23 Reorxmont 459 AC. Foresta Meridional
Te agachas junto a la trampa para conejos que pusiste hace dos días y te dispones a liberar el cuerpo inerte del peludo animalillo atrapado en su interior cuando una voz inesperada te sobresalta.
—¿Qué sabes de los elfos que viven más allá de Daring?
Instintivamente echas mano de tu cuchillo antes de darte cuenta de que se trata de una voz conocida. Maldices para tus adentros, porque siempre consigue sorprenderte con la guardia baja y normalmente eres tú quien acecha a los demás.
Finges que no la has oído y comienzas a despellejar al gazapo mientras te preguntas cómo demonios una mujer embarazada de treinta semanas puede ser tan condenadamente sigilosa.
—Ya, a nadie le importan mucho, ¿verdad? Todos tenemos nuestros propios problemas como para tener que preocuparnos también de cómo les van las cosas a los orejas puntiagudas, ¿es eso?
Te das la vuelta y ahí está Kateena, con su cara de pan, sus mejillas sonrosadas como manzanas y una barriga que apenas puede disimular su delantal de cuero manchado de harina. No debería haber venido hasta aquí en su estado, piensas, está demasiado lejos del molino que regenta junto a su marido y si se pusiera de parto tú no sabrías qué hacer aparte de rajarle el vientre como si fuera el conejo que has atrapado.
Kateena la molinera era sigilosa. ¿Quién lo diría? Desde luego, ella no le encontraba una explicación. No era precisamente la mujer con apariencia más ágil de toda la Foresta Meiridional, como tampoco se la veía muy viajada. Sin embargo, allí estaba, silenciosa como un ave rapaz y con una pregunta que le chocó de buenas a primeras.
- ¿Los elfos? - Se llevó la mano al mentón pensativa. - Algo sé sobre ellos, sí... - La pregunta era extraña y más en aquellas cicustancias.
¿Quñe hacía allí la molinera y por qué le preguntaba por los orejas picudas?
Motivo: Saber geografía
Tirada: 1d20
Resultado: 13(+3)=16 [13]
Sobre la cultura y las costumbres de los elfos no sabes gran cosa. En prácticamente todas las aldeas de la región hay algunos, pero donde están la mayoría de ellos es en dos grandes ciudades situadas cien millas al sur de Foresta Meridional. Tan grandes que superan en riquezas y población a todas las aldeas juntas de Guardiaoriente, si una cree en lo que se dice por ahí. Nunca has estado allí, no se te ha perdido nada.
—He oído que las cosas no les van bien —comenta Kateena con actitud casual, como quien habla del tiempo—. Dicen que han sufrido algunos ataques de ogros y perdido buena parte de sus cosechas, que este invierno será duro para ellos.
Como no la interrumpes, ella continúa su monólogo.
—Tengo amigos que están preocupados por ellos y quieren mandarles ayuda. Ya sabes, alimentos, pieles... esas cosas. Pero la burocracia lo hace todo siempre más difícil, ¿no te parece? Y he pensado que tal vez tú podrías ayudarles a evitar que las inspecciones solámnicas se queden con una parte en forma de impuestos o confiscaciones, ya me entiendes. Hablo del Paso de las Piedras Lloronas, claro. Les llevaría yo misma, pero... —se señala de forma significativa su abultado vientre—. Ya sé que siempre tienes cosas que hacer pero, al final, solo nos tenemos los unos a los otros.
La mayoría de la gente piensa que el único modo de cruzar el Río Noble es por el viejo puente de piedra y madera situado a los pies del castillo de Guardiaoriente, pero tú sabes que no es así. Kateena te mostró hace dos veranos un ensanchamiento natural del río donde las aguas eran los suficientemente lentas como para poder cruzarlas a pie en época de bajas precipitaciones. Ella bautizó el lugar como el Paso de las Piedras Lloronas porque las rocas mojadas sobresalían por encima del nivel del agua.
No hay caminos que lleven hasta allí y, para encontrarlo de noche, haría falta la ayuda de un buen guía. Alguien que conociera el bosque como la palma de su mano.
- ¿Amigos preocupados por los elfos? - Se preguntó a si misma.
