'Neil

El trabajo dignifica al hombre… eso es lo que solía decir la mayor parte de la gene que no ha tocado un martillo en su vida.

La sala se iba llenando poco a poco de gente, haciendo que el ruido que hacia la madera al crujir siendo manipulada no sonase con tanto eco. Todos tenían su función y todos querían ayudar a reparar las ventanas… Bueno tal vez no todos?

Si bien no sabia si todo el mundo estaba de buen humor esta mañana, al menos lo aparentaban. Eso era algo que a mi no se me daba bien. Se de buena tinta que si estoy triste mi cara me delatará. Por esa razón soy incapaz de jugar al póker.

-Estoy mucho mejor doctor, la sutura aguanta. Creo que solo tengo que no dejar que me disparen otra vez y me pondré bien.- dije con una sonrisa observando como intentaba manipular las herramientas con la izquierda.

Ante la petición de las cortinas no pude sino asentir en direcciona Daniel.

-Si mejor aléjate de cualquier cosa que pueda abrirnos un agujero extra en las paredes Daniel, de momento creo que tenemos suficientes manos derechas para que puedas ayudar a Eve- comente al tiempo que miraba nuevamente el mueble y las ventanas como haciéndome una idea si necesitaríamos mas material.

Era tranquilizador volver a poder hacer cosas que realmente tuviesen sentido y para mi reparar unas ventanas para resguardarnos de la lluvia era algo que tenia mucho mas sentido que toda la guerra en la que llevaba inmerso desde que pise este país.

-No se preocupe señora Morrow, iré con cuidado de no ampliarle el salón y arreglarle el tejado en un descuido- dije riendo nuevamente y haciendo un ligero gesto de dolor por la herida de mi costado.

Seguía tarareando melodías de mi tierra natal hasta que la señorita Edevane entro en el salón y captó toda mi atención por unos momentos. Momento en el que por poco pierdo el martillo que controlé en el último momento, en otro gesto que me provoco nuevamente una molestia en el costado.

La busqué con la mirada y le sonreí esperando que no hubiese advertido mi pequeño acto patoso.

Había mucho trabajo y si queríamos acabar esto hoy no podíamos despistarnos. Coloqué la plancha trasera del mueble en el suelo con cuidado de no dañarla y fui a por un cordel para medir las ventanas.

Como seguía de buen humor empecé a tararear otra cancioncilla.

Cargando editor
27/04/2018, 19:52
Edwina Morrow

Se tranquilizó al ver que Isobella tenía intención de ayudarles. - Perfecto, pero no sé si tu ropa sea muy adecuada para subirte a una silla. - elevó las cejas haciendo una mueca divertida. Iba arreglada porque no pensaba ayudarles, Edwina lo tenía claro. Solo en un caso extremo como fue operar a Jared y cuidarle una noche había accedido a hacer algo por alguien altruistamente, porque si se trataba de limpiar, cocinar o cualquier otra cosa su alumna tenía manos de porcelana.

No le gustaba que sus pupilas se peleasen por nada, le hacía sentir mal consigo misma y por ello, agradeció que Isobella no le respondiese mal a Eve.

Subida a la silla saludó a Ophelia con una sonrisa que remarcaba sus mofletes gorditos. - Buenos días Ophelia, ten cuidado con las cajas y las herramientas. - dijo amable. - Ahí sobre la mesa quedan unas cuantas piezas de vajilla por guardar. - le indicó la institutriz para que tuviese claro por donde empezar.

Seguidamente se sorprendió al ver al joven Silas dispuesto a ayudar, su semblante era aparentemente calmado y les saludó de buen humor. Lo cierto es que el chico le daba miedo debido a lo que Martha le había contado.

Cuando lo vio mover la cómoda para desmantelarla bajó de la silla nerviosa. - ¡Espere un momento! ¡Por favor tenga cuidado con esa fotografía! ¡Es mi prometido! - Edwina se acercó a toda prisa para coger el marco. Se quedó mirándolo con cara de pena durante unos largos segundos hasta que reaccionó.

- ¿Quién ha movido esta fotografía*? - preguntó abrazando el marco contra su pecho para después mostrarlo a los presentes. - ¿Ha sido usted doctor Robinson? Debería estar en su habitación y no aquí. - trató de no emocionarse, hablar de Adrien le provocaba un sentimiento descontrolado de pena y ganas de llorar. Limpió el marco con el borde bajo de su delantal y lo dejó sobre la mesa, al lado de la vajilla donde Ophelia tenía pendiente guardar los platos.