No acababa de comprenderlo. Quizás esos amigos de Kateena fueran también elfos o quizás gente que hiciera tratos con ellos. Lo cierto era que los elfos no le parecía una raza demasiado simpática. Siempre altivos y con aquella mirada perdonavidas. Parecía que se creían superiores al resto de razas. Más bien, podía afirmarlo. Los elfos se creían superiores a otras razas y ahora, al parecer, necesitaban ayuda de aquellos humanos a los que despreciaban.
- Tenía entendido que los elfos eran autosuficientes... - Comentó. - ¿Necesitan alimentos y pieles de los humanos? ¿Tan mal están las cosas con los ogros?
No se iba a negar a ayudar. Nunca lo hacía si era por una buena causa, aunque aquella misión, sin duda entrañaba algún problema. Primero con las autoridades solámnicas y después, con los propios ogros. Si tenía que adentrarse en sus territorios y éstes estaban siendo atacados por aquellas enormes y salvajes criaturas, el riesgo no era menor. Hacerlo de forma gratuita, no creía que fuera la mejor de las ideas... aunque quien sabe, quizás Kateena pudiera convencerla de alguna forma.
24 Reorxmont 459 AC
Por mucho que disfrutes de merodear por los bosques, reconoces también que las calzadas de piedra que conectan las distintas poblaciones de la región son el modo más rápido de viajar entre ellas y Kateena te transmitió cierta urgencia en llegar hasta Finn cuanto antes. Al parecer, cierto herrero enano llamado Borek Llamarada te estará esperando allí.
El día amaneció algo más cálido de lo habitual. El cielo estaba despejado y soplaba una brisa fresca que invitaba a pasear. Aun así, decidiste tomarte tu tiempo para preparar bien el viaje y a reunir todo lo que pudieras necesitar. Sabes bien que la provincia no está exenta de peligros ni mucho menos y que es mejor ser precavida cuando no se sabe con certeza qué podrías llegar a encontrar.
Todavía quedaban dos o tres horas de luz cuando llegaste a la aldea de Logan. Podrías haber seguido camino hacia Finn, pero pensaste con buen criterio que era preferible no dormir a la intemperie. Tu destino todavía quedaba lejos y era preferible disfrutar de una cena caliente y una buena cama, que recorrer unos pocos kilómetros más y acampar en mitad de ninguna parte.
25 Reorxmont 459 AC
El camino empedrado a Finn estaba en condiciones relativamente buenas, aunque algo resbaladizo y traicionero a causa de las heladas nocturnas. El día resultó ser más frío que el anterior y el gélido viento bajaba aún más la sensación térmica. Por fortuna, el cielo seguía despejado y no tuviste que preocuparte ni por la nieve ni por la lluvia, lo que te permitió avanzar sin incidentes.
A lo largo de la jornada, hiciste un par de breves paradas para comer algo y descansar, pero a medida que el sol iba descendiendo el camino empezó a parecerte preocupantemente largo. Sin embargo, el temor a tener que pasar una gélida noche en campo abierto te dio fuerzas para continuar avanzando.
Para cuando finalmente alcanzaste la población, hacía rato que había anochecido. Cansada de la larga caminata, decidiste instalarte en la posada local para disfrutar de una cena caliente, una cerveza fría, una buena chimenea y una cama seca. Ya buscarías a ese tal Borek cuando saliera el sol.
Te alegraste de poder retirarte pronto al espartano cuartito que el posadero preparó para ti y, agotada, no tardaste en caer profundamente dormida.
26 Reorxmont 459 AC
A la mañana siguiente te llevó un buen rato dar con el paradero de ese tal Borek. Casi un tercio de la población de Finn eran enanos y su carácter receloso les hacía dudar de tu interés por uno de los suyos. Por supuesto, acabaste descubriendo que tenía una herrería a las afueras de la aldea pero, cuando presentaste allí para ofrecer tus servicios como guía, recibiste con sorpresa la noticia de que habías llegado "demasiado pronto".
Intentaste entender a qué se refería el propietario del local, pero el tozudo enano fingió estar demasiado ocupado golpeando algo en su yunque y un "vuelve mañana" fue lo único que conseguiste sonsacarle.
Malhumorada, pasaste el resto de la jornada bebiendo en la posada y sintiéndote una estúpida por haber hecho un viaje tan largo para nada. Si mañana tampoco quería atenderte, volverías a Errow y tendrías unas palabras con Kateena por hacerte perder el tiempo de esa manera.