Regresó a su lugar para seguir con su tarea y bajar la cortina cuando algo inesperado ocurrió.

 

 

 

Un Adrien viejo y de aspecto cadavérico apareció de entre la maleza del jardín, simplemente de la nada. Tenía los ojos abiertos de par en par y miraba sin mirar, estaba vacío, como sin alma. La mujer creyó que le estaba devolviendo la mirada pero nada más lejos de la realidad. Su imagen era la de alguien perdido que no sabia donde estaba, alguien que parecía no recordar cual era su propia casa.

- E-está vivo... e-está... - musitó tan bajo que apenas pudo escucharse a si misma, no sabía si lo había dicho en alto o si estaba desvariando por producto de su imaginación. ¿Esa imagen fantasmagórica que estaba viendo frente a ella era real?. Los ruidos de cosas y gente moviéndose en el salón y su propio pulso acelerado latiendo fuerte como tambores en sus oídos impedia que se hubicase y pensase con frialdad y lógica.

 

 

Le faltaba el aire, no se lo podía creer... - Es él... es-tá... Adrien... - empezó a marearse por no poder respirar, y... pasó lo inevitable. Edwina perdió el equilibrio y cayó de la silla. El golpe contra el suelo la dejó amargada unos segundos pensando turbada. Con todo el dolor del mundo se acercó a la ventana moviéndose a rastras por el suelo sin importarle nada.

Se volvió a poner en pie para mirar y comprobar que allí no había nadie. Parpadeó seguidamente, una y otra vez, la última más fuerte apretando los ojos pidiéndole a Dios que aquello fuese real. Un flash de los pantanos le sobrevino, y entonces recordó aquel sueño que tuvo días atrás donde soñó con Adrien ahogándose en unas aguas oscuras. Muy confundida y nerviosa se dio la vuelta mirando con angustia a todos. - Estoy bien, estoy bien, discúlpenme por favor... - dijo apurada con el rostro desfigurado. - Voy a la cocina a refrescarme, estoy bien. - repitió saliendo rápidamente.

 

 

Notas de juego

*Alguien ha movido la fotografía que estaba en la habitación de Daniel, o mejor dicho, la que pertenece a Adrien :P

Próxima actualización / renovación de turno: Martes 1.

Cargando editor
27/04/2018, 20:15
Daniel Robinson

En mi cara asomo una sonrisa desahogada cuando la señorita Edwina se dio cuenta de mi torpeza y vi que mi amigo Jerry podía valerse por si mismo sin demasiados dolores.

Después de tanto tiempo no lo hacía tan de buena gana. La guerra cambia el alma de la gente. Les vuelve impredecibles y desconfiados. En esos momentos, sentía que mi guardia estaba más baja, y el único ruido que podría asustarnos no vendría de un disparo o un cañonazo, si no del tronar de la voz de Martha. Afortunadamente en esos momentos no estaba por allí.

La señorita Eve apareció por fin, haciendo volverme hacia ella, mirándola con interés, mientras una pregunta en mi cara se dibujaba, preguntándome porque no la había vuelto a ver. Ciertamente la había echado en falta. La venda de mi mano también.

La escuché cuando la señorita se disculpaba. -No se preocupe, señorita Eileen.- Alcé mi mano para que pudiera verla más de cerca.- Hizo un buen trabajo. Seguro que sana mas rápido si la próxima vez me ayuda con el vendaje. La última vez casi me enredo la venda con los botones de la camisa- Bromeé en un susurro intentando hacerla sonreir y mucho menos, hacerla sentir culpable de algo. - Me alegro que se encuentre mejor. Espero que no fuera nada grave. Si lo prefiere, siempre puedo echarla un vistazo. Cuando encontremos un estetoscopio, claro...- Terminé por decir, torciendo el gesto a modo de interrogante sobre el utensilio médico.

Que dios me libre!

Mis compañeros empezaron a aparecer. Había ayuda mas que de sobra. Y manos. Las mías solo restaban, como bien me hicieron ver. Era algo frustrante no poder ayudar con ello, pero Edwina dio con la solución a mi ineptitud manual: Ayudar a Eve.

Asentí algo apesadumbrado por no ser mas útil, pero también alegre de que no me mantuvieran al margen. No podría con un martillo, pero seguro que si podría vigiar a la señorita e ir recogiendo las cortinas que me fuera pasando.

-Adelante, pues- Dije sonriendo a Eve, invitándola a subirse a la silla mientras con la mano buena la sujetaba.

Isobella se dejó ver en la habitación y eso me alegró bastante. Su sonrisa y mirada al gran soldado me hizo ver que estaba dejando atrás su miedo. Su confianza empezaba a ganar terreno, incluso sus palabras, aunque duras a Silas, dejaban ver que su fuerza interior no flaqueaba. Dios a veces escucha mis peticiones. Puede que demasiado, a juzgar por el cruce de miradas algo... hostiles hacia su compañera Eileen.

Bueno, no todos tienen por que llevarse bien. Mientras no se maten entre ellas..

Lo que ocurrió a continuación me pillo desprevenido.

La foto del doctor-ladrón pareció por allí y Edwina se emocionó tanto que subida en la silla que estaba, creyó verlo en el exterior de la casa, pronunciando su nombre. Adrien. Mi cuerpo se tensó e inmediatamente me puse en alerta, mirando a Silas con aspecto ceñudo. Esa mirada lo decía todo. Alerta!

Con un sonido sordo cayó al suelo dejándola aturdida. Miré a Elileen, fugazmente, para comprobar si ella pudiera caerse igualmente de la silla, y cuando vi que no lo haría, corrí hasta Edwina para ver si estaba bien y ayudar a levantarla.

-Señorita, ¿ se encuentra bien?- pregunté suavemente para no alterarla.

Miré en la dirección que sus ojos apuntaban y no pude ver a nadie. Ella, rápidamente se excusó para salir de allí e ir a la cocina.

- Jared, Jerry... - Nombre a los soldados llamando su atención. Mi mirada dejaba claro que necesitábamos ver si alguien se había colado o había algún intruso por allí. - Puede que fuera haya algo mas de material que poder usar... ¿podríais ver si hay algo mas?- Sugerí intentando no llamar la atención de las señoritas.

-Señor Barton, quizá deberíamos ver si la señorita Edwina se encuentra bien. Puede que necesite nuestra ayuda- Pregunté a mi compañero recogiendo mi chaqueta de la silla, haciéndole un gesto con la cabeza.

Estaba claro que teníamos que hablar...

Cargando editor
27/04/2018, 22:47
John McBurney

John estaba cansado de pasar tanto tiempo en la cama, la institutriz le había obligado a permanecer tumbado desde que se abrió la herida en la pierna y no soportaba seguir encerrado.

Solía usar una campana para llamar a Edwina cuando quería algo y la hizo sonar, pero la mujer no apareció, fue Tristan quien saliendo de su habitación le escuchó y como el cabo le pidió que le ayudase a salir, el chico le ayudó a incorporarse y sentarse sobre la silla de ruedas.

Yendo hacia el salón se cruzaron con una pálida y confundida Edwina alterada por los nervios. Iba hacia la cocina. Ambos hombres se miraron sin saber que decir cuando le preguntaron que le ocurría y ella se excusó diciendo que nada, evitando contarles lo que había visto.

- Buenos días. Veo que no faltan manos porque ya se han puesto todos manos a la obra. Les ayudaría pero soy un lisiado, al menos temporalmente. - bromeó irónicamente.

Al instante Daniel se acercó con discreción y le contó lo que había ocurrido. John puso mala cara y pensó rápidamente que hacer. No podían darse cuenta de nada. Ellas no.

- Si nos disculpan señoritas. - se dirigió a Eve, Ophelia e Isobella. - Hay unos asuntos que he de tratar en privado con mis chicos. No los entretendré por mucho tiempo, lo prometo. - instó a los soldados a salir del salón y formar un corrillo alrededor de él para ponerles en situación.

Cargando editor
27/04/2018, 23:17
John McBurney

- Estamos jodidos, muy jodidos si lo que dice Robinson que ha sucedido con esa mujer es tal y como parece. ¿Recordáis al tipo que disparé en el pantano? ¿El que le robó el maletín médico a nuestro doctor? Martha es su hermana y Edwina su prometida. Según parece la institutriz lo ha visto ahí fuera o ha perdido la cabeza teniendo una alucinación con él. No me extrañaría teniendo en cuenta los años que lleva esperándole. - puso un gesto desagradable, la mujer le había contado algunas cosas de su vida en los momentos infumables que iba a cuidarle.

- Si se enteran de que le disparé estoy muerto, pero si ese cabrón sigue vivo y ha visto gracias a las ventanas reventadas que estabais aquí, vosotros sois los siguientes. No se quedará de brazos cruzados esperando a averiguar si somos buenos con su familia, si avisa a los confederados o algún vecino estaremos en serios problemas y la única solución será atacar a las mujeres para que Martha o Edwina nos entreguen las armas que nos confiscó la segunda. - en tal caso no tendrían más remedio que usar la fuerza y las amenazas.

- Jared, sal al porche con la escopeta y vigila, están acostumbradas a veros vigilar las puertas. No puedes hacer nada con esa pierna lisiada, no sospecharán.

- Tristan, Jerry y yo nos quedaremos en el salón. ¿Llevas contigo la pistola que te di, verdad hijo?. - le preguntó al mestizo, el irlandés tenía las herramientas a mano pero después de su actuación en la puerta John creía que estaba demasiado verde. - Robinson y Silas, salid afuera a inspeccionar la zona. - sabía que Silas nunca se movía por la casa sin su rifle. - Le disparé en el cuello y han pasado 8 días... - analizó. - Si está vivo es porque es médico y además tiene el maletín.

Cargando editor
28/04/2018, 01:12
John McBurney

Al terminar la charla, John volvió a entrar en el salón junto a Tristan y Jerry. Silas, Daniel y Jared en cambio habían salido al jardín. - No se preocupen, es la vigilancia rutinaria. No les explicamos lo que hacemos todos los días. Ustedes no son nuestro enemigo pero ahí afuera hay soldados confederados y otro tipo de malechores que debemos tener en cuenta por la seguridad de todos. No pertenecen a ningún bando, son garrapatas que aprovechan las visicitudes duras que vivimos en estos tiempos para asaltar mansiones y desvalijarlas a la fuerza con todo lo que haya dentro. - explicó el cabo posicionándose cerca de la puerta con su silla de ruedas para controlar quien entraba y salía. - No les quiero explicar que hacen con las mujeres, ustedes son demasiado jóvenes para escucharlo. - tras unos quince minutos, los que se habían ido regresaron y le informaron con discreción sobre el asunto que tenían entre manos.

Cargando editor
28/04/2018, 19:23
Mollie Farnsworth

Desde la llagada de los soldados todo se había vuelto caótico los primeros momentos habían sido un cumulo de emociones y ya la gran guinda fue el regreso de mi tía. Sabia que aquello podía traer mas conflictos pero en parte me sentía mucho mas tranquila con ella aquí, por no decir que así se le bajarían los humos a la arpia de Edwina, que cuando Martha no estaba se creía la dueña y señora del lugar.

Pasaba los dias intentando mantener una rutina que me tuviera ocupada, visitaba al cabo y a Tristan en algunos momentos pues eran los que no debían moverse solos por sus heridas, llevándoles algo de comer y beber a media tarde. El resto del día lo pasaba leyendo y tocando el arpa. En alguna ocasión tambien me había escapado a los jardines a pesar de la la lluvia, mas bien disfrutando de esta, del frío, del sonido, de la mas y la tranquilidad que encontraba allí fuera donde no había nadie mas que yo. Con el olor a tierra mojada embriagándome y relajándome antes de tener que volver a lo que ahora parecía mas una carcel que nunca.

Las noches en cambio eran ese momento que anhelaba, que esperaba durante todo el día, el poder ser yo en mi habitación sin tener que estar preocupada por nada, sin tener que sonreír si no me apetecía, sin tener que aparentar que todo esto era normal. Porque no lo era, no lo era en absoluto. Aquella falsa paz no duraría y temía el momento en el que la mecha se prendiera y la pólvora que se iba generando hiciera saltar todo por los aires.

Al bajar pase por la cocina para beber un poco y buscar alguna pieza de fruta, fue cuando me encontré a Edwina... estupendo, a la primera que esquivaba en la casa me la encontraba de frente. Aunque para que negarlo verla en el estado que la vi... me gustaba. Así que no pude evitar preguntar que había sucedido, si podía repetirse mas menudo no dudaría en hacerlo. Pero las respuestas que obtuve, la charla que tuvimos me dejaron completamente seria, preocupada incluso mientras no dejaba de humedecer mis labios pues mi boca parecía permanentemente seca. Mis ojos fueron en dirección al salón y tras despedirme de ella fui donde parecían estar el resto.

Aquel dia llevaba un sencillo vestido azul cielo, aun tenia un libro en la mano y mi cabello rubio estaba suelto, solo con dos trenzas a los lados que despejaban mi rostro y se unían en la parte trasera de mi cabeza.

 

Al llegar vi que estaban vaciando cosas, allí estaban mis compañeras - Buenos dias - Las salude mirando un segundo mas a Isobella que al resto. - ¿Donde esta mi tía? - Les pregunte al no verla allí. En ese momento el cabo entraba con dos de sus soldados, mi mirada miro por detrás de ellos buscando a Silas. Pero al no verlo apretémosla los labios y suspire - Buenos dias caballeros.